Tema 3: El espacio geográfico en
España. El relieve.
1. El espacio geográfico español y sus características
España está formada territorialmente por la mayor parte de la península ibérica, los archipiélagos de Baleares y
Canarias, las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y diversos islotes y peñones. En conjunto abarca
una superficie de 505 987 km2, de los que el 97,5 % corresponden a la España peninsular.
La situación geográfica de España se caracteriza por su singularidad. La España peninsular limita al norte con el mar
Cantábrico, Francia y el principado de Andorra; al oeste con el océano Atlántico y Portugal; al este con el mar
Mediterráneo; y al sur, con dicho mar, con el estrecho de Gibraltar y con el océano Atlántico en su extremo suroeste.
La España peninsular se localiza en el extremo occidental de Europa y en la zona templada del hemisferio norte. Sus
coordenadas de latitud están delimitadas por los paralelos 36º N (Tarifa) y 43º 47' N (Estaca de Bares), y las de
longitud se sitúan entre 3º 19' E (cabo de Creus) y 9º 17' O (cabo Touriñán).
Algo más al este se sitúan las islas Baleares, mientras que las islas Canarias se localizan muy al suroeste de la
península, en el océano Atlántico, a unos 100 km de la costa africana, a 27º 37' y 29º 25' de latitud norte y 13º 20' y
18º 10' de latitud oeste. Por su parte, Ceuta y Melilla se localizan en la costa mediterránea africana.
Es la península más occidental y más meridional de Europa. Posee un litoral de gran extensión, lo que
históricamente ha otorgado a España una gran proyección marítima. Al encontrarse entre dos masas marinas y entre
los continentes europeo y africano, la península ibérica ocupa una posición de encrucijada, de ahí que reciba tanto
la influencia mediterránea como la atlántica
2. El relieve de España: características y evolución
Se denomina relieve al conjunto de formas que presenta la superficie terrestre. Estas son el resultado de las fuerzas
internas de la Tierra, que crean diversas estructuras geológicas, y del modelado que realizan los agentes internos y
externos como la temperatura, el viento, el agua, hielo o nieve y los seres vivos.
2.1. Características esenciales del relieve peninsular
El relieve peninsular es muy variado y está articulado en torno a la extensa meseta Central que ocupa el centro de la
península ibérica. Presenta cuatro características fundamentales:
Una elevada altitud media —660 metros sobre el nivel del mar— que hace de España el segundo país
europeo más elevado tras Suiza. Dicha altitud se debe a la existencia de numerosas cordilleras y, sobre todo,
a la altura media de la meseta Central.
La forma compacta y maciza de la península ibérica, debido a su amplia extensión y anchura, y a su trazado
costero predominantemente rectilíneo.
La disposición periférica del relieve peninsular en torno a la Meseta: salvo el sistema Central y los montes
de Toledo, los sistemas montañosos se localizan alrededor de la altiplanicie central o en la periferia
peninsular, lo que va a tener mucha influencia en el medio natural.
Una acusada diversidad y unidades diferenciadas, con contrastes geomorfológicos entre montañas,
mesetas, llanuras y depresiones, así como diferencias en la litología y en el modelado, lo que origina paisajes
muy diversos.
2.2. La evolución geológica del relieve peninsular
El relieve peninsular es fruto de una larga evolución geológica, con alternancia de periodos de fuerte actividad
tectónica (orogenias) y otros de calma, predominando la acción de modelado.
Era arcaica o precámbrica (4500-570 millones de años): emergieron del mar algunas zonas del noroeste
peninsular y puntos aislados del sistema Central, posteriormente arrasadas por la erosión.
Era primaria o paleozoica (570-250 millones de años): la orogenia herciana plegó y elevó los fondos marinos
dando lugar a grandes macizos constituidos principalmente por rocas granítico-metamórficas. Destacamos
el macizo Hespérico, centro y oeste de la actual Península, el de Aquitania, el Catalano-Balear, el del Ebro y el
Bético-Rifeño, convertidos por la erosión en zócalos o mesetas predominantemente horizontales. Entre todos
ellos un gran geosinclinal, el mar de Thetis con profundas fosas.
Era secundaria o mesozoica (250-65 millones de años): los macizos hercinianos sufrieron la erosión, que los
fue desgastando y convirtiéndolos en penillanuras. A su vez, las transgresiones marinas acumularon
materiales sedimentarios —margas y calizas— en el borde oriental de la actual meseta y en las fosas marinas
pirenaica y bética.
Era terciaria o cenozoica (65-1,8 millones de años): el movimiento orogénico alpino produjo importantes
cambios. Fracturó los rígidos materiales de los antiguos macizos y plegó el material sedimentario depositado
en los bordes del geosinclinal.
El macizo Hespérico se fracturó y se elevaron algunos bloques interiores dando lugar al sistema Central y los
montes de Toledo. A su vez produjo el hundimiento de las cuencas sedimentarias de las submesetas Norte y
Sur. Por otro lado, en los bordes del macizo los materiales se fracturaron y plegaron originando el macizo
Galaico-Leonés, la cordillera Cantábrica, el sistema Ibérico y Sierra Morena, al tiempo que la Meseta basculó
hacia el Atlántico.
Además, se produjo la elevación de las cordilleras alpinas exteriores a la península —los Pirineos y las
cordilleras Béticas—, la formación de las depresiones prealpinas del Ebro y del Guadalquivir y
el rejuvenecimiento del antiguo macizo Catalano-Balear, que dio origen a la cordillera Costero-Catalana. La
actividad volcánica en el Atlántico provocó el nacimiento de las islas Canarias.
Era cuaternaria o antropozoica (1,8 millones de años hasta la actualidad): tuvieron lugar las últimas
modificaciones del relieve peninsular. Se produjo la erosión de los relieves alpinos y la sedimentación de los
materiales erosionados que fueron rellenando las depresiones interiores de la Meseta, la del Ebro y la del
Guadalquivir, y las llanuras litorales. El glaciarismo originado al acumularse nieve en las montañas dio lugar a
diversas formas de modelado glaciar, como glaciares de circo, pequeños lagos en las cabeceras de los valles
ibones y valles glaciares en U o en artesa.La acción fluvial trajo consigo la excavación del cauce por la fuerza
erosiva del agua, formando terrazas fluviales, y el depósito de sedimentos, aluviones, que rellenaban las
llanuras y depresiones. A todo ello debemos unir la actividad volcánica que continuaba generando paisajes
nuevos.
El resultado de todo este proceso son las unidades morfoestructurales, que podemos resumir en cuatro:
los zócalos convertidos en llanuras o mesetas paleozoicas con predominio de formas planas; las montañas de
mediana altitud formadas en la era terciaria por el levantamiento de un bloque del zócalo; las cordilleras alpinas de
plegamiento y fracturas, que son los grandes sistemas montañosos que surgen durante la orogenia alpina; y
las depresiones o cuencas sedimentarias, zonas hundidas, predominantemente horizontales o suavemente
inclinadas.
2.3. El roquedo español y sus formas de relieve
En España se distinguen cuatro áreas litológicas, sobre las que la erosión ha modelado diferentes tipos de relieve.
Las islas Canarias son en su totalidad un área volcánica. Predominan en ellas las rocas como el basalto. En la foto, un
arco marino en la isla de La Graciosa.
2.3.1 España silícea
Los berrocales son amontonamientos caóticos de bloques y bolas graníticas. Berrocal del Rugidero, en el Parque
Natural de Cornalvo (Extremadura).
Está formada, principalmente, por rocas antiguas precámbricas y primarias, como el granito, cuarcita, pizarra y
gneis. Se extiende por el oeste peninsular, con ramificaciones hacia la cordillera Cantábrica, el sistema Central, los
montes de Toledo y Sierra Morena. También se localiza en algunos puntos de los Pirineos y de las cordilleras
Penibética y Costero-Catalana. El paisaje más característico es fruto del modelado granítico, que origina diversas
formas: los domos se fracturan en su interior formando diaclasas, dividiéndolos en bloques, que sufren la acción
erosiva de agua y viento dando lugar a estructuras redondeadas de diferente tamaño, bolos, que pueden
formar berrocales o acumulaciones al pie de las montañas, amontonamientos de unas sobre otras o tores,
piedras caballeras, cuando quedan aisladas encima de otras, y canchales, depósitos de rocas fracturadas al helarse
el agua de sus fisuras. Las grandes superficies llanas de litología silícea se denominan penillanuras. Ejemplos de
todos estos paisajes los tenemos en Extremadura y la parte occidental de la submeseta Norte, Salamanca o Zamora.
2.3.2 España caliza
Está formada por rocas sedimentarias de la era secundaria, principalmente la caliza. Se extiende en forma de una
especie de Z invertida desde los Pirineos, pasando por los montes Vascos, la zona oriental de la cordillera
Cantábrica, parte de la cordillera Costero-Catalana y el sistema Ibérico, hasta la cordillera Subbética.
La caliza se disuelve fácilmente con el agua cuando esta se carga de CO2, lo que da lugar al modelado kárstico,
caracterizado por las siguientes formas:
Exocársticas o externas:
Lapiaces o lenares: surcos de agudas aristas, formados por las aguas de escorrentía.
Dolinas o torcas: grandes depresiones circulares, donde se estanca el agua, que pueden unirse a otras
cercanas y formar cavidades irregulares o uvalas.
Gargantas u hoces: valles estrechos y profundos excavados por los ríos, de abruptas vertientes.
Poljés: depresiones alargadas recorridas total o parcialmente por corrientes de agua, que desaparecen por
sumideros o ponors y siguen circulando subterráneamente. En ocasiones los poljés pueden inundarse y
transformarse temporalmente en un lago.
Endocársticas o internas:
Simas: estrechas aberturas que comunican la superficie con las galerías subterráneas.
Cuevas: se forman al infiltrarse el agua y circular subterráneamente excavando galerías. En ellas suelen
formarse estalactitas –por el agua rica en carbonato cálcico que gotea del techo–, y estalagmitas –por el
agua depositada en el suelo–. Es común la presencia de lagos y ríos subterráneos que salen a la superficie
por las denominadas surgencias.
Ejemplos de este tipo de relieve lo encontramos en el Torcal de Antequera, la cordillera Subbética cordobesa, la
sierra de Grazalema, la cordillera Cantábrica o la Ciudad Encantada de Cuenca, entre otros.
2.3.3 España arcillosa
Está integrada por rocas sedimentarias terciarias y cuaternarias, como margas, yesos y, principalmente, arcilla. Se
extiende por las cuencas sedimentarias de las submesetas Norte y Sur, las depresiones del Ebro y del Guadalquivir y
las llanuras costeras mediterráneas.
Forman relieves horizontales o suavemente ondulados como las mesas o páramos, restos de la antigua superficie
estructural. Cuando a estas superficies les desaparece el estrato calizo se forman campiñas. En las campiñas aún
quedan relieves residuales de estos páramos, los cerros testigos y los antecerros. En las zonas más secas, donde la
vegetación es escasa, la lluvia erosiona las pendientes originando ramblas, barrancos o cárcavas de topografía
accidentada, que dan lugar a un paisaje de tierras baldías denominado badlands.
2.3.4 España volcánica
Se localiza principalmente en las islas Canarias y en algunos puntos del noreste y sureste peninsular. El modelado
volcánico, por la solidificación del magma en la superficie, da lugar a las siguientes formas de relieve: conos
volcánicos (elevaciones formadas por acumulación de materiales alrededor del antiguo cráter), roques (agujas
volcánicas de lava solidificada), calderas (grandes cráteres circulares originados por la explosión o hundimiento del
volcán), malpaíses (abruptas extensiones que aparecen al solidificarse las coladas o mantos de lava)
y barrancos (estrechos y escarpados valles originados por torrentes).
3. Las grandes unidades del relieve peninsular e insular
3.1. La meseta y las sierras interiores
La Meseta, principal unidad del relieve español, es una altiplanicie con más de 600 metros de altitud media. El
plegamiento alpino la inclinó hacia el océano Atlántico, plegó sus bordes exteriores, elevó algunos bloques y provocó
que otros quedasen rehundidos. En ella podemos diferenciar las dos submesetas separadas por el sistema Central:
La submeseta Norte presenta una altitud entre los 600 y 800 metros y es recorrida de este a oeste por el río
Duero y sus afluentes.
La submeseta Sur tiene menor altitud —entre 500 y 700 metros— y está formada por dos altiplanicies —
cuencas del Tajo y del Guadiana— separadas por los montes de Toledo.
Las dos submesetas presentan una estructura similar. En la parte oriental, sobre las cuencas sedimentarias de los
ríos, predominan los estratos horizontales debido a que el viejo zócalo fue rellenado por sedimentos después de la
orogenia alpina.
La erosión originó las formas de relieve ya mencionadas: páramos (superficies planas y elevadas de estratos duros
calizos), cerros testigos u oteros (colinas redondeadas de rocas resistentes a la erosión), campiñas (llanuras bajas
ligeramente onduladas, constituidas por arcillas), relieves en cuestas (zonas inclinadas entre las campiñas y los
páramos), y, en el sector occidental, sobre las penillanuras silíceas, cauces muy profundos excavados por los ríos
denominados gargantas o arribes.
Las sierras interiores de la Meseta son dos:
El sistema Central tiene una extensión aproximada de 700 km, divide a la Meseta en dos mitades y está formado por
un conjunto de sierras de este a oeste: Somosierra, Guadarrama, Gredos, Peña de Francia y Gata. Forma un sistema
montañoso con un relieve de estilo germánico, compuesto por fallas: bloques levantados y fosas tectónicas. La
máxima altura es el pico Almanzor (2592 m).
Los montes de Toledo, de menor altura, separan los valles del Tajo y del Guadiana, con una extensión de 350 km.
Están formados por modestas sierras falladas —Calderina, Guadalupe, Altamira, Montánchez, San Pedro y San
Mamede—, donde la erosión ha originado un relieve apalachense, antiguos pliegues desgastados y rejuvenecidos
por la erosión. El punto más alto es Villuerca Alta (1601 m). En los pies de las montañas aparecen
frecuentemente rañas, zonas de suave pendiente compuestas por cantos de cuarcitas, arenas o arcillas.
3.2. Los rebordes montañosos de la meseta
La Meseta se encuentra rodeada, salvo en su lado oeste, por un cinturón de montañas originadas por el
plegamiento alpino.
a) El macizo Galaico-Leonés está situado al noroeste de la Península y se formó por el movimiento alpino que
provocó la fractura, elevación o hundimiento de los materiales paleozoicos, y que dio lugar a un paisaje de
montañas, fallas y bloques de formas redondeadas. Destacan tres sectores: los conjuntos de la dorsal gallega al
oeste, muy desgastado por pertenecer al antiguo macizo Hespérico y que forma rías en el litoral, las llanuras
centrales, y las sierras orientales donde se dan las mayores altitudes, Cabeza de Manzaneda (1778 metros), las
sierras de Segundera y Ancares y, en los montes de León, el Teleno (2188 metros).
b) La cordillera Cantábrica y los montes Vascos constituyen el borde norte de la Meseta y discurren en paralelo a la
costa cantábrica con una longitud de 400 km. Se distinguen dos sectores:
El sector occidental o macizo Asturiano presenta grandes bloques silíceos paleozoicos fallados. Sus mayores
alturas se encuentran en los Picos de Europa (Torre Cerredo, 2648 metros), constituidos por el afloramiento
de calizas.
El sector central o montaña Cantábrica, de menor altitud, está formada por sedimentos calizos plegados por
el movimiento alpino. Presenta relieves de tipo jurásico, donde alternan anticlinales y sinclinales, más o
menos desmantelados por la erosión, y presencia de formas cársticas.
Más al este, los montes Vascos vienen a constituir el extremo oriental de la cordillera Cantábrica. Están
constituidos principalmente por rocas calizas y presentan un relieve de sierras de alturas moderadas y
formas redondeadas, interrumpidas a veces por crestas calcáreas. Sus principales alturas —algo más de
1000 metros— se localizan en el macizo Aitzgorri, 1551 metros, la sierra de Aralar y Peña Gorbea.
c) El sistema Ibérico es el reborde oriental de la meseta, se dispone en dirección noroeste-sureste, con unos 400 km
de longitud, y fue originado por el movimiento alpino que plegó los sedimentos de la era secundaria. Abundan los
materiales calizos junto al roquedo silíceo paleozoico, y depósitos arcillosos en las fosas. Se diferencian dos sectores:
El sector norte, constituido por un conjunto de fallas con horsts elevados que forman sierras como los Picos
de Urbión, de la Demanda y el macizo del Moncayo.
El sector sur, de menor altitud, está constituido por dos alineaciones montañosas: la interior o castellana,
integrada por las sierras de Albarracín, Montes Universales y la de Cuenca; y la exterior o aragonesa,
formada por las sierras de Gúdar, Javalambre y el Maestrazgo. Ambas están separadas por una depresión
interior, colmatada por sedimentos terciarios de arcillas.
d) Sierra Morena es el reborde sur de la Meseta, con unos 450 km en dirección oeste-este, originado por la fractura
de su borde meridional durante la orogenia alpina. Forma un pronunciado escalón entre la Meseta y el valle del
Guadalquivir. Está integrada principalmente por materiales silíceos paleozoicos y se dispone de oeste a este
con alturas moderadas, entre las que destacan las sierras de Aracena, Picos de Aroche, Pedroches y Madrona.
3.3. Las cordilleras exteriores a la meseta: cordilleras alpinas
Son los sistemas montañosos jóvenes: Pirineos, cordillera Costero-Catalana y cordilleras Béticas.
a) Los Pirineos forman una gran cordillera que se extiende de oeste a este entre el golfo de Vizcaya y el cabo de
Creus, con unos 435 km de largo y 100 km de ancho. Fue originada por el plegamiento alpino, que levantó y fracturó
los materiales paleozoicos del antiguo macizo de Aquitania y plegó los sedimentos de la fosa pirenaica. Se
diferencian dos sectores principales:
El Pirineo axial o central: es el núcleo de la cordillera, y está constituido por materiales paleozoicos fallados.
En su zona central se localizan las mayores alturas (Aneto, 3404 m; Posets, 3375 m) y ejemplos de la erosión
glaciar como valles en U, circos y lagos glaciares o ibones.
Los Prepirineos: al norte y sur del núcleo anterior, constituyen una doble cadena montañosa de menor
altitud. Están constituidos principalmente por sedimentos de calizas plegados de la era secundaria,
formando un doble conjunto separado por una depresión media: las sierras interiores, como las de
Collarada y Tres Sorores, y las sierras exteriores, de altitudes más modestas, como las de Leyre, Guara y
Cadí.
b) La cordillera Costero-Catalana se dispone paralelamente a la costa a lo largo de 250 km, y en ella abundan los
materiales antiguos (granito, cuarcita) en el noreste y los secundarios (calizas, margas) en las zonas meridionales.
Está formada por dos alineaciones montañosas separadas por una fosa: la cadena litoral próxima a la costa, con
sierras como las de Montnegre y Collserola, y la cadena prelitoral, con las sierras de Montseny, Montserrat y
Montsant. Entre ambas alineaciones se encuentra la depresión media, colmatada por sedimentos terciarios. Tiene
continuidad en la isla balear de Menorca.
c) Las cordilleras Béticas, formadas durante el movimiento alpino, están constituidas por dos alineaciones
montañosas separadas por una depresión interior, conformada por depresiones u hoyas como las de Antequera,
Granada o Baza, colmatada con materiales terciarios arcillosos. Presentan una dirección OSO-ENE a lo largo de unos
600 km.
La cordillera Penibética se extiende junto a la costa y es el sistema montañoso más meridional de la
Península. Está constituida por materiales silíceos del antiguo macizo Bético-Rifeño, levantados durante la
orogenia alpina. En ella destaca Sierra Nevada, donde se localizan las mayores alturas y el techo de la
Península (Mulhacén, 3478 m, Veleta, 3398 m), Ronda, Baza, Gádor o Filabres.
La cordillera Subbética se extiende por el interior hasta la costa mediterránea, emergiendo más tarde para
formar parte del relieve balear, Ibiza y Mallorca. También se originó por el movimiento alpino sobre rocas
mesozoicas, calizas y margas, con predominio de estructuras plegadas. Por ello, se dan frecuentes relieves
kársticos, así como desplazamientos de materiales a lugares donde se superponen a otros,
denominados mantos de corrimiento y cabalgamientos. Destacan las sierras de Grazalema, Cabra, Priego,
Cazorla, Segura y La Sagra.
3.4. Las depresiones exteriores a la meseta
El movimiento alpino provocó también el hundimiento de las depresiones del Ebro y del Guadalquivir, que fueron
rellenándose con sedimentos.
La depresión del Ebro es una extensa fosa triangular de 380 km encajada entre los Pirineos, la cordillera
Costero-Catalana y el sistema Ibérico. En origen era un brazo de mar, que fue cerrándose y rellenándose de
materiales de los sistemas que la rodean. La diferente dureza de materiales, así como la aridez, explican
su variedad de relieves. En los piedemontes o somontanos, suavemente inclinados entre las montañas y la
depresión, suelen localizarse mallos, imponentes promontorios rocosos, así como depresiones u hoyas sobre
materiales blandos. En las áreas centrales, la resistencia de las calizas origina el resalte de muelas o mesas, de
formas tabulares con fuertes escarpes, y relieves en cuestas de estratos inclinados. En las arcillas, dada la
aridez de la zona, predominan los badlands.
La depresión del Guadalquivir forma un valle triangular que se extiende entre Sierra Morena y las cordilleras
Béticas a lo largo de más de 300 km y se abre ampliamente al Atlántico. Su origen, al igual que la del Ebro, es
alpino, un brazo de mar por el hundimiento de la zona intramontañosa, que unía el Atlántico y el
Mediterráneo. A finales del terciario se fue colmatando con sedimentos transportados por el Guadalquivir,
pero aún queda la parte final influida por el mar. Está formada por sedimentos principalmente marinos –
arcillas, margas, arenas– que han dado lugar a un relieve de campiñas suavemente onduladas. La depresión
está recorrida por el Guadalquivir hasta el golfo de Cádiz, donde en las áreas más bajas de la desembocadura
se han formado lagunas y marismas a medida que se han ido colmatando.
3.5. El relieve del litoral peninsular
3.5.1 El modelado costero
El litoral peninsular presenta principalmente, salvo en Galicia, costas rectilíneas, entre las que podemos diferenciar:
por un lado, costas elevadas y rocosas, con formas como cuevas, arcos marinos, farallones y rasas, superficies
planas elevadas paralelas a la costa; y por otro, costas bajas y arenosas debidas a la sedimentación con flechas
litorales, marismas, albuferas, delta, tómbolos y dunas costeras.
3.5.2 Las costas atlánticas
En el sector cantábrico predominan las costas acantiladas y rectilíneas por la proximidad al mar de la cordillera
Cantábrica, con abundancia de rasas, ensenadas y rías. La costa gallega es la más recortada de España y presenta
profundas rías. La costa atlántica andaluza, por el contrario, es esencialmente rectilínea, baja y arenosa debido a los
aluviones de los ríos.
3.5.3 Las costas mediterráneas
El litoral mediterráneo es el más extenso de España. En él predominan las costas bajas y rectilíneas, aunque existe
una amplia diversidad de relieves.
En el litoral andaluz y murciano predominan los acantilados, por la cercanía de la cordillera Penibética al
litoral, salpicadas de calas arenosas; también se dan terrazas marinas, por levantamiento de la costa; sectores
de costas bajas y algunas albuferas, como la del Mar Menor (Murcia).
El golfo de Valencia está dominado por una extensa llanura litoral, con playas amplias y arenosas en las que
se alternan albuferas como la de Valencia, tómbolos como el peñón de Ifach y pequeños deltas.
El litoral catalán presenta relieves variados, alternando acantilados, por la proximidad al mar de la cordillera
Costero-Catalana, con pequeñas playas y llanuras litorales. Entre los deltas destaca sobre todo el del Ebro, el
mayor de España y uno de los más relevantes del mar Mediterráneo.
3.6. Los relieves insulares
3.6.1 El relieve de las islas Baleares
Es muy variado, tanto por su origen como por su morfología. La mayor parte de las islas son una prolongación de
los sistemas Béticos, de ahí que predominen los materiales calizos y el relieve kárstico. En cambio, la isla
de Menorca está más relacionada con la cordillera Costero-Catalana.
En Mallorca destaca la sierra de Tramontana, en el sureste destacan las sierras de Levante, y el centro de la isla está
ocupado por una amplia depresión de relieve ondulado. Ibiza y Formentera presentan un relieve de características
parecidas, mientras que la pequeña isla de Cabrera se caracteriza por un relieve rocoso y accidentado. Por su
parte, Menorca es una isla casi plana que presenta al norte modestas montañas paleozoicas que enlazan con la
cordillera Costero-Catalana, y al sur una llanura de materiales calizos y arcillosos.
Las costas son frecuentemente elevadas y acantiladas y en ellas se alternan sectores más o menos rectilíneos con
otros más recortados.
3.6.2 El relieve de las Islas Canarias
Predomina el relieve de origen volcánico, pues la orogenia alpina fracturó la corteza oceánica provocando el ascenso
de grandes masas de materiales ígneos. Ello ha originado relieves muy diversos como pitones o roques, conos
volcánicos, calderas, coladas de lava y barrancos.
En general las islas, especialmente las occidentales, son muy montañosas. Destacan en Tenerife, el Teide (3718
metros), máxima altura de España; en La Palma, el Roque de los Muchachos (2424 metros); y en Gran Canaria, el
Pico de las Nieves (1949 metros).
Las costas son mayoritariamente acantiladas y las playas se caracterizan por su modesta extensión.
4. El relieve de Andalucía y su influencia
4.1. Características geográficas fundamentales
Andalucía ocupa el extremo meridional de la península ibérica. Posee una extensión de 87 599 km² —equivalente al
17 % del territorio nacional—, superior a la de algunos países europeos, siendo la segunda comunidad autónoma por
su extensión. Se encuentra latitudinalmente entre los 36º N (estrecho de Gibraltar) y los 38º 43´N (El Viso, norte de
Córdoba) y longitudinalmente entre 1º 37´E (costa almeriense de Pulpí) y 7º 31´O (río Guadiana).
Limita al oeste con Portugal mediante el río Guadiana; al norte, con las comunidades autónomas de Extremadura y
Castilla-La Mancha; al noreste con la Región de Murcia; y al sur con el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, entre
los que es punto de encuentro. Entre ambas masas de agua, los escasos 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar la
conectan con el norte de África.
La disposición y las formas de relieve de Andalucía tienen mucha influencia en los demás elementos del medio
natural. Las cordilleras béticas y Sierra Morena presentan altitudes que provocan descensos de temperatura y hace
que, en algunas zonas, como en la sierra de Grazalema, se produzcan abundantes precipitaciones. Al mismo tiempo
sirven de pantalla a las borrascas y aumentan la aridez del sureste almeriense, así como las temperaturas medias en
el valle del Guadalquivir.
Las unidades de relieve marcan la disposición de la red hidrográfica. El Guadalquivir es el río más importante y
ocupa toda la depresión que lleva su nombre, si bien sus afluentes nacen en las cordilleras colindantes, entre los que
destaca el Genil, que nace en Sierra Nevada. El resto de los ríos forman demarcaciones vinculadas a la costa
atlántica: Tinto, Odiel y Piedras; y a la vertiente mediterránea, que son cortos, por la proximidad de la cordillera
Penibética a la costa, y tienen un caudal escaso e irregular, como por ejemplo el Almanzora, el Guadalhorce, el
Andarax o el Guadalfeo.
La vegetación tiene como factor determinante el relieve. La altitud y la litología influyen en su tipología y
distribución (junto a otros factores como el clima, el suelo o el agua). Ejemplo de ellos lo tenemos en árboles
mediterráneos como el alcornoque, la maquia en litología silícea, la garriga en litología caliza, el esparto en arcillosa
y el pinsapo, especie endémica que se da en la sierra de Grazalema, como ejemplo de la vegetación de montaña.
4.2. El relieve y las costas
4.2.1 Las áreas litológicas
En Andalucía se dan las tres áreas litológicas peninsulares. Los materiales silíceos se localizan principalmente en
Sierra Morena y en algunas áreas del sistema Penibético, donde predominan fallados tipo germánico.
Las calizas predominan en la cordillera Subbética, caracterizada por relieves plegados y el modelado kárstico. Y
las arcillas, margas y yesos abundan en la depresión del Guadalquivir y en las hoyas intrabéticas, caracterizada por
un relieve plano o suavemente ondulado.
4.2.2 Las unidades de relieve
El relieve andaluz se caracteriza por su diversidad. De norte a sur se distinguen Sierra Morena, la depresión del
Guadalquivir y las cordilleras Béticas:
Sierra Morena es el borde meridional de la Meseta, que se fracturó con el movimiento alpino. Predominan
materiales paleozoicos como cuarcitas, pizarras y granitos, y destacan las sierras de Aracena, Alcudia,
Madrona y del Cambrón. El paso de Despeñaperros es el principal para la comunicación de Andalucía con la
Meseta.
La depresión Bética o del Guadalquivir es una antigua fosa marina ocupada por el valle de este río. El sector
oriental posee menor anchura y mayor altitud, mientras que el occidental, más amplio y de menor altitud,
fue colmatándose con sedimentos del Guadalquivir. El predominio de materiales arcillosos ha dado lugar a
campiñas suavemente onduladas, donde la presencia de materiales calizos provoca algunos resaltes o
alcores.
Las cordilleras Béticas son dos alineaciones formadas por la orogenia alpina debido a la presión ejercida por
la placa africana sobre los sedimentos del fondo marino. Se extienden en dirección suroeste-noreste de
forma casi paralela, separadas por un conjunto de depresiones u hoyas.
La cordillera Subbética es la más cercana al valle del Guadalquivir y se extiende desde las cercanías de
Gibraltar hasta el cabo de la Nao, prolongándose bajo el Mediterráneo hasta las Baleares. Se originó al
plegarse los sedimentos de la fosa bética y está constituida por sierras como las de Grazalema, Mágina,
Cazorla, Segura y La Sagra. La presencia de calizas ha originado relieves kársticos como los del Torcal de
Antequera.
La cordillera Penibética se extiende paralela a la costa desde el estrecho de Gibraltar al cabo de Gata. Está
constituida por materiales del antiguo macizo herciniano Bético-Rifeño. Presenta sus mayores altitudes en
Sierra Nevada, con los picos Mulhacén (3478 metros) –máxima altura de la Península– y Veleta (3392
metros). Otras sierras destacadas son las de Baza, Filabres y la Contraviesa.
Entre la cordillera Subbética y la Penibética se encuentra la depresión Intrabética, constituida por una serie
de pequeñas cuencas u hoyas, como las de Antequera, Granada, Guadix y Baza. Fue colmatada con
materiales terciarios y cuaternarios que dan lugar a un paisaje de badlands debido a la aridez del clima.
4.2.3 Las costas andaluzas
Las costas andaluzas están bañadas por el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, y se extienden por cinco
provincias –Huelva, Cádiz, Málaga, Granada y Almería–, presentando características muy diferentes según la zona.
En el litoral atlántico, dominado por el golfo de Cádiz, predominan las costas arenosas y amplias playas, entre las
que destacan algunas flechas litorales como la de El Rompido (Huelva), las marismas del Guadalquivir, de gran valor
ecológico, y el conjunto de dunas de Doñana. El litoral mediterráneo es el más extenso. Debido a la cercanía al mar
de la cordillera Penibética, en él abundan las costas rocosas y acantiladas, entre las que se abren
pequeñas playas y calas.