F3DRA
Marilia Samper
PERSONAJES
SARAH
VERA
FREDDY
BILLY
EL ACTOR JOVEN
2
1
Oscuro. La mínima luz de una cerilla que se enciende, nos revela el rostro de
SARAH.
EMI SARAH. Cuando esta luz se deshaga entre mis dedos, yo me apagaré también
con él, y no tendré que inventar más palabras para poner nombre a este dolor. Vivir
se me ha hecho ya insoportable. El amor que no tengo me está matando, y ya no
cabe en mí tanta tristeza. Nada ni nadie puede calmar mi sufrimiento. La única
forma de parar parar parar esto es morir. Así que… silencio. La breve comedia de la
vida está a punto de cerrar el telón. Pueden aplaudir si les da la gana, y si no,
marcharse a su puta casa. Aquí ya no hay nada más que mirar.
La cerilla se apaga. Oscuro.
En el oscuro oímos el chasquido de una cerilla que se enciende. Camerino de un
teatro de Broadway. Sentada frente al espejo, Vera Woods, la actriz, de unos
cincuenta años, se enciende un cigarrillo. Da una honda calada al mismo tiempo
que apaga la el fósforo con una brusca sacudida. Sus ojos acusan rabia y tristeza.
Exhala lentamente el humo. Y se enfrenta cara a cara, como en un desafío, con su
propia imagen proyectada en el espejo.
3
VERA. CORAL
Vera sin levantar la vista, alarga un brazo sin fuerza hasta el interruptor de la
luz de las bombillas que rodean su espejo del camerino. Con un dedo pulsa el
botón. Y, “click”, se hace el oscuro.
Amalgama de sonidos de voces, música y ruidos propios de un bar. Bañada
por el púrpura del neón de un pub cualquiera de Londres, Freddy, gesticula
4
ampulosamente, con descaro, mandando callar a los clientes. Deambula por los
cuarenta años, y su rostro disimula una vida de trabajos con una amplia sonrisa que
frecuentemente se transforma en una carcajada sin pudor. Viste una falda tejana y
una camisa sencilla. El pelo sujeto de cualquier manera. A su lado, Billy, de unos
veintipocos años, ríe mientras la observa e interpela también a los clientes.
NURIA. Freddy. Cierra esa boca de una puta vez, Joe. Y tú también. Se ha
acabado la cerveza por hoy. Síiiii, claro que sí. No te pienso poner ni una gota más,
puto borracho. ¿Qué van a decir vuestras mujeres cuando lleguéis a casa
apestando a taberna? No, no te rías, Tim. Tú ni siquiera tienes novia, así que no
sabes de qué estoy hablando. Pero te diré una cosa, sigue así, pegado a esta barra
cada día de tu vida, que no habrá mujer que se te acerque. Menuda escoria estáis
hechos todos. Mira que cada día te lo digo, Billy, tendrías que prohibir la entrada a
esta gentuza. Sí, y lo digo sobre todo por ti, Mike.
Camerino da la primera actriz Vera Woods, en un teatro de Broadway. Como
si fueran estrellas centelleantes, las luces amarillas que rodean el gran espejo,
colorean el espacio de un tono dorado. Vera, sentada en una butaca de terciopelo
rojo, fuma lentamente, degustando cada calada de su cigarro. Todo el maquillaje
que recubre su rostro no consigue ocultar su edad, pero hace recordar la belleza
que hubo un tiempo atrás. En sus ojos, en cambio, perdura una viveza inusual.
Sarah, ante ella, es incapaz de disimular el impacto que le produce esa mirada.
VERA. Eres Sarah, ¿no? ¿Te llamas así?
5
SARAH. Sí. Estoy impresionada con tu interpretación de Fedra. Si yo escribiera mi
versión de “Fedra”, intentaría reflejar un dolor tan profundo como el que vi en ti
durante esa representación.
VERA. ¿Por qué no la escribes para mí? Me gustaría mucho que lo hicieras. ¿Y
cómo sería la Fedra que imaginas para una de esas basuras geniales que tú
escribes?
SARAH. Pues, no lo sé. Sería una mujer cualquiera, tal vez.
Bajo la luz púrpura del pub, se nos aparece Freddy, la camarera. Esta vez la
vemos con el rictus serio, absorta en sus pensamientos, mientras repasa con un
trapo las mesas del bar.
BILLY. (Desde fuera). ¡Freddy! ¿Freddy?
FREDDY. (Despertando bruscamente de su ensimismamiento) ¡Ya voy!
BILLY. Despabila que si no, no acabaremos nunca. Estoy loco por irme a casa.
FREDDY. Acabo de recoger esto y nos vamos.
VERA. No puedo imaginarme a una mujer que va arrastrando una pasión que le
roba los sentidos sirviendo copas en un bar, la verdad.
6
3
TOÑI. FREDDY. Esto no es lo que imaginé para mi vida. No lo es, desde luego.
Siempre acepté las cosas como iban llegando. Nunca tuve nada fácil, pero desde
pequeña aprendí a luchar. Nací pobre y nunca fui ni muy lista ni muy guapa, así que
sólo me quedaba mi propia fuerza para salir adelante. Eso es lo que me enseñaron
y es lo que he hecho, hasta ahora. Pero cuando las cosas se te escapan de las
manos, es mejor parar de luchar. Y en este momento he decidido parar. He sufrido
tanto que hasta me he acostumbrado, y creo que no es justo vivir así. Nadie se
merece estar condenado de esa manera al sufrimiento. Todas las personas, por
insignificantes que seamos, tendríamos que tener el derecho a ser felices, pero
hace tiempo que yo perdí ese derecho. He tenido que trabajar toda mi vida. En el
bar y en casa, cuando llego, muy tarde, para hacer la comida del día siguiente,
planchar la ropa, limpiar…. Y cuidar a mi marido. Y no es fácil cuidar a alguien
enfermo. Sobre todo a alguien como él, porque su enfermedad no está en ninguna
parte del cuerpo que se pueda ver. Está aquí dentro. Antes era tan guapo, tan
alegre… Ahora lo miro y me da tanta pena, que se me coge un pellizco enorme.
Todo el día en la cama, con los ojos clavados en el techo, pensando seguramente
en todo lo que tuvo que ver y que hacer durante la guerra. Las medicinas lo tienen
tranquilo. Son caras esas medicinas, pero lo tienen tranquilo. Antes, al menos, tenía
el amor. Cuando existe el amor, tienes algo, una razón al menos para poder sonreír
cada día. Después, cuando todo cambia, crees que tu cara nunca más sabrá hacer
una sonrisa. Entonces aprendes a mentir, a mentir para sobrevivir. Yo antes siempre
sonreía. Ahora tengo que inventarme mis sonrisas. Soy especialista en inventar
mentiras.
7
4
Camerino de la primera actriz Vera Woods. Vera parece entusiasmada con la
conversación que mantiene con Sarah.
ELI. SARAH. La cuestión es… ¿Qué hace que Fedra se enamore de Hipólito?
X. VERA. (Ríe). No creo que esté realmente enamorada de su hijastro. Es sólo un
capricho. Puro deseo.
SARAH. ¿Pero cómo podría poner en juego todo lo que tiene por un simple
capricho? Nadie se arriesga a perder tanto si no es por amor.
VERA. El deseo es capaz de hacer enloquecer a cualquiera, Sarah. Cuando el
deseo te quema, no hay nada que te detenga. Es un impulso tan destructivo que
consigue ganarle el pulso a la razón.
SARAH. Tal vez no sea tan simple. Puede que se trate de una mezcla de
sentimientos contradictorios. Su esposo lleva mucho tiempo en la guerra. Ella sufre
y teme por su vida.
Freddy, con un lado de la cara inflamada y enrojecida, frente a Billy, que la
observa, con los brazos cruzados, incapaz de disimular su nerviosismo.
PABLO. BILLY. ¿Ha sido mi padre?
MARISA. FREDDY. (Forzando una sonrisa). No es nada, Billy.
BILLY. ¿Te ha hecho eso mi padre?
FREDDY. Es una tontería.
BILLY. No es ninguna tontería. Mira cómo tienes la cara.
FREDDY. Ha sido un accidente.
8
BILLY. ¡Reventarle la cara a alguien no es un accidente, joder!
FREDDY. Quiero decir que no ha sido queriendo. Vamos, Billy, no te pongas así. Ya
sabes que está enfermo.
BILLY. ¡Me importa una mierda! No puede hacerte eso. No lo voy a permitir, ¿me
oyes?
FREDDY. Tienes que entenderlo. Está pasando por un infierno. Se pone nervioso. A
veces no puede controlarse.
BILLY. Pienso hablar con él. Te juro que no te va a volver a poner la mano encima.
FREDDY. No, Billy. Déjalo estar, de verdad. Ha sido un mal momento. No va a
volver a pasar.
BILLY. Es asqueroso lo que te ha hecho. Si está mal, que se parta la cabeza contra
una pared, pero no puede pagarlo contigo. ¡Contigo, Freddy! Me da igual que se
cabree o que se hunda en la miseria, pero no voy a dejar esto así.
FREDDY. Eres su hijo. Tienes que intentar ayudarle.
BILLY. Quiero ayudarle, por eso no me pienso callar.
FREDDY. No volverá a pasar. Quédate tranquilo.
El chico respira hondo, la mira, sacude la cabeza. En su cara, en sus ojos,
hay una mezcla de rabia, de impotencia, de tristeza y de ternura. Billy se acerca a
ella despacio. Con la punta de los dedos acaricia el rostro magullado de la mujer.
BILLY. ¿Te duele?
FREDDY. (Incapaz de sostenerle la mirada). No mucho.
BILLY. (Sujetándole la cara entre las manos). Esto no me gusta nada, Freddy.
9
FREDDY. (Lo mira). Está controlado. De verdad.
Freddy contiene unos segundos la respiración. La proximidad del joven
despierta en ella una inquietud de la que intenta salvarse deshaciéndose de sus
manos para apartarse de él. Billy la mira, interrogante.
FREDDY. De verdad. (Ríe). No me mires así. Está todo bien. Estoy aquí, ¿no? Así
que vamos a ponernos en marcha que ya falta poco para abrir.
BILLY. Ni hablar. No voy a dejar que trabajes con una hostia en la cara.
FREDDY. (Después de un segundo, con toda la angustia que lleva dentro). No
quiero volver. Ahora no. No puedo. No tengo ánimos. Necesito quedarme aquí. Al
menos un par de horas. Por favor…
BILLY. (Acercándose a ella y pasándole un brazo suavemente por los hombros). No
voy a dejarte sola en todo esto. Te voy a cuidar.
FREDDY. Ya lo haces, Billy. Yo…
FREDDY. (Reaccionado a la perturbación que le provoca el contacto con el chico).
¡Me voy a ir! Es mejor que me marche, sí… Iré a casa. Ya verás como todo estará
más tranquilo. Pero no te metas, por favor. Déjalo estar.
BILLY. Freddy…
FREDDY. (Interrumpiéndolo con contundencia). Es mejor que no te metas.
Freddy sale a toda prisa.
10
5
SILVIA. VERA. “¡Oh, desgraciado e infortunado
en el destino de las mujeres!
Oh, ¿qué artificio, qué palabra,
de nuestra ruina romperá el nudo?
Llegó el castigo, ¡oh Tierra, oh Luz!
¿Adónde huir de mi destino?
¿Cuál de los dioses en mi auxilio puede venir?
¿o quién de los mortales, cómplice o aliado, podría mostrarse?
Pues la pasión que me domina me ha marcado un camino
que no es camino ya.
Soy la más infeliz de las mujeres.”
SARAH. En su sufrimiento encontré el consuelo al mío.
Sarah se vuelve hacia Vera, que continúa con el rostro contra la pared,
balbuceando aleatoriamente fragmentos del texto que interpreta.
SARAH. Vera. Vera…
VERA. Déjame en paz.
SARAH. ¿Estás bien?
VERA. ¿Tú qué crees?
11
SARAH. He estado viendo la función.
VERA. Enhorabuena.
SARAH. ¿Qué es lo que ha pasado?
VERA. ¿Acaso no lo has visto tú misma?
SARAH. Pero ¿qué es lo que te ha pasado a ti?
VERA. “Perdí la razón: los Dioses me la arrebataron”.
SARAH. Has agredido a una actriz.
VERA. Sólo ha sido una bofetada.
SARAH. En mitad de la función.
VERA. Me estaba poniendo nerviosa.
SARAH. ¿Te parece que ese es un motivo?
VERA. Esa estúpida no hacía más que desconcentrarme. Me irritaba tanto verla allí,
con esa voz chirriante y tan sobreactuada como en una función de colegio, que ya
no podía recordar mis réplicas.
SARAH. ¿Y por eso tenía que empezar a gritar y a insultarla, delante de todo el
público?
VERA. Me hacía equivocarme todo el tiempo. Alguien tenía que enseñarle a esa
cría cómo se tiene que actuar.
SARAH. Eso no es excusa para lo que has hecho.
VERA. ¡Ah, venga ya! No me arrepiento en absoluto. Esa idiota se lo merecía.
12
SARAH. ¿Crees eso de verdad?
VERA. (Con tristeza). Sí.
SARAH. ¿Pero qué coño te ha hecho esa chica, Vera?
VERA. ¡Me hace daño con su presencia! Es una ofensa tener que verla cada día
con su cinturita y sus tetas apretadas, moviendo el culo a diestro y siniestro para
llevarse las miradas de todo el mundo. Me falta al respeto con esa prepotencia de
saberse guapa. Tenía que castigarla con lo que más pudiera dolerle. Ahora tendrá la
cara inflamada durante unos cuantos días, y aprenderá que su única cualidad es un
bien bastante frágil.
SARAH. ¿Y te sientes mejor con eso?
VERA. Sí… Ya no puedo perder más de lo que he perdido. Cada día me despierto
y pienso que todo volverá a ser como antes, que nada habrá cambiado, que yo sigo
siendo la misma. Pero no es así. No puedo parar el tiempo, y estoy condenada a
esta horrible metamorfosis. Me voy deteriorando cada día, y me doy asco. Quiero
volver a tener los pechos que tenía, la piel suave, los labios firmes. Quiero ser
deseada. Pero mírame. ¡Mira lo que soy! Soy como una fruta podrida. Odio lo que
soy, odio en lo que me he convertido. Y el odio que siento contra mí, es el odio que
siento contra esta vida injusta, que te hace marchitarte cuando aún te sientes viva y
te convierte en un monstruo en un mundo donde lo único que tiene valor es la
belleza.
13
Por la puerta del camerino de Vera, aparece el joven actor. Llega corriendo,
agitado, con los ojos brillantes de rabia.
MARIAJO. VERA. ¡Y aquí, hace su entrada en escena el joven Hipólito!
PABLO. ACTOR JOVEN. ¡Es una vergüenza que alguien como tú haga lo que has
hecho hoy!
VERA. ¿Vienes a reñirme? Me encanta la impertinencia de la juventud.
ACTOR JOVEN. Me importa una mierda quién seas o quién hayas sido. No tienes
derecho a hacer lo que te dé la gana.
VERA. ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?
ACTOR JOVEN. Has destrozado a una compañera, y vas a tener que darme una
explicación de por qué.
VERA. ¿Todo este numerito es sólo para defender a la imbécil esa? Debes estar
loco por tirártela.
ACTOR JOVEN. ¡Pero qué dices!
VERA. ¿Crees que no me doy cuenta de cómo os miráis? ¡Todos los hombres sois
iguales! No podéis resistiros a un trozo de carne fresca, ¿verdad?
ACTOR JOVEN. ¡Por favor!
VERA. ¿Me vas a decir que no es cierto?
ACTOR JOVEN. Y qué te importa si fuera así.
VERA. Más de lo que crees.
ACTOR JOVEN. ¿Por eso te has lanzado a por ella de esa manera?
14
VERA. ¡Oh, Hipólito! Ten piedad de mi celosa rabia.
ACTOR JOVEN. ¡Es asqueroso!
VERA. En vez de estar aquí, deberías estar secándole las lágrimas. ¡Pobrecita!
Puede que con ello recibas el premio que andas buscando.
Te he dicho lo suficiente para que no te equivocaras.
¡Y bien! Conoce, pues, a Fedra y sus furores. Amo.
ACTOR JOVEN. Estás completamente loca
VERA. Los Dioseshan encendido la sangre en mi seno con fatídica llama...
ACTOR JOVEN. ¡Por Dios!
VERA. ... esos Dioses que se han extraviado el corazón de una débil mortal.
ACTOR JOVEN. ¡Me voy de aquí!
VERA. (Se abalanza contra él, impidiéndole el paso a la salida). Si tú me odiabas
más, no te amaba yo menos.
ACTOR JOVEN. (Intentando deshacerse de sus brazos). Basta ya. Suéltame
VERA. Me desequé en mis ardores y en mis llantos.
SARAH. Vera, no...
VERA. Te bastarían los ojos para persuadirte,
ACTOR JOVEN. ¿Qué es lo que quieres?
VERA. ...si pudieran tus ojos contemplarme un momento.
15
VERA. (Sonriendo al joven). ¿Te importaría ayudarme a desabrochar el vestido?
ACTOR JOVEN. Eres patética.
VERA. Y qué.
Vera se desnuda. Oscuro.
16
6
TOÑI. FREDDY. En la televisión, todas las historias de amor terminan bien. Con un
beso y una promesa de quererse para toda la vida. Pero la vida es muy diferente.
Esperas que algún día te suceda lo que has visto en las películas, pero eso nunca
pasa. Sueñas con que te digan palabras bonitas y románticas, que tu hombre te
regale flores y te haga sentir que eres especial. El mío sólo me regala lágrimas.
Aunque eso nadie lo sabe. Las lágrimas las guardo para mí. Cuando estoy en la
ducha, es el momento en el que puedo derramarlas. Me encierro allí, bajo el agua,
para que todas mis penas se vayan también por el desagüe. Sólo así puedo llorar.
Luego salgo otra vez, como si todo fuera bien y mi vida fuera como en una película.
Mi madre siempre decía: “al mal tiempo, buena cara”. Y eso es lo que hago; andar
por la tormenta disfrazada de alegría. “Freddy es una tía alegre”, piensan todos. Y a
mí me gusta eso. Cuando estás alegre la gente es más amable contigo. A veces
creo que les estoy estafando; yo les regalo mi falsa alegría y los demás me
devuelven un poco de cariño. Pero ¿qué hay de malo en querer que los otros te
quieran? Cuando era pequeña soñaba con ser guapa, para que la gente quisiera
mirarme con cariño y acariciarme la cabeza como hacían con las niñas que eran
bonitas. Yo no lo era, y supongo que por eso recibí muy pocas caricias. Y las pocas
que he tenido, siempre creí que me habían sido regaladas por alguna equivocación,
como si yo no me las mereciera y estuviera robando un pedazo de cariño que, en
realidad, no era para mí. La última caricia también fue un robo, aunque, por un
momento me hizo soñar que era realmente mía. Me equivoqué. Olvidé que a mí no
se me está permitido soñar. Y que la vida no es como pasa en la televisión. Y ese
pequeño instante de sueño ha sido mi peor pecado.
17
7
El chico entra.
PABLO. BILLY. ¿Freddy?, ¿Freddy? ¿Qué coño…? ¿Qué ha pasado, Freddy?
¿Cómo ha sido?
SILVIA. FREDDY. (Después de un silencio. Fría). Me sujetó el brazo entre el quicio
de la puerta de la cocina. Me estuvo machacando a portazos hasta que me
desmayé.
BILLY. (Horrorizado). ¡Me cago en Dios!
Billy, inflamado de furia, inicia la carrera hacia la salida.
FREDDY. (A gritos, para detenerlo) ¡Billy! ¡Billy, no!
La mujer corre detrás de él y lo agarra por un brazo.
BILLY. ¡Suéltame, hostia!
FREDDY. ¡No vayas, Billy! ¡No, vayas!
BILLY. ¡Lo voy a matar!
Freddy intenta retenerlo como puede, lanzándose contra él, abrazándolo con
su brazo sano, con su cuerpo, pero Billy, descontrolado en el forcejeo, la empuja
para liberarse de ella. La mujer, reacciona con un grito y se dobla, agarrándose
fuerte el brazo lesionado. El chico se detiene en seco y se lleva las manos a la cara.
Está espantado y desconcertado, sin saber muy bien qué hacer.
BILLY. ¡Freddy! ¡Lo siento! ¡Dios! Lo siento, lo siento, lo siento…
Freddy no puede contener las lágrimas. Se esfuerza por retener el llanto
pero, a su pesar, termina por vencerla.
18
BILLY. ¿Cómo es posible? No lo entiendo. ¿Por qué todo esto?
FREDDY. Siempre ha sido así, Billy. Siempre.
BILLY. No lo entiendo. Explícame por qué… ¡Hostia! ¡Por qué!
FREDDY. Él no es como tú. Él sólo sabe hacer las cosas de esta manera. (Con un
hilo de voz quebrada por el llanto que se agolpa en su garganta). Ya no puedo más.
Billy, muy despacio, la abraza. Coloca la cabeza de la mujer sobre su pecho.
Ella se aprieta contra él y llora, agarrando con fuerzas la camiseta del chico entre
sus puños, como si temiese poder ser arrancada de entre sus brazos.
BILLY. (Acariciándole la cabeza mientras le habla en voz baja junto al oído). No es
justo. Tenías que haberme dicho…
FREDDY. ¿Hubiera servido de algo?
BILLY. Nunca te hubiera hecho esto.
FREDDY. Todo es una mierda, Billy.
BILLY. No digas eso. Te dije que te cuidaría. Voy a acabar con esto hoy mismo.
FREDDY. No se puede hacer nada. Siempre será así.
BILLY. Nunca volverá a hacerte daño.
FREDDY. ¿De verdad?
BILLY. Te lo juro.
FREDDY. (Mirándolo).Tengo miedo
Billy le acaricia la cara despacio, besa los párpados húmedos de la mujer y
luego la abraza muy fuerte. Ella cierra los ojos y se aprieta contra su cuerpo, su
19
mejilla contra el pecho de él. Él enreda sus dedos entre el cabello de Freddy. El
llanto se amaina y el cuerpo de la mujer se abandona al refugio cálido del contacto
con el joven. La boca de Freddy, en un impulso inconsciente, se arrastra por la piel
de Billy desde el cuello hasta acabar en su boca y lo besa en los labios, casi sin
darse cuenta. Sorprendida por lo que ha hecho, se aparta un instante y lo mira, pero
Billy le devuelve el mismo beso, con complicidad. Dejándose llevar, por la necesidad
del momento, ella le rodea el cuello con sus brazos y lo besa con desesperación,
pero entonces Billy la zarandea hasta apartarla de él, y la mira, con espanto.
BILLY. ¿Qué haces? Freddy… ¿Qué…?
FREDDY. (Acariciándole la cara suavemente) Esto es lo que siempre he querido.
BILLY. (Se deshace de un manotazo de sus caricias). Estás loca. ¿Qué es lo que
estás pensando?
FREDDY. (Sorprendida). No sé, Billy. Yo…
BILLY. ¿Qué coño estás haciendo? ¿Cómo se te ocurre?
FREDDY. Ha sido sin querer. No sé por qué…
BILLY. ¡Eres la mujer de mi padre!
FREDDY. Sólo ha sido un beso.
BILLY. ¿Es eso lo que estabas buscando?
FREDDY. ¡Claro que no! Yo…
BILLY. ¡Serás puta!
FREDDY. (Asustada). Billy, lo siento. Me equivoqué…
BILLY. ¿Cómo? ¿Qué le voy a decir a mi padre ahora?
20
FREDDY. ¡Por dios, no! No tienes que contarle nada.
BILLY. ¿Qué coño crees? Se lo tengo que decir. ¡Es mi padre! Tiene que saber lo
que su mujer va haciendo cuando por ahí cuando sale de casa.
FREDDY. No, Billy, yo nunca…
BILLY. ¡No me jodas, Freddy! Ahora entiendo todo.
FREDDY. (Atónita). ¿Cómo?
BILLY. (Cruel). Ahora sé por qué te hace esas cosas.
El chico le lanza una última mirada con rabia y con desprecio antes de dar
media vuelta y salir a toda prisa. Freddy queda allí, inmóvil y aterrorizada.
Oscuro.
21
8
Camerino de Vera Woods. La estancia parece haber perdido todo el brillo que tenía
antes. Ahora se nos revela como un cuarto desordenado y en el que ya quedan
apenas los muebles. En el espejo ya no se encienden todas las bombillas. Vera, ha
conseguido ocultar con dificultad su rostro demacrado bajo el maquillaje. Sarah,
frente a ella, la observa, como a la espera de una respuesta que sabe que nunca
obtendrá.
NURIA. TOÑI. CORAL. VERA. ¿Qué es lo que quieres?
Silencio. Vera dibuja una sonrisa cínica y amarga en su cara.
VERA. ¿Has venido a ver demolerse lo poco que queda de mí?
PABLO. ELI. MARTA. SARAH. He venido a despedirme.
Vera le sostiene la mirada, pero no dice nada.
SARAH. Me marcho mañana.
VERA. (Después de un silencio, mientras recoge algunas de sus cosas lentamente).
Todo se acaba, en realidad. Han decidido retirar la función del cartel. Consideran
que no estoy en condiciones de continuar representando mi personaje. Van a buscar
a otra actriz para que me sustituya.
SARAH. Lo siento.
VERA. Es mejor así.
Ambas mujeres se miran, incómodas, sin encontrar nada más que decirse.
SARAH. Espero volver a verte algún día
VERA. Me extraña que no estés decepcionada conmigo como el resto del mundo.
22
SARAH. No lo estoy. Sólo estoy triste. En realidad te estoy agradecida.
Vera le escupe una dolorosa carcajada.
SARAH. Desde que era pequeña, siempre he jugado a una cosa. Encendía una
cerilla y, en el tiempo que duraba la llama, decía todo aquello que se me pasaba por
la cabeza en ese momento. Así, casi sin pensar, conseguía ponerle palabras a
aquello que sentía y que no sabía bien cómo decir.
Sarah saca del bolsillo de su chaqueta una caja de cerillas, enciende una y la
extiende ante Vera.
SARAH. Ahora es tu turno.
Vera se queda observando la llama, en silencio. Sarah la mira, expectante,
hasta que la llama se agota y se hace el oscuro.
23
9
FREDDY. Yo soy la única culpable de que todo esto haya pasado. Pero nunca quise
hacer daño a nadie. Nunca. Dios lo sabe bien, si es que existe en alguna parte.
Estaba triste y cansada, y confundí todas las cosas. Pasaron tantas cosas, y yo me
sentía sola. Muy sola. Cuando alguien me ha necesitado yo siempre he estado para
echar una mano. “Freddy, tengo un problema”, y yo he estado para ayudar en todo
lo que he podido. Pero ¿quién me ayuda a mí? Nadie se ha preocupado nunca por
saber si necesitaba algo de ayuda. Yo tampoco supe pedir. Acepté todos los gritos,
recibí todos los golpes, peleé con todas las dificultades. Siempre sola. Pero cuando
todo va muy mal, hace falta tener a alguien al lado. A mí se me rompieron las
fuerzas y sólo necesité un poco de consuelo. Pero lo hice mal. No sé qué me pasó.
Y me arrepiento tanto. Si hubiera sido valiente no hubiera tenido que mentir, como
siempre, por el miedo y la vergüenza. Y no hubiera hecho tanto mal. No pensé que
todo esto pasaría. Me gustaría que todo hubiera sido una pesadilla, pero tengo los
ojos bien abiertos. Sé que no estoy soñando, y que ya no existe vuelta atrás para
mí. No tengo nada. Nunca tuve nada. Así que ya sólo me queda un camino por
seguir. No quiero que esto parezca una excusa, porque sé muy bien que no hay
perdón para lo que he hecho, ni para lo que haré. Pero espero que quien lea esta
carta sepa comprenderlo. Siento mucho tener que irme de esta manera. Pero en el
fondo siempre supe que, al final, me tocaría marcharme por la puerta de atrás. Al fin
y al cabo esto es una muestra más de mi enorme cobardía. Por eso no sé más que
una cosa: morir es, en mi sufrimiento, el último remedio.
24
10
Sarah, sosteniendo una cerilla encendida entre los dedos.
SARAH. Y la lluvia cae
Y creo que nuestra hora ha llegado.
Me acuerdo del dolor que debo dejar atrás.
Y siento ahogarse mi nombre.
No tengo miedo a irme,
Pero todo va tan despacio.
Así que… silencio. La breve comedia de la vida está a punto de cerrar el telón.
Pueden aplaudir si les da la gana y, si no, marcharse a su puta casa. Aquí ya no hay
nada más que mirar.
La luz de la cerilla se apaga y se hace el oscuro definitivo.
25