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Teatro Trágico en King Kong Palace

La obra se desarrolla en un hotel decadente donde personajes como Tarzán y Mandrake interactúan en un ambiente de misterio y tensión. Las camareras ensayan un número musical mientras discuten la aparición de un fantasma y la llegada de un nuevo cliente, lo que genera inquietud entre ellas. A medida que la trama avanza, se revelan temas de poder, identidad y la percepción de lo sobrenatural en un contexto contemporáneo.

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Temas abordados

  • interacción,
  • destino,
  • imaginación,
  • conflicto,
  • dramaturgia,
  • sorpresa,
  • poder femenino,
  • realidad,
  • espectros,
  • misterio
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Teatro Trágico en King Kong Palace

La obra se desarrolla en un hotel decadente donde personajes como Tarzán y Mandrake interactúan en un ambiente de misterio y tensión. Las camareras ensayan un número musical mientras discuten la aparición de un fantasma y la llegada de un nuevo cliente, lo que genera inquietud entre ellas. A medida que la trama avanza, se revelan temas de poder, identidad y la percepción de lo sobrenatural en un contexto contemporáneo.

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  • misterio

ACTO PRIMERO

Escena Primera

Los cuatro actos ocurren en los gigantescos pasillos de un gran hotel, mezcla de todos los estilos
imaginables, ornamentado con toda la grandiosidad de la decadencia. La luz es pobre, más bien
gótica, una especie de set de pelicula expresionista alemana de terror. Ventanas altas, lluvia,
truenos. La actuación debe evitar a toda costa la parodia. Aunque no lo crea el lector, éste es un
texto trágico dentro de todo lo trágico posible en el teatro contemporáneo, habiendo renunciado
definitivamente al realismo.

Aparece TARZAN emitiendo ruidos simiescos. Como un gorila se descuelga por los balcones del
hotel cruzando el escenario en penumbras.

La luz se da con un violento golpe de música del ADMINIS TRADOR que está sentado tocando el
piano al fondo. Las camareras cantan un número de musical americano

moviéndose al estilo de las viejas coreografías de Broadway:

Bienvenidos al King Kong Palace

el lugar de su fortuna

no habrá más padeceres

sólo risas y ventura

King Kong Palace Hotel

nada más dichoso y más fiel

el paraíso en la tierra

lejos del ruido y la guerra

King Kong Palace Hotel

siempre lleno de sorpresas

de sus camas a sus mesas

la felicidad por conocer

Venid, venid al King Kong Palace

Venid, venid, no vaciléis

dejad atrás toda la mala


sed una reina sed un rey

Venid, venid sin demora

Venid, venid y no atrasaros

de comenzar es la hora

un placer nada de caro

King Kong Palace Hotel

ya está puesto su mantel.

ADMINISTRADOR (Interrumpiendo): Está bien, está bien. (Ruido de tormenta comenzando). Es


suficiente por hoy, deberán practicarlo a solas, en cualquier tiempo libre que tengan. Laven bien el
piso, sequen las cortinas, abran las camas, pongan las mesas, no olviden las rosas y los
chocolatines sobre las almo-hadas. Otro imperial cliente nos espera y merece el roque King Kong
Palace.

(Hace ademán de salir, pero entra Mandrake, que ha estado todo el tiempo espiando).

MANDRAKE: Señor administrador, discúlpeme.

ADMINISTRADOR: Ah, monsieur, parfait. Qui voulez vous aujourd-hui? censo...

MANDRAKE: Habíamos hablado de un cargo... de un as

ADMINISTRADOR: Croyez vous que peux je oublié mon parole? Je suis un parfait chevalier. ¿Para
qué otra cosa se le ha invitado si no es para...? Bueno, bon, votre devoir est attender avec tout
patience... MANDRAKE: Es urgente. Lo espero hace tanto tiempo...

ADMINISTRADOR: Lo tendrá... Tout... A son temps...

Promo... demain... lendemain... ¿Para qué fue aca-so invitado? Attendez avec foi... Au revoir.
MANDRAKE: Pero... He sabido de otro pasajero...

ADMINISTRADOR: ¿Cómo? MANDRAKE: Bueno, todos lo nombran... ¿No era yo el único?

ADMINISTRADOR: ¿Unico? ¿De dónde sacó eso? C'est tout completo... No... C'est imposible...
Debo decirle que es un punto en contra ese comentario.

MANDRAKE: Per... perdón... Excúseme... Comprenda mi inquietud.

ADMINISTRADOR: Au revoir, mon cher Mandrake. (Sale.)


Escena Segunda

Las camareras han seguido ensayando los pasos de baile mientras MANDRAKE y el
ADMINISTRADOR conversan. Al terminar el diálogo, repiten el estribillo. Pasa TARZAN imitando un
mono -moneando. Las camareras se interrumpen asustadas.

ANA: ¿Es él?

EVA: ¿Quién?

ADA: ¿Ese?

ANA: Juraría que vi pasar una sombra por arriba.

(Truenos).

EVA: Tal vez es sólo la tormenta.

ADA: Tal vez no sea más que nuestra fantasía. Es un edificio demasiado grande, llueve como nunca
ha llovido. Mal augurio. No es bueno dejarse dominar por la credulidad en cuanto a esta temida
visión que ya hemos visto varias veces.

EVA: No aparecerá otra vez. Quizás es tan sólo un sirviente de la nueva visita.

ANA: Tal vez es él que vuelve,

ADA: Tengamos paciencia y enfrentémoslo.

EVA: ¿Cómo dijiste que era?

ANA: ¿Quieren que lo cuente para reírse de mí?

ADA: Dilo, tal vez sea necesario pensarlo un poco más.

EVA: No perdamos el tiempo y ensayemos.

ANA: Hay muchas cosas que tu práctica manera de ver la vida sencillamente niega, querida Eva.

EVA: ¿Como un...?

ADA: ¡Shitl

ANA: Era joven, como de este tamaño, gracioso, en pleno estado de sus veinte años, algo más
quizá, ensangrentado. Lo vi, me agité de miedo y de asombro. Cerca de los últimos cuartos, en el
último piso, vagaba.

EVA: Si le hablas, seguro que te dice: ¿Sabe dónde está el baño de visitas?

ANA: No quiso hablar conmigo. No era yo a quien buscaba. Dijo un nombre que no entendí.

ADA: Mala señal. Seremos consultadas.


EVA: Eso sí que debíamos olvidarlo.

ADA: Pero un fantasma es causa mayor.

ANA: No era él el que pasó. Era distinto. Este era viejo y el otro joven.

EVA: Y hermoso. ¿No? ¡Qué ganas de tener un fantasma para mí sola!

ADA: Te morirías de miedo de sólo divisarlo. Pero, cuidado, que ahí viene alguien. (Ruido afuera.
Voces de Jane y el Administrador. Portazos. Las camareras se inquietan y reinician su práctica de
baile).

MANDRAKE (A un imaginario Lothar): ¿Escuchaste? ¿lothar? No te quedes dormido, no estamos


tan viejos como para no poder esperar que digan lo que está pasando. ¿Cuánto tiempo llevamos
aguardando lo prometido? Y nos vuelven a postergar. Seguro que entregarán lo nuestro a otro. A
ése que llega ahora. Mira, vienen por él, no hay duda.

(Entran Lady Jane y el Administrador).

JANE: Es un edificio enorme. Temo que se haya extraviado. ADMINISTRADOR: Nuestro sistema de
seguridad es perfecto. Algún monitor lo habrá captado. Están todos los sensores de salida en
alerta roja. Estará sin duda cerca de su habitación, alrededor de este hall. (A las camareras). ¿Han
visto algo o alguien moverse por aquí? (A Jane). Si algo caracteriza a nuestra servidumbre es que
jamás miente.

ANA: SÍ.

EVA: No.

ADA: No sé.

ADMINISTRADOR: ¿Cómo?

ANA: Quise decir No.

EVA: Quiero decir Sí.

ADA: O sea, en realidad estoy segura.

ADMINISTRADOR: ¿De qué?

ANA: De que no sé.

EVA: De que quizás.

ADA: De que puede que algo o alguien haya pasado y nosotras no nos hayamos podido dar cuenta.

MANDRAKE (Aparte, al imaginario Lothar): Estas se hacen las locas y la locura falsa siempre oculta
una verdad cruel e indecisa. Sólo la cordura es idiota y poco interesante. Estas dementes de
utilería algo se traen entre manos. No perdamos palabra.
JANE: Si dicen la verdad, entonces están más confusas que yo. Dése cuenta, apenas llegados al
hotel desaparece entre las cortinas. Encuentro sólo la ventana abierta. Comprenda mi pánico. Un
atentado terrorista, la persecución de nuestros enemigos políticos. Debimos abandonar Africa casi
con lo puesto. Si no fuera por la Banca Suiza y las tarjetas de crédito, estaríamos en la ruina.

ADMINISTRADOR: Aparecerá. Nada se pierde en King Kong Palace Hotel. Nada sobrenatural
sucede, nada terrible acaece. Es cosa de minutos. (A las camareras). Díganme, ¿vieron o no vieron
pasar a alguien?

ADA: (Adelantándose a sus compañeras): ¿Pregunta si hemos visto a alguien mortal por quien
sufre la señora? ¿Alguien de esta tierra? ¿Alguien corpóreo, tangible, pesable? ¿Que pudiésemos
tocar, echar de menos, perseguir? Pues si es así, no. Ahora, si hubieseis preguntado por alguien de
otro mundo, ajeno a este planeta y sin embargo su más antiguo habitante, tal vez deberíamos
asentir. Como vuestras preguntas son tan directas y amenazantes, su-pongo que viene de esta
tierra y entonces, otra vez,. deberemos negarnos.

JANE: ¿Qué dijo? ¿En qué extraño idioma habla? ADMINISTRADOR: Nuestras camareras son lo
mejor del país. Hablan en verso si es preciso, aunque pienso que en realidad hablan demasiado.
Sigamos nuestra búsqueda. Vaya a su habitación y lo enviaremos sin demora.

JANE: No avise a la prensa ni a la policía. Por favor. Es por nuestra propia seguridad.

ADMINISTRADOR: El lema del hotel: "Seguridad es felicidad". Adelante, mi Lady.

MANDRAKE (Entrando al campo de acción): Señor Administrador. Veo que tiene una hermosa
compañía. ADMINISTRADOR: Ah, es otro de nuestros pasajeros.

JANE: ¿De qué país viene?

ADMINISTRADOR: ¿No lo reconoce? Es nada menos que (al oído) y pronto partirá con mejores
rumbos.

MANDRAKE: Sí, el señor Administrador me ha prometido un espléndido porvenir en la ciudad. Por


eso vine, en verdad.

JANE: ¿A usted también?

MANDRAKE (Al Administrador): ¿Cómo que también?

ADMINISTRADOR: Es distinto... Totalmente distinto. Es-cúchenme, ya nos veremos en la cena.


Ahora la lluvia afuera arrecia y debemos atenernos a la búsqueda. Madame, Monsieur... dejemos
esta agradable charla para otro momento. (Sale con Jane)
Escena Tercera

MANDRAKE (A las camareras, sobre todo a Ada, que lo saluda con gestos ampulosos como a un
rey): ¿Y ustedes qué miran?.

ADA: Salve, señor de señores.

MANDRAKE: ¿Qué quieren decir?

EVA: ¿Qué te pasa?

ADA: Seréis rey, brevemente. Seréis lo que nunca has sido. La mujer que esperabas, el cetro
prometido. No pierdas la paciencia y pronto acabará lo anhelado en tus manos.

MANDRAKE: ¿Qué se han creído? Son sólo sirvientas. (Sale furioso).

ANA: ¿Qué hiciste?

EVA: ¿No era algo que prometimos olvidar?

ANA: Estábamos juramentadas a nunca más hablar del futuro a ningún hombre.

ADA: ¿Les parece poco lo que está pasando? Escuchen la tormenta. Recuerden el espectro que nos
visita. Las manchas que hemos debido lavar. Los clientes que no vemos más.

EVA: Traicionaste nuestra promesa. Íbamos a ser simples, sencillas, humildes.

ADA: Pues justamente es nuestra propia humildad la que ha elevado nuestros dones. Ciego es el
poderoso a las visiones del modesto. ANA: Estás muy rara. Te puso así la visita del fantasma. EVA:
¿No será sencillamente ese espectro el mismo sujeto que buscan? Otro asilado de algún país
inexistente, un actor de cine en bancarrota, algún millonario en decadencia.

ANA: Que no te escuche el Administrador. Eso está estrictamente prohibido decirlo.

EVA: ¿Quién más se va a venir a meter en una ciudad como ésta? ¿Qué hace un hotel gigantesco
con tantas habitaciones vacías? ¿De dónde salió este dinero? ¿Esos gerentes sonrientes? ¿Esas
amantes de lujo?

ADA: Estás nerviosa, Eva.

EVA: Tú eres la rara, Ada.

ANA: Las dos se quedan tranquilas.

ADA: Silencio, Ana.

EVA: ¿Qué pasa?

ANA: ¿Viene?

EVA: ¿El fantasma?


ADA: ¿Necesitas preguntártelo?

EVA: No quería saberlo.

ANA: No lo es.

ADA: Pero lo será.

EVA: Lo será. (Corren a esconderse, quedando en lo que parece una postura ritual).

Escena Cuarta

Entra TARZAN moneando.

ADA: Salve, señor del Africa. (Tarzán se incorpora poco a poco).

ANA: Salve, en tus últimos días de gloria. (Tarzán las ve aparecer muy extrañado).

EVA: Salve, que tendrás un encuentro tan esperado, tan inesperado.

TARZAN: ¿Quiénes son ustedes, criaturas del demonio? ¿Las mandó el nuevo gobierno? ¿O mi
mujer que no tolera verme caminando solo como en mis buenos tiempos de gorila? Claro que soy
el Emperador de Africa o lo fui hasta hace algunas horas, un par de días, lo que duró ese maldito
vuelo hasta aquí. Qué espanto de comida en clase turista. Encuentros inesperados tendré por
miles, es una ridiculez, y eso de mis últimos días. ¿De quién no lo son? Soy viejo. ¿O no saben
quién soy? Ni mi nombre conocen y se las dan de adivinas. ¿No me reconocen? Seguro que jamás
me han visto. Siempre un doble. Ideas de mi mujer. Por supuesto. Me llamo Tarzán. Sí, lo sé.
Ustedes me creían más alto. Y más musculoso. Y más apuesto. Y para nada envejecible. Y por
supuesto con un taparrabo de indígena y un cuchillo en la cintura. Ridículo. Soy un viejo jerarca
derrotado. Y punto. Conocí la gloria, conocí el poder hasta la médula, me embriagué en él. Hoy
conozco la derrota. Previamente fui gorila. A mucha honra, no como suelen confundirse los
humanos. Los gorilas somos pacíficos, vegetarianos, amables, más bien tímidos, profundamente
democráticos. Los humanos somos salvajes, ambiciosos, carnívoros, de maldad premeditada,
intrínsecamente perversos. Fui hombre, fui gorila, sé bien de lo que hablo.

ADA: Nosotras también.

TARZAN: Ja, ningún poder puede tener una camarera.

ADA: Todos los que no tiene un gran jerarca.

TARZAN: Un Emperador, corregid.

ADA: Con más razón. Usted mismo lo ha dicho. De gorila sabía lo que olvidó de hombre. Así
también las camareras conocen los secretos que el señor ignora.

TARZAN: Absurdo. Consuelo de sirvientas. Lavan los pisos, cambian sábanas inmundas, escuchan
reclamar a matrimonios viejos o retozar a los recientes. ¿Es ése todo vuestro conocimiento? Me
río de él. Ya lo dije, vengo de vuelta del poder.
ANA: Pero esperas algo acá. ¿No es así?

ADA: Algo que deberás disputar con otros.

TARZAN: Si es así no me interesa. Seguro que por eso Jane

me empujó adentro del avión. Sólo me gustan las batallas ganadas y los rivales débiles. Pero,
¿cómo lo supieron? (Ada se inclina ante él). Parece cierto que ven lo que no veo. ¿Qué otra cosa
sabéis?

EVA: Vemos fantasmas.

TARZAN: Ja, ja, ja. Me habían hablado de esta ciudad pero es peor que Africa. Nada como una
mente llena de leyendas para ser fácilmente dominados. Ojo, esa frase no es mía, es de mi mujer.
Yo quería a mi gente. Nunca me sentí blanco. Ella me enseñó la fuerza del desprecio..

ANA: ¿No eras tú el fantasma, entonces?

TARZAN: ¿No huelen mi sudor? ¿No les llega mi aliento de boca seca de tanto saltar de balcón en
balcón, de ventana en ventana? (Abraza a Ada). ¿Es el olor de un fantasma? ¿Abrazan así? ¿Se ríen
así con las mujeres?

ADA: Eres casado, ¿por qué haces eso?

TARZAN: Porque así me enseñó mi mujer que deben tratar a sus súbditos los reyes. Con desprecio,
sin respeto, instaurando claramente quién es el poderoso.

EVA: Hablas como si en nada creyeras.

TARZAN: Bien, ya me han tuteado. ¿Entienden por qué fui depuesto? Fui más gracioso que
humillante, más amable que cruel, más divertido que insultante. Me faltaron el respeto y se
hicieron democráticos. Si alguna vez tienen ansias de poder, no vacilen en consultarme. Conozco
todos los errores posibles. Tengo los mejores consejos. Primero: no hablen jamás con la
servidumbre.

ADA: ¿Y qué dice tu manual sobre hechicerías y adivinas?

TARZAN: Que es el comienzo del fin, la corrupción más lenta y definitiva, la pérdida de la cabeza.
Hay que dejar el miedo a los dominados, no al dominante, ¿y qué otra cosa es el interés mágico en
prever el futuro sino pánico de perder el control? Por ahí entrarán las huestes del enemigo.

ADA (Pidiéndole la mano): Déjame leer tu miedo, entonces.

TARZAN: Ya no lo tengo, es tarde.

EVA: ¿Ni a los fantasmas?

TARZAN: Lós fantasmas no existen. (Ellas se ríen).


ANA: Tal vez dependa del fantasma. ¿Te llámas Tarzán? No es la primera vez que escucho ese
nombre.

TARZAN: Pero claro, hay historietas, libros, películas. ¿O no los han leído? Todos piensan que era
más alto, claro, pero existía. Jane contrató un pésimo escritor, es cierto. Ella tenía la teoría de que
alguien muy bueno opacaría con su obra a su propio personaje. Puede ser, pero quedé como un
mongólico: "Yo Tarzán, tú Jane". No fue así nuestro primer diálogo. No hablé. No la violé. Me dejé
alimentar por ella y me sedujo. Ella estaba asustada y se excitó. El mie-do la ponía como una
estufa, la pone todavía. A míme extingue. Piensen lo felices que somos en el lecho conyugal. Otra
razón para que nos derrocaran. Lo otro fue... No, de eso no puedo hablar aún. El tiempo a veces
parece no pasar para ciertos acontecimientos. ¿Qué haces?

ADA: Leo tu mano.

TARZAN: Pareces gitana de plaza de pueblo. ¿Qué mentiras me dirás? ¿Que seré feliz? ¿Rey de
reyes? ¿Que recuperaré mi virilidad? ¿Que rejuveneceré? Sólo puedes, anunciarme mi muerte, el
adulterio de Mi esposa, la traición de un amigo. ¿Qué lees? ADA: En realidad, qué sentido tiene.

EVA: ¿No es el fantasma?

ANA: No, por él me preguntó el joven que sangra. TARZAN: No me has dicho nada, nada te debo.
Cada uno a sus labores. (Ruido afuera). Ah, ahí vienen. El momento ha sido grato. Serían mucha
mejor compañía que ella y su corte. Pero así es la política. Volvamos a vernos. Tú eres hermosa.

ADA: Soy vieja.

TARZAN: Eres bella. Me gustaría llevarte a mi refugio en la selva. Jane jamás lo conoció. Serías una
linda gorila.

ADA: ¿Es un piropo?

TAKZAN: El más hermoso que has oído nunca. Si de verdad conocieras a un gorila....

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