0% encontró este documento útil (0 votos)
57 vistas9 páginas

Ser Escritor

El ensayo de Abelardo Castillo explora la naturaleza del escritor y su relación con la literatura, destacando la dificultad de comunicación en la vida cotidiana y el papel de la literatura como un medio para expresar lo inefable. Castillo reflexiona sobre la crisis del sentido en el arte contemporáneo y la percepción del escritor como un objeto en la economía de mercado, cuestionando la relevancia de la literatura en un mundo sin sentido. A través de su análisis, se plantea que la literatura no solo busca reflejar la realidad, sino también imaginarle un sentido, y que la poesía es un modo de vivir y percibir el mundo.

Cargado por

yopatiii.123
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
57 vistas9 páginas

Ser Escritor

El ensayo de Abelardo Castillo explora la naturaleza del escritor y su relación con la literatura, destacando la dificultad de comunicación en la vida cotidiana y el papel de la literatura como un medio para expresar lo inefable. Castillo reflexiona sobre la crisis del sentido en el arte contemporáneo y la percepción del escritor como un objeto en la economía de mercado, cuestionando la relevancia de la literatura en un mundo sin sentido. A través de su análisis, se plantea que la literatura no solo busca reflejar la realidad, sino también imaginarle un sentido, y que la poesía es un modo de vivir y percibir el mundo.

Cargado por

yopatiii.123
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SER

ESCRITOR

POR QUÉ SE ESCRIBE

La literatura, por lo poco que sé de ella, nace quizá de una fuerte tendencia a la
incomunicación o a la mala comunicación. Un escritor de ficciones es alguien que en
la vida cotidiana muy raramente puede comunicar lo que siente, sus miedos, sus
admiraciones, sus pasiones, su amor. Es algo así como esa mirada de sorpresa ante
lo real de la que hablaban los griegos: la que al filósofo le permite reflexionar y, al
escritor, escribir. El único lugar donde un hombre que escribe se comunica es en sus
libros, y son sus personajes quienes hablan por él. Los escritores, en general, son
grandes tímidos. Tal vez porque saben que los sentimientos más profundos solo
pueden manifestarse con palabras triviales. De qué modo decir te quiero, o estoy
desesperado, o tengo miedo, o la belleza me conmueve. No hay más palabras que
esas, pero uno no puede andar pronunciándolas en voz alta. Recuerdo una serie de
televisión inglesa sobre la vida de Shakespeare, en la que hay una escena
memorable. Se sabe que Shakespeare tuvo un gran amor, la famosa dama morena
de los sonetos. En esa escena, ella le pide que por favor le diga palabras hermosas,
como las que escribe en sus dramas, y no que meramente quiera arrastrarla a la
cama. Shakespeare, que ha escrito los diálogos de Romeo, debe recurrir a uno de
sus actores para que le explique cómo se habla con las mujeres reales. Al ver esa
obra, yo pensé: Shakespeare debió de haber sido realmente así.

LUGAR DEL ESCRITOR

Me preguntan cuál es el lugar del escritor


en el mundo actual. La pregunta sería más
fácil de responder —y la respuesta, más
desalentadora— si nos preguntáramos por el
lugar del arte en general. Si “lugar” significa
influencia o importancia práctica, el arte no
ocupa ningún lugar.
En los años sesenta, o hasta los años
sesenta, podía hablarse de la misión del
escritor, de su destino, de su compromiso

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 1 | 9


histórico. Se hablaba de la literatura como arma, como modo del conocimiento,
como una especie de artefacto estético, en suma, destinado, aunque fuese a largo
plazo, a influir sobre la gente o a cambiar el mundo. No importa que estas ideas
fueran falsas, incluso estúpidas; importa que permitían escribir y, sobre todo, que
podían pensarse. Creo que ningún escritor se pregunta hoy para qué sirve la
literatura, por miedo a la respuesta. Siendo escritor, no puedo reflexionar sobre la
literatura en general sin reflexionar sobre mi literatura en particular, y a nadie le
gusta descubrir que lo que hace carece de importancia.
Hacer poemas, hacer novelas, siempre fue un oficio secretamente vergonzante.
El escritor tradicional resolvía el problema imaginando que, por lo menos, era un ser
necesario. Una suerte de trabajador marginal, pero, a fin de cuentas, necesario. Hoy
sospecha que esta coartada es falsa y, con simulada humildad, se vuelve
pragmático: se ve a sí mismo como un mero objeto de la economía de mercado. Un
libro es algo que se vende, por lo tanto su autor es un productor de bienes de
servicio. La finalidad de una novela no es perdurar ni testimoniar el mundo, ni
siquiera ser leída: la finalidad de una novela es ser vendida. Los editores y los
suplementos culturales nos acostumbraron a ese modo de pensar. No hay listas de
mejores libros, hay listas de libros más vendidos.
El problema es que esta coartada también es falsa, al menos si se es argentino.
En un país donde los libros de ficción —no hablemos de la poesía— no venden más
de dos o tres mil ejemplares, y esto cuando son un acontecimiento, es difícil, siendo
escritor, sentir que se ocupa algún lugar. ¿Quién tiene la culpa de esto? Confieso
que no sé, y confieso que el problema no me importa demasiado.
Estamos atravesando por lo que yo llamaría una crisis universal del sentido. La
religión, la ciencia, el arte, ya no dan respuestas a nadie. El final de la historia, el fin
de las ideologías, la muerte de las utopías, quieren decir sencillamente que no le
vemos un sentido al mundo. La pregunta, entonces, sería: ¿Qué sentido tiene la
literatura en un mundo sin sentido? No hay más que dos respuestas. La primera:
ningún sentido. La segunda es precisamente la que hoy no parece estar de moda: el
sentido de la literatura es imaginarle un sentido al mundo y, por lo tanto, al escritor
que la escribe. En esto, el escritor de los noventa me parece idéntico al de los
sesenta, al de los treinta, al del siglo XXI.
Empecé diciendo que el arte no ocupa ningún lugar. Esa también me parece una
buena respuesta metafórica y, por lo tanto, literaria. Todos sabemos que “utopía”
significa precisamente eso: no lugar, ningún lugar.
Un escritor no es solo un señor que publica libros y firma contratos y aparece en
televisión. Un escritor es, tal vez, un hombre que establece su lugar en la utopía.

PSICOANÁLISIS POÉTICO

La literatura es, entre muchas otras cosas, una especie de autoanálisis


inconsciente. Tal vez yo no pueda saber cómo soy ni pueda explicarlo, pero, en mis
libros, mis personajes son quienes me dicen cómo soy. Sobre todo cuando actúan
de una manera en que yo no actuaría, están, de algún modo, denunciándome.
Dicho sea de paso, Pablo Neruda lo expresó mucho mejor: “Si me preguntan qué
es mi poesía debo decirles: no sé; pero si le preguntan a mi poesía, ella les dirá
quién soy yo”.

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 2 | 9


LITERATURA Y FELICIDAD

La literatura está cargada de fatalidad y de tristeza. ¿Por qué? La vida no es


siempre fea. Lo que pasa es que, en el fondo, la literatura es
un conjuro contra la infelicidad y la desdicha. La gente quiere
ser feliz. Pero la felicidad no hay que escribirla: hay que vivirla.
O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el
deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se
quiere perder. Por eso es tan difícil escribir una buena historia
feliz. La historia de amor más hermosa que se ha escrito es
Romeo y Julieta. Pero es una catástrofe. Ella tiene catorce
años y él dieciocho, y terminan suicidándose. Qué linda historia
de amor. Uno confunde la felicidad con las felicidades, con
ciertos momentos transitorios de dicha o alegría. La felicidad
absoluta no existe, y se escribe, justamente, porque la felicidad
no existe. Existen pequeños instantes de felicidad, o alegrías
fugaces, que, si se consigue perfeccionarlos en la memoria,
pueden ayudar a vivir durante muchísimos años. La literatura también es un intento
de eternizar esos momentos.

LA HISTORIA SUBTERRÁNEA

Ninguna historia cuenta una sola historia, ni en los libros ni en la vida. Pero, sobre
todo en la literatura, si la historia subterránea no es en cierto modo la esencial no
hay obra de ficción.

POESÍA Y PROSA

Desconfío de los escritores que no


empezaron haciendo versos. Leopoldo
Marechal solía recordar que, para
Aristóteles, todos los géneros de la literatura
son géneros de la poesía, y Ray Bradbury
aconseja leer todos los días un poema antes
de ponerse a escribir un cuento o una
novela. Todo escritor verdadero es
esencialmente un poeta. Ser poeta no
significa escribir en verso; ni el puro acto
mecánico de versificar garantiza la poesía.
Cuando uno dice “poeta” piensa en Góngora, en Machado, en Lorca, en Neruda,
en Vallejo. Son, digamos, poetas en estado puro. Pero hay otro tipo de escritor que
llega a los versos a través de la prosa, como Borges, como Quevedo, incluso como
Poe. Y hay todavía un tercer tipo, el gran prosista, que no puede escribir versos,
aunque seguramente empezó haciéndolo en su adolescencia. William Faulkner le

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 3 | 9


confesaba a Jean Steen: “Soy un poeta malogrado. Quizá todo novelista quiere
escribir primero poesía, y descubre que no puede, y entonces intenta escribir
cuentos, que es la forma más exigente después de la poesía, y, al fracasar, solo
entonces se dedica a escribir novelas”.
La poesía no es una manera de escribir, es más bien un modo de vivir, de percibir
el mundo.

ABELARDO CASTILLO
(Argentina, 1935/2017)

(Fragmentos de su libro de ensayo Ser escritor, Bs. As., Seix Barral, 2007)

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 4 | 9


Antes de la lectura
1. ¿Escriben? Si lo hacen, ¿dónde y cuándo?, ¿para qué o para quién?
2. ¿Les cuesta expresarse a través de la escritura? Mencionen dos razones.

Durante la lectura
Vamos a comenzar viendo cómo se las arreglan algunos escritores y escritoras
para responder a estas preguntas desde su propia práctica.

Ser escritor

Les ofrecemos algunos fragmentos de un ensayo del escritor argentino Abelardo


Castillo. ¿Qué es un ensayo? Un texto complejo en el que su autor/a reflexiona
sobre un tema o problema y aporta argumentos sólidos, utiliza recursos retóricos
(definiciones, ejemplos, citas, analogías/comparaciones, entre otros) para llegar a
conclusiones que los lectores podemos compartir o no. Pero que nos dejan
pensando…

1. Castillo sostiene que: “Los escritores, en general, son grandes tímidos”. ¿Los
imaginan así? Fundamenten.
2. ¿Qué función cumplen los escritores en la sociedad? Describan brevemente los
dos tipos o imágenes que compara:
-escritor comprometido y marginal
-escritor pragmático
3. Piensen en esta pregunta retórica que el autor
formula: “¿Qué sentido tiene la literatura en un
mundo sin sentido?”. Formulen otras preguntas
(sin respuestas) que les surjan a partir de la lectura
de este apartado.
4. ¿La literatura, la poesía, sirven para saber quiénes somos? Castillo incluye una
cita de autoridad para fundamentar su opinión: ¿quién la expresó? ¿ustedes lo
conocen? ¿con qué marcas gráficas se destaca esa cita?
5. ¿La literatura nos hace felices? ¿Qué ejemplo literario aporta? ¿Para qué se
escribe, entonces?

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 5 | 9


6. ¿Hay relación entre poesía y vida? Castillo propone varios consejos, ejemplos de
escritores famosos y concluye: “La poesía no es una manera de escribir, es más
bien un modo de vivir, de percibir el mundo”. ¿Están de acuerdo o no?
Justifiquen.

Por qué escribo

Ahora les compartimos fragmentos de un breve ensayo del periodista y escritor


uruguayo Eduardo Galeano, quien era un apasionado, entre otros temas, del fútbol.
Galeano murió el 13 de abril de 2015 y el Facebook Nuestro Eduardo Galeano lo
homenajeó así:

Por qué escribo. Para empezar, una confesión: desde que era bebé, quise ser
jugador de fútbol. Y fui el mejor de los mejores, el número uno, pero sólo en sueños,
mientras dormía.
Al despertar, no bien caminaba un par de pasos
y pateaba alguna piedrita en la vereda, ya
confirmaba que el fútbol no era lo mío. Estaba
visto: yo no tenía más remedio que probar algún
otro oficio. Intenté varios, sin suerte, hasta que por
fin empecé a escribir, a ver si algo salía.
Intenté, y sigo intentando, aprender a volar en la
oscuridad, como los murciélagos, en estos tiempos
sombríos. Intenté, y sigo intentando, asumir mi
incapacidad de ser neutral y mi incapacidad de ser
objetivo, quizás porque me niego a convertirme en
objeto, indiferente a las pasiones humanas.
Intenté, y sigo intentando, descubrir a las
mujeres y a los hombres animados por la voluntad
de justicia y la voluntad de belleza, más allá de las
fronteras del tiempo y de los mapas, porque ellos
son mis compatriotas y mis contemporáneos,
hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido
cuando hayan vivido.
Intenté, intento, ser tan porfiado como para seguir creyendo, a pesar de todos los
pesares, que nosotros, los humanitos, estamos bastante mal hechos, pero no

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 6 | 9


estamos terminados. Y sigo creyendo, también, que el arcoíris humano tiene más
colores y más fulgores que el arcoíris celeste, pero estamos ciegos, o más bien
enceguecidos, por una larga tradición mutiladora.
Y en definitiva, resumiendo, diría que escribo intentando que seamos más fuertes
que el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los
indignos y los indignados.

(En Cerrado por fútbol. Extraído de Nuestro Eduardo Galeano, 13/04/2021)

1. Galeano comienza a argumentar con el recurso de la confesión: ¿qué confiesa?


¿A ustedes les pasa algo parecido con el mismo u otro sueño?
2. Hagan una lista (traducida y sintetizada por ustedes) de las razones que Galeano
sostiene para escribir.
3. Si recordamos la clasificación de Castillo y lo analizamos, ¿Galeano es un escritor
comprometido o pragmático? ¿Por qué? Incluyan citas en su fundamentación.

El oficio de la poesía

Finalmente les proponemos acercarse a tres enormes poetas argentinos del siglo
XX: Juana Bignozzi, Susana Thénon y Juan Gelman, para ver qué responderían
estos poetas a los interrogantes que nos venimos planteando con Castillo y
Galeano. A partir de estos poemas les proponemos que ustedes ensayen
respuestas a estas preguntas:

• ¿para qué sirve la poesía?


• ¿para quién se escribe?
• ¿es un oficio, un hobby, un acto creativo, un negocio?

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 7 | 9


Función social de la poesía

si toda vida es referencia a nuestra vida


espero dejar una palabra
que ampare a alguien
en estas tardes inhóspitas de recuerdos

Juana Bignozzi
(Buenos Aires, 1937-2015)

de Regreso a la patria (1989)

Fundación
Como quien dice: anhelo,
vivo, amo,
inventemos palabras,
nuevas luces y juegos,
nuevas noches
que se plieguen
a las nuevas palabras.
Hagamos
otros dioses
menos grandes,
menos lejanos,
más breves y primarios.
Otros sexos
hagamos
y otras imperiosas necesidades
nuestras,
otros sueños
sin dolor y sin muerte.
Como quien dice: nazco,
duermo, río,
inventemos
la vida
nuevamente.

Susana Thénon
(Buenos Aires, 1935-1991)

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 8 | 9


Arte poética

Entre tantos oficios ejerzo este que no es mío,


como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.
A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.
Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

Juan Gelman
(Buenos Aires, 1930-México, 2014)
de Velorio del solo (1961).

Audio en la voz del autor

E.E.M.P.A. “LIBERTAD” - RAFAELA 9 | 9

También podría gustarte