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Madrid Literario

El documento explora la evolución de Madrid como centro cultural y literario, destacando la figura de escritores como Miguel Delibes y Andrés Trapiello, quienes reflexionan sobre la necesidad de trasladarse a la capital para alcanzar el éxito. Se menciona un 'éxodo cultural' donde muchos dejaron sus pueblos en busca de oportunidades en Madrid, aunque también se discute la vigencia actual de la ciudad en el contexto de las redes sociales y el teletrabajo. A pesar de los cambios, se sostiene que Madrid sigue siendo un punto de referencia para la literatura y la cultura en España.
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Madrid Literario

El documento explora la evolución de Madrid como centro cultural y literario, destacando la figura de escritores como Miguel Delibes y Andrés Trapiello, quienes reflexionan sobre la necesidad de trasladarse a la capital para alcanzar el éxito. Se menciona un 'éxodo cultural' donde muchos dejaron sus pueblos en busca de oportunidades en Madrid, aunque también se discute la vigencia actual de la ciudad en el contexto de las redes sociales y el teletrabajo. A pesar de los cambios, se sostiene que Madrid sigue siendo un punto de referencia para la literatura y la cultura en España.
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2 TERRITORIOS LECTURAS Sábado 13.03.

21
EL CORREO

U
mbral es el último
conquistador de Ma-
drid. Antaño, la con-
quista de Madrid re-
quería la presencia fí-
sica. Hogaño, puede hacerse a dis-
tancia, pero todavía perviven los
conquistadores directos y Umbral
es el último del que tengo noticia».
Lo escribía Miguel Delibes en ‘Un
año de mi vida’, un diario que pu-
blicó… en 1970. Entonces, el au-
tor de ‘El camino’ ya era un escri-
tor consagrado, ganador del Na-
dal entre otros premios, sin aban-
donar la Valladolid en que nació.
La descripción del Umbral ‘con-
quistador’ la hace Delibes cuando
este apenas ha publicado ‘El Gio-
condo’, pero ya veía en él la acti-
tud de quien hará de Madrid su
particular capital de la gloria. Algo
que, como demostraba Delibes con
su asentada vida de escritor en
provincias, parecía no ser ya un
requisito indispensable. Hasta en-
tonces, llegaban al KM 0 escrito-
res de todo el país, como Gonzalo
Torrente Ballester, dispuestos a
labrarse una carrera, aunque para
ello tuvieran que dejar desampa-
rados a mujer y muchos hijos,
como recordaba su nieto, el tam-
bién escritor Marcos Giralt Torren-
te. Instalarse en Madrid parecía
un peaje necesario para colarse
en el Parnaso. Ya lo había adver-
tido Pío Baroja con aquel consejo
a un joven autor: «¿Quiere ser es-
critor? Váyase a Madrid y pónga-
se a la cola». O Azorín: «Es preciso
vivir en este Madrid terrible; en
provincias no se puede conquis-
tar la fama». Lo leemos, precisa- se como autobiografía y manual dera el autor de ‘Las armas y las
mente, en el reciente ‘Madrid’ (Des- histórico. letras’. A su juicio, Madrid es ca-
tino), de Andrés Trapiello, leonés Trapiello lo tiene claro y así inau- pital en muchos aspectos; capital

El peso
que vive junto al paseo de Recole- gura su libro: «El día que decidí financiera, política, cultural, pe-
tos desde hace más de cuarenta venir a Madrid fue el más impor- riodística, pero sin ostentar la ex-
años. tante de mi vida». Aquella mudan- clusividad. «Los dueños de esas
za tuvo algo de huida, pero, sobre cosas no es Madrid, son los espa-
El éxodo cultural todo, de renacimiento. Madrid y ñoles. Y por eso Madrid cuenta con
Así como entre los años cincuen-
ta y setenta la España de interior
se redujo a mínimos como conse-
cuencia del llamado éxodo rural,
cultural de Matriz son la misma cosa para al-
gunos, apunta el autor de ‘Salón
de pasos perdidos’. Un ambiente
familiar electrizado y una bronca
tantos simpatizantes fuera de Ma-
drid. La sienten como suya».

Vigencia actual
también se produjo un ‘éxodo cul-
tural’. Además de aquellos habi-
tantes del entorno agrícola cansa-
dos del abandono y la pobreza,
Madrid paterna provocarían el punto de
giro definitivo: «No podemos se-
guir viviendo aquí». El joven Tra-
piello y su hermano hicieron la
Mercedes Cebrián (Madrid, 1971)
no tuvo que plantearse éxodo nin-
guno al nacer en lo que Machado
llamó el rompeolas de todas las
otros tantos dejarían sus pueblos maleta con celeridad y empren- Españas. No obstante, de haber
de origen para probar mejor for- dieron la ruta de tantos españo- venido al mundo en una ciudad
tuna en Madrid, dispuestos a con- les de interior: camino Madrid. pequeña, hubiera buscado una de
quistar la fama de la que habló «Esta ciudad es más que literatu- al menos un millón de habitantes.
Azorín. ra para mí. Es sobre todo vida, cla- «Para mucha gente que no enca-
Uno de aquellos jóvenes del tar-
dofranquismo que miraban a Ma-
Reportaje. En la época del ro que mi vida es literatura. Pero
el orden es ese: vida y literatura.
ja bien en estructuras conserva-
doras y tradicionales, marcharse
drid como la única vía posible era teletrabajo y las redes sociales, No al revés», prioriza Trapiello. a vivir a una ciudad grande pue-
Andrés Trapiello, que disfruta es- Desde la fascinación de su pri- de suponer la salvación; no es un
tos días de las nuevas ediciones con editoriales dispersas por toda mera visita a la ciudad, en 1971, mero capricho snob», considera.
que se suceden de su ‘Madrid’. Con
apenas 22 años, y tras tres inten-
la geografía, los antiguos polos de este escritor de origen leonés se
dejó seducir por la condición dual
A su juicio, la vigencia literaria
de Madrid se desdibuja a partir de
tos fallidos, se instalaba en la ca- atracción situados en la capital y y absoluta que señaló en su día Ra- los setenta, en beneficio de Bar-
pital cuando Franco daba su últi- món Gómez de la Serna con lo de celona, sobre todo tras la llegada
mo discurso en público. Se intuía en Barcelona se redefinen que Madrid es tenerlo todo y no de los autores del ‘boom’ latino-
una época bisagra de la que Tra- tener nada. «Por eso la detestan americano y también porque allí
piello sería testigo, aunque dis- tanto los nacionalistas. Esa es la siguen estando las principales edi-
puesto sobre todo a cumplir su razón de la madritirria y la madri- toriales de prestigio. «He vivido
principal propósito: convertirse leñofobia. Madrid es un testigo in- aceptando que Madrid no es el epi-
en escritor. «Era una decisión fir- cómodo que les recuerda que se centro literario de España. Por eso
me, pero discreta, reservada», con- vive mejor sin imponer sus deli- se creó, en mi opinión, la llamada
EDUARDO LAPORTE
fiesa en un libro que puede leer- rios identitarios a nadie», consi- ‘La noche de los libros’, que trata
Sábado 13.03.21 LECTURAS TERRITORIOS 3
EL CORREO

bert. «Se puede escribir y se escri-


be mejor desde la provincia», sen-
tencia el autor de ‘Diario de cabo-
taje’. Y lo hace citando, precisa-
mente, otro diario, el de Ignacio
Peyró (‘Ya sentarás cabeza’, Libros
del Asteroide), con unas andan-
zas en las que no se identifica del
todo. «En sus años de hiperactivi-
dad laboral y social madrileña, yo
hacía en el sur dos guardias sema-
nales, leía menos, salía mucho por
la noche, pero tenía tiempo para
todo, tenía sosiego. Da la impre-
Una librería, ‘Tertulia del café sión que en Madrid siempre hay
Pombo’ de Gutiérrez Solana, algo urgente que hacer».
recreación de una cena en ese El propio Peyró, actualmente di-
café, libros en la calle y Delibes, rector del Instituto Cervantes de
Umbral y Leguineche. Londres, reconoce en sus páginas
que Madrid es una ciu-
dad «en la que siem-
pre ha sido de buen
tono pasar mucho
tiempo fuera de ella».
Para él, Madrid es más
capital que antes. «Aun-
que se decidan menos
cosas, sucede en Espa-
ña lo que ocurre en to-
das partes: cuanta más
gente hay, hay más ta-
lento en circulación y
más oportunidades»,
aporta por correo elec-
trónico.

Madrid pandémica
Jimina Sabadú predijo el
escenario de pesadilla
que se nos venía encima
en ‘Las palmeras’, publi-
cado (en Algaida) pocas
semanas antes del primer
de competir con Sant Jordi», apun- drid se veía un poco estado de alarma. Se de-
ta esta escritora. Madrid redivivo como un ‘poblachón nomina ‘El brote’ y puede
Capital Europea de la Cultura manchego’ al que na- leerse como metáfora de
en 1992, el año de la Expo de Sevi- El surrealista Eugenio Castro die miraba con de- la precariedad que acecha
lla y los JJ OO de Barcelona, la vi- (Toledo, 1959) acaba de publi- seo. Recuerdo que a jóvenes y no tan jóvenes
gencia de Madrid como referen- car ‘Madrid redivivo’ (Pepitas los extranjeros con y que limita sus posibili-
cia ha vivido diversos altibajos. de Calabaza), un acercamiento los que hablaba, al decirles yo de dades creativas, vivan en
Desde la época de la Movida, que a la ciudad desde su condición dónde era, siempre añadían la co- su vida. Madrid o en cualquier otro punto.
llevaba el apellido de ‘madrileña’, mutable y en constante meta- letilla: «Conozco Barcelona, pero Con editoriales que se van re- «Nunca seremos adultos comple-
la fuerza de la capital como lugar morfosis. Con un enfoque entre no Madrid». Así que la ciudad, en partiendo por toda la geografía y tos, porque para ello hace falta in-
de referencia parece haber que- lírico, estético y conceptual, aquella época, y probablemente unas redes sociales que operan dependencia económica y eso no
dado en segundo plano. Así lo ve Castro habla de una Madrid ahora también, «no estaba muy como nexo de unión entre auto- se consigue si tienes 30 años y te
Enrique Llamas (Zamora, 1989), que «expira, en efecto, tantas alta en la lista de ciudades desea- res y editores, ¿qué sentido ten- siguen ayudando tus padres para
que acaba de publicar ‘Todos es- veces como lo hacen los ciclos bles de la Tierra, aunque eso la ha dría ponerse a conquistar Madrid llegar a fin de mes», certifica Sa-
tábamos vivos’ (AdN). El autor de sentimentales». Un ensayo que mantenido más vivible». a lo Umbral? Rafael G. Maldona- badú.
‘Los Caín’ cree que de los años sal- es también un viaje por las dis- do, novelista, diarista y farmacéu- ¿Y como tema literario? El libro
vajes de la heroína y el sida se ha tintas ciudades que transitó El poder de las redes tico malagueño, es todo gratitud de Trapiello habría puesto a la ciu-
pasado al extremo contrario, a la dentro de la propia ciudad, con Pero más allá de esos dos polos, la para unas redes que, en su caso, dad de nuevo en la palestra, aun-
uniformidad políticamente correc- el paso del tiempo. Como esa España editorial se expande y sur- le ampliaron unos horizontes vin- que dentro de la variedad reinan-
ta: «Las manifestaciones cultura- «Madrid, la horrible», la de los gen editoriales en todos los pun- culados a su profesión y los límites te. En Anagrama, Esther García
les en Madrid ya no son tan trans- primeros ochenta, «ataviada tos de España. En Valencia se en- de Coín, donde desarrolla su acti- Llovet mantiene el pulso poético
gresoras como en los años ochen- con una fealdad que crecía si- cuentra, sin ir más lejos, la pres- vidad. Gracias a él conoció a sus de un Madrid singular en su ‘Gor-
ta, porque para que sea así hace guiendo la mía propia: la que tigiosa Pre-Textos, que abrió ca- editores, lo que le convierte en un do de feria’, que completa una tri-
falta salir de una dictadura. No hay yo reconocía en mi enfrenta- mino ‘periférico’ allá por 1976. Es defensor «absoluto» de los Twi- logía con la capital como coprota-
mucho underground porque lo po- miento con el mundo, quizá esa España, en palabras del edi- tter, Facebook, Instagram… «Sin gonista.
líticamente correcto se lo come porque era entonces cuando tor de Hiperión, Jesús Munárriz, redes hubiese tenido que hacer «A mí siempre me ha inspira-
todo. Hace falta un término me- más en serio me lo tomaba». como una rueda con muchos ra- como León Felipe, dejar la farma- do y nunca se me acaba», comen-
dio que a Madrid no se le da nada dios que culmina en Madrid, pero cia para malvivir en la bohemia y ta Jimina Sabadú, amiga de pa-
bien. Chueca –por ejemplo– ha que cada vez se abre más. «Desde ser escritor. Luego he conocido a tearse la ciudad en soledad y co-
pasado de ser el centro del narco- gar por su demanda turística. Tan- Madrid es más fácil llegar a todos infinidad de autores, a otros edi- larse en los lugares más insospe-
tráfico la gentrificación más ex- to como para que hubiera casi que los territorios que desde cada uno tores, a periodistas, a gente que chados. Como hace, a su manera,
trema». disculparse por hablar de la capi- de estos a los otros, y eso facilita ahora son íntimos amigos», reco- Elvira Navarro, escritora de ese
tal de España, lo que motivó una las cosas estando en la capital. noce Maldonado, que esta prima- Madrid de la periferia o los restau-
La rueda española antología de relatos bautizada Aunque ahora, con internet, la co- vera publicará ‘Si yo de ti me olvi- rantes chinos de Usera. Quizá haya
Madrid y Barcelona mantienen como ‘Madrid, con perdón’ (Caba- municación funciona más como dara, Jerusalén’ (Anantes). tantos madriles como madrileños
desde hace décadas un duelo cul- llo de Troya), como señala Merce- red, sin centro ni eje», considera Maldonado no reniega de su po- porque, como cita Trapiello en el
tural, que parece decantarse a fa- des Cebrián, que editó aquel libro Munárriz, poeta y editor pamplo- sición periférica, como no rene- prólogo de su libro, «en Madrid,
vor de esta última, al menos a juz- en 2012: «En ese momento Ma- nés que lleva en Madrid casi toda gó, en su día, el mismísimo Flau- todo es de todos».

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