Entomofagia en México: Cultura y Nutrición
Entomofagia en México: Cultura y Nutrición
El Periplo Sustentable.
Turismo y Desarrollo. La Entomofagia en México.
Universidad Autónoma del Estado Algunos aspectos culturales
de México
ISSN: 1870-9036
Publicación Semestral
Felipe Carlos Viesca González
Número: 16
y Alejandro Tonatiuh Romero Contreras
Enero / Junio 2009
ARTÍCULO
Título:
La Entomofagia en México.
Algunos aspectos culturales RESUMEN
Páginas:
57 - 83
PALABRAS CLAVE
El Periplo Sustentable.
Entomophagy in Mexico: Turismo y Desarrollo.
ISSN: 1870-9036
Bi-Annual Publication
Felipe Carlos Viesca González
Number: 16
y Alejandro Tonatiuh Romero Contreras
January / June 2009
ARTICLE
Title:
Entomophagy in Mexic
ABSTRACT Some cultural aspects
This Project deals with diverse cultural aspects on the consumption of insects as feeding Authors:
Felipe Carlos Viesca Go
purposes in Mexico and the world. It particularly analyzes the entomophagy from pre-
(Mexico)
Hispanic times until our days as well as the causes for which such consumption has
Alejandro Tonatiuh Rom
stopped, based on the theory of optimus hunt/recollection. It intends to explain why Contreras
an aversion to insects has been created in many countries and even in some regions of (Mexico)
Mexico. The nutritive value of insects is revised and so are the different cultures that
have made the surviving of this tradition possible in the center and south of Mexico. Receipt:
Some of the ways of preparing dishes with insects are shown as well, and the problems june/03/2009
and perspectives that this millenarian custom faces nowadays among Mexican people.
Acceptance:
july/14/2009
Pages:
57 - 83
KEY WORDS
INTRODUCCIÓN
Alejandro Tonatiuh
Romero Contreras
Doctor en Antropología por la
Universidad Iberoamericana,
Ciudad de México.
Facultad de Turismo y
Gastronomía de la UAEM.
Línea de investigación:
Patrimonio gastronómico.
EL CONSUMO DE INSECTOS
Probablemente para muchas personas el hecho de que el hombre consuma insectos (entomofagia,
o recientemente antropoentomofagia) es algo extraño y hasta exótico, por decir lo menos; sin
embargo al revisar algunos hechos, se podría concluir que no es algo tan ajeno al género humano.
De acuerdo con Harris (2002: 193), el hombre desciende de una gran estirpe de insectívoros,
muy probablemente el orden de los primates surgió a partir de una musaraña primitiva que
pertenecía al orden de los mamíferos insectívoros. Muchas especies de grandes simios consumen
grandes cantidades de insectos; los monos los comen de manera intencionada o accidental junto
con otro alimento, como algunas frutas, e incluso se quitan los piojos unos a otros y se los comen,
asegurándose de que ya no ocasionarán más problemas en la piel de sus hospederos. Para los
chimpancés estas especies llegan a ser tan importantes que su alimentación se basa en hormigas
y termitas, e incluso utilizan herramientas y tácticas especiales para extraerlas de sus nidos y
consumirlas.
La entomofagia es tan antigua que en el Antiguo Testamento (Cfr. 1997) ya aparece información
al respecto: en el Levítico y el Éxodo se menciona el consumo de abejas, escarabajos, langostas y
langostines. En el Nuevo Testamento Juan el Bautista sobrevivió en el desierto comiendo langostas
(chapulines) y miel (Cfr. 1997). Es tal la riqueza de esta fuente de alimento que los insectos son el
grupo de animales más abundante en el planeta; tres cuartas partes de todas las especies animales
a nivel mundial son insectos. Luego entonces, no debe sorprender que antes de la colonización
europea, aun en Estados Unidos (particularmente en California) se reporta que los pueblos que
no conocían la agricultura y tampoco disponían de animales domésticos, se alimentaban en
buena medida de insectos (Harris, 2002:195 - 196). Sin embargo la entomofagia no se restringe
a tales grupos poblacionales; por ejemplo, se ha encontrado que hasta hace no muchos años
en China comían crisálidas de gusanos de seda, cigarras, grillos, chinches, cucarachas y larvas de
mosca; los principales consumidores de estas especies eran los pertenecientes a las clases pobres
e indigentes, quienes no tenían acceso a las proteínas y grasas de origen animal más comunes.
En el sudeste asiático los vietnamitas, laosianos y tais eran asiduos consumidores de bichos como
las chinches acuáticas; particularmente los laosianos comían huevos de cucaracha, escarabajos,
grillos, saltamontes, termitas, cigarras, y otras especies que no son insectos propiamente pero
que con frecuencia se asocian a ellos, como arañas grandes y escorpiones.
Al preguntarse cómo deberían atacar exitosamente los granjeros a los insectos devoradores d
sus cultivos, ya Holt en 1885 (Cfr. 2009) proponía que los recolectaran para no sólo incrementa
sus cosechas, sino además para diversificar la alimentación y aliviar un poco el problema de l
falta de carne en la población, sobre todo la infantil.
En relación al consumo de “bichos raros”, en general a nivel mundial la gente tiene particula
gusto por las langostas, los saltamontes, grillos, hormigas, termitas, crisálidas de polillas
mariposas y escarabajos. Para mucha gente el consumo de insectos no sólo es inaceptable, sino
hasta asqueroso y sin embargo muy probablemente los consume (al igual que todos nosotros) d
manera inconsciente o simplemente prefiere no indagar más: en frutas con huevecillos o larvas
materias primas, comidas contaminadas con mosquitos, moscas, cucarachas y otras especies (s
son en alimentos hervidos o fritos, seguramente son inofensivos) y alimentos industrializados. D
vez en cuando se sabe de la presencia de cucarachas, ratones y demás especímenes bodeguero
y de plantas industriales en alimentos envasados.
Con estos antecedentes lo que debería de sorprendernos es que sean pocas las culturas, como en
general la europea y la norteamericana, que manifiestan una aversión hacia la entomofagia.
La carne de los insectos es tan nutritiva como la roja o la de aves de corral. En la tabla 1 se muestra
un comparativo de la calidad nutrimental de varios insectos, un crustáceo y la hamburguesa
cocinada con un nivel medio de grasas. Respecto a la calidad de las proteínas (aminoácidos) los
insectos están en desventaja, aunque algunos tienen combinaciones casi tan buenas como las
demás carnes y son ricos en lisinas, de lo cual adolecen los cereales y tubérculos; sin duda que la
combinación de altos niveles de grasas y proteínas hacen de los insectos un alimento altamente
nutritivo para las personas con déficit de ambas (Harris, 2002: 202).
Hamburguesa 245 21 17
Langostas 42 – 76 6 – 50
Tabla1. Contenido nutrimental de hamburguesas y varios insectos (con base en Harris; 2002).
Los insectos representan un mejor alimento que los demás artrópodos (langostas, cangrejos
y otros crustáceos), ya que aquellos son muy proteínicos y con un bajo contenido graso; al
compararlos con los moluscos (almejas, ostras y demás) sucede algo similar, pues son bajos en
grasas y calorías.
Al menos hasta hace algunas décadas la mayoría de las sociedades humanas consideraban a
ciertas especies de insectos como aptas para su consumo y no compartían la aversión hacia su
consumo, que los norteamericanos y europeos hacen muy patente en sus hábitos dietéticos.
La razón de esta aversión por parte de los segundos no es clara, ya que se sabe que Aristóteles
consumía cigarras, Aristófanes da a entender que los saltamontes eran consumidos por los pobres
de Atenas y Plinio atestigua que los romanos comían una larva llamada cossus, misma que se
servía con los platos más delicados.
A la hora de comer chapulines o escarabajos, entre otros insectos, no se puede evitar pensar en
comer patas, alas y caparazones, lo cual puede ser un inconveniente; los insectos están cubiertos
por una sustancia dura, la quitina, que no se puede digerir. Sin embargo éstos no son suficientes
argumentos para no consumirlos, ya que es común degustar especies como langostas, cuya
cubierta también se constituye por quitina, sin que eso represente algún obstáculo. La solución
es comer los insectos en sus fases tempranas, (huevos, larvas o pupas) antes de que tengan patas
y alas y se desarrollen endureciendo su piel; otra alternativa es proceder justamente como se hace
con las langostas: eliminar la cubierta quitinosa y comer sólo la carne. Es cierto que la carne de
insectos o formas inmaduras pueden contener pequeñas porciones de quitina, lo cual no es tan
negativo, ya que actúa como una sustancia fibrosa, tan necesaria hoy en día en la dieta.
Aunque los insectos se pueden consumir sin efectos dañinos para las personas, como lo han
constatado muchas culturas desde tiempos antiguos hasta nuestros días, a muchos organismos
que se arrastran o que reptan se les relaciona con suciedad y falta de higiene, y eso se asocia con
la presencia, transporte, transmisión o generación de enfermedades. De acuerdo con Harris (2002:
203 - 205), esta asociación mental es la causa de que la entomofagia no atraiga a la mayor parte d
los europeos y estadounidenses, sin que sea una explicación del todo convincente considerando
que:
1. Las larvas de escarabajo, los gusanos de seda, termitas, larvas de polilla y muchas especie
más pasan los días al aire libre, lejos del hombre y de las manchas urbanas, alimentándos
de hierbas, hojas y madera. Los insectos que son usados como alimento son herbívoros
más limpios que los caracoles, mejillones, ostiones, camarones, víboras y otras especies mu
apreciadas por los gourmets. En todo caso la mayor parte de los insectos son tan limpios (y ta
vez más) como los demás productos que consumimos del campo y granjas. Es conocido po
los productores del sector que los camarones, sobre todo en estado larvario, otras especie
marinas y algunos peces comen prácticamente lo que sea, desde restos de insectos hast
basura, clasificándose por ello como carroñeros.
2. Es innegable que los insectos albergan o transmiten a través de sus estructuras hongos
virus, bacterias, larvas y protozoos que pueden afectar la salud de los humanos; sin embargo
exactamente lo mismo sucede con las vacas, cerdos, pollos, ovejas, cabras y demás animale
de granja conocidos. Si este fuera el problema, entonces la solución es sencilla y consiste en
aplicar a la mayor parte de los insectos los métodos de preparación ya conocidos: se fríen o
tuestan y con ello se eliminan vellos y espinas, adquiriendo una característica crujiente, o bien
se hierven y se facilita así la separación de patas y alas.
5. El rechazo europeo a los insectos para su consumo ya estaba firmemente arraigado mucho
antes de que se vinculara a las enfermedades, con la falta de higiene y de que ésta se considerara
un peligro para la salud pública.
Para encontrar una respuesta satisfactoria al no consumo de insectos en algunas culturas, Harri
(2002: 206 - 216) recurre al análisis de los costos y beneficios comparativos de comer insectos u
otras especies pequeñas. Pese a ser de las especies más abundantes en el planeta y una fuente ric
y sana de grasas y proteínas, los insectos también constituyen una de las formas menos eficace
de esos nutrimentos. El costo en tiempo y energía por insecto recolectado es, en la mayoría de lo
casos, más alto que el de las especies domesticadas y vertebrados e invertebrados salvajes. Esto
explica porqué algunas veces se evitan o prefieren y porqué algunas especies se consumen má
que otras.
Vinculado con lo anterior, y como un antecedente muy relevante, los ecólogos han estudiado la
dietas de los animales recolectores/cazadores. Contrariamente a lo que se cree, los lobos, mono
o roedores de este tipo no comen todo lo que encuentran a su paso en su medio natural, sino qu
se comportan de manera similar a los humanos. De muchas especies que pueden comer, sólo
recolectan, persiguen, capturan y degluten un número pequeño, aun cuando tengan un contacto
frecuente con más especies. Para explicar esta manera de comportarse, se ha desarrollado la teorí
de la caza/recolección óptima (optimal foraging theory), la cual predice cuáles son las especie
que los animales recolectores/cazadores seleccionarán (por supuesto que las más redituable
serán las que arrojen una mayor relación beneficio/costo) y proporciona un método para calcula
el momento preciso en que una especie animal se vuelve demasiado costosa para justificar su
recolección o captura.
Aplicada al caso de los insectos y demás especies pequeñas, la teoría de la caza/recolección óptima
es muy útil ya que contribuye a explicar cómo comunidades con dietas escasas no aprovechan
recursos alimenticios muy abundantes en su medio, como son lombrices de tierra y elementos
de la clase insecta, incluyendo muchas especies que no son tales pero que con frecuencia los
pobladores clasifican en ese grupo taxonómico. La cuestión de la inclusión o no de un recurso
natural en la dieta de un grupo poblacional radica fundamentalmente no en la abundancia o
la escasez de tal recurso, como se podría pensar, sino mas bien en su contribución a la eficacia
global de la producción alimentaria; así, una especie eficaz pero escasa pasará a formar parte de
la lista dietética óptima, y un recurso abundante pero ineficaz estará en espera de ser incluido.
La teoría parece explicar las causas del abandono del consumo de insectos en Europa. Aunque
estas especies sean abundantes, fáciles de capturar y con un alto contenido calórico y proteínico
por unidad de peso, los beneficios que producen son menores y hasta minúsculos al compararlos
con los obtenidos de mamíferos, peces e incluso vertebrados pequeños como aves, conejos
lagartos, roedores o tortugas. Luego entonces, aquellas sociedades con menor acceso a lo
grandes vertebrados tendrán las dietas más amplias y se dedicarán más al consumo de insectos
otras especies pequeñas. Esto explica, en parte, porqué algunos de los mayores consumidores d
insectos se encuentran en los bosques tropicales, donde no es común encontrar animales de gran
tamaño y hasta los grupos cazadores más reducidos agotan pronto la caza.
Como fuente alimenticia, la mayor parte de los insectos presentan el inconveniente de que
aunque son muy abundantes, son pequeños y se encuentran muy dispersos. Sin embargo, lo
insectos que se consumen con mayor avidez son de tamaño considerable y pueden recolectars
en enjambres muy concentrados. Un caso muy especial es el de las langostas, las cuales pueden
medir más de 7 cm de largo y forman enjambres de tal magnitud que una nube de tamaño
mediano puede contener 40,000 millones de ellas y cubrir una superficie de 350 km cuadrados. Y
que las langostas devastan cultivos y pastos naturales, alteran la disponibilidad de los recursos má
apreciados y con ello se aseguran un lugar en la dieta de los afectados; por ejemplo, la langost
del desierto (Schistocera gregaria) invade 65 países, desde Mauritania a Pakistán, y se come en
todos ellos. Mientras que en Yucatán casi cada año y desde hace mucho tiempo se presentan
ataques de langostas que devastan cientos o miles de hectáreas de maíz y hortalizas, pero no s
aprovechan con fines alimenticios sino se combaten con productos químicos o aplicaciones d
un hongo.
Después de las langostas, las termitas y las hormigas probablemente ocupan el segundo lugar en
cuanto a las cantidades de insectos que se consumen en el planeta. Ambas son pequeñas y son
una buena alternativa energética al formar densas colonias de millones y de miles de millones d
individuos.
En los trópicos los insectos abundan mucho más que en zonas templadas como Europa; en la
Amazonia la mayor parte de la biomasa animal se compone de insectos y lombrices de tierra.
Al compararla con los trópicos, Europa no presenta muchas de las características de aquellas
regiones, que las convierten en verdaderos paraísos de diversidad y abundancia de insectos
comestibles. Las relaciones entre las especies de insectos que hacen o no enjambre y la ausencia
o no de grandes invertebrados se puede resumir en la tabla 2.
AUSENCIA
PRESENCIA DE GRANDES
DE GRANDES
VERTEBRADOS
VERTEBRADOS
¿Por qué los europeos y los norteamericanos, además de rechazar el consumo de insectos, lo
aborrecen? Harris (2002: 217 - 218) ha formulado una teoría para predecir cuándo una especi
que no es buena para comer se convertirá en paria o en deidad; en el caso de los insectos, eso
dependerá de su utilidad racional o de su carácter nocivo. Por ejemplo, una vaca hindú que no e
comida proporciona leche, bueyes y estiércol, por lo tanto es objeto de apoteosis. Un caballo qu
no es comido, gana batallas y ayuda en las labores del campo, es un buen animal. Un cerdo que no
se puede comer, es inútil, no ayuda en el campo, no produce leche ni ayuda a ganar guerras; por lo
tanto resulta un animal abominado. Los insectos que no comemos resultan peores que los cerdo
no consumidos, ya que no sólo son inútiles, sino que acaban con los cultivos, se comen la comida
muerden, pican, producen molestias como las comezones y chupan la sangre humana; todo en
ellos es dañino, nada es bueno. Las pocas especies útiles, como las que polinizan las plantas o
se alimentan de otros bichos, no alcanzan a compensar las grandes cantidades de los nocivos
Pero no sólo eso, muchos insectos conviven con nosotros mucho más cerca de lo que creemos
en nuestras camas, almohadas y muebles; todos estos pueden considerarse como elementos más
que suficientes para que mucha gente los aborrezca.
Para Arana (2006: 57, 67) la entomofobia se generó de una manera un tanto distinta: la captura de
insectos demostró en algún momento ser una actividad escasa y realizada por mujeres y niños, con
un alto costo social y económico, por lo que la mejor vía para prohibirla fue a través de la religión
en culturas ligadas a la Biblia y al Corán. Otros factores que pueden contribuir en las últimas
décadas al desarrollo de una fobia hacia los insectos (entomofobia) son el uso de los insectos en
algunas películas de horror e historietas como abundantes, enormes y destructores entes.
Según Ramos Elorduy en una entrevista concedida a Rafael López (Cfr. 2004), la comercialización
realizada por grandes compañías transnacionales de los insecticidas como el DDT a partir de la
década de 1940 contribuyó a generar una imagen negativa de los insectos en un pueblo que se
caracterizaba por ser buen consumidor de insectos.
LA ENTOMOFAGIA EN MÉXICO
A falta de reses, caballos, carneros y cerdos, los antiguos habitantes se las ingeniaron para obtene
proteína de otras fuentes como los insectos, crustáceos, peces y batracios; de esa manera s
adaptaron a las condiciones climáticas y geográficas prevalecientes en la época. Respecto a lo
insectos, existen muchas posibilidades alimenticias: Ramos – Elorduy, citada por Arana (2006: 93
reporta 504 especies comestibles sólo en México.
Gibson (Cfr. 1967) señala que la presencia de lo lacustre en la dieta de la población de la cuenc
de México tuvo una continuidad desde tiempos inmemoriales hasta lo moderno y que ademá
del pescado, el régimen tradicional en todo ese lapso incluyó salamandras, larvas de libélula
camarones y cangrejos de agua dulce, ranas, culebras, chinches de agua, gusanos, insectos cómo
el axayacatl y sus huevecillos – ahuauhtli – que se preparaban en tortitas, los izcauitli, el axolot
(blanco o negro), las plantas del lago verdes, o de color rojo púrpura – tecuitlatl – que ya secas s
comían como “el queso verde”, y más de 40 variedades de patos y gansos, entre otras aves, cuy
carne y huevos fueron una importante y permanente fuente de proteínas para los indígenas. L
presencia de los insectos en la mesa de los antiguos pobladores de Mesoamérica llamó mucho l
atención de los primeros cronistas de la Conquista, como Fray Bernardino de Sahagún (Cfr. 1975
quién hace descripciones muy particulares de este hábito. También Sahagún (Op cit) mencion
varios ejemplos del consumo humano de gusanos (vermifagia), como los de maíz, maguey
algunos acuáticos. Los chapulines fueron un alimento estacional importante para los aztecas
quienes les quitaban alas, cabeza y patas, para luego cocinarlos (Cfr. Curran, 1926).
Ramos – Elorduy y Pino (1989: 6 -7) hacen una relación taxonómica de las especies de insecto
consumidos en el México antiguo y contemporáneo, además del estado de desarrollo en qu
se comen (huevos, larvas, pupas, ninfas y adultos); en ella destacan langostas, chapulines
piojos, cucarachas, gusanos, escarabajos, hormigas, abejorros, abejas, avispas y por supuesto lo
tradicionales escamoles, jumiles y gusanos de maguey, entre otros.
El consumo de insectos sigue teniendo lugar todavía en décadas recientes y principalmente entr
una gran diversidad de grupos indígenas, entre los cuales tenemos a los tzetzales, lacandone
y otomíes; en el estado de Oaxaca a los mixtecos, náhuas, mazatecos, chochos, cuicatecas
Desde épocas prehispánicas los insectos han estado presentes de manera muy importante en
la vida diaria y religiosa de las distintas culturas. Un caso muy ilustrativo es el jumil en Taxco,
Guerrero, dónde en la cima del cerro Huixteco hay un templo dedicado a ellos; además el primer
lunes posterior al día de muertos, la época en que abundan, hay una gran fiesta en su honor que
congrega a mucha gente de los pueblos cercanos. Antes se pensaba que estos insectos eran el
alma de los difuntos que regresaba para volver a convivir con sus seres queridos, quienes los
consumían suponiendo en ellos la presencia materializada de los ya fallecidos (Cfr. Ramos - Elorduy,
1987). Entre los aztecas era tal la importancia que tenía la hormiga productora de escamoles (sus
huevos), que había cantos y danzas dedicados a ellas. La abeja silvestre que elabora la cera de
Campeche, también conocida como abeja alazana o melipona, era objeto de culto de los mayas,
para quienes era una divinidad adorada; la miel de esta abeja tiene buen sabor y es más húmeda
que la común (Ramos – Elorduy y Pino; 1989: 18-19, 41-42).
Las chinches acuáticas gigantes, cucarachas, escarabajos y grillos se hierven y luego se ponen
remojar en vinagre; se pican en trozos y se sirven con rodajas de vegetales, de manera similar
como se prepara la carne de cangrejo o de langosta.
De la misma forma que con algunas carnes o pescados, también existen algunos insectos que po
sus características se comen frescos; tal es el caso de la hormiga melífera o alguna que otra larv
o langosta.
Entre las pocas referencias disponibles sobre el tema, Sánchez (2006:97,99) señala que entre lo
distintos tipos de gusanos que se empleaban en la cocina desde la época prehispánica, los d
maguey son muy abundantes, son larvas blancas de mariposas que hacen orificios en las penca
bajas de la planta. Con una vara fina con gancho que se introduce en el hoyo, se sacan uno po
uno. Suelen cocerse en un pergamino hecho con la penca de maguey sobre brasas, en ceniza
o tostados y se comen en tacos con tortillas untadas de guacamole. En los restaurantes se fríen
hasta dorarse y adquieren el sabor del chicharrón de cerdo.
Una variante de ellos, los chinicuiles o xinicuiles, son más pequeños y viven en la raíz del maguey
se hacen en tamal, fritos con mantequilla o con aceite de oliva. El gusano de nopal, también es un
larva blanca de mariposa y vive en las hojas de la planta. Se consume principalmente en el vall
del Mezquital, Hidalgo, pero también en el estado de México. El gusano elotero, cinocuil o cuili s
tuesta en comal o se fríe para comerse en tacos, con salsa; tiene un sabor parecido al elote cocido
en mazorca o en esquite.
Los escamoles son huevecillos que también se conocen como caviar de la hormiga chicatana
que puede ser negra o roja y contienen 96% de proteína; se pueden preparar de la manera má
común actualmente (fritos en mantequilla para realzar el sabor tan delicado que poseen), en
tortas de huevo de guajolote y en mixiote o al ascomolli, conocido como mole de hormiga, para
lo cual se cuecen en una salsa de chiles y se les agregan nopales cortados en tiras finas y luego
cocidos con unas ramitas de epazote.
Los chapulines, saltamontes o langostas son similares a los grillos, sólo que se encuentran en
diversos tamaños, de acuerdo con el medio en que habitan; los más pequeños y finos son los
de alfalfa, los de milpa son más grandes. Se consumen mucho en Oaxaca y se venden tostados y
por medida. Se dejan unos días vivos para purgarlos y hervirlos en agua con sal; luego se fríen o
tuestan y se comen agregándoles mojo de ajo y limón. El taco se suele acompañar con salsa de
chile pasilla.
El jumil es una especie de chinche de monte, vive en los tallos y sobre la hojarasca de encinos. Se les
considera un alimento de alto poder nutritivo. Algunos prefieren comerlos vivos, pues consideran
que es un buen remedio para curar ciertas enfermedades y que tienen poderes afrodisíacos; se
les da un apretón de manos para que no puedan volar y se ponen en una tortilla. En el estado de
México se asan y machacan en molcajete con tomates asados y chiles verdes; algunos les agregan
guacamole y arroz. De otra manera se tuestan y se revuelven con sal y pimienta para espolvorearlos
en algún alimento. Preparados de una tercera forma, se muelen vivos en el molcajete con tomates
y chiles verdes para prepararlos en forma de salsa. También se pueden preparar en una salsa,
tostados en comal, y luego molidos con tomate y aguacate. (Sánchez, 2006: 99-100).
Los toritos o periquitos son una plaga del aguacate y se preparan fritos mezclados con huevo.
Las larvas de moscos y los moscos (moscos para pájaros) se venden por kilogramo como alimento
de pájaros, pero también se pueden usar para hacer tortitas y tamales.
Sin duda que las preparaciones tradicionales basadas en insectos son variadas y apetecibles; sin
embargo el gastrónomo puede innovarlos y poner a disposición del comensal más platillos del
mismo tipo preparados de muchas maneras más, con otros sabores, olores, colores, consistencias,
presentaciones y mejores contenidos nutricionales.
CONSIDERACIONES FINALES
Es de llamar la atención que Sánchez (2006: 97) y Ramos – Elorduy (1989: 24) señalan varias especie
de gusanos eloteros (Spodoptera frugiperda y Heliothis zea), langostas (Schistocerca spp), gallin
ciega (Phyllopaga sp) y periquitos como especies comestibles por los mexicanos. Estos gusano
- plagas se venden como si fueran verdaderos gusanos de maguey. Desde hace muchos años
las especies mencionadas son verdaderas plagas de cultivos importantes como el maíz en todo
el territorio nacional y para su control se invierten grandes cantidades de insecticidas, habiendo
alternativas de control absolutamente inocuas como su consumo por parte del hombre; esta
plagas se pueden aprovechar para mitigar el hambre y la mala alimentación de muchas regione
del país cada vez más afectadas por los problemas sociales y económicos de nuestros días. E
problema está en que en varias zonas del país, como en el norte, no existe (y si la hubo y
prácticamente desapareció) la cultura de aprovechamiento de las especies menores del medio
de las “malas hierbas” y plagas de los cultivos. El caso de la langosta está documentado al meno
desde 1925 (Cfr. Departamento de Información y Propaganda, 1925) y en ese texto se refieren y
sus daños desde décadas y siglos atrás, siendo actualmente Yucatán su centro de agregación. E
un recurso alimentario desaprovechado en nuestro país, pero no así en otras latitudes.
Los insectos se confunden y se llegan a considerar dentro del mismo grupo que los alacranes
tarántulas, babosas, caracoles, acociles, etc. por mucha gente. Esto facilita su manejo y clasificación
con fines prácticos, pero a la vez genera cierta aversión, puesto que en la cultura del mexicano d
algunas partes del país no cabe el uso alimenticio de ellos.
Aunque los insectos han habitado el planeta por más de 350 millones de años, se han adaptado
a las distintas eras geológicas y tienen un potencial reproductivo sin igual, algunas especies s
encuentran en peligro de extinción en México por diversas razones:
se hace a los productores de la planta, a quienes en asaltos a mano armada se les exige que
entreguen el corazón y las pencas para ser usados en la alta cocina internacional (Cfr. Pérez,
2006).
• El impacto del cambio climático en los ecosistemas ocasionando el desecamiento de lagunas
y cambios en las condiciones ambientales como temperatura y humedad, con lo cual se
modifica el hábitat de muchas especies de insectos y por lo tanto sus poblaciones.
• El impacto del crecimiento poblacional en la invasión de áreas silvestres y desplazamiento de
zonas agrícolas, ocasionando una disminución de las superficies propicias para el desarrollo
de los insectos.
• El efecto de los insecticidas y en general de los pesticidas agrícolas y de uso humano para los
piquetes, enfermedades, ruidos, etc. sobre las poblaciones de insectos de todo tipo en medios
acuáticos y terrestres; el uso de este tipo de productos también puede actuar como inhibidor
del consumo de bichos por contaminación de pesticidas.
Hacemos nuestra la propuesta de DeFoliart (citado por Arana, 2006:108-109), quien afirma que
la entomofagia puede contribuir a la conservación de la biodiversidad de varias maneras: al
estimularse en las zonas rurales la protección de las fuentes tradicionales de alimentos; reducirse
la caza ilegal, uso de insecticidas para estimular la caza más eficiente de plagas alimenticias y la
contaminación orgánica con el uso de desperdicios agrícolas y forestales para producir comida y
piensos que involucren insectos.
Por si fueran pocas las formas en que se pueden aprovechar, los insectos también se pueden
emplear con fines curativos debido a su contenido en ciertos minerales y nutrientes, entre otros
compuestos. Las culturas maya, náhuatl, zapoteca, mixteca y tarasca ya habían empleado los
insectos para curar enfermedades digestivas, respiratorias, óseas, nerviosas y del sistema
circulatorio; se usaban como antibióticos y bactericidas. Así por ejemplo es muy conocido el uso
del veneno de las abejas para la artritis y reumatismo, los jumiles se emplean como anestésicos y
analgésicos, las hormigas mieleras para la fiebre y el grillo prieto de Veracruz para la deficiencia de
vitaminas (Paredes et al; 2006:161).
Desde hace unos lustros se vive una inusitada revalorización culinaria de los insectos, ya qu
se han convertido en un platillo de lujo en algunos restaurantes de varias ciudades del centro
del país, muy caros y sólo al alcance de algunos. Los escamoles son un caso emblemático: s
preparan de diferentes maneras, es un platillo exquisito y caro, ya que los huevecillos son escaso
y se recolectan sólo en marzo y abril; por ejemplo en Toluca unos cuantos escamoles preparado
con mantequilla cuestan $180. En Nueva York, Los Ángeles o París restaurantes muy exclusivo
ofrecen a sus comensales insectos preparados de sofisticadas maneras, por ejemplo cubiertos d
chocolate, que alcanzan precios realmente prohibitivos. Varias empresas los han enlatado par
su exportación. La publicación de varios libros con títulos que muestran cómo preparar insecto
para comerlos también es una muestra muy clara del redescubrimiento de la entomofagia, al igua
que programas de televisión como Bizarre Foods (Comidas Exóticas), el cual muestra qué cultura
consumen “bichos raros” y las formas de hacerlo. Platillos muy populares y hasta despreciables en
otras épocas ahora se convierten en muy apreciadas ofertas de alta cocina mexicana.
A manera de conclusión final, los insectos tienen múltiples usos ya sea como alimento humano
animal, medicinal, fuente de recursos económicos, recicladores de desechos orgánicos de basura o
desechos de otros animales, filtradores de minerales, medios de conservación de la biodiversidad
etcétera. Por razones culturales no se utilizan como alimento en muchas regiones del país qu
perdieron o no desarrollaron la tradición entomófaga; sin embargo constituyen una nutritiva
variada y económica opción alimenticia sobre todo para grupos poblacionales que no pueden
tener acceso a productos cárnicos de otro origen, problema que se ha vuelto crítico en nuestro
días con el incremento en el precio de los alimentos y la profunda crisis económica. También po
sus excelentes propiedades nutrimentales constituyen una excelente alternativa a los producto
chatarra y para enfrentar los graves problemas de salud de la población moderna, como diabetes
obesidad y enfermedades cardiacas. Se están realizando esfuerzos para ponerlos a disposición
de más gente a través de innovaciones gastronómicas y el desarrollo de técnicas para su cultivo
procesamiento y comercialización (ejemplos: el gusano blanco, escamol y tenebrio). Se esper
que sociedad, universidades, gobierno y empresarios interesados en la antropoentomofagi
contribuyan en lo correspondiente para mitigar el hambre y la desnutrición de grupo
desfavorecidos a través del aprovechamiento racional de los insectos.
CONCLUSIONES
REFERENCIAS
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enero/junio 2009, núm. 16
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[ISSN: 1870-9036].