Brayan Yanes - Miguel Puente - Omar Correa
Herramienta de trabajo
Construcción colectiva de conocimientos
Características de los procesos de colonización y
descolonización en los ámbitos del Ser, Saber. Poder y el
Territorio
Para recordar:
Con la constitución de América (Latina)2, en el mismo momento y en el
mismo movimiento histórico, el emergente poder capitalista se hace
mundial, sus centros hegemónicos se localizan en las zonas situadas
sobre el Atlántico –que después se identificarán como Europa–, y como
ejes centrales de su nuevo patrón de dominación se establecen también
la colonialidad y la modernidad. En otras palabras: con América (Latina)
el capitalismo se hace mundial, eurocentrado y la colonialidad y la
modernidad se instalan, hasta hoy, como los ejes constitutivos de este
específico patrón de poder. En el curso del despliegue de esas
características
del poder actual, se fueron configurando las nuevas identidades sociales
de la colonialidad (indios, negros, aceitunados, amarillos, blancos,
mestizos) y las geoculturales del colonialismo (América, África, Lejano
Oriente, Cercano Oriente, Occidente y Europa). Las relaciones
intersubjetivas correspondientes, en las cuales se fueron fundiendo las
experiencias del colonialismo y de la colonialidad con las necesidades
del capitalismo, se fueron configurando como un nuevo universo de
relaciones intersubjetivas de dominación bajo la hegemonía
eurocentrada. Ese específico universo es el que será después
denominado modernidad. (Quijano, 2014).
“La colonialidad se refiere a la forma como el trabajo, el conocimiento, la
autoridad y las relaciones intersubjetivas se articulan entre sí, a través
del mercado capitalista mundial y la idea de raza.” (Mignolo, W. - 2003)
y que para salir la colonialidad es necesario un “paradigma otro”.
“Las relaciones coloniales de poder no se limitan sólo al dominio
económico-político y jurídico-administrativo de los centros sobre las
periferias, sino que poseen también una dimensión epistémica, es decir,
cultural” (Castro Gómez, Santiago y Grosfoguel, Ramón- 2012).[2]
Por eso con acierto el filósofo portorriqueño Nelson Maldonado-Torres
(Maldonado-Torres, Nelson – 2007) habla de la relación entre lo que
llama la colonialidad del poder, la colonialidad del saber y la colonialidad
del ser y dice que si la “colonialidad del poder se refiere a la
interrelación entre formas modernas de explotación y dominación, y la
colonialidad del saber tiene que ver con el rol de la epistemología y las
tareas generales de la producción del conocimiento en la reproducción
de regímenes de pensamiento coloniales, la colonialidad del ser se
refiere entonces, a la experiencia vivida de la colonización y su impacto
en el lenguaje”.
El filósofo francés Michel De Certeau señala cómo “la lógica misma de la
conquista supone la escritura del cuerpo americano y la traza sobre él
(la inscripción) de la historia. Este ejercicio historiográfico constituye
para De Certeau un punto esencial en el proceso de conquista, una
colonización del cuerpo por el discurso del poder, es decir “la escritura
conquistadora que va a utilizar al Nuevo Mundo como una página en
blanco (salvaje) donde escribirá el querer occidental” (1993:11). Se
trata, pues, de la inscripción por la vía de la palabra escrita del deseo de
Occidente en el cuerpo del “otro”, creado y narrado allí primero como
salvaje, luego como conquistado y luego como colonizado.” (De Certeau,
M.- 1993).
Para el antropólogo argentino Rodolfo Kush “Occidente ha penetrado en
este orden simbólico como un imperium y lo ha destruido, y no sólo lo
ha destruido porque impuso sobre la cultura de estos pueblos otras
categorías culturales, sino que además generó la colonización interna”.
(Ríos, Rubén - 2014).
Por su parte la psicoanalista argentina Blanca Montevecchio nos dice
que “la distorsión de los vínculos que opera a partir de la conquista y
continúa a lo largo de la colonia en Indoamérica se incrementa y sufre
más tarde una reactivación a raíz de la introducción de modelos que no
contemplan la idiosincrasia de la cultura autóctona. Ellos provienen del
exterior y se incorporan mediante relaciones autoritarias que tuvieron su
réplica en el seno de la familia y en las instituciones en general (…) El
modelo autoritario introducido por el conquistador y potenciado a través
del vínculo colonial, genera una dependencia prolongada
indefinidamente donde la persona sigue buscando fuera de sí misma el
ideal que guíe su conducta.”
Como dice Dussel, en 1492 no hubo un descubrimiento de América sino
un encubrimiento del otro [6]. El lenguaje sigue siendo deudor de ese
hecho fundamental de la Modernidad-colonialidad en sus enunciados,
funcionales a su vez de un tipo de subjetividad en donde ese
encubrimiento perdura. La diferencia es traducida en términos de
jerarquía o de déficit y uno de los términos paga las consecuencias.
El cógito de la Modernidad Occidental no sólo se instala en posición de
saber, de pensar lo otro, sino en posición de conquista y dominio.
Nomina, descubre, cubre, coloniza al otro. Y Dussel señala que “ese otro
fue cubierto como “lo mismo” que Europa era desde siempre. Pero esta
posición de conquista destila una violencia implícita en cada acto de
enunciación.
Procesos coloniales en el Ser, el Saber, el Poder y el Territorio:
Algunas características:
El Ser
El hombre de la sociedad colonizada adopta el estilo de vida
individualista que promueve el pensamiento europeo.
Se hereda el rechazo a las minorías y la sumisión ante los
supuestos “superiores”, aquellos que forman parte de sociedades
más avanzadas.
La sociedad fomenta el rechazo a los semejantes y se generaliza
una percepción de inferioridad por tener menos recursos
económicos o tecnológicos.
Fenómenos de discriminación de muchos tipos, racismo,
xenofobia, discriminación basada en la sexualidad.
Modelos de pensamiento autodestructivos impuestos por la
sociedad capitalista y consumista.
El Saber
El pensamiento colonial penetra profundamente en la mente del
ser humano colonizado, se establecen modelos de pensamiento
como
El Poder
El Territorio
Para recordar:
Procesos Decoloniales del Ser, el Saber, el Poder y el
Territorio:
Con estudios decoloniales nos referimos a “un espacio enunciativo no
exento de contradicciones y conflictos cuyo punto de coincidencia es la
problematización de la colonialidad en sus diferentes formas, aunada a
una serie de premisas epistémicas compartidas”. (Escobar, 2005).
Si lo ubicamos en la tradición del pensar de la sospecha, del
pensamiento crítico, que desentraña, deconstruye, interpreta y analiza
las producciones culturales podemos calificarlo como una herramienta
valiosa en el camino decolonial.
Muchos de nosotros portamos esas dos o más miradas culturales. Nos
queda el desafío de hacer de ello un promotor de riqueza epistémica y
subjetiva y no un antagonismo estéril o un sometimiento alienante.
La decolonialidad, según Mignolo (2000) se plantea como conjunto de
“saberes fronterizos” –border studies– que se forman al margen de las
ciencias sociales y de las humanidades, y que se nutren de la
experiencia vital de la resistencia que defiende y hace suya la memoria
de los excluidos, de los pobres, de los cuerpos que han sufrido la
apropiación del poder colonial a lo largo de la historia –y no solo de la
historia moderna o reciente, sino de la historia como historia total, pues
esta defensa es válida también para las historias locales y los individuos
que han existido bajo la opresión del poder establecido en cualquier otro
lugar del mundo– (Mignolo, 2023).
“Entiendo por Epistemología del Sur el reclamo de nuevos procesos de
producción y de valoración de conocimientos válidos, científicos y no
científicos, y de nuevas relaciones entre diferentes tipos de
conocimiento, a partir de las prácticas de las clases y grupos sociales
que han sufrido de manera sistemática las injustas desigualdades y las
discriminaciones causadas por el capitalismo y el colonialismo”. (De
Sousa Santos, 2011).
“La decolonialidad representa para Latinoamérica el desprendimiento de
las bases eurocentradas del poder, el desenganche de la lógica de la
modernidad y una alternativa epistémica otra. Esta alternativa intenta
romper la colonialidad en todas sus expresiones, dignificando a la vez
las experiencias y cultura Latinoamericanas, para ello asume como
premisa la interculturalidad, principio que guía las acciones y los
pensamientos tanto en los ámbitos sociales como del conocimiento, la
transmodernidad como retorno a la conciencia de las grandes mayorías
de la humanidad, de su inconsciente histórico excluido y una nueva
episteme o una epistemología del Sur, como una búsqueda de
conocimientos que visibiliza las prácticas cognitivas de los pueblos
oprimidos históricamente por el colonialismo…
El cuestionamiento de la mirada eurocéntrica como patrón mundial para
la ciencia, la tecnología, la economía y las relaciones sociales en
general, sigue siendo una necesidad insoslayable para Latinoamérica,
objeción que ha de hacerse no por mero capricho, ni con la pretensión
de derivar un proyecto con ambiciones similares, de imponerse como un
universal. Contrariamente, estas discusiones han de continuarse por
constituir una lucha por los derechos fundamentales de los pueblos de
esta región. Se habla de continuar justamente porque los debates en
torno al desprendimiento de las bases eurocentradas del poder se
vienen gestando planetariamente desde el siglo XVI, con intensificación
en el siglo XX, sin embargo, también es continuada la hegemonía de la
visión moderna/colonial”. (Rincón, Millán y Otros, 2015).
Algunas características de los procesos decoloniales
El Ser
El Saber
El Poder
El Territorio