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Estudio de Caso

Samuel, un niño de 9 años, ha experimentado un cambio drástico en su comportamiento, volviéndose más reservado y asustadizo, lo que preocupa a su maestra Rosa y a su madre Patricia. A través de sesiones de evaluación, se revela que Samuel vive en un hogar marcado por gritos y discusiones, lo que ha afectado su bienestar emocional y físico. Sin embargo, encuentra consuelo en su abuela Carmen y su perro Rocky, quienes le brindan un espacio seguro y momentos de tranquilidad.

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Hanny Gutiérrez
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Estudio de Caso

Samuel, un niño de 9 años, ha experimentado un cambio drástico en su comportamiento, volviéndose más reservado y asustadizo, lo que preocupa a su maestra Rosa y a su madre Patricia. A través de sesiones de evaluación, se revela que Samuel vive en un hogar marcado por gritos y discusiones, lo que ha afectado su bienestar emocional y físico. Sin embargo, encuentra consuelo en su abuela Carmen y su perro Rocky, quienes le brindan un espacio seguro y momentos de tranquilidad.

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CASO DE ESTUDIO

Entre miedos y silencios

En un pequeño salón de cuarto grado, donde las paredes están decoradas con dibujos
coloridos y trabajos escolares, la maestra Rosa observa con preocupación a Samuel, un niño
de 9 años que solía ser el primero en levantar la mano para participar en clase. Ahora,
sentado en la última fila junto a la ventana, Samuel parece perdido en sus pensamientos,
como si buscara escapar hacia el patio de juegos que se ve desde su pupitre.
La transformación de Samuel ha sido gradual pero notable. Hace apenas unos meses,
era conocido por su entusiasmo al compartir las historias de los libros que devoraba en la
biblioteca escolar. Sin embargo, en las últimas semanas, sus ojos vivaces se han tornado
esquivos, y su voz, antes clara y confiada, apenas se escucha durante las clases.
La maestra Rosa ha notado patrones preocupantes: Samuel se sobresalta violentamente
ante cualquier ruido fuerte, llegando incluso a cubrirse los oídos y encogerse en su asiento
cuando sus compañeros juegan ruidosamente durante el recreo. En tres ocasiones distintas,
lo ha encontrado llorando silenciosamente en el baño de la escuela, sin poder explicar el
motivo de sus lágrimas.
Patricia, la madre de Samuel, llegó a la reunión con la maestra luciendo agotada
después de su turno en el restaurante donde trabaja como mesera. Entre suspiros y miradas
preocupadas, compartió los cambios que ha notado en casa: Samuel, quien solía dormir
profundamente, ahora se despierta sobresaltado en medio de la noche, llamándola entre
sollozos. Sus pijamas y sábanas amanecen mojadas con frecuencia, un problema que había
superado hace tres años.
"Ya casi no come", confesó Patricia, retorciendo nerviosamente su delantal. "Antes le
encantaban los hot cakes que preparaba los domingos, ahora apenas prueba bocado y se
queja de dolor de estómago. El pediatra dice que físicamente está bien, pero yo sé que algo
no está bien con mi niño."
Durante las sesiones de evaluación psicológica, Samuel se presenta como un niño
pequeño para su edad, con hombros caídos y una mirada que busca constantemente las
salidas de la habitación. Sus manos no dejan de jugar con las mangas deshilachadas de su
suéter preferido, un regalo de su abuela Carmen.
Cuando se le pregunta sobre su vida en casa, Samuel baja la voz hasta convertirla
en un susurro: "Papá grita mucho... ya no vemos películas juntos los sábados como antes".
Poco a poco, en sesiones posteriores, emergen retazos de una realidad más oscura: las
discusiones nocturnas, el sonido de objetos rompiéndose, los gritos de su padre hacia su
madre, y en ocasiones, el ruido sordo de golpes seguido por el llanto ahogado de Patricia.
A pesar de las sombras que oscurecen su vida familiar, Samuel ha encontrado refugios de
paz. Su abuela Carmen, quien lo cuida por las tardes después de la escuela, ha creado un
espacio seguro donde Samuel puede ser niño nuevamente. En el pequeño departamento de
la abuela, rodeado por el aroma de galletas recién horneadas y el suave ronroneo de Rocky,
su perro adoptado, Samuel encuentra momentos de tranquilidad.
Rocky, un mestizo de tamaño mediano con manchas cafés, se ha convertido en su
confidente más leal. Samuel pasa horas en su habitación jugando con él, susurrándole
secretos y encontrando consuelo en su presencia incondicional. "Rocky me entiende", dice
Samuel con una de sus raras sonrisas, "y nunca se enoja conmigo".
El expediente médico de Samuel revela una historia que comenzó con desafíos: un
parto complicado que resultó en cesárea de emergencia, aunque sin secuelas neurológicas
aparentes. Su desarrollo motor ha seguido los patrones esperados, pero Patricia recuerda
que desde pequeño mostraba signos de inquietud y sensibilidad aumentada a los estímulos
fuertes.

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