De la memoria
herida en los
cuerpos
Soria, Hada. Orozco, Mario.
Introducción al trabajo clínico con adolescentes
Mtra. Araceli Gómez García
Noviembre, 2019.
El cuerpo transporta historias
Las historias se imprimen en
los cuerpos.
El cuerpo narra historias que
se encuentran escritas
mediante símbolos
incomprensibles y
desordenados.
El cuerpo no dice nada y dice
todo.
El cuerpo grita, vocifera, proclama, demanda.
Exige ser visto y escuchado.
Expresiones desfiguradas e incomprensibles.
Historias que no se muestran, si se mostrarán
serían intolerables.
Se compactan en símbolos encarnados, imborrables y que
incluso sobreviven a pesar de los cuerpos.
Las marcas cuentan historias al tiempo que las subjetivan:
«Aquí estoy y es esta mi historia».
La marca en el cuerpo es una forma de representación de la
conflictiva por la que atraviesa el sujeto sufriente.
Ocultar la marca responde al propósito de mostrarlas
en el momento preciso para ser vistas y escuchadas.
Están ahí para ser vistas, encontradas y descifradas.
Se muestran no para cualquiera ni en cualquier
momento.
Solo en transferencia
Se apuesta a la diferencia, a hacerse notar como
radicalmente distinto.
Por voluntad propia, el sujeto se vuelve monstruo.
Trasgresión de la naturaleza,
remitiéndose únicamente así
mismo, haciéndose rarezas.
Se obliga al cuerpo a significar
mediante signos que no tienen
sentido propiamente dicho.
La imagen permite significar,
actuar y decir.
¿Quién porta a quién: el sujeto a las
heridas o las heridas al sujeto?
El sujeto es el portador de su historia, historia encarnada y
desencarnada por las lesiones.
Los jóvenes que hieren sus cuerpos llevan las heridas de
frente, las heridas soportan un gran peso y a veces a ellos
mismos.
Las heridas hablan por el sujeto; podrían reconocer lo que
inconsciente sabe pero que resulta ajeno al Yo; como sí se
reconociera sólo parte de la historia pero no sus
consecuencias subjetivas.
Hay una narración detrás de todo corte. El afecto está en la
carne, el recuerdo está en la carne y el bagaje inconsciente
está figurado sobre el cuerpo.
Dominio, dolor y aguante:
una cuestión de heridas y heridos
El sujeto que se autolesiona reconoce el dolor, la marca y la
extrañeza. Sabe por qué lo hace: todo corte va acompañado
de una explicación.
El trabajo analítico exige la ligazón
entre el cuerpo y discurso, entre el
cuerpo discursivo y el sujeto.
Se hiere el cuerpo del sujeto herido
en algún capítulo de su propia
historia, se marca el cuerpo del sujeto
marcado por algún acontecimiento.
Caso 1
Herirse es una muestra de poderío sobre sí
mismo, de control y dominio.
La chica describe su vida como un fracaso:
No haber estudiado lo que quería.
Vivir en casa de su madre.
Relación amorosa pasada.
Vivir con un hombre que no la satisface.
Una hija que es el mayor de sus obstáculos.
La vida se le escapa de las manos.
Quemaduras en las manos y otras partes del cuerpo.
Sin control de sí misma: «no he tenido el valor para decidir qué
quiero, me dan ganas de desaparecer todo».
Lo único que la sostiene es el dominar su propio cuerpo.
Intentos de dominio sobre una vida cargada de
insatisfacción.
El cuerpo es el medio predilecto de búsqueda de
dominio de algo.
Se corta, se quema, se marca.
Se hiere en un triple movimiento que se recicla: Quema
una parte de su cuerpo, luego la corta y la marca con
ejercicio.
Sus partes favoritas, además de las manos, son las
más marcadas por quemaduras, cortes y ejercicio.
Ella soporta las heridas y las heridas la soportan a
ella.
El cuerpo biológico tiene un límite, el
monto de insatisfacción, dolor y
sufrimiento, también.
El cuerpo es el campo de batalla del poder, privilegiado
por su carácter maleable y accionista.
El hecho de ejercer poder sobre el cuerpo mutilado
estará destinado a no funcionar, pues el deseo se
impondrá y planteará retirar sobre él los ejercicios de
poder pretendidamente ilimitados.
El cuerpo biológico si tiene un límite, y el monto de
insatisfacción, dolor y sufrimiento también.
Las heridas del cuerpo enlazan la insatisfacción
presente con los sufrimientos repetitivos de su pasado.
Las marcas remiten a otras marcas: las marcas deformantes
del cuerpo de su hermana a punto de morir en un terrible
accidente automovilístico, y al inicio de los cortes a partir del
gran corte en su historia.
Primera herida: conmemoración para el
amor de su vida.
Hay amor detrás de esos ejercicios que
involucran la quemadura y el poder.
La libido arrebatada del objeto es replegada sobre el cuerpo
propio, haciendo más profunda la herida de amor.
Despliegue de un auténtico estado narcisista: se antepone
un sentimiento de grandeza, de poder hacerlo y serlo todo,
así como de una autosuficiencia que se contrapone a la
realidad.