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Fabulas

El documento presenta dos fábulas: 'El caballo y el asno', donde la falta de ayuda entre amigos lleva a la muerte del asno y al arrepentimiento del caballo, y 'La gallina de los huevos de oro', donde la avaricia del labrador lo lleva a perder su fortuna al matar a la gallina que ponía huevos de oro. Ambas fábulas transmiten moralejas sobre la importancia de ayudar a los demás y las consecuencias de la avaricia. Se enfatiza que no ayudar a otros puede resultar en un perjuicio personal.
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Fabulas

El documento presenta dos fábulas: 'El caballo y el asno', donde la falta de ayuda entre amigos lleva a la muerte del asno y al arrepentimiento del caballo, y 'La gallina de los huevos de oro', donde la avaricia del labrador lo lleva a perder su fortuna al matar a la gallina que ponía huevos de oro. Ambas fábulas transmiten moralejas sobre la importancia de ayudar a los demás y las consecuencias de la avaricia. Se enfatiza que no ayudar a otros puede resultar en un perjuicio personal.
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA AMAZONIA PERUANA

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÒN Y HUMANIDADES


LENGUA Y LITERATURA.

Estudiante: Fernandez Laulate Britney Alondra


Docente: Martha Isabel Vásquez Mesías

Fábulas:

El caballo y el asno.

Un caballo y un asno vivían en una granja y compartían, durante años, el


mismo establo, comida y trabajo que consistía en llevar fardos de heno al
mercado de la ciudad. Todos los días practicaban la misma rutina y seguían
por una carretera de tierra llevados por su dueño hasta la ciudad.

Un día, sin darse cuenta, el dueño puso más


carga a la espalda del asno que a la espalda del
caballo. En las primeras horas nadie se dio
cuenta del error del dueño, pero con el pasar del
tiempo, el asno empezó a sentirse muy cansado y
agotado. El asno empezó a sudar, a sentirse
mareado, y sus patas empezaban a temblar.

Cuando el asno ya no podía más, se paró y pidió a su amigo caballo:

- Amigo, creo que nuestro dueño se equivocó y puso más carga a mi espalda
que en la tuya. Estoy agotado y ya no puedo seguir, ¿será que podrías
ayudarme a llevar algo de mi carga?

El caballo haciéndose el sordo no dijo nada al asno. Le miró y siguió por la


carretera como si nada hubiera pasado.
Minutos más tarde, el asno, con cara de pánico y visiblemente decaído, se
desplomó al suelo, víctima de una tremenda fatiga, y acabó muriéndose allí
mismo.

El dueño, apenado y disgustado por lo que había pasado con su asno, tomó
una decisión. Echó toda la carga que llevaba el asno encima del caballo. Y el
caballo, profundamente arrepentido y suspirando, dijo:

- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un ligero fardo
ahora tengo que cargar con todo!

MORALEJA: Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu prójimo que
honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese momento, en realidad te estás
perjudicando a ti mismo.

La gallina de los huevos de oro


Érase un labrador tan pobre, tan pobre, que ni siquiera poseía una vaca.

Era el más pobre de la aldea. Y resulta que un día, trabajando en el campo y


lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo:
- Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie.
Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de
oro.
El enanito desapareció sin más ni más y el labrador llevó la gallina a su corral.

Al día siguiente, ¡oh sorpresa!, encontró un


huevo de oro. Lo puso en una cestita y se fue
con ella a la ciudad, donde vendió el huevo
por un alto precio. Al día siguiente, loco de
alegría, encontró otro huevo de oro.

¡Por fin la fortuna había entrado a su casa!


Todos los días tenía un nuevo huevo.
Fue así que poco a poco, con el producto de
la venta de los huevos, fue convirtiéndose en
el hombre más rico de la comarca.

Sin embargo, una insensata avaricia hizo presa su corazón y pensó: ¿Por qué
esperar a que cada día la gallina ponga un huevo? Mejor la mato y descubriré
la mina de oro que lleva dentro.

Y así lo hizo, pero en el interior de la gallina no encontró ninguna mina.

Moraleja: A causa de la avaricia tan desmedida que tuvo, este tonto aldeano
malogró la fortuna que tenía.

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