UNIDAD IV. EL NEGOCIO JURÍDICO.
1.- El hecho, el hecho jurídico y el negocio jurídico: conceptos y clasificación.
El hecho es toda acción u obra del hombre o de la naturaleza que cae bajo la
percepción de nuestros sentidos. Los hay capaces de producir innúmeras consecuencias
pero que, sin embargo, no tienen fuerza gravitante en el área de lo jurídico. Éstos son
denominados genéricamente hechos o hechos simples. Por otro lado, los acontecimientos
o circunstancias de hecho a los que el derecho objetivo atribuye el efecto de producir la
adquisición, modificación, transformación o extinción de los derechos, son los llamados
hechos jurídicos.
Considerando que los hechos jurídicos son acontecimientos de orden natural, los
efectos jurídicos que pueden acarrear se conocen inmediatamente al verificarse la condición
objetiva y se producen por imperio de la ley (ope legis, ipso iure). Ahora bien, cuando el
hecho jurídico no es producido por factores naturales, sino por el actuar del hombre, por un
acto de voluntad del sujeto, estamos en presencia del acto jurídico, que podemos definir
diciendo que es el acto voluntario susceptible de producir el nacimiento, la modificación, la
transformación o la extinción de los derechos.
Negocio jurídico: conceptos y clasificación.-
El acto jurídico, según el resultado operado en relación con el comportamiento de la
voluntad dirigida a producirlo, puede ser lícito o ilícito. El acto jurídico lícito es lo que
modernamente recibe el nombre de negocio jurídico; el acto jurídico ilícito constituye el
delito. Negocio jurídico es el acto del hombre encaminado a lograr fines lícitos y por ello
encuentra la tutela de la ley: Contra-riamente, delito es el acto voluntario que lesiona un
interés o derecho ajeno y por tal razón la ley castiga a su autor con una pena.
Los romanos no elaboraron una teoria general ni formularon una clasificación que
agrupara a las distintas clases de negocios en forma ordenada. Pero su gran variedad de
figuras debido al libre juego de la voluntad de los particulares, impone la necesidad de
ensayar algunas clasificaciones, atendiendo a las características comunes de los distintos
tipos de negocios:
- Según el número de declaraciones de voluntad que contiene el negocio y su proceso
formativo: negocios unilaterales (voluntad de un solo individuo, ej - testamento),
negocios bilaterales (intervienen dos partes, por lo menos, ej - los contratos).
También hay negocios onerosos y gratuitos o lucrativos. Los primeros son
aquellos en que la parte que adquiere un derecho suministra a su vez a la otra una
contraprestación, como ocurre en la venta, en tanto que en los segundos la
adquisición se produce sin que exista contraprestación, por lo cual hay
enriquecimiento de una persona por el acto de otra, como acaece en la donación.
- Atendiendo a si los efectos del negocio se van a producir en vida de los otorgantes o
si dependen del fallecimiento del autor: inter vivos, como el contrato, y en mortis
causa, como el testamento.
- Otra clasificación distingue los negocios formales de los no formales: los primeros
son aquellos respecto de los cuales la ley prescribe a las partes el cumplimiento de
ciertas formalidades para expresar su voluntad, de tal manera que su inobservancia
hace que el negocio no exista. Negocios no formales son aquellos en los que las
partes pueden expresar su voluntad de cualquier manera, siempre que resulte clara
y manifiesta.
- Según el objeto o contenido: negocios relativos al derecho de personas (ej.
matrimonio, divorcio, adopción) negocios relativos al derecho patrimonial (ej. de
disposición, que entrañan una alteración económica en el patrimonio de una
persona) negocios obligacionales (engendran derechos personales de un individuo
frente a otro, ej. contrato de compraventa) y negocios relativos al derecho sucesorio
(ej. el testamento).
2.- Presupuestos de validez del negocio jurídico.
Son los presupuestos de validez sin los cuales el ordenamiento legal no otorga
sanción jurídica al acto de autonomía privada, ni reconoce siquiera que el negocio jurídico
adquiera existencia.
Según Emilio Betti, los presupuestos de validez pueden agruparse en tres categorías: según
su "capacidad obrar", la "legitimación de las partes" y lo que concierne a la "idoneidad del
objeto" del negocio.
- La capacidad del sujeto: se refiere a la capacidad de obrar, esto es, a la aptitud
legal o jurídica que deben tener los sujetos de una relación negocial para ejercer por
sí mismos sus derechos. Así, las personas incapacitadas de obrar, como el infante o
el demente, no pueden celebrar un negocio jurídico válido.
- La legitimación de las partes: entraña la específica competencia de los sujetos
para realizar el negocio de que se trate. Comprende dentro de sí dos aspectos; el
poder de proceder a la regulación de esos intereses concretos, lo que supone que
sean propios. Así, para realizar un determinado negocio de disposición sobre una
cosa determinada se exige, no sólo que se posea la genérica capacidad de
disposición, sino también un específico poder para disponer de esa cosa concreta.
El segundo aspecto se refiere a la idoneidad de las partes que celebran un
determinado negocio para convertirse en sujetos activos o pasivos de la relación, lo
cual viene a entrañar un grado más en la capacidad de derecho de las mencionadas
partes. Por ejemplo, el impedimento legal que prohíbe al tutor adquirir los bienes de
su pupilo o al gobernador de provincia los fundos situados en terrenos de su
jurisdicción.
- Idoneidad del objeto: supone que los bienes o cosas sobre los que versa el
negocio o que constituyen la materia de él, sean susceptibles de experimentar la
regulación que de ellos hagan las partes. Así, en los negocios patrimoniales, serán
objetos idóneos las denominadas res in commercio, es decir, las cosas que entran
en el tráfico jurídico de los particulares, quedando excluidas, por ende, las res extra
commercium.
3.- Elementos del negocio jurídico: a) esenciales, b) naturales, c) accidentales.
Los elementos del negocio jurídico vienen a ser requisitos intrínsecos que deben
conformarse de determinada manera, la doctrina moderna ha distinguido tres clases: los
elementos esenciales (essentialia negotii), los elementos naturales (naturalia negotii) y los
elementos accidentales (accidentalia negotii).
a) Son elementos esenciales aquellos sin los cuales ningún negocio puede existir
porque constituyen su propia naturaleza. Tales son el acto voluntario, el contenido y la
causa. Los romanos, sin embargo, sólo percibieron como tal el acto voluntario, al que por
mucho tiempo rodearon de formalidades especiales que en cierta medida prevalecían sobre
la voluntad de los sujetos. Desaparecido el rigor formalista del primitivo derecho romano, la
voluntad juega su verdadero papel de fuerza motriz del negocio jurídico. Contenido y causa
son elementos que han sido considerados y caracterizados exclusivamente por la doctrina
moderna, no habiendo rasgos en el derecho romano que permitan siquiera suponer que los
jurisconsultos tuvieran una idea aproximada de ellos.
Actos voluntarios.-
Es el elemento que lleva a dar nacimiento al negocio jurídico, que puede traducirse
en el comportamiento del sujeto o en una declaración o manifestación de voluntad.
La declaración de voluntad puede ser expresa o tácita. Es expresa cuando es
manifestado de un modo cualquiera mediante signos externos que lo hacen perceptible
explícita y directamente, como si los sujetos se valieran de la palabra o la escritura,
pudiendo bastar también una seña o un gesto. Es manifestación tácita o implícita de la
voluntad aquella que surge re o re ipsa, como dicen las fuentes, con lo cual se quiere
significar que es la derivada de los hechos, del comportamiento o del modo de obrar del
sujeto, o sea, la que nace por vía indirecta. El silencio, al que se ha pretendido asimilar a
una declaración tácita de voluntad, por principio carece de eficacia para crear un vínculo
jurídico. Sin embargo, en casos positivamente determinados por la ley, ésta reconoce valor
de declaración de voluntad y era de tal manera que en roma, el consentimiento del
paterfamilias para la celebración de la unión de una hija era dado si, sabiendo de la misma,
no presentaba oposición.
La declaración puede ser también recepticia y no recepticia. La primera es aquella
que tiene que llegar a conocimiento de la persona a que va destinada y ser aceptada por
ella. Es declaración no recepticia la que crea el negocio sin necesidad de otra voluntad
concurrente, como acaece con el testamento.
Aunque normalmente la declaración de voluntad era emitida por los sujetos de la
relación negocial, había casos en los que la voluntad se podía manifestar por otras
personas, siempre que la solemnidad del acto no lo impidiera. Así, el derecho romano
conoció la figura de un intermediario o nuntius, que venía a ser un agente o instrumento del
declarante. Este mensajero no expresaba su propio querer, sino el de quien lo enviaba y por
ello los efectos del negocio se fijaban en el sujeto que se servía del nuntius para declarar su
voluntad. Pero no hay que confundir la manifestación de voluntad por otra persona caso del
nuntius- con la representación, que es el medio jurídico en virtud del cual la persona que
emite o recibe una declaración de voluntad es distinta de aquella en la que, en definitiva, se
van a fijar los efectos del negocio.
Dos situaciones pueden presentarse entre los sujetos de la relación de
representación, sea ésta legal o necesaria, voluntaria o espontánea. Una, llamada
representación directa o inmediata, en la que el representante obra en nombre y por
cuenta del representado (dominus negotii), por lo cual los efectos del negocio se fijan sólo
en el mismo representado. Otra, denominada representación indirecta o mediata, en la
que el representante obra por cuenta del representado, pero en nombre propio, lo cual hace
que los efectos del negocio se produzcan en favor o en contra de él.
El derecho romano no admitió, como el derecho moderno, la representación directa
por las siguientes razones:
- Por una parte, el formalismo de los negocios en el primitivo ius civile, que exigía la
intervención directa y personal de los sujetos de la relación.
- Por otra, la organización de la familia romana hacía que el paterfamilias no
necesitara recurrir a representantes libres, ya que como tales actuaban, por imperio
de la ley, los hijos y esclavos sometidos a su potestad. Todo lo que éstos adquirían,
revertía automáticamente al patrimonio del jefe.
Contenido.-
Segundo elemento esencial del negocio es el contenido del acto, que es el precepto
que contiene la regulación que hacen los sujetos conforme a sus intereses, en orden a la
función económico-social característica del tipo de negocio realizado. En los contratos, el
contenido es la prestación, esto es, la conducta que las partes convienen en observar y que
constituye la ley del negocio.
Así, en un contrato de compraventa, el contenido consiste en dos prestaciones: la
del vendedor, de entregar la cosa; la del comprador, de pagar un precio en dinero.
Causa.-
Se entiende por causa en su aspecto objetivo, el fin práctico que constituye la
funcion económico-social que es típica del negocio que se realiza. En la compraventa la
causa es el cambio en el dominio de una cosa por un precio en dinero.
No debe confundirse la causa -fin objetivo del negocio- con los motivos
determinantes -fin subjetivo- que son las razones psicológicas que impulsan a las partes a
realizar el acto, como podría ser el destino que el vendedor piensa dar al dinero recibido de
la venta (prestarlo, donarlo, etc.) o el que el comprador dará a la cosa adquirida (revenderla,
alquilarla, etcétera).
b) Los elementos naturales son los que integran el contenido normal de un
negocio determinado o están ínsitos en él, de manera que, aun cuando las partes
dispongan diversamente, el derecho objetivo los sobreentiende. Por sus características,
además, las partes pueden eliminarlos de la relación negocial sin que ello altere la validez
del negocio. Por sus características, además, las partes pueden eliminarlos de la relación
negocial sin que ello altere la validez del negocio.
c) Los elementos accidentales del negocio jurídico son las distintas modalidades
que las partes pueden introducir en él a fin de variar su contenido o el momento en que
comience a producir sus efectos o subordinar su eficacia a que acontezcan o no
determinados hechos. Dentro de los elementos accidentales se destacan la condición
(condicio), el término (dies) y el modo (modus)
Condición: suspensiva y resolutoria.-
Puede definirse como una declaración accesoria de voluntad por la que las partes
hacen depender el nacimiento o la cesación de los efectos propios del negocio a un
acontecimiento futuro e incierto.
Se llama condición suspensiva aquella que hace depender la producción de los
efectos de un negocio al cumplimiento de la condición. De esta manera, hasta que el
acontecimiento futuro e incierto no se cumpla, los efectos del negocio se hallan en
suspenso, como si se dijera "te daré cien si viene una nave del Asia". Por otro lado,
condición resolutoria es aquella por la cual se hace depender la extinción o resolución de
los efectos del negocio del cumplimiento de la condición. Por tanto, desde que se celebra el
negocio despliega éste sus efectos normales, pero si se produce el acontecimiento futuro e
incierto, tales efectos cesan y el negocio se resuelve
Cuando en derecho romano se habla de condición, se refiere exclusivamente a la
suspensiva, ya que no admitió que ciertos derechos absolutos estuvieran condicionados y
que pudieran resolverse o extinguirse por un acontecimiento o por la llegada de un término
(propiedad, libertad, patria potestad, etc). Por ello sólo reconoció eficacia a la condición
resolutoria por vía indirecta, uniendo al negocio principal, que nacía no condicionado, un
pacto de resolución sujeto a condición suspensiva, por medio del cual se convenía que si se
daba un determinado acontecimiento, las partes se obligaban a resolver el negocio.
Las causas del acontecimiento a las que está supeditada la condición, se las puede
clasificar en potestativas, casuales y mixtas. Las primeras son aquellas que dependen
exclusivamente de la voluntad de una de las partes, normalmente de aquella en cuyo
beneficio se celebraba el negocio, como si se dijera "si subes al Capitolio". Son condiciones
casuales, cuando el hecho es independiente de la voluntad de los sujetos, como si se dijera
"si llega un navío de Asia". Son mixtas aquellas condiciones en las que ordinariamente no
es suficiente para producirlas un hecho de la naturaleza o la voluntad de un tercero, sino
que es necesario que concurra también la voluntad de una de las partes, por ejemplo, "si se
te nombra cónsul".
No entran dentro del concepto de condición ciertas figuras que tienen apariencia de
tales y que por esa razón se las ha denominado "condiciones aparentes o impropias". Entre
ellas se cuentan las llamadas condiciones iuris (constituyen requisitos para la validez del
negocio) y las condiciones legales (exigencias propias de un determinado negocio, que sin
el no produce sus efectos, ej. muerte del testador). Tampoco constituyen verdaderas
condiciones las que se refieren a hechos actuales o pasados. Las condiciones imposibles,
en las que el evento no puede ocurrir ni materialmente ni jurídicamente, así como las ilícitas
o inmorales, las que tienen un contenido burlón, las captatorias o de seducción y las que no
pueden cumplirse sin una cierta humillación o deshonor para el obligado, provocan la
nulidad del negocio, salvo en las disposiciones testamentarias, donde se las considera
como no escritas.
Término.-
Consiste en una declaración accesoria que las partes pueden introducir en un
negocio y en virtud de la cual se establece que sus efectos comenzarán a producirse o
cesarán cuando se verifique un acontecimiento futuro y cierto; en especial, cuando llegue
una fecha fija, determinada o determinable.
Como surge de este concepto, el término -lo mismo que la condición- puede ser
suspensivo o resolutorio. Suspensivo, cuando se dejan en suspenso los efectos del negocio
hasta que el acontecimiento cierto se produzca (dies a quo). Resolutorio, si los efectos del
negocio cesan o se resuelven al cumplirse el acontecimiento cierto previsto por las partes
(dies ad quem).
Desde el antiguo derecho romano se conocieron cuatro distintas clases de términos.
El dies certus an certus quando (se sabe que llegará y cuándo llegará, ej-fecha del
calendario); el dies certus an incertus quando (se sabe que llegará, pero no cuándo, ej-el
día de la muerte de Ticio); el dies incertus an certus quando (se desconoce si llegará, pero
se sabe el momento de la llegada, ej- el día que Ticio cumpla cincuenta años); y el dies
incertus an incertus quando (se desconoce si llegará y cuándo llegará, ej-el día que se case
Ticio). Los dos últimos son condiciones bajo apariencia de términos.
El término tuvo en la legislación romana un régimen jurídico muy parecido a la
condición. Tampoco se reconoció el plazo resolutorio, pero se llegó a sus efectos mediante
el agregado de un pacto de resolución.
Modo.-
Consiste en una declaración unida a un acto de liberalidad, como una donación,
para imponer a la persona favorecida un gravamen lícito, como sería obligar al donatario a
erigir un monumento en memoria del donante
En los primeros tiempos el cumplimiento de las obligaciones modales era un deber
ético, librado a la fides. Más adelante, en el derecho clásico, es una obligación jurídica que
puede exigirse al beneficiario por el disponente o sus herederos, mediante procedimientos
indirectos y el otorgamiento de cauciones. En el derecho justinianeo se opera un avance y
se autoriza al constituyente o a sus herederos a exigir la devolución de la liberalidad por
medio de la condictio causa data causa non secuta o a compelerlo al cumplimiento de la
carga o gravamen mediante la actio praescriptis verbis.
4.- Ineficacia del negocio jurídico.
Hay negocio ineficaz o inválido cuando por estar afectado por defectos o vicios en su
constitución, el ordenamiento jurídico no le reconoce sus efectos propios o normales. El
derecho moderno distingue dos figuras principales de ineficacia: la nulidad y la anulabilidad.
Nulidad y anulabilidad.-
Se dice que el negocio jurídico es nulo cuando desde su nacimiento, y de un modo
definitivo, no produce ningún efecto jurídico. La nulidad se produce automáticamente, en
virtud del propio derecho objetivo (ipso iure), el cual niega al negocio eficacia jurídica por
carecer de alguno de sus presupuestos o elementos esenciales. Se dice también que en
esos casos el negocio es inexistente. Se considera negocio anulable aquel que, a pesar de
estar integrado por sus presupuestos y elementos esenciales, alguno de ellos está afectado
por algún vicio que permite impugnar su validez son eficacia retroactiva, de manera que
pueda declararse su nulidad por esta vía de impugnación.
En roma:
Para el antiguo ius civile no existió ese concepto de anulabilidad, ya que los
negocios sólo podían ser válidos o nulos, sin términos intermedios. Tanto la validez como la
nulidad operaban ipso iure, por obra del propio derecho objetivo, no existiendo acción para
lograr la nulidad. El derecho honorario, sin embargo, corrigió el rigorismo del derecho civil y
arbitró medios para hacer posible la anulabilidad del negocio, bien denegando la acción
propia de él, bien concediendo una exceptio para enervar la acción que del negocio naciera.
En esta evolución se llegó, en el derecho clásico, a la idea de que el negocio jurídico podía
ser absolutamente nulo por virtud de la ley, ipso jure, o anulable o impugnable ope
exceptionis, es decir, por medio de la excepción.
Causas de ineficacia.-
Diversas podían ser las causas de ineficacia del negocio jurídico, tales como la falta
de capacidad jurídica del sujeto o de su capacidad de obrar y la falta de idoneidad del
objeto, casos en los cuales se vulneraban los presupuestos de validez del negocio. También
había invalidez cuando se atacaban los elementos esenciales, adquiriendo especial
importancia la voluntad, que debía manifestarse con discernimiento, intención y libertad.
Había igualmente ineficacia cuando el vicio se refería a la causa, como si ésta faltara, fuera
ilícita o inmoral, y también en caso que se violaran las formas prescriptas por la ley.
Especial relieve en materia de invalidez asume la voluntad, en la que puede
presentarse una discordancia entre el querer interno del sujeto y su manifestación externa.
En el caso sólo se presenta una voluntad aparente, apariencia que puede derivar tanto de
una falta absoluta de voluntad, cuanto de una manifestación consciente o inconsciente
distinta de la voluntad real.
Hay falta absoluta de voluntad cuando la declaración se da bajo la amenaza de una
violencia física (vis) o cuando se interpretan como manifestación un gesto o una seña no
dirigidos a crear un negocio jurídico. En esos supuestos el negocio es nulo, inexistente en la
terminología moderna.
Hay manifestación consciente diversa de la voluntad real en las declaraciones
hechas en broma (iocandi gratia), que carecen de validez jurídica, en la reserva mental y en
la simulación. En la reserva mental hay apariencia de voluntad, porque consiste en declarar
cosa distinta de la que se quiere. No puede invocarla el declarante y por tanto el negocio es
válido en los términos de la manifestación exterior. La simulación, por el contrario, consiste
en una manifestación de voluntad conscientemente deformada y dirigida a un fin diferente
del propio del negocio, con la intención de que no se produzcan sus efectos (simulación
absoluta); o bien con el ánimo de conseguir los efectos de un negocio distinto del simulado
(simulación relativa), como acaece cuando se oculta una donación bajo la apariencia de
compraventa.
Finalmente, la voluntad del agente puede faltar o puede ser irregularmente
declarada por distintas causas que operan sobre él. Conforme esto se presentan los vicios
de la voluntad: el error, el dolo y la violencia.
5.- Vicios de la voluntad: a) el error; b) el dolo; c) la violencia
a) El error.-
Es el falso conocimiento de un hecho o de la norma jurí[Link] e ignorancia tienen
en las fuentes romanas el mismo significado, pero propiamente se llama ignorancia a un
estado negativo de conciencia que implica la falta de todo conocimiento.
El jurisconsulto Paulo es quien establece la distinción entre la ignorancia de hecho y
la de derecho (Ignorantia vel facti, vel iuris est). La primera es el desconocimiento de un
elemento o circunstancia de hecho, en tanto que la segunda es el completo
desconocimiento de una regla jurídica. El derecho romano sentó el principio de que el error
de derecho no es excusable (iuris quidem ignorantiam cuique nocere, facti vero ignoran-
tiam non nocere). Esta regla, que fue asimilada por el derecho, no regía respecto de ciertas
personas que podían invocar el error de derecho, como las mujeres, los menores de
veinticinco años, los soldados, etcétera.
En lo que atañe al error de hecho, se distinguieron varias clases de él. Una de las
formas del error fue el error in negotio (recae sobre la naturaleza del negocio que las partes
celebran,ej. alguien entrega una cosa en donación y el otro entiende que se la había dado
en préstamo); otra clase es el error in persona (se celebra un negocio con persona distinta
de aquella con la que se entendía contraerlo); también se conoce el error in corpore (es el
que refiere a la identidad del objeto); y por ultimo el llamado error in substantia (versa sobre
una característica constante del objeto o sobre una cualidad imprescindible para su destino
económico).
Hay otras clases de error que, al no alterar la esencia de la relación jurídica, no
producen la nulidad del negocio. Son los errores accidentales o concomitantes. Entre ellos
el error in qualitate (cualidad de la cosa identificada en su género), y el error in quantitate,
cuando recae sobre el peso, medida o cantidad de la cosa, y que no invalida el negocio por
la cantidad menor, respecto de la cual hay consentimiento.
b) El dolo.-
Es la conducta maliciosa y fraudulenta destinada a hacer incurrir a una persona en error o a
hacerla caer en engaño. Según Labeón es toda "astucia, falacia, maquinación empleada
para sorprender, engañar o defraudar a otro". Las fuentes se refieren en el pasaje citado al
llamado dolus malus, que es el que se configura como vicio de la voluntad al atentar contra
la intención del sujeto y que se distingue del que los antiguos denominaban dolus bonus,
que consistía en las simples sutilezas usadas en el comercio cotidiano. En el antiguo ius
civile, apegado a la idea de que sólo contaba a los fines de la validez del acto el
cumplimiento de las formalidades prescriptas por la ley, el dolus no invalidaba el negocio.
El reconocimiento del factor voluntad como nervio del acto jurídico lo dió el derecho
honorario, además de que determinó la creación por el pretor de los medios necesarios para
lograr la ineficacia del negocio doloso. Se concedió para ello a la persona engañada una
actio doli, de carácter penal e infamante, para obtener el resarcimiento del daño sufrido
cuando los efectos del negocio se hubieran producido ya, y una exceptio doli para paralizar
las consecuencias del acto cuando el culpable reclamara judicialmente el cumplimiento del
negocio nacido por la acción dolosa. En el derecho justiniano tales remedios pierden su
viejo carácter y así como el dolo invalida directamente el acto, la actio doli se configura
como una acción general contra todo comportamiento fraudulento que provoque un perjuicio
a una persona.
c) Libertad.-
También la voluntad y su libre expresión, puede estar viciada por violencia material
o moral. La primera, llamada vis absoluta o corpori illata, excluye absolutamente la voluntad
y torna el negocio nulo, ipso iure. La violencia moral, llamada metus o timor, que consistía
en la creación de una situación de miedo o temor bajo la amenaza efectiva e injusta de un
mal, se puede decir que al igual que el dolo no excluía absolutamente la voluntad. Por ello
el ius civile no declaraba inválido el acto realizado bajo la presión de una violencia moral. En
este punto fue también el pretor el que creó los medios para lograr la anulación de negocios
así concluidos.
Como ocurría en los casos de dolo, se concedía a la persona violentada una actio
quod metus causa que tenía carácter penal y se daba por el cuádruplo de la prestación
verificada o del daño experimentado. La acción se podía dirigir, no sólo contra el autor de la
amenaza y sus herederos, sino contra cualquier tercero que sacara provecho del negocio o
tuviera en su poder la cosa objeto de él. Si el negocio no se hubiera cumplido y el autor de
la violencia intentara judicialmente su cumplimiento, se otorgaba la exceptio quod metus
causa para enervar la acción interpuesta. La víctima contó también con un recurso
rescisorio, la in integrum restitutio, que considerando el acto como no realizado, volvía las
cosas al estado que tenían en el momento de su celebración.