La sociedad, el Estado y las instituciones:
La sociología moderna y el concepto de sociedad:
La sociología moderna comienza a fines del sXIX en Europa en un contexto donde el Estado liberal se consolidaba como
forma de organización política, y el orden social era cuestionado por nuevos actores sociales. En este contexto, las
ciencias sociales se comienzan a cuestionar cómo es posible el orden social (qué mantiene a los individuos unidos).
Desde la perspectiva de Durkheim, la sociedad es una totalidad sui generis, es decir que es algo más que la suma de
individuos. Durkheim propuso la noción de “hecho social” como formas de hacer, sentir y pensar que al individuo se le
presentan desde afuera y que se siente obligado a cumplir. Para él, la sociedad es la que impone al individuo una moral,
que define como las reglas que rigen las relaciones y establecen lo que está permitido y lo que no. La imposición de las
normas de la sociedad al individuo se lleva adelante a través de las instituciones.
Características de las instituciones:
Según Guillermo O’Donnell, las instituciones son pautas que instauran y regulan la interacción entre las personas que
componen una sociedad, y tienen varias características:
1) Son eficaces, intersubjetivas y pueden cumplir simultáneamente varias funciones.
Se entiende como eficacia el hecho de que generan orden a través de la construcción de un sentido común sobre cómo
deben ser las cosas y la regulación de las expectativas de las personas. Y esto es así porque las instituciones son
intersubjetivas, es decir todos los miembros de un grupo las conocen y respetan.
Las instituciones son claves en la vida social porque, a través de ellas, las interacciones son guiadas y reguladas.
2) Se desarrollan en tensión entre la permanencia en el tiempo y el cambio.
Las instituciones tienden a ser estables en el tiempo lo que permite que la sociedad las reconozca, y así puedan cumplir
con sus funciones. Esta previsibilidad es una característica que las define y las vuelve poderosas. Pero ello no significa
que sean inmutables/estáticas, las instituciones cambian porque las sociedades transforman sus modos de pensar, sus
valores, demandas y representaciones.
3) Se pueden clasificar en formales e informales.
- Las instituciones formales están escritas a través de leyes/reglamentaciones cuya elaboración está vinculada a
espacios legítimos, y su incumplimiento conlleva sanciones públicas por el Estado.
- Las instituciones informales son normas/conductas que, aunque son conocidas por todos, no están entre las
previstas por las leyes. Son normas aceptadas, conocidas, obedecidas e igual de efectivas, que no están escritas ni
tienen origen del Estado.
Sociedad, Estado y el control de las instituciones:
La sociedad está compuesta por personas cuya interacción está regulada por las instituciones, mientras que el Estado
es una asociación que busca dominar mediante el uso de la fuerza legítima a una sociedad que está afincada en ese
territorio, e imponer orden a través de instituciones formales.
La capacidad de imponer la ley fortalece el rol estructurador del Estado. Sin embargo, el hecho de que el Estado tenga el
control no implica esencialmente que la sociedad sea/deba ser controlada, ya que los actores sociales pueden
organizarse y defender sus derechos a través de instituciones.
Las instituciones juegan un papel preponderante en esta relación ya que regulan la construcción del poder social de un
país. Lucio Levi dice que las instituciones “constituyen la estructura organizativa del poder político, que selecciona a la
clase dirigente y asigna a los diversos individuos comprometidos en la lucha política su papel”. Es decir que, quien logre
imponer una orientación determinada a las leyes y a otras instituciones formales, también conseguirá fortalecer sus
intereses particulares. Por esto, la lucha por determinar el rumbo de las instituciones es la lucha por el poder, y es
constante ya que quien lo hace tiene mayores posibilidades de volcarlas a su favor.
La lucha por el poder genera conflictos en la sociedad y en su relación con el Estado y, en este proceso, las instituciones
se vuelven centrales porque ordenan/regulan y determinan lo que se puede o no hacer, y prevén el castigo si se
incumple. Así, las instituciones regulan quién gana, cuánto poder poseerá, cuáles serán sus límites y quiénes se los
impondrán.
La sociedad civil y sus instituciones: el vínculo entre los individuos y el Estado
El Estado es la institución más importante en las sociedades contemporáneas y tiene características que lo distinguen,
principalmente el monopolio legítimo de la violencia.
Desde perspectivas sociológicas clásicas, como la durkheimiana, en la relación Estado-individuo, la supremacía del
Estado y de la sociedad sobre el individuo es muy clara, por eso se la denomina determinista.
Otras perspectivas enfatizan el proceso de individuación que sucedió en la modernidad; donde las personas comienzan
a percibirse como individuos, ya no como personas pertenecientes a una comunidad que los contiene y limita. Se generó
un repliegue del individuo a la esfera privada ya que sienten no tener injerencia en los asuntos públicos, por lo que el rol
de los ciudadanos quedó reducido. Esto fue señalado de forma crítica por Alexis Tocqueville, quien consideraba
deseable para los sistemas democráticos que los ciudadanos participen de organizaciones intermedias para no aislarse,
fomentar el interés en los asuntos públicos e incrementar la calidad institucional de la democracia. Señala que no es lo
mismo un régimen político democrático que una sociedad democrática (esto condición del primero).
La sociedad civil es el entramado generado desde la ciudadanía para impulsar objetivos, defender intereses y derechos,
sobre todo, frente a la intención del Estado de ampliar su dominación.
Las organizaciones y redes de la sociedad civil pueden ser formales o informales y no pertenecen al Estado ni a
organizaciones políticas, pero fomentan la participación en la esfera pública de los ciudadanos con objetivos como:
● La defensa de los derechos y leyes.
● La concreción de funciones que el Estado no estuviera realizando en temas de interés primario de la sociedad.
● La ampliación de la constitución moral de la sociedad.
● El fomento de los intereses de la ciudadanía.
El nombre y la cosa. Hacia una conceptualización del Estado:
El Estado: origen histórico y formulación teórica:
La aparición del Estado marca un antes y un después en el desarrollo de las sociedades. Es el Estado el que impone las
leyes y las hace cumplir, pasa a ser el poder y quien define las reglas de juego, por lo tanto, genera diferenciaciones
entre los integrantes.
El Estado es una creación humana. Antes de este, las personas vivían en un “estado de naturaleza” dónde no había
leyes y el más fuerte se imponía sobre otros. En algún momento, sociedades que no tenían Estado convinieron en la
existencia de algún orden que les garantizara más poder y seguridad. Así, los miembros de la sociedad renunciaron a
sus prácticas habituales en favor de una nueva estructura que serviría para defenderlos de agresiones externas.
Hobbes sostenía que el Estado surgió a través de un acuerdo efectuado entre los habitantes de un territorio. Señala que
cuando los hombres vivían sin un poder común que los atemorizaba, se hallan en una guerra de todos contra todos,
siendo esto el principal motivador en la construcción del Estado, quien frenaría la destrucción descontrolada y la
disgregación social. Dice también que la capacidad del Estado no se limita a la protección de la vida, sino también al de
los bienes materiales.
Weber: el Estado y la coerción
Según Weber, el Estado es “aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama para sí el
monopolio de la violencia legítima… todas las demás asociaciones de individuos sólo se les concede el derecho a la
violencia física en la medida que el Estado lo permite.”
La definición de Weber señala algunas características básicas sobre lo que define a un Estado y su acción. De esta se
toman dos elementos fundamentales: 1) el dominio sobre un territorio determinado que debe ser indiscutiblemente
propiedad del Estado; y 2) el monopolio del uso de la violencia legítima dentro de ese territorio.
El Estado y la dominación:
Según Weber, el Estado no es un espacio igualitario; por el contrario, implica que ciertas personas/grupos son capaces
de imponer su dominación sobre otros. El Estado no es representativo de la totalidad de la sociedad ya que la sociedad
es heterogénea y conflictiva. Así, el control del Estado siempre queda en manos de algunos grupos, pero debe
procurarse conducirlo en representación de los intereses de toda la sociedad.
El Estado domina a través de la violencia legítima y monopólica, pero no es suficiente para explicar el predominio del
Estado sobre la sociedad.
Según Weber, el monopolio de la violencia y el problema de la legitimidad son condiciones esenciales de la dominación
estatal.
Legitimaciones de la dominación del Estado:
Weber propuso tres tipos de legitimidad de la dominación:
1) La legitimidad del eterno ayer está basada en la costumbre. La obediencia no se reflexiona ni analiza por parte del
actor que la ejerce, simplemente se obedece al reconocer la conveniencia de mantener el accionar dentro de marcos
tradicionales.
2) La legitimidad basada en el carisma se caracteriza por apoyarse y sostenerse sobre la base del carisma personal
de quien lidera (Weber se centró en este aspecto).
3) La legitimidad basada en la legalidad, es decir, fundamentada por leyes. Este caso es el más habitual en el mundo
occidental del siglo XX. Así, la racionalización colectiva de las conductas sería el elemento explicativo de la
civilización occidental.
Gobierno:
Además de entender que existen niveles de estatalidad (gobierno nacional, gobierno provincial, estados municipales,
etc.), se observa una distinción entre Estado y gobierno. El Estado es permanente; el gobierno es temporal. El
gobierno está integrado por quienes administran el Estado, quienes tienen un mandato temporalmente determinado.
Nación:
Para Gellner existen dos fases que distinguen una Nación: la fase cultural y la voluntarista. En cuanto a la fase cultural,
el autor señala que la construcción de la Nación depende de la asociación de hombres que comparten la misma cultura
(sistema de ideas y signos, de asociaciones y de pautas de conducta y comunicación). En cuanto a la fase voluntarista,
señala que los ocupantes de un territorio o hablantes de un idioma, llegan a ser una Nación cuando se reconocen mutua
y firmemente ciertos deberes/derechos en virtud de su común calidad de miembros.
Por su parte, Hobsbawm señala que es suficiente con que un grupo suficientemente grande de personas se autoperciba
como Nación para serlo. Subraya que la nación es una herramienta creada para movilizar a las masas y legitimar los
Estados nacionales. Pone mayor énfasis en la idea historicista de la Nación, que se construye con el paso del tiempo.
Ambos coinciden en que es una institución histórica.
Tipos de Estado
El Estado liberal:
El liberalismo aparece como una concepción cuestionadora del poder absoluto, que predominó en Europa desde el siglo
XV hasta el siglo XVIII. Su formación tiene como antecedentes la Revolución inglesa, que profundizó la primacía del
Parlamento sobre la monarquía; y la Revolución francesa, dejando atrás la organización estamental y aristocrática del
Antiguo Régimen. El Estado liberal se extendió por el Occidente hasta la crisis de 1929.
Dentro del Estado liberal se incluyó el ascenso político de la burguesía, que desplazó a la nobleza y se constituyó en la
nueva clase social dominante vinculada al capitalismo y al comercio, donde se profundizó un proceso de secularización
social. El desarrollo del Estado liberal provocó también que la Iglesia dejara de tener el monopolio de la educación y la
cultura.
El Estado liberal plantea la defensa de los derechos naturales, derechos de igualdad, de libertad y de propiedad privada.
En la esfera política, la legitimidad del gobernante se obtiene en las elecciones periódicas. En la esfera económica, se
apoya en la creencia de leyes naturales del mercado (leyes de oferta y demanda, y libre competencia) y en la iniciativa
individual, siendo así un Estado NO interventor en la esfera económica que busca remover obstáculos para que los
mercados logren autonomía.
El Estado fascista:
El fascismo fue un movimiento político autoritario fuertemente nacionalista, surgido en Europa en las primeras décadas
del siglo XX. El Estado fascista se inmiscuye en todas las esferas de la sociedad. El poder del Estado no posee límites y
su control sobre la sociedad es total.
A las prácticas políticas del fascismo se sumaba un fuerte contenido místico, generalmente basado en el líder, con un
culto al héroe y a la voluntad que termina sosteniendo un ideal militarista y vinculado a la expansión territorial. La
propaganda y el uso de la fuerza también eran muy relevantes.
Su surgimiento viene de una “reacción de miedo”, generada por la presencia del comunismo tras la Revolución rusa y la
conformación de la Unión Soviética. Para evitar la expansión del comunismo, la sociedad reclamaba un gobierno fuerte
con un líder de mano dura. Al mismo tiempo, aumentaba el rechazo a la democracia liberal, ya que esta era percibida
como incapaz de dar soluciones.
El nacionalismo de los Estados fascistas ayuda a diferenciarse de los demás y es una herramienta política para
homogeneizar a la sociedad.
Se utilizaban discurso policlasista, que se dirigía a diversos sectores sociales, aun cuando las promesas fueran
contradictorias entre sí.
El Estado fascista lo abarca todo: fuera de él no pueden existir valores humanos y espirituales; por ello es totalitario y
profundamente antidemocrático.
Características fundamentales del Estado fascista: • ejerce un totalitarismo nacionalista; • está impregnado de xenofobia;
• es un sistema de un solo partido (opuesto al pluripartidismo de los regímenes democráticos); • se funda en la existencia
de un principio de jefatura carismática en el cual la palabra del líder es inapelable.
El Estado benefactor/de bienestar:
Se desarrolló en Occidente después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Se conformó para dar solución a los
efectos económicos y sociales de esta. Surge de la incapacidad del Estado liberal de dar respuesta a los desafíos de la
posguerra.
El Estado de bienestar buscaba retomar el rumbo del crecimiento y la estabilidad social ante el avance del comunismo.
Las instituciones públicas promovían transferencias sociales de fondos públicos que mejoren la calidad de vida de los
habitantes. Se caracteriza por la búsqueda y el mantenimiento de altos niveles de ocupación. Impulsa la expansión del
gasto público y del gasto social. Estas funciones son acompañadas por una legislación que protege las condiciones
laborales, la prestación de los servicios y la calidad de los productos.
El Estado de bienestar busca intermediar en las relaciones entre las fuerzas del capital (los empresarios) y las del trabajo
(los sindicatos). Esto implica una fuerte presencia e intervención del Estado, en la esfera económica. El Estado de
bienestar se financiaba mediante impuestos o favoreciendo la producción nacional.
Generó un gran crecimiento de la población; estimuló el aumento del comercio internacional; llevó al retroceso del
analfabetismo; remarcó la importancia creciente de las mujeres; entre otras cosas. Por esto, está época fue considerada
la “Edad de Oro”. Sin embargo, en la década de 1970 comenzó a agravarse la crisis económica y se ahondaron los
cuestionamientos económicos y políticos al Estado de bienestar.
La existencia de los países socialistas era considerada una amenaza para los países occidentales capitalistas. Para
pagar los nuevos gastos en energía y lo utilizado para mantener el creciente costo de la carrera armamentista por la
Guerra Fría, el Estado (de los estados europeos y EEUU) debía poner cada vez más dinero que ya no podía utilizarse
para mantener el bienestar de la población.
El Estado neoliberal:
En la década de 1990, la mayoría de los países socialistas entraron en una crisis final que hizo que el símbolo del
comunismo cayera, y provocó que la Unión Soviética desapareciera. Con ella también fue arrastrada la creencia de que
el Estado debía encargarse de todo lo relativo a la sociedad. Eso se sumó a la crisis de los Estados de bienestar
europeos y a la creciente globalización, que les quitó protagonismo a los Estados nacionales y el capitalismo comenzó a
liberarse de las barreras que esos Estados ponían.
En este contexto, el neoliberalismo remarcó la necesidad de reducir la importancia del Estado nacional como regulador
de la vida social y la economía. Por ello las políticas neoliberales proponen trasladar el peso de las decisiones
económicas al mercado. También promueve la eliminación de controles/regulaciones estatales que frenen el desarrollo
económico, que atentaron contra la libre circulación de bienes y servicios, y obstaculizan la eficiencia económica del
sistema internacional.
El neoliberalismo predica especialmente la apertura de la economía, es decir, se busca la entrada de bienes y servicios
de un país a otro, oponiéndose a las políticas proteccionistas características de los Estados de bienestar.
El Estado neoliberal promueve la privatización de empresas públicas a fin de disminuir el gasto público, y así
evitar/reducir el déficit fiscal. Usando estrategias de flexibilización laboral, se transfieren responsabilidades que antes
eran del Estado nacional a las jurisdicciones provinciales. Con esto buscaban disminuir el costo laboral de las empresas
para ofrecer mejores condiciones y estimular las inversiones extranjeras.
El neoliberalismo busca imponer un capitalismo desregulado sin normas/leyes que restrinjan su actividad y que permita
un aumento de la actividad y la innovación privada.
Los tipos de Estados en América Latina:
El Estado de bienestar se concretó en Occidente en los años de la segunda posguerra. Mientras que en Europa adoptó
la función de árbitro, amortiguando tensiones y convirtiéndose en el actor central de la política, en América Latina se
expandió en forma incompleta, por diversos factores: entre ellos, que los Estados europeos recibieron préstamos y
financiaciones de EEUU que quería evitar la influencia comunista en la región; tampoco hubo en AL un consenso sobre
la necesidad de hacer un Estado más inclusivo, ya que el avance comunista que se pensaba controlar con represión.
Por esto, el Estado de bienestar fue producto de luchas e imposiciones de un sector sobre otro, generalmente mediante
formas autoritarias.
Mientras que en Europa los Estados buscaron imponer reglas consensuadas y generar un bienestar para todos, en AL (y
en la Argentina en particular), los sectores trabajadores enfrentaron gobiernos conservadores y de a poco fueron
consiguiendo avances (como con Yrigoyen y Alvear). Uno de los problemas que estimularon los conflictos en AL es la
creencia de que lo otorgado a un grupo era necesariamente una pérdida para otro.
En Argentina, el neoliberalismo alcanzó su consolidación con el gobierno del peronista Carlos Menem.
Regímenes políticos. Herramientas para bajar el grado de abstracción
“Régimen”, en líneas generales, es entendido como un conjunto de reglamentaciones que determinan el funcionamiento
de un proceso/sistema. Pero también está cargada de un sentido negativo, usada para definir dictaduras y
autoritarismos.
“Régimen político” hace referencia al conjunto de reglamentaciones que determinan cómo se accede y cómo se ejerce
el poder.
“Poder” también tiene muchos significados pero, según la concepción weberiana, es la obediencia voluntaria de una
sociedad a sus líderes.
¿Cuáles son los tipos de régimen político?
Un “tipo” es una categoría que se utiliza para definir idealmente un conjunto de características que constituyen algo
distintivo. La definición que se tome de uno modificará la de otro y, entre ambos tipos, existen variantes.
Un régimen político es democrático cuando el acceso y el ejercicio del poder son limitados, y donde haya un sistema
electoral. Debe existir un Estado de derecho, con división de poderes para impedir la concentración en un solo actor. Por
otra parte, los ciudadanos tienen derechos civiles y políticos, y gozan de las libertades de expresión y asociación.
El autoritarismo está definido por las características exactamente opuestas: el acceso y ejercicio del poder no están
limitados por un sistema electoral ni un Estado de derecho; y quien gobierna asume ese rol por medios no democráticos.
Regímenes políticos con adjetivos:
Son subtipos de regímenes políticos. Por ejemplo, poliarquía, democracia delegativa / iliberal / tutelada / hegemónica
(subtipos de democracia), o dictadura, autoritarismo competitivo / plebiscitario / limitado (subtipos del autoritarismo).
Regímenes híbridos (ni democracia ni autoritarismo):
Un régimen híbrido es aquel que combina elementos de los regímenes democráticos y no democráticos. Un ejemplo
puede ser un régimen en el que haya elecciones libres, pero exista una “cancha inclinada” en favor del partido de
gobierno; o uno en el que la libertad de expresión esté asegurada pero no la de asociación.
En la historia de la Argentina pueden señalarse como regímenes híbridos los gobiernos de Justo, Perón, Frondizi, Illia e
Isabel Perón.
¿Cómo se transforma un régimen político en otro?
Se denomina transición al período de tiempo que transcurre entre un régimen y otro. Para que exista una transición,
debe haber cambios profundos en los valores de un indicador. Por esto, los regímenes pueden ser fluidos y cambiar en
la medida en que quienes ejercen el poder modifican sus políticas.
No es lo mismo un cambio de régimen que un cambio de gobierno. Un gobierno puede mantenerse en el poder y
cambiar el régimen, o un régimen puede mantenerse aunque cambie el gobierno.
Una transición de Argentina es la que se inicia con el gobierno de Frondizi, régimen híbrido que fue cambiando hacia uno
autoritario a partir de 1962 con la asunción de José María Guido.
Consideraciones sobre el populismo
Tres enfoques sobre el populismo
1) Touraine y Vilas: Esta perspectiva se relaciona con el contexto socioeconómico de pobreza y marginalidad social de
AL. Denominan el populismo como un modelo político que potencia y visibiliza un Estado presente que interviene en
aspectos sociales y crisis socioeconómicas, y que apela al pueblo/ciudadanía y a la centralidad del Estado como
agente de transformación.
Según esta definición, el populismo tiene vínculos estrechos con las DD ya que presenta la delegación del poder
característica de las DD.
2) Freidenberg: Define al populismo como una estrategia política llevada a cabo por un líder personalista para ejercer el
poder sin intermediación institucional, a través del apoyo directo y desorganizado de un gran número de seguidores.
Dice que es el resultado de la crisis de representación de los partidos políticos tradicionales, donde los líderes
populistas aparecen como la opción personalista de representación colectiva. Estos líderes son carismáticos,
personalistas y paternalistas y no reconocen mediaciones institucionales.
3) Laclau y De Ipola: definen el populismo como un tipo de discurso político que es capaz de articular un conjunto de
demandas insatisfechas de la sociedad a partir de una cadena de equivalencias, a la vez que divide el campo político
en dos, mediante la descalificación constante de los “otros”.
Dicen que lo que convierte a un discurso ideológico en populista es su apelación al pueblo como referente básico. El
líder es un “significante vacío”, ya que expresa y condensa todas las demandas de la cadena equivalencial, por lo que
la lealtad de sus seguidores se expresa hacia su figura, en lugar de hacia un programa político.
Cinco elementos para definir el liderazgo populista
● El populismo se presenta públicamente enfrentado a los intereses tradicionales de la política y la economía
aunque efectivamente no lo esté.
● Nadie puede intermediar en la relación directa y personal del líder con su pueblo. Por eso el populista no cree en
instituciones formales ni en partidos políticos.
● El líder populista polariza la sociedad a partir de la exclusión discursiva de quienes no opinan como ellos.
● Las acciones del líder populista son presentadas por él mismo como si fueran producto de decisiones de la
mayoría. Por lo que, mientras las decisiones atiendan la voluntad e intereses de la mayoría, no podrán ser
objetadas.
● El líder populista es para sus seguidores una persona extraordinaria en la que se debe confiar ciegamente
debido a sus dotes poco comunes. Por esto aparece el problema de la continuidad de estos gobiernos, dadas las
dificultades para reemplazar características personales.
Populismo global
Los líderes populistas de AL cuestionaron fuertemente orden institucional establecido, construyeron un discurso con la
dialéctica amigo-enemigo y rechazaron todo aquello que limitar su poder.
En AL durante el s XXI el populismo compartió una serie de políticas públicas:
- Multiplicaron la presencia del Estado.
- Focalizaron sus esfuerzos en retener los recursos obtenidos de la exportación de materias primas.
- Ampliaron derechos sociopolíticos.
- Intentaron llevar adelante mecanismos de redistribución de la riqueza.
Estas políticas públicas se debieron al precio récord que tuvieron las materias primas en los 2000’. Una vez que estos
valores volvieron a sus precios históricos, los líderes populistas se enfrentaron a profundas crisis.
Para sustentar este tipo de políticas buscaron engrandecer sus figuras con mitos del pasado e inventaron enemigos
comunes: los medios de comunicación, los organismos de crédito y Estados Unidos. Se buscaba así fragmentar a la
sociedad entre quienes apoyaban al líder, y el supuesto cambio que traía, y quienes se oponían, quienes eran acusados
de ser defensores de las oligarquías.
En AL los líderes populistas se autoidentifican con la izquierda; en Europa, con partidos de derecha (Austria, Dinamarca,
Finlandia, Holanda, Noruega, Suiza y Hungría).
Casos populistas en el mundo:
Perón, Menem, Yrigoyen. Vargas, Cardenas, Lugo.
➢ Donald Trump en EEUU.
➢ El Brexit en Gran Bretaña.
➢ Narendra Modi en la India.
Todos estos casos buscaban dividir a la sociedad y despreciar a las instituciones democráticas al situarlas como
impedimentos para el desarrollo de los planes de gobierno.
Dos casos paradigmáticos del populismo en la Argentina: Yrigoyen y Perón
Ambos movimientos se elaboraron a partir de fuertes liderazgos y un discurso basado en antinomias: el “pueblo” se
presentaba como enfrentado al “régimen” en el primer caso o a la “oligarquía” en el segundo.
La conducción carismática de Hipólito Yrigoyen provocó que el radicalismo abandonara el componente impersonal propio
de sus orígenes, donde “el partido se fundía con su figura”. Durante el primer mandato de Yrigoyen, entre 1916 y 1922,
se decía que “la Unión Cívica Radical es la nación misma bregando por liberarse de gobiernos usurpadores y
regresivos”.
Años más tarde, Perón fue asumiendo el rol de líder indiscutido, adoptando características populistas. Una vez
presidente, buscó equiparar su movimiento con la nación misma y en la oposición sólo podían encontrarse “traidores” a
esos ideales.
Tanto Yrigoyen como Perón construyeron liderazgos carismáticos. Si bien ambos líderes mantuvieron diferentes tipos de
relación con sus partidarios, los dos concitaron la misma pasión en sus seguidores y, por consiguiente, la misma
intensidad de odio en sus detractores.
Una diferencia entre ambos que atenúa el populismo en Yrigoyen es que la Unión Cívica Radical preexistía a su
liderazgo y no fue una organización que pudiera manejar a su antojo, ya que tuvo fuerte oposición de grupos internos
“antipersonalistas”. En el caso de Perón, el Partido Peronista fue construido por Perón mismo desde el Estado para
consolidar su poder y no condicionó al líder.
Otra diferencia es la sucesión: Yrigoyen no intentó reformar la Constitución para lograr ser reelegido y designó como su
sucesor a Alvear. Perón, en cambio, sí reformó las leyes para consolidar su poder.
En todos estos casos, más allá de las diferencias, el papel del liderazgo, el rol de los seguidores y la relación entre
ambos resultan claves para definirlos como populistas.
Los sistemas políticos contemporáneos. De la democracia a la poliarquía
El término “democracia” comúnmente hace referencia a la realización de elecciones y la participación, en el gobierno,
de un amplio sector de la sociedad.
Frente a la dificultad que presenta la utilización de este término, Robert Dahl propuso una visión minimalista, definiendo a
un régimen como democrático si sus gobernantes llegan al poder a través de elecciones legítimas.
¿Qué significa “poliarquía”?
Dahl planteó un nuevo concepto: la poliarquía, “democracias imperfectas”, siendo esta la manera más simple y que
mejor describe a las sociedades democráticas realmente existentes. La democracia sería más una idea que perseguir
que una realidad concreta. Entre sus características de encuentran:
● El derecho a votar y a ser votado.
● Las elecciones deben ser limpias y todos los votos deben valer lo mismo.
● Los funcionarios públicos electos no pueden ser condicionados por personas sin representación popular
electoral.
● Debe existir una alternativa frente al gobierno y cada ciudadano puede elegir a qué grupo acercarse.
● La existencia de libertad de expresión y variedad de información.
● Debe haber partidos diferentes con iguales posibilidades de llegar al poder y que, a su vez, representen
programas e ideas distintas.
El marco institucional de la poliarquía
Las instituciones de la poliarquía deben regirse bajo dos principios fundamentales: el de inclusión y el de contestación.
➢ El principio de inclusión se relaciona con la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos y en las
decisiones que se toman desde el gobierno.
➢ El principio de contestación se refiere a la existencia de competencia política, y haya lugar para la alternancia
de partidos y candidatos.
En la poliarquía, los partidos políticos juegan un rol clave.
Conclusiones. ¿La poliarquía como una versión “real” de la democracia?
La complejidad del concepto de democracia constituye un obstáculo sobre el sentido que se le otorga a su significado.
Así, la obra de Dahl evidencia su preocupación por analizar y comprender los sistemas políticos occidentales
contemporáneos llevando hacia la identificación del gobierno de muchos, en contraposición con el –utópico– gobierno
de todos.
UNIDAD 4
Algunas consideraciones en torno al concepto de democracia delegativa
Surgimiento de las democracias delegativas
Durante el siglo XX, las crisis sociales, económicas y políticas de AL se intentaron resolver con regímenes no
democráticos. Pero, a partir de la ola democratizadora de 1980, las respuestas no democráticas a las crisis no eran
opciones viables.
La combinación del retorno de la democracia y crisis económica significaba que un país pasaba de una dictadura a una
democracia en medio de la ilusión generalizada. Se recuperaba la libertad y la democracia y, a la vez, estas sucedían
con crisis económicas muy fuertes que esos gobiernos no podían resolver. Los contextos de gran temor y frustración
predisponen a la ciudadanía para el surgimiento de democracias delegativas.
Así, las grandes crisis predispusieron a los ciudadanos a apoyar a quien otorgue una promesa de solución, sin
preguntarse si esas promesas pueden ser o no efectivamente cumplidas.
Las democracias delegativas: una primera mirada
Las democracias representativas son regímenes políticos donde los ciudadanos, mediante el voto, eligen a sus
representantes. La ciudadanía puede controlarlos y las instituciones democráticas permiten una convivencia entre
oficialismo y oposición.
Las DD surgen en contraste con las democracias representativas, aunque tienen similitudes.
O’Donnell se preocupaba porque estos regímenes, sin dejar de cumplir algunos requisitos mínimos establecidos por
Dahl, se sostienen en la existencia de elecciones, pero no en las acciones posteriores. Esto implica que el candidato
ganador no tiene que legitimarse con un gobierno respetuoso de la ley y de las promesas hechas a sus electores, ya que
la condición delegativa de estas democracias implica que la ciudadanía solo se limita a delegar el poder soberano al que
triunfa en una elección.
Las DD no poseen características autoritarias. La élite gobernante accede mediante mecanismos democráticos y se
cumplen los requisitos mínimos de libertades políticas y civiles de la poliarquía. Sin embargo, una vez que el gobierno es
electo, queda poco espacio para que la ciudadanía participe de la toma de decisiones y las autoridades actúan
libremente para llevar adelante el programa de gobierno que deseen. Así, son las relaciones entre los poderes, y no
las presiones de la ciudadanía, las que definen los rumbos de las políticas del gobierno.
Características de las DD y diferencias con las democracias reppresentativas
➔ En ambas, los ciudadanos tienen la facultad de reunirse, agruparse políticamente y competir por el voto popular.
➔ Se distinguen por la forma en la que se toman las decisiones. En las DR, la toma de decisiones requiere del
acuerdo de los diferentes partidos políticos. En las DD, solo una persona/grupo de personas toma las decisiones sin
la necesidad/obligación de consensuarlas/ampliarlas/someterlas a la revisión de instituciones de control.
➔ En las DD, los liderazgos son carismáticos y se concentran en ellos todo el saber y la toma de decisión sobre cómo
salir de la crisis.
➔ En las DD, el presidente es la encarnación del país y del interés general; contradecirlo es contradecir a la Nación.
➔ En las DD, la única institución legítima es la presidencia; el resto de las instituciones debe obedecer o apartarse de
las decisiones del Estado. A diferencia, en las DR, las instituciones democráticas son espacios para la revisión de
las decisiones del Poder Ejecutivo.
➔ Las DD se caracterizan por su condición movimientista, es decir, se apoyan en movimientos sociales y no en
partidos políticos, ya que los movimientos permiten una mejor integración de las diferencias entre sus componentes.
Auge y decadencia de las DD
Como las DD surgen como la respuesta a crisis económicas y sociales, una vez superadas las crisis, el auge del modelo
delegativo comienza a caer. La oposición comienza a encontrar ecos en los cuestionamientos al accionar unilateral de
los presidentes, y al existir elecciones libres, la ciudadanía vota por una alternancia.
Las tensiones generadas por las prácticas de las DD generan cansancio y desgaste en la población que impactan en la
desacreditación del liderazgo presidencial, que es el sostén de la democracia delegativa.