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El pe ad de
Com o posibilid
encontra r a Dios
Seminario de Teología Bíblica
Poli Lasala
Introducción
En este trabajo de investigación me interesa tomar el pecado desde la moral fundamental
para orientar y catequizar bien sobre la teología el pecado. Es decir, muchas veces (por
alguna catequesis que hemos recibido) vemos que el pecado es una traba o anulación en la
relación con Dios que puede haber algo de cierto, pero a algunas personas no la ayuda a
salir de eso y se le dificulta la relación con Dios. Quisiera tomar esa arista del pecado
como posibilidad de apertura a la amistad con Dios.
El pecado
Body
Spirit, Soul, Body Soul
Respecto a esto ¿Se puede ver
el pecado como locus Spirit
theologicus, es decir, un lugar
teológico desde el cual se
puede reflexionar sobre la
relación del ser humano con
Dios?
Aversio Deo no es creado ni
querido por Dios
Esto suena paradójico porque pensar el
pecado como la oportunidad de encontramos
con Dios, con su amor y su gracia es algo muy
interesante… (y hasta suena herético jeje)
Pecado en los orígenes
Los términos con que lo designa el Antiguo
Testamento son múltiples y están tomados
de ordinario de las relaciones humanas:
falta, iniquidad, rebelión, injusticias, etc. En
los relatos de génesis 3, si bien aquí no se
nombra la palabra pecado, es necesario
comprender y partir de aquí.
Terminología en el AT
EN HEBREO LA
PALABRA COMÚN
PARA "PECADO" PESA´:
,ES HATTÁʼTH (Is 1,2; Jer 2,29)
חטא -´AWON
(Sal 31,1; 51,7; Miq 7,19;
significa una deficiencia; por Is 65,7)
ejemplo, fallar un objetivo (Jue
indica rebelión contra un
20,16), en sentido moral el proviene de un verbo que
superior político (1 Re 12,19)
término indica la transgresión significa cometer una
y se aplica también a la
de un uso, de una regla injusticia en sentido jurídico;
rebelión contra Dios.
establecida (Gén 20, 9) el nombre indica una acción
conscientemente contraria a la
norma recta
Dios reconcilia
El relato de este primer pecado no se concluye
sin dar al hombre una esperanza.
La iniciativa de la ruptura ha venido del
hombre; es evidente que la iniciativa de la
reconciliación sólo puede venir de Dios.
En palabras de San
Pablo (Rm 5, 12. 15)
Pecado en el NT
El Nuevo testamento revela que este
siervo venido para librar al hombre del
pecado no es otro que el propio hijo de
Dios.
La palabra griega para pecado
es hamartia (ἁμαρτία), que
significa "fallo de la meta, no dar
en el blanco".
Gestos y palabras
Esta actitud de Dios frente al pecado
todavía la revela más Jesús con sus actos
que con sus palabras. No solo acoge a los
pecadores con el mismo amor y con la
misma delicadeza que el padre de la
parábola (Lc 1,36ss; 19,5) exponiéndose
a escandalizar a los testigos de tal
misericordia, tan incapaces de
comprenderla como lo había sido el hijo
mayor (Lc 15, 28ss)
El pecado en
Juan Lo define como
hostilidad a Dios y
su reinado
Esta hostilidad se manifiesta primero
concretamente en el repudio voluntario
de la luz. El pecado tiene la opacidad de
las tinieblas: “La luz vino al mundo y los
hombres amaron más las tinieblas que la
luz porque sus obras eran malas” (Jn
3,19).
La teolog ía del pe c ado
seg ú n San Pa b lo
Pablo puede distinguir todavía más
netamente el pecado (hamartía, en
singular), y los actos pecaminosos,
llamados faltas (paraptoma). O
transgresiones (parabasis). Así el pecado
cometido por Adán en el paraíso, del que
se sabe la importancia que le da San
Pablo, es denominado sucesivamente
trasgresión o desobediencia (Rm 5,
14.17.19).
El pecado, presentado como un
poder personificado, hasta el punto
de parecer a veces confundirse con
el personaje de Satán, “el Dios de
este mundo” (2 Cor 4,4), se
distingue, sin embargo, de él:
pertenece al hombre pecador, es
algo interior a él. Introducido en el
género humano por la desobediencia
de Adán (Rm 5, 12-19)
Pablo reconoce que “todos pecaron y
están privados de la gloria de Dios” (Rm
3,23), pero también que “donde abundó el
pecado, sobreabundó la gracia” (Rm
5,20). El pecado según vemos es,
entonces, la ocasión en la que el ser
humano puede reconocer su necesidad
de Dios, su incapacidad para salvarse
por sí mismo, y abrirse a la gracia y el
perdón que sólo Dios puede ofrecer. En
este sentido, el pecado no es el fin de la
relación con Dios, sino el punto donde la
persona puede reencontrarse con Él de
una manera más profunda y reconocer la
dependencia de su amor.
La convicción profunda del cristianismo
primitivo es que en el mundo, antes de la
revelación cristiana, el pecado reinaba
El pecado en la como soberano y estaba difundido
universalmente, produciendo como su
época de los fruto más aparente la muerte moral y
Padres de la física de la humanidad (Meliton de
Sardes, De Pascha 48ss)
Iglesia
San Agustín
Para Agustín, el pecado de cada hombre
sigue el mismo mecanismo que el de
Adán: consiste esencialmente en un
aversio a Deo provocada por el orgullo, y
al mismo tiempo en una conversio ad
creaturas causada por el uso autónomo y
rebelde del libre albedrío, no iluminado y
socorrido por la gracia divina (Quaest.
Simpl. I, 2, 18)
Conclusión
Siempre seguimos siendo pecadores, pero pecadores
perdonados, pecadores en perdón, pecadores en
conversión. No puede darse otra santidad acá abajo, pues
la gracia no puede actuar de otra manera. La conversión es
asunto de tiempo. El hombre necesita tiempo, y Dios
quiere también necesitar tiempo con nosotros.
Es un tiempo que podemos utilizar para encontrar a Dios
una vez más y encontrarlo mejor en su admirable
misericordia. Más tarde, después de la muerte, podremos
vivir fuera del tiempo. Hoy se nos da el tiempo para
conocer cada vez mejor a Dios. Es siempre un tiempo de
conversión y de gracia, don de su misericordia.