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Chapultepec

El Castillo de Chapultepec, ubicado en la cima del Cerro del Chapulín, es un símbolo histórico de México con raíces que se remontan a las civilizaciones mesoamericanas. A lo largo de su historia, ha servido como residencia virreinal, sede del Colegio Militar, y residencia presidencial, antes de convertirse en el Museo Nacional de Historia en 1939. Su arquitectura refleja diversas etapas históricas y alberga una rica colección de arte y objetos que narran la historia del país.

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Chapultepec

El Castillo de Chapultepec, ubicado en la cima del Cerro del Chapulín, es un símbolo histórico de México con raíces que se remontan a las civilizaciones mesoamericanas. A lo largo de su historia, ha servido como residencia virreinal, sede del Colegio Militar, y residencia presidencial, antes de convertirse en el Museo Nacional de Historia en 1939. Su arquitectura refleja diversas etapas históricas y alberga una rica colección de arte y objetos que narran la historia del país.

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Castillo de Chapultepec

Aguirre Fuentes Leandro Abdala

Emigdio David Torres Nava

509
Historia
El topónimo de Chapultepec procede del idioma náhuatl chapul (in) -
saltamontes-; tepe (tl) -cerro o montaña. La c al final es un sufijo que denota
nombre de lugar: en el cerro del Chapulín.

Ubicado en la cima del Cerro del Chapulín, el Castillo de Chapultepec es un


símbolo histórico y cultural de México. Este sitio, que ha sido testigo de eventos
cruciales a lo largo de los siglos, guarda una profunda conexión con la historia
prehispánica y colonial del país, y ha desempeñado diversos roles a lo largo de los
años. Desde tiempos ancestrales, el Cerro de Chapultepec fue un lugar de gran
importancia para las civilizaciones mesoamericanas, especialmente los mexicas.
Según investigaciones arqueológicas recientes, se sabe que además de los
mexicas, otros pueblos como los toltecas y, posiblemente, los teotihuacanos,
también habitaron esta zona. Durante la época mexica, el cerro fue considerado un
sitio sagrado. En la cima, donde actualmente se encuentra el Castillo, los mexicas
construyeron un teocalli o templo, y también erigieron acueductos que
transportaban agua desde los manantiales cercanos hasta la gran Tenochtitlan.

La historia del Castillo de Chapultepec como estructura comienza a finales


del siglo XVIII. En el periodo virreinal, específicamente entre 1785 y 1787, el virrey
Bernardo de Gálvez ordenó la construcción de una residencia de descanso en la
cima del cerro. Sin embargo, la obra se vio marcada por la prematura muerte de
Gálvez, lo que impidió que pudiera disfrutar de su construcción. Tras su
fallecimiento, la Corona española intentó vender el castillo debido a los altos costos
de la obra, pero no encontró comprador. En 1806, el Ayuntamiento de la Ciudad de
México adquirió el inmueble, aunque no fue hasta 1833 que se tomó la decisión de
utilizarlo como sede del Colegio Militar.

A partir de ese momento, el castillo pasó a jugar un papel fundamental en la


historia militar de México. En 1847, durante la invasión estadounidense, el Castillo
de Chapultepec se convirtió en un sitio clave durante la Batalla de Chapultepec, uno
de los enfrentamientos más significativos de la guerra. En este combate, los
cadetes del Colegio Militar, conocidos como los "Niños Héroes", defendieron el
castillo frente al ejército invasor. El castillo sufrió graves daños por los bombardeos,
pero tras la guerra fue reconstruido. A lo largo de los siguientes años, el inmueble
pasó por diversas adaptaciones y modificaciones. En 1864, tras la instauración del
Segundo Imperio Mexicano bajo el mandato de Maximiliano de Habsburgo, el
Castillo de Chapultepec se transformó en la residencia imperial de Maximiliano y su
esposa Carlota. Los emperadores europeos, con el apoyo de arquitectos de
distintas nacionalidades, renovaron el edificio, dotándolo de una estética opulenta y
de un estilo arquitectónico europeo que contrastaba con las estructuras coloniales
del país. Fue en esta etapa cuando el Castillo adquirió la apariencia de un
verdadero palacio, con amplios jardines, salones suntuosos y una decoración de
lujo.

Con la caída del Imperio Mexicano en 1867 y la restauración de la República,


el castillo quedó nuevamente en abandono, aunque fue brevemente utilizado como
sede del Observatorio Astronómico, Meteorológico y Magnético entre 1878 y 1883.
Tras este periodo, el edificio volvió a ser ocupado por el Colegio Militar, y,
más tarde, se convirtió en la residencia oficial de diversos presidentes de la
República. Entre ellos destacaron Porfirio Díaz, quien la habitó en varias ocasiones,
así como sus sucesores, como Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Álvaro
Obregón y Plutarco Elías Calles, quienes lo utilizaron como sede de la presidencia
de México.

En 1939, bajo el gobierno del general Lázaro Cárdenas, el Castillo de


Chapultepec fue finalmente destinado a su actual función como museo. Cárdenas
decretó que el edificio albergara el Museo Nacional de Historia, con el objetivo de
preservar y mostrar las colecciones y objetos relacionados con los momentos más
importantes de la historia de México. El museo abrió sus puertas al público el 27 de
septiembre de 1944 y desde entonces ha sido un referente de la cultura y el
patrimonio nacional. La colección que alberga supera las 100,000 piezas,
incluyendo pinturas, esculturas, mobiliario, instrumentos musicales, objetos de plata
y cerámica, monedas, documentos históricos y otros enseres que narran la historia
del país, desde la época prehispánica hasta el siglo XX.

El Museo Nacional de Historia está dividido en distintas secciones que


recorren las etapas más relevantes de la historia de México. En el antiguo Colegio
Militar, por ejemplo, se encuentran salas dedicadas a la Conquista, la época
colonial y los conflictos del siglo XIX, como la Guerra de Independencia y la
Revolución Mexicana. Las salas de la planta baja del Castillo, que evocan la época
del Segundo Imperio Mexicano, están decoradas con muebles y objetos que
pertenecieron a los emperadores Maximiliano y Carlota, mientras que las de la
planta alta están relacionadas con la administración del porfirismo y las primeras
décadas del siglo XX.

Uno de los aspectos más notables del museo son los murales que adornan
las paredes del Castillo. Entre las obras más destacadas se encuentran los frescos
de artistas de renombre como Jorge González Camarena, Juan O'Gorman, José
Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, que pintaron escenas de la historia de
México, tales como "La fusión de dos culturas", "El retablo de la Independencia",
"La Reforma y la caída del Imperio", y "Del Porfirismo a la Revolución", entre otras.

Además de su valor histórico y artístico, el Castillo de Chapultepec es un sitio


de gran belleza arquitectónica, con amplios jardines y una vista panorámica de la
Ciudad de México. Es, sin lugar a dudas, uno de los monumentos más
emblemáticos del país, que no solo es un testigo del pasado, sino también un
espacio vivo de educación y reflexión sobre la identidad y la historia nacional.

Arquitectura
Virreinal
Durante el periodo colonial, el Cerro de Chapultepec, un lugar emblematico,
estuvo vinculado a varios proyectos arquitectónicos impulsados por los virreyes de
la Nueva España, quienes reconocían la importancia de este lugar tanto por su
ubicación como por su significado simbólico. En tiempos del segundo virrey de la
Nueva España, Don Luis de Velasco (1550-1564), Chapultepec fue escenario de la
construcción de una mansión de recreo, destinada a alojar a los virreyes recién
llegados de España mientras se organizaba su entrada triunfal a la Ciudad de
México. Esta mansión no solo servía de residencia temporal, sino que también
ofrecía un espacio de descanso y recreación para los altos funcionarios coloniales.

En esa época, Chapultepec se encontraba en las afueras de la ciudad,


rodeado de un paisaje natural que ofrecía un respiro de la vida en la capital
virreinal. La mansión que se construyó en las laderas del cerro estaba rodeada de
jardines, fuentes y un ambiente sereno que representaba el lujo y el poder de la
administración virreinal. A medida que pasaron los años, la mansión sufrió varias
alteraciones y, eventualmente, fue abandonada, quedando en estado de deterioro
por el paso del tiempo y las vicisitudes de la administración colonial.

El destino final de este primer edificio estuvo marcado por un trágico


incidente: la cercanía de un polvorín que, en algún momento, sufrió una explosión,
causando graves daños a la estructura y dejándola parcialmente destruida. Este
evento aceleró la decisión de buscar un nuevo proyecto para el Cerro de
Chapultepec, un espacio que ya había demostrado su importancia estratégica, no
solo como residencia virreinal sino también como un símbolo de la autoridad
colonial. En este contexto, el virrey Matías de Gálvez (1765-1771), siguiendo las
recomendaciones de los ingenieros y arquitectos de la época, impulsó la idea de
construir un nuevo palacio en la cima del cerro, un edificio que tuviera la capacidad
de sustituir la antigua mansión y de reforzar la presencia del virrey en un lugar tan
emblemático.

Fue durante el gobierno de Bernardo de Gálvez (1785-1786), primo de


Matías, que se comenzaron oficialmente los trabajos para la edificación de un
nuevo palacio. Este proyecto fue encargado a los ingenieros Francisco Bambitelli y,
posteriormente, Manuel Agustín Mascaró, quienes dirigieron las obras con la
intención de crear una residencia de lujo que cumpliera con los más altos
estándares arquitectónicos de la época. Los primeros planos sugerían un palacio
grandioso, adaptado a las exigencias de la alta nobleza y con una arquitectura que
reflejaba el poderío y la riqueza del virrey y, por extensión, de la corona española.

Sin embargo, el ambicioso proyecto no prosperó como se esperaba. La


construcción se vio afectada por problemas financieros y administrativos, y fue en
1786 cuando la Corona española decidió suspender los trabajos. La obra fue puesta
en subasta con la intención de venderla, pero la venta no tuvo éxito: no hubo
interesados en adquirir el inmueble en su estado de abandono, lo que refleja la falta
de interés por parte de los inversionistas o la nobleza local ante los elevados costos
del proyecto. Mientras tanto, los ministros de la Real Hacienda aprovechararon el
vacío dejado por la suspensión de la obra para subastar materiales como vidrios,
puertas y ventanas, que fueron retirados del sitio.

En 1806, el Ayuntamiento de la Ciudad de México adquirió la propiedad,


evitando que el palacio cayera en manos de particulares o fuera completamente
desmantelado. Esta acción permitió que el inmueble no se perdiera y que, en el
futuro, fuera utilizado para otros fines. Aunque la construcción del palacio de
Chapultepec nunca fue concluida, los planos y los relatos de la época nos permiten
imaginar cómo habría sido este majestuoso edificio: una estructura imponente, con
amplios salones, jardines elaborados y una decoración que reflejaba la
magnificencia de la administración virreinal. A pesar de que el proyecto no alcanzó
su culminación, el legado de la edificación de Chapultepec quedó marcado por la
visión de quienes deseaban convertirlo en un símbolo de poder.

Este episodio de la historia del Castillo de Chapultepec, aunque no


culminado, fue un antecedente importante de los sucesivos proyectos
arquitectónicos que tendrían lugar en el cerro, y sentó las bases para la
construcción del majestuoso palacio que más tarde conoceríamos como el Castillo
de Chapultepec. Los trabajos incompletos de la época virreinal fueron sólo el inicio
de un largo proceso de transformación del cerro, que culminaría en la edificación de
una de las construcciones más representativas de la historia de México. (fig 1)
Colegio Militar
En 1833, el gobierno mexicano tomó una decisión trascendental que
marcaría un nuevo rumbo para el edificio de Chapultepec: convertir el entonces
abandonado palacio en la sede del Colegio Militar. Esta medida respondía a la
necesidad de establecer una institución educativa que formara a los oficiales del
ejército mexicano en un momento de consolidación nacional, tras los conflictos de la
independencia. A partir de esa fecha, el palacio comenzó a transformarse, pasando
de ser una construcción destinada al placer virreinal a un espacio dedicado a la
enseñanza militar.

Las obras de adaptación y reconstrucción comenzaron en 1841, cuando el


edificio ya mostraba los efectos del paso del tiempo y el abandono. Fue durante
esta etapa cuando se llevaron a cabo una serie de reformas y ampliaciones que le
otorgaron al edificio su característica apariencia de fortaleza. Uno de los cambios
más significativos fue la construcción de un torreón en la parte más alta del cerro,
conocido como el “Caballero Alto”. Este torreón, con sus altas murallas y su función
de vigilancia, transformó el perfil del edificio, dándole la imponente silueta de un
castillo, lo que le valió el nombre de "Castillo de Chapultepec", dicho nombre
continua hasta el dia de hoy. Esta modificación le otorgó una mayor fortaleza
simbólica y física, reflejando tanto la función de la institución como la de la
protección ante posibles amenazas.

En los años posteriores, el Castillo de Chapultepec pasó a desempeñar un


papel aún más relevante en la historia de México. En 1859, durante el periodo de la
Guerra de Reforma, el edificio se convirtió en la residencia del presidente interino
Miguel Miramón, quien encabezaba el bando conservador. Miramón, quien había
sido cadete del Colegio Militar, eligió el Castillo de Chapultepec como su residencia
presidencial debido a su ubicación estratégica y su reciente remodelación, que le
ofrecía las condiciones necesarias para funcionar como sede del poder ejecutivo.

El periodo en el que Miramón ocupó el Castillo fue breve, pero significativo,


pues durante su estancia, se realizaron una serie de modificaciones adicionales al
edificio para adaptarlo a las necesidades de la vida presidencial. Una de las
principales intervenciones fue la construcción de nuevas habitaciones en el
segundo piso del Alcázar, un área que antes había sido destinada a los cadetes del
Colegio Militar. Estos nuevos espacios fueron diseñados para ofrecer mayor
comodidad y privacidad al mandatario y su corte, así como para dotar al edificio de
la infraestructura necesaria para alojar a los funcionarios y empleados que
acompañaban al presidente.
Además, Miramón ordenó la construcción de una balaustrada sur, que no
solo cumplió con un fin estético, sino que también fortaleció la seguridad del edificio,
al ofrecer una vista panorámica de los alrededores del cerro, lo que facilitaba la
vigilancia de la zona. Esta modificación le dio al Castillo una nueva funcionalidad,
acorde a los tiempos convulsos que vivía el país, en el contexto de la lucha entre
liberales y conservadores.

La residencia presidencial en Chapultepec fue un símbolo de la


centralización del poder en la figura del presidente, pero también de la simbología
conservadora de la época, que intentaba reafirmar la autoridad mediante la
monumentalidad y la ostentación. Sin embargo, la estancia de Miramón en el
Castillo fue efímera, pues en 1860, con la derrota del bando conservador y la
victoria de los liberales en la Guerra de Reforma, el edificio volvió a ser testigo de la
convulsión política que caracterizó el México del siglo XIX.

A pesar de que la residencia presidencial en el Castillo fue relativamente


corta, las intervenciones de Miramón marcaron una etapa importante en la historia
del edificio, pues transformaron aún más el Castillo en un símbolo de poder, y
dejaron huellas que perdurarían en su estructura.(fig 2)

Imperio
El Castillo de Chapultepec adquirió su aspecto actual gracias a las
madificaciones del archiduque Maximiliano de Habsburgo y su esposa, la princesa
Carlota Amalia de Bélgica, ellos habitaron el edificio entre 1864 y 1867, durante el
imperio que intentaron establecer en México bajo la intervención francesa. La
transformación del castillo en un palacio imperial no fue simplemente un proceso de
adaptación, sino una meticulosa obra de renovación que implicó la colaboración de
arquitectos, jardineros y artesanos europeos y mexicanos, buscando asemejarse a
los estilos europues y estar a la altura de los emblematicos personajes que ahi
habitaban.

El encargado de la remodelación del edificio fue el arquitecto mexicano


Ramón Rodríguez Arangoity, un exalumno del Colegio Militar, quien bajo las
ordenes del emperador, realizó amplias reformas estructurales en el interior del
edificio. La intervención de Rodríguez Arangoity no solo fue arquitectónica, sino que
también incluyó una serie de modificaciones a la distribución de los espacios,
adaptando el castillo a las necesidades de los nuevos habitantes. Durante este
proceso, el antiguo edificio colonial fue transformado en un elegante y sofisticado
palacio, con salones amplios, nuevos pasillos, columnas y detalles ornamentales de
estilo europeo que contrastaban con la construcción original.
Por su parte, los jardines del castillo, que ya tenían cierta importancia desde
el periodo virreinal, fueron rediseñados por el botánico austriaco Wilhelm Knechtel,
quien, siguiendo las directrices de Maximiliano, logró una cuidadosa remodelación
de los espacios exteriores. Según algunos relatos, la verdadera inspiración para el
diseño de los jardines se atribuía más a la mano de Maximiliano que a la de
Knechtel. El emperador, amante de la jardinería y de las tradiciones europeas,
buscó crear un entorno natural que evocara los jardines de los palacios europeos,
con plantas exóticas, fuentes y senderos, que contribuyeron a darle al Castillo un
carácter de corte real. Los jardines, que se extendían a lo largo de la colina,
ofrecían una impresionante vista panorámica del oriente de la ciudad de México, el
lago de Texcoco y los volcanes de Iztaccíhuatl y Popocatépetl.

La transformación del Castillo en residencia imperial también incluyó una


gran inversión en mobiliario y decoración de lujo que llegaba directamente de
Europa. El palacio se llenó de muebles refinados, tapices, relojes de mesa,
cristalería fina y vajillas de porcelana y plata, que convirtieron al Castillo de
Chapultepec en un verdadero palacio digno de una corte imperial. Entre los
elementos más notables se encuentran los óleos con retratos de la pareja imperial,
que adornaban las paredes de los salones principales. Todo el mobiliario y las
decoraciones fueron elegidas para reflejar el lujo y el estatus de Maximiliano y
Carlota, que buscaban proyectar una imagen de poder y legitimidad ante la
sociedad mexicana y ante la corona francesa, que había apoyado la instalación del
imperio en México. También puede observarse en los tipos de carruajes usados,
desde uno de uso diario y otro de uso formal, que fueron contadas las veces que
fue usado por este excéntrico personaje.

En cuanto a la distribución interna del edificio, Maximiliano y Carlota optaron


por instalarse en las habitaciones de la planta baja. A fin de aprovechar al máximo
este paisaje único del oriente de la ciudad, Maximiliano ordenó la construcción de
una terraza panorámica frente a sus habitaciones, un espacio abierto que les
ofreciera una vista despejada de estos impresionantes escenarios naturales.

Maximiliano y Carlota, en su búsqueda por crear un ambiente imperial en el


Castillo de Chapultepec, no solo se rodearon de lujos, sino que también intentaron
crear un refugio que reflejara su visión de un México ordenado y elegante, digno de
la corte imperial que soñaban establecer. Sin embargo, su breve reinado (1864-
1867) estuvo marcado por la inestabilidad política, lo que llevó a que su sueño
imperial se desvaneciera tras la caída del imperio y la restauración de la República
Mexicana. (fig 3)
Pofiriato
En 1878, el Castillo de Chapultepec se convirtió en sede del primer
Observatorio Astronómico Nacional de México. Para ello, el edificio fue sometido a
una nueva serie de remodelaciones. Se instalaron equipos especializados para la
observación astronómica, y el telescopio principal se ubicó en lo que se conoció
como el “Caballero Alto”, una de las torres del castillo. Para albergar el telescopio,
se construyó una cúpula que cubría la torre, lo que no solo permitió el uso del
equipo, sino que también transformó la estética del edificio. Además, se erigieron
nuevas habitaciones y se construyeron dos garitas de vigilancia, lo que reflejaba la
importancia del lugar tanto en términos científicos como estratégicos.

Sin embargo, en 1883, el observatorio fue trasladado al pueblo de Tacubaya,


en las afueras de la Ciudad de México, con el fin de liberar el Castillo para otros
usos. Este cambio se debió principalmente a que el Castillo de Chapultepec fue
convertido nuevamente en un Colegio Militar, además de convertirse en una
residencia de verano para el presidente Porfirio Díaz. Esta transformación marcó el
inicio de una nueva etapa para el castillo, que bajo la administración de Díaz, se
convertiría en un símbolo del progreso de la nación como su lema decia “orden y
progreso”.

Porfirio Díaz, en su afán de mostrar el avance artístico y tecnológico de


México, buscó hacer del Castillo de Chapultepec una representacion de la
modernidad y lujo. Durante su mandato, el edificio se dotó de diversos elementos
innovadores. Uno de los más destacados fue la instalación de un gran vitral en la
terraza oriental de la planta alta, un detalle arquitectónico que aún se conserva en el
castillo. Además, se instalaron dos ascensores, incluidos uno que subía desde la
base del cerro de Chapultepec, un lujo tecnológico de la época que facilitaba el
acceso al castillo y añadía un toque de modernidad. La clase alta también podía
disfrutar de un boliche (un juego de salón de moda en la sociedad de élite) que fue
instalado en el castillo. En este mismo espacio se llevó a cabo la primera exhibición
cinematográfica en México, en 1896, un evento histórico que marcó el inicio de la
industria cinematográfica en el país.

Simultáneamente, Díaz se ocupó de transformar el entorno natural del


castillo, es decir, el Bosque de Chapultepec, para convertirlo en un parque público
que pudiera ser disfrutado por la ciudadanía. Bajo su mandato, el bosque fue
sometido a una serie de mejoras que lo convirtieron en uno de los espacios más
representativos de la ciudad. Se trazaron nuevas calzadas y se construyeron
riachuelos artificiales que serpenteaban por el terreno, creando un paisaje idóneo
para el esparcimiento. También se instalaron varias esculturas y se creó un jardín
botánico que aportaba una diversidad de plantas y especies. Además, se levantaron
kioscos donde la gente podía descansar y socializar, y se creó un lago artificial que
se convirtió en uno de los puntos más emblemáticos del parque actualmente. (fig 4)

Siglo XX
En 1916, durante el gobierno de Venustiano Carranza, se llevaron a cabo
importantes modificaciones en el Castillo de Chapultepec con el objetivo de mejorar
su visibilidad y adecuarlo a las necesidades del nuevo régimen. En ese año,
Carranza ordenó la demolición de un edificio que había sido levantado en el
suroeste del Colegio Militar durante la administración porfirista. Este edificio, que
había sido construido con fines educativos y administrativos, obstaculizaba la vista
del Castillo y, en consecuencia, su majestuosa presencia desde diversas partes de
la ciudad. La demolición permitió que el Alcázar de Chapultepec se destacara de
manera más de una manera simbolica de establecer un domino y poder sobre el
anteroir mandato.

Tras esta remodelación, el Castillo de Chapultepec se convirtió en la sede del


gobierno federal y la residencia presidencial, un rol que desempeñó bajo los
presidentes sucesivos durante las primeras décadas del siglo XX. Venustiano
Carranza estableció ahí sus oficinas y, en ese mismo espacio, varios presidentes
posteriores utilizaron el Castillo como residencia oficial. Este uso del Castillo
continuó hasta el gobierno de Abelardo Rodríguez, quien fue el último presidente en
ocupar el edificio como sede presidencial.

Sin embargo, en 1939, el presidente Lázaro Cárdenas tomó una decisión


histórica que transformaría el destino del Castillo de Chapultepec. Cárdenas decretó
que el edificio fuera convertido en el Museo Nacional de Historia, con el fin de
preservar y difundir el patrimonio histórico y cultural de México. Esta decisión
también estuvo vinculada al deseo de consolidar el Castillo como un referente
cultural, además de ser un sitio de gran relevancia histórica. La construcción del
Museo Nacional de Historia en el Castillo significaba su transformación en un
espacio destinado a la conservación de objetos y documentos que contaran la
historia de la nación desde la época prehispánica hasta los tiempos
contemporáneos.

Para que el Castillo pudiera albergar las colecciones y cumplir con su nuevo
propósito, entre 1941 y 1944 se realizaron importantes trabajos de restauración y
adaptación del edificio. Se llevaron a cabo ajustes en su estructura y distribución
para adecuarlo a las exigencias de un museo moderno, manteniendo al mismo
tiempo su carácter arquitectónico y su valor histórico. Estos trabajos estuvieron a
cargo de expertos en restauración y arquitectos, quienes cuidaron que las
modificaciones no alteraran la esencia del Castillo como un monumento nacional,
pero al mismo tiempo lo convirtieron en un espacio adecuado para la conservación
de las piezas históricas.
Finalmente, el 27 de septiembre de 1944, el presidente Miguel Ávila
Camacho inauguró oficialmente el Museo Nacional de Historia en el Castillo de
Chapultepec. Este evento marcó el inicio de una nueva etapa para el edificio, que
pasó de ser sede del poder político a convertirse en un centro de divulgación
cultural y patrimonio nacional. Desde su inauguración, el Museo ha sido un espacio
clave para el estudio y la reflexión sobre la historia de México, albergando una rica
colección de objetos históricos, arte y documentos que han sido esenciales para
comprender el pasado del país. Hoy en día, el Castillo de Chapultepec sigue siendo
uno de los museos más visitados de México, continuando su legado como símbolo
de la nación y un testimonio viviente de su historia. (fig 5)

Murales
LA FUSIÓN DE DOS CULTURAS
Autor: Jorge González Camarena

Medidas: 4.20 [Link] alto x 5.10 m de ancho

Material y técnica: acrílico sobre madera forrada de tela

Localización: Sala 2

Representa el nacimiento de la cultura mexicana como producto del choque


de dos culturas distintas: la náhuatl, floreciente en Mesoamérica, y la española.
Esto se ve claramente simbolizado en las figuras del guerrero águila y el
conquistador español, los cuales mueren al mismo tiempo en la lucha. La patria
mexicana estará construida por el resultado de estas dos cosmovisiones. (fig 6)

RETABLO DE LA INDEPENDENCIA
Autor: Juan O’Gorman

Medidas: 4.40 m de alto x 15.69 m de ancho

Fecha de realización: 1960-1961

Material y técnica: fresco sobre aparejo

Localización: Sala 6

Este retablo es la alegoría de una historia que inicia en 1795 y culmina en


1813. La obra se desarrolla en cuatro actos: inicia por la izquierda mostrando la
injusta organización social en la Nueva España. El segundo acto incluye algunos
precursores ideológicos y políticos situados bajo un edificio de construcción
neoclásica que simboliza al Enciclopedismo. La tercera parte se refiere al
movimiento propiamente dicho. La figura principal es el cura Hidalgo, el cual
aparece dos veces: una como se le conoce comúnmente y la otra más joven y en
traje de campaña. En la última parte del mural se muestra el Congreso de
Chilpancingo con José María Morelos al frente, también retratado dos veces.
Finalmente, la luna del costado izquierdo y el día que nace en el derecho dan la
idea de que el mural abarca un día simbólico en el que México pasó de la oscuridad
de la dominación española a la luz de su autonomía. (fig 7)

LA REFORMA Y CAIDA DEL IMPERIO


Autor: José Clemente Orozco.

Fecha de realización: 1948.

Material y técnica. Pintura al fresco.

Localización. Sala 8

Este mural representa el triunfo de los liberales encabezados por el


presidente Benito Juárez sobre el imperio de Maximiliano de Habsburgo (1864 –
1867). Al centro se observa un retrato monumental de Benito Juárez que evoca las
grandes esculturas olmecas. En la parte inferior aparece una serie de personajes,
colaboradores del grupo conservador y aliados del imperio. Maximiliano es un
cadáver amortajado que descansa en la cabeza de todos aquellos que le ofrecieron
el trono de México. Por encima de la momia aparece el clero reaccionario quien
conspira contra el pueblo que empuña las armas. A la derecha de la cabeza de
Juárez se observa un soldado que ostenta en su gorro el número 57 como símbolo
de la Constitución promulgada ese año. El guerrillero de camisa desgarrada
levanta en su mano derecha una antorcha revolucionaria, mientras que con la
izquierda sostiene las cadenas amarradas al cuello de un eclesiástico, un monstruo
con garras vencido por las Leyes de Reforma. (fig 8)

EL FEUDALISMO PORFIRISTA
Autor: Juan O’Gorman.

Medidas: 6.50 m de alto x 4.50 m de ancho

Fecha de realización: 1970 a 1973

Material y técnica: fresco

Localización: Sala Madero

Este mural representa la época porfirista. Del lado izquierdo está el general
Díaz rodeado de algunos integrantes de su gabinete y políticos de la época. Bajo
ellos puede apreciarse la presencia de un campesino con su mujer y su hijo
rindiendo pleitesía al dictador. En la parte superior, de este mismo lado, se observa
un grupo de construcciones de carácter afrancesado y un cuartel de rurales, la
policía política de la época. Un grupo de campesinos se dirigen al lugar armados
con machetes, representando los primeros indicios de la Revolución. Del lado
derecho sobresale una tienda de raya. Abajo, en contraposición a Díaz, se expone
un campesino torturado por caciques y capataces. En esta misma sección se
observa a un soldado que vigila la tortura, a una mujer que llora a quien puede ser
su marido y a un hombre con una niña en actitud de derrota. El anciano detrás del
muro aconseja callar, demostrando el miedo que tenía la población. (fig 9)

RETABLO DE LA REVOLUCIóN

Autor: Juan O’Gorman

Medidas. 4.50 m de alto x 6.50 m de ancho

Fecha de realización: 1968

Material y técnica: fresco

Localización: Sala Madero

Este mural muestra el final de la primera etapa de la Revolución Mexicana


con la llamada “Marcha de la lealtad”. Al centro de este espacio, Francisco I.
Madero, montando a caballo, es acompañado por cadetes del Colegio Militar y por
políticos de la época revolucionaria, desde el Castillo de Chapultepec hacia el
centro de la ciudad para hacer frente al levantamiento armado en la Ciudadela. En
la parte superior remata la pintura una banda roja con la leyenda “Sufragio efectivo,
no reelección”. En el lado izquierdo el embajador de Estados Unidos, Henry Lane
Wilson, le entrega la banda presidencial a Victoriano Huerta; arriba de ellos se
encuentran dos hienas, símbolo de la traición. En el otro extremo aparecen las
figuras del vicepresidente Pino Suárez junto con Sara Pérez de Madero y Gustavo
Adolfo Madero. Sobre ellos sobrevuelan palomas. Al fondo, el Castillo de
Chapultepec es el punto de fuga en el horizonte.( fig 10)

LA CONSTITUCIóN DE 1917
Autor: Jorge González Camarena

Medidas: 5.10 m de alto x 4.90 m de ancho

Fecha de realización: 1967

Material y técnica: acrílico sobre madera forrada de tela

Localización: Sala de videos Siglo XX

La figura central de este mural es Venustiano Carranza, Primer Jefe del


Ejército Constitucionalista, escribiendo la Constitución que hasta la fecha rige al
país. En el extremo superior izquierdo aparecen varias figuras revolucionarias con
sus armas al hombro, simbolizando la violenta lucha que derrocó al régimen
porfirista. En la parte inferior de ese mismo lado puede observarse la destrucción de
las viejas estructuras de explotación: las tiendas de raya y las haciendas.

Del lado derecho está representado el Congreso Constituyente, estos


personajes se van desdibujando hasta convertirse en un águila, símbolo de la
Patria, que transmite a Venustiano Carranza su voz, la voz del país. Carranza es
presentado en actitud de escuchar, con la mano levantada lista para transcribir en
papel los designios del águila. En su mesa hay papeles blancos donde van
quedando los preceptos de la nueva Constitución y papeles negros que caen de la
mesa simbolizando la injusticia de los preceptos porfirianos. (fig 11)

LA INTERVENCIóN NORTAMERICANA
Autor: Gabriel Flores

Medidas: 8.35 m de alto x 10.16 m de ancho

Fecha de realización: 1970

Material y técnica: acrílico sobre estuco seco

Localización: Cúpula de la entrada principal

Representa la caída de Juan Escutia, uno de los Niños Héroes, que tuvo
lugar durante la batalla contra las tropas estadounidenses en el Castillo de
Chapultepec, en 1847. Fue pintado cayendo con la bandera de México; atrás de él
aparece un águila que simboliza a la nación mexicana. De esta manera el pintor
representa la derrota del ejército nacional frente a los invasores, misma que culminó
con la pérdida de más de la mitad del territorio. Alrededor de la figura central
aparecen edificios como el Castillo de Chapultepec, el ex Convento de Churubusco
y la Catedral, representando algunos de los lugares donde se dieron las batallas
más importantes. Los corceles simbolizan a los caballos del Apocalipsis, dando a
entender que esta guerra implicó una serie de desgracias para México. El barco
ubicado en la izquierda es una de las naves que penetraron al territorio nacional por
Veracruz, al mando del general Winfield Scott. (fig 12)

ALEGORIA DE LA REVOLUCIóN MEXICANA


Autor: Eduardo Solares

Medidas: 3.50 m de largo x 5 m de ancho.

Fecha de realización: 1933

Material y técnica: fresco

Localización: Escalera principal

Esta pintura intenta dar una visión general del panorama revolucionario que
derrocó al régimen dictatorial de Porfirio Díaz. Al centro, en la parte superior,
aparecen algunos líderes del movimiento: Francisco I. Madero, Venustiano
Carranza y Álvaro Obregón. Los grupos de figuras que aparecen bajo las mantas y
pancartas simbolizan los contingentes de los diversos núcleos que participaron en
la Revolución: campesinos, obreros y gente del pueblo que se unió a la lucha. Las
mantas y los letreros ilustran las principales consignas por las cuales pelearon los
revolucionarios. Abriendo paso a Francisco I. Madero se encuentran los cadetes del
Colegio Militar; de esta manera se representa la mañana del 9 de febrero de 1913,
cuando el presidente salió del Castillo de Chapultepec para dirigirse al Palacio
Nacional y hacer frente al levantamiento armado en la Ciudadela. Este conflicto dio
inicio al episodio conocido como la Decena Trágica. (fig 13)

DEL PORFIRISMO A LA REVOLUCIóN


Autor: David Alfaro Siqueiros

Medidas 4.46 m de alto x 76.89 m de ancho

Fecha de realización: 1957 - 1966

Material y técnica: acrílico y piroxilina sobre madera forrada de tela

Localización: Sala Siqueiros

Este importante mural fue realizado por el maestro David Alfaro Siqueiros
(1896-1974) quien trabajó en esta obra desde 1957 hasta 1960 y después, en 1966.
Al pintor se le sugirió que tratara en su obra la Revolución Mexicana y el porfirismo,
con la libertad de elaborar el proyecto teórico de acuerdo con su voluntad creadora.
Siqueiros investigó de manera exhaustiva antes de iniciar la etapa pictórica, incluso
fue auxiliado por especialistas. El trabajo se inició en una pequeña sala separada
por un muro de otro salón; posteriormente se integraron los dos. Cuando el maestro
estuvo preso por posturas ideológicas y políticas la ejecución del mural se
suspendió, pero fue reiniciada cuando se le otorgó libertad condicional en 1966; la
inauguración se realizó el 19 de noviembre de ese mismo año. (fig 14)

Conclusión
El Castillo de Chapultepec, al igual que la Catedral Metropolitana de la
Ciudad de México, es un ejemplo destacado de la evolución arquitectónica y cultural
del país, ya que su construcción y los distintos procesos que han marcado su
desarrollo reflejan las diversas etapas históricas de México. Desde la época
prehispánica hasta el México contemporáneo, este monumento ha sido testigo de
innumerables eventos trascendentales y ha experimentado transformaciones
significativas, influenciadas por los diferentes mandatos políticos que han marcado
la historia de la nación.

El origen del Castillo de Chapultepec se remonta a la época prehispánica,


cuando era un sitio sagrado para las civilizaciones mexicas. En ese entonces, el
cerro de Chapultepec era un lugar de gran importancia, tanto estratégica como
religiosa, y servía como residencia de los tlatoanis. La historia del lugar, por tanto,
se entrelaza con la fundación misma de Tenochtitlan y la riqueza cultural y espiritual
de los pueblos originarios.

Con la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, el sitio pasó


a formar parte de la nueva capital virreinal. Durante esta etapa, Chapultepec
experimentó una transformación radical, adaptándose a las necesidades del
virreinato. El edificio original, que más tarde se convertiría en el Castillo de
Chapultepec, fue utilizado para diversos fines, incluyendo el de fortaleza militar y
residencia de funcionarios del virrey. A lo largo del periodo virreinal, la edificación
fue sometida a varias modificaciones, reflejando los cambios políticos y sociales de
la época.

El siguiente gran capítulo en la historia del Castillo de Chapultepec ocurrió en


el siglo XIX, con la llegada del Imperio de Maximiliano de Habsburgo. Durante el
reinado del archiduque austriaco, el Castillo de Chapultepec fue remodelado y
convertido en su residencia oficial, transformándose en un elegante palacio que
reflejaba la opulencia del imperio. Maximiliano y su esposa Carlota dotaron al
Castillo de Chapultepec de un estilo arquitectónico europeo, fusionado con
elementos del arte y la arquitectura mexicana, lo que le otorgó una identidad única.
El castillo no solo fue testigo de los últimos momentos del Imperio de Maximiliano,
sino que también fue escenario de los eventos cruciales durante la intervención
francesa y la caída del imperio.

A partir de la Revolución Mexicana y el ascenso de Porfirio Díaz, el Castillo


de Chapultepec adquirió un nuevo papel, pues se convirtió en residencia
presidencial. Durante el gobierno de Díaz, el Castillo pasó por una serie de
reformas que lo adaptaron para albergar a la familia presidencial y servir como un
símbolo de la modernidad porfirista. Su papel como centro de poder continuó
incluso después de la caída de Díaz en 1911. El castillo fue testigo de varios
momentos cruciales, como la ocupación estadounidense de 1847, cuando los
soldados norteamericanos tomaron el lugar durante la guerra con los Estados
Unidos, un evento que marcó profundamente la memoria histórica de la nación y
que se conmemora en la Batalla de Chapultepec.

Finalmente, tras la Revolución Mexicana y el nacimiento del México


moderno, el Castillo de Chapultepec pasó a ser un símbolo de la nación, un lugar
de confluencia entre las diversas culturas que han dado forma al país. En 1944, el
Castillo de Chapultepec fue convertido en el Museo Nacional de Historia, lo que
permitió a generaciones futuras conocer y reflexionar sobre los eventos históricos
que se desarrollaron en ese espacio.

El Castillo de Chapultepec no solo es un testigo de la historia política de


México, sino también un testimonio del sincretismo cultural que ha caracterizado al
país. Desde la época prehispánica hasta la contemporánea, la construcción y los
cambios en el Castillo reflejan la complejidad de la historia de México, marcada por
la interacción de diversas culturas, tradiciones y sistemas de poder. Cada piedra,
cada remodelación, cada época que ha tocado el castillo ha dejado una huella que
hoy nos permite comprender la rica y compleja historia de México, desde sus raíces
indígenas hasta la conformación de una nación moderna y plural.

El castrillo de chapultepec, es la representacion de la grandeza y la influencia


extrangera que al mismo tiempo hace que nuestra nacion sea integra y diferente a
las demas.

El castillo de chapultepec, es uno de los monumentos mas emblematicos de


México, no solo por su hermosa arquitectura, sino que al igual que la catedral
metropolitana, es el fruto de las dsitintas transformaciones politicas y culturales de
nuertro pais a lo largo de los siglos.

En sus muros resuenan las huellas de distintas culturas y periodos, desde los
vestigios de la México prehispánico y su conexión con la gran Tenochtitlán, hasta
las invasiones extranjeras, las luchas de independencia, el imperio de Maximiliano,
el porfiriato y finalmente el nacimiento de una nación moderna y mestiza. Cada una
de estas fases ha dejado su marca en el Castillo, lo que lo convierte en una síntesis
de la historia de México, una historia rica y compleja que combina lo indígena y lo
europeo, lo autóctono y lo foráneo, lo heroico y lo moderno.

En conclusión, el Castillo de Chapultepec es mucho más que un edificio


histórico; es un símbolo de la grandeza de México, de sus luchas, sus victorias, sus
desafíos y su identidad mestiza. Es una representación tangible de las influencias
extranjeras que, lejos de diluir la esencia nacional, han contribuido a crear una
nación única y diversa, diferente a las demás. El Castillo es testigo de cómo, a
través de los siglos, México ha forjado su independencia, su identidad cultural y su
unidad, haciendo frente a las adversidades, pero también abriendo sus puertas al
progreso y a la modernidad. Así, el Castillo de Chapultepec no solo guarda la
memoria de los eventos que definieron la historia de México, sino que también
sigue siendo un símbolo vivo de la compleja y rica historia de nuestro país.

Imagenres
Figura 1:

Figura 2:

Figura 3:
Figura 4:

Figura 5:
Figura 6-12:

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