Cala 29
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La
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ÍNDICE
febrero – marzo 2025
Nuestra Portada 3
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MARLBOROUGH Y EUGENIO
EL LIDERAZGO COMPARTIDO
Daniel a. castiglioni
De izq. a der.: el Príncipe Eugenio de Saboya, el Duque de Marlborough y su trompa personal (por Angus
McBride, en Marlborough’s Army 1702-11, Nr.97, Osprey). El primero está basado en la pintura de J. van
Schuppen, donde Eugenio aparece con coraza y casco laminado (ver imagen más adelante) utilizado por los
coraceros austríacos, y con una curiosa casaca marrón con entorchados oro; al cuello luce la Orden del Toisón
de Oro imperial. El Duque es reconstruido con una casaca profusamente galoneada, algo de gusto personal y
no indicativo de grado; lleva en bandolera la Orden de la Jarretera de una faja celeste, además de faja encar-
nada a la cintura; los oficiales llevaban botas granaderas, pero el Duque es representado en varias ocasiones
con botines largos. Como general del ejército británico, el Duque tenía el derecho de contar con trompas
agregados a su estado mayor personal: Marlborough contó con dos vestidos al estilo de los Life Guards.
5
Introducción
La Guerra de Sucesión Española inicia cuando Carlos II Ausburgo de España muere sin dejar descen-
dencia y dos reyes esgrimen su linaje para acceder al trono. Los reclamantes eran Luis XIV de Francia y Leo-
poldo I del Sacro Imperio Romano Germánico mientras que, por su parte, Inglaterra y Holanda no permitirían
la unificación de España ni con Francia ni con Austria. En noviembre de 1700, Felipe de Anjou, reclamante por
Francia, asume la corona española mientras que Leopoldo I reclama los Países Bajos Españoles para Austria
iniciándose así una guerra que se extendería hasta 17141.
El conflicto se convierte en internacional porque afecta a los intereses comerciales y geopolíticos de
gran parte de los países de Europa. Entre otras cosas, tenemos la concesión a los comerciantes franceses del
asiento de esclavos, que hasta ese momento estaba en manos de los holandeses. Viéndose amenazados también
los intereses de los comerciantes ingleses, en septiembre de 1701, el emperador, Inglaterra y Holanda forman
la Gran Alianza de La Haya. La respuesta de Luis XIV es el reconocimiento de Jacobo III como rey de Inglaterra
el mismo día de la muerte de su padre, Jacobo II, en el exilio, una provocación contra Guillermo III2.
En 1704, los aliados se apoderan del Peñón de Gibraltar, pero fracasan en sus intentos de penetrar en la
frontera española. Con Lisboa y Gibraltar bajo su control, los aliados mantenían una posición ventajosa en el
Mediterráneo. No obstante, el emperador Leopoldo I recabó la ayuda del Duque de Marlbouroug, quien propuso
mandar una gran fuerza expedicionaria a los Países bajos que, ulteriormente, asistiera al Imperio Austriaco ante
el cerco al que lo sometían los franceses y, posteriormente, avanzar desde los Países Bajos hacia el sur de los
territorios alemanes con apoyo de tropas holandesas3.
Bajo estas circunstancias John Churchill, Duque de Marlbouroug, conoce a su inseparable compañero
el Príncipe Eugenio de Saboya con el que conformaría una de las duplas más brillantes del Arte de la Guerra y
a los que se conocería como “los príncipes gemelos”. Esto era sorprendente porque los dos eran brillantes líde-
res, pero ninguno se sometía intelectualmente al otro mientras que, los dos unidos por una misma visión estra-
tégica podían adivinar que quería o que podría necesitar el otro, otorgando a su comando un efecto sinérgico
que le permitía superar a cualquier comandante enemigo.
Para demostrar este fenómeno, deberemos analizar las personalidades de Marlbouroug y Eugenio, los
avances tecnológicos y doctrinarios que ellos experimentaron y desarrollar las dos mejores batallas que estos
libraron: Blenheim y Oudenarde, para responder a la pregunta, ¿en qué medida se puede dar un liderazgo com-
partido y qué condiciones se deben dar para que esta situación sea provechosa?
1
Vigo, Jorge Ariel. Fuego y Maniobra. Breve Historia del Arte Táctico. Pag 160 y [Link] Ediciones. Buenos Aires,
2005.
2
Ruiz Ortiz, Miguel Ángel. La Guerra de Sucesión Española: 1701-1715. Revista de Clases Historia. Publicación digital
de Historia y Ciencias Sociales. Artículo Nº 178. Pag 4. Andalucia, diciembre de 2010 (ISSN 1989-4988 [Link]
[Link]/revista/[Link]).
3
Albareda Salvado, Joaquín. La Guerra de Sucesión Española (1700-1714). Pag 135. Editorial Crítica. Barcelona, 2007.
Torrente Vidal, José. Inglaterra en la Guerra de Sucesión Española. Pag 14 y 15. Universidad de Barcelona. Facultad de 6
Geografía e Historia. Departamento de Historia Moderna. Barcelona, Septiembre 2014.
De izq. a der.: John Churchill, Duque de Marlborough, y el Príncipe Eugenio de Saboya
7
Londres por verse implicado en una supuesta traición a la Corona debido a sus correspondencias con el deste-
rrado Jacobo II, pero, probada su inocencia, fue puesto en libertad y rehabilitado.
Los aliados habían planeado el ataque de Brest, el principal puerto francés en el golfo de Vizcaya. Los
servicios de inteligencia franceses alertaron del asalto, lo que dio tiempo al mariscal Vauban para reforzar las
defensas e incrementar la guarnición, por lo que el desembarco inglés, al mando del general Thomas Tollema-
che, terminó en un fracaso completo y otra vez los detractores de Marlborough afirmaron que había sido él
quien había alertado al enemigo, cuestión que no se pudo probar, dado que los franceses ya conocían todo lo
relativo a la expedición por otra fuente, no siendo este aspecto importante para nuestra investigación.
Al ser coronada Ana en 1702 se le concedieron a Marlborough amplios poderes para manejar la política
diplomática y militar de la Corona Británica, poderes con los que pudo finalmente demostrar su gran capacidad
en los campos de batalla, libre de las constantes intrigas palaciegas a la que estuvo sometido durante los años
previos4.
4
Sicilia Cardona, Enrique. El imbatible Duque de Marlborough. Capitán y Diplomático. Dialnet Nro 651 Madrid, 2022.
(ISSN 0018-2354).
8
A diferencia de otros oficiales, Eugenio marchaba siempre al frente de sus hombres en las batallas, ani-
mándolos y elevando extraordinariamente su motivación, siendo muy popular entre los soldados. En 1690, siendo
ya comandante general de caballería, Eugenio fue enviado al norte de Italia para socorrer a su primo Víctor Ama-
deo II de Saboya, cuyos territorios habían sido invadidos por Luis XIV en el marco de la guerra de la Gran Alianza,
conflicto que, finalmente, el Imperio perdió, aunque Eugenio, con su aguda visión política y diplomática trató de
evitar solicitado más tropas y medios al emperador, pero sin éxito.
Mientras las tropas austríacas combatían contra las francesas, el Imperio Otomano se había ido recupe-
rando de sus pérdidas y, tras reconquistar Belgrado, los otomanos habían penetrado en territorio húngaro. A me-
diados de 1697 se dispuso un ejército al mando del príncipe elector de Sajonia, Federico Augusto I, para hacer
frente a las huestes turcas al que Eugenio acudió como mariscal de campo. Federico Augusto I fue elegido poco
después monarca de Polonia y debió partir a su nuevo reino por lo que el mando de las tropas quedara exclusiva-
mente en manos de Eugenio. Con poco más de 50.000 hombres mal armados, debió enfrentarse a un ejército de
100.000 soldados bien pertrechados y equipados con abundante artillería, motivo por el que el emperador había
pedido a Eugenio que se limitara a llevar a cabo una campaña defensiva.
Pero Eugenio tendió una emboscada al ejército otomano en Zenta, justo cuando atravesaban el río Tisa,
rodeando al enemigo y atacándolo, en el momento que las tropas turcas, acinadas en el puente, intentaban huir al
otro lado del río. Más de 20.000 soldados turcos fueron masacrados y otros 10.000 resultaron ahogados, dejando
atrás artillería, grandes cantidades de provisiones y un valioso botín. Los austríacos tuvieron unas pérdidas de
apenas 500 hombres. Zenta fue el ejemplo perfecto de cómo Eugenio, extraordinario estratega, mediante la anti-
cipación, la velocidad, la movilidad y la utilización inteligente de las características del territorio, logró vencer en
diversas batallas a ejércitos muy superiores. El emperador lo recompensó con tierras en Hungría, que le reportarían
unas notables rentas. A partir de ese momento, Eugenio se convirtió en una figura indispensable para la defensa
del Imperio y en el hombre de confianza de Leopoldo I.
Al estallar la guerra de Sucesión Española, Eugenio fue nombrado presidente del Consejo de Guerra Im-
perial, cargo que aprovechó para llevar adelante importantes reformas que mejoraron la eficacia del ejército aus-
tríaco. En particular, generalizó las promociones basadas en el mérito y priorizó la logística, tratando de que sus
soldados estuvieran siempre bien alimentados y adecuadamente equipados, aspectos que hasta entonces se habían
considerado secundarios5.
El aspecto físico de Eugenio se contradecía con sus habilidades, porque era un hombre de pequeña
estatura y tenía hoyuelos en las mejillas. Tenía mal genio y notoria falta de tacto, aunque, paradójicamente,
destacaba por sus dotes diplomáticas. A pesar de que sus ideas estratégicas carecían de inventiva y osadía, su
serenidad y resistencia igualaban a la de Marlborough6.
5
Cisa, Javier. Eugenio de Saboya: De soldado rechazado a genio militar. La Vanguardia. Año 2017.
6
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Grandes
jefes militares. Pag 72. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
9
La doctrina militar y la tecnología bélica a principios del siglo XVIII
Al iniciar el siglo XVIII, las guerras se hacían con ejércitos cada vez más numerosos y costosos lo que,
a su vez, es la explicación principal de su larga duración. El pensamiento estratégico había quedado aplastado
por el constante aumento del tamaño de los ejércitos y la falta relativa de dinero, equipo y alimentos. La era de
la revolución militar, la habilidad de los gobiernos y de los generales para sustentar la guerra se convirtió en el
eje alrededor del cual giraba el resultado de los conflictos armados.
La revolución en el tamaño de los ejércitos agravó también el problema del alojamiento. Esto no era tan
difícil para las tropas en guarnición (que podían constituir hasta una mitad de las fuerzas armadas de una nación),
porque se alojaban normalmente en una ciudadela o en las viviendas de los vecinos. También las tropas que se
movían por itinerarios previamente establecidos se alojaban a veces en viviendas particulares y en las posadas
del camino, siempre que no viajaran juntos muchos soldados y acompañantes. Pero un ejército de 30.000 hom-
bres en campaña. que recorría en promedio 20 kilómetros diarios, no podía alojarse en viviendas en la mayoría
de las ocasiones, y debía acampar al aire libre. Algunos ejércitos transportaban tiendas de campaña con sus
bagajes, listas para su empleo7.
Dos innovaciones tecnológicas se habían sucedido a finales del siglo XVII: el mosquete o fusil a chispa
y la bayoneta de cubo, que pusieron fin al periodo de la pica y marcaron el comienzo de la táctica lineal. El
mosquete de avancarga con sistema a chispa ya había aparecido a mitad de siglo, pero su uso masivo se consi-
deró demasiado costoso; una mejora adicional fue la introducción del cartucho de papel. En 1690, los fusiles a
chispa comenzaron a utilizarse de manera más extensa en numerosos ejércitos europeos y se convirtieron en el
arma estándar de la infantería. En el caso de la bayoneta, a partir de 1670 comenzó a distribuirse entre unidades
de fusileros, cuerpos de elite y dragones, alcanzando ya en 1680 un uso estándar siendo su primer tipo, el modelo
encastrado (que impedía hacer fuego con el arma) de 30 cm de largo con doble filo. La mayor ventaja que traía
esta mejora era que el fusilero se podía defender solo sin presencia del piquero. La desventaja que traía era que
el fijado al mosquete no era un procedimiento rápido ni sencillo, dejando al mosquetero en posición vulnerable
durante el procedimiento, pero en 1697 se desarrolló una variante más satisfactoria. Este sistema de armas (fusil
a chispa, cartucho de papel, bayoneta) generó una revolución tecnológica que se dio justo en el fin del siglo
siendo la Guerra de Sucesión Española el primer conflicto bélico en el que se usaría masivamente este nuevo
armamento cuyo uso perduraría siglo y medio. Los cuerpos de piqueros desaparecieron y se modificó toda la
doctrina de empleo de los ejércitos, donde generales como Marlborough y Eugenio fueron adoptando y modifi-
cando procedimientos sobre la marcha durante sus campañas. Disminuyó la profundidad de las formaciones
hasta tres filas, se modificó el sistema de disparo de la infantería adoptándose en forma más generalizada el
sistema holandés. Este sistema permitía a los batallones realizar descargas de fuego en tres filas perfectamente
metodizadas y secuenciadas. Las descargas se sucedían así continuamente en todo el frente del batallón. Los
intervalos entre unidades se eliminaron y, así, los batallones formaron una línea ininterrumpida.
7
Geoffrey Parker - La Revolución Militar 1500-1800. P 113. Alianza Editorial, 2002
10
Fusil de avancarga británico tipo “doglock”, c.1700; este tipo de arma precedió a los sistemas con llave de chispa. Su denominación
proviene de su llave: al igual que las citadas de chispa, la “llave de perro” contaba con pedernal, rastrillo y cazoleta, pero sumaba una
pieza de retén del martillo, llamada “dog”, que servía para fijar aquel en la posición de smiamartillado, evitando que este cayera
accidentalmente sobre el rastrillo e iniciara la combustión de la pólvora. En sí, el reten se debía a que la llave carecía de mecanismo
interno para la posición de semiamartillado. Este fusil fue el armamento principal de la infantería británica en las primeras dos décadas
del siglo XVIII.
Sin embargo, los principales cambios que ayudaron a transformar el arte de la guerra se centraron en
modificaciones institucionales que dieron paso a la organización del Estado Moderno. La mayor parte de las
naciones europeas se había centralizado la administración tanto civil como militar que condujo a la organización
de grandes ejércitos como en la época del Imperio Romano. En la Guerra de Sucesión Española, el Ejército
Francés llego a sumar más de 400.000 hombres. Estas estructuras administrativas permitieron a los estados
imponer mayor grado de uniformidad en la disciplina y la instrucción. Los regimientos se convirtieron en es-
tructuras más permanentes ampliando el número de batallones durante la guerra y reduciéndolos durante la paz.
Esto condujo a crear identidad propia en cada cuerpo con tradiciones y también, rivalidades8.
8
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 42 a 46. Editorial Libsa. Madrid, 2012.
9
Dinos Antoniadis, Harald Skala y Jorg Meier. Asedio de Bonn, 1703. Kronoskaf. The virtual time machine. War of the
Spanish Succession y Tomasi, Susana Noemi. Cronología de las Guerras en la Edad Moderna – Siglo XVIII. Maga-
tem, 10 de enero de 2022 ([Link]).
11
En 1704 parecía claro que el esfuerzo imperial en el sur de Alemania estaba al borde del colapso y
Marlboroug debía acudir en ayuda de Viena. Este tenía claro que nunca conseguiría autorización de los estados
holandeses para partir con un ejército de auxilio, siendo esto crucial, ya que estos eran responsables de su lo-
gística. En consecuencia, el Duque engaño a sus aliados holandeses aparentando dirigir sus operaciones al Rio
Mosela10.
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
10
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 156. Editorial Libsa. Madrid, 2012
12
Infantería aliada, de izq. a der.: sgto. del Rgto. de Fusileros Escoses c.1706 (Inglaterra); abanderado de infantería holandesa c.1704;
mosquetero de infantería danesa c.1703 (por Angus McBride, en Marlborough’s Army 1702-11, Nr.97, Osprey). El primero había sido
creado en 1678 y, a pesar de ser de fusileros fue entrenado como granaderos; su uniforme era de casacas rojas con misma divisa y
gorra particular. Para la Guerra de Sucesión española la infantería británica se organizaba en regimientos con una plana mayor con
coronel, teniente coronel, 1-2 mayores, ayudante, capellán, cirujano y auxiliar, compañía de granaderos y 12 compañías de centro,
cada una con 3 oficiales y 65-66 de clases y tropa. Muchos cuerpos sólo contaban con la fuerza de un batallón, que quedó establecido
con un parámetro de 900 plazas, número difícil de alcanzar o mantener en campaña.
El 25 de mayo, en lugar de girar por el Valle del Mosela, el ejército de Marlborough cruzó el río por un
puente de piedra mientras que el Rin lo hizo a través de dos puentes de barcazas, encaminándose hacia Magun-
cia. Todo el mundo quedó perplejo, sobre todo los franceses, que pensaban que el objetivo sería Pittsburgh,
13
porque se había construido un puente de barcazas. Se había logrado el objetivo: tanto holandeses como franceses
habían sido totalmente engañados.
Durante la marcha a través de Alemania, se unieron 15.000 hanoverianos, prusianos y hessianos. Se
cruzó el río Main mientras la artillería de asedio ascendía por el Rin hasta Mannheim. El 3 de junio, la caballería,
reforzada con contingentes alemanes, cruzó el Neckar en Lademburg. Los franceses pensaron que el objetivo
era la fortaleza de Landau, pero en vez de dirigirse a Pittsburgh, Marlborough se dirigió a Launsheim.
El 10 de junio se producía la reunión del príncipe Eugenio y Marlborough en el campamento de este,
en la zona de Modelsheinel. Tres días después se unía el Príncipe Luis, el margrave de Baden.
El último tramo de marcha se realizó sobre la cuenca hidrográfica entre el Neckar y el Danubio. La
abrupta pendiente de los caminos montañosos dificultaba el progreso de la artillería y diez días de lluvias inten-
sas se sumaron a las dificultades de la infantería. El 22 de junio, sin embargo, los dos ejércitos aliados se unieron
en Launsheim, 15 km al noroeste de Ulm. Y ahora los excelentes arreglos administrativos hechos por Marlbo-
rough para el viaje trajeron su recompensa en la buena condición física y la moral elevada de las tropas.
Marlborough había engañado e los holandeses y cubierto una distancia de 400 km en un mes (la caba-
llería en 35 días, la infantería en 42), realizando una gesta sin precedentes digna de admiración. Este resolvió el
dilema logístico olvidándose de sus proveedores holandeses y enviando oficiales por delante del ejército para
recabar suministros en las ciudades por las que iba a pasar que, al tratarse de territorio aliado, no era una tarea
complicada11.
11
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 156. Editorial Libsa. Madrid, 2012. Acade-
mia Lab. (2024). Batalla de Schellenberg. Enciclopedia. Revisado el 16 de junio del 2024. [Link]
clopedia/batalla-de-schellenberg/
14
Asalto del Schellenberg - 2 de julio de 1704
En Gross Heppach, a 70 km al noroeste de Ulm, los tres generales elaboraron sus planes. Marlborough
y Eugenio desconfiaban del Margrave de Baden, de quién sospechaban que demoraba deliberadamente las ope-
raciones para dar al elector de Baviera la oportunidad de evitar la derrota.
El príncipe Eugenio debía defender la línea de Stollhofen con una fuerza de 30.000 hombres para opo-
nerse a los ejércitos franceses de los mariscales Villeroy y Tallards, mientras Marlborough debía buscar el
control de Donauwörth. Su tarea era inducir a Max Emanuel, el elector de Baviera, a abandonar su lealtad a
Luis XIV y reincorporarse a la Gran Alianza; pero para forzar la cuestión, los aliados primero necesitaban
asegurarse una cabeza de puente fortificada y un almacén en el Danubio, a través del cual sus suministros pu-
dieran cruzar hacia el sur del río, al co-
razón de las tierras del Elector. Marl-
borough eligió para ello la ciudad de
Donauwörth.
Por su lado, la estrategia fran-
cesa de Luis XIV preveía que el maris-
cal Villeroy, con 40 batallones de in-
fantería y 70 escuadrones de caballería,
se ocuparía en distraer la atención del
príncipe Eugenio, mientras que el ma-
riscal Tallard con otros 40 batallones
de infantería y 50 escuadrones marcha-
ría a través de la Selva Negra para
unirse al mariscal Marsin y al elector
de Baviera. Enterado ya el objetivo
aliado, el Elector envió al Conde
d'Arco con una fuerza anticipada de
12.000 hombres de su campamento
principal en Dillingen para fortalecer y
mantener las alturas de Schellenberg
por encima de la ciudad. Esto obligó a
Marlborough a realizar un ataque rá-
De izq. a der.: cabo de dragones británicos c.1704, soldado de un rgto. de corace-
ros holandés c.1708, oficial del Rgto. de Guardias a Pie prusiano c.1702 (por Angus
pido, antes de que la posición pudiera
McBride, op. cit). ser inexpugnable.
15
Mapa esquemático de la marcha de Marlborough y Baden hacia la localidad de Donauwörth.
Como el asedio quedaba fuera de toda posibilidad, se decidió por un asalto sorpresa, a pesar de las obje-
ciones de sus generales. Su plan era sencillo y audaz, decidió asaltar por el lado accidental que era el más fuerte,
y, por lo tanto, donde no se esperaba; mientras un ataque de distracción se realizaba en el lado oriental para
hacerle emplear sus reservas.
La ciudad de Donauwörth, en la confluencia de los ríos Wörnitz y Danubio, era una fortaleza con mu-
rallas medievales obsoletas, que presentaban pocas dificultades a un atacante. La clave de las defensas era una
colina empinada y de cima plana hacia el noreste, denominada Schellenberg por su forma de campana; se trataba
de una amplia meseta, a 200 metros sobre la ciudad, donde había espacio para un ejército de 20.000 hombres.
Su ladera norte estaba cubierta por un denso bosque, pero, hacia el este, un tramo de terreno abierto se extendía
hasta el Danubio. Las alturas de Schellenberg dominaban el horizonte al noreste de Donauwörth, con un flanco
de la colina protegido por densos e impenetrables bosques y el río Wörnitz y los pantanos protegiendo su lado
sur y oeste.
En 1703, el mariscal Villars había aconsejado al Elector que fortificara sus ciudades y, sobretodo, Sche-
llenberg, pero este había ignorado el consejo, pero una vez que se dio cuenta de que Donauwörth iba a ser
atacado, el conde D'Arco, oficial piamontés, fue enviado con 12.000 bavaros con órdenes de fortalecer y man-
tener la posición, pudiendo mejorar los bastiones, la cortina y el foso
En la noche del 1 al 2 de julio, Marlborough acampó en Armerdingen, a 24 kilómetros de Donauwörth,
donde recibió un mensaje urgente del príncipe Eugenio, de que el mariscal Tallard marchaba con 35.000 solda-
dos a través de la Selva Negra para reforzar el ejército franco-bávaro. Esta noticia convenció a Marlborough de
que no tenía tiempo para un asedio prolongado y, a pesar de las protestas de Baden (argumentando que un asalto
directo provocaría graves bajas), el duque planeó un asalto directo a la posición. A las 17:00 hs., la artillería
aliada, inició el fuego. La operación consistió en tres asaltos y una explotación final:
16
• Un primer asalto fue ejecutado por granaderos ingleses, que buscó detectar los puntos fuertes y débiles del
dispositivo enemigo donde la artillería aliada logro desorganizar la reserva franco-bávara en la altura. Los
bávaros soportaron el asalto detrás de un pequeño parapeto y este no logro penetrar las defensas.
• Un segundo asalto general debilitó el dispositivo defensivo; si bien fue rechazado, obligó a la defensa bávara
debilitar otros puntos de su perímetro para reforzar aquellos comprometidos.
• Un tercer asalto que se produjo una vez Marlborough detectó los puntos debilitados del dispositivo enemigo,
enviando al margrave de Baden con sus tropas, quien asalto la posición abriendo una profunda brecha en su
perímetro.
Batalla de Schllenberg.
Finalmente se produjo una explotación y penetración masiva por las brechas producidas con un asalto
en frente más amplio, que fue favorecido por el hecho que el comandante de la guarnición de Donauwörth había
retirado a sus hombres dentro de la ciudad, cerrado las puertas y, así, eliminando toda resistencia efectiva posi-
ble. Finalmente, los defensores de Schellenberg, superados en número, se dispersaron en derrota bajo la presión
de las fuerzas de Baden y Marlborough, quien inició la persecución con sus escuadrones montados.
Como consecuencia de esta derrota, el elector de Baviera había perdido muchas de sus mejores tropas,
quedando muy debilitado para enfrentarse a los aliados en el resto de la campaña. De los 22.000 soldados aliados
comprometidos, más de 5.000 habían resultado muertos o heridos entre los que se encontraban diez altos gene-
rales y muchos comandantes de brigada, coroneles y tenientes coroneles. Marlborough había conseguido su
cabeza de puente sobre el Danubio y se había situado entre los franceses y Viena12.
12
Academia Lab. (2024). Batalla de Schellenberg. Enciclopedia. Revisado el 16 de junio del 2024. [Link]
[Link]/enciclopedia/batalla-de-schellenberg/
17
Preliminares de la Batalla de Blenheim
El Duque estaba decidido a atraer al Elector a la batalla antes de que Tallard llegara con refuerzos. La
ciudad de Rain cayó recién el 16 de julio. Sin embargo, Marlborough rápidamente ocupó Neuburg, que, junto
con Donauwörth y Rain, proporcionó a los aliados suficientes puentes fortificados sobre los ríos Danubio y
Lech para maniobrar con facilidad.
Mientras el elector se sentaba detrás de sus defensas en Augsburgo, Marlborough envió sus tropas a lo
más profundo de Baviera en incursiones de destrucción, quemando edificios y destruyendo cultivos, tratando
de atraer al comandante bávaro a la batalla o convencerlo de que cambiara su lealtad al emperador Leopoldo I,
pero las negociaciones entre las partes no prosperaron.
Hasta ese momento, el fracaso del Imperio a la hora de proporcionar un tren de asedio eficaz había
privado a los aliados de la victoria: ni Munich ni Ulm podían ser tomados, y el elector no había sido derrotado
ni obligado a cambiar de lealtad. Eugenio no era un general complaciente y protestó duramente ante el Duque:
"Desde la acción de Donauwörth, no puedo admirar sus actuaciones (…). Han estado contando con que el
Elector llegue a un acuerdo y se han divertido quemando algunas aldeas en lugar de marchar directamente
hacia el enemigo." y luego concluye: " Si tiene que irse a casa sin haber logrado su objetivo, seguramente
estará arruinado."
El impass provocado durante julio recordó a Marlborough el período de frustración sufrido en sus peores
días en Holanda. No podía provocar a sus oponentes para que abandonaran su campamento fortificado en Augs-
burgo porque carecia de fuerzas suficientes para lanzar un asalto. Tampoco podía cruzar el Lech para interceptar
los refuerzos franceses que se acercaban, porque tal movimiento habría de poner en peligro sus propias comu-
nicaciones con el norte y con Eugenio. Y a todas estas dificultades, se agregaba la molestia constante del co-
mando compartido con el príncipe Luis de Baden, que se venía deteriorando desde la batalla de Schellenberg.
En el extremo occidental del teatro de operaciones, Eugenio había estado desempeñando su exigente
papel con considerable habilidad. Se mantenía en estrecho contacto con Marlborough por medio de frecuentes
despachos y un intercambio continuo de oficiales de enlace de rango superior. Por lo tanto, los dos generales
tenían información actualizada de las actividades del enemigo en ambos frentes y pudieron coordinar sus pro-
pios movimientos con una precisión que contribuiría en gran medida a la victoria.
Tallard había llegado a Augsburgo con refuerzos franceses el 5 de agosto. Siguiéndolo, Eugenio se
dirigía hacia el sur con 18.000 hombres, dejando atrás 12.000 soldados que custodiaban las líneas de Stollhofen
para impedir que Villeroy trajera más refuerzos franceses al Danubio. Finalmente, el elector envió órdenes a
todos los contingentes bávaros en la frontera tirolesa para que se reunieran con el ejército principal. Por lo tanto,
a los aliados les quedaba poco tiempo: debían derrotar a los franceses y a sus aliados de inmediato, o se perdería
todo el sur de Alemania.
Escaso en tropas, el príncipe Eugenio no pudo interrumpir seriamente la marcha de Tallard, pero logró
aletargar su avance. Desde su posición detrás de las líneas de Stollhofen, Eugenio había mostrado a los franceses
en Alsacia un frente tan atrevido, que cuando Tallard comenzó su marcha hacia Baviera, Luis XIV prohibió a
Villeroy que se involucrara en la Selva Negra o que enviara más refuerzos a su compañero mariscal. A mediados
18
de julio, Tallard, que había salido de Estrasburgo con un ejército de 35.000 hombres, había cruzado las montañas
y estaba sitiando la fortaleza de Villingen en las cabeceras del Danubio. Sus fuerzas habían sufrido considera-
blemente durante su marcha, los caballos estaban enfermos y los pasos de montaña resultaban un obstáculo
difícil para los 2000 vagones de provisiones.
Dejando la mayor parte de su fuerza en Stollhofen para observar a Villeroy, Eugenio había atravesado
el Bosque Negro hasta el valle superior del Neckar, apareciendo el 18 de julio con 18.000 hombres en Rottweil,
a menos de 20 km de Villingen. El temor a la intervención de Eugenio puede haber sido la razón principal de la
decisión de Tallard de levantar el asedio de Villingen, abandonándolo el 22 para, una semana más tarde, cruzar
a la orilla derecha del Danubio y llegar a Ulm (movimiento que fue seguido en detalle por los espías de Marl-
borough).
La brillantez de Eugenio como táctico se revela en sus maniobras exitosas para mantener a Villeroy en
el Rin y, al mismo tiempo, cubrir el avance hacia el este de Tallard. Un rápido descenso del valle de Neckar a
Tübingen, 50 km al noreste de Rottweil (donde había sido reforzado por 40 escuadrones del ejército de Marl-
borough), le hizo parecer a los franceses que abandonaba la búsqueda de un ejército para regresar y enfrentar al
otro. Como consecuencia, Villeroy, que se había estado preparando para seguir a Tallard a Baviera, decidió que
debía permanecer en Estrasburgo para proteger Alsacia. Pero desde Tübingen, Eugenio giró de nuevo hacia el
sudeste, casi en paralelo a los movimientos de Tallard, aunque a lo largo de una ruta más corta. De este modo,
todo estaba procediendo según lo previsto por los aliados: el refuerzo inminente del Elector por Tallard se
equilibraría mediante la reunión de Eugenio y Marlborough.
El 5 de agosto, el príncipe Eugenio llegó a Höchstädt (Blenheim en alemán) y cabalgó esa misma noche
para reunirse con Marlborough en Schrobenhausen. El último sabía que se requería otro punto de cruce sobre
el Danubio en caso de que Donauwörth cayera nuevamente en manos enemigas. Así que, el 7 de agosto, 15.000
tropas imperiales se desgajaron de la fuerza principal del británico para sitiar la ciudad fuertemente defendida
de Ingolstadt, poco más de 30 km más abajo en el Danubio, mientras que Tallard había tardado tres días más en
reunirse al Elector, ese mismo 5 de agosto, en Biberbach. Dos días después, los tres comandantes aliados man-
tuvieron un consejo en Gross Heppach para decidir la estrategia. Baden acordó un plan para asediar Ingolstadt
con una fuerza de 15.000 hombres, mientras que el resto del ejército aliado, de 52.000 hombres disminuidos
tras las pérdidas en tropas y comandantes sufridas en Schellenberg, se enfrentaría a los franco-bávaros, cuya
fuerza ascendía a 56.000 hombres, en el pequeño pueblo de Blenheim y sus alrededores. Las fortificaciones
aliadas en Rain y Donauwörth frustrarían cualquier intento de cortar las comunicaciones de Marlborough al
norte del Danubio, por lo cual la única opción posible para inducir al enemigo a que presentara batalla era
hacerle creer que podría atacar a Eugenio y sus 18.000 efectivos, antes de que se uniese a los 53.000 de Marl-
borough. Para alentar tal movimiento y provocar la batalla que buscaban, Marlborough y Eugenio mantendrían
sus fuerzas separadas, en lados opuestos del Danubio. Esta treta excepcional y arriesgada daría sus frutos en
forma contundente.
Con las fuerzas del príncipe Eugenio en Höchstädt, en la orilla norte del Danubio, y las de Marlborough
en Rain, en la orilla sur, Tallard y Maximilian debatieron cuál sería su próximo movimiento. Tallard prefirió
19
esperar el momento oportuno, reponer suministros y permitir que la campaña del Danubio de Marlborough
fracasara en el clima más frío del otoño; Maximilian y Marsin, recién reforzados, estaban ansiosos por seguir
adelante. Los comandantes franceses y bávaros finalmente acordaron atacar la fuerza más pequeña del príncipe
Eugenio. El 9 de agosto, las fuerzas franco-bávaras comenzaron a cruzar hacia la orilla norte del Danubio. El
10, el príncipe Eugenio envió un despacho urgente informando que retrocedería a Donauwörth. Mediante una
serie de marchas rápidas, Marlborough concentró sus fuerzas en Donauwörth y, al mediodía del 11 de agosto,
se completó el enlace. Había una separación de unos 10 km entre Eugenio y el Duque. Los franco-bávaros
habían mordido el anzuelo.
Durante el 11 de agosto, Tallard avanzó desde los cruces de ríos en Dillingen. Al día siguiente, las
fuerzas franco-bávaras acamparon detrás del pequeño río Nebel cerca del pueblo de Blenheim, en la llanura de
Höchstädt. El mismo día, Marlborough y el príncipe Eugenio llevaron a cabo un reconocimiento de la posición
francesa desde la torre de la iglesia en Tapfheim y trasladaron sus fuerzas combinadas a Münster, a 8 km del
campamento francés. Mientras, los zapadores avanzaban, trabajando para salvar los numerosos arroyos en el
área y mejorar el paso que conducía hacia el oeste a Höchstädt13, Marlborough avanzó rápidamente con dos
brigadas bajo el mando del teniente general John Wilkes y el brigadier Archibald Rowe para asegurar la estrecha
franja de tierra entre el Danubio y la colina boscosa de Fuchsberg, en el desfiladero de Schwenningen. El ejército
de Tallard contaba con 56.000 hombres y 90 cañones; el ejército de la Gran Alianza con 52.000 hombres y 66
cañones. Mientras el campamento franco-bávaro dormía, los ejércitos aliados realizan una marcha nocturna de
posicionamiento a partir de las tres de la madrugada. El ejército de Marlborough avanzó en cuatro columnas,
en la otra orilla del Reichen se formó una novena columna con 20 batallones y 15 escuadrones de tropas britá-
nicas y alemanas, detrás en reserva bajo lord Cutts14.
La Batalla
El campo de batalla se extendía por casi 6 km. El flanco derecho extremo del ejército franco-bávaro
descansaba sobre el Danubio, las ondulantes colinas cubiertas de pinos se extendían a su izquierda. Un pequeño
arroyo, el Nebel, se encontraba frente a la línea francesa; el suelo a ambos lados de este era pantanoso y solo se
podía vadear de forma intermitente. La derecha francesa descansaba en el pueblo de Blenheim, cerca de donde
el Nebel desemboca en el Danubio; el pueblo en sí estaba rodeado de setos, vallas, jardines cerrados y prados.
Entre Blenheim y el pueblo de Oberglauheim, al noroeste, los campos de trigo habían quedado reducidos a
rastrojos y ahora eran ideales para el despliegue de tropas. Desde Oberglauheim hasta la siguiente aldea de
Lutzingen, el terreno de zanjas, matorrales y zarzas era un terreno potencialmente difícil para los atacantes.
13
Estos habían tendido un puente sobre el Kessel en varios lugares, también habían preparado caminos a través del Rei-
chen, un pequeño curso de agua al oeste de Tapfheim
14
Academia Lab. (2024). Batalla de Blenheim. Enciclopedia. Revisado el 16 de junio del 2024. [Link]
[Link]/enciclopedia/batalla-de-blenheim/
20
Tropas francesas, principios del [Link]; de izq. a der.: fusilero del Rgto. de Navarra, artillero del Rgto. Real
de Bombarderos, sgto. del Rgto. de la Provenza, fusilero del Rgto. Erlach (suizo). Los regimientos de infan-
tería galos fomaban con uno o más batallones; para principios del siglo XVIII los batallones debían tener la
fuerza de 1 cía. de granaderos y 12 de fusileros, con un número variable de oficiales y hombres, de entre
40 a 50 plazas (por Francis Back, en Louis XIV’s Army, Osprey MAA 203).
Aun tomados por sorpresa, Tallard, Marsin y el Elector tenían demasiada experiencia como para no haber
planeado sus disposiciones para la batalla. Sus tres ejércitos formaron en el orden en que habían acampado:
Tallard, el más cercano al Danubio, Marsin en el centro de Oberglau y el Elector en el flanco norte. La distri-
bución de sus fuerzas era la siguiente:
• En Blenheim, Tallard situó 9 batallones de guarnición mandados por el marqués de Clarenbault, entre Blen-
heim y el Danubio una barricada de carros con 12 escuadrones de dragones desmontados, a retaguardia una
reserva de 12 batallones bajo el mando del conde de Hautefille.
• Entre Blenheim y Oberglau (3 km) situó 68 escuadrones de caballería en 2 líneas (36 de Tallard y 32 de
Marsin) apoyados por 9 batallones y 4 escuadrones de dragones desmontados.
21
• En Oberglau 17 batallones bajo el mando del marqués de Blainville, (entre los que se encontraban los fa-
mosos mercenarios irlandeses las “Ocas Salvajes”) y 6 cañones.
• Entre Oberglau y Lutzingen, el Elector situó 27 escuadrones de caballería: El conde d´Arco mandaba 14
escuadrones de caballería bávaros y otros 13 bajo conde de Wolframsdorf, que debían servir como reserva.
• En Lutzingen, el marqués de Maffei desplegó 5 batallones y 16 cañones en la ciudad y otros 7 batallones,
capitaneados por el marqués de Rozel, entre la ciudad y los bosques colindantes.
Marlborough y el príncipe Eugene hicieron sus planes finales. Los comandantes aliados acordaron que
el primero comandaría 36 000 soldados y atacaría la fuerza de Tallard de 33. 000 a la izquierda, incluida la
captura del pueblo de Blenheim, mientras que los 16. 000 hombres del príncipe Eugenio atacarían a Maximiliano
y Marsin combinados. Si este ataque se presionaba con fuerza, Maximiliano y Marsin se sentirían incapaces de
enviar tropas para ayudar a Tallard a su derecha. El teniente general John Cutts atacaría Blenheim en concierto
con el ataque del príncipe Eugene. Con los flancos franceses ocupados, Marlborough podría cruzar el Nebel y
asestar el golpe fatal a los franceses en su centro15.
El 13 de agosto Marlborough y Eugenio vigilaban la posición de Tallard, decidiendo atacar a los franco-
bávaros ese mismo día. Eugenio mantendría ocupado a Maximiliano Emanuel mientras el duque que asaltaba
Blenheim y Oberglau. Estos ataques impedirían a Tallard, aprovechar la superioridad numérica de su infantería.
En el centro, vadeando el Nebel, Charles Churchill se encargaría del golpe de mano. El centro estaba compuesto
15
Academia Lab. (2024). Batalla de Blenheim. Enciclopedia. Revisado el 16 de junio del 2024. [Link]
[Link]/enciclopedia/batalla-de-blenheim/
22
por cuatro líneas de 7 batallones en la primera seguidos de 2 líneas de 72 escuadrones en total. La cuarta línea
comprendía otros 11 batallones de reserva. La operación se iniciaría después de que los 20 batallones de Lord
Cutt arremetieran contra Blenheim y los germanos del General Holstein-Beck asaltaran Oberglau.
A las 12:30, el ejército estaba en su lugar y Marlborough ordenó el avance. Los batallones de Cutts
atacaron las defensas de Blenheim, obligando a los franceses a poner en juego a toda su reserva situada tras la
localidad. En el terreno, los germanos opusieron una decidida resistencia. A las 14:00, la caballería francesa del
centro cargó contra la línea de Charles Churchill, cuando se abrió un espacio entre sus hombres y los de Hols-
tein-Beck. Después de echar un rápido vistazo a la situación de su centro, Marlborough envió un jinete para
pedir ayuda a Eugenio. Por suerte el mensajero encontró al príncipe y este pudo enviar con celeridad varios
escuadrones de coraceros austriacos que hicieron bien su trabajo, el centro inglés quedó a salvo y Churchill
prosiguió su avance.
El ejemplo de hermandad entre los dos generales se da claramente en la lucha por el poblado de Oberglau.
El príncipe de Holstein-Beck recibió la orden de Churchill de atacar con 10 batallones alemanes cuando, en su
avance para asaltar la aldea, recibieron el contraataque repentino del marqués de Blainville, general franco-
bavaro con 9 de sus mejores batallones, incluida la indomable Brigada Irlandesa. Holstein-Beck fue herido de
muerte, uno de sus batallones fue aniquilado, y el resto de la fuerza atacante se retiró en desorden a través del
Nebel. En esta situación crítica, cuando el flanco derecho de Marlborough estaba expuesto a un ataque de ca-
ballería que podría haber cortado toda la línea aliada en dos, el propio Duque galopó, se hizo cargo y envió un
llamado urgente a Eugenio para obtener ayuda de su caballería y, al lanzar 3 nuevos batallones de Hannover,
detuvo el contraataque irlandés. Aunque el príncipe de Saboya estaba muy presionado, era lo suficientemente
inteligente como para reconocer la necesidad de Marlborough y, al instante, le envió una gran fuerza de cora-
ceros imperiales, que llegaron a tiempo para tomar los escuadrones de caballería de Marsin por el flanco iz-
quierdo. La infantería aliada se reagrupó y presionó de nuevo hacia delante contra Blainville, permitiendo mover
los cañones para ocupar mejores posiciones.
La cooperación entre Eugenio y Marlborough fue determinante para la victoria. Si Eugenio no hubiera
enviado a la caballería en apoyo de centro inglés, el resultado hubiera sido muy distinto. A las 15:00 hs., los
alemanes tomaron Oberglau de manos francesas y Blenheim quedó rodeado. Marlborough desplazó su centro
contra la caballería de Tallard y lo reforzó con la caballería que había dejado de ser necesaria para apoyar a
Cutts. Tallard presentó resistencia con 64 escuadrones y 9 batallones por lo que el duque hizo entrar en juegos
a sus 81 escuadrones y 18 batallones a las 16:00 hs. Su enorme superioridad numérica le permitió romper la
línea francesa. El ataque de Eugenio contra el ala de Maximiliano Emmanuel tuvo tal éxito, que el elector bávaro
no pudo prestar ayuda a Tallard cuando se inició el ataque del duque contra el centro francés. En unas dos horas,
el ejército de Tallard cedió y huyó. Los batallones y escuadrones franco-bávaros en Blenheim quedaron rodea-
dos y tuvieron que rendirse, Maximiliano Emanuel dispensó a sus tropas del combate, no sin sufrir graves pér-
didas. Todo el esfuerzo militar de Baviera se vino abajo en una tarde. Tallard y sus aliados bávaros perdieron
20.000 hombres, además de 14.000 prisioneros, más de la mitad de su ejército. Las fuerzas inglesas e imperiales
sufrieron 13.000 bajas, un coste que podía permitirse a la vista de los resultados. Maximiliano Emanuel perdió
23
su electorado y se retiró hacia el Rin. Eugenio procedió a ocupar las fortalezas bávaras y a tomar posesión de
sus tierras. Tallard perdió otros varios miles de hombres durante la retirada dejando fuerzas francesas dispersas
por todo el Rin. El 13 de agosto Luis XIV se quedó sin ejército y, en noviembre, perdió a su aliado: Baviera se
retiró finalmente de la coalición francesa16.
Consecuencias de la acción
Los franceses perdieron esta batalla por una gran variedad de razones. Sus disposiciones de campo
fueron defectuosas y existía indisciplina e inexperiencia mostrada en las filas franco-bávaras. La contienda fue
reñida, el Príncipe Eugene observó: "No tengo un escuadrón o batallón que no haya cargado cuatro veces al
menos". Aunque la guerra se prolongó durante años, la batalla de Blenheim fue, probablemente, la victoria más
decisiva; Marlborough y el príncipe Eugenio habían salvado el Imperio de los Habsburgo y, por lo tanto, evitado
el colapso de la Gran Alianza. Múnich, Augsburgo, Ingolstadt, Ulm y el resto del territorio de Baviera pronto
cayeron en manos de los aliados.
Por el Tratado de Ilbersheim, firmado el 7 de noviembre, Baviera quedó bajo el dominio militar aus-
tríaco, lo que permitió a los Habsburgo utilizar sus recursos durante el resto del conflicto. Los restos del ala de
Maximiliano y Marsin regresaron a Estrasburgo, perdiendo otros 7.000 hombres por deserción. A pesar de que
se le ofreció la oportunidad de permanecer como gobernante de Baviera, bajo los estrictos términos de una
alianza con Austria, Maximiliano dejó su país y su familia para continuar la guerra contra los Aliados desde los
Países Bajos españoles, donde aún ocupaba el cargo de gobernador general. Tallard, quien, a diferencia de sus
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
16
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 157 a 160. Editorial Libsa. Madrid, 2012.
24
subordinados, no fue rescatado ni intercambiado, fue llevado a Inglaterra y encarcelado en Nottingham hasta su
liberación en 171117.
17
Academia Lab. (2024). Batalla de Blenheim. Enciclopedia. Revisado el 16 de junio del 2024. [Link]
[Link]/enciclopedia/batalla-de-blenheim/
18
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 47. Editorial Libsa. Madrid, 2012 y Ant-
hony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Grandes jefes
25 militares. Pag70. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
Infantería imperial, de izq. a der: mosquetero del Rgto. de Infantería de Sachsen-Koburg, piquero del
Rgto. de Infantería Toldi Pálffy, oficial del Rgto. de Infantería del Obispo de Osnabrück. (por R. Knötel).
Las estrategias
Marlborough y Eugenio se reunieron en la Haya el 1 de abril y decidieron una estrategia sencilla: cuando
ambos ejércitos estuvieran preparados, Eugenio se dirigiría al Oeste desde Coblenza, a 240 km, para reunirse
con Marlborough en secreto. Dado que sus dos ejércitos juntos superaban en número a los franceses, los obli-
garían a enfrentarse en el campo de batalla a la primera oportunidad. Si no conseguían reunir sus fuerzas, Marl-
borough habría de enfrentarse a los franceses en solitario en inferioridad numérica.
Durante mayo, Marlborough reunió un ejército de 90.000 hombres (112 batallones y 197 escuadrones)
al sur de Bruselas. Eugenio comenzó a crear su ejército, pero tuvo que reclutar hombres y entrenarlos por lo
cual se retrasó bastante en los tiempos acordados.
26
Hacia finales de mayo, un ejército francés con más de 100.000 hombres (130 batallones y 216 escua-
drones) se reunió cerca de Mons. Los dos jefes militares ya tenían serias diferencias: Vendomé deseaba dirigirse
hacia el este para sitiar a las fuerzas de Huy en el Rio Mosa para inducir a Marlborough a perseguirlos. La región
se caracterizaba por grandes extensiones abiertas, por lo que Vendôme podía beneficiarse de la superioridad de
su caballería. Por otro lado, el Duque de Borgoña quería dirigirse a Flandes, esperando que esta estrategia le
llevaría a muchas ciudades importantes donde el poder de los holandeses era rechazado.
Era un momento crítico para Marlborough ya que, además de encontrarse enfermo, el ejército de Euge-
nio tardaba en reunirse y no lograría estar listo para antes de finales de julio y, sin este, no podría tomar la
iniciativa19.
19
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
des jefes militares. Pag 70. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
20
Obra anteriormente citada. Pag 71.
27
amenazar Bruselas. Solo Oudernaarde quedaba en manos aliadas. Ya el 5 de julio, el duque supo de los movi-
mientos de las tropas francesas y reorientó sus fuerzas hacia el oeste, descubriendo recién entonces la perdida
de Gante y Brujas, pero sumó unos 700 efectivos de la guarnición de Ordernnarde.
Marlborough, aún enfermo, había actuado con su rapidez y decisión habitual. Ya había posicionado una
brigada entre Brujas y Gante cuando se enteró de los movimientos de Borgoña. No obstante, no podía esperar
a Eugenio y puso a su ejército en movimiento hacia Bruselas para cubrir la capital. Al quinto día de marcha, su
vanguardia chocó con la retaguardia enemiga cuando cruzaba el Dendre21.
Los Planes
Por suerte para Marlborough, se produjeron más desacuerdos aún entre Vendôme y Borgoña por lo que
los franceses no hicieron ningún otro movimiento importante esperando instrucciones de Versalles. El 6 de
julio, Eugenio arribó a los cuarteles de Marlborough con una pequeña escolta de caballería. Este encontró al
duque muy desmoralizado, pero logro convencerlo de que la situación no estaba tan mal como parecía. Luego
de varias horas de trabajo, estos formularon sus planes.
Los franceses habían dejado sus comunicaciones con su país peligrosamente expuestas. El plan aliado
era avanzar a través del Escalda para salvaguardar Ourdennarde y Menin, y continuar hacia la costa buscando
capturar Lille y obligar a los franceses a presentar batalla. Era evidente que el comando aliado no podía esperar
que llegaran las restantes tropas de Eugenio por lo que se decidió atacar solo con las tropas de Marlborough,
buscando una batalla abierta contra el ejército francés. En consecuencia, Eugenio con su caballería cubrió el
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
21
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 48 y 49. Editorial Libsa. Madrid, 2012.
28
compromiso de Marlborough de proteger Bruselas, liberando a este para que pudiera mover la totalidad de su
ejército.
A medida que el ejército francés se acercaba a la frontera con los Países Bajos, los comandantes fran-
ceses comenzaron a discutir sobre qué estrategia adoptar. Vendôme deseaba atacar la ciudad de Huy para atraer
a Marlborough y su ejército mientras debilitaban la posición aliada en general.
La inactividad temporal del enemigo jugo a favor de Marlborough, que desplegando sus grandes dotes
de logístico realizó preparativos para garantizar la máxima movilidad: se prepararon suministros para ocho días
y todo el equipaje se redujo para que nada obstaculice la marcha; también aprovechó para reforzar la guarnición
de Ourdennarde con 700 hombres del Brigadier Chandos de Ath.
Marlborough envió a su vanguardia esa misma tarde hacia Lessines, que emprendió una serie de mar-
chas nocturnas con el fin de privar a los franceses de una línea defensiva por el río Dender. Aquí, el duque
parece haberse recuperado del desánimo porque, al poco de superado, comenzó una de las marchas tácticas más
brillantes de la historia del ejército británico.
Los duques de Vendôme y Borgoña habían accedido al control de todo el largo del río Escalada desde
la frontera francesa hasta el Gante, con la sola excepción de la ciudad fortificada de Ourdennarde. Si lograban
asegurarse esa plaza, el ejército de Marlborough se vería aislado de la costa y de Flandes, lo cual significaba
perder todo contacto con Inglaterra. Marlborough jugó correctamente sus objetivos y el método con que lo
lograría. Descartó la posibilidad de que los franceses remontaran en el Escalada para sitiar la ciudad, porque
durante una maniobra de ese tipo se verían amenazados por el propio ejército aliado. Era más probable que se
dirigieran hacia el sur a lo largo de este río y luego dejaran un destacamento para cubrirlos entre su ejército al
este y Ourdennarde al oeste. El lugar más indicado para esto era Lessines en el río Dende y, a partir de ese
momento, se desató una carrera para ver quién llegaría primero22.
22
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 48 y 49. Editorial Libsa. Madrid, 2012 /
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Grandes
jefes militares. Pag71 y 72. Editorial Rombo. Barcelona, 1995 / Academia Lab. (2024).Batalla de Oudenaarde. Enciclo-
pedia. Revisado el 16 de junio del 2024. CC BY-NC-ND, info@[Link].
29
Preliminares de la Batalla
El 8 de julio el grueso del ejército francés inició su marcha desde Alost hasta Lessines. Marlborough
estaba en Asse cuando supo esta noticia y, el 9 de julio, levantó campamento a las dos de la madrugada para
llegar a Lessines antes que los franceses. Hacia el mediodía, después de un gran esfuerzo, su ejército llegó a los
aledaños de Enghien desde donde, aquella misma tarde, Marlborough envió a marcha forzada 8 escuadrones de
caballeria y otros 8 batallones de infantería para alcanzar su objetivo. Lo lograron sin dificultad y, hacia el
mediodía del 10 de julio, el grueso del ejército de Marlborough había llegado a la ciudad, después de una marcha
de unos 48 km en 36 horas.
La situación táctica había cambiado decididamente. Si los franceses hubiesen sido los primeros en llegar
a Lessines, se habrían apostado entre Marlborough y Ourdennarde, a 24 km. Esto les habría permitido dejar una
fuerza considerable en Lessines para enfrentarse a los aliados, mientras el resto del ejército marchaba hacia el
oeste y sitiaba a Ourdennarde.
30
La marcha forzada del duque, cuidadosamente planificada y ejecutada con suma precisión, frustró los
planes de los franceses. Los duques de Vendôme y Borgoña al saber que Lessines había caído en manos de
Marlborough, encontraron su camino hacia el puente de Ourdennarde obstaculizado y se dirigieron hacia el
noroeste, a Gavre, con un segundo puente sobre el Escalda. La carrera a Lessines ahora se convirtió en una
carrera hacia el Escalda, porque el primer ejército que cubríera al río quedaría mejor posicionado.
La firme dirección de mando y la autoestima en que la tropa tenía a Marlborough estimuló al agotado
ejército a realizar otra marcha forzada. Este se hizo preceder por una vanguardia de 11.000 hombres bajo el
comando del experimentado William Cadogan23. Su tarea consistía en establecer cinco puentes de pontones más
abajo de Ourdennarde, con la mayor rapidez posible, y luego resistir en aquel punto hasta que llegara el grueso
del ejército. Cadogan acabó la construcción de los puentes hacia las 10:30 de la mañana siguiente (11 de julio),
sin que los franceses pudieran impedírselo, ya que recién estaban iniciando los preparativos para el cruce del
Escalada a la altura de Grave24. Pasaron varias horas antes que los franceses sospecharan de lo que planeaba
Marlborough. Es evidente que al intuir las intenciones del enemigo y, luego desplazar su ejército tan lejos y con
tanta rapidez durante dos días de marcha agotadora, logró un contundente éxito militar que ha sido registrado
como entre las grandes campañas de la Historia. Su recompensa fue considerable. Hacia media tarde el 11 de
julio, todo su ejército, compuesto por 90.000 hombres había cruzado el río sin sufrir una sola baja. Además,
habían impedido que Vendôme lograra proteger la orilla occidental del Escalda e impedir que los aliados lo
crucen, mientras él sitiaba Ourdennarde. El duque había logrado lo que más deseaba: una gran batalla25.
23
William Cadogan, intendente general del ejército aliado, era un notable oficial irlandés de caballería al que Marl-
bourogh había recurrido a menudo en posiciones avanzadas para estudiar los dispositivos enemigo. Este solo tenía 32
años pero mucha experiencia y había combatido junto con Marlbourogh desde 1702.
24
Academia Lab. (2024).Batalla de Oudenaarde. Enciclopedia. Revisado el 16 de junio del 2024. (CC BY-NC-ND,
info@[Link]) [Link]
25
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
31 des jefes [Link] 72 y 73. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
Mientras las tropas de Marlborough avanzaban a marchas forzadas hacia el Lessines y el Dender, el
duque de Vendôme había decidido desplazarse al mismo lugar para proteger sus operaciones en Ourdennarde
de posibles interferencias. Pero las tropas francesas se movieron un ritmo lento y la vanguardia aliada dirigida
por William Cadogan se hizo primero con la ciudad antes de la medianoche. Vendomé supo por su caballería
que las fuerzas aliadas habían ocupado Lessines y propuso atacar a estas fuerzas de vanguardia antes que llegara
el cuerpo principal, pero el Duque de Borgoña se negó a apoyarle, prefiriendo una línea defensiva a lo largo del
río Scheldt. Enfurecido, Vendôme se retiró a paso lento por el este último río hasta Gavre a 5 km al norte de
Ourdennarde. Entre tanto, Cadogan salió de Lessines a la 1:00 de la madrugada con su vanguardia de 10.000
hombres (16 batallones británicos y holandeses, 8 escuadrones hanoverianos, 32 cañones ligeros y un destaca-
mento de puentes) y, a marchas forzadas, llegó a la aldea de Eenamé en el Scheldt sin ser detectado, cubriendo
48 km en 33 horas. Desde esta cumbrera, podía ver que la mayor parte de las fuerzas del Duque de Vendôme
no habían cruzado totalmente el Gavre y envió correos a Marlborough con la noticia; siguiendo sus instruccio-
nes, empezó a tender un pontón sobre el Scheldt. A media mañana, sus zapadores estaban trabajando en lanzar
puentes de pontones a través del río a la altura de la fortaleza. A las 07.00 hs., Marlborough, que había iniciado
el movimiento de su fuerza principal, recibió la noticia de Cadogan de que los franceses aún no habían cruzado
el Escalda por lo que apresuró su marcha.
Poco después del mediodía, Marlborough y Eugenio, a la cabeza de 20 escuadrones, cruzaban los puen-
tes de Cadogan sobre el Escalda con todo su ejército, anticipándose, por mucho a los franceses. En su movi-
miento, los soldados del cuerpo principal redoblaron esfuerzos, desplazándose a la carrera para tener mejores
opciones en el campo de batalla26. Por fin, los 8 escuadrones de dragones de Hannover al mando de Cadogan,
que avanzaban por la orilla occidental del río, llegaron a la cumbre de una pequeña colina. Desde allí podían
observar las incursiones de las tropas francesas entre los caseríos, los campos, arroyos, bosques y arbustos de
abundante vegetación. Se trataba de un terreno propicio para la infantería y no para la caballería. No obstante,
fueron los jinetes de Cadogan los primeros entrar en combate.
Cadogan dejó cuatro batallones protegiendo los puentes y condujo al resto de su vanguardia hacia el
arroyo Diepenbeek, reconociendo también el Eyne donde encontró las primeras unidades francesas, que subían
por la orilla occidental del Escalda desde Gavré. Este ordenó inmediatamente que los dragones del Mayor Ge-
neral danés Jorgen Rantzau, avanzarán con el fin de tomar prisioneros para interrogarlos, mientras buena parte
de los franceses lograba escapar y advertir al Marqués de Biron, comandante de la vanguardia francesa de 8.000
hombres (20 escuadrones y 7 batallones) de la presencia aliada en la orilla occidental del rio.
Biron avanzó con 2 escuadrones para reconocer el terreno, mientras Rantzau se retiró prudentemente
tras el flanco izquierdo de la infantería de Cadogan que se acercaba a Eyne. Biron se llevó una desagradable
sorpresa al toparse no solo con un contingente de envergadura, sino que más tarde pudo observar desde la altura
una columna ininterrumpida de caballería que avanzaba hacia las cabezas de los puentes. Desde la torre de la
Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
26
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 48 y 49. Editorial Libsa. Madrid, 2012.
32
iglesia de Eyne, Biron pudo divisar la polvareda levantada por el ejército aliado en su rápida progresión, en-
viando sin tardar, mensajeros al cuartel general francés. Vendôme, que recién había cruzado el río, tomó la
noticia con incredulidad y recién cobro conciencia de la cercanía del ejército aliado entre las 13:30 y las 14:00
hs. Para entonces, una batería aliada de 6 cañones había tomado posición en el flanco izquierdo de Cadogan, en
proximidades del pueblo de Schaerken27.
La llegada de Cadogan no había sido detectada por los franceses y, al mediodía, sus hombres habían
conseguido asegurar una cabeza de puente con 16 batallones y 8 escuadrones de dragones. A las 13:00 hs., los
dragones de Cadogan se encontraron con algunos piquetes de la Brigada Suiza del Marqués de Biron. Este
estaba moviendo a sus tropas en apoyo de su brigada, pero recibió del jefe de estado mayor francés la orden de
detenerse. Ello permitió a Marlborough y Eugenio enviar fuerzas adicionales en infantería británica y alemana
a través de los pontones en apoyo de la infantería y dragones de Cadogan y, poco después de las 15:00 hs. había
derrotado a los suizos de Biron, matando y capturando casi la mitad de sus fuerzas. En vez de atacar de inme-
diato, Biron dejo que Cadogan se le anticipara, iniciando el ataque a primera hora de la tarde, con sus 16 bata-
llones encabezados por una brigada de infantería británica contra los 4 batallones suizos en Eyne. Mientras que
la caballería hanoveriana de Rantzau avanzó por el flanco izquierdo. A las 15:00 hs. la batalla de Ourdennarde
había comenzado28.
27
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
des jefes militares. Pag 74. Editorial Rombo. Barcelona, 1995 y Academia Lab. (2024).Batalla de Oudenaarde. Enciclo-
pedia. Revisado el 16 de junio del 2024. CC BY-NC-ND, info@[Link].
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Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 48 y 49. Editorial Libsa. Madrid, 2012.
33
Despliegue de fuerzas
Fuerzas aliadas
Ala derecha (17 BI, 18 Escs., 1 bía. art.)
CEJ: príncipe Eugenio de Saboya
• Derecha: Lumle: 18 Escs. en Brig. de Caballería inglesa de Kellum (6 escs.), Brig. de Dragones inglesa de
Stairs (6), Brig. de Dragones hesse-hannoveriana de Syburg (6); total 18 escuadrones.
• Centro: Cadogan con 8 BI y 1 bía. de artillería al norte Eyne y Heurne: RI Temple (2 BI), RI Sabine (2), RI
prusiano de Plettenberg (2), RI holandés de Gauvin (2).
• Izquierda: Argyle con 9 BI, avanzando en dos columnas: Columna Izquierda: RI británico Primrose (2) y
RI hannoveriano Eltz (3); Columna Derecha: RI hessiano Keppell, RI hessiano Bernard (2).
Fuerzas francesas
Ala derecha (20 BI, 30 Escs., 1 bía.)
CEJ: duque de Vendôme
• Caballería: Brig. de Gendarmeria (4), Div. de Grimaldi (14), Div. de Biron (8 Escs. de Cab. y 4 de Drags.).
• Infantería: Brig. de Dubarail (4), Brig. de Seluc (6), Brig. de Arpajon (6), Brig. alemana de La Marck (4).
34
• Reserva: bajo Montmain (10 Escs., 4 BI): Brig. Cab. de la Maison du Roi (8), Rgto. de húsares (2), RI de
las guardias francesas (2), RI guardias suizos (2).
• Centro: bajo Montpezat (18 Escs., 12 BI): Div. Cab. de Clay (18), Brig. Inf. de Poinsac (4), Brig. Inf.
alemana de Steckenberg (4), Brig. Inf. suiza de Mouchy (4).
Desarrollo de la Batalla
El ejército francés, a la altura de Gavre, ordenó sus flancos al norte del río Norken, a 5 km de
Oudennarde. Los duques de Vendôme y Borgoña tenían dos opciones: podían conservar sus posiciones defen-
sivas, virtualmente inexpugnables debido a su superioridad numérica y retirarse durante la noche, o podían
combatir sabiendo que la mayor parte del ejército aliado aún se encontraba al otro lado del Escalda. Vendôme
optó por un ataque inmediato, pero el duque de Borgoña se opuso. Sin embargo, Vendôme ordenó a Biron que
atacara las posiciones de Cadogan y, cuando este se acercó con sus escuadrones, vio, para su asombro, que
Cadogan había reunido cuatro batallones que, antes protegían la cabeza de puente, y que su frente reforzado de
16 batallones ahora iba desde el Escalda hasta la aldea de Schaerken. Con sólo 7 batallones suizos y 20 escua-
drones, Biron vaciló: apoyados en datos fiables que el terreno pantanoso no era apto para la caballería, decidió
no intento cruzar.
Casi en ese mismo momento, apareció el general marqués Puysegur del estado mayor del Duque de
Borgoña, gran conocedor del terreno, quien brindó su consejo que habría de costar a los franceses la derrota: en
su opinión, los terrenos pantanosos alrededor de Diepenbeek hacían impracticable la maniobra de la caballería.
Vendôme, que estaba listo para enviar refuerzos para apoyar el ataque de Biron, aceptó su consejo y dirigió sus
tropas hacia el oeste en la ladera cerca de Huysse. Mientras se desarrollaban estas maniobras limitadas, Marl-
borough y Eugenio, junto a 20 escuadrones de caballería prusiana del mayor general Dubitslaw Natzmer, habían
galopado hasta el Escalda y hacia las 13:00 hs., los prusianos cruzaron el río. A medida que cruzaban los con-
tingentes, Marlborough los dirigía a los puntos donde ocuparían las mejores posiciones. El resto de la caballería
del flanco derecho fue apostada al otro lado del camino de Ourdennarde a Gante, entre Bevere y Eyne, con el
fin de controlar el flanco norte, en caso de que los franceses decidieran no cruzar el río. En el flanco izquierdo
se ordenó a la caballería que cruzara el Escalda por los dos puentes de piedra en Ourdennarde, donde se había
35
tendido otro puente de pontones. Marlborough había reservado los puentes más cercanos para su infantería que
había recorrido 80 km en 60 horas. Los propios príncipes gemelos cruzaron alrededor de las dos de la tarde29.
A las tres de la tarde, la brigada británica que encabezaba la columna del Duque de Argyll, un joven
inexperto, pero resuelto, cruzaba el río. Como ya habíamos visto, Cadogan había cargado a los 7 batallones de
mercenarios suizos, desbordándolos, lo que les permitió ocupar el poblado de Heurne. Los dragones de Rantzau
también habían cargado y obtenido buenos resultados haciendo retroceder también a los escuadrones de Biron.
Superados en número, se vieron obligados a retroceder. El efecto del asalto fue leve, pero les permitió ganar
tiempo para que las tropas aliadas cruzaran el río.
El Duque de Borgoña, humillado por la derrota de los suizos a manos de un contingente tan pequeño,
decidió lanzar un ataque general mientras los aliados eran aún poco numerosos. Vendôme, que había querido
atacar anteriormente, pensó que ahora era demasiado tarde, pero su opinión fue desautorizada. El flanco derecho
de los franceses, por lo tanto, comenzó a cruzar el río Norken acercándose a las fuerzas aliadas de Eyne. No se
29
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
des jefes militares. Pag 74. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
36
ha encontrado explicación razonable del por qué el flanco izquierdo de los franceses permaneció apostado cerca
de Huysse30.
A las 16:00 hs., unos 20 batallones de Hannover, Hesse y británicos habían cruzado el río y avanzaban
hacia Diepenbeck. La audaz maniobra de las tropas aliadas les permitió tomar la iniciativa y, aunque los fran-
ceses tenían una considerable ventaja numérica en el norte del Scheldt, los duques de Vendôme y Borgoña
mantuvieron su falta de coordinación. El segundo envió 6 batallones franceses hacia la aldea de Groenewald,
pero el ataque se empantanó. Al verlo, Vendôme mandó otros 6 batallones en su apoyo y, finalmente, 12 más31.
Alrededor de esa misma hora, las tropas de Argyll habían cruzado el río y se desplazaron siguiendo las
instrucciones de Marlborough. Las formaciones de avanzada de los aliados se posicionaron en dos mitades,
mirando hacia el norte y al oeste; 28 escuadrones de Prusia y Hannover fueron apostados al norte de Eyne,
siguiendo una línea que corría de este a oeste, desde el Escalda hasta la aldea de Gronewald. El flanco izquierdo
de la caballería se unía en ángulo recto con el flanco derecho de la infantería de Cadogan. Así, la caballería
podía proteger el flanco derecho de la izquierda de la infantería e impedir que fueran rodeados. A su vez, la
infantería que miraba hacia el oeste, habría de recibir el inminente ataque de los franceses, que se inició en esos
momentos. El duque de Borgoña ordenó un asalto a la aldea de Groenewald, pero a pesar de intentarlo por todos
los medios, fue rechazado por los regimientos prusianos.
A las 17:30 hs., Vendôme mantenía 50 batallones en el ataque, pero no pudo aplicar un mando eficaz
por estar implicado personalmente en la lucha de infantería: éste cometió un grave error tratándose de un militar
de experiencia y habilidad, en lugar de consultar con Borgoña, cuyo cuartel general se encontraba en las cerca-
nías del molino de Royegem, y diseñar un nuevo plan, reunió doce regimientos y encabezó personalmente el
ataque a Groenewald y Herlegem. Él mismo no tardó en entrar en combate cuerpo a cuerpo con una pica. Por
desgracia, el duque de Borgoña parecía ignorar lo que estaba sucediendo e hizo poco para respaldar el ataque.
Así, en el momento más crítico de la batalla, uno de los jefes franceses se encontraba en la retaguardia como
observador impotente mientras el otro, en lucha cuerpo a cuerpo, no lograba imponer el control absoluto de la
situación32. Borgoña envió 16 escuadrones de caballería, pero su avance quedó atascado en el terreno pantanoso.
La batalla se hizo más fiera y la superior capacidad de fuego de los aliados se cobró su cuota de sangre entre los
enemigos. No obstante, la presencia de Vendôme y alguno de sus mejores regimientos franceses mantuvo la
batalla en disputa33.
A pesar de todo, los franceses parecían tener la victoria al alcance de la mano. En el flanco izquierdo
contaban con 30.000 hombres de todas las armas, que aún no habían entrado en combate (Si este importante
contingente hubiera cargado contra el flanco derecho de los aliados, probablemente lo habría arrasado). Entre
30
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
des jefes militares. Pag 74 y 75. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
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Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 48 y 49. Editorial Libsa. Madrid, 2012.
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Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
des jefes militares. Pag 75. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
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Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 48 y 49. Editorial Libsa. Madrid, 2012.
tanto, Vendôme, a pesar de verse delicadamente comprometido en Groenewald, podría haber envuelto el flanco
derecho de los aliados hacia Schaerken, antes de que el resto del ejército de Marlborough cruzara el Escalda.
Sin embargo, estas previsiones fueron desautorizadas por el Duque de Borgoña, que había aceptado el consejo
impreciso de Puysegur de que los terrenos pantanosos eran impracticables para los montados. Borgoña le co-
municó su rechazo a Vendôme en un mensaje que nunca llegó a destino, así que Vendomé siguió adelante con
su ataque sobre Herlegem y Groenewald, esperando un ataque desde el flanco izquierdo de los franceses que,
en realidad nunca se materializó.
Entretanto, una importante parte de los regimientos de infantería Argyll (20 batallones incluidos los
Royal Scots y los Buffs) habían cruzado los puentes y, atravesando una laguna, habían reforzado el flanco ex-
tremo izquierdo de Cadogan en Schaerken. Pero esto solo trajo un alivio momentáneo, porque el frente de los
franceses seguía extendiéndose hacia la derecha y, una vez más, amenazando con desbordar a los aliados por la
izquierda. Sin embargo, a medida que el frente aliado, respondiendo a los desplazamientos franceses, se iba
orientando hacia el oeste, se reducía la distancia entre los puentes y el flanco izquierdo de modo que la tropa
que llegaba podía entrar más rápidamente en combate34.
En el bando aliado la coordinación entre Marlborough en el ala izquierda y Eugenio en la derecha, fue
ejemplar. Schaerken había cambiado dos veces de bando; aquí los franceses irrumpieron a través del Diepen-
berck sobrepasando a Argyll. Conociendo que Eugenio estaba bajo intensa presión, el duque ejecutó una de sus
clásicas maniobras de precisión con las que alcanzó su merecía celebridad: a las seis de la tarde, Marlborough
puso en línea 18 batallones frescos de Hesse, Sajonia y Hannover, que acababan de cruzar el puente, y habían
sido enviados a reemplazar los 20 batallones prusianos y hannoverianos de Lottum en su flanco de extrema
izquierda, sobre el Diepenberk, para que, a su vez, estos pudieran ser retirados y enviados en intervalos prees-
tablecidos a apoyar a Eugenio en el flanco derecho.
Estas disciplinadas tropas, que habían participado en la dura batalla de infantería, volvieron a formar
rápidamente con de munición de repuesto y partieron en apoyo de las fuerzas de Cadogan a la derecha, llegando
a tiempo para recuperar la aldea. Gracias a esta maniobra, que no solo demostró la genialidad de Marlborough,
sino también la disciplina y la confianza de sus hombres, se alcanzaron ciertos objetivos, básicamente que las
tropas frescas de Hannover y Hesse fueran desplegadas a la izquierda, donde más se necesitaban. Y los hombres
exaustos del Lottum, aunque habían sido obligados a marchar lo más rápidamente posible apoyar a Eugenio,
fueron, al menos, provisionalmente retirados del campo de batalla. Ahora Eugenio disponía de 56 batallones
bajo su mando con 50 de los cuales resistió el asalto de Vendôme, mientras que el propio Marlborough disponía
de solo 18 batallones.
Este fue un punto crucial en la batalla, el momento justo cuando Marlborough continuó dando muestras
de grandes dotes de comandante. Aproximadamente pasadas las seis de la tarde, decidió dividir su unidad de
34
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
des jefes militares. Pag 75. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
38
mando. Viendo que su flanco izquierdo no tardaría en convertirse en un punto crítico, desplazo su cuartel general
personal hacia este, y dejo el flanco derecho bajo las órdenes de Eugenio35.
Marlborough recibió, finalmente, el vital refuerzo del Conde Hendrik Overkirk, un mariscal de campo
holandés de 67 años, viejo compañero de Marlborough, quien debía cruzar el Scheldt por los puentes de Our-
dennarde con el ejército holandés (24 BI y 12 Escs. de tropas danesas y holandesas, que llegaron finalmente de
Lessines), marchar hacia las alturas del norte, conocidas como Boser Couter en el extremo izquierdo del campo
de batalla, y luego se dirigirse hacia el este y envolver a los franceses por la derecha. Lamentablemente para
Marlborough, los pontones de Ourdennarde cedieron y Overkirk no tuvo otra opción que conducir al conjunto
de sus tropas a través de los dos puentes de piedra de Ourdennarde, lo que produjo una aglomeración que sig-
nifico un largo retraso en la maniobra de cruce del río36.
Hacia el 19:00 hs., la batalla entró en su fase final. Marlborough, siempre alerta a las fuerzas francesas
situadas más al norte que podía atacar en cualquier momento, intentó su plan táctico de doble envolvimiento.
La encarnizada lucha de infantería obligó a Marlborough a desviar 8 batallones de Overkick para que prestar
apoyo inmediato a las tropas de Hesse y Hannover, sometidas a intensa presión en la izquierda aliada. Asimismo,
con la intención de ganar tiempo para la maniobra envolvente de Overkick, Marlborough mandó 16 escuadrones
como apoyo a Eugenio. Natzmer, que ahora estaba bajo el mando de Eugenio en la derecha, cargó con 20
escuadrones prusianos y destrozó la caballería francesa, camino hacia Royegem. Esta carga se descontroló en
su persecución y fue rechazada con numerosas bajas por la caballería de la Maison du Roi. Sin embargo, des-
moralizó aún más a los franceses y otorgó una protección momentánea al flanco derecho de los aliados.
Quedando dos horas de luz, Marlborough reforzó nuevamente a Eugenio enviándole 17 escuadrones
británicos de Lumley, que moviéndose al trote por el flanco izquierdo, cagaron contra la caballería de Borgoña
liberando así a los 20 escuadrones de Natzmer. La carga libero la presión sobre Eugenio y ganó precioso tiempo
que los aliados necesitaban.
Con su reducido número de hombres, Marlborough no podía hacer otra cosa que resistir el embate de
los franceses en el centro y esperar que las tropas de Overkirk completaran su rodeo en el flanco extremo iz-
quierdo. No obstante, Marlborough, debió hacer girar 8 escuadrones holandeses de Overkirk hacia la derecha,
a medio camino entre Oudenaarde y Oycke, para tomar a los franceses por el flanco derecho37.
35
Existe otra versión de este episodio que señala que, en realidad, Marlbourogh sufrió un accidente con su caballo y tuvo
que entregar el mando del ejército a Eugenio tomando el control del ala izquierda hasta que estuviera recuperado. Citado
en Academia Lab. (2024).Batalla de Oudenaarde. Enciclopedia. Revisado el 16 de junio del 2024. CC BY-NC-ND,
info@[Link].
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Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 52 y 53. Editorial Libsa. Madrid, 2012 y
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Grandes
39 jefes militares. Pag 78. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
37
Obras anteriormente citadas.
Aproximadamente cerca de las ocho de la tarde, Marlborough lanzó su movimiento envolvente: el ve-
terano Overkick que, hasta el momento, era invisible a los franceses, se dirigía atacarlos por detrás de las alturas
de Boser Couter. Este contingente de 25.000 efectivos (12 Escs. daneses y 16 BI holandeses) giró hacia la
derecha, tomando a los franceses completamente por sorpresa, y la totalidad de su flanco derecho no tardó en
empezar a desintegrarse. En ese momento, ya pasadas las 20:30 hs., Eugenio habían recuperado Groenewald y
Herlegem y, a pesar de la valiente resistencia, los franceses fueron derrotados en detalle y, hacia las nueve de
la noche, aquellos que aún podían intentar escapar del círculo aliado que se estrechaba, lo hicieron para dirigirse
al norte, hacia Huysse. El duque de Borgoña, Vendôme y sus generales emprendieron la misma ruta.
Aunque la contienda duró casi hasta las once de la noche, la llegada de los holandeses y daneses co-
mandados por Overkick había convencido al duque de Borgoña de que la batalla estaba perdida y., mucho antes,
a eso de las 21:00 hs. él y los suyos abandonaron el campo. Vendôme resistió un poco más, pero, finalmente,
se ve obligado a retirarse, uniéndose a la tropa de Borgoña en camino de Gante hacia las diez de la noche38.
Consecuencias de la batalla
Marlborough no logró consolidar la victoria total que perseguía (y que merecía debido a su planificación
y a su conducción en la batalla), debido al fallo de los puentes de Ourdennarde. Le quedaban muy pocas horas
de luz para su plan de doble envolvimiento. Sin embargo, su logro fue espectacular. Los franceses habían per-
dido más de 13.000 hombres, la mitad de ellos prisioneros (incluso 800 oficiales), más de 4.500 caballos y
mulas, 25 cañones y un centenar de estandartes y banderas. Los aliados sufrieron menos de 3.000 bajas entre
muertos y heridos.
La batalla había durado ocho horas y fue una muestra de la resistencia necesaria para la lucha de infan-
tería del periodo. Tuvo lugar en territorio difícil y a muy corta distancia y, en ella, no existieron las limpias
líneas de batallas propias de la guerra del periodo con los batallones y escuadrones entrando en acción en el
momento oportuno y sin demasiada premeditación táctica39.
Después de Ourdennarde
A lo largo de 1708 el ejército francés no se recuperó del serio revés sufrido en Ourdennarde. Marlboro-
ugh creía que la mayor ventaja consistía en el temor sembrado entre las tropas francesas y que era el momento
de atacarlos a fondo. Con este fin, Marlborough ideó un plan estratégico potencialmente mortal que, en princi-
pio, comunicó solo a Eugenio. Se trataba de usar Abbeville como base para recibir pertrechos de Inglaterra
mientras su ejército, evitando y dejando de lado las grandes fortalezas a lo largo de la frontera francesa, mar-
charía sobre París y llevaría la guerra a un final rápido y victorioso Las flotas inglesas y holandesa podían
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Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 52 y 53. Editorial Libsa. Madrid, 2012 y
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Grandes
jefes militares. Pag 78 y 79. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
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Jorgensen, Christer - Pavkovic, Michael – Rice, Rob – Schneid, Frederick – Scott, Chris. Técnicas Bélicas del Mundo
Moderno (1500 – 1763). Equipamiento, Técnicas y Tácticas de combate. Pag 52 y 53. Editorial Libsa. Madrid, 2012 40
transportar las provisiones para el Ejército, constituido por 100.000 hombres. Las guarniciones francesas en la
frontera se verían obligadas a abandonar sus fortalezas, lo cual brindaría al duque la oportunidad para derrotar
a los franceses en campo abierto. Esta alternativa eliminaría la necesidad de llevar a cabo un sitio costoso y
prolongado de las fortalezas de la frontera.
Mosqueteros de la Guardia, de la Maison du Roi, en Oudernnarde, por de Sery. Recreados entre 1657 y 1665,
tras una década de haber sido disueltos, el cuerpo formaba con 2 compañías, cada una con 250 plazas arma-
dos de carabinas, pistolas y espadas. En Oudernnade sirvieron bajo el Duque de Borgoña.
Sin embargo, para llevar a cabo este plan necesitaba la entusiasta cooperación de su compañero Eugenio
el cual no quiso aceptar un plan tan colosal y audaz como lo que había concebido el capitán general británico,
viendo sólo los problemas logísticos y los peligros. Sin la aprobación de Eugenio, el plan de Marlborough estaba
destinado al fracaso por lo tanto se vio obligado a inclinarse por la alternativa más segura: el sitio de una forta-
leza que, de ser exitoso, sería un logro estratégico, pero no podría, por sí solo, poner fin la guerra.
Marlborough organizó los dos enormes convoyes de pertrechos cañones y munición para llevarlos desde
Bruselas hasta la frontera francesa. Esta maniobra confundió a los franceses que no sabían que fortaleza inten-
taban cercar. El plan del duque era conquistar Lille. El sitio comenzó el 13 de agosto y la plaza se rindió el 9 de
diciembre40.
40
Anthony Livesey. La Batalla de Oudernaarde – 11 de julio, 1708. Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas. Gran-
des jefes militares. Pag 79. Editorial Rombo. Barcelona, 1995.
41
Reflexiones parciales
Ordennarde, a diferencia de Blenheim, es una batalla desde la marcha, la iniciativa y la improvisación
fueron la clave. La misma se inicia con el choque de las dos vanguardias adversaria de Cadogan y Biron y se va
generalizando en torno a esta.
Aquí tenemos del lado francés a un excelente conductor como Vendôme, que debe lidiar con un joven
heredero que no quiere compartir el mando y que no se comprometió en la batalla, dejando a aquel a su suerte.
En el otro bando, tenemos a una dupla de conductores brillantes, que piensan como uno solo. Cada uno
se juega por el otro y confía plenamente en los instintos del compañero. Es muy difícil batir a una dupla así.
Conclusiones
El Duque de Marlborough, en sus campañas a principios del siglo XVIII, buscaba expresamente opor-
tunidades para presentar batalla, pero sólo logró combatir en cuatro acciones principales durante sus diez cam-
pañas, aunque dirigió treinta asedios. No obstante, las batallas de Marlborough, con sus delgadas filas de mos-
queteros que se disparaban recíprocamente en líneas de varios kilómetros eran de naturaleza totalmente distinta
a los encuentros, predominantemente montados, de los cruzados o los capetos41.
Pero mucho mayor complejidad lo constituyo el hecho de que en la Guerra de Sucesión Espa-
ñola se peleó, casi en su totalidad, con ejércitos coaligados como ocurrió en las campañas de Italia o
Flandes de principios del siglo XVIII, las que sacaron a la luz los grandes inconvenientes de hacer la
guerra con aliados: “Pocas empresas grandes se consiguen con tropas de dos príncipes, porque rara
vez se unen tanto los intereses que no difieran las máximas, y por consecuencia, las órdenes de que
son la víctima los generales….” afirmaba Guzman-Davalos y, al mismo tiempo, comentaba sus dolo-
rosas experiencias mandando tropas del rey sin aliados, aun sabiendo la dificultad de hacer guerra con
aliados, aunque solo fuese por razones de estado y política de cortes, continuando “Dichoso los ejércitos
que se dirijan sólo al interés de su príncipe, sin dependencia de otro, y más dichoso el general que
manda un ejército con tropas que sólo reciban una orden”42.
Evidentemente, la dificultad que traía el mando en los ejércitos coaligados era muy grande y en la Gue-
rra de Sucesión podría haber perjudicado más a los aliados que a los franco-bávaros, ya que mientras los fran-
ceses sólo mantenían un aliado importante, el comando militar de la Gran Alianza debía coordinar fuerzas de
gran cantidad de nacionalidades como ser británicos, holandeses, daneses, prusianos, hanoverianos, hessianos
y alemanes de diferentes reinos, principados y ducados, que se encontraban a órdenes de príncipes, duques,
archiduques y margraves provistos todos de diferentes intereses y objetivos políticos, idiosincrasias costumbres
y lenguas. Todos estos factores vislumbraban un gran fracaso cuando la Gran Alianza de la Haya decidió ir en
41
Geoffrey Parker - La Revolución Militar 1500-1800. Pag 36. Alianza Editorial, 2002
42
De Pazzis Pi Corrales, Magdalena. La Batalla: Análisis Históricos y Militares. Pag 252y 253. Catedra Extraordinaria
Complutense de Historia Militar. Ministerio de Defensa. Madrid, 2020.
42
auxilio del Imperio Austriaco. Se produjo entonces el fenómeno del binomio Marlborough-Eugenio, que rompe
con todas las estructuras clásicas de las guerras del siglo XVIII.
No es cierto que Marlborough y Eugenio fueran lideres dóciles y aptos para compartir mandos militares,
ya que ambos poseían caracteres extremadamente fuertes. De hecho, el duque evidenció graves problemas con
los Estados Generales Holandeses en la dirección de la campaña de Blenheim y también con el Margrave Luis
de Baden en su mando compartido en el asalto a Schellenberg. Sin embargo, se produce este fenómeno poco
común que va más allá de una amistad, puesto que dos generales amigos no necesariamente se tienen que en-
tender en el campo de batalla ni tampoco existe un problema de prestigio ya que, aunque ambos lo tenían,
Eugenio incluso no tuvo resquemores en ponerse bajo las órdenes de Marlborough en reiteradas ocasiones.
Como premisa de este trabajo nos preguntamos ¿En qué medida se puede dar un liderazgo compartido
y qué condiciones se deben dar para que esta situación sea provechosa? Magdalena De Pazzis en su obra “La
Batalla: Análisis Históricos y Militares” refiriéndose al mando en ejércitos coaligados, afirma: “Una excepción
a esta regla fue el binomio conformado por el inglés John Churchill, duque de Marlborough, y el príncipe Eu-
genio de Saboya, que llegó a funcionar admirablemente durante la guerra de Sucesión española en el frente de
Flandes y Alemania. La victoria que consiguieron en la batalla de Blenheim (1704) fue un magnífico ejemplo
de coordinación a nivel político entre Inglaterra y Austria, tan sólo superada por la cooperación operativa de
ambos generales durante la campaña, una actitud radicalmente opuesta al mutuo recelo que alimentó la derrota
de sus oponentes franco-bávaros”.
El Duque de Marlborough visita a los prisioneros franceses tras la batalla, por Richard Caton Woodville.
43
La escritora refuerza sus afirmaciones con conceptos del gran estadista británico Winston Churchill,
descendiente del duque de Marlborough: “Una vez que Eugenio se reunió con Marlborough, su perfecta cama-
radería instauró una unidad de mando mucho más grande de lo que se había podido ver hasta entonces. No se
permitieron jamás emitir el mínimo desacuerdo. Estaban aparentemente inmunizados contra toda forma de re-
celos mutuos, al abrigo de discordias o de intrigas y, sobre el campo de batalla en todo caso, era para ellos una
práctica rigurosa” Sin embargo, la escritora aclara que este fenómeno no fue muy habitual este tipo colaboración
entre dos reputados jefes militares, y la Guerra de Sucesión Española, especialmente en las campañas en la
península ibérica, es un muestrario de experiencias en distinto sentido43.
A lo largo de este trabajo hemos observado varios aspectos que nos orientan hacia una respuesta al
problema planteado, a saber:
• Aun sin conocer a Eugenio, Marlborough acudió a su auxilio, engañando tanto a holandeses como franceses
y realizando una marcha de las más brillantes de la Historia Militar, logrando reunirse con el príncipe en
una operación perfectamente coordinada.
• Ambos generales se complementaban perfectamente en el campo de batalla, porque cada uno sumaba ca-
pacidades distintas al binomio: Marlborough era un gran estratega y brillante logístico, mientras que Euge-
nio era un excelente táctico.
• La comunicación entre ambos fue permanente y Eugenio mantenía constantemente informado a Marlboro-
ugh sobre los movimientos de sus enemigos. Los dos generales tenían información actualizada de las acti-
vidades del enemigo en ambos frentes y podían coordinar sus propios movimientos con una precisión que
contribuiría en gran medida a la victoria.
• La relación entre ambos fue franca y encontramos varios episodios en donde Eugenio recrimina fuertemente
al duque por las incursiones de devastación en los territorios bávaros, en vez de enfocarse en buscar una
batalla.
• Previo a la Batalla de Bleheim, los movimientos de Eugenio entre varias columnas enemigas buscando
canalizarlos hacia la ubicación ideal pensada por Marlborough, son brillantes.
• Para alentar al enemigo a buscar una maniobra por líneas interiores, Marlborough y Eugenio mantenían sus
fuerzas separadas, en lados opuestos de un rio o separados entre 10 y 20 km. Esta treta excepcional les
permitía provocar la batalla que buscaban.
• En la lucha por el poblado de Oberglau, la situación se hizo crítica cuando el flanco derecho de Marlborough
estaba expuesto a un ataque de caballería que podría haber cortado toda la línea aliada en dos, el propio
duque galopó, se hizo cargo y envió un llamamiento urgente a Eugenio para obtener ayuda de su caballería.
Aunque el príncipe de Saboya estaba muy presionado, comprendió de inmediato la necesidad de Marlboro-
ugh y, al instante, le envió una gran fuerza de coraceros imperiales llegando a tiempo para tomar los escua-
drones de caballería francesa por el flanco izquierdo y salvar la situación.
43
Obra anteriormente citada. Pag 529 y 530.
44
• Después de las campañas inconclusas de 1707 en Flandes, Marlborough consideró que era imperativo un
triunfo decisivo contra los franceses en 1708, se orientó a atraer al enemigo al campo de batalla y para
lograrlo, su primera jugada, fue sumar a su viejo y apreciado camarada de aventuras, príncipe Eugenio de
Saboya. Cansado de mandos compartidos, el duque quería la libertad de acción que le brindaba el mando
unificado por lo cual cuando busca sumar a Eugenio: Marlborough no considera la unión como un mando
compartido, sino como un mando unificado de dos.
• Ambos estaban permanentemente conectados a través de correspondencia donde intercambiaban consejos,
preocupaciones, satisfacciones, frustraciones y, sobre todo, información sobre el enemigo y el terreno.
• Cuando Eugenio arriba al cuartel general aliado encuentra a Marlborough en una gran crisis, muy desmo-
ralizado, pero le levanta el ánimo y logra convencerlo de que la situación no estaba tan mal como parecía
y, con renovadas fuerzas, se planificar la futura batalla que le daría la victoria. Aquí el príncipe de Sajonia
llega en el momento más crítico y sostiene con su fuerza moral a su compañero que venía aguantando solo
la campaña.
• En el momento más crucial de la batalla, Marlbourog entrega el mando a Eugenio del frente del ala derecha
que debía sostener la batalla hasta que se concretara el envolvimiento de Overkirk. Con absoluta confianza
en el liderazgo del príncipe, Marlborough aseguraba el resultado final de la batalla.
• Durante las horas finales de la contienda, Marlborough envía en forma constante refuerzos a Eugenio hasta
que logra, finalmente, derrotar a los franceses al final de la jornada. El duque envía a Eugenio al punto
crucial de la batalla sacrificándolo en la misión más difícil de aguantar todo el peso de la embestida francesa,
pero no lo deja solo y trata de darle todos los recursos posibles para que alcanzara el éxito.
• Luego de Ourdennarde, Marlborough idea un plan para terminar la Guerra, demasiado ambicioso que Eu-
genio no autorizo por lo que el duque desiste del plan. Aquí la autoridad moral de Eugenio sobre Marlbo-
rough es tal que este no emprende ninguna empresa si Eugenio no está de acuerdo.
• El grado insólito de control operativo del duque se debía básicamente a su gran sentido de la organización,
pero también a su profunda compenetración con el príncipe Eugenio y a la capacidad de sus numerosos
subordinados.
Por lo expuesto anteriormente, podemos concluir que este binomio de mando se dio como un fenómeno
particular que no constituye la norma de la época y que no se da, en general en los mandos compartidos pero
que su efecto sinérgico potencia y eficientiza el mando efectivo de un ejército en la batalla dando mejores frutos
aun que un mando unificado sobre el mando compartido. La profunda amistad tejida entre ambos demostró ser
una de las asociaciones más fructíferas y perdurables de la Historia Militar que les dio el merecido alias de “los
príncipes gemelos”.
A todas luces, Eugenio le brinda a Marlborough la tranquilidad y la seguridad en un mando que no es
necesario catalogarlo como compartido, sino que como “Compañeros de empresa”. Si bien Eugenio siempre lo
va a tratar como un mando superior, el duque lo considera como par en todos sus asesoramientos y sus resolu-
ciones que apoya en forma absoluta.
45
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46
El ejército de la república riograndense
1835-1845
Diego argañaráz
Carga de cavaleria Farroupilha, por Guilherme Litran, Museo Júlio Castilhos, Porto Alegre, Brasil. Nótese
el color de las banderolas, que sigue los de la bandera republicana creada por Bernardo Pires y Mariano
José de Mattos y adoptada oficialmente por el gobierno revolucionario por decreto del 12 de noviembre
de 1836.
Introducción
Al contrario de la creencia común que ve el proceso de independencia y formación del Estado-Nación
en Brasil como uno de carácter más pacífico y lineal con respecto a las repúblicas de raíz hispana, lo cierto es
que el Imperio nacido en 1822 pasó por varios desafíos de importancia a su hegemonía. Uno de ellos y, según
algunos investigadores, el más importante por su duración e ideas políticas fue la denominada Revolución de
los Farrapos o “Farroupilha”, haciendo referencia a los “harapientos” revolucionarios republicanos.
47
inversión se hacía patente en los escasos edificios públicos y la mala condición (cuando no la inexistencia) de
caminos, entre otros factores. A esto se sumaba un creciente malestar de la elite terrateniente con respecto a la
incapacidad de competir en los mercados del norte del país, donde el tasajo proveniente de los saladeros de
Buenos Aires y la Banda Oriental inundaban el mercado, vía el puerto de Montevideo. La explotación econó-
mica de la provincia e, incluso, su estructura social, era similar a la de las cuchillas orientales, como que se
trataban de un mismo ámbito geográfico.
Otro aspecto negativo para el sector dirigente local era el clientelismo político de las autoridades impe-
riales, que desde su perspectiva sólo beneficiaba a sus más estrechos aliados. Fue este un período en que la corte
imperial se volcó sobre aquellos sujetos de origen portugués por sobre los brasileños o americanos; esto también
se reflejaba en Rio Grande en el aspecto militar: la Guardia Nacional era una institución sociopolítica vertebral
de la elite rural de la provincia y, en ella, los europeos o aquellos que tuvieran una vinculación particular con la
corte recibían más rápidos ascensos que los oficiales locales.
Todo este cúmulo de factores avivó el agudo enfrentamiento entre las facciones liberales y conservado-
res de la provincia, preparando el escenario para el estallido revolucionario.
El estallido revolucionario
La crisis vino de la mano de la acusación por parte de las autoridades imperiales de la provincia sobre
el máximo representante de la facción liberal, el Cnl. Bento Goncalves da Silva, de querer levantar una república
en connivencia con los colorados orientales, que se conformara con Rio Grande do Sul, la Banda Oriental y
Entre Ríos, Corrientes y las Misiones en Argentina. Se desató entonces una ola de persecuciones contra los
liberales que llevó a aquellos a complotar realmente contra estos atropellos y, el 20 de septiembre de 1835 las
fuerzas revolucionarias ocuparon Porto Alegre, la capital provincial, sin disparar un tiro.
Fases de la guerra
Según la profunda investigación del Cnl. Cláudio Moreira Bento sobre los aspectos militares del con-
flicto, se puede estructurar la revolución en cinco fases específicas:
48
Arriba: el teatro de operaciones de la guerra en un mapa contemporáneo, de 1839 (en [Link]/acerov_digital/div_cartogra-
fia/cart259202, 2016.)
49
La continua presión imperial obligó, no obstante, a abandonar la nueva capital y toda la estructura de
gobierno migró a la Banda Oriental, dejando la provincia en manos de la corte. En tanto, asumió en estos críticos
momentos el liderazgo de la revolución el Cnl. Antonio de Sousa Netto.
50
a este tipo de acciones, con salidas y rechazos de partidas de uno y otro bando en los alrededores de la ciudad,
como se vería durante el sitio de Montevideo en la Banda Oriental durante 1843-1851. El presidente imperial
tentaría fallidamente levantar el sitio a principios de 1839, pero las fuerzas legales serían derrotadas en Caí; en
el aspecto naval la lucha se dio en las lagunas del este de la provincia y en los ríos Guaíba y Camaqua.
En 1839 los republicanos tentaron la toma de Santa Catarina, donde intervino el “revolucionario de dos
mundos” Giuseppe Garibaldi como comandante de la marina revolucionaria. El resultado fue la breve existencia
de la República Juliana, proclamada el 29 de julio, pero que caería poco después frente a los imperiales el 15 de
noviembre de ese año.
La fase se cerrería con el abandono final de la causa riograndense por el Gral. Bento Manuel y un
fracasado intento por tomar la ciudad de Laguna. Para entonces, Piratini y Caçapava fungían como las capitales
republicanas.
51
En tanto, en el campo republicano, el extenso conflicto, la carencia de recursos, la falta de homogenei-
dad en los objetivos, etc., comenzaron a fragmentar el frente revolucionario.
Teatro de operaciones de la guerra (por el Instituto Historico e Geografico Brasileiro, en Moreira Bento, C.; O Exército Farrapo e os
seus chefes, Vol. I). Las que serían ciudades capitales de la república, Piratini y Caçapava, lo fueron ya que se encontraban al abrigo de
las sierras del sudoeste y, por lo tanto, se pensó que tendrían mayores posibilidades de defensa ante la reacción imperial.
52
Los republicanos eran dueños de la región entre el río Uruguay y el Atlántico, al sur del río Ibicui y las
sierra do Sudeste; fuerte de 3.500 hombres se hallaban todos bien montados a la vez que dificultaban a los
imperiales el acceso al vital ganado equino, cortando las vías de comunicación terrestre con la Banda Oriental
y la Confederación Argentina.
Caxias, luego de remontar algo su ejército, buscó aferrar a los republicanos en Piratini y en el paso de
San Lorenzo. Inició la campaña marchando por el interior, acosado por las partidas republicanas, aunque logró
ocupar Campanha y las Misiones, logrando el acceso a los ríos Uruguay y Quarí. Con esto se solucionó en algo
la cuestión de las caballadas, que comenzaron a llegar desde la Banda Oriental y Argentina, equilibrando la
superioridad en este ramo con los republicanos. A partir de esto, Caxias tomó la iniciativa de montar a su infan-
tería para incrementar la movilidad de sus divisiones; al mismo tiempo, inteligentemente, acotó la guerra al
prohibir los maltratos o ataques contra la población civil, al tiempo que hizo más estricto el uso de los recursos
al acabar con las dolorosas requisiciones llevadas a cabo antes por los imperiales. Esto le fue graneando cierta
simpatía entre la población y, en particular, en la fragmentada elite riograndense. A esto se sumó una amnistía
en diciembre de 1844 a todos aquellos que depusieran las armas, que le fue sumando oficiales locales que
comenzaron a fungir como contraguerrillas, aprovechando su conocimiento del terreno y del tipo de guerra de
partidas hecha por los farrapos.
El barón fue cercando a los republicanos por todos los frentes, a la vez que acumulaba fuerzas para
lanzarse contra su último reducto, en la Serra dos Tapes. En tanto, Caxias continúo con ahínco la guerra en los
fríos y lluviosos meses de invierno con el objetivo de desgastar las caballadas de los farrapos, ya casi imposibles
de relevar por estos, dado el cierre de la frontera con la Banda Oriental ejecutado por los imperiales.
A la vez que se llevaban a cabo estas operaciones, Caxias iba tentando un acercamiento con la dirigencia
republicana, si bien desde una creciente posición de fuerza, con una actitud contemplativa que fue limando las
asperezas de aquellos. A su vez, la prevención ante una posible intervención de la Confederación Argentina
aceleró los tiempos para que los imperiales buscaran la paz. Esto no significó una detención en las operaciones,
sino que los encuentros fueron espaciándose, aunque no por eso dejaron de ser cruentos, como la sorpresa de
Porongos: allí, un destacamento imperial cayó de sorpresa sobre otro republicano, formado por libertos y los
aniquiló, matando a 1/3 de los farrapos y tomando al resto prisioneros.
Finalmente, la presión política y militar de Caxias dio sus frutos y, el 1 de marzo de 1845 se acordó la
paz de Poncho Verde. El objetivo de primera del barón era cerrar la puerta a cualquier aspiración autonomista,
por lo que las condiciones del tratado fueron generosas: los revolucionarios podrían reintegrarse a la vida civil
sin ningún cargo, los libertos que hubieran apoyado la revolución serían manumitidos oficialmente y el presi-
dente provincial podría ser elegido por los riograndenses. En el segundo caso, los investigadores no han encon-
trado evidencia clara de si el cumplimiento de esa cláusula se concretó: teniendo en cuenta el tipo de explotación
económica brasileña, altamente dependiente de la mano de obra esclava, un antecedente tal resultaba contrapro-
ducente para la corona. Lo concreto es que parte de los libertos republicanos emigraron a la Banda Oriental,
mientras que los que se quedaron pasaron a ser integrados ¿voluntariamente? a las fuerzas militares del Imperio.
53
Para Caxias, la atracción que había generado fue tal, que los antiguos republicanos le dieron su apoyo
político y, no sólo recibió el título de Duque por Pedro II gracias al éxito logrado, sino que resultó nombrado
senador vitalicio del Imperio.
Gral. Antônio de Souza Neto, con uniforme de oficial general en las postrimerías de su vida. Fue
uno de los principales líderes revolucionarios y, a diferencia de la mayoría de la elite riograndense,
convencido abolicionista. Caída la República migró a la Banda Orienta junto con los libertos que
los habían secundado en la guerra. El Imperio volvería a llamarlo en ocasión del conflicto primero
contra los Blancos orientales e, inmediato, contra el Paraguay; resultaría herido en Tuyutí en 1866,
dolencia que le ocasionaría la muerte poco después, en un hospital de Corrientes.
54
2.° Brigada – My. Jogo Antonio Silveira
• 3.°Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Rio Pardo.
• 4.° Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de las Misiones.
Reorganización de 1839
Poco antes del inicio del largo declive republicano, el
carácter mismo de la guerra de partidas o guerrillas (las
famosas montoneras en el ámbito rioplatense) llevó a que
la República tentara otra organización para sus fuerzas.
Así, por decreto del gobierno del 23 de octubre de 1839,
se procedió a reformar la estructura del componente mili-
tar. El mando supremo de las fuerzas armadas estaba en
Fusilero farrapo, c.1840 (por el autor); luce blusa verde (ver manos del presidente de la república, asesorado por los
título vestuarios) con el “lazo nacional” impuesto a princi-
pios de 1839. Esta arma siempre resultó escasa para los re-
comandantes en jefe del ejército; el aspecto administra-
publicanos, y estuvo más enfocada a cubrir los sitios de las tivo era llevado adelante por el Ministerio del Ejército y
plazas fuertes enemigas y las propias.
55
la Marina. En este último caso, las fuerzas terrestres revolucionarias se dividieron en tres divisiones: División
de la Izquierda, que operó entre los ríos Jaguarão, Camacuá y la Serra dos Tapes. La División de la Derecha con
jurisdicción en las fronteras de los ríos Quarai, Uruguay y la Serra do Herval.
La fuerza prevista fue de 9.300 hombres, divididos en Primera Línea, equivalentes permanente o vete-
rana, y Segunda Línea o Guardias Nacionales, compuestas por las milicias provinciales.
Primera Línea
Caballería, 1.827 hombres
Infantería, 2.247 hombres.
Artillería, 222 hombres.
Guardia Nacional (milicias)
Caballería, 5.076 hombres.
Infantería, 420 hombres.
Cada “Cuerpo” (regimiento) debía contar con 18 jefes y oficiales y 426 de clases y tropa en 2 escuadro-
nes de a 4 compañías; el Esc. Sao Leopoldo contaría con 123 hombres. Los dos cuerpos de lanceros eran los
famosos Lanceiros Negros.
56
La estructura organizativa arriba propuesta hubiera cambiado el equilibrio de las armas en el ejército
republicano, ya que cada batallón debía contar con 29 jefes y oficiales y 749 de clases y tropa; sin embargo, fue
en extremo dificultoso llegar a esos números, que hubieran significado contar con más de 2.000 infantes de
Línea.
La artillería debía formar con 18 jefes y oficiales y 222 de clases y tropa en 2 compañías de a 2 baterías.
Se intentó formar un cuerpo de ingenieros, que no tuvo continuidad, aunque se llevaron adelante trabajos de
fortificación por la tropa en Caçapava, en un paso sobre el río Pelotas y otras locaciones. Queda claro por el
tipo de tácticas de las fuerzas farrapas que la artillería tenía fin como herramienta de sitio, antes que un arma
móvil de acompañamiento.
Guardia Nacional
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Triunfo-11 oficiales, 403 clases y tropa en 8 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Cachoeira-11 oficiales, 403 clases y tropa en 8 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Rio Pardo-11 oficiales, 403 clases y tropa en 8 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Santo Antonio-11 oficiales, 403 clases y tropa en 8 cías.
• 1.° Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Piratini-11 oficiales, 305 clases y tropa en 6 cías.
• 2° Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Piratini-11 oficiales, 305 clases y tropa en 6 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Setembrina-11 oficiales, 403 clases y tropa en 8 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Pelotas-11 oficiales, 305 clases y tropa en 6 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Caçapava-11 oficiales, 305 clases y tropa en 6 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Alegrete-11 oficiales, 305 clases y tropa en 6 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Sao Borja-11 oficiales, 305 clases y tropa en 6 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Jaguarao-11 oficiales, 207 clases y tropa en 3 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Encruzilhada-11 oficiales, 207 clases y tropa en 3 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Dolores-11 oficiales, 207 clases y tropa en 3 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Sao Joao-11 oficiales, 207 clases y tropa en 3 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional del Estreito-11 oficiales, 207 clases y tropa en 3 cías.
• Cuerpo de Caballería de la Guardia Nacional de Vacaria-s/d
57
Reclutamiento e instrucción
Para las fuerzas veteranas, como que varios cuerpos se for-
maron a partir de otros imperiales de la región, se utilizó la regla-
mentación correspondiente al carácter de esas unidades: debían ser-
vir los varones solteros libres de entre 18 a 35 años de cualquier
origen étnico, fueran blancos, mulatos, indígenas o negros libertos.
También fueron una fuente vital de reclutas para la Primera Línea
los “gaudérios” de la provincia, eximios jinetes como sus homólo-
gos rioplatenses, pero igual de reticentes al servicio militar. Muchos
indígenas de las Misiones encontraron su mejor función como in-
fantes, al igual que los negros liberados. Al igual que en el Río de
la Plata, se persiguió a los “vagos y malentretenidos” que, captura-
dos, pasaban a servir en los cuerpos de Primera Línea
Un cuerpo se resonado comportamiento fueron los “Lance-
ros Negros”: reclutados entre esclavos provenientes de las hacien-
das, acostumbrados a la ruda vida de la campaña y el uso continuo
del caballo. En un momento esto llevó a abusos, dado que los ofi-
ciales republicanos requisaban esclavos de las plantaciones de los
amos imperiales, pero para destinarlos a sus propias necesidades,
con lo que se perdían valiosos recursos humanos para la causa. Lo
último, se hizo patente ante la escasa infantería republicana: para
1840, de los 4 batallones de Cazadores, todos en conjunto apenas
sumaban menos de un millar de plazas, la mayoría afectada a los
sitios de Porto Alegre o la defensa estática de otras posiciones. En
1841 se tentó manumitir esclavos para sumarlos como infantes,
pero la medida fue rechazada por la elite esclavista republicana.
En cuanto a la Guardia Nacional, se utilizaron las leyes im-
periales del período (leyes de 1831 y 1832), que establecían el ser-
vicio militar por un registro rentístico para los varones libres de en-
tre 18 a 60 años, con una renta anual de 100.000 reales; los oficiales
se nombraban por elecciones en las que jugaban las redes clientela-
res entre la elite y las clases subalternas. En 1837 se especificó que
Gaúcho republicano, caballería de la Guardia Nacio-
los reclutas para la GN debían ser ciudadano de buena conducta y
nal, c.1840 (por el autor). Este hombre provendría,
aptos físicamente, además de su señalada adhesión a la causa. por sus prendas, de la región meridional riogran-
dense, ya que lleva el chiripá al estilo oriental. Lleva
Por el lado de los libertos, además de la promesa de libertad el “lazo nacional” en la copa del sombrero, no visible
aquí, aunque señala su adhesión con el pañuelo
para los hombres que servían, para alentar a que los amos entrega- grana al cuello y, más notorio, la banderola de la
ran a sus esclavos se garantizaba que los dueños no deberían servir lanza.
58
en la GN. También las autoridades republicanas tuvieron que combatir contra la arbitrariedad de algunos ofi-
ciales, que requisaban la esclavatura de los civiles que apoyaban al Imperio para utilizarlos como mano de obra
propia.
“Tropero paulista”, por Charles Landseer c.1827; muestra el vestuario típico del medio rural riograndense, en este caso un hombre con
ciertos recursos, que se percibe en su poncho (del tipo que sería conocido en la región rioplatense del período como “poncho patria”)
de paño o bayeta azul con forro grana, blusa de brin o lienzo, calzones, botas (con el puñal sujeto por dentro) y galera o sombrero
armado de paja o “jipijapa”. Sobre el suelo, un par de pistolas de chispa.
En el capítulo de instrucción, en los primeros años no hubo ordenanza como tal y los hombres se hacían
soldados sobre la marcha. Recién en 1838 se creó un depósito de reclutas con el fin de instruir a los mismos en
todas las armas; contó con un cuadro de oficiales y clases. Se realizaba entrenamiento físico (incluso la práctica
de nado) y había espacio para la enseñanza religiosa; los “alumnos” más avezados eran destinos a la caballería
o artillería de Línea, los libertos e indígenas al Cuerpo de Lanceros y, el resto, a la infantería. No obstante, la
instrucción en este tipo de ejército fue más cercano al que se llevó a cabo en la primera etapa, o sea improvisado
y dependiendo de las circunstancias y las operaciones.
59
Armamento
El armamento disponible en primer lugar era el llevado por las tropas imperiales de entonces, los fusiles
y tercerolas de chispa Modelo 1822, típicas del período, que eran una versión belga del Charleville francés.
Lógicamente, su provisión no era uniforme, dado que ni siquiera en el Imperio había homogeneidad en este
aspecto. También se utilizaron otros tipos, como copias de los fusiles británicos Brown Bess y, en realidad, lo
que llegara a manos de los revolucionarios. En las armas blancas había una variopinta muestra de tipos de sables
y espadas, llevadas en principio sólo por los oficiales y, luego, difundiéndose, sin exagerar, entre la tropa, que
también llevó puñales y cuchillos del ambiente rural.
Siendo fundamentalmente un ejército de caballería ligera que operaba en partidas guerrilleras en las
abiertas llanuras riograndenses, la lanza fue la principal herramienta de estos hombres. Las hubo de todo tipo,
elaboradas e improvisadas, con puntas de cuchillos como moharras o tijeras de esquilar; las primeras podían
llevar moharras de hierro de cuerpo angosto con forma de daga, otras de puntas lanceoladas o con crucetas,
desarrollo del desjarretador, que se utilizaba en las vaquerías para cortar el tendón del vacuno. La longitud de
las astas no era uniforme, predominando la de 2,50 metros de largo. Otra arma y herramienta fueron las bolea-
doras rioplatenses, aunque con mayor difusión en la región meridional de la provincia.
La artillería nunca estuvo bien equipada, contando los republicanos con escasísimas piezas que, además,
no se adaptaban al estilo de guerra irregular de sus fuerzas; la mayor parte de los cañones provenían del botín
tomado a los imperiales.
60
“Gaúcho”, por Jean-Baptiste Debret en Voyage Pittoresque et Historique au Brésil (1834-1839). Por las prendas de este personaje, cabe
dentro de las características de cómo se vería un oficial republicano o un miembro del sector privilegiado del medio rural riograndense;
luce chaqueta y calzón azul, la primera con vivos y botón blanco, botas (un bien de lujo en el ejército farrapo), galera y un rico poncho
azul turquí con forro de grana. Sus armas son sable, puñal a la bota y, apenas visible a la espalda, lo que parece la culata de una pistola
de chispa. Así mismo, el montado en segundo plano está ricamente enjaezado con arreos de ¿plata? y pistoleras con forro de piel de
“tigre”.
Vestuarios
No hubo en principio algo parecido a un uniforme, con algunas excepciones que veremos más adelante.
El vestuario general eran las prendas típicas de los habitantes rurales de Rio Grande, los gauderios: camisas y
blusas de algodón, calzones de paño mezclilla, ponchos de bayeta, sombreros de ala ancha, armados, de cuero
o fieltro, chaquetas, chalecos, etc. Los colores predominantes eran el azul y el verde y, muchas veces, la única
prenda “militar” eran las chaquetas de paño azul; la República siempre estuvo en dificultades para aprovisionar
61
a sus fuerzas en este ramo, en particular durante los meses invernales. Por lo general, las chaquetas o blusas de
bayeta o mezclilla tendían a ser de color verde para la infantería, azules para la caballería y rojas para los lan-
ceros. Otra preocupación era el calzado: por lo general sólo los oficiales contaron con zapatos o botas. Estos
últimos también llevaron prendas militares de variada tipología, según sus gustos y posibilidades: se han con-
servado casacas azules y verdes con adornos oro y plata de oficiales superiores. Cundió también la moda militar
vinculada a las revoluciones burguesas contemporáneas en Europa.
La necesidad de distinguir republicanos de imperiales llevó a la instauración de un distintivo especial:
la cucarda republicana por decreto del 20 de febrero de 1839; sería de tres campos, de adentro hacia afuera
amarillo, grana y verde. Este “laço nacional” era de uso obligatorio en los cubrecabezas para todos los ciuda-
danos, excepto la esclavatura.
Algunos uniformes reconstruidos son, por ejemplo, los de los famosos Lanceiros Negros; según el his-
toriador Helio Moro Mariante, en este cuerpo los oficiales llevaban gorras de manga grana con vuelta de paño
negro y borla oro, blusas, chaquetas o casaquillas granas, con botón oro, pantalones de brin blanco con galón
grana o de paño azul con el mismo adorno, correajes de cuero negro. La tropa con gorra de manga similar, pero
con borla grana, blusas de bayeta granas con vivos negros en la cartera del cuello, botón amarillo, pantalones
de brin blanco o paño azul con galón grana, correajes negros, banderola de lanza con los colores republicanos.
Este elaborado vestuario probablemente fue posterior al utilizado en las primeras instancias de la revolución, ya
que Moreira Bento describe a los lanceros con una indumentaria mucho más sencilla y humilde, de chalecos o
blusas, chiripá de bayeta, botas de cuero crudo o pie desnudo con espuelas y una vincha con los colores repu-
blicanos a la cabeza.
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62
Brasil en uniformes
De la mano de j. wasth rodriges
Siglo xviii (1)
Textos la redacción
Iniciamos a partir de este número la presentación de una serie de láminas abocadas a los uniformes
militares utilizados en el Brasil desde el siglo XVIII al XX. Nuestro acceso a los mismo es merced del afán
divulgador del Sr. Terry Hooker, uniformólogo pionero y miembro honorario de la SHM.
Esta serie de cuadernillos son fruto de la mano José Wasth Rodrigues, artista y profesor de Historia
brasileño; entre sus múltiples obras ilustró el enciclopédico trabajo acerca de los uniformes llevados en el Brasil
colonial e independiente, editado en 1922. Los trabajos provienen del fondo del Arquivo Histórico do Exér-
cito, en Rio de Janeiro, donde el Sr. Fernado Velozo Gomez Pedrosa tuvo la extrema deferencia de acercárselos
a Hooker con el objetivo que la información contenida estuviera disponible para el público y los investigadores.
Haciendo honor a tal positivo fin de difundir el rico acervo histórico militar de nuestra América, desde
las páginas de “Calacuerda” pasaremos, entonces como se dijo más arriba, a volcar estas obras para nuestros
lectores. Se presentarán en el orden cronológico de los cuadernillos disponibles, acompañados en lo posible por
una referencia histórica que contextualice cada ilustración.
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Mapa del virreinato del Brasil y sus capitanías en 1763 (en Ministerio da Agricultura, Industria e Comercio, Recensamento do Brazil,
Vol.2, Tyo. Da Estatistica, Rio de Janeiro, 1922).
Con el paso del siglo se fueron creando gran cantidad de cuerpos en cada capitanía, tanto de línea
como auxiliares, de muy variada eficacia y existencia real, dado que varios sólo lo eran en el papel. En el úl-
timo cuarto de siglo ya la infantería se organizaba en batallones de 10 compañías: una de granaderos, ocho de
fusileros y otra de cazadores. También los tercios auxiliares pasaron a organizarse en regimientos de milicias,
con la misma estructura que los de línea.
Uniformes
Los uniformes lusitanos durante el siglo XVIII siguieron las pautas generales de la moda militar del
momento: como cubrecabeza el sombrero de tres picos de fieltro negro, con galón y presilla con cucarda a la
izquierda, casacas con cuello, vueltas (bocamangas) y forros del color distintivo de la unidad, chupa y calzones.
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Característico de los lusitanos fueron los botines cortos con zapatos. Los oficiales gastaban fajas granas y ador-
nos en oro o plata, mismos adornos que la tropa llevaba en cinta blanca o amarilla. Los correajes en la primera
mitad del siglo, para la infantería, constaban de bandolera para la cartuchera y un cinto para el tahalí de la
bayoneta.
Sobre estas generalidades se fueron dando los cambios concurrentes con las transformaciones en los
cortes de las prendas.
65
trajes de paño de primera y aditamentos propios de su jerarquía (en Cuadernillo Vol. 4 Pará. Tropas da Primeira
Linha 1700-1822).
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Regimiento de Infantería de Macapá c.1777
Tambor y fusilero: uniforme azul con divisa grana y cabos amarillos (en Cuadernillo Vol. 4 Pará. Tropas da
Primeira Linha 1700-1822).
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Regimiento de Infantería de Maranhão c.1777
De izq. a der.: fusilero, tambor y capitán; casaca y calzón azules, divisa blanca, cabos oro (en Cuadernillo Vol.
4 Pará. Tropas da Primeira Linha 1700-1822).
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Regimiento de Artillería de Maranhão c.1777
Oficial subalterno (capitán): casaca azul turquí con solapas de lo mismo, collarín y vueltas negras, chupa y forro
celeste o azul sajón, botón blanco (en Cuadernillo Vol. 4 Pará. Tropas da Primeira Linha 1700-1822).
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Regimiento de Artillería de Maranhão c.1777
Artillero y tambor (en Cuadernillo Vol. 4 Pará. Tropas da Primeira Linha 1700-1822).
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Tropas de Línea de Goiás c.1782
De izq. a der.: oficiales de caballería (ordenanzas) auxiliar y de dragones pagos (en Cuadernillo Vol. 10 Rio
Negro. Tropas em Geral de 1755 a te 1822); uniforme de casquete de cuero con visera y oruga trasera, chaqueta
o casaquilla azul con el color de la divisa en cuello volcado, vueltas y barras, chupa blanca, calzón ante, medias
botas con campana, espuelas de hierro. Correajes de cuero o paño con galoneado, banda en bandolera con borlas
a la derecha. En detalle, la tapa del portapliego de dragones.
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Tropas de Línea de Goiás c.1779
Soldado y oficial de la Compañía de Pedestres (en Cuadernillo Vol. 10 Rio Negro. Tropas em Geral de 1755 a
te 1822); uniforme de casquete de cuero con cimera y oruga de crines rojas, casaca corta con cuello volcado,
vueltas y forros grana, ojales blancos, hombreras o charreteras de pala grana con vivos y flecos blancos, chupa
grana también con ojales, calzón blanco. Es de suponer que el oficial llevara los adornos en plata.
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Auxiliares, milicias y ordenanzas de Goiás c.1782
En primer lugar (en Cuadernillo Vol. 10 Rio Negro. Tropas em Geral de 1755 a te 1822), un oficial de auxiliares
blancos de infantería, oficial de “Henriques” (ver más adelante) y otro oficial de Ordenanzas. De esto último
fueron creados en 1763 como Rgto. de Caballería de Milicias, con 10 compañías que se aumentaron a 12 en
1775, mismo año en que se creó el 2.° Rgto. de Caballería de Milicias.
73
Regimiento de “Henriques” c.1784
En las primeras décadas del siglo XVII, cuando Mathias de Alburquerque, gobernador de la capitanía de Per-
nambuco, tuvo que enfrentar las invasiones holandesas, la necesidad de hombres motivó que se diera licencia
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para que personajes de renombre de la región reclutaran por su cuenta fuerzas militares; aquellas fueron las
“compañías de asalto”, que lograron rechazar a los holandeses. Entre estos, Henrique Días, hijo de esclavos,
logró sumar a un número de libertos provenientes de los ingenios azucareros en una compañía que se batió con
denuedo frente al invasor. Esto llevó a que paulatinamente se concedieran licencias para la leva de libertos
primero en Pernambuco, Bahía y Rio de Janeiro de compañías, tercios y luego regimientos de negros, quedando
así en la época la denominación en Brasil de “Henriques” a aquellos cuerpos militares así compuestos. En Goiás,
el gobernador Luis da Cunha Menezas organizó en 1780 una compañía de “Henriques” pardos que, junto a otra
que ya existía sirvió de base para levantar un regimiento; también se reclutaron negros para las compañías
“Henriques” en otras villas de la región. Estas formaciones tenían instrucción de infantería y de artillería.
Para 1784 la compañía de Henriques de Goiás (en Cuadernillo Vol. 10 Rio Negro. Tropas em Geral de
1755 a te 1822) se vestía de casaca corta verde “periquito” con cuello volcado, vueltas y forro grana, botón y
ojales blancos, chupa y calzón grana los oficiales, calzones blancos la tropa, camisa con corbatín grana, medias
y botines cortos galoneados de grana. Como cubrecabeza, gorra grana de manga con vuelta de piel y borla
blanca o plata los oficiales.
Bibliografía
Barroso, G.; História Militar do Brasil, Vol. 192, Ed. do Senado Federal, Brasilia, 2019.
Barroso, G.; Uniformes do Exercito Brasileiro, Ministerio da Guerra, A. Ferroud-F. Ferroud, Paris, 1922.
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guerreros del ‘91
El ejército balmacedista
Ilustraciones de Sebastián Cristóbal – textos la redacción
Introducción
Presentamos una serie de ilustraciones sobre el vestuario y equipamiento del Ejército “balmacedista” o
gubernamental, enfrentado en la guerra fratricida de 1891 contra su homólogo, el Ejército “Congresista”, de la
mano del Sr. Sebastián Cristóbal, joven y entusiasta recreador chileno. Con un particular estilo cercano a la
caricatura, pero sin por ello dejar de lado la rigurosidad histórica, cada lámina está acompañada por un breve
texto “novelando” al personaje protagonista de la ilustración.
Previo a las figuras, una reseña histórica de la contienda servirá a poner en contexto los hechos.
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La Guerra del ‘91
A pesar de la visión común de un Chile que transitó su proceso de conformación estatal sin los lutos
que se enseñorearon en el resto de las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, el país tuvo varios conflictos que
enfrentaron con las armas en la mano a las distintas facciones políticas del momento. De manera similar al resto
de la región, el disenso se dio entre esos amplios campos que se podrían catalogar, siendo algo reduccionistas
de liberales y conservadores. La guerra civil de 1891 fue un proceso que tuvo sus antecedentes en un doble
juego que llevó a la politización de los militares y a la militarización de la vida política44.
A partir de la segunda mitad del siglo, el Estado chileno se había asentado sobre unas sólidas bases
parlamentarias, donde el Congreso llevaba el protagonismo, resultando el Poder Ejecutivo algo desdibujado,
dado que toda medida debía lograrse bajo el consenso del Legislativo. Esto había sido resultado del último
enfrentamiento civil de 1859-1860, que estableció el camino para la consolidación republicana y, a su vez, forjó
al interior y exterior una imagen de legalidad y cumplimiento de los preceptos constitucionales por las siguientes
tres décadas.
Este esquema se quebraría durante la presidencia de José Manuel Balmaceda; elegido para el Ejecutivo
en 1886. Balmaceda estaba decidido a transformar el sistema parlamentarista en uno presidencialista, por lo que
buscó el apoyo no sólo de sus partidarios civiles, sino que comenzó a atraerse personalidades militares. Para
1890 el horizonte de Chile se oscurecía sin remedio, con las elites fragmentadas entre los partidarios de la “ley”
o sea el Congreso, y los balmacedistas, situación que se acaloraba en las furibundas diatribas de la prensa adicta.
La crisis económica nacional y el comienzo de malestar entre los empresarios mineros del norte del país volvió
a un más confuso el panorama.
Un sector de la Marina de Guerra iniciaría el conflicto con el levantamiento de la escuadra en Valparaíso
el 7 de enero de 1891, como respuesta a los atributos dictatoriales que se había impuesto Balmaceda, cerrando
el Congreso cuando este lo declaró fuera de la ley. Los “congresistas” se dirigieron a la rica zona salitrera del
norte, que serviría de tesoro público para sostener el movimiento, faltos aún de hombres, dado que la mayoría
del ejército apoyaba al presidente.
La localidad de Pisagua se declaró por los congresistas, que fue ocupada por estos con sus fuerzas,
apenas poco más de un millar de hombres. No se dieron acciones importantes, sino combates de distinta entidad.
En los primeros días de marzo, tras la derrota gubernamental de Pozo Almonte, la provincia de Tarapacá y sus
valiosos recursos quedaron en manos de los congresistas; a partir de allí, en cuatro meses el gobierno perdería
Tacna, Antofagasta y Atacama.
Esto posibilitó que, finalmente, el Ejército Congresista cobrara vida, más allá de las declaraciones de
sus líderes. Así, Tarapacá, Antofagasta y Atacama quedaron para el movimiento iniciado en enero en Valpa-
raíso. No obstante, lo que continuo fue una tensa espera de meses, ya que mientras que el gobierno carecía de
los medios navales para transportar a su ejército al norte contra el movimiento, éstos tenían los buques, pero no
de algo que pudiera ser considerado una fuerza terrestre consolidada. A pesar del dominio naval congresista,
44 San Francisco Alejandro, La guerra civil de 1891. La irrupción política de los militares en Chile, Tomo 1.
77
esto no impidió que el blindado Blanco Encalada fuera hundido el 23 de abril con un torpedo autopropulsado,
tras el ataque de las torpederas balmacedistas Alte. Lynch y Alte. Condell. El impacto moral, no obstante, no
disminuyó el ímpetu revolucionario.
Los congresistas hicieron usufructo de los dividendos generados por las salitreras y lograron, en lo que
quedaba del año, conformar un ejército de alrededor de 10.000 hombres con armamento de primer nivel. Al-
canzado esto, se pudo planificar llevar la resistencia al sur.
El Ejército Congresista desembarcó a principios de agosto en Quintero, cercano a Valparaíso; la opera-
ción debía coordinarse con un movimiento “quintacolumnista” que, entre otras operaciones, debía cortar el
puente del Maipo. Sin embargo, estos, en su mayoría jóvenes de la elite, fueron descubiertos y atacados por el
Ejército gubernamental, muriendo muchos en el combate de la haciendo de Lo Cañas el 18 de agosto. Los que
resultaron prisioneros fueron juzgados por un Consejo de Guerra, que condenó a un número a ser ejecutados.
Balmaceda ordenó que se cumpliera el código a rajatabla, lo que resultó en el fusilamiento de más de 80 de los
prisioneros.
“La batalla de Concón. Las fuerzas revolucionarias pasando el río”, en La Lira Chilena, Edición de Concepción, domingo 21 de agosto,
1904, Impr. i Lit. Franco-Chilena. La ilustración muestra al Ejército Congresista avanzando, identificado por los brazaletes rojos que se
usaron ante el igual vestuario que llevaban los contendientes. Los revolucionarios, fuertes de más de 9.000 hombres al mando del
Gral. Estanislao del Canto llegaron al río Aconcagua, tras el cual lo aguardaba en atrincheramientos el ejército gubernamental, con el
Gral. Orozimbo Barbosa con 8.000 hombres. Los balmacedistas habían cometido el error de posicionarse en forma perpendicular al río
y no a lo largo de la rivera; así, durante el peligroso cruce del río, que los congresistas realizaron con el agua al pecho, éstos no recibie-
ron un fuego contrario efectivo hasta cuando ya habían salvado el obstáculo. La batalla se decidió cuando el ala derecha congresista
logró coronar las alturas; estos tuvieron unos 200 muertos, 500 heridos y más de un centenar de dispersos. Los balmacedistas sufrieron
1.700 muertos y heridos y unos 1.500 prisioneros.
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A pesar de su superioridad cuantitativa, el Ejército gubernamental se hallaba disperso y no había acer-
tado a concentrarse, por lo que el 21 de agosto en la batalla de Concón, 9.500 congresistas lograron derrotar a
los 8.000 balmacedistas tras más de cinco horas de duro combate. El Ejército del Congreso buscó avanzar hacia
Valparaíso, pero las fuerzas gubernamentales, reconstituidas con refuerzos del sur, les hicieron frente en Placi-
lla. Ahora los primeros contaban con alrededor de 11.000 hombres, producto de sumar a sus fuerzas pasados
del gobierno, mientras que los balmacedistas ofrecieron lucha con 9.500 hombres. La batalla se inició poco
antes de las ocho de la mañana del de 6 de septiembre; la lucha fue aún más dura y sangrienta, con unidades
gubernamentales que llegaron a perder más de dos tercios de su fuerza antes de la derrota final, que se produjo
entre las once y las doce del mediodía. Las bajas fueron de 1.100 muertos y 2.500 heridos y prisioneros entre
los balmacedistas (incluso murieron los generales al mando) y 2.000 muertos y heridos entre los del Congreso.
La consecuencia inmediata de la grave derrota fue la renuncia de Balmaceda al Ejecutivo el 29 de agosto
que, tras esto, buscó refugio en la Legación argentina en Santiago. Al día siguiente el Ejército congresista in-
gresaba a la capital, que había sido presa de graves desordenes. Poco después de dos semanas, el 19 de septiem-
bre el expresidente Balmaceda se suicidaba en la Legación.
Se iniciaba así el período de la República Parlamentaria, cimentada por los cadáveres de casi 10.000
chilenos.
Ejércitos enfrentados
La base en que se organizaba el ejército era la disposición de 1884, por la cual la fuerza permanente,
luego de acabada la Guerra del Pacífico, sería de 8 batallones de a 6 compañías cada uno, 3 regimientos de
caballería de a 2 escuadrones de a 2 compañías, un escuadrón independiente, 2 regimientos de artillería de a 2
brigadas de a 2 compañías, un batallón de zapadores y un Cuerpo de Reemplazos.
La Guardia Nacional, también llamados Cívicos, tenía en teoría más de 50.000 hombres en todo el
territorio, distribuidos en 73 cuerpos de infantería, 12 de caballería y 15 de artillería, pero la realidad previa al
conflicto es que sólo estaban activos menos de la mitad de esa fuerza, aunque la mayoría tenían experiencia de
combate por la cercana guerra contra Perú y Bolivia, al igual que las fuerzas regulares.
Estallado el motín de la Escuadra y su marcha al norte, el gobierno balmacedista organizó sus fuerzas
entre el 12 y el 21 de enero de 1891, constituyendo ocho divisiones, que terminaron de estructurarse en julio de
ese año:
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Rgto. Chillán 8.° de Línea – 956 plzs.
BI. Cívico Movilizado Mulchén – 645 plzs.
BI. Cívico Movilizado Traiguén – 620 plzs.
Tropas divisionarias
BI. Gendarmes de Santiago – 308 plzs.
Rgto. Cazadores a Caballo – 511 plzs.
Rgto. Húsares de Colchagua – 375 plzs.
Rgto. de Artillería N.°2 – 943 plzs.
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2.° Brigada
RI. Cívico Movilizado Santiago – 1.073 plzs.
BI. Cívico Movilizado Nueva Imperial - 468 plzs.
BI. Cívico Movilizado Linares – 713 plzs.
BI. Cívico Movilizado Concepción (Penco) – 408 plzs.
BI. Cívico Movilizado Tomé – 417 plzs.
BI. Cívico Movilizado Angol – 410 plzs.
3.° Brigada
Rgto. Tacna 2.° de Línea – 1.158 plzs.
BI. Cívico Movilizado Gendarmes de Concepción – 513 plzs.
Tropas divisionales
Esc. Cab. Movilizado Malleco – 278 plzs.
Esc. Húsares de la Frontera – 205 plzs.
Esc. Húsares de Collipulli – 204 plzs.
RC. Concepción – 486 plzs.
Brig. de Artillería de Concepción – 384 plzs.
Rgto. N.°2 de Artillería de Costa – 104 plzs.
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VII División Valdivia (859 plzs.)
BI. Cívico Llanquihué – 329 plzs.
Brig. Inf. Movilizada Puerto Montt – 190 plzs.
Brig. Inf. Movilizada Chiloé – 108 plzs.
Brig. Art. Movilizada Corral – 139 plzs.
Esc. Cab. Movilizado Arique – 93 plzs.
Luego de completar las filas, la fuerza volvió a reorganizarse, quedando sólo activas las Divisiones
Santiago, Valparaíso, Concepción y Coquimbo, mientras que el resto se fueron disolviendo gradualmente al
pasar tropas a las anteriores. El armamento de los gubernamentales constaba de fusiles Grass Mod.1874 y Com-
blain II, ambos monotiros de 11 mm, mientras que la artillería se suplía de las famosas piezas Krupp de 87 mm
así como ametralladoras de variadas fábricas. La caballería, a más de sable, contaba con viejas carabinas Win-
chester, Remington y Spencer. Se llegó a adquirir un cargamento importante de más de 20.000 unidades de
fusiles Mauser, pero no arribaron a tiempo. Algo similar ocurrió con el nuevo fusil que pensaba adoptar el
ejército, el Mannlicher Mod.1888 austríaco de 8x50 mm de repetición con almacén para cinco proyectiles; no
obstante, si bien había en existencia para inicios del conflicto, se carecía de la munición para los mismo, por lo
que quedó relegado a los depósitos.
Por otro lado, luego de la ardua lucha para conformar sus fuerzas, para agosto de 1891, en los prolegó-
menos de la campaña al sur, el Ejército Congresista constaba de las siguientes fuerzas:
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2.° Bía. de Montaña/Bón. de Artillería N.°2 – 159 plzs.
2.° Cía. de Ingenieros militares – 44 plzs.
Ambulancia N.°2 – 8 plzs.
Gracias a los ingresos del salitre, ya comentados, la junta de gobierno constitucional en Iquique pudo
afrontar la compra de material de guerra, principalmente con sus agentes en Gran Bretaña y Francia. De tal
manera fue posible adquirir 5.000 fusiles Grass M1874 y dos millones de cartuchos para éstos, 2.000 carabinas
Winchester, 600 revólveres de varios modelos, 6 cañones Krupp de montaña de 75 mm, 20 ametralladoras
Hotchkiss, 15 cañones semiautomáticos Maxim-Nordenfelt, 2.500 sables y munición para suplir estos arma-
mentos. También se contó con 4.000 fusiles Mannlicher M.1888, sustraídos de depósitos gubernamentalales.
A diferencia del ejército balmacedista, los congresistas pusieron en práctica los últimos adelantos en
instrucción de orden abierto, así como al acostumbramiento y la práctica, por vez primera en Chile, del tiro al
blanco con los nuevos armamentos, en particular con los Mannlicher de repetición. Se buscó además que los
hombres estuvieran bien provistos, aunque al principio, en materia de vestuario, eran grandes las faltas. Sin
embargo, por medio de compras al Perú y la confección local, el ejército congresistas estuvo pronto para entrar
en campaña, teniendo en cuenta que la misma tendría lugar en pleno invierno.
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Descripción de las láminas
[Link] sargento Méndez, del Rgto. Lautaro 10.° de Línea, es un hombre escrupulosamente disciplinado; lleva impecable su
chaquetilla de paño gris, ya estandarizada como prenda principal de la infantería chilena, así como la nueva canana en
reemplazo del antiguo modelo de lona. Veterano de su querido Lautaro, ha pasado ya más de diez años entre sus filas. Y,
como tal, ha visto caer camaradas y amigos: no en balde fueron los casi cuatro años de duras campañas contra el Perú y
Bolivia. Sin embargo, ahora las circunstancias han cambiado: ya la terrible lucha no es contra “cholos” y “cuicos”, sino
más bien son los propios chilenos que atacan la integridad nacional. Así las cosas, el sargento Méndez y su aguerrido
Lautaro darán el ejemplo en esta nueva e implacable campaña; mal que mal, dice el sargento: “el viejo ejército de Chile es
imposible que sucumba ante los cuatro gatos del ejército rebelde, porque ¡en la cancha se ven los gallitos de verdad!”. Por
decreto de finales de 1885, en el contexto de la desmovilización del ejército y la reorganización posbélica tras el conflicto
con Perú y Bolivia, cada batallón de Línea debía contar con una plana mayor de coronel o teniente coronel comandante, 2
mayores, 2 capitanes, 1 subteniente abanderado, 7 clases y 23 músicos; los batallones formarían con 6 compañías, cada
una con capitán, teniente, 2 subtenientes, 13 clases, 2 tambores, 2 cornetas y 40 infantes; la fuerza así de cada batallón
debía ser de 366 plazas. Al iniciar la guerra, los batallones de Línea fueron elevados a regimientos de 2 batallones de a 4
compañías. Tácticamente, la infantería chilena había adoptado durante la Guerra del Pacífico las formaciones de guerrillas,
esto es con las compañías de batallón formadas en líneas de tiradores con poca separación entre hombre y hombre, haciendo
fuego rodilla en tierra o de pie, avanzando progresivamente hasta estar a distancia de cargar a la bayoneta. Varios oficiales
en el ejército promovían el uso del “orden disperso”: en él, la infantería avanzaría en orden de batalla hasta una distancia
prudencial del enemigo para luego pasar al orden disperso, de manera de disminuir los daños del fuego de artillería y
fusilería, pasando luego a línea de tiradores con una mayor separación y haciendo fuego a la mayor distancia posible,
preferiblemente cuerpo a tierra. Esto fue resistido por los oficiales más conservadores del ejército, por lo que, durante las
batallas libradas en la guerra, la infantería balmacedista actuó en formaciones tradicionales, más cerradas, en las que se
daba mayor peso al elan de la carga a la bayoneta.
[Link] del Batallón Cívico Movilizado “Concepción”, agosto de 1891. Los orgullosos penquistas habían sido valiosos
actores en los grandes hitos históricos del país y, en la guerra civil de 1891 no fueron la excepción. Reclutados entre la
ciudad de Concepción y Penco, los bravos penquistas partieron a la guerra con las más variadas prendas de vestuario. Es
así como el ministro en campaña, Julio Bañados Espinosa, manifestaba la carencia absoluta de estos elementos para casi
la totalidad de la División Concepción, urgiendo cuanto antes solucionar este problema. En la ilustración, un orgulloso
soldado ciudadano del Concepción espera su pronto embarque en el tren de carga con rumbo al frente; vestido con la clásica
levita azul negro y kepí reglamentario con la insignia de origen, aguarda pacientemente con su fusil Gras M.1874; sus
antiguos pantalones de paño gris delatan la carencia de uniformidad de la unidad. Llama la atención sus polainas de cuero
negras, las cuales le dan un aire francés para, eventualmente, marcar la diferencia con otras unidades sureñas.
[Link] del Batallón Cívico Movilizado “Traiguén”, agosto de 1891. Si bien las unidades de la Guardia Nacional eran
miradas con cierto recelo por los mandos profesionales del ejército, el bravo Traiguén no tenía nada que envidiarles a las
fogueadas unidades de línea. Reclutados en la sureña comarca de Traiguén, esta bisoña unidad de la Guardia Nacional tuvo
una sobresaliente actuación en la batalla de Concón, en donde sus efectivos lucharon con implacable decisión. En la ima-
gen, un solitario soldado de origen mapuche hace guardia en el campamento; vestido con la famosa chaqueta gris azulada
y pantalón de paño “garance”, aún lleva el antiguo kepí reglamentario de la Guardia Nacional, así como las cananas de
lona de viejo modelo. A la espalda, su inseparable capote, tan necesario para las húmedas noches de la costa chilena, tanto
como el manojo de ramas para acercar a algún tímido fogón.
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[Link] del Batallón Cívico Movilizado “Angol”; el sistema de reclutamiento para la Línea era por enganche voluntario
que, de todas formas, era resistido por la población, lo que ocasionaba deserciones y que los cuerpos siempre estuvieran
en falta para llegar al completo de la fuerza. Las autoridades balmacedistas, una vez decretada la movilización, procedieron
a completar el enganche para la Guardia Nacional (los “Cívicos”) utilizando todas las formas posibles, desde incentivar el
llamado patriótico hasta (o acompañado) de la oferta de estímulos monetarios; sin embargo, lo que primó fue el recluta-
miento forzoso en donde, según testigos extranjeros, ningún ciudadano de la clase baja estaba a salvo, como ocurrió en la
localidad de Lautaro: “(…) En Lautaro han principado por tomar a todos los hombres válidos en las calles, sin ocuparse
de saber su estaban cargados de familia, si eran propietarios de una casita, y si sólo una pequeña cosecha les permitía
vivir. Naturalmente, nadie se atrevía a salir; el que se mostraba por las calles era tomado inmediatamente. Como el
procedimiento ya no rendía nada, los reclutadores comenzaron a entra en las casas para reclutar a los hombres que
pudieran encontrar.”45. La organización de la Guardia Nacional era similar a la Línea, con regimientos, batallones y “bri-
gadas”, que eran equivalentes a medios batallones; entre tantos inconvenientes que surgieron para la movilización, com-
pletar las filas y su avituallamiento, no menor fue el del albergue: tantos hombres llamados a filas en tan poco tiempo tuvo
como resultado el uso de cualquier dependencia para su alojamiento, cumpliera o no los requisitos mínimos para ello. Esto
generó una alta tasa (en particular las unidades del Sur) de enfermos y desertores, tasa que llegó a superar a la de muertos
en acción. La deserción fue tan grave, que incluso el gobierno se vio obligado a dar una especie de amnistía para los
desertores que se presentaran de nuevo a filas y que no hubieran cometido otro delito. Tampoco el aprovisionamiento de
las IV División, donde servía el Angol fue sencilla: aún para los primeros días de agosto, mes en que se definió la guerra,
la situación de aquella, según el Ministro balmacedista Bañados era la siguiente:
“(…) resultaba que el 7 de Agosto le faltaba a la división de Concepción: las Ambulancias; carabinas y sables
para casi toda la caballería; cañones para la Artillería, la que tenía seis cañones Armstrong de montaña y sólo
cuatro Krupp de campaña, con cuatro ametralladoras Gatling; caballos para gran parte de la Caballería; mulas
para el servicio sanitario, para el parque y para la Artillería; armamento menor para la Artillería divisionaria;
cananas y caramayolas para casi toda la división; uniformes, botas y frazadas para más de un tercio de la misma;
rifles uniformes para un quince por ciento y varios artículos indispensables para salir a campaña” 46.
Este sargento, seguramente curtido veterano de las campañas del Pacífico, lleva el uniforme que se impuso a partir
de 1880-1881 en el ejército chileno, tanto para la Línea como la Guardia Nacional, en afán de una mayor simpleza, econo-
mía y utilidad en el vestuario del soldado: el paño azul fue cambiado por una guerrera o levita corta de paño gris, de cierre
cruzado con solo la divisa grana como distinción, sin vivos. Lleva el correaje de viejo modelo con cananas de lona para los
cartuchos, morral de lona y caramañola metálica con forro de fieltro, para evitar que el agua se caliente al sol. Sus gastados
pantalones grana van metidos en las botas de campaña y, metida en la izquierda, el “corvo”, un cuchillo de hoja ancha y
curva, útil como herramienta y para el cuerpo a cuerpo.
El Angol estuvo presente en la batalla de Placilla con 450 plazas.
45 Gustave Verniory, ingeniero extranjero que trabajó en las zonas de Temuco, Lautaro y Victoria entre 1889 y 1899, en
Catejo Cofré, D.; “´En marcha e inmediatamente´. Despliegue y desenlace de las tropas de las provincias del sur en la
guerra civil chilena de 1891: reclutamiento, problemáticas y consecuencias sociales”, en Revista Historia N.°25, Vol.1,
2018.
46 Catejo Cofré, D.; op. cit.
89
Izq.: la muerte del Gral. Orozimbo Barbosa en un grabado de La Lira Chilena, 1906; der.: retrato del general Barbosa; militar desde los
dieciocho años, había servido en la Araucanía en la década de 1860 y, durante la Guerra del Pacífico llegó a comandante de división,
participando de la batalla de Tacna y el asalto al Morro de Arica, entre otras acciones. Ingresaría en Lima el 17 de enero de 1881 y,
vuelto a Chile, en 1887 recibía los despachos de general de brigada, siendo nombrado Comandante General de Armas de Santiago. En
la grave crisis de 1890-1891 se puso denodadamente del lado del presidente Balmaceda, lo que lo llevó a recibir el generalato en jefe
del Ejército gubernamental. Como tal avaló la orden presidencial de ejecutar a los 87 prisioneros del incidente de Lo Caña, muchos de
ellos jóvenes de la elite tradicional santiaguina, lo que atrajo aún más repudio e indignación hacia su figura. Derrotado en Concón,
logró reordenar al Ejército gubernamental para Placilla. Tras la definitiva derrota, en el desbande general de los balmacedistas, trató
de huir hacia Santiago, pero en la persecución enemiga resultó cercado por un destacamento de caballería congresista. Negándose a
rendirse, aunque otras versiones afirman que no se le ofreció tal posibilidad, él y su escolta fueron todos ultimados.
Bibliografía
Avendaño Rojas, A.; Las batallas de Concón y Placilla. Las causas de la victoria, Las razones de la derrota, Academia
de Historia Militar, Santiago, 3.° ed., 2022.
EMGE, Historia del Ejército de Chile. Reorganización del Ejército y la influencia alemana (1885-1914), T. VII, Santiago,
1985.
San Francisco, A.; La guerra civil de 1891. La irrupción política de los militares en Chile, T. 1, Ed. Centro de Estudios
Bicentenario, Santiago, 2007.
San Francisco, A.; La guerra civil de 1891. Un país, dos ejércitos, miles de muertos, T. 2, Ed. Centro de Estudios Bicen-
tenario, Santiago, 2008.
Videla Anaya, F.; “La Guerra Civil de 1891: dos doctrinas de infantería en colisión”, en Revista Ensayos Militares, Vol.2,
N.°2, 2016.
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Descendiente de canarios, José Antonio Páez Herrera tuvo un origen medianamente humilde, lo que no lo
privó de aprender a leer y escribir. De joven se dedicó al comercio de menudeo y en un de sus tránsitos fue asaltado
por bandidos, a los que puso en fuga matando a uno de ellos. Esto último lo obligó a escapar hacia los llanos de
Apure, donde comenzó de nuevo como empleado en una hacienda. De peón fue ascendiendo hasta nuevamente
volcarse al comercio de ganado y, de paso, se amoldó a la perfección a las costumbres y forma de vida de los
llaneros venezolanos.
Se sumó al movimiento emancipador desde los primeros momentos y se puso la frente de los llaneros
independentistas combatiendo a sus homólogos realistas. A principios de 1816 comenzó a actuar de manera inde-
pendiente al mando de su propia fuerza de caballería llanera. Es en esta instancia que su nombre comenzó a sobre-
salir entre los comandantes revolucionarios, cuando el 16 de febrero de ese último año, una de las tres columnas en
las que había dividido su ejército tiene un combate de encuentro en las cercanías de Guasdalito con otra fuerza de
caballería realista. Un lugarteniente de Páez cargó contra el enemigo, arrollándolos casi por completo, pero arribó
entonces el resto del ejército realista, así como las otras columnas de Páez con él a la cabeza. El líder llanero cargó
y resultó rechazado, pero, evitando la dispersión de sus fuerzas logró reorganizarlas y se lanzó nuevamente al ata-
que, aniquilando al enemigo.
Aquí su carrera despega y, a pesar de tener que renunciar en un momento al mando, cuando sus llaneros
se negaron a seguir a Santander, recibió el mando general del Ejército del Apure, con el que venció el 8 de octubre
de 1816 en la batalla de El Yagual.
Es pocos años después cuando lo encontramos según la ilustración, ya como líder indiscutido de Apure. A
finales de 1817 Bolívar se entrevistó con Páez, logrando su compromiso en lo que sería la fallida campaña del
Centro, iniciada en febrero de 1818. Si bien los realistas resultan derrotados, la retirada de los llaneros de Páez y la
victoria de Morillo en la batalla de La Pueta obligan al Libertador a retrogradar a Apure, para marchar luego a la
Angostura.
En materia de uniformes, si bien las fuerzas independentistas se vieron influenciadas por la moda militar
española, y más allá de los decretos de uniformidad de Bolívar de 1815, que sirvieron de base para el vestuario de
las fuerzas colombo-venezolanas, recién a partir de 1818-1819 se puede decir que los revolucionarios comenzaron
a tener acceso a uniformes. Éstos vinieron junto a los contingentes de mercenarios y aventureros europeos que se
sumaron a las filas bolivarianas; antes de ello, y por un buen tiempo hasta que la marea de la guerra se puso deci-
didamente del lado de la emancipación, las tropas colombo-venezolanas usaron prendas civiles o menos, depen-
diendo de las circunstancias. Sabemos de ello por los registros de los memorialistas británicos que acudieron a
América del Sur.
Uno de ellos, y que se convertiría en uno de los principales líderes de la independencia, Daniel Florence
O’Leary nos dejó un testimonio de la apariencia de Páez en 1818. O´Leary servía en ese entonces como oficial en
el Rgto. de “Húsares Rojos” del coronel Henry Wilson, cuerpo que permaneció en el Apure una vez Bolívar partió
hacia la Angostura. Sobre este testigo de primera mano hemos reconstruido la figura del general Páez: de figura
baja y robusta, nada lo distingue como comandante, excepto el hecho de contar con prendas en medio de un ejército
medio desnudo; luce un amplio sombrero de jipijapa con un cordoncillo de hilo de plata, una chaqueta de paño
verde sobre su camisa, calzones de coquillo (tela blanca de algodón, fina), simples botas y espuelas de plata. Su
arma, un sable inglés de tropa de caballería.
Bibliografía
Peña Martínez, J.A.; Héroes en uniforme. Indumentaria militar en la guerra de independencia de Venezuela (1810-
1823), Ctro. Nal. de Estudios Históricos, Caracas, 2023.
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Gral. José Antonio Páez, 1818
por Diego Argañaráz
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