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Resumen ETICADEONT

El documento explora los tipos de ética, dividiéndolos en metaética, ética normativa y ética aplicada, cada una con sus enfoques y objetivos específicos. La ética normativa se centra en establecer estándares morales, mientras que la ética aplicada aborda dilemas éticos en situaciones concretas. Además, se discuten diversas corrientes filosóficas que han influido en la ética a lo largo de la historia, desde la antigüedad hasta la contemporaneidad.

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Resumen ETICADEONT

El documento explora los tipos de ética, dividiéndolos en metaética, ética normativa y ética aplicada, cada una con sus enfoques y objetivos específicos. La ética normativa se centra en establecer estándares morales, mientras que la ética aplicada aborda dilemas éticos en situaciones concretas. Además, se discuten diversas corrientes filosóficas que han influido en la ética a lo largo de la historia, desde la antigüedad hasta la contemporaneidad.

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Materia: Deontología y ética profesional

Prof. : Guerrero Maria Alejandra

RESUMEN

Tipos de ética

La ética es una parte de la filosofía que se dedica a la reflexión moral, y se divide en


tres ramas o tipos: la metaética, la ética normativa y la ética aplicada. La ética
también se puede clasificar de acuerdo a las corrientes filosóficas. A continuación,
conozcamos estas clasificaciones.

La metaética, la ética normativa y la ética aplicada son tres ramas de la ética, según
la clasificación expuesta por el filósofo J. Fieser. Estas ramas responden a
diferentes objetivos y metodologías.
Metaética

La metaética se aboca al estudio del origen y el significado de los conceptos


morales. Los límites del campo de estudio de la metaética no están claramente
definidos, pues se propone una visión de conjunto de la disciplina. Así, puede
abarcar temas muy amplios.

Los investigadores reconocen al menos dos grandes líneas de estudio de la


metaética:

● Enfoques metafísicos: analiza si la noción de bien es objetiva o subjetiva,


es decir, si el bien existe independientemente del ser humano o si es una
invención cultural.
● Enfoques psicológicos: estudia las cuestiones psicológicas involucradas
con la ética. Por ejemplo, el deseo de aprobación social, el miedo al castigo,
el alcance de la felicidad, etc.

Ética Normativa

La ética normativa estudia los valores morales a fin de construir estándares mínimos
que orienten la conducta de las personas hacia el bien común. Estos estándares
pueden basarse en un principio único o pueden basarse en un conjunto de
principios. Un ejemplo de principio único es la llamada "Regla de Oro": tratar a los
demás como deseamos ser tratados (Fieser, consultado en 2020). Se reconocen
tres grandes líneas de investigación dentro de la ética normativa. A saber:

● Las teorías de la virtud: proponen cultivar la virtud como fin en sí mismo,


por medio de los buenos hábitos del carácter.
● Las teorías del deber: llamadas también deontologías, se basan en
principios obligatorios, como cumplir con las responsabilidades,
independientemente de las consecuencias.
● Las teorías consecuencialistas: estudian la relación de las acciones con las
consecuencias acarreadas, evaluando el coste-beneficio del proceder ético.
La ética secular y la ética religiosa responden en cierta medida a la ética normativa.

La ética secular, conocida también como ética laica, se fundamenta en las virtudes
intelectuales como la racionalidad, el pensamiento lógico y la empatía.

La ética religiosa se basa en las virtudes espirituales y teologales en nombre de


conceptos trascendentes. Varía de una religión a otra. Por ejemplo, los principios de
la ética cristiana son la solidaridad, la justicia y el amor.

Ética aplicada
La ética aplicada estudia y aplica las cuestiones éticas a situaciones concretas. Para
que pueda hablarse de ética aplicada, deben cumplirse dos condiciones: que se
aborde una cuestión moral y que el tema sea controversial.

Algunas de esas situaciones morales controvertidas pueden ser la pena de muerte,


el porte de armas, el aborto, la eutanasia, la maternidad subrogada, la fabricación
de armas biológicas, etc.

La ética aplicada se basa en principios normativos. Por ende, se relaciona con la


ética normativa, especialmente con las teorías del deber y de las consecuencias.

Como ejemplos de ética aplicada podemos mencionar los siguientes:

Ética profesional: se refiere al conjunto de principios y criterios que rigen las


acciones de una persona en el ejercicio profesional. Estudia y anticipa escenarios
de conflicto entre la moral del profesional y el cumplimiento del deber. Por ejemplo:

● Ética jurídica: orienta los principios que conducen la práctica del derecho.
Algunos de sus temas son el secreto profesional, el derecho a la defensa,
entre otros.
● Ética médica: estudia y determina cuáles son las acciones correctas que
debe tomar un profesional de la salud frente a situaciones de conflicto entre
la moral y el deber profesional.
● Ética de la ingeniería: se relaciona con el riesgo y la seguridad de los
proyectos de ingeniería en cualquiera de sus áreas.
● Ética docente: establece principios y derechos por los cuales el maestro o
profesor debe regir su actividad docente así como su relación con los
alumnos y con la comunidad educativa.
● Ética militar: establece criterios para la acción militar responsable, a fin de
limitar lo más posible el uso de la violencia de Estado. Por ejemplo, cómo
intervenir en las manifestaciones civiles.
● Ética organizacional: se refiere a las directrices de una organización en
materia de principios y valores, cuya observancia es obligatoria. Estas
directrices deben fundamentarse en el respeto y la tolerancia de los
miembros de la organización.
● Ética empresarial: reflexiona sobre escenarios de controversia moral en la
responsabilidad de las empresas. Algunas cuestiones pueden ser la
publicidad engañosa, la competencia desleal, la explotación ambiental no
sustentable, la discriminación laboral, la violación de derechos laborales, etc.
● Ética ambiental: estudia el comportamiento del ser humano con respecto al
medio ambiente. Se cruza con diversas áreas, como la economía, la
medicina, el derecho, etc. Algunos temas recurrentes son los derechos de los
animales, la sobreexplotación ambiental, las especies en peligros de
extinción, etc.
● Ética social: estudia las cuestiones ética en relación con los grandes
problemas sociales. Son temas frecuentes los derechos humanos, la
discriminación, la pena de muerte, la guerra biológica, el control de armas,
entre otros.
● Ética sexual: estudia la relación de los preceptos éticos y morales con la
sexualidad humana y su práctica. Por ejemplo, el mutuo consentimiento, el
adulterio, la explotación sexual, el celibato, entre otros.
● Ética del deporte: establece los valores y principios que deben regir la
práctica deportiva. Algunos temas son la competencia justa, el espíritu de
equipo, el compañerismo, el dopaje, entre otros.
● Bioética: estudia las relaciones éticas que existe entre las ciencias de la vida
con los seres vivos en sí mismos. La bioética reflexiona sobre el aborto, la
eutanasia, la manipulación genética, la bionanotecnología, etc.
● Ética comunicacional: reflexiona sobre la responsabilidad social de los
medios de comunicación. Algunos temas son la información veraz, el
equilibrio informativo, la libertad de expresión, la manipulación mediática al
servicio de intereses particulares, etc.
● Ética de la investigación: esta aplica los principios éticos a todo el proceso
de investigación, sean ciencias naturales o sociales. Algunos debates son el
fraude en investigación, manipulación de datos, plagio; experimentación con
humanos y animales, etc.
Desde la Antigüedad Clásica diversas corrientes filosóficas han reflexionado sobre
la ética, proponiendo diferentes perspectivas. La clasificación que presentamos se
basa en la expuesta por los especialistas Cortina y Martínez en su libro Ética.

Edad Antigua y Edad Media


Ética socrática: Sócrates procuraba distinguir la virtud verdadera de la mera
apariencia de virtud, así como conocer cuál es la excelencia característica del ser
humano.

Ética platónica: Platón sostiene que el Bien y la Verdad es anterior al ser humano,
y por ello deben regir la vida del individuo y la comunidad. Esto significa que para
Platón la ética es un fin en sí mismo.

Ética aristotélica: Aristóteles planteaba que el propósito de toda actividad humana


es alcanzar la felicidad. Por ende, la ética es un móvil del comportamiento humano
más que un fin en sí mismo.

Ética epicúrea: proviene del epicureísmo. Concibe la ética como el camino a la


felicidad, entendiendo la felicidad como placer. Para los epicúreos, son sabios
aquellos que saben distinguir qué acciones producen mayor placer y menor dolor.
Ética estoica: proviene del Estoicismo. Plantea que existe una razón cósmica que
determina el destino y que, por ende, la ética se basa en procurar la paz interior
frente al destino ineludible, sin dejarse perturbar por agentes internos o externos.

Ética agustina: para San Agustín, el sumo bien o la felicidad se identifican con el
encuentro amoroso con Dios, principio y fin de la existencia. El papel de la ética es
proveer un camino para que ese encuentro sea posible.

Ética tomística: propuesta por Santo Tomás de Aquino, hace una síntesis entre
San Agustín (Dios como Bien Supremo y propósito de la existencia), y Aristóteles (el
cultivo de las actividades humanas como camino a la felicidad terrena).

Edad moderna
Ética de Hume: David Hume propuso que la distinción que hace el ser humano
entre el bien y el mal depende más de las pasiones y los afectos que del
pensamiento racional.

Ética kantiana: Immanuel Kant propone que existe una relación entre la
racionalidad de una acción y la moral. Así, comprende que una acción inmoral no es
del todo una acción racional.

Ética de Scheler: conocida como ética material de los valores, considera a los
valores como bienes que son captados y jerarquizados a través de la intuición
emocional. Plantea también que los valores y el deber están relacionados.

Utilitarismo: tiene relación con el hedonismo clásico. Sugiere que el propósito de la


ética es alcanzar el placer (la felicidad) para la mayor cantidad posible de seres
vivos y no solo para el individuo.

Éticas socialistas: reúne al conjunto de corrientes del movimiento socialista de


diversos autores, que fundan la ética en el principio de justicia social. Entre ellas se
puede mencionar:

● el socialismo utópico,
● el anarquismo,
● el marxismo.

Edad contemporánea
Éticas de la era del lenguaje: se refiere a las corrientes éticas desde finales del
siglo XIX hasta la actualidad. Estas centran su atención en el lenguaje de la ética y
en las formas de sus enunciados. Tienen su antecedente en Nietzsche, quien
estudió la ética desde una perspectiva histórica y psicológica.

Algunas de estas corrientes son:

● el emotivismo,
● el prescriptivismo,
● el formalismo dialógico,
● el comunitarismo.

Referencias consultadas

● Cortina, Adela y Emilio Martínez: Ética. Madrid: Ediciones Akal. 2001.


● Fieser, James: Ethic. Disponible en: Internet Encyclopidia of Philosophy
(IEP). Recuperado de: [Link] Fecha de consulta: 28 de octubre
de 2020.

¿ÉTICA NORMATIVA O ÉTICA DE SITUACIÓN? Heinrich Beck*

RESUMEN: El autor establece la distinción entre Ética Normativa (o de normas generales) y


Ética de Situación, como dos formas posibles de considerar el valor moral de una acción. La
finalidad del presente artículo se halla en mostrar que ambos puntos de vista son de por sí
unilaterales y no hacen justicia al ser. Como solución se ofrece una síntesis de ambos
extremos en una Ética Ontológica, que responda plenamente al ser, por atender tanto a su
estructura general como a sus detalles individuales. En primer lugar, se analiza con más
detención la oposición existente entre la Ética Normativa y la Ética de Situación y, luego, se
examinan los supuestos de las mismas. Finalmente se expone la posición del autor. Las
normas cambiantes según las circunstancias, sólo pueden sostenerse en el marco de las
normas generales, a las cuales se determinan en concreto según las distintas situaciones,
sin que naturalmente esta determinación concreta sea deducible de modo abstracto de la
norma general en cuanto tal.

Introducción.

La cultura moderna, tecnificada, provoca y origina dos actitudes contrarias frente a la vida
humana: o de reglar todas las cosas según normas generales -lo que hace dominable la
realidad, ya de antemano- e incluye el peligro de una estagnación de la vida concreta en la
caída en un colectivismo anónimo; o -en contradicción con esta tendencia y peligro- de
acentuar al individuo como tal, en su situación singular y única, en su desarrollo libre y en su
creatividad, lo que incluye el peligro opuesto de disolver cada orden general de la sociedad
por una caída en un individualismo y pluralismo absoluto.
En esta situación dialéctica de la cultura técnica, se da el problema ético. Ambas
mencionadas tendencias, en la cultura de la época técnica, se expresan y continúan en dos
actitudes éticas correspondientes: en la ética de las normas generales (Ética Normativa) y la
ética de la situación (Ética Individual y Situacional). Generalmente la tarea fundamental de
toda Ética Filosófica es la capacitación del principio de moralidad, es decir, del módulo
conforme al cual se mide el valor moral de una acción. Ética Normativa y Ética de Situación
representan dos intentos fundamentales de solución que se relacionan entre sí
dialécticamente. La llamada Ética Normativa ve el módulo de la moralidad en normas
generales: una acción es moralmente buena cuando está de acorde con una norma
universal, es decir, válida para todos los hombres y situaciones posibles; es moralmente
mala cuando contradice esta norma. A esta Ética Normativa se contrapone antitéticamente
la llamada Ética de Situación, que tiene las normas generales por imposibles y ve el módulo
de la moral exclusivamente en cada una de las situaciones concretas en que se da cada
acción: una acción es moralmente buena cuando responde (o intenta responder) a su
situación correspondiente y a las exigencias de la misma; y es mala cuando no atiende a la
situación y la desprecia. Mi empeño es mostrar que ambos puntos de vista son de por sí
unilaterales y no hacen justicia al ser. Como solución se ofrece una síntesis de ambos
extremos en una Ética Ontológica, que responda plenamente al ser, por atender, tanto a su
estructura general como a sus detalles individuales. En primer lugar, veamos más de cerca
la oposición existente entre la Ética Normativa y la Ética de Situación y examinaremos los
supuestos de las mismas.

I. Ética normativa

La Ética Normativa apela a la naturaleza de la acción moral. La acción moralmente


buena, afirma, indica una adecuación singular a la esencia y dignidad del hombre como
sujeto de moralidad. Una acción moralmente buena, por ejemplo, un acto de
autodisciplina, se distingue específicamente de las otras acciones buenas -por ejemplo,
de un acto intelectual o artístico bien logrado- en que no sólo convierte al hombre en un
buen pensador o artista, sino en un hombre bueno, en toda la plenitud de su carácter
humano. Esto se modifica también por el hecho de que una acción moral sólo es posible
como afirmación de la voluntad libre que distingue esencialmente al hombre de lo
infrahumano. En cuanto que la moralidad de una acción radica en su adecuación
absoluta a la esencia y dignidad del sujeto moral, a la esencia del hombre, aparece ésta
como medida de la moralidad. Ahora bien, la esencia del hombre es la misma en todos
los pueblos y tiempos, y no depende de circunstancias y condiciones históricas
interiores o exteriores. Por consiguiente, la medida de la moralidad es algo general, que
vale exactamente igual para todos los pueblos, tiempos y situaciones. Los cambios
fácticos y la multiplicidad de las manifiestaciones del ser humano no se oponen al
carácter general de su esencia. Pues la situación necesaria para que el hombre pueda
cambiar a lo largo de la Historia es que antes y después del cambio haya esencia
específicamente humana, lo cual exige que una estructura fundamental general -que
constituye la esencia específicamente humana como tal- pase inalterada a través de los
cambios históricos y las diferencias de los pueblos y razas. Si, pues, una acción es
buena en sentido moral porque se adapta a esta estructura esencial, tiene por lo mismo
en ésta una norma general y permanente en todo tiempo y lugar. Así, el ser humano
significa como tal, por ejemplo, limitación y contingencia, y dice, por tanto, una relación
específica con el Absoluto e Incondicionado; de donde se sigue que la actitud de
reverencia para con el Absoluto y sus manifestaciones es adecuada al hombre en su
más profunda esencia y, por consiguiente, es valiosa moralmente para todos los
hombres y en todas las situaciones posibles. Asimismo, pertenece a la estructura
fundamental del ser humano la orientación hacia los demás y hacia sí mismo; razón por
la cual la justicia y autoaprecio son acciones adecuadas a la esencia y, por tanto,
universalmente válidas en sentido moral. Disciplina y templanza son también actitudes y
actos que ennoblecen moralmente a todo hombre por ser adecuados a su estructura
corpóreo-espiritual, por respetar la primacía y superioridad de lo espiritual del hombre
como tal, y la primacía y superioridad de lo espiritual respecto de lo corpóreo y
sensorial. Es un contrasentido, por tanto, creer que la obligación de vencerse afecta sólo
a determinadas situaciones en que la disciplina es posible o adecuada, es decir, creer
que la fuerza normativa se deriva de una situación concreta y no es aplicable en general
a otros hombres y situaciones. En suma, las normas morales que prescriben respeto,
justicia, disciplina y autoaprecio, están justificadas como normas morales generales,
pues no hacen sino expresar la naturaleza del sujeto moral, que perdura a través de
todos los tipos humanos posibles y de todas las situaciones imaginables. Toda Ética de
Situación, en cuanto niega la posibilidad de una norma moral general, ha de ser
rechazada.

II. Ética de Situación

El punto de vista de la ética normativa de que la moral es por principio algo general
parece estar en contradicción con el hecho de que toda acción moral no se da en una
esfera universal, sino en una situación histórica concreta. Pero esta situación concreta
no puede nunca ser medida adecuadamente por una norma general. Es más: lo general,
por ser de naturaleza distinta a lo concreto-individual, parece no ser susceptible de ser
puesto en correlación con esto, y ser por tanto, inservible como norma del obrar
concreto. Por ejemplo: la norma general de la “justicia”, qué dice respecto de una
situación concreta como ésta: ¿dar a un obrero dos o tres mil pesos? ¿O respecto de
una mujer que es esposa y madre, en una situación en la que le es exigido asistir a su
esposo y simultáneamente ayudar a sus hijos? A ambos aspectos generales, del “ser-
esposa” y del “ser-madre”, corresponden dos normas éticas generales, que se excluyen
mutuamente en su aplicación en esta situación concreta. Es decir, el deber ético no es
deducible de normas generales respecto de situaciones concretas, en las que hay que
actuar éticamente. Si la norma para cada caso concreto se redujese a principios
generales, el caso concreto como tal no estaría regulado moralmente, y como todas la
acciones morales deben ser realizadas en situaciones concretas, el obrar moral
carecería por completo de principio normativo, es decir, la moralidad sería imposible.
Dado el caso de que la situación concreta como tal está sometida a una exigencia
moral, y ésta no puede por principio ser determinada a partir de una norma general, se
impone decir lo siguiente: lo moral es necesario a lo más importante en cada situación,
es lo adaptado sin más a la situación. Lo moralmente bueno no puede ser conocido y
realizado mediante la aplicación mecánica de reglas generales fijas, sino mediante la
prudencia y concreta atenencia a las circunstancias. En suma, la Ética de Situación se
opone a la opinión de la Ética Normativa según la cual sólo lo general puede ser norma
moral, y que lo general, por su parte, puede determinar suficientemente la moralidad de
la acción. La Ética Normativa, por su parte, ya había rechazado la posición que adopta
la Ética de Situación la que afirma que sólo lo concreto-irrepetible puede constituir una
norma y que una norma universalmente válida es imposible, pues todos los módulos
morales están sometidos a un cambio constante. Con ello se anulan mutuamente
ambos puntos de vista. Lo cual significa, considerando bien el asunto, que ambos deben
complementarse y corregirse mutuamente y superándose en un plano superior, que una
el contenido de verdad de ambos, prescindiendo de sus errores.

III. La Ética Ontológica como síntesis

Esta actitud de síntesis debe ser ganada reflexionando acerca del carácter moral
normativo en cuanto tal, que subyace en ambas especies de normas, la general y la
concreta-situacional. ¿En qué se basa, según la Ética Normativa, el poder normativo de
las normas generales? ¿De dónde proviene esta capacidad normativa? Sencillamente
del hecho de ser expresión de la estructura ontológica del sujeto moral. Y ¿qué es lo
que confiere el carácter normativo a las normas de la Ética de Situación, que cambian a
tenor de las circunstancias? El hecho asimismo de ser expresión del carácter irrepetible
del ser de la situación en que se realiza una acción determinada. De donde se deduce
que, en ambos casos, lo propiamente normativo es el ser: en el primer caso el ser
respecto a su estructura general y permanente; en el segundo, el mismo ser respecto de
su concreción cambiante. Con ello, el punto de vista de la Ética Normativa y el de la
Ética de Situación son retrotraídos a un tercero -el de una Ética ontológica
ominicomprensiva- y realizados a la par en él. Si la medida propiamente normativa es el
ser como tal, moralmente bueno ha de ser lo que se adapta al ser sin limitación alguna,
es decir: lo que se adapta al ser en tanto en su estructura general como en su
concreción cambiante o, si se quiere, lo que hace justicia al ser, lo que cumple las
exigencias del ser y lleva, por tanto, al ser a su integridad y plenitud. Los puntos de vista
antitéticos considerados son verdaderos en cuanto aluden a un aspecto del ser, pero
son falsos en cuanto excluyen la otra parte: la Ética Normativa es verdadera por afirmar
normas generales, y es falsa por ver el carácter normativo sólo en lo general; la Ética de
Situación es verdadera por afirmar la vinculación situacional de la norma moral, y es
falsa por negar las normas generales.

Conclusión

Ahora bien, esto significa que las normas individuales y cambiantes según las
circunstancias no pueden contradecir de modo real, sino, a lo sumo, de modo aparente
las normas generales; pues, de lo contrario, entre la vertiente individual y la universal del
ser debería mediar una contradicción ontológica, es decir: ambas se excluirían
mutuamente del ámbito del ser, haciendo con ello imposible el ente que encierra
necesariamente ambas vertientes. Las normas cambiantes según las circunstancias,
sólo pueden sostenerse en el marco de las normas generales, a las cuales determinan
en concreto según las distintas situaciones, sin que naturalmente esta determinación
concreta sea deducible de modo abstracto de la norma general en cuanto tal. Lo
decisivo es, pues, lo siguiente. La condicionalidad situacional de la norma en el sentido
de la Ética Ontológica, por deber mantenerse por principio dentro de las estructuras
generales del ser, no puede ser exagerada hasta el punto de ir en contradicción con
estas estructuras generales -y esto debe ser subrayado, sobre todo, por lo que toca a la
Ética de Situación. El contenido de verdad latente en la Ética Normativa debe recobrar
su plena contextura y su adecuación al ser al vincularse a lo que hay de verdad en la
Ética de Situación. En cuanto que el derecho (por ejemplo, el derecho a la ayuda) no se
deriva sólo de la naturaleza en general, considerada en abstracto, sino del ser en
conjunto, se debería tal vez hablar menos de un derecho fundado en la naturaleza, un
“Derecho Natural”, que de un derecho fundado en el ser, un “Derecho del Ser”, “Derecho
Ontológico”, que abarca todo el ser. El derecho natural general unido con el “Derecho
Situacional”, fundado en las diferentes circunstancias, serían de este modo
sobrepasados en un Derecho Ontológico que abarca ambos aspectos y los integra. La
plena capacidad fundamentadora de la Ética Ontológica respecto de la moral sólo la
descubrimos si tenemos en cuenta la dimensión decisiva de la norma moral; es decir, el
carácter que tiene lo moralmente bueno de ser absolutamente necesario, absolutamente
realizado. Esta exigencia de absoluteidad que pertenece a la esencia del deber moral,
no puede satisfacerla ni la Ética Normativa ni la Ética de Situación. La exigencia moral
no debe provenir de nada, sino del ser. Y por ser incondicional sólo puede estar fundada
en un ser incondicionado. Ahora bien, ni la naturaleza humana universal, ni la situación
concreta de una acción moral son un ser incondicionado (pues están correlacionadas,
en el ser, y mutuamente condicionadas: lo general sólo puede existir realmente en una
situación concreta, y la situación sólo puede serlo de algo general). Por consiguiente, la
exigencia moral que afecta a un sujeto moral debe tener su origen en un ser absoluto
que trasciende a ambos. De esto se deduce que, por la vertiente de su carácter general,
aparece la norma moral como una ley de lo Absoluto y Divino que apela a las
estructuras generales del ser. Por la vertiente de su carácter situacional aparece como
la invitación de lo Absoluto, invitación nunca del todo predeterminable, sólo perceptible
en cada situación concreta a obrar y a ser de un modo o de otro. Con ello recibe la vida
moral el carácter de un diálogo con el absoluto, con Dios, que no se evade de las
estructuras generales del ser para sumergirse en una situación particular, ni se erige en
posición autónoma, más allá de toda situación individual, porque ambos aspectos se
fundan en el Absoluto. Sólo así recibe la moral su dignidad personal perfectamente
adecuada al ser. En esta perspectiva, se abre una dimensión creativa existencial en la
conciencia moral. En su conciencia moral, el hombre se experimenta llamado y
provocado a un ser recto, pleno y adecuado, desde su Dios y Creador; y por el acto
moral correspondiente, el hombre corresponde, se comporta responsablemente, y llega
a su pleno y justo propio ser, cuasi-creándose, como compañero dialogante con su
Creador Divino. De este modo, la vida moral resulta ser como el lugar de la continuación
de la creación. De este punto, las actitudes morales antitéticas anteriores, se dan como
unilateralidades del conocimiento humano. En la Ética Normativa, falta la receptibilidad
intelectual respecto de la situación concreta, la audición y la sensibilidad espiritual -que
es el momento intuitivo en el conocimiento moral-; por otro lado, en la Ética Situacional,
falta la trascendencia intelectual respecto de la situación singular, lo que sucede por el
elemento racional del conocimiento moral. Y así, para superar los problemas de nuestra
cultura en la época de la técnica, en la dimensión de una ética plenamente personal, se
da la tarea del desarrollo de un conocimiento profundamente intuitivo-racional.

BIBLIOGRAFÍA
BECK, H. El Dios de los sabios y de los pensadores. El problema filosófico de Dios. Madrid,
Gredos, 1968.
BECK, H. El Ser como Acto. Continuación especulativa de la doctrina de Santo Tomás
sobre el Ser, inspirada en el principio dialéctico de Hegel. Pamplona, EUNSA, 1968.
BECK. H. Kreativer Frieden durch Begegnung der Weltkulturen (Schriften zur Triadik und
[Link]. 9). Frankfurt/M.-Bern-New York-Paris. Peter Lang Verlag, 1994. Versión
española: Paz creativa a partir del encuentro de culturas del mundo. Maracaibo,
(Venezuela), Universidad del Zulia, 1996.
BECK. H. Ex-in-sistenz: Positionen und Transformationen der Existenzphilosophie. Eine
Einführung in die Dynamik existentiellen Denkens (Schriften zur Triadik und Ontodynamik.
Bd. 2). Frankfurt/M.-Bern-New York-Paris Peter Lang Verlag, 1989. Versión española: Ex-in-
sistencia. Posiciones y transformaciones de la Filosofía de la existencia. Introducción a la
dinámica del pensamiento existencial. Buenos Aires, Ed. “Fundación Ser y Saber”
Universidad del Salvador, 1990.

Bibliografía obligatoria:
-Byung Chul Han “La sociedad del cansancio”, Madrid, Ed. Herder, 2012. –
ÉTICA PROFESIONAL DOCENTE: UN COMPROMISO PEDAGÓGICO- Revista
Humanidades, Vol. 1, pp. 1-22 / ISSN: 2215-3934 -Universidad de Costa Rica, 2011
-Diaz Esther. “Posmodernidad”, Bs As, Ed Biblos, 2005.

Unidad 2
• Relativismo, moral.

El relativismo moral antiguo. Los sofistas


La concepción de la ética profesada por los “sofistas” (sophistés) en la Antigüedad
suele ser considerada el modelo del llamado “relativismo moral”, aunque éste haya
adoptado diversas formas a lo largo de la historia. El relativismo moral se
fundamenta en la creencia de que no es posible determinar ni de manera natural ni
de manera racional -aceptable por todos los seres dotados de razón- lo que es
moralmente correcto. Según los sofistas y los relativistas morales en general, las
normas y preceptos morales -que regulan las relaciones entre los individuos en el
seno de una comunidad- son siempre convencionales. Se aceptan por interés, por
conveniencia y no tienen otra razón de ser que dicho interés y dicha conveniencia.

“Una tira cómica contra el relativismo moral”, de El Listo


La consecuencia inmediata de esta doctrina es que ninguna actuación puede ser
considerada “buena” o “mala” en sí misma. Todo depende del “parecer” o de la
“opinión” (dóxa) de los sujetos particulares. Los individuos juzgan sobre lo bueno y
lo malo en función de su modo de ser, de sus intereses o del proyecto que se traen
entre manos. Es moralmente bueno lo que nos parece moralmente bueno, mas sólo
durante el tiempo en que nos lo parece. Y no hay ninguna conducta que pueda ser
considerada en sí misma censurable, independientemente de cualquier
consideración personal particular. El siguiente texto del sofista Protágoras (485-411
a. C.) resume ejemplarmente esta doctrina:
“Sobre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo sostengo con toda firmeza que, por
naturaleza, no hay nada que lo sea esencialmente, sino que es el parecer de la
colectividad el que se hace verdadero cuando se formula y durante todo el tiempo
que dura ese parecer”.
Así, pues, para los sofistas, la areté o virtud moral es inapelablemente un punto de
vista subjetivo. Son los individuos o los grupos humanos los que, según las
circunstancias y según su conveniencia, determinan lo que está “bien” y lo que está
“mal” en cada caso. Como decía Protágoras, el parecer de los hombres es “la
medida de todas las cosas”. En el terreno de la moral todo es cuestión de opinión. Y
no hay posibilidad de ir más allá de ésta, hacia una determinación de la bondad o de
la justicia que no sea puramente subjetiva o que pueda ser universalmente aceptada
por todos los seres racionales, independientemente de su procedencia, clase social,
sexo, raza o nación. No tiene sentido pretender educar a los hombres en unos
principios morales comunes desde los que poder juzgar el comportamiento
particular de los individuos o de los colectivos. Lo que para una sociedad humana
constituye un crimen execrable, para otra, podría ser ensalzado como una conducta
moralmente excelente, y, de acuerdo con el relativismo moral, no habría forma
alguna de decidir cuál de los dos grupos humanos está juzgando más
acertadamente.
En este sentido, el relativismo moral puede ser considerado la antítesis del
intelectualismo moral socrático. Si para Sócrates, la virtud puede ser conocida y
enseñada, para los sofistas, en cambio, se trata solamente de una “opinión” (dóxa),
de un “parecer”, de un punto de vista (susceptible de disfrutar de mayor o menor
aceptación entre los miembros de una comunidad). Podemos persuadir a los demás
de la conveniencia coyuntural de practicarla, pero no podemos enseñarla (en el
sentido en que podemos enseñar física o economía).
Sócrates concibe al hombre como un ser dotado de un alma capaz de pensar y de
razonar, y encuentra que esta capacidad es lo que más esencialmente define al
hombre. Por ello concluye que la excelencia o areté del ser humano, aquello que
hace a éste mejor en general, habrá de consistir en el ejercicio de dicha capacidad.
Y como entiende, a su vez, que tal ejercicio se halla orientado a la adquisición de
saber y conocimiento, termina por identificar la areté o virtud moral del hombre con
el saber y el conocimiento. El mejor hombre, el hombre bueno, el que está a la
altura de su perfección y de su condición humana, es el hombre sabio.
Desde una perspectiva contemporánea, consideraríamos probablemente que el
saber y el conocimiento no tienen por qué hacer mejores a los seres humanos; que
un hombre sabio se puede comportar de la peor manera posible. Pero esto resulta
inconcebible para Sócrates. La conclusión más notable de la ética socrática es
precisamente que el conocimiento del bien y de lo justo determina a la voluntad a
actuar bien y justamente. Según Sócrates, nadie actúa mal voluntariamente. El que
actúa mal, lo hace por ignorancia del bien, porque desconoce qué es “lo bueno”:
nadie obra mal a sabiendas. Así, pues, según Sócrates el conocimiento es condición
necesaria y suficiente para obrar con rectitud o virtuosamente, mientras que el mal
es producto de la ignorancia. Y es esta particular vinculación de la virtud al
conocimiento lo más característico de la concepción socrática de la moral y la que
justifica que se haya aplicado a ésta el nombre de “intelectualismo moral”.

•Los valores.

Definición de los valores

Los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en
función de realizarnos como personas. Son creencias fundamentales que nos
ayudan a preferir, apreciar y elegir unas cosas en lugar de otras, o un
comportamiento en lugar de otro. También son fuente de satisfacción y plenitud.

Nos proporcionan una pauta para formular metas y propósitos, personales o


colectivos. Reflejan nuestros intereses, sentimientos y convicciones más
importantes.

Los valores se refieren a necesidades humanas y representan ideales, sueños y


aspiraciones, con una importancia independiente de las circunstancias. Por ejemplo,
aunque seamos injustos la justicia sigue teniendo valor. Lo mismo ocurre con el
bienestar o la felicidad.

Los valores valen por sí mismos. Son importantes por lo que son, lo que significan, y
lo que representan, y no por lo que se opine de ellos.

Valores, actitudes y conductas están estrechamente relacionados. Cuando


hablamos de actitud nos referimos a la disposición de actuar en cualquier momento,
de acuerdo con nuestras creencias, sentimientos y valores.
Los valores se traducen en pensamientos, conceptos o ideas, pero lo que más
apreciamos es el comportamiento, lo que hacen las personas. Una persona valiosa
es alguien que vive de acuerdo con los valores en los que cree. Ella vale lo que
valen sus valores y la manera cómo los vive.

Pero los valores también son la base para vivir en comunidad y relacionarnos con
las demás personas. Permiten regular nuestra conducta para el bienestar colectivo y
una convivencia armoniosa.

Quizás por esta razón tenemos la tendencia a relacionarlos según reglas y normas
de comportamiento, pero en realidad son decisiones. Es decir, decidimos actuar de
una manera y no de otra con base en lo que es importante para nosotros como
valor. Decidimos creer en eso y estimarlo de manera especial.

Al llegar a una organización con valores ya definidos, de manera implícita asumimos


aceptarlos y ponerlos en práctica. Es lo que los demás miembros de la organización
esperan de nosotros.

En una organización los valores son el marco del comportamiento que deben tener
sus integrantes, y dependen de la naturaleza de la organización (su razón de ser);
del propósito para el cual fue creada (sus objetivos); y de su proyección en el futuro
(su visión). Para ello, deberían inspirar las actitudes y acciones necesarias para
lograr sus objetivos.

Es decir, los valores organizacionales se deben reflejar especialmente en los


detalles de lo que hace diariamente la mayoría de los integrantes de la organización,
más que en sus enunciados generales.

Si esto no ocurre, la organización debe revisar la manera de trabajar sus valores.


 IMPORTANCIA DE LA DEONTOLOGIA EN LA EDUCACION (TEXTO
ENVIADO POR WHATSAPP)

La ética profesional. La ética profesional del psicopedagogo.

Es objeto de nuestra investigación conocer y estudiar tanto el perfil del profesional


de la orientación o psicopedagogo, como las competencias que lo caracterizan,
competencias que nos serán respondidas por el saber, saber hacer, querer, querer
hacer y saber estar del psicopedagogo.
Para ello creemos que es importante conocer la ética profesional y código
deontológico de la orientación y de la psicopedagogía. Estas nos van a marcar
unos deberes para la actuación que arroparan la práctica y el buen quehacer del
profesional.
Una de las competencias básicas de todo profesional en la actividad orientadora, va
a ser el desentrañar qué tipo de relación ha de establecer con sus clientes, según la
ética y la moral predominante en el contexto en el que ambos estén situados y qué
uso se puede hacer de la información obtenida profesionalmente. En nuestra
sociedad multicultural esta moral puede ser tan diversa que se interpreta que ha de
existir una moral universal o código ético.
Las razones por las que una reflexión deontológica es importante nos vienen dadas
por:
– la necesidad comercial de tranquilizar a los usuarios de la psicopedagogía
– contribuir a una estabilización social de un sector productivo
– la regulación de los intruisismos y el interés por controlar la frivolidad de
uso de material psicopedagógico.
– el orientador es un profesional que realiza una ayuda técnica para que otro,
alcance su autogobierno y plena capacidad de decisión sobre sí mismo, con el fin de
que alcance el equilibrio y la integración de su personalidad en el logro del bien.
Han sido muchos los intentos de unificar un documento de normas éticas y códigos
deontológicos.
En lo que si se ha coincidido es que las normas éticas han de ser universales, que
atañan a todos los sujetos, independientemente de la época y del lugar en el que
viven.
Brevemente resumimos las normas éticas sobre actuación en orientación de la
Asociación Internacional de Orientación Escolar y Profesional aprobadas en 1995.

Bibliografía obligatoria:

-Código ética profesional de la Psicopedagogía, Provincia de Bs As.


-Código de ética, Código Procesal Penal de la Provincia de Córdoba. Proyecto que
fue aprobado por Asamblea General Extraordinaria de fecha 14 de Marzo de 1992
● La Educación Prohibida - 2012 – Documental

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