0% encontró este documento útil (0 votos)
113 vistas18 páginas

Cuarta Ola del Feminismo: Nuevas Luchas

La cuarta ola del feminismo busca redefinir las luchas feministas del siglo XXI, enfocándose en un feminismo radical y militante que politiza la diferencia sexual y desafía las estructuras de poder del capitalismo y el patriarcado. Esta ola propone un modelo de 'cuidadanía' que prioriza la interdependencia y la sostenibilidad de la vida, en contraposición al individualismo del feminismo liberal. Además, critica el neoliberalismo por perpetuar desigualdades y aboga por una transformación social que incluya a todas las identidades y experiencias en la lucha feminista.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
113 vistas18 páginas

Cuarta Ola del Feminismo: Nuevas Luchas

La cuarta ola del feminismo busca redefinir las luchas feministas del siglo XXI, enfocándose en un feminismo radical y militante que politiza la diferencia sexual y desafía las estructuras de poder del capitalismo y el patriarcado. Esta ola propone un modelo de 'cuidadanía' que prioriza la interdependencia y la sostenibilidad de la vida, en contraposición al individualismo del feminismo liberal. Además, critica el neoliberalismo por perpetuar desigualdades y aboga por una transformación social que incluya a todas las identidades y experiencias en la lucha feminista.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La cuarta ola del feminismo ola feminista, diversa, múltiple (hooks,

2017), y el libro de Paul. B. Preciado


Un feminismo del 99%.
es un claro ejemplo; un ejemplo de
N. Alabao; L. Cadahia; G. Cano; M.
deconstrucción combativa de las prác-
Castejón; A.G. Adelantado; T. Llagu-
ticas heteronormativas, de asumir que
no; S.L. Gil; J. Montero; Cl. Serra y
en el escenario del nuevo capitalismo
F. Vila.
toda política es ya biopolítica en su
2018. Madrid: Lengua de Trapo.
acepción foucaultiana (Vila, 2018), y
Manifiesto de un feminismo para el en la acepción de Preciado, farmaco-
99%. pornográfica. Una ola de un activismo
C. Arruzza; T. Bhattacharya, y N. feminista radical, militante y con una
Fraser definición diferente de lo que entiende
2019. Barcelona: Herder. por cuestión feminista el liberalismo.
Manifiesto contrasexual. Bajo el feminismo liberal, la diferencia
Paul B. Preciado sexual se naturaliza, se esencializan las
2019. Barcelona: Anagrama (3.ª preferencias sexuales, los deseos, pues
ed.). se los tiene como realidades determi-
nadas biológica o evolutivamente. En
Los libros de Alabao et alii y de Arru- contra, el feminismo radical politiza la
za et alii tratan del «feminismo para el diferencia sexual, difuminando la dis-
99%», y ambos afrontan los retos que tinción sexo/genero, haciendo del gé-
el feminismo del siglo xxi tiene para nero el aparato de producción median-
reorientar las luchas feministas hacia te el que los sexos mismos se establecen
el resto de la ciudadanía. Para ello se (Preciado, 2013). En este sentido, para
requiere de otro feminismo, de una Butler (2006), no solo el género deja
nueva ola del feminismo, de una cuarta de estar dictado por la anatomía, sino

RIO, Nº 24, 2020 403


Revista de Libros

que esta no impone límite alguno a ferencia sexual que biologiza lo feme-
las posibilidades del género. Se trata nino y lo masculino como hombre y
de asumir la afirmación de Beauvoir mujer. Una ola que lanza la idea de que
(1978) de que la mujer no se define nunca más una huelga podrá denomi-
por sus hormonas, ni por instintos narse «general» si no contempla la del
misteriosos, sino «por la forma en que ámbito del trabajo de cuidados, si no
se percibe, a través de las conciencias contempla «el poder de aquellas cuyo
ajenas, su cuerpo y su relación con el trabajo remunerado o no remunerado
mundo, más adelante ya no es posible sostiene el mundo», si no hace visible
impedir que la mujer sea lo que ha sido «el papel indispensable que desempe-
hecha». De este modo, cualquier so- ña el trabajo no remunerado y de géne-
porte físico es el posible reservorio del ro en la sociedad capitalista» (Arruzza
género, y es que la condición sexual no et alii, 2019).
es nada distinto a una «performance», Una ola que cuestiona el modelo
a una «estilizada repetición de actos», de ciudadanía pasiva «que construye a
el resultado de un «acto performativo» las mujeres como seres dependientes,
(Butler, 2005). receptores pasivos de tutela, asistencia
La cuarta ola plantea un feminismo o prestaciones por parte de los varones
de mayorías, un feminismo lo suficien- y/o del Estado paternal que actúa mo-
temente vacío para hacer política de vido por la misma lógica protectora/
mayorías con él y lo suficientemente controladora» (Rodríguez, 2010). En
definible para dotarlo de «un ethos ra- su base se encuentra lo que Pateman
dical y transformador», que problema- (1996) apodó «contrato social/se-
tiza la categorización binaria hombre/ xual», mediante el cual «se construyó
mujer. Una ola de feminismo conec- la dicotomía entre la esfera pública de
tada «con los activistas antirracistas, la independencia, considerada territo-
con los ecologistas y con los activistas rio de los varones, y la esfera privada
de los derechos de los trabajadores y de la gestión de la dependencia, con-
de los emigrantes» (Arruzza et alii, siderada territorio de la naturaleza y
2019). Un feminismo que, mediante terreno natural de las mujeres». Bajo
las nuevas tecnologías (Internet y las esta dicotomía se ha construido el mito
redes sociales), señala que, para llegar liberal, marcadamente masculino, de la
a una sociedad justa, el feminismo ha autonomía e independencia del indivi-
de ser transnacional, antipatriarcal, an- duo, y el modelo de ciudadanía mascu-
ticapitalista. Un feminismo en contra lino, el modelo de ciudadano trabaja-
de las alianzas entre el capitalismo y dor de la segunda posguerra mundial,
el patriarcado (Nijensohi, 2018), y en que teorizaba «el acceso a la ciudada-
contra de la ontología liberal de la di- nía de una parte de la población, a sa-

404 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

ber, los varones blancos trabajadores», La cuarta ola lanza también la idea
haciendo abstracción de otros grupos de que «la independencia económica
poblacionales presentes en el Estado per se no es capaz de dinamitar las re-
como las mujeres. Abstracción necesa- laciones de poder que recorren el mer-
ria como condición «para que los va- cado laboral» en las que intervienen
rones pudiesen funcionar en la esfera dinámicas atávicas de discriminación
pública (social, laboral, política) como relacionadas con «la genialidad mascu-
seres independientes. No se trata pues lina y las relaciones de poder que van
de que el contrato social excluyese a más allá de este mercado laboral» pero
las mujeres; las mujeres quedaban in- que influyen en él (ser madre o no, la
cluidas en el contrato social, sí, pero corresponsabilidad, la edad, asumir
desde su periferia, como forjadoras en actitudes masculinizadas para poder
el espacio privado, de las condiciones sobrevivir…) (Vila, 2018; Montero,
de posibilidad de lo cívico», de la ciu- 2018; Rodríguez, 2003; Ruiz y Mi-
dadanía independiente. Frente a este randa, 2018). Dinámicas que, señala
modelo de ciudadanía masculina con Rodríguez (2010), «son fruto de des-
base en la noción de independencia del equilibrios de poder entre colectivos,
individuo, que no deja de ser un mito en este caso, entre los varones, y las
liberal-capitalista, la cuarta ola va a mujeres, diferencias que se erigen a
asumir en su lugar la interdependencia su vez en causas que retroalimentan
y la naturaleza relacional de las perso- esos mismos desequilibrios, situando a
nas, va a vindicar frente al modelo de un colectivo, en este caso los varones,
ciudadanía un modelo de cuidadanía, en una situación de prevalencia sobre
que pone la sostenibilidad de la vida, el otro, en este caso, las mujeres». En este
derecho a cuidarnos y a que nos cuiden sentido, el termino discriminación hace
en el centro del entramado social, que referencia a lo que Rodríguez (2010)
ve al individuo como un ser, no aisla- denomina «discriminación intergru-
do, sino relacional. En este sentido, el pal», y que es el resultado «de desequi-
término de cuidadanía capta la esencia librios estructurales de poder entre
de la crítica de la cuarta ola a la noción colectivos sociales». Por tanto, cuando
clásica de ciudadanía como una noción «nos enfrentamos a casos de discrimi-
«de corte individualista y de base ca- nación, no nos enfrentamos a situa-
pitalista y patriarcal que gira en torno ciones aisladas, desconectadas entre
al mito del individuo independiente sí, sino a manifestaciones individuales
frente al que todos y todas nos vemos de un fenómeno colectivo», a mani-
obligados/as a medir nuestra aptitud festaciones normalizadas de género, a
ciudadana» (Rodríguez, 2010). un orden de género, que opera como
dispositivo de producción de subjeti-

RIO, Nº 24, 2020 405


Revista de Libros

vidades y que actúa constriñendo a los «con la perspectiva liberal y el enfoque


sujetos y sus cuerpos en un entramado meramente individualista, centrado en
de relaciones de poder. En este sentido, la cuestión de los salarios en las gran-
el género, como forma primaria de las des empresas y en instituciones como
relaciones de poder, y el orden social el ejército» (Castejón, 2018). Un femi-
«son parte del mismo engranaje donde nismo que se ha vuelto «corporativo»,
convergen prácticas que regulan el fun- que considera la reproducción social
cionamiento de los sujetos femeninos como un problema privado, «que se
y masculinos y, simultáneamente, los resuelve individualmente con dinero,
habilitan para operar en ellas» (Rebo- con renuncias, o con crisis personales
lledo y Valdés, 2018). o sociales que se van exportando a las
Una ola que para redefinir las re- regiones más pobres, hacia los más
laciones de poder entre los sexos/ débiles». Un feminismo preocupado
géneros se desprende del carácter se- solamente «por “romper el techo de
xuado de la concepción moderna de cristal”, que cobró relevancia y senti-
ciudadanía, concepción apoyada en do dentro de aquello que he llamado
la existencia del dimorfismo sexual, y ¿neoliberalismo progresista?» (Fraser,
opta por el modelo de cuidadanía, en 2018). Un feminismo que «interesa a
contra del binarismo y de la visión es- un grupo muy privilegiado de mujeres
tereotipada del individuo, concebidos y que, con su posición, y el ejercicio de
en masculino. Una ola de feminismo su poder de clase, de raza, de estatus,
indignada e insatisfecha con el femi- etc., estarían apoyando y legitimando
nismo individualista chic o publicitario un tipo de sociedad que interpreta la
o feminismo mainstream o con la deri- jerarquía como meritocracia y logro in-
va que había estado tomando el femi- dividual, mientras mina cualquier soli-
nismo liberal hegemónico en Estados daridad colectiva, y renuncia a los va-
Unidos, a partir de la década de los lores de igualdad y justicia social», que
ochenta. Un feminismo que propor- en el esquema transformador de Fraser
ciona la coartada perfecta al neolibera- (2000) se deberían arbitrar «mediante
lismo. Un feminismo «de las mujeres mecanismos políticos que activaran
con poder: las gurús empresarias que tanto el reconocimiento social y cultu-
predican el lean in, las femócratas que ral como la redistribución económica»
presionan por el ajuste estructural y el (Vila, 2018; López Gil y Cano, 2018;
microcrédito en el Sur global, y las po- Serra, 2018a, 2018b; Arruzza et alii,
líticas profesionales en traje chaqueta 2019).
que cobran honorarios de seis cifras De esta forma, para el feminismo
por dar conferencias en Wall Street» del 99%, la fuente real de la crisis y de
(Arruzza et alii, 2019). Un feminismo la miseria es el capitalismo neoliberal,

406 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

que Santos (1999) definió de «nuevo ma normativa de familia o sexo;


fascismo societal», y Boltansky y Chia- muchas están ahora dispuestas
pello (2002) como «nuevo espíritu del a permitir que un número signi-
capitalismo». Un nuevo espíritu que ha ficativo de sus empleados vivan
dado lugar a una reivindicación neoli- fuera de familias heterosexuales,
beral de la subjetividad humana asen- siempre y cuando acaten las nor-
tada en un individualismo posesivo mas en el lugar de trabajo o en el
que tiende a consagrar una percepción centro comercial. También en el
absolutamente micro de la sociedad. mercado la disidencia sexual en-
Percepción que identifica racionalidad cuentra un nicho como fuente de
con la racionalidad individual, ponien- imágenes publicitarias atractivas,
líneas de productos, estilos de
do entre «paréntesis las condiciones
vida y placeres envasados. El sexo
económicas y sociales respecto a las
vende en la sociedad capitalista, y
normas racionales y de las estructuras
el neoliberalismo lo comercializa
económicas y sociales que son la condi-
en diferentes sabores.
ción de su ejercicio» (Bourdieu, 2002).
Racionalidad que domina las relacio- La respuesta a esta solución, a esta
nes económicas de los que dominan, y forma de normalizar las formas del
convertida en programa político de ac- sexo, de normalidad sexual capitalista,
ción ofrece a los dominados autonomía la cuarta ola feminista, responderá que
individual, la obligación de autoexplo- el neoliberalismo sexual acepta como
tarse a sí mismos, es decir, a un con- incontrovertibles las condiciones es-
formismo generalizado, a una buena tructurales que alimentan la misoginia,
voluntad individual para resolver, con la homofobia, la lesbofobia y la trans-
soluciones individuales y privadas, los fobia, incluyendo el papel de la familia
problemas sociales y públicos vincula- en la reproducción social. Se trata, des-
dos con la reproducción social. de el feminismo de la cuarta ola, de lu-
Así, el capitalismo neoliberal, a tra- char «por liberar la sexualidad no solo
vés de sus grandes empresas, «fomenta de la procreación y de las formas de la
el individualismo, la domesticidad y familia normativa, sino también de las
el consumismo». Un capitalismo cada restricciones de género, clase y raza y
vez más financiarizado, globalizado y de las deformaciones del estatismo y el
desfamiliarizado. Un capitalismo que: consumismo» (Arruzza et alii, 2019).
Por lo demás, en la sociedad capitalis-
[…] ya no se opone implacable-
ta, las grandes compañías ofrecen a las
mente a las manifestaciones de
mujeres a ayudarlas «financieramente
sexo/género queer y no-cis. Tam-
poco las grandes corporaciones
a congelar para que sigan trabajando
insisten ya en una y solo una for- y dejen la maternidad para más ade-

RIO, Nº 24, 2020 407


Revista de Libros

lante». La respuesta a esta solución, ma neoliberal maneja abiertamente


la cuarta ola feminista, «como ideario no solo el aparato militar, sino tam-
transformador», responderá articulan- bién el arma de la deuda, ya que ataca
do producción y reproducción social descaradamente cualesquiera poderes
atendiendo al orden de género, de clase públicos o fuerzas políticas que pue-
y raza; tejiendo alianzas que resistan a dan desafiarlo, por ejemplo, anulando
los procesos de mercantilización, que elecciones y referendos que rechazan la
amplíen la protección social y que in- austeridad, como en Grecia en 2015,
cidan en la emancipación personal y o evitando aquellos que pudieran ha-
colectiva; es decir, el feminismo dará cerlo, como en Brasil en 2017-2018».
respuesta a la justicia social y cultural Por lo demás, en todo el mundo, las
y al deseo de tener una vida propia por crisis políticas arraigan en la estructura
parte de las mujeres y otros sujetos institucional de la sociedad capitalista,
oprimidos y excluidos, a la vez que lu- profundamente antidemocrática. Esta
chará contra todo tipo de jerarquías de sociedad
género, raza, identidad sexual, control […] separa «lo político» de lo
de la reproducción de la especie, etc. «económico», la «violencia legí-
(Montero, 2018; Llaguno, 2018). tima» de la «coacción silenciosa»
El feminismo para el 99% es an- del mercado. La consecuencia es
ticapitalista, antirracista y antiim- declarar vastas franjas de la vida
perialista, dado que «el racismo, el social fuera de los límites del con-
imperialismo y el etnonacionalismo trol democrático, entregándolas
son contrafuertes esenciales de la mi- a una directa dominación cor-
soginia generalizada y del control so- porativa. En virtud de su misma
bre los cuerpos de todas las mujeres. estructura, por tanto, el capitalis-
Puesto que su acción nos perjudica a mo nos priva de la capacidad de
todas, todas debemos luchar contra decidir de forma colectiva exacta-
ellos con uñas y dientes». Un feminis- mente qué y cuánto producir, con
mo, por tanto, político y ecosocialista, qué base energética y a través de
al resultar ser el capitalismo desesta- qué tipos de relaciones sociales
bilizador de sus propias condiciones (Arruzza et alii, 2019).
ecológicas de posibilidad, «agotando el Las crisis capitalistas son también
suelo y mermando la riqueza mineral o sociorreproductivas. Por lo que el fe-
emponzoñando el agua y el aire». Un minismo para el 99% va contra las
feminismo que reconceptualiza el capi- estructuras normativas de género y
talismo y sus crisis, que no son única- sexualidad; un feminismo que reclama
mente crisis económicas, sino también los «género fluidos», y que efectúa una
políticas. De hecho, «el actual progra- revisión crítica y reconstrucción de las

408 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

categorías con las que hasta finales del Además, el feminismo para el
siglo xx se trabajaba. Un feminismo en 99%, ha hecho de la despatologiza-
contra de los patrones de diferencia- ción del movimiento LGTIBQ+ una
ción, desigualdad y jerarquización im- prioridad en su agenda reivindicativa,
perantes en la sociedad capitalista, una y denuncia la naturalización de las es-
sociedad androcéntrica, blanca, hete- tructuras de poder que subyacen en el
rosexual, y que mediante la diferencia feminismo liberal (Sedgwick, 1998;
sexual genera un sistema de explota- 2002). Así, muestra cómo la organi-
ción patriarcal del trabajo de repro- zación heteropatriarcal de la familia,
ducción y un sistema de desigualdad y los modelos de feminidad y mascu-
y de exclusión social que padecen las linidad, lejos
personas lesbianas, gais, transexuales, de ser cuestiones «privadas» re-
transgénero, intersexuales y bisexuales. sultan, señala Romero (2003),
Posiciones que Butler (2001) define profusa y públicamente patrulla-
como «impensables e invivibles», y que das: la maternidad o su posibili-
no se pueden reducir a conflictos de dad como aspectos inhibidores de
reconocimiento, como pretende Fraser ofertas de empleo y como lastre
(1997), pues «las distintas posiciones en el currículo; la naturalización
sociolaborales e identitarias nunca se del trabajo doméstico y el cuida-
definen sobre una única relación dife- do de los hijos como labor feme-
rencial como parece dejar traslucir el nina prioritaria lo que sustenta
análisis de Fraser: nunca somos sólo la «doble jornada» y los enormes
mujeres, sino al tiempo ocupamos desequilibrios en la distribución
posiciones de clase, étnico-raciales, de de los tiempos y las tareas en el
preferencia sexual, o de capacidad que hogar; la interpretación del em-
aparecen marcadas o no marcadas en pleo femenino como secundario o
contextos concretos». En este sentido, adyacente, lo que se traduce en sa-
cuando Fraser afirma que las injusti- larios más bajos y «feminización
cias de las que son objeto las personas de la pobreza» —particularmen-
gais, un colectivo ciertamente elusivo, te en hogares donde la principal
«son resultado de faltas de reconoci- proveedora es una mujer; o la
miento en lo social y no a justicias re- situación de dependencia e in-
distributivas, porque hay personas gays seguridad de la «amas de casas»,
en todas las esferas del empleo, no pa- solo consideradas en relación con
rece considerar que la mayoría no está el trabajo de sus parejas.
en el ámbito del empleo en cuanto per- El feminismo para el 99% es en-
sonas gay, sino como heterosexuales» tonces un feminismo prosexo y anti-
(Romero, 2003). censura, un feminismo, en la línea de

RIO, Nº 24, 2020 409


Revista de Libros

Despentes (2008), radical, poscolonial, funcionales cumplen con la norma.


no esencialista, queer, punk, transexual Ellas sí que son una minoría, una
y contracultural. Un feminismo político minoría socialmente privilegiada, […]
contra la norma heterosexual; un femi- y que han escrito la historia del femi-
nismo que da cuenta del largo historial nismo a su imagen y semejanza». Un
de subestimaciones de las vindicaciones feminismo para el 99% que ha com-
feministas, y que apuesta por una femi- prendido que «el género mujer era una
nidad proscrita, canalla, esperpéntica. maldita trampa, un territorio asolado,
Un feminismo en contra de la femini- confinado en dulces espejismos», por
dad prescrita por el feminismo legiti- lo que hay que «dejar de creer que los
mado blanco e ilustrado. Un feminismo palos pueden venir sólo de un ser con
que inventa nuevas formas de lucha más rabo. Reconocer que entre nosotras
allá de la genealogía viril de la izquierda. también hay violencia, que una mujer
Un feminismo en contra de la homofo- puede ser una exquisita maltratadora o
bia, de la lesbofobia, de la transfobia, de una chantajista profesional o una per-
la estigmatización de la prostitución y sona indeseable. Aunque sea feminista,
de la pornografía, y, en consecuencia, de o lesbiana, o tu mejor amiga» (Ziga,
las feministas antipornográficas de la 2009a).
organización Women Against Porno- Un feminismo que transgrede la
graphy (Dworkin, Mackinnon…). Un frontera entre lo político y lo íntimo
feminismo que no habla, como afirma —«lo personal es político»—, que vin-
Ziga (2009; 2016), de una feminidad dica que su sujeto político va más allá
dulce y autocomplaciente, más bien rei- de la categoría mujer, que parodia la
vindica no la feminidad «de las chicas feminidad, denunciando las nociones
buenas, sino la de las perras malas. Una de normalidad o de tolerancia y los
feminidad extrema, radical subversi- intrincados nexos de poder que some-
va, espectacular, insurgente, explosiva, ten a las personas ( Halberstam, 2008;
paródica…». Un feminismo que, en la POST-OP, 2013; Platero, 2013). Un
línea del Manifiesto SCUM de Valerie feminismo que va más allá de la femini-
Jean Solanas contra «el estupidizante dad y la masculinidad, que efectúa un
sistema heteropatriarcal capitalista», replanteamiento de la estructura social
no solo atiende a la opresión de géne- en la que vivimos, mediante el análisis
ro, porque «¿quiénes son las mujeres crítico del binarismo heteronormativo,
a las que solo afecta la opresión de de la visión dicotómica y heteronorma-
género? Las blancas, heterosexuales, tiva, es decir, de la diferencia de género
burguesas, pertenecientes a un pueblo y de sexo, entre lo que se delimita como
no colonizado, diagnosticadas como mujeres, por un lado, y hombres, por
mujeres al nacer y cuyas capacidades otro, entre lo que se entiende como la

410 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

construcción de sí para sí, tanto a ni- contra el deseo y la seducción es una


vel emocional («los chicos no lloran» y gran trampa de la que tenemos que es-
«no necesitan ayuda») como material a capar. Y nada hará menos neutralizable
través de la inserción en el mercado (el nuestra batalla contra el acoso sexual
empleo y/o el consumo) y lo que se en- que la defensa, a la vez, de la libertad
tiende como la construcción de sí para sexual, de la seducción y del deseo»
el resto, haciendo lo necesario para ga- (Serra, 2018a). Defensa que nos obliga
rantizar el bienestar ajeno (Orozco y a «desmontar la est/ética del mandato
Lafuente, 2013). y, al mismo tiempo, criar la est/ética
Esta lógica dual y binaria es el del desacato», lo que supone «des-
«producto del contrato social hete- andar y rehusar la pedagogía afectiva
rocentrado, cuyas performatividades neo-liberal recibida» (Cano, 2018). De
normativas han sido inscritas en los hecho, «ningún individuo deviene su-
cuerpos como verdades biológicas». jeto sin antes padecer o experimentar
Un contrato en el que sus fantasmas subjetivación» (Butler, 2010), y es que
más recurrentes son la puta y el mari- no se trata de que la ley prohíbe al suje-
cón, que corresponden, respectivamen- to desarrollar lo que es previamente a,
te, a la condición femenina y masculi- e independientemente de, ella, sino de
na. En este sentido, se domestica a los una norma que constituye la subjetivi-
hombres para que teman ser identifi- dad, dado que esta no existe sin aquella
cados como maricas, y «se adoctrina a (Foucault, 2009; Nijensohn, 2018).
las mujeres a negar que son putas. Para Paul B. Preciado es filósofo, comi-
ello, tendrán que exteriorizar una se- sario de arte y disidente trans y les-
xualidad pasiva y subalterna al macho» biano frente al género y la sexualidad.
(Ziga, 2015). Por esto, las lesbianas no Bajo el amparo de definiciones como
son mujeres, como dice Wittig (2006), «feminismo para el 99%», «transfe-
«porque no servimos a los hombres». minismo», «postfeminismo queer» y
Se trata, entonces, de asumir que la «lo personal es político», estudia en su
concepción generalizada de «la mujer propio cuerpo la construcción social de
sigue siendo blanca, es políticamente las ficciones políticas «hombre», «hu-
blanca», que la feminidad y la masculi- mano», «mujer», «sexo», y que no son
nidad tratan de boicotear «de por vida «sino el producto performativo del tra-
el fluir de nuestras mutaciones conti- bajo disciplinario emprendido por las
nuas, de nuestra identidad en perma- ciencias humanas desde el siglo xvii».
nente reconstrucción» (Ziga, 2009a). Trabajo sistemático de naturalización
Y que el estereotipo de las mujeres de las prácticas sexuales y del sistema
feministas como mujeres que miden de género, es decir, del orden sexo/gé-
moralmente el sexo «y están en guerra nero que enmascara el carácter imita-

RIO, Nº 24, 2020 411


Revista de Libros

tivo del género, y es que las posiciones de surgir espontáneamente de cada


de género que creemos «naturales» son cuerpo recién nacido, debe reinscri-
«el resultado de imitaciones sometidas birse o reinstituirse a través de opera-
a regulaciones, repeticiones y sancio- ciones constantes de repetición y de
nes constantes». De ahí que Preciado recitación de los códigos (masculino
(2019) se imponga la tarea, teórica y y femenino) socialmente investidos
práctica, de desmontar, al ser nuestro como naturales». Y es que la naturale-
sexo y nuestro género sistemas abier- za humana es un efecto de tecnología
tos, es decir, ficciones colectivas, la pre- social «que reproduce en los cuerpos,
misa hegemónica «un individuo=un los espacios y los discursos la ecuación
cuerpo=un sexo=un género=una se- naturaleza=heterosexualidad». En
xualidad». Se trata de explicar, en con- este sentido, los roles y las prácticas se-
tra del feminismo esencialista liberal, xuales, que naturalmente se atribuyen
que: a los géneros masculino y femenino,
[…] si los discursos de las cien-
«son un conjunto arbitrario de regula-
cias naturales y las ciencias hu- ciones inscritas en los cuerpos que ase-
manas continúan cargados de guran la explotación sexual de un sexo
retóricas dualistas cartesianas sobre el otro». De hecho, la diferencia
de cuerpo/espíritu, naturaleza/ sexual es:
tecnología, mientras los sistemas […] una heteropartición del
biológicos y de comunicación han cuerpo en la que no es posible la
probado que funciona con lógicas simetría. El proceso de creación
que escapan a dicha metafísica de de la diferencia sexual es una ope-
la materia, es porque esos binaris- ración tecnológica de reducción
mos refuerzan la estigmatización que consiste en extraer determi-
política de determinados gru- nadas partes de la totalidad del
pos (las mujeres, los no blancos, cuerpo y aislarlas para hacer de
las queers, los discapacitados, los ellas significantes sexuales. Los
enfermos, etc.), y permiten impe- hombres y las mujeres son cons-
dirles sistemáticamente el acceso trucciones metonímicas del sis-
a las tecnologías textuales, discur- tema heterosexual de producción
sivas, corporales… que los objeti- y de reproducción que autoriza
van y los producen. el sometimiento de las mujeres
Desmontaje de una identidad como fuerza de trabajo y como
normativa y excluyente; desmontaje medio de reproducción (2019).
del funcionamiento de la matriz he- Esta explotación es estructural y
terosexual, heteronormativa (Soley- hace inteligibles a los sujetos mien-
Beltrán, 2009); matriz que «lejos tras sigan un patrón dicotómico de

412 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

coherencia entre sexo (mujer/hom- un medio de autoafirmación viril


bre), género (femenino/masculino) y (Valencia, 2010; 2018).
deseo (heterosexual) (Walby, 1986; Un capitalismo hiperconsumista y
Brot Bord, 2018). Patrón que genera gore que permea el amplio espectro de
beneficios sexuales; beneficios que los los cuerpos, y que basa su poder en la
«hombres y las mujeres heterosexuales violencia exacerbada, sin cuestionar la
extraen de ella», y que les obligan a re- masculinidad, que se transforma tam-
ducir la «superficie erótica a los órganos bién en violencia real sobre el cuerpo
sexuales reproductivos y a privilegiar el de los varones, y sin cuestionar las rí-
pene como único centro mecánico de gidas jerarquías de lo femenino y lo
producción del impulso sexual»: pa- masculino (Segarra y Carabí, 2000;
trón que constituye un modo falocrá- Lomas, 2004; 2008). Un capitalismo
tico de producción de la subjetividad, y heteropatriarcal, familiarmente hete-
que tiene en la acumulación de capital rocentrado, y enmarcado en un nuevo
«su único principio de organización» ciclo caracterizado por resurgimientos
(Guattari y Rolnik, 2006). Modo de edípicos y concreciones fascistas (De-
producción que permite a Preciado lle- leuze y Guattari, 1998), y que ha pues-
var a cabo «un análisis sexopolítico de to en marcha un nuevo tipo de «guber-
la economía mundial», como respuesta namentalidad del ser vivo» (Foucault,
a la violencia encarnizada ejercida por 2009): el régimen neoliberal de guber-
el capitalismo gore y sus sujetos en- namentalidad farmacopornográfico,
driagos, entendidos como: que se caracteriza por la aparición, a
[…] aquellos varones que buscan mediados del siglo xx, de:
cumplir vicariamente las pres- […] dos fuerzas de producción
cripciones de la masculinidad he- de la subjetividad sexual: por un
gemónica que les exigen erigirse lado, la introducción de la noción
como machos proveedores en un de «género» como dispositivo
sistema económico que ha recon- técnico, visual y performativo de
figurado el concepto de trabajo y sexuación del cuerpo, y, por otro,
precariza cotidianamente el em- la reorganización del sistema mé-
pleo, haciendo casi imposible el dico-jurídico, educativo y mediá-
cumplimiento de esta demanda tico que hasta ahora articulaba las
de masculinidad, por vías legales nociones de heterosexualidad/
y poniendo en el horizonte de la homosexualidad y que, a partir
posibilidad las prácticas de vio- de ahora, contemplará la posibili-
lencia extrema como una forma dad de modificar técnicamente el
de trabajo, al mismo tiempo que cuerpo del individuo para «fabri-

RIO, Nº 24, 2020 413


Revista de Libros

car un alma» masculina o femeni- cuerpo y máquina, pero también entre


na (Preciado, 2019). órgano y plástico». En este sentido, el
Por otro lado, antes de 1868, no denominado análisis posthumanista
existían las nociones o identidades tiene por objetivo destacar el carácter
como la heterosexualidad o la homose- relacional y material de las posiciones
xualidad, ya que la licitud del acto se- reconocidas como «humanas», posi-
xual era «dependiente del acto repro- ciones reguladas por la materialidad
ductivo: el resto es pecado o algo moral concreta del tecnobiopoder (Haraway,
o jurídicamente ilícito». Así, «en 1901 1995; 1999), una materialidad conec-
el Diccionario Médico de Dorland tiva que define aquello que es suscepti-
recogía la heterosexualidad como un ble de tratarse «humanamente» en un
apetito anormal o pervertido hacia el contexto de capitalismo mundial inte-
sexo opuesto» (Lora, 2019). De hecho, grado (Guattari, 2004). Un contexto
Foucault (1987) describe cómo hasta donde la centralidad de lo humano «ha
finales del siglo xviii los tres grandes sido desplazada por una tecnocracia
códigos que establecen las prácticas política, ética y epistémica», en el sen-
sexuales lícitas —el derecho canónico, tido de que la problemática del sujeto y
la pastoral cristiana y la ley civil— es- las relaciones de poder, «que ocupaba
taban centrados fundamentalmente en a las sociedades disciplinarias y que se
las relaciones matrimoniales. materializaban en el panoptismo y la
La modificación técnica del cuerpo consecuente producción de individuos,
explica que la contrasexualidad tenga está siendo sustituida por una nueva
por objeto de estudio «las transfor- ecuación: la producción de individuos
maciones tecnológicas de los cuerpos mediante superficies de ensamblaje»
sexuados y generizados», y es que es (Callén y Tirado, 2008). Considera-
«tiempo de dejar y de describir el sexo ción que descarta la condición funda-
como si formara parte de la historia dora o predada de lo humano «para
natural de las sociedades humanas». indagar en qué requerimientos y qué
La historia de la humanidad, señala articulaciones de elementos —huma-
Paul B. Preciado (2019), saldría «be- nos y no-humanos— habilitan “lo hu-
neficiada al rebautizarse como historia mano” en cuanto tal» (Romero, 2008;
de las tecnologías, siendo el sexo y el García Selgas, 2007).
género aparatos inscritos en un siste- El posthumanismo señala que la
ma tecnológico complejo. Esta histo- ontología es política, esto:
ria de las tecnologías muestra que “La […] significa que el ser humano
Naturaleza Humana” no es sino el y el resto de seres se hacen en un
efecto de negociación permanente de proceso de ordenamiento con-
las fronteras entre humano y animal, junto, donde todos son agentes y

414 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

pacientes. La política es entonces nalización a nivel de la especie de las


el ordenamiento contingente gra- moléculas sintéticas, entonces, lo que
cias al cual se produce la realidad hay que hacer es construir, señala Paul
y todos los entes que contiene, B. Preciado (2010; 2019a), un mapa
entre ellos el ser humano. De de los espacios de construcción de la
esta manera, la politización de la normalidad sexual e identificar las ins-
ontología es el corolario necesa- tituciones de secuestro de la feminidad
rio derivado del hecho de haber y la masculinidad como enclaves técni-
entendido las emergencias mate- cos de la producción del género y como
riales como vinculaciones contin- enclaves para desarrollar un feminismo
gentes entre humanos y no hu- «trans» desesencializado. Un feminis-
manos (Calonge, 2008; Latour,
mo que rechaza no solo la atribución
1991; Law, 1991; Ema, 2008).
de género que se sigue de la biología,
Desde esta perspectiva, lo que hay sino la misma categorización binaria
que efectuar, afirma Paul B. Preciado «hombre-mujer» y la despatologiza-
(2019), es explorar en el propio cuerpo ción de su identidad trans.
la construcción social, tecnológica, de Un transfeminismo radical (Kinki,
las ficciones políticas farmacoporno- 2018) que habla de feminismo, en
gráficas, la manipulación institucional plural, y que se caracteriza por tender
y epistemológica de la que somos pro- alianzas entre cuerpos de identidad
ducto. Contra esta manipulación, hay diversa; identidades estratégicas y no
que cuestionar la noción de identidad esenciales (Ziga, 2015), que se revelan
normativa, de que tanto el sujeto como ante un sistema de opresión conectado
la propia noción de nación «no son y múltiple. El transfeminismo viene de
sino ficciones normativas que buscan otras luchas contra el sexo-género y el
clausurar los procesos constantemente sistema patriarcal (Pardo, 2013), que
cambiantes de subjetivación y de crea- se relaciona de distinta manera (con-
ción de sociedad. La subjetividad y la flictivamente) con las instituciones
sociedad están hechas de una multipli- que tienen la capacidad y el objetivo
cidad de fuerzas heterogéneas, irreduc- de normalizar los comportamientos
tibles a una única identidad, una única en sociedad y hacerse cargo de la disi-
lengua, una única cultura o a un úni- dencia. Un transfeminismo que opera
co nombre». Si no hay dos sexos, sino hackeando todo a su alrededor (Kinki,
una multiplicidad de configuraciones 2018), que asume que todas las perso-
genéticas, hormonales, cromosómicas, nas estamos operadas, constituidas por
genitales, sexuales y sensuales, de que tecnologías sociales que nos definen en
somos identidades sexuales construi- términos de género, sexo, capacidad,
das históricamente a partir de la inter- clase social, raza (Egaña, 2013). Un

RIO, Nº 24, 2020 415


Revista de Libros

feminismo que debe generar técnicas tidas por los sistemas de dominación
para gestionar de forma autónoma que «emparentamos con el capitalismo
la violencia que padecen los cuerpos gore», al existir un «paralelismo entre
de identidad diversa, y que no coloca este y la masculinidad hegemónica que
como sujeto a la mujer blanca hete- está compuesta por una constelación
rosexual, al entender que esta mujer de valores, creencias, actitudes y con-
«produce exclusión y violencia, al de- ductas que persiguen el poder y autori-
finirse desde esa identidad, generando dad sobre las personas que consideran
políticas para las iguales y las afines. más débiles» (Varela, 2005).
Y excluyendo al resto de cuerpos que
viven formas específicas de violencia Ignasi Brunet
pero que no se ajustan a la identidad
establecida como sujeto» (Medeak, Bibliografía
2013). En este sentido, el prefijo trans-
«no significa solo no-binario, sino, Boltansky, L. y Chiapello, E.
sobre todo, no-anquilosado, no anta- (2002). El nuevo espíritu del capita-
gonista. Abierto, promiscuo, ágil, ge- lismo. Madrid: Akal.
neroso, aventurero...» (Ziga, 2018), e Bourdieu, P. (2002). Contrafuegos 2.
innovador en ofrecer técnicas de resis- Por un movimiento social europeo.
tencia a la violencia sexista, machista, Barcelona: Anagrama.
inseparable del mercado neoliberal, del Brot Bord (2018). Mercantilización
maltrato animal o del racismo. Por ello, y asimilación de la disidencia sexual.
el transfeminismo requiere de «estra- En M. Solá y E. Urko. Transfemi-
tegias múltiples que vayan a derrocar nismos. Epistemes, fricciones y flujos.
una compleja conexión de sistemas y Navarra: Txalaparta.
mecanismos para gestionarnos y man- Butler, J. (2001). El género en dispu-
tenernos dentro de los parámetros de ta. El feminismo y la subversión de la
la norma: lo normal» (Medeak, 2013). identidad. Barcelona: Paidós.
Concretamente, un feminismo «trans» Butler, J. (2005). Cuerpos que im-
consistente en desarrollar y aplicar un portan. Sobre los límites materiales y
programa de desvelamiento o de des- discursivos del «sexo». Buenos Aires:
construcción de los mecanismos de Paidós.
sexuación, desde la formación de los Butler, J. (2010). Mecanismos psíqui-
géneros hasta la condición sexuada cos del poder. Teorías sobre la suje-
normal. Un feminismo que efectúe, ción. Madrid: Cátedra.
señala Valencia (2018), una revisión y Calonge, F. (2008). “Cuando todo
una reformulación de las demandas de es político, ¿qué es la política?: una
la masculinidad hegemónica transmi- acotación empírica desde el post-

416 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

humanismo” Política y Sociedad, 3, Foucault, M. (2009). Seguridad, te-


109-121. rritorio y población. Buenos aires:
Callen, B. y Tirado, F. (2008) “Suje- FCE.
ción y poder en el posthumanismo”. Fraser, N. (1997). Iustitia Interrupta.
Política y Sociedad, 3 (93-107). Bogotá: Siglo del hombre.
Cano, V. (2018). “Solx no se nace, se Fraser, N. (2000). “Heterosexismo,
llega a estarlo: Ego-liberalismo y falta de reconocimiento y capitalis-
auto-precarización afectiva”. En M. mo: una respuesta a Judith Butler”.
Nijensohn (comp.). Los feminis- New Left Review, 2, 123-136.
mos ante el neoliberalismo. Buenos Fraser, N. (2018). “Prólogo”. En N.
Aires: La cebra y Latfem. Alabao, L. Cadahia, G. Cano,
Castejón, M. (2018). “Feminismo M. Castejón, A. G. Adelan-
mainstream: feminismos para tiem- tado, T. Llaguno, S. L. Gil, J.
pos digítales, mutaciones y nue- Montero, C. Serra y F. Vila
vos retos”. En N. Alabao, L. Ca- (2018). Un feminismo del 99%. Ma-
dahia, G. Cano, M. Castejón, drid: Lengua de Trapo.
A. G. Adelantado, T. Llaguno, García Selgas, F. J. (2007). Sobre la
S. L. Gil, J. Montero, C. Serra fluidez social. Elementos para una
y F. Vila. Un feminismo del 99%. cartografía. Madrid: CIS.
Madrid: Lengua de Trapo. Gilmore, D. (1994). Hacerse hombre:
Deleuze, G. y Guattari, F. (1998). concepciones culturales de la masculi-
El anti-Edipo: capitalismo y esquizo- nidad. Barcelona: Paidós.
frenia. Barcelona: Paidós. Guattari, F. (2004). Plan sobre el pla-
Despentes, V. (2008). “Teoría King neta. Capitalismo mundial integrado
Kong”. En M. Solá y E. Urko. y revoluciones moleculares. Madrid:
Transfeminismos. Epistemes, friccio- Traficantes de sueños.
nes y flujos. Navarra: Txalaparta. Guattari, F. y Rolnik, S. (2006).
Egaña, L. (2018). “Tecnofeminismo: Micropolítica. Cartografías del
Apuntes para una tecnología trans- deseo. Madrid: Traficantes de Sue-
feminista”. En M. Solá y E. Urko. ños.
Transfeminismos. Epistemes, friccio- Haraway, D. (1995). Ciencia, ciborgs
nes y flujos. Navarra: Txalaparta. y mujeres: la reivindicación de la na-
Ema, J. E. (2008). “Posthumanismo, turaleza. Madrid: Cátedra.
materialismo y subjetividad”. Políti- Haraway, D. (1999). Las promesas
ca y Sociedad, 45 (3), 123-137. de los monstruos: Una política re-
Foucault, M. (1987). Historia de la generadora para otros inapropia-
sexualidad. Madrid: Siglo XXI. bles/dos. Política y Sociedad, 30,
121-163.

RIO, Nº 24, 2020 417


Revista de Libros

hooks, b. (2017). El feminismo es para Castejón, A. G. Adelantado, T.


todo el mundo. Madrid: Traficantes Llaguno, S. L. Gil, J. Montero,
de Sueños. C. Serra y F. Vila. Un feminismo
Kinki, K. (2018). Ofensiva transhac- del 99%. Madrid: Lengua de Trapo.
kfeminista: your machine is a batt- Medeak (2018). “Violencia y transfe-
leground. En M. Solá y E. Urko. minismo. Una mirada situada”. En
Transfeminismos. Epistemes, friccio- M. Solá y E. Urko. Transfeminis-
nes y flujos. Navarra: Txalaparta. mos. Epistemes, fricciones y flujos.
Halberstam, J. (2008). Masculinidad Navarra: Txalaparta.
Femenina. Madrid: Egales. Montero, J. (2018). “La huelga femi-
Latour, B. (1991). Nunca hemos sido nista del 8M: haciendo historia”.
modernos: ensayo de antropología si- En N. Alabao; L. Cadahia; G.
métrica. Madrid: Debate. Cano; M. Castejón; A. G. Ade-
Law, J. (1991). A sociology of monsters: lantado; T. Llaguno; S. L. Gil;
essays on power, technology and do- J. Montero; C. Serra y F. Vila.
mination. London: Routledge. Un feminismo del 99%. Madrid:
López Gil, S. y Cano, G. (2018). Los Lengua de Trapo.
feminismos que vienen: un diálogo Nijensohn, M. (2018). “Prólogo”. En
sobre el MeToo. En N. Alabao; L. M. Nijensohn (comp.). Los femi-
Cadahia; G. Cano; M. Caste- nismos ante el neoliberalismo. Bue-
jón; A. G. Adelantado; T. Lla- nos Aires: La cebra y Latfem.
guno; S. L. Gil; J. Montero; C. Orozco, A. y Lafuente, S. (2018).
Serra, y F. Vila. Un feminismo del “Economía y (trans)feminismo;
99%. Madrid: Lengua de Trapo. retazos de un encuentro”. En M.
Lomas, C. (2004). ¿Los chicos no Solá y E. Urko. Transfeminismos.
lloran? En C. Lomas (comp.). Los Epistemes, fricciones y flujos. Nava-
chicos también lloran. Identidades rra: Txalaparta.
masculinas, igualdad entre los sexos y Pardo, T. (2018). “Disforias institu-
coeducación. Barcelona: Paidós. cionales en las luchas transfeminis-
Lomas, C. (2008). ¿El otoño del patriar- tas”. En M. Solá y E. Urko. Trans-
cado? Luces y sombras de la igualdad feminismos. Epistemes, fricciones y
entre mujeres y hombres. Barcelona: flujos. Navarra: Txalaparta.
Península. Pateman, C. (1996). El contrato se-
Lora, P. de (2019). Lo sexual es político xual. México: Anthropos.
(y jurídico). Madrid: Alianza. Platero, R. (2013). “Críticas al capa-
Llaguno, T. (2018). “Feminismo del citismo heteronormativo”. En M.
99%: haciendo política, constru- Solá y E. Urko. Transfeminismos.
yendo subjetividad.” En N. Ala- Epistemes, fricciones y flujos. Nava-
bao, L. Cadahia, G. Cano, M. rra: Txalaparta.

418 RIO, Nº 24, 2020


Revista de Libros

Post-Op (2013). “De placeres y Romero, C. (2008). “Documentos


monstruos. Interrogantes en tor- y otras extensiones protésicas, o
no al postporno”. En M. Solá y E. como apuntalar la «identidad».” Po-
Urko. Transfeminismos. Epistemes, lítica y Sociedad, 3, 139-157.
fricciones y flujos. Navarra: Txala- Ruiz, C. y Miranda, C. (2018). “El
parta. neoliberalismo y su promesa in-
Preciado, B. (2010). Pornotopía. Ar- cumplida de emancipación: base
quitectura y sexualidad en «Playboy» del malestar y de la ola feminista”.
durante la guerra fría. Barcelona: Revista Anales, 14, 191-201.
Anagrama. Santos, B. de S. (1999). Reinventar
Preciado, B. (2013). “Decimos re- la democracia, reinventar el Estado.
volución”. En M. Solá y E. Urko. Madrid: Sequitur.
Transfeminismos. Epistemes, friccio- Sedgwick, E. K. (1998). Epistemolo-
nes y flujos. Navarra: Txalaparta. gía del armario. Barcelona: La Tem-
Preciado, Paul. B. (2019). Un aparta- pestad.
mento en Urano: Crónicas del cruce. Sedgwick, E. K. (2002). “A(queer)
Barcelona: Anagrama. y ahora”. En R. M. Mérida (ed.).
Rebolledo, L. y Valdés, X. (2018). Sexualidades transgresoras. Una an-
“Género y orden social: Dificulta- tología de estudios queer. Barcelona:
des para implementar relaciones Icaria.
igualitarias en la vida cotidiana”. Segarra, M. y Carabí, A. (eds.)
Revista Anales, 14, 18-29. (2000). Nuevas masculinidades.
Rodríguez, J. M. (2003). “La pro- Barcelona: Icaria.
ducción de la subjetividad en los Serra, C. (2018a). Leonas y zorras.
tiempos del neoliberalismo: hacia Estrategias políticas feministas. Ma-
un imaginario con capacidad de drid: Catarata.
transformación social”. Cuadernos Serra, C. (2018b). “Dilemas de la
de Relaciones laborales, 1, 89-105. hegemonía”. En N. Alabao, L. Ca-
Rodríguez, B. (2010). “Hacia un Es- dahia, G. Cano, M. Castejón,
tado post-patriarcal. Feminismo y A. G. Adelantado, T. Llaguno,
ciudadanía”. Revista de Estudios Po- S. L. Gil, J. Montero, C. Serra
líticos, 149, 87-122. y F. Vila. Un feminismo del 99%.
Romero, C. (2003). “De diferencias, Madrid: Lengua de Trapo
jerarquizaciones excluyentes, y Soley-Beltrán, P. (2009). Transe-
materialidades de lo cultural. Una xualidad y la matriz heterosexual.
aproximación a la precariedad des- Un estudio crítico de Judith Butler.
de el feminismo y la teoría”. Cua- Barcelona: Bellaterra.
dernos de Relaciones Laborales, 1, Téllez, A. y Verdú, A. D. (2011). El
33-60. significado de la masculinidad para

RIO, Nº 24, 2020 419


Revista de Libros

el análisis social. Revista Nuevas in employment. Cambridge: Polity


Tendencias en Antropología, 2, 80- Press.
103. Weeks, J. (1992). El malestar de la se-
Valencia, S. (2010). Capitalismo xualidad. Madrid: Talasa.
Gore. Barcelona: Melusina. Wittig, M. (2006). El pensamiento
Valencia, S. (2018). Transfeminis- heterosexual y otros ensayos. Ma-
mo(s) y capitalismo gore. En M. drid/Barcelona: Egales.
Solá y E. Urko. Transfeminismos. Ziga, I. (2009). Devenir perra. Nava-
Epistemes, fricciones y flujos. Nava- rra: Txalaparta.
rra: Txalaparta. Ziga, I. (2009a). Un zulo propio. Na-
Varela, N. (2005). Feminismo para varra: Txalaparta.
principiantes. Barcelona: Ediciones Ziga, I. (2015). Sexual Herria. Nava-
B. rra: Txalaparta.
Vila, F. (2018). “Feminismo tour de Ziga, I. (2016). Malditas. Una estirpe
forcé.” En N. Alabao, L. Cadahia, transfeminista. Navarra: Txalapar-
G. Cano, M. Castejón, A. G. ta.
Adelantado, T. Llaguno, S. L. Ziga, I. (2018). ¿El corto verano del
Gil, J. Montero, C. Serra y F. transfeminismo? En M. Solá y E.
Vila. Un feminismo del 99%. Ma- Urko. Transfeminismos. Epistemes,
drid: Lengua de Trapo. fricciones y flujos. Navarra: Txala-
Walby, S. (1986). Patriarchy at work. parta.
Patriarchal and capitalist relations

420 RIO, Nº 24, 2020

También podría gustarte