0% encontró este documento útil (0 votos)
103 vistas4 páginas

Las Escuelas Helenísticas

Las escuelas filosóficas de la época helenística se enfocaron en la búsqueda de la felicidad individual y la seguridad personal, alejándose de las instituciones políticas y los dioses. Estas escuelas, como el cinismo, escepticismo, hedonismo y estoicismo, ofrecieron diferentes enfoques sobre cómo alcanzar la eudaimonía a través de la autarquía y la ataraxia, enfatizando la importancia de la vida en comunidad y el cuidado del alma. Cada escuela propuso métodos específicos para lidiar con el malestar existencial y la búsqueda de la verdad, promoviendo una vida centrada en la moderación y la virtud.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
103 vistas4 páginas

Las Escuelas Helenísticas

Las escuelas filosóficas de la época helenística se enfocaron en la búsqueda de la felicidad individual y la seguridad personal, alejándose de las instituciones políticas y los dioses. Estas escuelas, como el cinismo, escepticismo, hedonismo y estoicismo, ofrecieron diferentes enfoques sobre cómo alcanzar la eudaimonía a través de la autarquía y la ataraxia, enfatizando la importancia de la vida en comunidad y el cuidado del alma. Cada escuela propuso métodos específicos para lidiar con el malestar existencial y la búsqueda de la verdad, promoviendo una vida centrada en la moderación y la virtud.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ESCUELAS FILOSÓFICAS EN LA ÉPOCA HELÉNISTICA

La finalidad del ser humano para Aristóteles, la felicidad, se buscará a


partir de la época helenística en las ocupaciones individuales. Y estas
ocupaciones se centrarán en la búsqueda del yo, desorientado sin el referente
de la polis. Así, la seguridad personal y la felicidad individual se convertirán en
las grandes aspiraciones de la época.
Las escuelas filosóficas de la época helenística se preocuparán, entre
otras investigaciones, de proporcionar recetas de vida que llenen el vacío vital
del ser humano, de instruir acerca de cómo se han de cuidar las personas de sí
mismas y de su alma.
Comparten todas las escuelas las siguientes características:
a) La filosofía no puede llevarse a cabo más que por una comunidad de
vida y a través del diálogo entre maestros y discípulos en el seno de una
escuela: se le da mucha importancia filosófica a la vida en común.
b) Comprenden la filosofía como una terapia que sana los males del alma
frente al malestar existencial producido por el temor a la muerte, la
expectativa del dolor físico, el luto por los valores perdidos y el
desasosiego frente a lo desconocido.
c) Sus propuestas filosóficas están alejadas de la creencia en los dioses y
de las instituciones políticas que premian o castigan a sus ciudadanos.
Las instituciones políticas en el helenismo tuvieron poco protagonismo:
las ciudades helenísticas tuvieron un mayor protagonismo de tipo
educativo y cultural y un muy disminuido, por no decir inexistente
protagonismo político.
d) La perspectiva desde la que sitúan al ser humano es análoga a la de la
astronomía: el ser humano es un ser diminuto en un cosmos inmenso. La
expectativa humana no será, pues, la transformación del mundo, sino la
comprensión de la necesidad íntima y el cuidado de sí.
e) La mayoría de las escuelas helenísticas tienen una concepción monista
del ser humano: no somos un compuesto de cuerpo y alma (aunque en
ocasiones se hable en esos términos).
e) La mayoría de estas escuelas comparten estos dos ideales de vida:
1) La autarquía: bastarse a sí mismos.
2) Ataraxia: imperturbabilidad de ánimo. (Podía ir acompañada de
la aphasia.)
Escuelas:
Cinismo: Antístenes (444 a.C.- 365 a.C.), Diógenes de Sínope (412 a.C.- 323
a.C.), Bión de Borístenes (325 a.C.- desconocida).
Partidarios de un modo de vida ascético y centrado en el cultivo de la
virtud. Reinterpretaron la doctrina de Sócrates afirmando que la civilización y su
forma de vida era un mal y que la felicidad venía dada por una vida simple y
acorde con la naturaleza. El ser humano lleva dentro de sí los elementos para
ser feliz y conquistar su autonomía: ese es el verdadero bien.
El objetivo en la vida es la eudaimonía o claridad mental, a la que se llega
liberándose del “humo”, i.e., de las falsas creencias, de la insensatez, las
locuras y la presunción. Una persona progresa hacia la claridad a través de
prácticas ascéticas (privación de placeres materiales) que le ayudan a liberarse
de las influencias de la fama, la riqueza y el poder, que no tienen valor en la
naturaleza.
La felicidad depende de la autosuficiencia (autarquía), la ecuanimidad, la
virtud, la franqueza en el hablar y la indiferencia ante las vicisitudes de la vida.
Es por ello que los cínicos subrayan la importancia de ser libres fundar el valor
de la vida en sí mismos y no en sus atributos (posesiones y honores), por lo que
se desligan de la cortesía y las convenciones sociales.
Es posible que el término “cosmopolita” fuese acuñado por Diógenes, que
solía decir que él era un ciudadano del mundo.
Escepticismo:
El término “escepticismo” proviene del griego “skeptikós”, que significa observar,
examinar, mirar atentamente. Pirrón de Elis (360 a.C- 270 a.C) fue quien fundó
esta escuela, cuyo lema fundamental fue la suspensión del juicio (epojé): optar
por no juzgar ni sentenciar, concediendo el asentimiento solamente a lo que es
evidente. El objetivo último de esta proclama era alcanzar la paz del alma
(ataraxia), que era la paz resultante de no comprometerse con ninguna visión
del mundo.
No juzgar o sentenciar es la consecuencia de la tesis fuerte del escepticismo:
no es posible para el ser humano alcanzar la verdad, sino solamente algún
grado de probabilidad. Esto tiene otra consecuencia importante en el plano
moral: no podemos saber con certeza si una cosa es buena o mala, por lo que
se impone siempre una duda natural que nos aleja del fanatismo. Con esa
disposición de ánimo es como podemos llegar a no pronunciarnos sobre nada y
conseguir la ataraxia o serenidad de espíritu.
Hedonismo o epicureísmo:
Epicuro (341 a.C. – 270 a.C) fundó el epicureísmo en el año 306 a.C. en
Atenas. Congregó a sus seguidores en un lugar denominado “Jardín” y la
escuela se hizo famosa por el cultivo de la amistad (la amistad epicúrea).
El epicureísmo es, pues, una filosofía práctica que busca mejorar la vida del ser
humano partiendo de una doble necesidad: eliminar el temor a los dioses y
desprenderse del temor a la muerte.
Lo primero se consigue siendo consciente de que los dioses, dada su
perfección, no se ocupan de los asuntos humanos. No es es que Epicuro sea
ateo, sino que defiende que los dioses son indiferentes a los destinos humanos.
Lo segundo se consigue advirtiendo que mientras se vive, no se tiene la
sensación de muerte y cuando estamos muertos, no se tiene sensación alguna.
Teniendo esto en cuenta, la finalidad de la vida consiste en alcanzar la felicidad
a través de la autarquía y de la ataraxia, no para insensibilizarnos, sino para
alcanzar un estado mental de ausencia de temor, de dolor, de pena y de
preocupación. El ser humano debería suprimir todos los obstáculos que se
oponen a la felicidad y cultivar aquello que contribuya a aumentarla. Aquello que
contribuye a aumentar la felicidad es la obtención del placer y la evitación del
dolor. Los sabios no son los que se abstienen de los placeres, sino los que
saben gozar moderadamente de lo natural y lo necesario. No se elimina ningún
placer (físico, corporal o espiritual). Pero como algunos placeres pueden ser
perjudiciales, alcanzar la felicidad exige un sabio cálculo de las consecuencias
que se derivan de nuestros actos, puesto que podemos llegar a alcanzar
placeres que a la larga nos ocasionen más dolor, o sufrir pequeños dolores que,
a la postre, nos produzcan una felicidad más duradera.
Epicuro distingue entre placeres materiales (comida, bebida, etc.) y placeres
espirituales o del alma (sentimientos de alegría, de ausencia de miedo o
preocupaciones, recuerdos agradables, el cultivo de la amistad), y entiende que
la moderación de los primeros es condición sine qua non para alcanzar la
felicidad y poder disfrutar de los segundos. La otra condición es, como se ha
apuntado, un sabio cálculo de las consecuencias de nuestras acciones.
«Y como es el bien primero y connatural, por eso no elegimos todo placer, sino
que a veces omitimos muchos placeres, cuando de estos se desprende para
nosotros una molestia mayor; y consideramos muchos dolores preferibles a
placeres, cuando se sigue para nosotros un placer mayor después de haber
estado sometidos largo tiempo a tales dolores. Todo placer, pues, por tener una
naturaleza apropiada [a la nuestra], es un bien; aunque no todo placer ha de ser
elegido; así también todo dolor es un mal, pero no todo [dolor] ha de ser por
naturaleza evitado siempre»
Epicuro, Carta a Meneceo
Estoicismo
Es una escuela filosófica fundada por Zenón de Citio (334 a.C – 262 a.C) en
Atenas, a finales del siglo III a.C. Esta filosofía ética afirma que la aspiración
máxima del ser humano es alcanzar la felicidad (eudeimonia), y que esta
consiste en el ejercicio constante de la virtud (control de los pensamientos y las
emociones) y en la propia autosuficiencia (autarquía), que permite al ser
humano desasirse de los bienes externos.
El primer imperativo ético del estoicismo es vivir conforme a la naturaleza: para
vivir una vida buena hay que entender las reglas del orden natural. En la
naturaleza todo opera según un logos corpóreo, una materia organizada que
vertebra y causa todo lo que sucede (el pneuma). Este logos dota al universo de
una naturaleza racional: todos los hechos ocurren por una razón, todo está
interconectado. La dedicación del ser humano a entender el orden racional de
las cosas le hará más racional. Y la razón será el principio rector para
determinar nuestros deberes. El deber (la responsabilidad) es uno de los
conceptos fundamentales del estoicismo, que implica actuar de acuerdo a la
razón y a la naturaleza, siguiendo un conjunto de principios éticos universales.
El hecho de que para los estoicos todo esté interconectado les aboca a una
concepción determinista del universo (del que el ser humano forma parte) y, por
tanto, al problema de cómo conciliar la libertad en un mundo mecanicista, un
mundo regido por las relaciones necesarias de causa y efecto. Se enfrentarán a
este problema proponiendo que la libertad del ser humano consiste en el hecho
de que cada uno debe regirse de acuerdo a sus principios (“de acuerdo a la
razón”) y no siguiendo sus pasiones o automatismos mecánicos.
Así, su doctrina filosófica estaba basada en el dominio y control de las pasiones
y emociones que perturban la vida, valiéndose de la valentía y la razón de
carácter personal. La felicidad, para esta escuela, radica en la aceptación del
destino, en el combate contra las fuerzas de la pasión que producen la
intranquilidad y en el autodominio, que nos conduce a la apatía (ausencia de
pasiones o emociones) y, por tanto, a la ataraxia. Adoptar una actitud estoica
frente a la vida implica asumir la responsabilidad de nuestras acciones y
decisiones, viviendo de acuerdo con nuestros deberes y valores fundamentales.

También podría gustarte