0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas21 páginas

Negacionismo e irracionalidad en pandemia

El capítulo analiza el culto a la irracionalidad como una forma de negacionismo durante la pandemia, destacando cómo las expresiones públicas reflejan creencias y valores preexistentes. Se argumenta que, aunque las emociones no racionales son parte de la condición humana, el cultivo deliberado de la irracionalidad puede desviar la atención de problemas críticos y promover la sumisión. Se enfatiza la importancia de abordar las disidencias y el pluralismo en una sociedad democrática, evitando simplificaciones que asocien todas las críticas con la irracionalidad.

Cargado por

Felipe Quinteros
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • política,
  • ciencia y política,
  • ciencia y comunicación,
  • ciencia y emociones,
  • negacionismo,
  • crítica social,
  • conflicto,
  • miedo,
  • ciencia y pluralismo,
  • sentimientos colectivos
0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas21 páginas

Negacionismo e irracionalidad en pandemia

El capítulo analiza el culto a la irracionalidad como una forma de negacionismo durante la pandemia, destacando cómo las expresiones públicas reflejan creencias y valores preexistentes. Se argumenta que, aunque las emociones no racionales son parte de la condición humana, el cultivo deliberado de la irracionalidad puede desviar la atención de problemas críticos y promover la sumisión. Se enfatiza la importancia de abordar las disidencias y el pluralismo en una sociedad democrática, evitando simplificaciones que asocien todas las críticas con la irracionalidad.

Cargado por

Felipe Quinteros
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • política,
  • ciencia y política,
  • ciencia y comunicación,
  • ciencia y emociones,
  • negacionismo,
  • crítica social,
  • conflicto,
  • miedo,
  • ciencia y pluralismo,
  • sentimientos colectivos

Di Gregori, Cristina; Sánchez García, Victoria Paz

El culto a la irracionalidad como


forma de negacionismo.
Expresiones públicas en tiempo
de pandemia
EN: M.C. Di Gregori y F. López (Coords.) (2021). Contagios y
contiendas : Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia. La Plata
: EDULP. pp. 21-36

Di Gregori, C.; Sánchez García, V (2021). El culto a la irracionalidad como forma de


negacionismo. Expresiones públicas en tiempo de pandemia. EN: M.C. Di Gregori y F. López
(Coords.). Contagios y contiendas: Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia. La Plata :
EDULP. pp. 21-36. En Memoria Académica. Disponible en:
[Link]

Información adicional en [Link]

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons


Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
[Link]
Contagios y contiendas
Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia

MARÍA CRISTINA DI GREGORI


FEDERICO E. LÓPEZ
(coordinadores)
Di Gregori, María Cristina
Contagios y contiendas: hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia /
María Cristina Di Gregori; Federico López. - 1a ed - La Plata: EDULP, 2021.
Libro digital, PDF

Archivo Digital: descarga y online


ISBN 978-987-8475-32-5

1. Arte. 2. Filosofía Contemporánea. I. López, Federico II. Título


CDD 190

Contagios y contiendas
Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia

MARÍA CRISTINA DI GREGORI - FEDERICO E. LÓPEZ (coord.)

Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (Edulp)


48 Nº 551-599 4º Piso/ La Plata B1900AMX / Buenos Aires, Argentina
+54 221 44-7150
[Link]@[Link]
[Link]

Edulp integra la Red de Editoriales de las Universidades Nacionales (REUN)

ISBN 978-987-8475-32-5

Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723


© 2021 - Edulp
Impreso en Argentina
CAPÍTULO 1
El culto a la irracionalidad como forma
de negacionismo. Expresiones públicas
en tiempo de pandemia

María Cristina Di Gregori y Victoria Paz Sánchez García

Introducción
El tiempo en pandemia es un tiempo de profunda crisis, un tiempo
que moviliza todos los aspectos de la vida humana, a nivel individual,
social, local y global. Un tiempo que desconcierta, que genera incer-
tidumbres, sufrimiento y pérdidas vitales. Buena parte de la ciudada-
nía se expresa y confronta desde múltiples perspectivas y utilizando
diversos medios. Podría decirse que dichas expresiones involucran,
en buena medida, temas y problemas, valores y preferencias preexis-
tentes en nuestra vida en comunidad, ahora enfáticamente visibili-
zadas en el complejo ámbito de la vida cotidiana. Las redes sociales,
las concentraciones y manifestaciones en la calle, los periódicos, los
artículos académicos, los discursos políticos recogen buena parte de
dichas expresiones al mismo tiempo que ellas mismas son fuente de
información para el ámbito de sentido común. Su impacto ha sido y
es particularmente decisivo en muchas de las actitudes y decisiones
de la ciudadanía en diversas direcciones en la actualidad. En palabras
de Nicolás Viotti:

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 21


No hay duda de que este tiempo atizó viejas y nuevas sen-
sibilidades. Al fin y al cabo, las personas reaccionan a si-
tuaciones nuevas e inesperadas en función de modos de
creencias y valores arraigados. Por eso la pandemia fun-
ciona como una especie de revelador, de acelerador de
sensibilidades que ya actuaban a nuestro alrededor, aun-
que no siempre las percibiéramos como tales. Sin embar-
go, esas sensibilidades no son islas o conjuntos de afectos,
valores e ideas aisladas, sino tramas que pueden articular-
se y confluir en una demanda, un reclamo o en puntos de
vista comunes. (2021, s/p)

Coincidimos con la lectura de Viotti. Toda comunidad que se pre-


tende democrática convive sosteniendo múltiples y diversas creencias
y valores arraigados en diversos grupos, convive con el conflicto y, en
el mejor de los casos, lo afronta. Nos caracteriza cierto pluralismo de
carácter ideológico, político, cultural, religioso, afectivo, valorativo,
etc. que se identifica con distintas representaciones de la vida huma-
na en general. A veces no nos ponemos de acuerdo con relación a qué
debemos reconocer como un problema, otras, disentimos en cómo
resolverlo. Así, nuestras lecturas acerca de la existencia de la pobreza
y cómo resolverla, de la distribución de la riqueza, del poder, de la
condición de las mujeres, las comunidades LGTBIQ+, las comuni-
dades indígenas, las políticas educativas y sanitarias, por mencionar
sólo algunas cuestiones, nos colocan en situación de disenso. Nuestra
vida en pandemia ha visibilizado con particular énfasis, casi con vi-
rulencia esta situación, un proceso al que nuestras ciencias y nuestras
humanidades deberían prestar particular atención, con miras a pen-
sar el futuro. El pluralismo y el multiculturalismo no son sólo tesis
teóricas, ellas dan cuenta de genuinos hechos existentes en el interior
de nuestras propias comunidades, de genuina conflictividad.
En estos complejos entramados sociales se ha hecho casi un lugar
común, sobre todo en los medios, hablar en estos tiempos, de ne-

22 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)


gacionismo.1 Uno de los más citados en el ámbito público es el que
se ha denominado negacionismo científico, vinculándolo con po-
siciones que cuestionan radicalmente, por ejemplo, las medidas de
cuidado sanitarias tales como el uso de barbijos, el aislamiento y la
vacunación. En algunos casos, esta forma de negacionismo se asocia
a valores y adhesiones políticas vinculadas a compromisos ideológi-
cos y económicos de carácter neoliberal, del tipo de los adjudicados y
sostenidos por Donald Trump o Jair Bolsonaro –para citar ejemplos
muy mencionados–. Estos casos, entre otros, han sido tachados de
irracionales o arbitrarios. Cuestionamos aquí esta interpretación, es
decir cuestionamos que toda posición incluida bajo el paraguas del
concepto mismo de negacionismo pueda asociarse a interpretaciones
que se resuelvan bajo el mote de la irracionalidad o la arbitrariedad.
Pensamos que se trata de una simplificación apresurada. Insistimos
en afirmar que, especialmente en tiempos de crisis como los que vivi-
mos, resulta muy natural que en una sociedad que se pretende plural
y democrática los diversos sectores se expresen; y que en tales casos es
importante atender y analizar el trasfondo de sus posiciones, convic-
ciones, intereses de diversos tipos, independientemente de las críticas
o aprobaciones que nos merezcan cada una de ellas como ciudadanos
disidentes o no. La manifestación de las disidencias y el conflicto son
parte crucial del mencionado modo de vida democrático y hay que
afrontarlas democráticamente (aunque no siempre sea de esa mane-

1 Tenemos muy presente que el concepto de negación reviste suma importancia


a efectos de dar cuenta de algunos fenómenos y hechos humanos sobre todo
en el campo científico. Advertimos que no cuestionamos dichos usos, sino que
intentamos distinguirlos del uso que se hace de dicho concepto en el contexto
que trabajamos aquí. Es sabido que el término negar es central en el campo del
psicoanálisis, como señalan, por ejemplo, Bornhauser y Rosales: “La negación
es un concepto relevante para el psicoanálisis. Suele pensarse como una reacción
defensiva frente a aquello que surge desde el inconsciente y amenaza la estructura
simbólica que rige sobre la consciencia. Sin embargo, la negación puede ser
concebida como una operación compleja, que obedece no sólo a uno, sino a
múltiples territorios simbólicos. Una lectura transversal permite conjeturar que
la negación puede ser pensada no sólo como condición de emergencia para lo
reprimido, sino también como puntapié inicial para la producción subjetiva en sí.”
(2015, s/p).

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 23


ra). El pluralismo, las disidencias y oposiciones no pueden ser en sí
mismos evaluados o descartados en términos de pura arbitrariedad
o irracionalismo, tampoco generalizados en términos negacionistas.
Dicho esto, exploraremos en este capítulo las razones que nos lle-
van a identificar al menos un tipo de negacionismo específico, que sí
revela a nuestro juicio, compromisos vinculados a procesos irracio-
nales y que es necesario hacer objeto de estudio y crítica.

El ámbito de lo no racional y las emociones


extraordinarias
Para empezar, diremos que, si hablamos del ámbito de lo no racional,
siguiendo a John Dewey, debemos aceptar no sólo que efectivamente
ese ámbito forma parte de la condición humana misma, sino que ade-
más es necesario reconocer su valor positivo. Recordemos que, tanto
para el filósofo pragmatista como para recientes aportes de la neuro-
ciencia y diversas líneas de investigación en epistemología, los im-
pulsos, emociones, deseos y sentimientos (que para buena parte de la
tradición filosófica resultaban excluidos, opuestos y ajenos al ámbito
de lo racional) le son tan propios al ser humano como el ámbito del
percibir, caminar y pensar. Ellos constituyen la fuerza motora que
empuja al ser humano a actuar fuera del ámbito de la rutina, de los
hábitos en uso y la costumbre: es la fuerza motora de la razón misma
(Cfr. Dewey, 1918. mw.11.107).
Para nuestro filósofo, no debe resultar sorprendente ni lamenta-
ble en sí mismo que estas dimensiones no-racionales de la conducta
humana sean particularmente visibles en tiempos de profundas cri-
sis. En efecto, el surgimiento de extraordinarias emociones constitu-
ye una suerte de testimonio urgente de la ocurrencia de la desviación
de lo habitual, del surgimiento de una crisis, de una situación de peli-
gro (sea cual fuera su grado). Sugiere también que, en grandes crisis,
en aquellas que afectan a buena parte del colectivo humano, hay algo
saludable en el sentimiento popular que considera que la marcada
ausencia de indignación y una excesiva exhibición de juicio equili-

24 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)


brado son signos de apatía ante una devastadora situación. En tales
casos, hay algo sospechoso –afirma– en actitudes que se manifies-
tan en términos de pura racionalidad inconmovible: “Ser conmovido
es evidencia de que uno es un participante; ser total y visiblemente
razonable es evidencia de que uno es un espectador” (Dewey 1918,
mw.11.107).
En definitiva, el surgimiento de reacciones no-racionales de modo
espontáneo no sólo opera como identificador de acontecimientos crí-
ticos, sino que, además y principalmente, no ocluye la posibilidad de
la consecuente reflexión, inteligente y deliberada sobre la cuestión,
es decir, no clausura la posibilidad de encauzar, dirigir u orientar el
instinto y la pasión con la ayuda de la razón. El asunto o función de
la razón, como sostiene Dewey, no es el de reprimir las fuerzas emo-
cionales humanas, sino encauzarlas. El valor de esa direccionalidad
dependerá de los fines que alienten sus propósitos.

La no-racionalidad versus el cultivo deliberado


de la irracionalidad
Nos interesa ahora formular la distinción que ofrece Dewey entre la
no-racionalidad humana como fenómeno espontáneo y lo que llama
el culto a la irracionalidad. Una propuesta que estimamos nos permi-
tirá explorar ciertas expresiones de fuerte difusión mediática en la ac-
tual coyuntura, calificadas por muchos en términos de negacionismo
e interpretadas como expresiones arbitrarias e irracionales.
En este contexto y siguiendo a Dewey, no es el surgimiento de
lo no-racional como tal lo que debería preocuparnos –ya que, como
señalamos más arriba, en la mayoría de los casos queda abierta la
posibilidad de usar la inteligencia como directora del instinto y la
pasión–, sino que lo que debe preocuparnos es el cultivo deliberado
de lo irracional, el culto a lo irracional. Un culto que es intencional,
que tiene un propósito y un diseño. En pocas palabras, el cultivo de-
liberado de lo irracional no refiere a la manifestación de lo espontá-
neo, natural y saludable sino que es una acción deliberada, reflexiva

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 25


e inteligente que consiste en sacar ventaja de ciertos sentimientos y
emociones –por lo común de circulación colectiva– buscando exa-
cerbarlas al punto de desligarlas –al menos en apariencia– de todo
fin ulterior y de convertirlas en un fin en sí mismo, de modo tal de
poder luego sacar ventaja de ellas asociándolas a ciertos propósitos e
intereses sectoriales, por lo general velados.
Dewey ejemplifica este proceso con lo ocurrido en tiempos de la
Primera Guerra Mundial en su país: todo cuestionamiento que im-
plicara una crítica racional, reflexiva, de corte político, económico
y social respecto de la participación o no en la guerra, fue instalada
como señal de falta de interés patriótico. Dicho en otras palabras, el
hecho de exacerbar el sentimiento de amor a la patria, el patriotis-
mo, actuaba como obstáculo para toda reflexión inteligente acerca
del asunto, obstaculizando tal práctica por el hecho de generar en el
ámbito público un profundo temor en los grupos o individuos, a ser
calificados –y socialmente descalificados– como antipatriotas o trai-
dores a la patria. Una estrategia deliberada (para muchos invisibiliza-
da) para conducir el juego de la emoción y para lograr ciertos fines.
Un proceso que claramente en muchos casos desvía de la atención
de la mayoría ciertas consideraciones que de haber sido realizadas
suscitarían una oposición inteligente al asunto del que se trate. En
definitiva, no es lo no-racional en sí mismo el problema (las reaccio-
nes espontáneas que son capaces de detectar una crisis), sino su culto
sistemático, es decir, la promoción deliberada de un curso de acción
que transforma la emoción misma de tal modo que ella deja de ser un
medio para constituirse en un fin en sí mismo.
Entendemos que, siguiendo a Dewey, el culto a la irracionalidad
puede caracterizarse brevemente en sus consecuencias, en base a los
siguientes puntos:
1. Se propone distraer la atención del público respecto del núcleo
del problema.
2. Se intenta clausurar la posibilidad de reflexionar o incluso de
actuar de manera inteligente y deliberada, promoviendo la sus-

26 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)


pensión de la crítica y las consecuentes propuestas de solución;
es decir, se promueve la sumisión.
3. El poder de la emocionalidad exacerbada y acrítica que se
promueve pretende convertir en sospechoso a todo aquel que
todavía piensa y habla honestamente, especialmente cuando
sus pensamientos van en contra de la pasión inmediata de la
agenda del día. El objetivo es generar desconfianza, rechazo y
hasta odio por el que piensa y siente distinto. En este sentido,
Dewey sostiene que los cultivadores de la irracionalidad nunca
pierden de vista que un objetivo imprescindible a lograr es el
descrédito de toda influencia intelectual, es decir toda instancia
reflexiva; tienen plena conciencia que dicho descrédito debilita
de manera creciente la reflexión inteligente, no buscada. Desa-
credita irreflexivamente todo pensamiento crítico, incluyendo
el aporte de científicos/as, educadores e intelectuales de manera
palmaria.
4. El culto a la irracionalidad consiste en la manipulación de las
emociones; un ámbito que, de paso recordamos, ha resultado
minimizado en cuanto a su incidencia, efectos y consecuencias,
de modo orgánico e integrado, para la vida humana en buena
parte de la filosofía tradicional. Los líderes del culto se esfuer-
zan por cambiar las emociones, exacerbando aquellas que tie-
nen que ver con sentimientos de odio, miedo y desconfianza,
sabiendo bien que, cuando estos sentimientos son excitados, es
más fácil encauzarlos a fines particulares, vinculados a quienes
instigan el culto.
5. Estas actitudes, por último, generan además una rebeldía irra-
cional, particularmente en aquellas/os que no se pliegan a la es-
trategia del culto. Una rebeldía que puede ser tan dañina como
la sumisión misma. La irracionalidad se va de cauce cuando
logra exacerbar a los opositores a tales prácticas que, muchas
veces, terminan actuando también irracionalmente. La sumi-
sión irracional, entonces, ni siquiera es el menor de los males.

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 27


Expresiones públicas en tiempos de pandemia.
El negacionismo como culto a la irracionalidad
En este particular contexto de crisis –y en consonancia con lo que
describe Dewey– está claro que diversas emociones de las más in-
tensas se han manifestado desde el inicio de la pandemia por CO-
VID-19: padecimos miedo, incertidumbre, desconfianza, desespera-
ción, incredulidad, enojo, tristeza, dolor, angustia. Cada una de estas
emociones y sentimientos consecuentes, son reacciones esperables y
sanas frente a un grave problema sanitario de orden mundial para el
cual no se contaba con respuestas ni soluciones claras. Aún hoy, en
momentos en los que la pandemia en nuestro país parece comenzar
a ceder, sostenemos importantes niveles de incertidumbre y angustia.
Veamos ahora en la presente coyuntura la plausibilidad de apli-
car la tesis de Dewey en algunas de las manifestaciones públicas muy
difundidas en nuestro país. Ya hemos mencionado más arriba que
aun en el trasfondo más crítico que se pudiera pensar respecto de la
ciencia, ciertas oposiciones a las recomendaciones de científicos/as
resultan sorprendentes. Pero más sorprendente resultan aún ciertas
expresiones que, tal como propondremos, incurren en un culto a la
irracionalidad en términos deweyanos. No se trata de formulaciones
basadas en ordenados y sistemáticos argumentos que fundamenta-
rían una legítima actitud de oposición a los resultados científicos,
sino en expresiones de fuerte poder activador de emociones a nivel
público, por ejemplo, en oposición a la cuarentena y a la vacunación.
Una de las declaraciones más llamativas al respecto fue formula-
da inicialmente por una dirigente política de amplio reconocimiento
nacional. Entendemos que más allá de los dichos literales de la fi-
gura en cuestión y de las interpretaciones que se realizaron a nivel
de distintas redes sociales y medios de comunicación, se deslizó y
generalizó la idea de un posible envenenamiento de quienes se apli-
caran la vacuna Sputnik V, elaborada por un laboratorio de origen
ruso (El Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Mi-

28 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)


crobiología Gamaleya, de la Federación Rusa).2 Si bien nos parece
claro que el contexto de la manifestación está representado por la
lucha entre diversas posiciones políticas –en particular, opositoras
a nivel del gobierno nacional– en ese conflicto la actividad cientí-
fica queda comprometida, al menos, en términos de su pretendido
descrédito. En ocasión de formularse estas expresiones, insistimos en
que no se dan argumentos precisos contra la gestión de la pandemia
que realiza el partido gobernante, ni contra los procedimientos de
la investigación científica. La estrategia consiste o funciona, por el
contrario, en términos de una apelación exacerbada a la emocionali-
dad ciudadana, provocando sentimientos de desconfianza, rechazo y
temor. En efecto, impactar y difundir masivamente esas aseveracio-
nes según las cuales una de las primeras vacunas que surge a nivel
mundial es una sustancia que podría atentar contra la salud pública
–o, dicho más rotundamente, que se trata de un veneno– no pueden
considerarse en términos de un hecho trivial, casual. Tampoco re-
sulta fácil considerarlas arbitrarias, pues son expresiones sostenidas
por personalidades de amplia y reconocida actividad, y experiencia
política. Los efectos de sus manifestaciones tienen amplia probabili-
dad de impactar en el ánimo social en una dirección determinada y
no pueden ser desestimados ni borrados fácilmente del imaginario.
Y esto a pesar de otras informaciones más alentadoras y seriamente
evaluadas en la actualidad.3
A nuestro modo de ver, dichas aseveraciones representan un culto
a la irracionalidad tal como lo plantea Dewey en la medida en que
no proponen recursos, herramientas o información que podrían ser
insumos de un pensamiento crítico y autónomo, sino que suscitan
un determinado estado emocional como es el descontento general, el
miedo y la desconfianza, para instalarlos como un fin en sí mismo. En
esta medida, y según los fines propios de quienes los propagan, son
aptos para operar como un genuino negacionismo de lo que sea, en

2 Cfr. por ejemplo, Corral (2021).


3 Cfr. Gonzalez Lopez Ledesma et al. (2021) y Costa (2021).

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 29


este caso de las actividades científicas (que resultan desacreditadas)
y como un instrumento, a su vez, para sostener oposiciones políticas
e ideológicas.
Otro caso ejemplificador de lo que estamos señalando es una car-
ta impulsada por una investigadora del Conicet y firmada por 300
científicas/os, intelectuales y periodistas que se titula “La democracia
está en peligro”4 (una cuestión emocionalmente sensible, en especial
para las/os argentinas/os, evocando su historia y sus consecuencias
aún dolorosas) en la que se sostiene, por ejemplo, que como conse-
cuencia del aislamiento obligatorio se vive en la Argentina una “in-
fectadura”. Los dichos de esta carta circularon abundantemente por
distintos programas multimediales acompañados de comentarios
como “gobiernan los infectólogos”, “al Gobierno le encanta el encie-
rro y el control social”, “quieren instalar una dictadura con la excusa
del coronavirus” o “hay un clima Malvinero”. El punto central de la
carta y de lo que se retoma luego en sus réplicas por los medios de
comunicación no refiere a consideraciones críticas basadas en hechos
o razones por las cuales existe o existió disidencia respecto de las me-
didas sanitarias tomadas por el gobierno, sino que alude claramente a
una cuestión política según la cual la democracia como forma de go-
bierno y de vida en la Argentina está en peligro porque estamos frente
a una nueva forma de dictadura, a saber, la infectadura, o sea la dicta-
dura de los infectólogos. El propósito de estas expresiones no puede
ser otro que el de promover emociones vinculadas a sentimientos de
miedo, rechazo, represión y sospecha, sentimientos que nos evocan,
entre otros, la experiencia conocida en tiempos de la dictadura mi-
litar. La idea de una dictadura (esta vez en tiempos de pandemia y
bajo el yugo de infectólogos), inhibe para muchos toda posibilidad
de reflexión inteligente y argumentativa acerca de la gestión actual de
la pandemia misma, aunque en la misma carta, luego de impactar al

4 Cfr. por ejemplo, La Nación (2020).

30 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)


público con los dichos mencionados, se ofrezcan críticas concretas a
las políticas sanitaristas del gobierno nacional.
Este uso de lo emocional, en términos de Dewey, se propone obs-
taculizar críticas y reflexiones inteligentes, y devolvernos y mante-
nernos en los sentimientos negativos vinculados al encierro, la pér-
dida de libertad y de dignidad, así como a la posibilidad de la muerte
misma. Dicho brevemente: se exacerban emociones radicales de gran
sensibilidad para la comunidad toda con consecuencias no desea-
bles, en nuestra coyuntura, afectando a la razonable credibilidad en
la ciencia (que no debería excluir críticas razonables y fundadas) y
orientando, además, voluntades políticas de la ciudadanía.
A la luz de los cinco puntos que, según señalamos más arriba, ca-
racterizan lo que Dewey denomina el culto a la irracionalidad, podría
decirse entonces que:

1. Se desvía la atención del verdadero problema que padece la


ciudadanía y su búsqueda de soluciones. Pensando en nuestro
presente, podría decirse que nos distrae respecto de cuestiones
relativas a cuál sería el mejor modo de atender sanitaria, social,
económica y políticamente la situación de pandemia y por qué
(sin promover mayor angustia e incertidumbre).
2. Como consecuencia de lo mencionado anteriormente, se obs-
taculiza una discusión crítica y racional en base a argumentos
e información confiable y se tiende a incitar al miedo y la pre-
ocupación ya sea frente a una vacuna potencialmente dañina
para la salud, a la pérdida de un modo de vida democrático o
incitándonos a pensar que la legítima participación de los in-
fectólogos/as y científicos/as en el asunto de la pandemia va
camino a convertirse en una nueva forma de dictadura. Puede
decirse que no sólo se intenta horadar la esperanza de la con-
tinuidad de un modo de vida democrático, sino que se genera
una desconfianza acrítica hacia la actividad científica misma,
un rechazo y profundo temor a cierto subrepticio compromiso

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 31


de tipo ideológico en el que la ciencia y los/as científicos/as mis-
mos quedarían involucrados/as.5
3. A esta desconfianza generalizada en quienes se supone que tie-
nen los medios y el conocimiento para arbitrar una situación
de crisis como la pandemia, al menos desde el punto de vista
sanitario, se le suma el constante descrédito de científicos/as,
intelectuales, educadores/as y comunicadores/as que intentan
o intentaron ofrecer una lectura diferente y reflexiva. El descré-
dito y desprestigio que sufrieron sistemáticamente las/os cien-
tíficas/os que asesoraron al gobierno –por ejemplo, el Dr. Pedro
Cahn– es una prueba de ello.6
4. En los casos mencionados más arriba, sostenemos que se pone
de manifiesto muy claramente la intención de manipular el es-
tado emocional general, sembrando y promoviendo sentimien-
tos de odio, miedo y desconfianza, tanto como de un tipo de
sumisión no deseable.
5. Finalmente, una consecuencia que no es menor, y que resulta
igual de peligrosa que la sumisión acrítica, es la radicalización
que suscita en quienes piensan distinto a lo promovido por
dichas prácticas o que cuentan con un cierto acervo de cono-
cimiento o información que les permite formar una opinión

5 Al respecto tomamos como ejemplo lo expresado por Nadia Luna, “‘Esto no es


un paso hacia el comunismo’. La aclaración la hizo el jefe de Gabinete bonaerense
Carlos Bianco el 3 de noviembre, durante el informe semanal sobre la situación
epidemiológica de la provincia. El día anterior, una noticia había acaparado los
titulares de los medios argentinos: el presidente Alberto Fernández anunció la
compra de 25 millones de dosis de la vacuna Sputnik V. O como le dicen todos, la
vacuna rusa. Las redes estallaron en prejuicios y fake news. Que te inyecta ideología.
Que te inocula el virus del comunismo. Que #YoNoMeVacuno. Y aunque el muro de
Berlín se cayó hace 31 años, hubo que salir a aclarar. ‘No es que le estamos comprando
la vacuna a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Es la Federación Rusa. Un
país capitalista’” (2021, s/p).
6 Entre otras cosas, el Dr. Cahn ha manifestado que “Nos acusaron de ser la
infectadura; escuché decir a políticos y panelistas en programas de televisión que
gobiernan los infectólogos y que nos tenían que despedir, cuando en realidad desde
el Poder Ejecutivo nos consultan y nosotros lo que hacemos es decir, dar opiniones y
sugerencias acerca de cómo habría que habilitar o no determinadas actividades en las
jurisdicciones, pero no somos los que tomamos las decisiones” (La Voz, 2020, s/p).

32 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)


propia y crítica de la situación. Pareciera que en estos casos la
manifiesta manipulación emocional y lo grotesco de los me-
dios con que se la lleva adelante propician en quienes disienten,
respuestas y reacciones tan emocionales como las promovidas
y por supuesto polarizadas. Se genera entonces, una suerte de
círculo vicioso que no deja de apelar a la emocionalidad en el
contexto de la diversidad de posiciones y que tampoco termi-
na –justamente por ello– de encauzarse más allá, hacia un fin
racional que le dé legitimidad y fructicidad a la polémica. Así,
Dewey sostiene que “(...) cada incidente que indica que esta
docilidad está siendo usada a favor de intereses privados en-
gendrará un malhumor que es tan extremo y dañino como la
represión que lo genera” (Dewey, 1918, mw.11.111). Es decir,
a la par de una sumisión irracional, el culto a la irracionalidad
genera una no menos dañina y peligrosa “rebeldía irracional”
que hace que el propio culto, en palabras de Dewey, termine
saliéndose fácilmente de control.

Conclusiones
Entendemos que la promoción de ciertas posiciones que considera-
mos negacionistas por parte de dirigentes, funcionarios/as o referen-
tes políticos que incitan e intensifican emociones negativas y radi-
cales como la desconfianza, el miedo, el enojo o el odio en el estado
de ánimo general de la sociedad, constituyen una forma patente de
culto a la irracionalidad. Ellas no propician ni invitan a una reflexión
cuidadosa del asunto y son resultado del cultivo deliberado, diseñado
e intencional que, en general, responde a intereses de grupos o in-
dividuos que lo propician, de intereses de tipo político-partidarios,
económicos, etc.
Es común entre quienes comentan el mencionado tipo de cues-
tiones, preguntarse acerca del porqué de estas formas de intervenir
en la opinión pública; intervenciones que, ante una primera mirada,
son descritas por muchos en términos de meramente arbitrarias, ca-

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 33


suales o espontáneas. Con base en unas primeras exploraciones en el
tema, pretendemos defender aquí una interpretación en contrario,
esto es, que no son cuestiones arbitrarias ni espontáneas –mucho me-
nos cuando estas manifestaciones se ofrecen en medios de difusión
masivos–. El culto a la irracionalidad, tal como lo definiera Dewey, es
un proceso generado de modo inteligente y deliberado que advierte
claramente el valor y la incidencia notoria del impacto emocional en
el público cuando los sentimientos que se evocan son de particular
sensibilidad para él; se trata de un instrumento para instalar reac-
ciones emocionales espontáneas y acríticas acerca de cuestiones que
constituyen la finalidad del proceso mismo y, por supuesto, de aque-
llos que lo promueven.
Insistimos, no se trata de llamar irracional a las genuinas dife-
rencias conflictivas que se producen en el ámbito social y político,
en especial en la medida en que la ciudadanía procede a su consi-
deración y discusión informada y deliberada independientemente
de los grados de acuerdos y desacuerdos que se logren a partir de
los mismos. Pertenecemos a una sociedad democrática plural, con-
flictiva y en proceso de necesarios cambios, que requiere de la clara
e inteligente consideración de sus problemas. El llamado culto a la
irracionalidad tal como lo expresamos representa, por el contrario,
un procedimiento capaz de promover situaciones cercanas a alguna
forma de fanatismo, una sumisión con arreglo a fines inexpresados y
manipulatorios.
En este contexto, la epistemología reciente tanto como las diversas
ciencias ocupadas en la revaloración del estudio de la vida emocional
humana integrada al uso de la razón, representa un importante apor-
te para identificar su condición y relevancia para la vida. Entre otros
muchos beneficios, confiamos en que dicho reconocimiento resulte
muy adecuado para advertir con mayor claridad las nefastas conse-
cuencias de la invisibilizada manipulación de nuestro ámbito afectivo
emocional. El culto a la irracionalidad es nada menos que un proceso
oportunista y también negacionista con relación a la reflexión infor-

34 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)


mada y crítica. Reflexión que requiere de una perspectiva que resulte
integradora de nuestra natural condición de seres emocionales tanto
como racionales.

Referencias bibliográficas
Si bien en la bibliografía se indica la fecha original de la publicación
de las obras de Dewey, las citas incluidas en este trabajo refieren a
la publicación de las mismas en The Collected Works of John Dewey,
1882-1953, Electronic Edition. Editada por Jo Ann Boydston. Publi-
cada por el Center for Dewey Studies at the University of Southern
Illinois at Carbondale. Southern Illinois University Press, 1972-1985.
37 volúmenes divididos en: early works (ew), middle works (mw),
and later works (lw).

Bornhauser N. y Rosales P. (18 de marzo de 2015). “Lugares de la


negación en la obra freudiana”. Revista Latinoamericana de Psi-
copatología Fundamental. [Link]
5v18n1p33.3
Corral I. (25 de junio del 2021). “Si bien no lo dijo públicamente, la
denuncia de Carrió por Sputnik V contra el Gobierno habla de
“envenenamiento”. Chequeado. [Link]
cador/si-bien-no-lo-dijo-publicamente-la-denuncia-de-carrio-
por-la-sputnik-v-contra-el-gobierno-habla-de-envenenamiento/
Costa J.M. (25 de agosto de 2021) “Sputnik V: según un estudio
bonaerense, los anticuerpos neutralizantes del Covid-19 cre-
cen tras seis meses de la vacunación”. La Nación. [Link]
[Link]/sociedad/sputnik-v-segun-un-estudio-bo-
naerense-los-anticuerpos-neutralizantes-de-la-covid-19-cre-
cen-tras-seis-nid25082021/
Dewey J. (1922). Human Nature and Conduct. An introduction to so-
cial psychology, Henry Holt and Company, New York.
Dewey J. (1918) “The Cult of Irrationality”, New Republic 17 (1918):
34-35. Publicado en Obras Completas, mw.11.107.

Contagios y contiendas. Hacer ciencia, arte y filosofía en pandemia 35


Gonzalez Lopez Ledesma, M. M. et al. (2021). “Temporal Increase in
Neutralization Potency of SARS-CoV-2 Antibodies and Reduced
Viral Variant Escape after Sputnik V Vaccination”. medRxiv pre-
print doi: [Link]
La Nación (29 de mayo de 2020). “Coronavirus: la Argentina vive una ‘in-
fectadura’, la dura carta de científicos e intelectuales”. Diario La Nación.
[Link]
dura-dura-carta-cientificos-nid2371426/
La Voz (20 de octubre de 2020). “Pedro Cahn: Nos acusaron de
ser la infectadura, pero no somos los que tomamos las decisio-
nes”. La Voz. [Link]
hn-nos-acusaron-de-ser-infectadura-pero-no-somos-que-toma-
mos-decisiones/
Luna N. (23 de septiembre de 2021). “La peor vacuna es la que no se
aplica”. Revista Anfibia. [Link]
la-peor-vacuna-la-no-se-aplica/
Viotti, N. (23 de septiembre de 2021). “Desconfío. El negacionismo
científico en la pandemia”. Revista Anfibia. [Link]
com/ensayo/negacionismo-cientifico-desconfio/

36 M. C. Di Gregori - F. E. López (coordinadores)

Common questions

Con tecnología de IA

The cultivation of irrationality affects public trust in scientific and intellectual discourse by deliberately discrediting reflective and informed dialogue. It shifts the focus from empirical evidence and systematic argumentation to emotional manipulation, creating distrust in scientists and experts who provide rational, evidence-based recommendations. This leads to skepticism towards scientific authority and hinders constructive debate, as seen in the skepticism fueled around vaccines and pandemic management .

The media plays a significant role in shaping public perception of scientific discourse by amplifying expressions that align with the cult of irrationality. Through sensationalist and emotive reporting, media outlets can stir emotions such as fear and distrust among the public, affecting the credibility of scientific recommendations and public health measures. This amplification reduces the space for rational dialogue and exacerbates conflict, contributing to public skepticism towards science and expert advice, especially in the context of urgent health crises like the pandemic .

The promotion of irrationality is closely tied to political motives, as it serves to discredit intellectual and scientific influence, weakening informed public discourse. By fostering emotional responses such as fear and distrust, political actors can manipulate public opinion against opponents and sway sentiments towards their agenda. This tactic diverts attention from rational debate on policy and governance, shaping public perception through uncritical emotional appeals rather than reasoned discourse .

During the pandemic, political expressions that epitomize a cult of irrationality include baseless allegations against vaccines and the scientific community, such as claims of potential harm from the Sputnik V vaccine. These expressions lacked systematic arguments and instead appealed to emotions, fostering distrust and fear. The document asserts that such statements aim to undermine scientific discourse and manipulate public sentiment, thereby exacerbating social tension and disbelief in public health measures .

Dewey differentiates non-rational behavior, which includes impulses and emotions inherent to human nature, from the cult of irrationality, which is a deliberate manipulation of emotions for a specific agenda. Non-rationality allows space for intelligent reflection and direction by reason, while the cult of irrationality intentionally seeks to discredit reflective thought to control and incite fear for particular purposes. This distinction is crucial as it highlights that not all emotional expressions are harmful, but their intentional manipulation can be detrimental to critical thinking and democratic discourse .

The document critiques the simplistic association of negationism with irrationality by arguing that not all dissenting positions stem from irrational motives. It highlights that labeling all negationist views as irrational fails to acknowledge the complex motivations and beliefs underlying such stances. Instead, it stresses the need to explore the specific contexts and interests involved, recognizing that some negationist expressions may be rooted in legitimate concerns or political ideologies, thus avoiding a blanket dismissal of critical discourse .

Challenging the label of irrationality on negationist positions is critical because it recognizes the necessity of plural expression within a democratic society, especially during crises. Labeling diverse opinions as irrational oversimplifies and dismisses valid concerns and dissent, which should instead be analyzed in terms of underlying convictions and interests. This approach nurtures a more robust democratic discourse that understands conflict and dissent as inherent to democracy rather than anomalies to be suppressed .

Democratic handling of dissension is critical during crises as it prevents the erosion of pluralism and encourages a diversity of voices to engage meaningfully in discourse. Managing conflict democratically ensures that varying perspectives are considered, fostering resilience and adaptability within society. This approach prevents the exclusion of alternative viewpoints and promotes a comprehensive understanding of the issues at hand, such as those seen during the pandemic when differing opinions on measures like vaccination needed careful consideration .

Emotional responses during crises are seen as natural and even necessary, marking deviations from the norm and highlighting the urgency of a situation. Dewey implies that these emotions indicate active participation rather than passive observation. Their presence in democratic contexts is positive, as they drive people to act and engage critically with societal issues. Yet, they must be guided by reason to foster intelligent reflection and deliberate actions, supporting meaningful democratic participation .

The pandemic acts as a revelatory and accelerating force for social sensitivities as it exposes and magnifies existing beliefs, values, and conflicts within communities. Viotti suggests that it operates as a catalyst revealing the pluralism and ideological diversity that characterize democratic societies, which include varying beliefs on economic distribution, gender equality, and healthcare policies. These sensitivities, rather than being isolated, converge in shared demands and perspectives, especially visible during times of crisis such as a pandemic .

También podría gustarte