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Matrimonios

El documento aborda la perspectiva bíblica del matrimonio, enfatizando que este es una unión entre un hombre y una mujer, instituida por Dios y destinada a ser monogámica. Se discuten los propósitos del matrimonio, que incluyen la procreación, la intimidad y la crianza de los hijos, así como la importancia de que los creyentes se casen con otros creyentes. Además, se establece que el matrimonio es un compromiso de por vida y se prohíbe el matrimonio con personas divorciadas mientras su cónyuge esté vivo.

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Matrimonios

El documento aborda la perspectiva bíblica del matrimonio, enfatizando que este es una unión entre un hombre y una mujer, instituida por Dios y destinada a ser monogámica. Se discuten los propósitos del matrimonio, que incluyen la procreación, la intimidad y la crianza de los hijos, así como la importancia de que los creyentes se casen con otros creyentes. Además, se establece que el matrimonio es un compromiso de por vida y se prohíbe el matrimonio con personas divorciadas mientras su cónyuge esté vivo.

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Matrimonios plurales no son permitidos en el nuevo pacto

Cuando Cristo y los apóstoles enseñan sobre el matrimonio siempre lo presentan desde el punto de vista de la unión
entre un hombre y una mujer. Pablo dice claramente: “Cada uno tenga su propia mujer [no ‘mujeres’], y cada una
tenga su propio marido” [no ‘maridos’] (1 Corintios 7.2).

Dios sí permitió matrimonios plurales en el Antiguo Testamento, pero ahora tiene algo mejor para nosotros: “Dios,
habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se
arrepientan” (Hechos 17.30).

El matrimonio

“Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y
se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó,
no lo separe el hombre” (Marcos 10.6–9).

El matrimonio es una institución ordenada por Dios. Fue instituido y santificado en la creación, y desde aquel tiempo
el pueblo de Dios ha promovido su pureza. Dios instituyó el matrimonio cuando hizo a Eva y se la trajo a Adán, el cual
dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne. (...) Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su
madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2.23–24).

¿Por qué fue instituido el matrimonio?

1. No es bueno que el hombre esté solo

Dios creó una “ayuda idónea” para Adán porque no era bueno que él estuviera solo (Génesis 2.18). La verdad de este
planteamiento la vemos en la constitución física de cada hombre y mujer. Ellos son diferentes tanto en lo físico como
también en lo emocional, y se necesitan el uno al otro para complementarse. Lo que le falta al hombre lo suple la
mujer, y viceversa. Dios los creó para ocupar sus respectivos lugares. Dichoso el hombre y dichosa la mujer que
reconoce esta sabia provisión del Creador, que la respeta y que obra dentro de sus límites.

2. Para propagar el género humano

Esto está expuesto en Génesis 1.28: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra”.

3. Para la pureza del género humano

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”
(Hebreos 13.4). Entre el marido y su esposa que se aman el uno al otro las relaciones sexuales son puras y honrosas.
Cuando los dos cumplen los deseos del otro les fortalece en contra de la fornicación (1 Corintios 7.1–5).
4. Para la crianza de los hijos

Las cualidades más fuertes del padre unidas a las cualidades más tiernas de la madre sirven para criar y disciplinar a
los niños. No hay nada que pueda ocupar el lugar de un hogar cristiano para criar a los hijos “en disciplina y
amonestación del Señor”.

El matrimonio es:

1. Dejar a los padres y comenzar un nuevo hogar

Génesis 2.24 lo expresa así: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer”. Aunque los
matrimonios todavía deben reconocer sus deberes para con sus padres como hijos e hijas, ahora sus deberes son
más el uno para con el otro que para con sus propios padres o cualquier otro familiar o amigo. Ellos ahora forman un
nuevo hogar; el marido es la cabeza y la esposa es su ayuda idónea.

2. Llegar a ser “una sola carne” con alguien del sexo opuesto

Cuando la pareja se casa los cónyuges unen sus corazones, manos, mentes y hasta sus posesiones. Ellos llegan a ser
uno en pensamiento, en afectos y en propósitos. Dios los une en una sola carne.

3. Una unión pronunciado por Dios que dura por toda la vida

¿Cuándo empieza un matrimonio?

Cuando un hombre y una mujer dejan a sus padres y su unen ante Dios. (Génesis 2.23–24).

¿Cuándo termina un matrimonio?

Dios une a la pareja casada de por vida. Dios ve a los cónyuges como un matrimonio hasta la muerte de uno de ellos
(Marcos 10.9; 1 Corintios 7.39).

Leyes matrimoniales

Casi todas las naciones tienen leyes sobre el matrimonio. Los cristianos debemos someternos a tales leyes a no ser
que las mismas no estén en armonía con las leyes divinas. Veamos algunas de estas leyes.

1. Prohíbe que un creyente se case con un incrédulo

Moisés (Deuteronomio 7.3), Josué (23.11–13), Esdras (10.10–12) y Nehemías (13.23–26) testifican en contra del
matrimonio entre creyentes e incrédulos. Moisés apoya este planteamiento al decir: “Porque desviará a tu hijo de en
pos de mí, y servirán a dioses ajenos” (Deuteronomio 7.4). Al pasar al Nuevo Testamento encontramos la misma
advertencia de parte de Dios: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Corintios 6.14) y “libre es para
casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor” (1 Corintios 7.39).

La Biblia advierte a los cristianos que ellos no deben casarse con los incrédulos, porque traería resultados
desastrosos en sus vidas.

“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3.3). Cuando el esposo y la esposa tienen diferentes
creencias religiosas ellos están divididos en los asuntos más importantes. Los padres tienen la obligación ante sus
hijos de estar unidos en todos los asuntos morales y religiosos. Por tanto, es muy importante que los cristianos
busquen su pareja entre otros cristianos.

Esto hace que surja otra pregunta: ¿Y qué hay con las personas que ya están unidas en un matrimonio en yugo
desigual? Tales personas encuentran sus instrucciones en 1 Corintios 7.12–16.

¿Acaso están verdaderamente casados una mujer y un hombre si no son cristianos?

Ciertamente que lo están con tal que hayan cumplido las condiciones esenciales del matrimonio. El matrimonio es
honroso en todo, sea la ceremonia oficiada por un predicador o un magistrado, sean los interesados conversos o
incrédulos, con tal que se casen de acuerdo con las leyes de su país y no contrario a la ley altísima de Dios.

2. La Biblia prohíbe el matrimonio con una persona divorciada mientras viva su cónyuge

Esta es una verdad que muchos ignoran voluntariamente. Dejaremos, pues, que sea la Biblia la que tenga la última
palabra sobre este tema:

“Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo
os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que
se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19.8–9).

“Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido
y se casa con otro, comete adulterio” (Marcos 10.11–12).

“Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera”
(Lucas 16.18).

“Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre
de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido
muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera” (Romanos 7.2–3).

“La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con
quien quiera, con tal que sea en el Señor” (1 Corintios 7.39).
Algo que deseamos destacar en estos versículos es que nadie tiene derecho a casarse con otra persona mientras viva
su cónyuge. Esto quiere decir que tampoco nadie tiene el derecho a casarse con una persona divorciada. La verdad
es que cuando dos están casados ellos son “una sola carne” mientras ambos vivan y durante este tiempo ninguno
puede llegar a ser “una sola carne” con otra persona. Si alguno de los dos se une a otra persona entonces será
llamado adúltero.

La Biblia menciona dos casos en que puede haber una separación (Mateo 19.9; 1 Corintios 7.15). Pero en ningún
caso la Biblia permite que alguno de los interesados se case con otro mientras viva su cónyuge.

Si una persona se encuentra ya casada con una persona divorciada entonces ellos están viviendo en adulterio. Tales
personas deben separarse. Algunas personas que se encuentran en tales circunstancias declaran que no sería justo
separarse porque cometerían un error contra sus hijos si se separaran. Pero los versículos ya citados son claros en
cuanto a que ellos están viviendo en adulterio mientras continúan su lazo adúltero. Por tanto, mayor daño
cometerían viviendo en adulterio. Sin embargo, una separación bajo tales circunstancias no los eximiría de su
responsabilidad de cuidar y proveer sostén para los hijos que han engendrado.
Una perspectiva bíblica del matrimonio

UN ENSAYO ESCRITO POR

DEFINICIÓN

La perspectiva bíblica del matrimonio trata sobre un regalo de Dios, voluntario, la unión sexual y social pública de un
hombre y una mujer, de distintas familias, con el propósito de servir a Dios.

SUMARIO

El matrimonio fue instituido por Dios durante la creación, dado por Dios como un fundamento inmutable para la vida
humana. El matrimonio existe para que a través de esta institución la humanidad pueda servir a Dios a través de sus
hijos en una intimidad fiel y una relación sexual correctamente ordenada. Esta unión se inspira en la unión de Dios
con su pueblo —que es su esposa—, es decir, Cristo con la Iglesia. Dentro del matrimonio, los maridos deben ejercer
un papel de cabeza abnegada y las esposas una postura de sumisión piadosa a sus maridos. Esta institución nos
señala la esperanza de que Cristo regrese a reclamar a su esposa, haciendo del matrimonio una imagen viva del
evangelio de la gracia.

Este estudio comprenderá tres partes principales. Primero, consideraremos qué tipo de “cosa” es el matrimonio.
Puede parecer un comienzo extraño, pero es fundamental para el estudio. Luego, discutiremos el propósito central
del matrimonio. Finalmente, responderemos a la pregunta clave: ¿qué es el matrimonio?

La naturaleza del matrimonio

El matrimonio es una Institución del orden de la creación de Dios

Cuando las culturas debaten preguntas relacionadas con el matrimonio y discuten la ética de las relaciones sexuales,
hay una división fundamental entre aquellos que consideran, en esencia, el matrimonio como algo “dado” por Dios,
y aquellos que lo consideran como una construcción cultural. En Mateo 19, cuando preguntan a Jesús sobre el
divorcio, Él comienza afirmando la enseñanza de Génesis 1 y 2: “¿No han leído que Aquel que los creó, desde el
principio los hizo varón y hembra (Gn. 1:27), y dijo: ‘Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se
unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne’ (Gn 2:18)?” (Mt 19:4-5).

Al hacernos regresar a la Creación, Jesús afirma lo que enseña Génesis, que las dos partes sexuales de la humanidad
(creada hombre y mujer) y la institución del matrimonio son “dados” por Dios. Esto es “dado” en el doble sentido de
“dado e innegociable” y “dado como un regalo”. El profesor Oliver O’Donovan escribe que el orden de la creación es
“innegociable en el curso de la historia” y es parte de “aquello que ni los terrores del azar ni el ingenio del arte
pueden derribar. Define el alcance de nuestra libertad y los límites de nuestros temores” (Oliver O’Donovan,
Resurrección y orden moral, 2° ed., 61). El matrimonio es bueno y una institución estable. La cultura humana trata
de reinventarlo o darle nueva forma, pero bajo Dios sigue siendo un fundamento inmutable para la vida humana.

El matrimonio también tiene muchas formas de expresión cultural. Las personas entran al matrimonio a través de
una variedad de ceremonias y se comprometen en matrimonio de diferentes maneras. Pero, en esencia, la
institución es parte del orden de la creación. Por esta razón, debemos explorar desde la Biblia su propósito y
definición (ver G.W. Bromily, Dios y el matrimonio).

El propósito del matrimonio


El matrimonio se establece de tal manera que podamos servir a Dios a través de los niños, de una intimidad fiel y
relaciones sexuales correctamente ordenadas.

Es importante hacerse una pregunta útil tanto teológica como pastoral: “¿con qué propósito Dios ha creado el
matrimonio?” Nosotros comenzamos preguntándonos qué esperanza y ambición pueden tener una pareja concreta
cuando entran al matrimonio. Pero antes de responder a esto, es fundamental preguntar por qué Dios creó la
institución del matrimonio. La Biblia enseña tres respuestas básicas a esta pregunta. Pero antes de considerarlas,
debemos observar un tema general: el servicio a Dios en su mundo.

En Génesis 2:15 dice: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo
cuidara”. El hombre es el jardinero; él es el guardián y el agricultor en el jardín de Dios. En este contexto leemos en
Génesis [Link] “Entonces el Señor Dios dijo; ‘No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada’”. Un
estudio detallado de las Escrituras establece lo que el contexto sugiere, que el problema con la soledad del hombre
no es una relación solitaria, sino que es una gran tarea por realizar; el hombre necesita, no tanto una compañía o
una amante (aunque la mujer sería ambas), sino una “ayuda” que trabajara a su lado, guardando y cultivando el
jardín.

Reconocer esto transforma el estudio del matrimonio desde un punto de vista de lo que nos complace o lo que
disfrutamos a un enfoque sobre lo que servirá a los propósitos de Dios. Paradójicamente, los matrimonios más
seguros y felices son los que miran hacia fuera, más allá de su propio (a menudo asfixiante) ensimismamiento (o
“libertad de pareja” introspectiva), para servir a Dios y a los demás en el mundo de Dios, mediante el amor a Dios y
al prójimo.

Bajo este encabezado global del servicio a Dios, debemos colocar los tres “bienes” (o beneficios) bíblicos
tradicionales del matrimonio: procreación, intimidad, y orden social.

Procreación

En Génesis 1:27-28, la creación del ser humano como hombre y mujer está ligada inmediatamente con la bendición
de que “sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre ella”. Esto es para decir
que la primera manera en la que el matrimonio se dirige al servicio de Dios es a través de la procreación y la crianza
correcta de los niños. Los niños son bendiciones de Dios. Esta bendición no se da a cada pareja casada. Cuando no lo
son, es causa de tristeza. El matrimonio sigue siendo matrimonio y pueden honrar a Dios profundamente sin niños.
Pero debemos estimar la procreación de los niños como una bendición con costo y sacrificio. Nuestra oración es que
los niños crecerán “en la disciplina e instrucción del Señor” (Ef 6:4) y se volverán –según el lenguaje de Génesis 2–
jardineros fieles bajo Dios para cuidar su mundo.

Intimidad

El deseo y el placer sexual dentro del matrimonio están maravillosamente afirmados en las Escrituras (p. ej., Pr 5:18-
19; Cnt). Negar la bondad del matrimonio es ponerse del lado de la serpiente en el jardín del Edén, cuando cuestiona
la bondad de Dios (Gn 3:1; 1 Ti 4:1-5).

La relación del Dios del pacto con su pueblo se describe como un matrimonio en el que el Señor es el esposo y el
pueblo de Dios es su novia (p. ej., Is 62:5). En el Nuevo Testamento, este tema pasa a una nueva clave como el
matrimonio de Cristo, el esposo, con la Iglesia de Cristo, su esposa (p. ej., Ef 5:22-33).
La intimidad sexual dentro del matrimonio está diseñada para servir a Dios construyendo una relación de deleite y
fidelidad que honra a Dios, una intimidad que retrata la intimidad escatológica que toda la iglesia de Cristo disfrutará
con Cristo, su esposo. Sería difícil imaginar una vocación más elevada para las parejas que se embarcan en el
matrimonio (véase Timothy y Kathy Keller, El significado del matrimonio).

Orden social

La Biblia es realista con respecto al poder del deseo sexual, tanto masculino como femenino (con todas sus
diferencias), y las posibilidades de caos y desorden que surgen de esos deseos cuando no se canalizan en el orden
adecuado de Dios. La prohibición del séptimo mandamiento sobre el adulterio (Éx 20:14) funciona como la punta de
un iceberg de enseñanzas tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento que prohíben la inmoralidad sexual de
todo tipo. Toda la intimidad sexual que se encuentra fuera de la unión pactada de un hombre con una mujer en el
matrimonio entra en la definición bíblica de inmoralidad sexual. La Biblia protege la “desnudez” (la desnudez sexual,
en el contexto de la excitación sexual) y, por lo tanto, prohíbe la pornografía, la violación, el abuso de las mujeres, el
sexo entre un hombre y un hombre, entre un hombre y muchas mujeres, entre una mujer y una mujer, entre una
mujer y muchos hombres, y entre seres humanos y animales.

Este límite en torno a la expresión sexual es una protección buena y necesaria del orden sexual en cualquier
sociedad. Cuando se rompe, y especialmente cuando lo rompe toda una cultura, se produce un caos sexual y se
dañan vidas de forma imperiosa.

La definición de matrimonio

El matrimonio es una unión sexual voluntaria y pública en la sociedad entre un hombre y una mujer de diferentes
familias. Esta unión está representada por la unión de Dios con su pueblo que es la novia, Cristo con la iglesia.
Intrínsecamente a esta unión está el llamado de Dios a una exclusiva y larga fidelidad sexual (ver cap. 11-15 en
Christopher Ash, Matrimonio: Sexo en el servicio a Dios). Debemos resumir la definición de la Biblia en función de los
siguientes elementos.

Consentimiento

El matrimonio es una unión voluntaria. La Biblia condena la violación y el matrimonio forzado (p. ej., 2 S 13:14). Un
hombre y una mujer necesitan dar su consentimiento para estar casados. Con este consentimiento aceptan dar al
otro todo lo que son como personas sexuales (1 Co 7:2-4). Este consentimiento debe ser dado con la comprensión de
la naturaleza de la institución a la que ambos entran.

Público

El matrimonio es una unión pública. Mientras que la intimidad es, y debe ser, privada; la naturaleza de la unión debe
ser pública. El hombre y la mujer prometen mediante juramento que cada uno será fiel al otro hasta que uno de
ellos muera.

Las uniones libres (no casadas) están bajo una ambigüedad sobre lo que el hombre y la mujer han dado el
consentimiento. A menudo hay distinto entendimiento entre ambos. Pero cuando un hombre y una mujer se casan,
no hay esa incertidumbre. Cada uno ha declarado públicamente su fidelidad para la vida delante de la sociedad
donde viven. En una sociedad sana, esto significa que el apoyo social se da a la pareja casada. Hay un precio social a
pagar por un marido o una mujer que rompe el matrimonio.

Un hombre y una mujer: heterosexual

El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Así es como Dios ha creado a la humanidad. La sociedad quizá llame
a una relación entre dos personas del mismo sexo “matrimonio”; pero desde el punto de vista de Dios no puede ser
así.

Un hombre y una mujer: monogamia

El matrimonio es entre un hombre y una mujer. La poligamia aparece en el Antiguo Testamento pero no está
confirmada. Jesús de manera explícita afirma el orden del Génesis de un hombre y una mujer (p. ej., Mt 19:5-6 “ya
no son dos, sino una sola carne”).

De diferentes familias

La Biblia condena el incesto de forma consistente, que es la intimidad sexual entre aquellos que tienen un
parentesco cercano, tanto por la sangre (parentesco) o por el matrimonio (afinidad). Levítico 18 es el texto más claro
y más afirmado del Antiguo Pacto que responde a esta pregunta. Pablo condena las relaciones sexuales de un
hombre con su madrastra (1 Co 5).

Los cristianos no siempre han estado de acuerdo sobre los fundamentos de las prohibiciones del incesto o sobre
dónde trazar la línea del incesto. La respuesta más clara es que lo racional es proteger el círculo familiar de la
confusión destructiva que surge cuando alguien ve una relación cercana (otra que la de esposos) como una pareja
sexual potencial. Si este razonamiento es correcto, entonces el alcance de la prohibición del incesto puede depender
de lo que cuenta, en una cultura particular, como “familia cercana” (ver Christopher Ash, Matrimonio: Sexo al
servicio de Dios, 266-271).

El ejemplo de Cristo con su iglesia

Tres pasajes del Nuevo Testamento hablan expresamente a maridos y mujeres: Ef 5:22-33, Col 3:18-19, 1 P 3:1-7.
Estos pasajes nos enseñan que los maridos deben ejercer un rol de liderazgo auto-sacrificial y las mujeres deben
tener una postura de sumisión divina. Este modelo es ampliamente ridiculizado y rechazado en la cultura
contemporánea y también en parte de la iglesia.

Considerando esta pregunta, debemos comenzar con la idea de “orden” o “arreglo” (del griego taxis) de la cual
deriva la palabra “sometimiento”. En el Nuevo Testamento este concepto se aplica a (a) la sumisión de todas las
cosas a Dios y a Cristo (Ef 1:22); (b) el sometimiento de Cristo a Dios (1 Co 15:24-28); (c) el sometimiento del
creyente a Dios (Stg 4:7); (d) el sometimiento del creyente a las autoridades civiles (Ro 13:1-7); (e) el sometimiento
de los esclavos a los dueños (Tit 2:9); (f) el sometimiento de los miembros de la iglesia a sus líderes (He 13.17); (g) el
sometimiento de los niños a los padres (Ef 6:1) y (h) el sometimiento de las mujeres a los maridos (Ef 5:24). El
sometimiento de los esclavos a los señores es el único uso diferente en esta lista, porque no tiene un respaldo
teológico en la creación, y de hecho la Biblia rechaza radicalmente la institución de la esclavitud.

El sometimiento de la mujer debe ser un sometimiento voluntario, una expresión de su sometimiento divino a Dios.
La dirección de un marido debe ser una dirección costosa, ejemplificado en el amor de Cristo a la iglesia. Como lo
mejor, este ejemplo es bello y dador de vida. Puede ser subvertida (1) por un marido tiránico, (2) por una mujer que
deja de ser una compañera responsable con su esposo al adoptar una actitud pasiva, (3) por una mujer rebelde y (4)
por un marido que abandona sus responsabilidades.

Fidelidad para toda la vida

La fidelidad, o el amor fiel, debe ser la base en el corazón de una relación matrimonial. El matrimonio no está
fundamentado en nuestros sentimientos (que vienen y van) sino en guardar una promesa. Las Escrituras hablan del
matrimonio como un pacto donde Dios es el testigo (p. ej., Mal 2:14). Cuando un hombre y una mujer se casan (sean
o no creyentes), se unen por Dios (Mr 10:8-9). Ninguno de la pareja ni otra persona pueden romper lo que Dios ha
unido.

Conclusión: El matrimonio y la gracia de Dios

El evangelio de Jesús ofrece gracia para las caídas sexuales. Después de una lista que se enfoca principalmente en los
pecados sexuales, Pablo escribe: “Y esto eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados,
pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestros Dios” (1 Co 6:11). Todos
estamos marcados por los pecados sexuales, incluso los nuestros, en lo que hemos pensado, en lo que hemos visto,
en lo que hemos leído o en lo que hemos hecho. En el evangelio encontramos el perdón y la alegría de ser limpios.
Con alegría, ofrecemos a los demás la limpieza que nosotros mismos hemos encontrado en Cristo

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