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Contexto histórico y filosófico de Platón

Platón, nacido en un contexto de crisis política y cultural en Atenas, busca entender la justicia y la educación de los gobernantes para superar la inestabilidad del Estado. Su filosofía se centra en la teoría de las Ideas, proponiendo un dualismo entre el mundo sensible y el mundo inteligible, donde el conocimiento verdadero se alcanza a través de la razón. Además, Platón establece un paralelismo entre el alma humana y la polis, defendiendo que una sociedad justa debe ser gobernada por filósofos que posean sabiduría y virtud.
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Contexto histórico y filosófico de Platón

Platón, nacido en un contexto de crisis política y cultural en Atenas, busca entender la justicia y la educación de los gobernantes para superar la inestabilidad del Estado. Su filosofía se centra en la teoría de las Ideas, proponiendo un dualismo entre el mundo sensible y el mundo inteligible, donde el conocimiento verdadero se alcanza a través de la razón. Además, Platón establece un paralelismo entre el alma humana y la polis, defendiendo que una sociedad justa debe ser gobernada por filósofos que posean sabiduría y virtud.
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PLATÓN (427-347 a. de C.

)
CONTEXTO
El contexto histórico-cultural
Platón nace en el año 427 a.C., en medio de una interminable guerra que mantenían Atenas y sus
aliados frente a Esparta y los suyos, la Guerra del Peloponeso. La derrota (año 404) acentúa la crisis
económico-política ateniense iniciada con la guerra. Atenas tiene que soportar la humillación de ver
ocupado su Estado y destruidas sus murallas. Aprovechando la derrota y con el apoyo de los espartanos,
los aristócratas instauran la Tiranía de los Treinta, encabezada por familiares de Platón. Es un gobierno
aristócrata que acaba con los derechos democráticos conseguidos por los atenienses y desemboca en una
guerra civil.
Reinstaurada la democracia (403) y un periodo de amnistía, las venganzas continúan: siguiendo el
orden jurídico-democrático, un jurado popular condena a muerte a Sócrates, aunque realmente se trata de
un juicio político. Durante la primera mitad del siglo IV y hasta la muerte de Platón (347), el marco
político sigue inestable. Continúa el enfrentamiento entre los tres Estados más poderosos sucediéndose en
su preponderancia pero sin que ninguno sea capaz de imponerse definitivamente a los otros: al periodo
posbélico de dominio espartano (404-371) le sigue el dominio de Tebas (371-362) y la vuelta de una
breve hegemonía ateniense con la segunda Liga de Délos hasta el año 355. La inestabilidad, los conflictos
y la crisis se mantendrán hasta que Filipo II de Macedonia acabe con la autonomía política de los Estados
griegos.
La crisis se extiende al ámbito cultural. Los proyectos arquitectónicos y urbanísticos acometidos en
el siglo V desaparecen por la crisis económica derivada de la guerra. En el ámbito literario, sólo las
comedias de Aristófanes y la obra historiográfica de Jenofonte se acercan a las grandes producciones del
siglo v de Sófocles o Eurípides. Pero la crisis no es completa: Praxíteles, Escopas y Lisipo introducen un
nuevo modo de entender la escultura, el «estilo bello», que rompe con los modelos clásicos. La retórica y
la oratoria, instrumentos claves para el ascenso político, conocen con Isócrates y Démostenos su máximo
esplendor.
Ante esta situación Platón se pregunta por qué los gobernantes conducen a los Estados a la crisis y
enfrentamiento continuo, por qué el sistema democrático del que tan orgulloso se mostraba Pericles no
había mejorado a los ciudadanos ni tampoco lo habían hecho las imposiciones tiránicas de sus familiares,
por qué el jurado no fue capaz de ver que tenía frente a sí al hombre más justo y lo condenó a muerte...
Platón responde: los ciudadanos no sabe qué es la justicia, y sus gobernantes, sean demócratas o
aristócratas, tampoco. La política, a la que hasta ahora tenía intención de dedicarse, no es el modo de
superar la crisis, sino la educación de los gobernantes para que, conocedores de qué sea lo mejor,
organicen un Estado justo.
Platón adivina la posibilidad de poner en práctica su proyecto mediante la educación del que sería el
futuro rey de Siracusa Dionisio II, hijo de Dionisio I, pero las revueltas y conspiraciones de la corte, que
veían en las ideas de Platón una amenaza para el régimen, acabarán con sus planes. Nuevamente el
ateniense encuentra a políticos que no buscan el bien de los ciudadanos, sino el mantenimiento del poder.

El contexto filosófico
Su fracaso en Siracusa le lleva a fundar en Atenas un centro para educar a ciudadanos y gobernantes,
la Academia. Los sofistas ya habían propuesto la educación como medio de mejora: la democracia
permitía que los ciudadanos accedieran por sorteo a cargos públicos retribuidos, y que los políticos
influyeran en el Estado convenciendo a la Asamblea de que votara sus propuestas. Este nuevo sistema
había convertido a los sofistas en educadores de quienes quisieran ascender en ese contexto político. Para
ellos, por tanto, la educación tiene una finalidad práctica inmediata, y consiste esencialmente en enseñar
retórica, el uso del lenguaje como medio de persuasión del Consejo, Asamblea o Tribunales populares.
Sin embargo, Platón la entiende de modo distinto, por eso su filosofía desembocará en una crítica no sólo
a la explicación sofista del hombre y de su dimensión ético-política, sino también a la corrupción del
sistema político que había permitido el ascenso de un modelo educativo y ético, que había desembocado
en una permanente crisis. Ese enfrentamiento no será sencillo. Para acometerlo, Platón profundizará y
desmontará el fenomenismo, subjetivismo y relativismo de estos maestros de retórica. La concepción
platónica del ser y de su conocimiento responde a la búsqueda de un fundamento a su nueva propuesta
antropológica y ético-política. Ahora bien, esos argumentos platónicos contra los sofistas se nutren de
ideas que circulaban en su contexto, especialmente de Sócrates y algunos presocráticos.

1
No sólo la muerte de Sócrates y las circunstancias en las que se produjo fueron claves en la decisión
platónica de abandonar la política y dedicarse a la filosofía y la educación, sino que su pensamiento
continuará la crítica al pensamiento sofista y al mecanicista de algunos presocráticos iniciada por su
maestro. Éste propuso el concepto y el razonamiento inductivo como medio para superar el relativismo y
el subjetivismo. Platón irá más allá y dotará de realidad objetiva al concepto introduciendo las Ideas.
También asumirá el intelectualismo moral de su maestro. La segunda fuente que alimenta la propuesta
platónica es la presocrátíca. De la escuela pitagórica asumirá la importancia de las matemáticas, su
dualismo antropológico, la identificación del hombre con su alma racional y la reencarnación. En segundo
lugar, las Ideas de Platón tendrán, excepto el de «ser único», los rasgos del ser de Parménides. También
asume su dualismo gnoseológico así como que lo sensible es el terreno de la opinión y del ser no
verdadero. De Heráclito acepta su visión del mundo sensible como un mundo en perpetuo fluir, y que, por
tanto, no puede ser susceptible de conocimiento verdadero, aunque Platón no aceptará, como sí lo hacía el
de Éfeso, que ese ámbito fuera real. Finalmente, el ateniense criticará el mecanicismo atomista y
defenderá una explicación teleológica cercana a Anaxágoras, aunque la llevará hasta sus últimas
consecuencias, eliminando cualquier vestigio mecanicista de su cosmogonía.

El núcleo del pensamiento de Platón es la teoría de las ideas. Las "ideas" (eidos o esencias) no son
sino los objetos a los que me refiero con mis definiciones y que pienso con mis conceptos. Y son la
esencia universal de los seres sensibles (cosas, plantas, animales, personas). Definiciones y conceptos son
universales y, por tanto, tienen que referirse a algo universal. Las cosas que vemos por los sentidos no lo
son. Tienen que existir, por tanto, esos seres universales fuera de mi mente.
Las cosas que percibo evolucionan, se crean, se destruyen, poseen imperfecciones, etc. Sin embargo,
cuando yo me refiero a una idea, cuando pienso en algo como, por ejemplo, un árbol, mi idea de lo que es
"ser árbol" no varía aunque se quemen todos los árboles del mundo. "Ser árbol" será lo mismo haya o no
árboles, es decir, un vegetal, con raíz, ramas, etc. Las ideas, en conclusión, son también independientes
de las cosas individuales.
La esencia de las cosas, que es lo que yo quiero representar o pensar con conceptos correctos, es,
según Platón, independiente de mí y de los seres individuales que percibo. A estas realidades se las llama
"eidos" o "ideas". Y son:
- las esencias de las cosas sensibles,
- los modelos perfectos de las cosas sensibles,
- eternas, inmutables, imperecederas, universales, perfectas, etc,
- organizan y ordenan el mundo sensible,
- son una dimensión paralela a ese mundo sensible y son la auténtica realidad,
- son la causa de las cosas,

El mundo sensible, por el contrario está formado por seres:


- que se transforman, se crean y destruyen.
- imperfectos,
- que son copias de las ideas,
- que no nos dan un conocimiento verdadero, aunque pueden ayudar a alcanzarlo, ya que son los
ejemplos de las esencias que buscamos,
- que reciben su ser de las ideas,
Vemos en todo esto que Platón es un filósofo dualista, ya que admite la existencia de dos mundos o
realidades paralelos.
- El captable por la razón o "inteligible", que es el verdadero -la auténtica realidad-
- El captable por los sentidos o "sensible", el que nos lleva a errores, real pero engañoso.
Y hay que añadir:
- que ese mundo de ideas es jerárquico -hay ideas más y menos importantes- y organizado: las ideas
tienen relaciones entre sí,
- en lo más alto de la jerarquía está la idea de Bien, que es la causa de que todas las demás ideas
existan y sean visibles por nuestro entendimiento (ilumina nuestra razón),
- son la causa del orden y estructura de este mundo que percibimos por los sentidos,
- en el diálogo Timeo, Platón considera que tiene que haber un Ser Ordenador (Demiurgo, en
griego) que haya dado orden y estructura a este mundo por medio de las ideas.
Según Platón, la razón es la que conoce. Es, pues, un filósofo racionalista, que considera que no son
los sentidos sino la razón la que nos proporciona el verdadero conocimiento. Esta razón es la que capta la
idea-esencia de cada cosa. Nos proporciona un conocimiento a priori -anterior e independiente de la
experiencia-.

2
Lo dicho sobre el conocimiento a priori lo expresa Platón también de la siguiente manera: conocer
es como recordar (teoría de la reminiscencia). Desarrolla así las enseñanzas del método socrático
llamado diálogo, que, como sabemos, consistía en extraer de dentro de cada uno el conocimiento que
uno ya tiene, aunque sea de manera confusa y desordenada.

Según Platón, dependiendo de los grados de realidad -de la aparente a la real-, se dan distintos grados
de conocimiento, que se pueden resumir en dos: la opinión (doxa) y la ciencia (episteme). Si nos fijamos
sólo en lo que percibimos por los sentidos caemos en la "doxa"(opinión, conocimiento superficial). Si nos
elevamos hasta la esencia (o idea) de las cosas, alcanzamos la ciencia (episteme). El más alto
conocimiento científico es la dialéctica.

Y la filosofía va a consistir, por tanto, en darse cuenta de que el verdadero ser real son las ideas y,
por lo tanto, el filósofo debe dedicarse a conocer las ideas, sus relaciones, su orden jerárquico, etc. A esta
filosofía la llama Platón "dialéctica" y es un proceso ascendente a través de las ideas hacia las más
fundamentales e importantes. La principal es la idea de Bien.

Pero hay otra forma de acceder al Bien: "Eros" (amor), que no es una forma de conocer sino más
bien una tendencia de tipo afectivo, como un sentimiento, que hace que elevemos también nuestra alma
hacia la región inteligible: a partir de la belleza que hay en los seres sensibles, el alma es capaz de captar
la belleza en sí misma (es decir, la idea de "belleza", que es equivalente a la de ¨Bien").

Sobre el ser humano, Platón afirma que hay un completo dualismo: el ser humano es compuesto de
cuerpo y alma, unidos accidentalmente. Esto quiere decir que al alma no le corresponde propiamente
estar en el cuerpo, está de paso nada más. El alma pertenece al ámbito espiritual o intelectual: las ideas.
El alma da vida al cuerpo pero, sobre todo, es el principio que proporciona conocimiento racional
al hombre: capta las ideas.
Por su unión en el cuerpo, la tarea de captar las ideas es más dificultosa. Los sentidos corporales no
proporcionan una visión adecuada de lo auténticamente real.
El alma es inmortal. Cuando morimos, el alma sale del cuerpo y se dirige a donde le corresponde
por la vida que hayamos llevado: o vaga eternamente por el reino de los muertos o va hacia el mundo de
las ideas. Platón utiliza la teoría de la inmortalidad del alma como apoyo de la de la reminiscencia. El
alma se acuerda de lo que ya ha vivido en la vida anterior.
Y el alma tiene tres partes o funciones:
-Racional, la que conoce y debe dirigir al hombre,
-Irascible, la de las tendencias más "nobles": valentía, ira, Eros, etc.
-Concupiscible, la de las tendencias más bajas, relacionadas con la reproducción y la alimentación.
-Propiamente hablando, sólo la parte racional sería inmortal.

La ética platónica, relacionada con la visión platónica del ser humano –cuerpo y alma–, afirma que el
bien primero es la felicidad y ésta sólo se alcanza por medio de la virtud -areté, en griego-.
Platón recoge la teoría socrática llamada "intelectualismo moral", que compara la virtud con una
sabiduría y el mal con la ignorancia. Él la desarrolla así:
-Será virtuoso y justo aquel que guíe su vida según la razón, es decir, en el que el alma racional
domine a las otras dos,
-quien tenga las tres partes del alma en armonía,
-el que alcance para cada parte del alma la virtud que debe poseer: a la racional le corresponde la
prudencia; a la irascible, la fortaleza; a la concupiscible, la templanza.
-También afirma Platón que la virtud consiste en la purificación del alma, no guiarse por los
imperativos del cuerpo. Así alcanzará su destino, que es el retorno al mundo de las Ideas.

En relación con la política, lo primero que hay que decir es que, para Platón, como para casi todos
los griegos, una polis justa es necesaria para que haya personas justas y viceversa.
Lo que Platón considera que debe ser una polis justa es parecido a lo que piensa sobre una persona
justa. Hay paralelismo entre el alma y el Estado.
Igual que el alma tiene tres partes, en todo Estado hay tres clases sociales:
-Los gobernantes.
-Los guardianes o guerreros.
-Los trabajadores.

Será justa la polis:


3
-Que sea guiada por la razón, es decir, por los gobernantes, que serán los filósofos o sabios,
-O, dicho de otro modo, la que tenga sus clases sociales en armonía unas con otras.
-O, lo que es lo mismo, aquélla en la que cada clase social alcance a poseer la virtud que le
corresponde: a los gobernantes, sabiduría; a los guerreros, valentía; a los trabajadores, moderación. El
paralelismo con el alma es total.
La polis justa, como vemos, debe ser gobernada por sabios o filósofos, que habrán sido educados
desde niños para serlo.
Junto con esto, Platón establece las condiciones que harán posible esa ciudad perfecta: selección de
los mejores desde niños (eugenesia), abolición de la propiedad privada para evitar egoísmos –incluido no
tener familia-, educación del filósofo-gobernante.
Por todo esto, podemos llamar a la política platónica "idealista" y "utópica", es decir, algo a alcanzar,
pero prácticamente imposible.
Platón, como vemos, defiende como mejor forma de organización política la aristocracia, entendida
como el gobierno de los mejores. Y rechaza la democracia, la tiranía, el gobierno militar, etc.

En cuanto al tema del Cosmos (Universo), en los últimos diálogos, Platón retoma este tema típico de
los primeros filósofos.
Según él, es algo ordenado, por lo que tiene que haber algo que lo ordene. No puede ser que por azar
se haya organizado. Critica por lo tanto a los atomistas, que creían que la realidad entera estaba
compuesta de átomos que se unían por azar. Tiene que haber, por lo tanto, una finalidad en todo lo que
ocurre. Es necesario que haya un demiurgo, palabra que debe traducirse como "lo que ordena u
organiza". No está claro si Platón, con esto, se refiere a un dios, una fuerza natural, una ley... Lo que
afirma es que el Demiurgo, con las ideas como modelo, y teniendo como motivo principal la idea de Bien,
realiza lo más perfecto que hay en el mundo sensible: el Universo ordenado. Con las ideas, en efecto, se
da forma a la materia caótica.
Esta teoría completaría, al final de la obra de Platón, todo lo que hemos dicho sobre la teoría de las
ideas.

ARISTÓTELES Y PLATÓN

Aristóteles rechaza a Platón porque piensa su plan de reforma ético-social no sirve de naday las
ideas no pueden explicar la realidad. Algo separado de las cosas (las ideas) no puede explicarlas. En
especial no sirven para explicar por qué y cómo se mueven las cosas.

En consecuencia

- Aristóteles considera que las cosas sensibles son reales y sus esencias (eidos) no están separadas
de ellas.
- Aristóteles rechaza la idea de que deben gobernar los filósofos, los que conozcan las ideas (las
ideas no existen).
- Rechaza el método dialéctico que considera las ciencias s un paso para llegar a la idea de bien.
Las ciencias son muy importantes (y entre ellas las que estudian lo sensible: la física).
- Aristóteles considera importantes las ciencias y, para ellas, busca un fundamento común (filosofía
primera) y un método (la lógica).
- De Platón admite la teleología (que viene de “telos”, que significa “fin”), que consiste en afirmar
que las cosas tienden a alcanzar una finalidad o meta, y la teoría de que la ciencia debe conocer las
esencias de las cosas, aunque para Platón las esencias estaban separadas de las cosas y para Aristóteles
unidas a ellas.
- Y, como Platón, rechaza a Demócrito, uno de los atomistas que afirmaba que la realidad eran
átomos que se mueven al azar en el vacío. Aristóteles rechaza el vacío y, como hemos dicho, cree que en
la realidad hay finalidad (teleología). Ambos autores están de acuerdo en pensar que el conocimiento
sensible es muy importante (rechazan la teoría de Parménides y Platón que decían que el conocimiento
sensible es simple opinión o doxa).

Libro VII
(514a) -Después de eso –proseguí- compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta
de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma
de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las

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piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque
las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que
brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un
tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para
mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
- Me lo imagino.
- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y
figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que
pasan unos hablan y otros callan.
- Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
- Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los
otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?
- Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
- ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
- Indudablemente.
- Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos
que pasan y que ellos ven?
- Necesariamente.
- Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan
del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que
pasa delante de ellos?
- ¡Por Zeus que sí!
- ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales
transportados?
- Es de toda necesidad.
- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué
pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de
repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del
encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas
que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más
próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno
de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son,
¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más
verdaderas que las que se le muestran ahora?
- Mucho más verdaderas.
- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla,
volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras
que las que se le muestran?
- Así es.
- Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar
hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos
llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los
verdaderos?
- Por cierto, al menos inmediatamente.
- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría
con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en
el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el
cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la
luz del sol.
- Sin duda.
- Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le
son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.
- Necesariamente.
- Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y
que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
- Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
- Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces
compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
- Por cierto.

5
- Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel
que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que
mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos
que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a
los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y
«preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que
volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
- Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados
los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
- Sin duda.
- Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que
han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a
ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de
él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena
intentar marchar hacia arriba?
Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos
y matarlo?
- Seguramente.
- Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido
dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del
fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las
cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que
estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a
mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien.
Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito
visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la
verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo
privado como en lo público.
- Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

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