Poseidón, el rey del mar
Poseidón, también conocido como Neptuno en la mitología romana, era el gobernante del mar,
un dios poderoso de la mitología griega que a menudo se hacía llamar el “agitador de la
tierra”. Su padre era el Titán Cronos, que en ese momento era el gobernante del Universo, y su
madre era Rea. Cronos era un gobernante muy serio y lleno de angustias y, no era para menos,
pues el oráculo le había profetizado que, en el futuro, uno de sus propios hijos le destronaría,
algo que el propio Cronos había hecho también con su padre, Urano.
De este modo, y para evitar que la profecía tuviera lugar, Cronos no dudó en tragarse a los
hijos que tuvo con Rea nada más nacer, pensando que de esa forma nadie podría derrocarle.
Así, uno por uno los niños fueron tragados por Cronos: primero Hestia, luego Deméter,
luego Hera, luego Hades y finalmente Poseidón. Sin embargo, algunas leyendas señalan que Rea,
cuando llegó el momento de Poseidón, engañó a Cronos haciéndole creer que un pequeño
potro era en realidad el bebé. ¿Qué opináis? ¿Cronos se creería aquel embuste o se tragaría a
Poseidón igual que al resto de sus hijos?
Rea y los Guardianes del Universo
Rea, muy enfadada y triste por el horrible acto de Cronos con sus hijos, dio a luz a otro, Zeus, y se
lo entregó a la madre Tierra, Gaia, para que quedase libre de la ira de Cronos. Y cuando Zeus
creció, y con la ayuda de Gaia y de su madre Rea, dio a Cronos una poción que hizo que el Titán
devolviera a los niños tragados, ya que, como eran dioses, en realidad resultarían ilesos de aquel
mal. De esta forma Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera tuvieron a Zeus como su líder, y
con él pelearon más adelante contra los titanes por la supremacía del Universo. ¿A que suena a
película de superhéroes?
Asistidos por los Cíclopes y armados, Zeus con sus rayos, Poseidón con su tridente y Hades
con su casco de invisibilidad, los hermanos lucharon en una guerra terrible que duraría diez
años y de la que al final saldrían victoriosos. Tras la dulce victoria, todos expulsaron a los
enemigos a las profundidades más internas del inframundo, un lugar penoso y oscuro situado muy
por debajo de la tierra.
Y después de que Zeus, Poseidón y Hera derrotaran a los titanes y destronaran a Cronos, se
repartieron los reinos de sus enemigos: Zeus ganó los cielos y se convirtió así en el gobernante
supremo; Hades consiguió el inframundo, y nuestro personaje Poseidón consiguió el mar,
quedándose la Tierra al servicio de los tres. Sin embargo, Poseidón nunca estuvo
completamente satisfecho con su parte del mundo, hasta el punto de que llegaría un día a
conspirar contra su hermano Zeus para destronarle, lo que nunca consiguió pues, aunque
Poseidón era muy poderoso, siempre fue superado por Zeus.
Poseidón y su sobrina Atenea
En otra ocasión, Poseidón compitió también con la gran Atenea, la que era su sobrina y
diosa de la sabiduría, la guerra y las artesanías, sobre quién ganaría el patrocinio de la famosa
ciudad de Atenas. Entonces, Poseidón golpeó el costado de la Acrópolis y una fuente brotó de sus
aguas para gran sorpresa del pueblo. Sin embargo, el agua era salada, lo que no resultó ser útil
para la población. En cambio, Atenea presentó a la gente el primer olivo, árbol que se
utilizaba para la alimentación y el aceite y que proporcionaba leña para quemar en invierno, por lo
que terminó ganando Atenea rápidamente la disputa con Poseidón. Sin embargo, aquello no fue
asumido fácilmente por el rey del mar, que decidió enviar enormes olas para asolar la ciudad de
Atenas en señal de represalia.
Pero Poseidón no solo luchó contra Zeus y Atenea, ya que también tuvo conflictos con
Dionisos sobre la isla de Naxos; con Helios, el dios del sol, sobre el área de Corinto; con Hera
sobre la Argólida… ¡un sinfín de peleas! Aunque Poseidón también fue querido por algunas cosas,
como por ejemplo por haber dado el primer caballo a los hombres, algo de lo que él presumía
bastante. Sin embargo, esta asociación de Poseidón con los caballos no cambió que su mayor
importancia siguiese siendo la de ser “El señor del mar”, y es que, a las órdenes de Poseidón, los
vientos aumentaban y podía comenzar la más violenta de las tormentas, aunque cuando
conducía su carro de oro sobre el agua dichas tormentas se calmaban rápidamente y llegaba la
paz a las aguas. ¿Sabías que algunos antiguos marineros y guerreros rezaban y ofrecían
homenajes al gran Poseidón antes de emprender un viaje por mar para sentirse seguros?
Poseidón y su hijo Tritón
En cuanto a la simbología, tanto el toro como el caballo están asociados con Poseidón,
pero el toro también está asociado con muchos otros dioses, por lo que el caballo puede ser
considerado como su verdadero animal. Siempre se le representa portando o usando su arma
distintiva, el tridente, una lanza de tres puntas que usaba para destrozar y sacudir todo lo que
le gustaba o para hacer notar sus enfados, al igual que su hermano Zeus usaba los rayos. Ese
tridente, su símbolo, fue el regalo que le hicieron los Cíclopes que habían luchado con ellos
frente a los titanes.
Aunque tuvo dos hijos más, Poseidón siempre estuvo acompañado por su hijo Tritón, hijo
suyo y de su esposa Anfitrite, que era mitad hombre-mitad pez y que soplaba en su concha para
anunciar la llegada de su padre Poseidón. ¡Una unión bastante fuerte y poco propia de los dioses
del Olimpo!
El mito de Pandora y su caja
Cuando Zeus, el rey de los dioses olímpicos, era joven y trataba de establecer su gobierno,
fue desafiado por un grupo de feroces Titanes que intentaron evitar que ganara poder. Entonces
se produjo una guerra larga y terrible, con todos los dioses olímpicos unidos contra los
Titanes, que fueron dirigidos por Cronos y Atlas. Después de diez años de lucha, y con la ayuda
entre otros de los cíclopes, Zeus y sus compañeros olímpicos derrotaron a los Titanes. Solo
unos pocos Titanes, incluidos Temis, Prometeo y su hermano Epimeteo, lucharon del lado de
Zeus y en contra de sus propios compañeros, por lo que recibieron una importante recompensa
por parte de Zeus tras la victoria gracias a su inestimable ayuda.
Sin embargo, pronto Prometeo hizo que Zeus se enojara mucho al robar el fuego del
Monte Olimpo y entregárselo a la raza de hombres mortales que vivían en la tierra con frío y
hambre. Y es que Zeus había advertido a Prometeo que no le diera el fuego a los hombres, por lo
que estaba indignado al comprobar que alguien pudiera haber tenido el valor de ignorar sus
órdenes. Y como no podía hacer daño a sus hermanos, pues también le habían ayudado, Zeus
decidió vengarse de Prometeo de otra forma igual de cruel.
El nacimiento de Pandora
Un día, Zeus ordenó a Hefesto, el dios de los herreros, que construyera a una mujer
hermosa de la tierra y del agua. A la hermosa diosa del amor, Afrodita, se le pidió que posara
como modelo, solo para asegurarse de que la mujer fuera perfecta. La primera mujer mortal en la
tierra debía ser dotada de un encanto y de una belleza incomparables, pues su misión sería la
de traer desgracias a la raza humana.
Zeus pidió entonces al resto de dioses que otorgaran algún regalo a la nueva mujer, y
así, Afrodita regaló belleza, gracia y deseo, Hermes, que era el dios mensajero, entregó astucia y
audacia, y Apolo le enseñó a cantar dulcemente y a tocar la lira. Por su parte, Zeus le otorgó la
inocencia y la ociosidad. Finalmente, los dioses la llamaron Pandora, que significa “El regalo
de todos” y, antes de enviarla a la tierra, los dioses celebraron un gran banquete y, Hermes, el
dios mensajero, regaló a Pandora una caja hecha a mano adornada con imágenes
maravillosas, advirtiéndola de que nunca debía abrirla. También le dieron ropas plateadas y un
velo, y en su cabello colocaron brillantes guirnaldas de flores frescas y una maravillosa corona de
oro. ¡Hermes la tomó entonces de la mano y la acompañó a la tierra, guiándola con seguridad por
la ladera del Monte Olimpo poniendo fin al complejo plan!
Pandora llega a la tierra
Prometeo (cuyo nombre significa “previsión”) había advertido a su hermano Epimeteo de
que nunca aceptara ningún regalo de Zeus, sabiendo que tenía un fuerte rencor contra él. Sin
embargo, cuando Hermes entregó a Pandora a Epimeteo, pues era la orden de Zeus, el estúpido
titán se sintió abrumado por su exquisita belleza, olvidándose de los consejos de su hermano y
convirtiéndola pronto en su esposa. Pandora procuró mantener cada día la bella caja sobre
la mesa, cuidándola siempre mucho para que la gente pudiera admirar su exquisitez.
Pero Pandora se preguntaba al mismo tiempo qué contendría la caja misteriosa, y su imaginación
no dejó de crear respuestas: “seguramente Hermes estaba bromeando cuando dijo que nunca la
abriera, es un bromista”, pensó Pandora. Sin embargo, y a pesar de las elucubraciones, en lo más
profundo de ella misma Pandora sabía que su promesa no debía romperse y, desesperada, cogió
la caja y la encerró dentro de un pesado cofre de madera. Tras esto colocó cadenas
alrededor, cavó un agujero y enterró la caja en su jardín y, con gran esfuerzo, hizo rodar también
una gran roca sobre aquella especie de tumba, decidida a olvidar su obsesión.
Pandora quería obedecer el mandato de los dioses, pero no podía contener su curiosidad, y así,
finalmente, decidió recuperar la caja y ver qué contenía su interior. De este modo, y tomando la
pequeña llave de oro de alrededor de su cuello, la colocó en el ojo de la cerradura y abrió
suavemente la caja. Y tan pronto como Pandora abrió la caja, se dio cuenta del gran error
que había cometido desobedeciendo a Epimeteo, y un olor fétido llenó el aire y se pudo oír un
enjambre y un extraño susurro en el interior. Así, completamente horrorizada y asustada, Pandora
cerró la tapa de golpe, aunque ya era demasiado tarde, pues todas las plagas y dolores
conocidos por la humanidad se liberaron al abrirse la tapa: la vejez, la enfermedad, los
celos, las mentiras…¡Ojalá Pandora hubiera mantenido la caja cerrada! ¡Quién sabe cómo sería el
mundo según esta fabulosa historia de la mitología grie
Zeus, el rey del Olimpo
Considerado como el dios supremo de la antigua Grecia, Zeus fue gobernante del Olimpo y de
todo el universo conocido, llegando a tener un poder que ningún otro dios podía igualar. Zeus era
capaz de invocar cualquier tipo de cambio climatológico, como lluvias torrenciales, sequías,
tempestades o grandes tormentas con las que controlaba el poder de los rayos que formaba.
La mitología cuenta que Cronos (el gobernante y dios supremo de los titanes en tiempos
antiguos) y Rea, esposa de Cronos, fueron advertidos por un oráculo sobre la caída de su
reinado a manos de uno de sus propios hijos, igual que hizo Cronos con su padre. Y aquello hizo
que, cada descendiente nuevo que tenían, Cronos (Saturno en la mitología romana) se lo comiese
para evitar así tan temido destino.
El engaño de la diosa Rea
Su esposa Rea, con la llegada del sexto hijo y al ver que todos morían a manos de su propio padre
de forma tan cruel, decidió un día engañar a Cronos envolviendo unas cuantas rocas
entre mantas y haciéndolas pasar por su hijo. Entonces Cronos cayó en la trampa y, sin darse
cuenta de que su hijo realmente no estaba dentro de las mantas, se tragó todas las piedras. Y
menos mal, porque aquel hijo…¡era el mismísimo Zeus!
Tras esto, Rea envío en secreto a su hijo recién nacido con Gaia, la Madre Tierra, quien se
encargó de llevar a Zeus a la isla de Creta para que pudiera estar a salvo de su padre. Pero
aquello no quedó así, y cuando Zeus creció hizo que su padre Cronos tomara una bebida especial
que permitiera liberar de su estómago a sus hermanos.
Gracias a aquello Zeus pudo aliarse con dos de ellos, Poseidón y Hades, poseedores de un
tridente y de un casco de invisibilidad; armas que, junto a los rayos de Zeus, permitieron a los
tres hermanos vencer a su padre, aunque, una vez vencido, todos discutieran sobre qué y cómo
querían gobernar en el mundo, quedando todo repartido de la siguiente manera: Zeus como
gobernante supremo de todo, Poseidón como gobernante de los mares y Hades (o Plutón en la
mitología romana) como gobernante del inframundo. Un reparto que, a la larga, traería a Zeus
algún que otro problema.
Y fue justo en aquel momento en el que comenzó el reinado de Zeus junto a sus hermanos,
lleno de desafíos y de aventuras que aún estaban por llegar nutriendo toda la mitología griega.
Zeus, poderoso y vengativo
La representación de Zeus generalmente se asocia con la nobleza, con una imagen poderosa,
gloriosa, a menudo amable, asombrosa y sabia. Sin embargo, el comportamiento de Zeus no
siempre fue tan noble, pues este dios experimentaba bastantes variaciones en su
comportamiento, lo que suele explicarse por el hecho de que Zeus, en realidad, fuese una mezcla
de diferentes dioses supremos anteriores. Así, Zeus, por ejemplo, se diferenciaba de otros dioses
en que no participaba en los acontecimientos ni en las actividades diarias de otros
dioses en el Olimpo, tendiendo a mostrarse siempre justo y exigente con respecto a los actos de
los demás.
En su lado más negativo, Zeus también experimentó el sentimiento de la venganza, la cual
ejercería por ejemplo con Prometeo por robar el fuego del Olimpo y dárselo a los
mortales. Y es que Zeus sentenciaría por aquel acto a Prometeo atándolo para siempre a una
roca hasta muchos años después, cuando el héroe Hércules terminara rescatando a Prometeo y
liberándole de aquel castigo cruel. ¡Jugar con la ira de Zeus podía ser un verdadero problema!
Cupido y Psique
Había una vez un rey mortal que tenía tres hijas, todas hermosas doncellas, siendo Psique, la más
joven, la más hermosa de todas. ¡Parecía una diosa entre simples mortales! Y así fue cómo la
fama de su belleza se extendió por todas partes, yendo muchas personas de otras partes del
mundo a visitarla y a adorarla como si no fuera humana, lo que pronto terminó poniendo celosa a
la diosa Venus.
Y para calmar su envidia, Venus decidió recurrir a su hijo Cupido para que la ayudase,
diciéndole que fuera a la tierra y disparara a Psique una flecha para enamorarla de la criatura más
despreciable de la tierra. Sin embargo, al ver a Psique por primera vez, el propio Cupido sintió
como si le atravesara el corazón una de sus flechas, por lo que no pudo realizar su cometido
a pesar de que Venus confiaba plenamente en él.
Psique y la oscura cima de la colina
En consecuencia, Pisque no se enamoró de una criatura horrible, pero tampoco lograba
encontrar el amor. Sus dos hermanas ya se habían casado con reyes mientras a ella, triste y
solitaria, solo acudían para admirarla. Entonces, muy preocupado, su padre se dirigió al oráculo
de Apolo para pedir consejo, y el oráculo le encomendó que Psique se vistiera con el luto más
riguroso y se colocase en la cima de una montaña hasta ser encontrada por una serpiente alada
más fuerte que los dioses.
Después de aquello, la familia de Psique la vistió de negro y la acompañó hasta la cima de una
colina y, aunque sus padres lloraron mucho, ella mantuvo su coraje y dijo encontrarse contenta.
Tras esto, todos se fueron dejándola sola en la cima de la montaña y, cuando al se sentó
cansada por la pena, Psique lloró y tembló de miedo al no saber qué era lo que podía ocurrir a
partir de entonces.
De repente, un cálido soplo de viento acarició el cuello de Pisque, que sintió como si la
levantaran y la alejaran de la montaña, y así hasta que cayó sobre un prado suave lleno de flores.
Pisque había olvidado todos sus miedos con aquella extraña experiencia, quedándose después
plácidamente dormida, y cuando despertó, a su lado había un río brillante y una casa
majestuosa. Asombrada, escuchó entonces unas voces que parecían decirle que aquella era su
casa, por lo que se decidió a entrar. Se encontraba, nada más y nada menos, que en el palacio del
mismísimo Cupido, que la había rescatado de la montaña y se la había llevado volando. Parecía
que, al fin, Psique había encontrado el amor, aunque no supiera aún su identidad.
La poderosa unión de Cupido y Psique
Con el tiempo, Psique decidió invitar a sus hermanas al palacio, pero éstas, lejos de alegrarse, se
llenaron de envidia al contemplar la gran fortuna de su hermana y decidieron asustar a
Psique diciéndole que seguro que su amor era en realidad la serpiente alada, esa que había
profetizado el oráculo tiempo atrás. El corazón de Psique comenzó a llenarse entonces de terror y,
muy asustada y confundida, comenzó a dudar de su querido amor, pues solo podía verle de
noche y nunca a la luz del día.
Convencida de que debía asegurarse de su identidad, Psique urdió un plan para averiguar si su
enamorado era en realidad un amor o una malvada serpiente, y se decidió a encender la lámpara
llegada la noche. Cuando la luz cayó sobre él, Psique se dio cuenta de que no se trataba de un
monstruo, sino del hombre más hermoso que había visto jamás. Lo malo es que también
cayó una gota de aceite de la lámpara sobre el rostro de Cupido, que, disgustado, huyó
rápidamente. Psique viajó entonces por todas partes en busca de su amor, mientras él,
que había ido al palacio de su madre Venus, se recuperaba de su herida. Entonces Psique buscó a
Venus para pedirle su ayuda, y como Venus seguía celosa, decidió encomendarle un extraño viaje
al inframundo para recuperar a su esposo.
Afortunadamente, Cupido siguió toda la aventura de Psique desde lejos, por lo que pudo
salvarla a tiempo y recuperarla, no dudando en suplicar a Júpiter y a Venus que le dieran permiso
para casarse con ella. Júpiter, entonces, a pesar de sus diferencias con Cupido, convocó a
todos los dioses y anunció su matrimonio con Psique, otorgando a la joven la ambrosía para
volverla inmortal. Y así todo llegó a un final feliz en una historia llena de “amor y alma”, que eso
es lo que significa Psique, en una unión a prueba de bombas que jamás podría romperse.