melanie montañez P.
L a clave
del
Silencio
"Eres la sombra que guarda secretos en su aliento, un
eco distante que nunca revela su origen."
Índice
Dedicatoria
Prólogo
Capitulo 1
Capitulo 2
Capitulo 3
Capitulo 4
Capitulo 5
Capitulo 6
Capitulo 7
Capitulo 8
Capitulo 9
Capitulo 10
Prólogo
Emma nació en la tranquila y común ciudad de Brooklyn. Creció correteando en la mansión
abandonada de la propiedad vecina, obsesionándose con el tallado de la madera, los mosaicos
coloridos, y queriendo ser una princesa de un castillo imaginario.
pero Emma cambió., ahora solo piensa cómo pasar su último curso de instituto y confesarles a
sus padres que, sea cual sea su fututo, construir una vida en el aburrido Brooklyn no es una
opción. Los dramas adolescentes en los que está envuelta tampoco le animan demasiado y no
ve el momento de empezar la universidad para mudarse a la gran ciudad.
Aquí es donde entran los Thompson.
Una familia de desconocidos con un apellido importante. Dos hermanos que podrán a hervir al
pueblo y, para Emma, representarán la pieza clave del último año en el instituto.
La familia Thompson tiene pasillo desconocidos y los nuevos vecinos guardan algo más que
secretos. Hay historias que deben permanecer ocultas,
pero nadie puede huir del pasado.
No importa cómo o dónde estés, llega un momento en el que te alcanza .
Si estas demasiado cerca, inevitablemente, vivirás las consecuencias y más si eres curiosa, peor
será.
A Emma la advertirán, ahora yo le advierto a quien llegue hasta aquí.
El enigma de Ian. . . .
Prefacio
EMMA
iba a morir.
Me tape la boca con la mano para no hacer ruido. Pegué la espalda a la pared con el deseo de
fundirme con ella. Quería desaparecer, esfumarme, no haber entrado en la vida de los Thompson o que
ellos no hubiesen aparecido nunca en la mía.
Debí haberme ido a casa cuando tuve la oportunidad, no buscarlo, acatar su advertencia, cada una de
las que escuché los últimos meses.
Los ojos me escocieron en aquella espiral de nervios y desolación.
Me sentía incapaz, no sabía que hacer, solo podría correr y esconderme, aunque estaba claro: salir de
allí era imposible por muy bien que conociera la mansión. Las puertas estaban selladas. Podría
escabullirme por mas tiempo, pero la historia tendría el mismo final
No me di cuenta de lo que sucedía, de lo que tan bien ocultaban, hasta que ya estaba con el agua hasta
el cuello, luchando por oxígeno, cerré los ojos y las lágrimas me resbalaron por las mejillas.
había golpeado a la señora Thompson con el arbusto de mármol. Su cuerpo no se movió al caer al
suelo.
Lo sentía en el pasillo
Cerré los ojos con fuerza. Necesitaba creer que aquello no estaba pasando, que era una pesadilla y que
despertaría en casa, con la única preocupación de qué carrera universitaria escoger para salir del aquel
pueblo tan aburrido.
Mis problemas no eran nada antes de la llegada de los Thompson y. aunque una parte de mí quería
volver atrás en el tiempo, otra me impedía desearlo, la que estaba perdidamente enamorada de él de
Ian Thompson
-Llegó la hora, pequeña emita-Dijo una voz áspera y conocida, haciendo que un escalofrió me
recorriera la columna-. Me aburrí de jugar al escondite.
1 -Desvelo
Diez meses antes. . .
Sali de la ducha cuando apenas estaba amaneciendo, Me dejé caer en el cómodo sofá del saloncito de estar apoyando
los pies al borde de la ventana con vista a lo único que podía relajarme en ese momento: la mansión Thompson.
Disfruté absorta como el sol iluminaba la desgastada fachada de piedra con sus largos balcones y amplias ventanas.
Amaba aquellas dos románticas torres en punta, sus ventanales art Nouveau con curvas sinuosas en combinación con
la más exquisita madera y cristales, en contraste con otras partes de su arquitectura.
Tan eléctrica y señorial entre los árboles crecidos y adornado por la hiedra que le consumía cada año. Una joya de la
historia, una muestra de la genialidad del ser humano y ahí estaba abandonada.
Fue construida cuando no había nadie en los alrededores. Los Thompson se asentaron en medio del continente,
levantaron la mansión y fundaron el pequeño pueblo de Leavenworth
Suponía que era idea de la ancestral familia el crear una ciudad próspera, sin embargo, el tiempo no pasaba en vano y
no todos pensaban de la misma manera. Nadie quería quedarse a vivir en Leavenworth, al menos nadie con ambición.
Abandonaron y olvidaron la casa. Se desconocía el nombre del actual dueño por como cambió de manera incontables
veces con las herencias de la adinerada familia.
Nací en la propiedad vecina y mi casa no tenía nada de especial. Nada de adorno talladas a mano o impresionantes
escaleras de caracol con paredes cubiertas de mosaicos que reflejaban la luz de la madera más artística posible.
Crecer junto a lo que parecía un castillo fue frustrante. De pequeña me vestía con mis mejores disfraces de telas
vaporosas y joyas de mi madre que los cogía sin que se diera cuenta para luego escapar por el patio trasero y pasar
horas por las habitaciones deterioradas de la mansión.
Recordaba haber pedidos a mis padres que compraran la casa como regalo de cumpleaños, navidades y graduaciones
por toda la vida, nunca tomaron en cuenta mi oferta. Me enamore del lugar al punto de crecer obsesionándome con
cuentos de hadas, castillos y antigüedades. Pasando a amar la arquitectura, el arte y la historia universal. Mi obsesión se
convirtió en pasatiempo y pasión.
Años después, ya no quería ser la princesa que se ve en problemas con un malvado villano en la torre más alta en la
mansión Thompson y que es rescatada en el último momento y valiente príncipe que la besa antes del ‘’vivieron felices
por siempre’’. Mis problemas eran otros.
-Emma- Llamó mamá sobresaltándome - ¿De nuevo sin poder dormir?
-solo desde hace una hora- mentí en vano
-Al menos no tengo que levantarte- dijo suspirando y tomándolo con aparente calma,
bajé las escaleras, medio dormida y acepté que el día ya había empezado. Tocaría hacerle frente a lo que venía con él y en menos
de diez minutos estaba vestida para ayudar con el desayuno.
-Tu hija volvió a desvelarse- Dijo mamá en cuanto papá entró a la cocina con el cabello húmedo. - ¿Desde qué hora?
Bajé la vista al sartén, por suerte estaba de espaldas. -Desde las cinco- Dije sin articular demasiado. Al girar ninguno estaba
viéndome, sabían que mentía, no querían presionarme y yo no quería preocuparles.
-Quizás debemos valorar que tomes algo para dormir- sugirió mamá cuando me senté a la mesa.
-no quiero.
-Se que no te gustan las pastillas, sin embargo, no son lo que pintan. Las has tomado antes y . . .
-no quiero pastillas, mamá. - Me observó preocupada
-Emma, dormir es importante, si estas nerviosa te pueden ayudar. Lo que no quiero es que te enfermes por no dormir cariño.
su eterna paciencia y ternura me derrumbaban, era psiquiatra y propensa a temerle a todo. Al conocer riesgos y consecuencias de
tantos padecimientos, vivía preocupándose sin necesidad.
-dormiré- dije viéndolos alternativamente -Lo prometo-
No era algo que pudiese prometer, papá intervino poniéndose de pie y abrazándome, su suave beso en mi sien, dibujé una sonrisa
en mis labios.
-Tranquila, Mary- dijo en tono jovial -nuestra Emma solo está nerviosa porque es su último año antes de la universidad. Tiene miedo
de irse a estudiar historia del arte a la gran ciudad y no poder encontrar los ingredientes de su postre favorito en el supermercado
Se me revolvió el estómago. La universidad era la razón de mi insomnio, pero no por lo que mencionaba. Intenté devolverle el
abrazo y cuando bajé la vista encontré los taladrantes ojos de mamá, eran idénticos a los míos, solo que ella tenía una capacidad
extraña de analizarme con los rayos x. En dos segundos pareció desmontar mis miedos, rehuí su mirada acusadora y terminé el
desayuno con hambrientos bocados para tener la boca llena por si se le ocurría preguntar algo.
Una vez que terminé mi desayuno me escabullí a mi habitación con tal de evitarla, mamá era un peligro si quería mantener mis
secretos. Cepillé mis dientes y esperé con el oído pegado a la puerta a que volviera a su habitación para tomar una ducha, el pasillo
quedó libre y pude salir al exterior sin detenerme hasta llegar al borde de la carretera. Apenas esperé diez minutos y el autobús
apareció, como siempre, tuve que agarrarme de la puerta para alcanzar el primer escalón sin caer en el intento. Uno de los
problemas de ser pequeña, quienes diseñan los autobuses se les olvidaban que no todos tienen piernas largas para trepar con
facilidad.
- ¡Te volviste a cortar el cabello! - Chilló claudia poniéndose de pie al verme caminar por el pasillo.
-no me digas, ¿se nota? - solté con sarcasmo
hasta el martes en la noche lo llevaba por los codos.
- ¿fue un flequillo? -Parecía dudar en lo que evaluaba el corte recto que no pasaba de mi barbilla-, Dijiste que no volverías a
cortarlo.
-Cambié de idea