Capitulo 5 Zabala
Capitulo 5 Zabala
Dos sospechosos...
¿cuántos culpables?
Sumario
• La mayor de todas
las libertades
• Deje de culpar
a su cónyuge
• Deje de justificar
J OHN SHEA, todo un maestro de la na-
rración de historias, cuenta el simpá-
tico relato de un hombre que está des-
contento con su familia. Se queja de
que su esposa y sus hijos lo tratan mal.
Entonces le pide a Dios que le solucione su
problema. En un sueño se le informa que hay
“¡Qué bueno es tener alguien una alternativa: el hombre debe hacer un lar-
sus errores
a quien culpar!”1 • Abandone los intentos
go viaje, al final del cual conocerá a su nue-
ERICA JONG por cambiar va familia.
a su cónyuge
• Alguien debe cambiar: Una nueva familia
¡Yo! Al ser informado en un sueño que debía rea-
• ¿Quiere que su lizar un viaje para conocer a su nueva familia, el
matrimonio mejore? hombre emprende el recorrido. Sin embargo, la
• ¿Por dónde comenzar? noche lo sorprende en el camino y se ve obligado
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piensa Carmen. “Si Carmen no fuera tan radicalmente de actitud. ¿Qué pueden ha- que tú eres muy sensible a las críticas”. jas felices y las infelices. En el caso de las
exigente”, razona Luis. La implicación aquí cer ellos? Aplicar los principios básicos de “Solo piensas en ti”...).4 parejas felices, marido y mujer discuten
es doble. En opinión de Carmen, el egoís- las relaciones interpersonales que men- ¿La solución? Nada fácil. Aquí estamos bajo la premisa de que el otro es una bue-
mo de Luis es la causa de sus problemas cionamos en el capítulo anterior. Veamos. hablando de un cambio de actitud que co- na persona que, ocasionalmente, hace al-
de pareja; y, el cambio de su actitud, la so- mienza cuando, al intentar explicar los con- go malo. Las infelices, por el contrario, dis-
lución. Pero para Luis, Carmen es el pro- Deje de culpar a su cónyuge flictos conyugales, dejo de mirar a mi pa- cuten bajo la premisa de que el otro es
blema, y también la solución. Esto es un Para romper el círculo vicioso de la de- reja como la causa del problema; cuando una mala persona que, ocasionalmente,
círculo vicioso enfermizo que no se rom- pendencia lo primero que cada cónyuge abandono mis intentos de cambiarla; y, so- hace algo bueno.5 ¡Vaya diferencia! Cuan-
perá a menos que estos esposos cambien debe hacer es dejar de culpar al otro por bre todo, cuando “educo mis sentidos” pa- do una pareja pelea bajo la premisa de que
todos los males de su matrimonio. Plantee- ra verla como una buena persona que, a ambos son buenas personas que de vez en
mos el asunto de esta manera: ¿Cuántos veces, se equivoca. cuando hacen cosas malas, hay esperanza.
sospechosos hay en sus conflictos matrimo- En este punto, ¡atención!, nos topamos Si la premisa es la opuesta, ¡sálvese quien
niales? Hay dos, y solo dos: usted y su pa- con otra diferencia básica entre las pare- pueda!
reja. Y ahora, con toda sinceridad, respon-
da: En su opinión, ¿quién es el culpable
de la mayoría de sus conflictos? En su opi-
nión, muy probablemente, no es usted.
¿Cómo funciona esta psicología cuando La teoría de la atribución
intentamos explicar los conflictos conyu-
gales? Muy sencillo: la explicación variará
dependiendo del “sospechoso” que esté La tendencia a culpar a los demás, tan común
en todo ser humano, la explica la teoría de la
siendo juzgado. Si soy yo, buscaré la causa,
atribución. Según Fritz Heider,6 el padre de
fuera de mi persona (“Tú me provocaste”.
esta teoría, cada ser humano trata de explicar
“La presión del trabajo me tiene muy ten- cuanto ocurre a su alrededor, especialmente
so últimamente”...). Por el contrario, la conducta de los demás, por medio de la
si se trata de la conducta de mi “psicología del sentido común”. Por medio
cónyuge, buscaré las causas de ella atribuimos causas a eventos; es
del problema dentro de él decir, preguntamos ¿cuáles son los
o ella (“Lo que pasa es factores que producen determinados
resultados? En lenguaje sencillo,
esto no es otra cosa que nuestra
capacidad de inferir; es decir, de ir
más allá de lo que perciben nuestros
sentidos.
Deje de justificar sus errores asumo esta actitud lo que, en última ins- trimonio. Entonces solo hay ojos para lo ge frases tales como: “¡Tú me haces eno-
“He aquí el principal sospechoso”, es- tancia, estoy haciendo es proteger, no mi ver bueno. Sin percatarnos, buscamos evi- jar!”, “¡por culpa tuya perdí los estribos!”,
criben Carol Tavriz y Elliot Aronson, “en conducta, sino mi persona. Por esto, escri- dencias de cualidades en la pareja. ¡Y cuán “si tú no hubieras dicho...”, “si tú no...”, y
la muerte de muchos matrimonios”. Se be Aronson, más que seres racionales, so- fácil resulta encontrarlas! Pero ahora la ac- otras similares, pues simplemente asuma
refieren a la inveterada costumbre de jus- mos racionalizadores, porque nuestra mo- titud es la de ver lo malo. ¡Qué ironía! Con la responsabilidad por sus reacciones. La
tificar nuestros errores. En opinión de es- tivación mayor no es estar en lo correcto, razón dice la Escritura que “el que busca razón es muy sencilla: Usted no está a mer-
tos psicólogos, este asesino de matrimo- sino creer que lo estamos.8 encuentra” (San Mateo 7: 8). ced de ningún otro ser humano. No tiene
nios usualmente se presenta en dos ver- Pero esta actitud en nada ayuda en la Y aun hay otra consecuencia negativa de que permitir que otros decidan cómo va a
siones. solución de los problemas de pareja, por- esta actitud. Resulta que cuando yo “edu- reaccionar. Si ante la provocación, o la ofen-
• Una dice: “Yo estoy en lo correcto y tú que al asumir valerosamente mi defensa, co” mis sentidos para ver solo el lado ma- sa, responde con violencia, o con ira, usted
no”. en el fondo lo que estoy haciendo es despla- lo de mi cónyuge, también estoy equipándo- es el responsable de esa respuesta.
• La otra: “Aunque yo no tenga la razón, zar la responsabilidad, o la culpa, hacia me para recordar solo lo malo. Cuando piso No está bien que alguien lo ofenda, claro
el caso es que soy así”.7 mi cónyuge. ¿Podemos imaginar lo que ocu- este terreno, estoy entrando en arena move- está. Pero el punto en cuestión es que us-
En cualquiera de sus dos versiones, lo rre en un matrimonio cuando ningún cón- diza. Los resultados serán desastrosos pa- ted no puede controlar la conducta de los
que se pone de manifiesto cada vez que in- yuge acepta haberse equivocado? ¿Por cuán- ra la relación, tal como veremos en el si- demás. Solo puedo controlar la suya. Y si
tento justificar mis errores es la protección to tiempo podrán mantener esa actitud guiente capítulo. en el matrimonio cada uno controla, no
al yo; es decir, la defensa de los atributos de “yo no fui”? Entonces, ¿quién se enoja? ¿Y quién es solo sus acciones, sino también sus reac-
que valoro en mí como persona. Cuando Pero esto no es todo. Según Tavriz y responsable de ese enojo? Si usted es de los ciones, seguramente habrá menos roces
Aronson, en mis esfuerzos por justificar- que está acostumbrado a decir al cónyu- y desacuerdos.
me, sin darme cuenta, comenzaré a buscar
evidencias adicionales que con-
firmen lo que ya creo (o sea, que
yo no soy el problema). En el Soy yo quien se enoja
proceso, minimizaré las
cosas buenas que el otro
hace y maximizaré las Otro principio de relaciones interpersonales que puede ser útil al
manejar los desacuerdos conyugales es que cada ser humano es
malas.9 Al final, termi-
responsable, no solamente de sus acciones, sino
naré consiguiendo lo que
también de sus reacciones. Si
estoy buscando: que de
yo me molesto con mi cónyuge,
los dos “sospechosos”, el ¿quién es responsable por mi
culpable es mi cónyuge, no reacción? David Augsburger res-
yo. Note el lector que esta ponde en estos términos:
actitud es totalmente contra- “Ninguna persona hace eno-
ria a la que caracteriza a los no- jar a otra. Si me enojo contigo,
viazgos y los primeros años de ma- yo soy el responsable de esa
reacción. […]. Tú no me haces enojar.
Soy yo quien se enoja contigo. El eno-
La práctica de justificar siempre los jo no es la única posible opción que
errores propios ha llevado a mu- tengo a mi alcance. No hay situación
chos matrimonios a la separación,
ya que este comportamiento en en la cual el enojo sea la única res-
realidad lo que busca es liberarnos puesta posible”.10
de nuestro sentimiento de culpa.
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Un vendedor maleducado
La afirmación de que somos responsables por nuestras respuestas la ilustra de manera
muy simpática la anécdota que John Powell cuenta de Sidney Harris.11 Un día Harris acom-
pañó a un amigo a un puesto de venta de periódicos. Observó cómo su amigo saludó
cortésmente al vendedor y también cómo este respondió rudamente
al saludo. Luego notó la manera brusca como el
vendedor entregó el periódico y, sorpresiva-
mente, la forma amable como su amigo se des-
pidió, deseando un buen día al vendedor. No pu-
diendo ocultar su asombro, preguntó al amigo:
— ¿Te trata siempre tan mal?
— Sí, lamentablemente siempre lo hace
— replicó el amigo.
— ¿Y tú siempre eres tan amable con él?
—preguntó Harris.
El amor es la cadena que une los corazones y que a través de la mu-
— Sí, lo soy. tua aceptación prepara el camino para que la resistencia a los cam-
— ¿Y por qué eres tan amable si él es bios desaparezca. Cada uno estará más dispuesto, o en condiciones,
tan maleducado contigo? de adaptarse al otro, reduciéndose así la aparición de conflictos.
— Porque no quiero que sea él quien de-
cida cómo debo actuar yo.
Abandone los intentos muy probablemente cambiará espontánea-
por cambiar a su cónyuge mente.
En su libro Reconcilable Differences (Di- ¿Cómo explicar esta aparente contra-
ferencias reconciliables), Andrew Christensen dicción? Christensen y Jacobson la expli-
y Neil Jacobson explican en forma muy can alegando que el cambio es hermano de
acertada la dinámica de la mayoría la aceptación, pero es un hermano
de los conflictos conyugales. Según menor. Cuando aceptas a tu cónyu-
estos autores, el dilema subyacen- ge tal como es, estás preparando
te que enfrenta cada cónyuge es el camino para que cambie: “Al
este: “¿Insisto en cambiar a mi experimentar cada vez mayor
pareja o la acepto tal como es?” aceptación uno del otro, la re-
Por supuesto, la primera in- sistencia al cambio se disuel-
clinación es que el otro cambie, ve por sí sola. Ahora cada uno
pero no hace falta estar casado estará más dispuesto a adaptarse
durante mucho tiempo para uno al cónyuge, con lo cual se redu-
darse cuenta que esta estrategia cirá la posibilidad de conflic-
tiene efectos contraproducentes: tos”.12
mientras más uno insiste en cam- Aquí de nuevo estamos ha-
biar al otro, menos lo logra. Por blando de un cambio de actitud.
otra parte, al aceptarlo, con sus Cuando me siento aceptado, el
virtudes y defectos, el cónyuge mensaje que recibo de mi pareja
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Alguien debe cambiar: ¡Yo! Pasaron dos meses y el abo- ¿Quiere que
¿Ha escuchado antes estas palabras: gado, al ver que la señora no da- su matrimonio mejore?
“Si este matrimonio va a funcionar al- ba señales de vida, la llamó por • Deje de culpar a su cónyuge por
guien debe cambiar”? Gran verdad. ¿Pe- teléfono. lo malo que sucede en su ma-
ro quién es ese alguien que debe cam- —Señora, ¿todavía quiere di- trimonio.
biar? El siguiente relato nos da la res- vorciarse? • Deje de justificar sus errores.
puesta. —¿Divorciarme yo? ¡Cómo • Basta de responsabilizar a su
se le ocurre! ¡A este hombre no lo cónyuge por sus enojos.
¡Me quiero divorciar! cambio por nada del mundo!16 • Abandone los intentos por cam-
Una mujer está harta de su marido y ¿Quiere que su matrimonio mejo- biar a su cónyuge.
va al despacho de un abogado para de- re? ¿Quiere dejar de beber aguas amar- • Acepte a su pareja tal como es.
cirle que se quiere divorciar. gas y comenzar a disfrutar de las re- • Y sobre todo, ¡cambie usted!
—No solo me quiero divorciar. Tam- frescantes aguas de una relación sólida “¿Por qué debo ser yo quien cambie?
bién quiero hacerle tanto daño como sea y profunda? Pues alguien debe cambiar. ¿No somos dos, acaso?”, preguntará
posible. En su matrimonio ese alguien es us- alguien. Cierto, pero uno de los dos
—Así que quiere herir a su esposo an- ted. En el mío, soy yo. Pruebe y verá. debe comenzar.
tes de divorciarse —responde el abo-
gado—. Muy bien. Esto es lo que hará:
Vaya a casa y actúe como si lo ama de —¡Maravilloso! ¡Mejor no puede ser!
verdad. Alabe sus cualidades. Sea cari- Casi incapaz de contener la emoción,
El cambio personal es un
ñosa con él. Trate de complacerlo en to- la mujer salió del despacho del aboga- primer paso para que
do lo que a él le gusta. Luego de hacerle do, lista para llevar a cabo su macabro un matrimonio mejore.
plan. Durante varias semanas, brindó a Aunque son dos los ejes
creer que lo ama, ¡boom! Explote la bom- del conflicto, el cambio tie-
ba. Le dice que se quiere divorciar. su esposo todo su amor y comprensión. ne que empezar por uno
¿Qué le parece el plan? Dejo de hacer lo que a él molestaba y co- de los cónyuges. Lo más
apropiado es reconocer
Con los ojos brillando menzó a hacer las cosas que a él le gus- que ese alguien “soy yo”.
de alegría y admiración, taban. Bien podía decirse que era una
ella exclamó: mujer transformada.
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solo mis actitudes afectan mi conducta, sencillas cortesías, las que constituyen la
sino que mi conducta también afecta mis ac- suma de la felicidad en la vida”.
titudes. Lo que pienso afecta lo que hago, Así, pues, comience ¡ahora mismo! Sea
y lo que hago afecta lo que pienso, y lo que cariñoso. Deje a un lado la crítica. Pase más
siento. tiempo con su pareja. Su cónyuge lo va a
disfrutar desde el primer momento, y su res-
¿Por dónde comenzar? puesta positiva no se hará esperar. En cuanto
En su libro Principios y valores para la fa- a usted, puede que no lo disfrute al princi-
milia de éxito,17 Ellen G. White, recomien- pio. Pero hágalo. No se preocupe si no sien-
da una “receta” con tres ingredientes: te deseos. Como en el caso de la mujer de la
“Ame cada uno a su cónyuge antes de exi- historia, que quería divorciarse, hágalo aun-
gir que el otro lo quiera. Cultive lo más no- que no lo sienta. Lo importante es comenzar,
ble que haya en sí y manifiéstese dispuesto
a reconocer las buenas cualidades del otro.
El saberse apreciado es un admirable es-
tímulo y motivo de afianzamiento de
la autoestima [...]. Son las pe-
queñas atenciones, los
numerosos inciden-
tes cotidianos y las
Hay ocasiones que se prestan para realizar sencillos actos que contri-
buyen a la edificación de un ambiente positivo en el matrimonio. La
recomendación es que nos involucremos en estas actividades aunque
no sean de nuestro mayor agrado. A la larga se verán los resultados.
13. Ibíd., pp. 125, 126. 17. Ellen G. White, Principios y valores para la familia de éxito (Doral:
14. Ibíd., pp. 127, 128. APIA, 2005), pp. 41, 42. (La cursiva no está en el original).
15. John M. Gottman y Nan Silver, Siete reglas de oro para vivir en pareja 18. Howard Markman, Scott Stanley y Susan Blumberg, Fighting
(Barcelona: Plaza & Janés, 2000), p. 171.(La cursiva ha sido añadida.) for Your Marriage, p. 143.
16. Relato de George Crane, y adaptado de Gary Tolbert en “¿Es el di- 19. Ver David Myers, The Pursuit of Happiness (Nueva York: Avon
vorcio la solución?”, Ministerio Adventista, año 63, nº 6, pp. 26, 27. Books, 1992), pp. 123-125.
y seguir, y seguir. “Actúa como si alguien te 3. Viktor Frankl, Man´s Search for Meaning (Nueva York: Pocket
Books, 1985), p. 86.
gusta”, escribe David Myers, “y pronto te gus- 4. Andrew Christensen y Neil Jacobson, Reconcilable Differences, p. 20.
tará”.19 Los resultados no se harán esperar. 5. Carol Tavriz y Elliot Aronson, Mistakes Were Made (but not by
me), (Orlando: Harcourt, 2007), p. 168.
En menos tiempo del que imagina, en su 6. Fritz Heider, citado por Stephen Littlejohn, Theories of Human
matrimonio ya no habrá sospechosos, y, Communication, 4ª ed. (Belmont: Wadsworth, 1992), p. 140.
7. Carol Tavriz y Elliot Aronson, Mistakes Were Made (but not by me),
por supuesto, ¡ningún culpable! p. 167.
8. Elliot Aronson, The Social Animal (Nueva York: Freeman, 1992), p. 177.
9. Carol Tavriz y Elliot Aronson, Mistakes Were Made (but not by
Referencias me), p. 173.
1. Erica Jong, citada por Andrew Christensen y Neil Jacobson, 10. David Augsburger, Caring Enough to Confront, pp. 46, 47.
Reconcilable Differences (Nueva York: The Guilford Press, 11. Anécdota narrada por John Powell en Why I Am Afraid to Tell you
2000), p. 17. Who I Am (Allen: Tabor Publishing, 1969), pp. 35, 36.
2. John Shea, Gospel Light (Nueva York: The Crossroad Publishing 12. Andrew Christensen y Neil Jacobson, Reconcilable Differences,
Company, 1998), pp. 22, 23. pp. 11, 12.