CAPITULO VI
PROCESO ABREVIADO DE TERCERA
1. SIGNIFICADO
En principio, el proceso relaciona únicamente al demandante y al
demandado, sin embargo, en ocasiones puede vincular a terceros. Se
dan aquí dos situaciones: en la primera, el tercero hará valer sus
derechos interviniendo la litis para evitar los efectos desfavorables de
una sentencia; en la segunda, el tercero reclamará en vía de acción,
como parte demandante en un proceso ¡¡especial (de tercería), la
propiedad de un bien afectado con alguna medida cautelar :;o para la
ejecución o con alguna garantía real, o sino reclamará la preferencia
sobre el producto que se obtenga de los bienes de la parte perdedora
en la etapa de ejecución de sentencia del proceso que motiva su acción
de tercería.
La tercería, strictu sensu, es el proceso por el cual el tercero (que actúa
aquí como demandante) se opone a los intereses de los sujetos activo
y pasivo de la relación jurídica procesal que encierra en forma accesoria
la medida cautelar que perjudica al primero de los nombrados, ya sea
para exigir el levantamiento de una medida precautoria indebidamente
trabada sobre un bien de su propiedad o para reclamar su derecho a ser
reintegrado de su crédito de manera preferencial con el producto
obtenido del remate de los bienes de su deudor afectados por una
medida cautelar en favor de otro acreedor. La tercería también tiene por
finalidad la cancelación de las garantías reales que afectan el bien del
perjudicado, siempre que su derecho de propiedad se encuentre inscrito
con anterioridad a la afectación real de que se trate.
Rodríguez Garcés dice de la tercería lo siguiente:
Tercería o intervención de terceros en juicios es la reclamación o
intervención de una o más personas en un juicio que se sigue entre
otras, que son las directamente interesadas, que tienen interés en los
resultados de ese juicio por tener un derecho comprometido en él.
Cualquier cuestión que formule un tercero, en defensa de un derecho
que dice pertenecerle, en un juicio pendiente que siguen otros dos se
denomina tercería.
Se da el nombre de tercería a la intervención misma del tercero en el
juicio y a la acción que éste ejercita (RODRÍGUEZ GARCES, 1967,
Tomo 1:43).
El mencionado autor agrega que se entiende por tercería el
procedimiento a que da origen la acción deducida por una persona
extraña al pleito, porque, hasta ese momento no inviste el carácter de
demandante ni de demandado alegando derechos diferentes al
invocado por las partes (RODRÍGUEZ GARCES, 1967, Tomo I: 46).
Sobre el particular, Podetti anota lo siguiente:
En su acepción común, aun dentro del vocabulario jurídico, tercero es
una persona, ajena a una relación o a una controversia suscitada entre
otras.
Yo lo empleo con un significado más amplio, que es diverso del
precedente. El proceso común y también considerado históricamente,
tiene dos sujetos: actor y reo o demandado, que con el juez,
constituyen la trilogía romana que da origen a la idea de relación
jurídica. Simples o compuestos, los sujetos clásicos son dos: actor
(Prímus) y demandado (Secundus). Pero puede intervenir,
voluntariamente o por llamado de las partes o del juez, antes o después
de trabada la contienda, otro sujeto (Tertius), que bien puede ser actor
(como litis-consorte, coadyuvante, substituto o sucesor del actor) o
demandado, pero que es SIEMPRE un nuevo sujeto distinto
físicamente de los anteriores y jurídicamente también, aun cuando sea
sólo en matices de su interés.
A este NUEVO SUJETO, lo llamo tercerista o tercero, con el significado
de que no es Primus (actor originario), ni Secundus (demandado
originario). Así, llamo tercerista: al llamado en garantía (real o personal),
al denunciado por el ficto poseedor y a todo aquel que por su interés
propio directo o por defender un interés ajeno a fin de defender el
propio, sea ese interés originario o por cesión, sucesión o substitución,
interviene en un proceso pendiente, sea como litisconsorte de los
sujetos originales, en lugar de uno de ellos o en forma excluyente.
En resumen, cuando posteriormente a la demanda, o sea al ejercicio por
el actor de la facultad de pedir protección jurídica, interviene otro u otros
sujetos (fuera del demandado o demandados contra quienes se dirigió
la demanda), substituyendo o coadyuvando o no, a/o con los sujetos
principales, sostengo que hay TERCERÍA. Puede haber pluralidad de
actores o de demandados o no, puede haber un nuevo sujeto frente a
actor o demandado originario (Tertius en sentido restringido o clásico) o
no. Puede haber una o varias litis o controversias (PODETTI, 1949: 32-
34).
Para Máximo Castro, tercería no significa otra cosa que la intervención
de un tercero en un juicio, sea ordinario o ejecutivo (CASTRO, 1931,
Tomo tercero: 123).
En palabras de Enrique Falcón, se llama tercería a la pretensión
independiente de un tercero, ajeno al proceso, que pretende el dominio
de los "bienes embargados, o tener un mejor derecho que el
embargante sobre dichos bienes (FALCON, 1978: 86).
En opinión de Lino Palacio, en términos generales, denominase
tercería a la pretensión que puede interponer una persona ajena a las
partes que intervienen o figuran en un determinado proceso, a fin de
que se disponga el levantamiento de un embargo trabado en ese
proceso sobre un bien de su 1 propiedad, o de que se le reconozca el
derecho a ser pagado con preferencia al i embargante con el producto
de la venta del bien que ha sido objeto de dicha i medida (PALACIO,
1983, Tomo III: 273-274).
El citado tratadista argentino añade lo siguiente:
Las tercerías no deben ser confundidas con la forma de intervención
denominada principal o excluyente. A raíz de esta última, en efecto, el
tercero se incorpora a un proceso pendiente a fin de interponer una
pretensión incompatible con la que constituye el objeto de aquél, y
asume, por consiguiente, el carácter de parte en ese mismo proceso. De
allí que la sentencia que se dicte en éste lo afecte en la misma medida
que a las partes originarias.
En las tercerías, por el contrario, la pretensión del tercero no interfiere
con la interpuesta por el actor originario, y viene a constituir el objeto de
un proceso incidental con respecto a aquél en el cual se decretó el
embargo. Por lo tanto, si bien el tercerista reviste el carácter de parte
actora en el proceso de tercería, continúa siendo un tercero con relación
al proceso principal, a cuyo resultado es indiferente. Ello sin perjuicio de
que se le reconozca la facultad de intervenir en dicho proceso al solo
efecto de formular peticiones limitadas al objeto de la tercería
(PALACIO, 1983, Tomo III: 274-275).
Según López del Carril, tercerista es aquel a quien le han embargado
bienes que afirma le pertenecen, como si fueran de un extraño, o que
tiene I preferente derecho a hacerse pagar con el producido de dichos
bienes, aunque realmente sean del deudor (LÓPEZ DEL CARRIL, 1962:
246).
Feixó pone de relieve que el juicio de tercería sólo queda establecido
para liberar la cosa de un embargo específico en el caso de tercería de I
dominio, o de recabar prioridad en el producto de dicha cosa, pero en
manera alguna cabría utilizar dicho procedimiento para defender el
tercero la propiedad de una cosa que estando en su posesión ordenase
entregar una sentencia que resolviera un litigio entre partes ajenas al
tercero (FETXO, 1955: 223).
Al respecto, es de destacar que, no obstante lo señalado en los
párrafos' precedentes, la medida cautelar puede recaer en bien de
tercero, tal como lo autoriza el primer párrafo del artículo 623 del Código
Procesal Civil, cuando se acredite su relación o interés con la pretensión
principal (en cuyo caso resultaría inviable la tercería). Tal afectación se
encuentra condicionada, según dicho numeral, a que el tercero haya
sido citado con la demanda, lo que parecería descartar la procedencia
de las medidas anticipadas o fuera de proceso respecto de los bienes
de terceros. Sobre esto ultimó nos inclinamos a opinar en contrario dada
la naturaleza y finalidad de toda medida cautelar, en especial de
aquellas peticionadas fuera del proceso, pues la restricción de éstas
puede representar la ineficacia del fallo que aseguran. Por otro lado, la
formalización dé la afectación de los bienes del tercero, en atención al
mandato preventivo, le confiere automáticamente legitimidad para
intervenir en el proceso principal y en el cautelar (última parte del
primer párrafo del art. 623 del C.P.C.), razón por la cual se encuentra
eximido de acreditarla. Sería absurdo negar su participación en la litis
por falta de legitimidad cuando en consideración a ella el juzgador ha
dictado el auto cautelar ordenando la afectación de su patrimonio, y, es
más, cuando dicha falta de legitimidad puede constituir el argumento del
tercero para ejercer su defensa en juicio y para solicitar e! levantamiento
de una medída cautelar indebidamente peticionada, dispuesta y
ejecutada.
Finalmente, hay que indicar que, conforme a nuestro ordenamiento
jurídico, la tercería es un asunto contencioso que se tramita en proceso
abreviado (art. 486 -inc. 5)- del C.P.C.) y que se encuentra regulado en
el Sub- Capítulo 5o (Tercería) del Capítulo II (Disposiciones especiales)
del Título II (Proceso abreviado) de la Sección Quinta (Procesos
contenciosos) del Código Procesal Civil, en los arts. 533 al 539.
2. VIA PROCEDIMENTAL
Siendo materia de controversia el objeto sobre el cual recae una medida
cautelar, se suele confundir al proceso de tercería como un trámite
incidental cuando en realidad es autónomo, es decir, se ventila en forma
independiente al proceso en el cual se produjo la afectación del bien.
Como se dijera anteriormente, la tercería se tramita en vía de proceso
abreviado (arts. 100 y 486 -inc. 5)- del C.P.C). Este era conocido antes
como juicio de menor cuantía (tal equivalencia es hecha por la Tercera
Disposición Final del Código Procesal Civil).
3. COMPETENCIA
Tratándose la tercería de un proceso abreviado, habrá que estar a lo
dispuesto en la norma general de competencia para dicha clase de
proceso. Así, el artículo 4b'S del Código Procesal Civil preceptúa lo
siguiente:
Son competentes para conocer los procesos abreviados los Jueces
Civiles, los de Paz Letrados, salvo en aquellos casos en que la lev
atribuye su conocimiento a otros órganos jurisdiccionales. Los Juzgados
de Paz Letrados son competentes cuando la cuantía de la pretensión es
mayor de cien y hasta quinientas Unidades de Referencia Procesal;
cuando supere este monto, los Jueces Civiles.
Advertimos que, como la demanda de tercena se dirige contra el
bienandante y el demandado del proceso en que se dispuso y trabó la
medida cautelar que dio lugar a la pretensión de tercería, adquiriendo
aquéllos la condición de demandados en el proceso objeto de nuestro
estudio, resulta de Locación lo dispuesto en el artículo 15 del Código
Procesal Civil según el cual siendo dos o más los demandados, es
competente el Juez del lugar del domicilio de cualquiera de ellos.
4. REQUISITOS
Se desprende de los artículos 533, 534 y 535 del Código Procesal Civil
que son requisitos de la demanda de tercería en general los siguientes:
La existencia de una medida cautelar o para la ejecución que
afecte bienes de propiedad de tercero o que afecte el derecho
preferencial de tercero g ser pagado con el producto que se
obtenga de tales bienes, o ia existencia de un derecho real de
garantía que afecte indebidamente un bien de propiedad de un
tercero cuye derecho de dominio se encuentra inscrito con
anterioridad a tal afectación (art. 533 del C.P.C).
La interposición de la demanda en la oportunidad prevista por la
ley (art. 534 del C.P.C).
Los requisitos y anexos generales contemplados en los artículos
424 y 425 del Código Procesal Civil (art. 535 del C.P.C.)
La acreditación fehaciente del derecho en que se funda el
tercerista ya sea con documento público o privado de fecha cierta
(art. 535 del C.P.C).
El ofrecimiento por parte del tercerista de garantía suficiente a
criterio del Juez para responder por los daños y perjuicios que la
tercería pudiera irrogar, en el caso que no se adjuntase a la
demanda documento público o privado de fecha cierta que
pruebe el derecho invocado por el interesado (art. 535 del C.P.C).
Lino Palacio, en relación al embargo como requisito de la tercería en
general, apunta lo siguiente:
La admisibilidad de las tercerías, cualquiera sea su clase, se halla
condicionada a la existencia ele un embargo. En caso contrario no
existiría interés jurídico que las sustentase, porque aun en la hipótesis
de que en un proceso pendiente entre otras personas la controversia
versara sobre el dominio de un bien de propiedad del tercerista, o sobre
un crédito de éste relacionado con la cosa litigiosa, la sentencia que en
ese proceso dictara le sería inoponible y carecería por lo tanto de toda
virtualidad para despojarlo del bien o de un derecho preferencial sobre
él.
No basta, por otra parte, que el embargo haya sido ordenado. Además
es necesario que haya sido efectivamente trabado. Cabe señalar
asimismo, que la jurisprudencia ha extendido la admisibilidad de las
tercerías frente a la existencia de otra clase de medidas o situaciones
procesales cuyas consecuencias equivalen esencialmente a las del
embargo. De allí que se haya decidido que la pretensión, de tercería
puede ser interpuesta con motivo del secuestro (PALACIO, 1983, Tomo
III: 276).
El mencionado autor argentino, refiriéndose esta vez a la prueba de la
verosimilitud del derecho del tercerista o, en su defecto, a la prestación
de fianza, como requisitos de la tercería en genera, hace estas
precisiones:
La ley condiciona la admisibilidad de toda tercería al cumplimiento de
un. requisito específico: la prueba, mediante instrumentos fehacientes; o
en forma sumaria, de la verosimilitud del derecho en que se funda, o la
prestación de fianza para responder de los perjuicios que pudiere
producir la suspensión del proceso principal.
Se trata de un requisito extrínseco de admisibilidad de la pretensión,
que funciona, como tal, independientemente de la eventual fundabilidad
de aquélla, y cuyo cumplimiento tiende a evitar que la mera interposición
de la tercería se convierta en un factor obstruccionista del proceso
principal.
De allí que la prueba inicialmente aportada por el tercerista deba
limitarse a acreditar la verosimilitud, y no la existencia plena y efectiva
de su j derecho, extremo que será susceptible de comprobarse durante
el pertinente período probatorio.
Lo expuesto, sin embargo, no obsta para que, pese a la circunstancia
de haberse aportado inicialmente elementos probatorios, éstos
carezcan manifiestamente de relevancia para que la tercería prospere.
Tal lo que ocurriría, [Link]., si el tercerista acompañara un documento que
en modo alguno fuese susceptible de acreditar la titularidad del dominio
o invocara la existencia de un crédito carente de todo privilegio.
El tercerista, según hemos señalado, puede optar por prestar una fianza
tendiente a responder de los perjuicios que pudiere producir la
suspensión del proceso principal. Consideramos que el tercerista puede
ofrecer una caución real ([Link].: depósito de dinero o de otros I, valores,
constitución de una hipoteca, etc.), como así también la garantía de
instituciones bancarias o de personas de acreditada responsabilidad
económica, siendo suficiente, en este último supuesto, la presentación
del documento en el que conste el ofrecimiento de la garantía. Por el
contrario, se hallaría excluida en el caso la posibilidad de otorgar mía
mera caución juratoria, pues ésta sólo puede jugar en materia de
medidas cautelares y en la hipótesis de mayor verosimilitud en la
existencia del derecho, extremo que en este caso resulta descartado
precisamente como consecuencia de la opción del tercerista.
En lo que concierne al monto de la fianza o de la caución, debe ser
fijado sobre la base de los efectos que puede producir la demora en la
percepción del crédito por parte del embargante. De allí que el juez
deba atenerse, primordialmente, al monto de los intereses que pueden
devengarse durante el lapso probable de suspensión del proceso, como
así también a las costas que esa circunstancia es susceptible de
producir.
En el supuesto de no acreditarse, 'prima facie', la existencia del
derecho, o de no ofrecerse la garantía, el juez está habilitado para
declarar, de oficio, la inadmisibilidad de la tercería (PALACIO, 1983,
Tomo III: 280-283).
5. CLASES
La tercería puede ser de dos clases:
Tercería de propiedad (o excluyente de dominio).
Tercería de derecho preferente (o de pago).
5.1. Tercería de propiedad o de dominio
5.1.1 Concepto
La tercería de propiedad (o de dominio o excluyente) es el proceso
dirigido a acreditar el dominio de un bien sobre el cual recae una
medida
cautelar o para la ejecución dictada en otro proceso, para así lograr su
desafectación por haber sido dicha medida indebidamente solicitada y
decretada. La tercería de propiedad también puede ser promovida con
el objeto de lograr la cancelación de las garantías reales que afectan el
bien del tercero perjudicado, siempre y cuando su derecho de propiedad
se encuentre inscrito con anterioridad a la afectación real en cuestión.
Para Enrique Falcón, la tercería de dominio es aquella en la que el
tercerista reclama la propiedad de la cosa embargada (FALCON, 1978:
86).
Alessandri refiere que los terceros excluyentes son aquellos que
sostienen pretensiones incompatibles con las de las partes
(ALESSANDRI, I940:25). Dicho autor añade que la tercería de dominio
es una forma especial intervención de tercero excluyente: el tercero pide
que se excluya del embargo una cosa sobre la cual alega dominio
(ALESSANDRI, 1940: 26).
Máximo Castro sostiene que tercería excluyente es la del que reclama
un derecho exclusivo o peculiar suyo, que se opone al del actor y al del
demandado o intenta limitar la extensión del ejercicio del derecho que
uno de ellos preterid*- I es decir, que el tercerista constituye en
demandado a las dos partes que intervienen en el juicio principal
(CASTRO, 1931, Tomo Tercero: 125).
Máximo Castro enseña, además, que:
En la tercería de dominio el opositor alega ser suyos los bienes en que
se hace la ejecución, para que se desembarguen y se le entreguen.
El tercerista puede cuestionar el dominio de la totalidad de la cosa, o el
de una parte de ella; o bien puede cuestionar la totalidad de los
derechos reales comprendidos o uno de los derechos de
desmembración de que puede ser susceptible el dominio pleno.
Esta tercería puede recaer sobre cosas muebles o inmuebles
(CASTRO, 1931, Tomo Tercero: 126).
Según Gómez de Liaño González y Pérez-Cruz Martín, en el término S
tercería de dominio se denomina la reacción del tercero que sufre en su
patrimonio una agresión al ser embargados bienes cuya titularidad a él
le corresponde y no al ejecutado (GÓMEZ DE LIAÑO GONZÁLEZ; y
PÉREZ CRUZ MARTIN 2001, Tomo II: 810). Los mencionados autores
agregan que la tercería de dominio se origina como consecuencia de
la oposición de un tercero a un acto concreto de embargo, instando el
levantamiento de la afección decretada sobre un bien o derecho
determinado en función de la afirmación de la titularidad sobre dicho
bien, siempre que dicha titularidad la haya adquirido previamente a
haberse decretado el embargo. Constituye, pues, el objeto de la
tercería de dominio el alzamiento del embargo que es solicitado por el
tercerista y negado por el ejecutante y, en su caso, por el ejecutado
(GÓMEZ DE LIAÑO GONZÁLEZ; y PEREZ-CRUZ MARTIN, 2001,
Tomo II; 810-811).
A decir de Redenti, con la denominación de oposición de terceros (léase
tercería de dominio) se comprende la hipótesis de que en un
procedimiento de expropiación (entiéndase de ejecución) se hayan
afectado o atropellado bienes de terceros extraños; y quiere aprontar
para ellos el modo de sustraerlos legalmente a la ejecución, o en su
defecto, el modo de recuperar su precio, mientras sea posible
(REDENTI, 1957, Tomo II: 506). El indicado jurista italiano añade que
en este juicio (de oposición del tercero o de tercería de dominio) el
tercero, actor en oposición, pedirá evidentemente que se declaren
jurídicamente ineficaces los actos ejecutivos en cuanto han afectado sus
bienes, y pedirá consiguientemente a su favor una restitución al primitivo
estado. Pero como base de esta demanda y del juicio del juez a ese
propósito, tendrá que haber anualmente al menos) una declaración de
certeza acerca de la titularidad (correspondencia, pertinencia de dichos
bienes) (REDENTI, 1957, Tomo II: 508).
En opinión de Alsina, teniendo por objeto la protección del dominio, la
tercería importa el ejercicio de la acción reivindicatoria cuando en un
proceso se afectan los derechos del propietario (ALSINA, 1962: Tomo
V: 551).
En sentido similar se pronuncia Podetti cuando afirma que, por regla
general, la tercería de dominio involucra el ejercicio de la acción
reivindicatoria en contra del ejecutado (como presunto titular del dominio
discutido) y en contra del ejecutante (a quien interesa se reconozca ese
derecho en el Remandado) (PODETTI, 1949: 85).
Rodríguez Garcés, en relación a la tercería de dominio, hace estas
acotaciones:
Si la pretensión del tercero es c puesta a los intereses de ambas
partes, el tercero se denomina tercero excluyente. El tercer-, es
excluyente cuando reclama derechos contrarios o incompatibles
con el de ambos litigantes (RODRÍGUEZ GARCES, 1967 tomo
I:46).
El objeto de las tercerías excluyentes es resguardar derechos de
terceros que pueden resultar perjudicados a consecuencia de un
juicio del que no han sido parte» (RODRÍGUEZ GARCES, 1967,
Tomo I: 61-62).
En doctrina el tercero excluyente podría interponer su
reclamación en dos formas: a) interviniendo incidentalmente en el
mismo juicio seguido entre demandante y demandado y, una vez
admitida; a su intervención, tomando parte en los actos de
substanciación de él; y b) iniciando un nuevo juicio en contra de
las partes principales ante el mismo juez que conoce del pleito
(RODRÍGUEZ GARCES, 1967, Tomo I: 62).
Tercería de dominio es la reclamación que hace un tercero en un
juicio ejecutivo, alegando dominio sobre ¡ bienes embargados,
para que se alce el embargo y se le reconozca su derecho»
(RODRÍGUEZ GARCES, 1967, Tomo 1: 261).
Rodríguez Garcés cita la siguiente jurisprudencia chilena referida al
objeto de debate en la tercería de dominio:
En las tercerías de dominio no se trata de declarar ese derecho, sino de
definir si se encuentra o no establecido el que el tercerista invoca en
apoyo de su acción. Por consiguiente, corresponde estudiar de qué
manera se encuentra constituido en el patrimonio del tercerista el
dominio que pretende sobre el bien embargado (RODRÍGUEZ
GARCES, 1967 Tomo 1:263).
Prieto-Castro y Ferrándiz pone de relieve lo siguiente: Objeto procesal
de la demanda de tercería de dominio es una actio reivindicatoría ex
iure dominio y objeto material es la exclusión del embargo de los bienes
del actor, la declaración de libertad de los mismos y su reintegración a él
(PRIETO-CASTRO Y FERRÁNDIZ, 1983, Volumen 2:230).
Sobre el tema en estudio cabe indicar que el primer párrafo del artículo
100 del Código Procesal Civil establece que puede intervenir en un
proceso quien pretende se le reconozca su derecho en oposición a los
litigantes, como consecuencia de alguna medida cautelar ejecutada
sobre un bien de su propiedad o sobre el cual tuviera un mejor derecho
que el titular de la medida, cautelar. Dicho numeral trata, pues, del
proceso de tercería de propiedad según se deriva de su contenido y del
trámite en vía abreviada y como proceso de tercería que se le asigna en
su último párrafo.
Advertimos que para la procedencia de la tercería de propiedad el título
del demandante (tercerista) debe ser anterior a la fecha de la decisión
cautelar cuestionada, porque de ser posterior aquél asume la carga que
implica la medida preventiva (salvo que estuviese amparado por el
principio de la buena fe registral, de ser el caso).
5.1.2 Fundamento
El fundamento de la tercería excluyente de dominio radica en la
concepción misma del derecho de propiedad: derecho real por el cual
un bien se encuentra sometido a la voluntad y acción de una persona
en forma; exclusiva, pudiendo el dueño impedir a los demás su uso,
goce o disposición., i En consecuencia, el proceso de tercería se basa
en la protección del indicado derecho real, significando el ejercicio de la
acción reivindicatoría cuando en alguna litis se afecten los derechos del
titular. Es de resaltar que si el bien-sobre el cual recae la medida
precautoria o para la ejecución fuese sólo poseído por el sujeto
procesal que la sufre en forma inmediata, será el propietario quien
podrá reivindicarlo haciendo uso de la tercería de propiedad.
Posición semejante es la que adopta Podetti cuando asegura que el
fundamento de la tercería de propiedad surge de la garantía
constitucional de la propiedad cuando en la ejecución seguida contra
una persona, se embarga un bien cuyo dominio pertenece o se atribuye
a un tercero (PODETTI, 1949: 62).
Amílcar Mercader señala al respecto que cuando se trata de tercerías
de mejor derecho o de dominio lo que ocurre no es otra cosa que la
sincronización o coordinación de dos o más procesos, con el único fin
de evitar el escándalo jurídico de las posibles sentencias contradictorias
o de abreviar los desarrollos jurisdiccionales con sentido de economía
procesal (MERCADER; citado por LÓPEZ DEL CARRIL, 1962: 250).
El artículo 533 del Código Procesal Civil hace referencia al fundamento
de la tercería de propiedad estableciendo que:
La tercería se entiende con el demandante y el demandado, y sólo
puede fundarse en la propiedad de los bienes afectados judicialmente
por medida cautelar o para la ejecución.
Sin perjuicio de lo señalado, puede fundarse en la propiedad de bienes
afectados con garantías reales, cuando el derecho del tercerista se
encuentra inscrito con anterioridad a dicha afectación.
5.1.3 Finalidad
Según Eduardo Pallares, la tercería excluyente de dominio tiene por
objeto que se declare que el tercer opositor es dueño del bien que está
en litigio, en el juicio principal, que se levante el embargo que ha
recaído sobre él y se le devuelva con todos sus frutos y accesorios, o
bien que se declare que es I el titular de la acción ejercitada en dicho
juicio (PALLARES, 1979:595-596).
Por su parte, Rodríguez Garcés asevera que la tercería de dominio tiene
un triple objetivo: a) reconocer el derecho de dominio del tercerista
sobre los bienes embargados; b) se alce el embargo que lesiona el
derecho de propiedad de este tercero; y c) se le entreguen los bienes
materia de la tercería cuando a consecuencia del embargo ha sido
privado de la tenencia, uso y goce de ellos (RODRÍGUEZ GARCES,
1967, Tomo I: 263).
5.1.4 Requisitos
Se infiere de los artículos 533, 534 y 535 del Código Procesal Civil que
son requisitos de la demanda de tercería de propiedad los siguientes:
La existencia de una medida cautelar o para la ejecución trabada
sobre bienes de propiedad de tercero, o la afectación de tales
bienes con garantías reales, siempre y cuando, en este último
caso, el derecho del tercerista se encuentre inscrito con
anterioridad a dicha afectación (art. 533 del C.P.C.).
La interposición de la demanda en la oportunidad prevista por la
ley (art. 534 del C.P.C.).
Los requisitos y anexos generales contemplados en los artículos
424 y 425 del Código Procesal Civil (art. 535 del C.P.C.).
La acreditación fehaciente del derecho en que se huida el
tercerista (esto es, de propiedad), ya sea con documento público
o privado de fecha cierta (art. 535 del C.P.C.).
El ofrecimiento por parte del tercerista de garantía suficiente
criterio del Juez para responder por los daños y perjuicios que la
tercería de dominio pudiera irrogar, en el caso que no se
adjuntase a la demanda documento público o privado de fecha
cierta que pruebe el derecho de propiedad invocado por el
interesado art. 535 del C.P.C.).
Para Gómez de Liaño González y Pérez-Cruz Martín, son presupuesto
de la tercería de dominio los que se indican a continuación:
Pendencia de una ejecución.
Embargo de bienes o derechos que no sean propiedad del
ejecutado.
Título del tercerista.
Interposición de la tercería en el plazo dispuesto al efecto
(GÓMEZ DE LIAÑO GONZÁLEZ; y PEREZ-CRUZ MARTIN 2001,
Tomo II: 812).
Rodriguez Garces, acerca de los requisitos de la terceria de dominio,
nos ilustra de este modo:
Para poder deducir tercería de dominio, es necesario que se haya
embargado bienes en poder del deudor y que no le pertenezcan o que
encontrándose en poder de mi tercero éste haya reconocido tácitamente
como de propiedad del ejecutado las especies que se embarguen al
permitir la traba. Se exige también, aparte de los requisitos de forma,
dos requisitos de fondo: Ellos son: a) ser tercero; y b) tener dominio
sobre los bienes embargados.
a).- Ser tercero. Esta persona ajena al juicio se ve afectada por el
embargo decretado en él, sin que tenga la calidad de acreedor ni deudor
de la obligación cuyo cumplimiento se persigue forzadamente, ni reviste
tampoco el carácter de sujeto activo ni de sujeto pasivo en el juicio en
que se ha trabado el embargo.
b).- Tener dominio sobre los bienes embargados. Para deducir tercería
de dominio es indispensable tener la propiedad de los bienes
embargados. Hay que hacer valer el derecho de dominio sobre ellos, no
basta un derecho personal. Así lo han declarado invariablemente los
tribunales al rechazar las tercerías que no cumplen este requisito.
El dominio que se reclama en la tercería puede recaer sobre bienes -
muebles o inmuebles. La jurisprudencia ha aceptado la procedencia' de
la tercería de dominio sobre especies muebles, animadas o inanimadas,
sobre bienes inmuebles por naturaleza, por adherencia o por
destinación, y en especial sobre la cosa legada, cualquiera, que sea su
clasificación, sobre el usufructo del marido sobre los bienes de la mujer,
sobre créditos y sobre una suma de dinero.
En consecuencia, la jurisprudencia admite la tercería de dominio
tratándose de bienes corporales o incorporales. Dentro de la primera de
estas clasificaciones acepta su procedencia tanto sobre bienes muebles
o inmuebles; y respecto de la segunda la segunda la acepta tratándose
de un crédito.
Nos parece que procederá la tercería de dominio tratándose de toda
clase de bienes que puedan ser embargad os y también respecto de
bienes futuros o de una suma de dinero (RODRÍGUEZ G ARCES, 1967,
Tomo I: 268-269).
5.1.5 Oportunidad
Eduardo Pallares asegura que las tercerías de dominio pueden
oponerse en cualquier estado del juicio, con tal de que no se haya dado
posesión dé los bienes al rematarse o al actor, en su caso por vía de
adjudicación» JALLARES, 1979: 596).
Prieto-Castro y Ferrándiz considera que la demanda (de tercería de
dominio) se ha de presentar dentro del tiempo conveniente para que sea
útil, esto es, antes de que se haya otorgado la escritura en venta de los
bien embargados ose haya consumado ésta a favor del rematante, o de
que se hayan entregado al acreedor en adjudicación para pago.
Pasados estos momentos preclusivos, al tercero sólo podrá hacer valer
su derecho sobre los bienes mediante la correspondiente persecución
civil o penal (PRIETO-CASTRO Y FERRANDTZ, 1983, Volumen 2: 232).
De los bienes pertenecientes a un tercero lesiona el derecho de
propiedad de éste. Antes no se justifica su intervención (RODRIGUEZ
GARCES, 1967, Tomo I: 280).
La tercería de dominio puede interponerse en cualquier estado del juicio,
desde que se ha trabado el embargo hasta antes de perfeccionarse la
enajenación de la cosa embargada, o sea, la tercería de dominio es
procedente mientras la cosa embargada no' haya sido enajenada»
(RODRÍGUEZ GARCES, 1967, Tomo 1:287).
La oportunidad para promover el proceso de tercería de propiedad es
regulada en la primera parte del artículo 534 del Código Procesal Civil, el
cual, dispone que la tercería de propiedad pueda interponerse en
cualquier momento antes que se inicie el remate del bien.
En conclusión, luego de dicho momento procesal resulta improcedente la
demanda de tercería, restándole al propietario perjudicado, en
salvaguarda de sus derechos, intentar la acción reivindicatoria o la
indemnizatoria.
5.1.6 Legitimidad activa
Por regla general, la legitimación activa individual coincide con la
titularidad del derecho substancial; no puede haber duda en tal
supuesto, de que el titular del dominio o del derecho real vulnerado o
menoscabado, y que no es el deudor del ejecutante, es el legitimado
para obrar (PODE 1' 11,1949:131),
Lino Palacio subraya que la admisibilidad de la tercería de dominio no se
halla supeditada a la titularidad plena de ese derecho. En consecuencia,
la pretensión puede ser interpuesta por el condómino. No así, en
cambio, por el poseedor que no revistiere también la condición de
propietario de la cosa embargada, quien puede utilizar, en resguardo de
sus derechos, otras vías rocesales como los interdictos o las
pretensiones posesorias (PALACIO, 1983, Tomo III: 298).
Eduardo Pallares estima que «... no puede interponer tercería de
dominio la persona que consintió en la constitución del gravamen o del
derecho real en garantía de la obligación del demandado. Se supone
que la garantía o el gravamen real gravitan sobre el bien a que se refiere
la tercería (PALLARES, 1979: 596).
A decir de Gómez de Liaño González y Pérez-Cruz Martín:
En orden a la legitimación activa, habida cuenta de que la tercería se
funda en el dominio de los bienes o derechos embargados del deudor,
atribuye la misma a:
Quien afirme ser dueño de un bien embargo (sic -léase embargado-)
como perteneciente al ejecutado, siempre que éste no se hubiera
adquirido una vez trabado el embargo.
Quienes sean titulares de derecho (sic -léase del derecho-) que, por
disposición legal expresa, puedan oponerse al embargo o a la
realización forzosa de uno o varios bienes embargados como
pertenecientes al ejecutado. A ambos supuestos de legitimación debe
incorporarse un tercer legitimado, aquellas personas frente a las que no
se haya despachado la ejecución, pero cuyos bienes haya dispuesto el
tribunal que ésta se extienda por entender que, pese a no pertenecer
dichos bienes al ejecutado, están afectos los mismos al cumplimiento de
la obligación por la que se proceda (GÓMEZ DE LIAÑO GONZÁLEZ; y
PEREZ-CRUZ MARTIN, 2001, Tomo II: 812-813).
La legitimación del tercerista de dominio es un requisito de suma
importancia, puesto que él actúa interfiriéndose en el proceso de
ejecución para lograr la revocación de los actos procesales de embargo
llevados a cabo por el órgano jurisdiccional, y que, por tener tal carácter
únicamente en casos excepcionales son revocables.
5.1.7 Legitimidad pasiva
Lino Palacio enseña que la pretensión de tercería debe interponerse H
frente a las partes del proceso principal, quienes de tal manera vienen a
asumir, con respecto al tercerista, la posición de demandados
(PALACIO, n 1983, Tomo III: 287). Dicho autor destaca que el actor y el
demandado en el proceso principal integran, por lo tanto, en la tercería,
un litisconsorcio pasivo, que además reviste, en principio, carácter
necesario, no sólo porque la ley exige que la pretensión se interponga
frente a ambos, sino también en virtud de la situación jurídica
inescindible en que se encuentran con relación a la cosa embargada
(PALACIO, 1983, Tomo III: 287).
Prieto-Castro y Ferrándiz apunta que en el proceso de tercería de
dominio el acreedor ejecutante y el deudor de la ejecución están
pasivamente legitimados en concepto cíe litisconsortes frente al
tercerista, ya que ambos 'deben estar' interesados en que los bienes
embargados sirvan para hacer efectivo el importe del crédito y para
cancelar la deuda, y en que no prospere la tercería (PRIETO-CASTRO
Y FERRÁNDIZ, 1983, Volumen 2:230).
Redenti, en cuanto a la legitimidad pasiva en el proceso de oposición de
terceros (que comprende a la tercería de dominio), expone lo siguiente:
Pasivamente legitimado y contradictor principal legítimo y necesario,
será por lo pronto, el acreedor primer procedente, que es a quien
remonta la posibilidad de haber complicado en el embargo los bienes
del tercero (o que el tercero pretende que. son suyos). Pero si ha habido
de por medio otros actos del procedimiento ejecutivo, promovidos por
otros acreedores que hayan asumido la función vicaria de
procedentes, también ellos serán llamados a participar en el juicio. Y
habrá que llamar en todo caso al deudor ejecutado. Los demás
interesados en la ejecución podrán intervenir a voluntad.
Acreedores y deudor ejecutado, sin embargo, están legitimados a
efectos diversos, y asumen, por tanto, en el proceso posiciones y
funciones diversas. Aquéllos (los acreedores) tienen interés y
legitimación únicamente al efecto de sostener que los bienes pueden ser
expropiados iure en su beneficio. El deudor tiene (o habrá que suponer
que lo tiene) también él un propio interés inseparablemente confluente
en el mismo sentido, en cuanto redunda en su ventaja que sus
acreedores se satisfagan con lo obtenido de aquellos bienes. Pero,
aparte de esto, puede tener también un interés propio y autónomo, para
obtener que si hay un residuo de lo obtenido, se lo reconozca de su
pertenencia, y que si por una razón cualquiera llega a caer el
procedimiento ejecutivo, deban los bienes retornar a él en vez de ir al
tercero oponente (REDENTI, 1957, Tomo II: 508).
De los artículos 100 -primer párrafo- y 533 del Código Procesal Civil se
infiere que la legitimidad pasiva en el proceso de tercería de propiedad
recae en el demandante y demandado del proceso en que tuvo lugar la
medida cautelar o para la ejecución que afecta el bien o bienes del
tercerista o en el que se pretenda ejecutar determinada garantía real que
afecta dicho bien o bienes (siempre que, en este último caso, el derecho
del tercerista se encuentre inscrito con anterioridad a la referido:
afectación con alguna garantía real).
5.1.8 Prueba
Tal como lo señala Rodríguez Garcés, el tercerista debe probar de
acuerdo con las reglas generales su derecho de dominio sobre los
bienes embargados. Debe probar que la cosa embargada es la que
reclama, y precisar i identidad de ella en tal forma que lleve al
convencimiento del juez que lo que se reclama y le pertenece es
precisamente el objeto embargado y no otro (RODRIGÜEZ GARCES,
1967, Tomo I: 309).
Podetti dice respecto de la prueba en la tercería de dominio lo siguiente.
a) El actor-tercerista debe producir la prueba de los hechos constitutivos
del derecho que invoca, sino lo hace, los demandados que no los hayan
reconocido no tienen nada que probar; b) producida la prueba de los
hechos constitutivos, los demandados que se opongan a la demanda y
que no reconozcan la existencia de esos hechos, deben producir la
prueba de su inexistencia y c) si reconocen la existencia de los hechos
constitutivos y se oponen a la demanda, deben producir la prueba de
los hechos extintos o impeditivos; su aplicación particular, tiene
caracteres específicos, por el entrecruzamiento de intereses que la
tercería presupone.
Así, no obstante la falta de prueba de los hechos constitutivos por parte
del actor-terrorista, el demandado ejecutante debe producir prueba de la
existencia de hechos constitutivos a favor del demandado-ejecutado,
pues éste puede estar de acuerdo con el actor y además, la
circunstancia de ser el ejecutante quien primero agredió (al trabar el
embargo), le impone cargas especiales si sostiene la procedencia de
aquél.
La falta de prueba de la existencia de hechos constitutivos o de hechos
impeditivos o extintivos en contra del demandado ejecutado, puede ser
suplida por la prueba producida por el demandado-ejecutante, por el
papel que asume de coadyuvante o substituto de éste (PODETTI, 1949:
99).
Lino Palacio, en lo que concierne a la prueba en la tercería de dominio
formula estas observaciones:
El tercerista debe acreditar, durante el período probatorio, la plenitud del
derecho invocado como fundamento de su pretensión. A tal efecto es
preciso formular distinciones sobre la base de la naturaleza de los
bienes embargados.
Cuando se trata de bienes inmuebles, el tercerista debe acreditar su
derecho mediante la presentación de la pertinente escritura pública
traslativa del dominio, siempre qué el instrumento se ajuste a las
formalidades legales y se encuentre inscripto en el registro inmobilia
correspondiente.
Si se trata, en cambio, de bienes muebles, la carga de la prueba
depende de la circunstancia de que el tercerista se hubiere encontrado o
no, al trabarse el embargo, en posesión de aquéllos.
En el primer supuesto, y en tanto el poseedor cuenta a su favor con una
presunción de propiedad, al tercerista le basta acreditar el hecho de la
posesión, correspondiendo al embargante la carga de probar los hechas
tendientes a desvirtuar dicha presunción.
En el segundo supuesto, es decir, si en la oportunidad de trabarse el
embargo los bienes se hallaban en posesión del embargado, la carga de
la prueba se invierte con relación al caso anterior: mientras al
embargante le basta invocar la posesión de las cosas por parte del
embargado al tercerista incumbe la demostración de su derecho de
dominio, y por lo tanto, la carga de desvirtuar aquella presunción
contraria a su derecho (PALACIO, 1983, Tomo III: 303-306).
Como se indicara anteriormente, y conforme se desprende del artículo
535 del Código Procesal Civil, en la demanda de tercería deberá
acompañarse documento público o privado de fecha cierta que acredite
el derecho del tercerista, bajo sanción de inadmisibilidad. En defecto de
tales medios probatorios podrá ofrecerse otros para demostrar la
veracidad de los hechos alegados por el tercerista, pero esto último
estará condicionado a la prestación previa de garantía suficiente que, a
criterio del Juez, sirva para responder por los daños y perjuicios que la
tercería pudiera irrogar.
5.1.9 Sentencia
Eduardo Pallares, en relación a la sentencia en el proceso de tercería
excluyente de dominio, asevera que la sentencia que declare
procedente la acción del tercerista, deberá reintegrarlo en el goce de sus
derechos de propiedad o en la titularidad de la acción (PALLARES,
1979: 596). Eduardo Pallares precisa que la sentencia que declara
procedente la tercería excluyente tiene por efecto nulificar la
pronunciada en el juicio principal, pero sólo en la medida en que ésta
perjudique al tercer (PALLARES, 1979: 598).
Podetti trata lo concerniente a la sentencia en el proceso de tercería de
dominio del modo que se reproduce a continuación:
En la tercería se deducen y substancian dos acciones, una del tercerista
en contra del ejecutante y otra del tercerista en contra del ejecutado y
que, aun cuando estos últimos aparezcan como litisconsortes, pues
ambos son demandados, no siempre tienen un mismo o semejante
interés, substancial.
Sin llegar a los casos anómalos, de connivencia fraudulenta entre
tercerista y ejecutado, cuando este último se allana a la demanda
reconociendo el dominio pretendido por el tercerista y el ejecutante
resiste la demanda, es claro que sólo hay intereses antagónicos entre el
tercerista y el ejecutante, ya que la posición del ejecutado es de
indiferencia frente ají los otros dos litigantes.
Así pues, aunque formal y substancialmente sólo puede hablarse de
unsentencia, ésta, cuando reconoce el derecho invocado por el
tercerista, y desconocido por ambos demandados, estima dos acciones:
la encaminada a obtener una declaración en frente del demandado-
ejecutante y la encaminada a obtener una condena en frente del
demandado-ejecutado. Respecto al primero el juez DECLARA que el
bien embargado no pertenece al deudor, sino al tercerista y respecto
al segundo, le CONDENA a entregar el bien al tercerista.
Naturalmente, en ambos casos habrá declaración y condena; en el
primero y aparte del pronunciamiento sobre las costas, habrá CONDENA
para el ejecutante, que debe levantar el embargo y en el segundo habrá
la DECLARACIÓN de que el bien pertenece al tercerista. Se trataría de
sentencia mixta. Pero, aparte de ello, toda sentencia tiene un aspecto
constitutivo, puesto que constituye una norma jurídica individualizada En
toda sentencia, hay siempre, una DECLARACIÓN del derecho, pero hay
también una porción de voluntad del juez como parte integrante del
orden jurídico, lo cual da a la norma jurídica individualizada, que es la
sentencia, esa naturaleza o aspecto constitutivo que le atribuyo. Luego
pues, la sentencia que estima las acciones deducidas por el tercerista en
contra de ambos demandados y a las cuales éstos se han opuesto,
deberá ser declarativa, constitutiva y de condena, en proporciones
variables, según la dosis que contenga de cada uno de los ingredientes
enunciados: DECLARACIÓN del dominio discutido y del derecho
aplicable y que fue desconocido por los actos de los demandados;
CONDENA a hacer o a abstenerse para ambos demandados y
CONSTITUCIÓN de una norma jurídica individualizada o particular para
el caso planteado. Este último elemento es el que da carácter de
permanencia a la resolución judicial, es decir, fuerza material de cosa
juzgada.
Cuando la sentencia desestima las acciones deducidas por el tercerista,
prima el elemento declarativo, igualmente cuando el demandado-
ejecutado se allana reconociendo el derecho invocado por el tercerista.
Cuando el demandado ejecutante se allana, pero se traba la litis con el
demandado-ejecutado que desconoce el derecho invocado por el
tercerista, si la acción es propiamente la reivindicatoria por haber perdido
la posesión el demandado, habrá declaración sobre el dominio y
condena a entregarlo o respetarlo.
En cuanto al pronunciamiento accesorio sobre las costas, si ellas se
imponen a uno de los litigantes, será de condena.
Consecuentemente, deberá estudiar el juez en la sentencia, si se ha
demostrado, con respecto a ambos demandados, la concurrencia de los
requisitos de la acción: relación entre los hechos aducidos y las normas
legales, legitimación (activa y pasiva) e interés procesal. Para lo primero,
el juez deberá confrontar los hechos probados o reconocidos, con las
normas aplicables, a fin de declarar, si existe, por ejemplo, el dominio
invocado por el tercerista. No lo habrá, si tratándose de inmuebles hay
título legal, de acuerdo a las leyes vigentes. Para lo segundo, deberá
verificar si el tercerista tiene cualidad para demandar (legitimación para
obrar) o no la tiene. Y verificar también, si los demandados tienen
cualidad para contradecir (legitimación pasiva) o no la tienen supuesto
de oposición a la demanda). Para lo tercero, deberá verificar si la acción
se justifica en el caso concreto, como medio idóneo para la satisfacción
del derecho reclamado. No se justifica, por ejemplo, si no existe
embargo, ni menoscabo alguno al derecho del tercerista (PODETTI,
1949: 125-128).
Prieto-Castro y Ferrándiz apunta sobre la materia que la sentencia
pronuncia con efectos de cosa juzgada general (no ya solamente
incidenter tantum) la libertad de los bienes o la afectación definitiva de
los mismos al proceso de ejecución (PRIETO-CASTRO Y FERRÁNDIZ,
1983, Volumen 2: 233).
5.1.10 Efectos
Antes de pasar a ver los efectos de la tercería de dominio previstos en
nuestro ordenamiento procesal, procederemos a citar algunas opiniones
de diversos autores sobre el particular.
A) Posición de Eduardo Pallares.
La admisión de una tercería de dominio, no suspende el curso del juicio
principal, sino cuando éste llega a remate, porque entonces deberá
suspenderse hasta que se decida la tercería (PALLARES, 1979: 597).
B) Posición de Prieto-Castro y Ferrándiz.
La interposición de la demanda de tercería no produce el efecto de
suspender pura y simplemente el procedimiento sino que se sustancia
en pieza separada, no produciéndose tal suspensión más que a partir
del momento en que se fuese a entrar en la realización de los bienes
que constituyen su objeto, y después del cual la tercería de dominio
carece de finalidad (PRIETO-CASTRO Y FERRÁNDIZ, 1983, Volumen
2: 232).
C) Posición de Máximo Castro.
Si se deduce una tercería de dominio en que el tercerista reclama el
derecho de propiedad de un bien embargado, es indudable que el juicio
principal o sea la ejecución, no podrá llegar hasta la venta del bien.
Dictada la sentencia de remate, se detendrá el trámite del juicio principal
a la espera de los resultados de la tercería, pues si ésta prospera, el
bien embargado no podrá venderse (CASTRO, 1931, Tomo Tercero:
128).
D) Posición de Lino Palacio.
La interposición de la tercería de dominio comporta, en principio, una
facultad del titular del dominio, quien, por una parte, puede limitarse a
requerir el levantamiento del embargo en el supuesto de encontrarse en
condiciones de acreditar en forma efectiva y fehaciente la existencia de
su derecho, y, por otra parte, no pierde la propiedad de un bien
inmueble aun en la hipótesis de que él se venda en el proceso principal,
ya que la circunstancia de no interponer la pretensión de terceria no
obsta a su derecho de reivindicarlo frente al tercer adquirente un tanto
no se haya operado la prescripción. Si se trata, en cambio, bienes
muebles, la interposición de la tercería de dominio resulta necesaria en
la medida en. que la eventual pretensión reivindicatoria puede fracasar
frente a un adquirente de buena fe, salvo que aquéllos hayan sido
robados o perdidos (PALACIO, 1983, Tomo III: 298).
E) Posición de Podetti.
A decir de Podetti:
La suspensión de los procedimientos, que, con ciertos recaudos
autorizan las leyes procesales, cuando se deduce una tercería de
dominio en juicio ejecutivo, no es total. En primer lugar el sólo puede
producirse llegado el juicio ejecutivo a cierta etapa en su sustanciación,
sentencia de remate ejecutoriada y cesa en sus efectos si la tercería es
rechazada.
En segundo lugar, la suspensión sólo procede respecto a los bienes que
son motivo de la tercería, ya que la suspensión, como toda medida
precautoria, tiene por objeto evitar un daño o sea en este caso, la
subasta de bienes que pueden, no pertenecer al deudor. La prosecución
del juicio ejecutivo en este supuesto, podría, a su vez influir sobre la
tercería. En efecto, si la venta de los bienes embargados, ajenos a la
tercería, diese un producido suficiente para cubrir el capital reclamado y
las costas de la ejecución, el embargo sobre los bienes que motivan la
tercería no tendría ya razón de ser y si el demandado-ejecutado se
allanó a la tercería, el juez sólo debería pronunciarse sobre dicho
allanamiento y sobre las costas.
En tercer lugar, la deducción de cualquier tercería será bastante
fundamento para que se amplíe y mejore el embargo, si el actor lo
solicitare.
En cuarto lugar, debe considerarse limitada la suspensión de los
procedimientos, en cuanto ella no impide que se tomen medidas sobre la
guarda, conservación o venta, en casos especiales, de los bienes
embargados y sobre regulación de honorarios de los profesionales
(PODETTI, 1949:150-151).
F) Posición de Rodríguez Garcés.
Según Rodríguez Garcés:
La sentencia que falla una tercería de dominio produce, entre otros, los
siguientes efectos:
1° El desasimiento del tribunal;
2° Resuelve la cuestión debatida produciendo la acción y excepción de
cosa juzgada con el objeto de mantener y hacer \ respetar lo resuelto en
ella, una vez ejecutoriada;
3° Pone término al juicio de tercería;
4° Desaparece el derecho del tercerista para seguir interviniendo en
la ejecución;
5° Si es condenatoria, habilita al ejecutante para continuar la
ejecución;
6° Si acoge la tercería habilita al tercerista para obtener la entrega o
restitución de las especies embargadas que fueron objeto de la tercería
de dominio;
7° Si acoge la tercería, faculta al tercerista para reclamar del
ejecutante o del ejecutado, en su caso, la indemnización de perjuicios
que el embargo le haya irrogado; y
8° Condenará en costas al ejecutante y al ejecutado o al tercerista,
según los resultados de la tercería» (RODRÍGUEZ GARCÉS, 1967,
Tomo I: 387).
El artículo 536 del Código Procesal Civil norma los efectos de la tercería
de propiedad de esta manera:
Admitida la tercería de propiedad, se suspenderá el proceso si estuviera
en la etapa de ejecución, aunque esté consentida o ejecutoriada la
resolución que ordena la venta de los bienes, salvo que estén sujetos a
deterioro, corrupción o desaparición o que su conservación resulte
excesivamente onerosa. En estos casos, el producto de la venta queda
afectado al resultado de la tercería.
El tercerista puede obtener la suspensión de la medida cautelar o de la
ejecución del bien afectado, si la garantía otorgada es suficiente a
criterio del Juez, en caso no pruebe que los bienes son de su propiedad.
Al respecto, hay que hacer las siguientes precisiones:
La admisión de la demanda de tercería de propiedad no suspende la
tramitación del cuaderno cautelar, sino el proceso principal, siempre que
éste se encuentre en la etapa de ejecución forzada y no se haya dado
inicio al remate. La suspensión opera entonces -en forma automática- a
partir del requerimiento que hace el Juzgado al demandado para que
cumpla lo ordenado en la sentencia firme; de ningún modo tiene lugar
antes de dicho momento procesal. Esto se explica porque la tercería de
dominio tiene por finalidad principal evitar la venta forzada de los bienes
del tercerista y el alzamiento de la medida cautelar indebidamente
trabada, lo que no avala la dilación del proceso principal en relación al
cual se solicitó y dispuso una medida cautelar.
La suspensión de la medida cautelar que puede obtener el tercerista en
caso que no acredite que los bienes son de su propiedad obedece no
tanto al objeto de la tercería, sino más que todo a la garantía que presta
con la finalidad de asegurar el resarcimiento de los daños que puede
causar tal suspensión. Es en virtud de esta garantía que se suspende la
medida preventiva, siempre que sea suficiente para cubrir la obligación.
De resultar fundada la demanda de tercería de propiedad, se decreta el
levantamiento de la medida cautelar irregularmente trabada, y cesa la
suspensión del proceso principal, debiendo afectarse otros bienes para
seguir con la ejecución forzada.
Si fuese declarada infundada la demanda de tercería de propiedad
cesará igualmente la suspensión del proceso principal, continuándose
con la ejecución forzada ce los bienes que fueron objeto de tercería sin
perjuicio de la eventual responsabilidad civil y/o penal en que incurre el
tercerista, y del pago de las costas y costos del proceso así como de la
multa que pudiera imponérsele.
5.1.11 Jurisprudencia casatoria relacionada con la tercería de
propiedad
En los subpuntos siguientes citaremos la jurisprudencia casatoria
relacionada con la tercería de propiedad.
[Link] Jurisprudencia casatoria relacionada con aspectos
generales de la tercería de propiedad
La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a los aspectos
generales de la tercería de propiedad, ha establecido lo siguiente:
La tercería de propiedad es aquella acción que puede interponer una
persona ajena a las partes que intervienen o figuran en un determinado
proceso, a fin que se disponga el levantamiento de un embargo trabado
sobre un bien de su propiedad (Casación Nro. 5294-2006 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2008, págs. 23542-
23544).
La tercería de propiedad es aquel derecho que deduce un tercero entre
dos o más litigantes, o por el suyo propio, o coadyuvando en pro de
alguno de ellos, teniendo por objeto el recuperar, por tercera persona,
los bienes embargados que al tiempo de ejecutarse la medida eran de
su propiedad...» (Casación Nro. 3409-2007 / Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 31-01-2008, págs. 21537-21538).
La acción de tercería [de propiedad] busca proteger la propiedad del
tercero cuyo bien se encuentra afectado por obligaciones asumidas por
un deudor no propietario, sin que le corresponda o se encuentre
obligado a ello (Casación Nro. 3436-2006 / Lambayeque, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 03-01-2008, págs. 21361-21362).
El artículo 533 del Código Procesal Civil señala que la Tercería
solo puede fundarse en la propiedad e los bienes [sic -léase de los
bienes-] afectados por medida cautelar o para la ejecución; esto es,
en el primer caso, cuando el Juzgador dicta una medida de tal
naturaleza con la finalidad de asegurar el cumplimiento de un fallo
a dictarse ulteriormente, tal y conforme lo precisa el artículo 608
del Código Procesal Civil; y en el segundo supuesto, cuando la
afectación del bien se inicia como consecuencia de la primera
medida, encontrándose propiamente el proceso el estadio de
ejecución judicial (Casación Nro. 1053-2005/ Lima, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 02-04-2007, págs. 19090-19091).
La presente acción de Tercería [de propiedad], conforme lo dispone el
artículo 533 del Código Procesal Civil, se funda únicamente en la
afectación de un bien de propiedad de tercero, mediante medida cautelar
o la inminente ejecución de éste, esto es, a vía remate [sic -léase en vía
de remate-] o adjudicación (Casación Nro. 1605-2004 / Lima, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 31-07-2006, pág. 16569).
La tercería de propiedad tiene como sustento la propiedad de bienes
embargados c afectados para su ejecución, con la finalidad que se
saque el bien de la ejecución evitando su realización forzosa mediante
remate o adjudicación (Casación Nro. 776-01 / Apurímac, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2001, págs. 8118-8119).
La pretensión en una acción de tercería [de propiedad] es la de excluir
un bien afectado por una medida [cautelar o para la ejecución], por ser el
propietario ajeno a la relación jurídica sustantiva que la originó, y, por
tanto, tampoco intervino en la relación jurídica procesal instaurada
(Casación Nro. 1252-01 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-02-2002, págs. 8281-8282).
La tercería de propiedad tiene como objeto levantar el embargo trabado
(Casación. Nro. 1882-97 / Cajamarca. publicada en el Diario Oficial Ei
Peruano el OS-07-1998, págs. 1415-1416).
La tercería de propiedad es la acción que corresponde al propietario de
un bien que resulta afectado por una medida cautelar o de ejecución
dictada para hacer efectiva una obligación ajena, y tiene como finalidad
la desafectación del bien (Casación Nro. 5425-2007 / Ica, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 01-12-2008, págs. 23369-23370).
La tercería ele propiedad es una forma de oposición de quién [sic]
reclama un derecho sustantivo a su favor, en donde alega ser suyos los
bienes que son afectados por una medida cautelar o bien que son
materia de ejecución para hacer efectiva una obligación ajena, y, que
tiene como finalidad la desafectación del bien, puesto que, de declararse
favorable la petición de tercería (de propiedad) ello determinará la
suspensión del proceso cuestionado con la demanda de tercería (de
propiedad) (Casación Nro. 687-2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial
El Peruano el 31-03-2008, pago 21693-21694).
Conforme lo establece el artículo quinientos treintitrés del Código
Procesal citado, 'la tercería se entiende con el demandante y el
demandado, y sólo puede fundarse en la propiedad de los bienes
afectados por medida cautelar o para la ejecución, o en el derecho
preferente a ser pagado con el precio de tales bienes'. Cuando nuestro
ordenamiento procesal, en el artículo transcrito, hace referencia a la
'ejecución', debe entenderse que se está refiriendo a cualquier tipo de
ejecución, dentro del cual se encuentra el proceso de ejecución de
garantías contra el que se ha promovido la presente tercería [de
propiedad], por lo que la demanda se sitúa en el supuesto que prevé el
dispositivo antes glosado, no configurándose un petitorio jurídicamente
imposible, como se afirma en las sentencias de mérito. A ello abona lo
regulado en el artículo quinientos treintiséis del acotado cuerpo
normativo cuando en su segundo párrafo señala: 'el tercerista puede
obtener la suspensión de la medida cautelar o de la ejecución del bien
afectado en consecuencia, el argumento empleado por las instancias de
mérito para desestimar la pretensión incoada, no se ajusta a lo actuado
ni a derecho, niega la tutela jurisdiccional efectiva y contraviene no sólo
lo normado en los artículos quinientos treintitrés y quinientos treintiséis
del Código Procesal Civil, sino además lo dispuesto en el inciso tercero
del artículo ciento veintidós del Código anotado, por lo que el auto
superior se encuentra incurso en nulidad insalvable (Casación Nro. 796-
04 / Junín, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-09-2005, pág.
14793).
El levantamiento de la suspensión del proceso de ejecución de garantías
constituye una consecuencia lógica de la desestimación de la demanda
de tercería de propiedad, toda vez que la suspensión decretada
mediante auto admisorio es únicamente temporal, y sujeta y condiciona
[sic -léase condicionada-] necesariamente al resultado del proceso
(Casación Nro. 2846-07 / Arequipa publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-09-2008, pág. 22745).
El hecho de que si la recurrente [tercerista] debió ser emplazada
o no en el proceso de ejecución de garantías, no constituye punto
controvertido en este proceso sobre tercería de propiedad
(Casación Nro. 3088-00 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano
el 01-03-2001, págs. 7045-7046).
A través de un proceso de Tercería [de propiedad], no se puede
pretender que se levante una hipoteca, por ser éste un derecho real y
consecuencia de un acto jurídico privado celebrado entre quienes
aparecen como propietarios en los Registros Públicos (Casación Nro.
3345-2006 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-04-
2007, págs. 19053-19054).
El proceso de tercería [de propiedad] no es el adecuado para el
reconocimiento de un derecho de propiedad, toda vez que se trata de un
proceso que se funda en la propiedad de los bienes afectados por
medida cautelar o para la ejecución (Casación Nro. 2445- 2007 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-01-2008, págs. 21422-
21423).
Los argumentos que sustentan la causal [casatoria] denunciada están
dirigidos a cuestionarla validez del documento mediante el cual el
tercerista adquirió su derecho de propiedad, así como la legitimidad de
sus transferentes, aspecto que no puede ser analizado en una demanda
de tercería de propiedad (Casación Nro. 2918-03 / Arequipa, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 31-05-2005, págs. 14175-14176).
Una de las características de la propiedad es su exclusividad, no siendo
jurídicamente posible ventilarse, a través de este juicio [sobre tercena de
propiedad], quién tiene un mejor y preferente dominio (Casación Nro.
1607-2002 / San Román - Juliaca, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 31-01-2003, pág. 9928).
Lo que en puridad están señalando las instancias es que el recurrente
no puede hacer valer su derecho, en vía de proceso de tercería [de
propiedad] debido a que el proceso de torcería.
Esta Sala [Suprema] mantiene el criterio establecido en casos similares
donde se ha amparado la demanda de tercería [de propiedad]
interpuesta por haberse gravado un bien de la sociedad conyugal sin la
participación total de quienes la conforman (Casación Nro. 1245-99 /
Lambayeque, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-05-2002,
pág. 8700).
Al haberse desestimado la pretensión principal de tercería de propiedad,
la pretensión accesoria de indemnización corre su misma suerte
(Casación Nro. 1928-06 / Ayacucho, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 03-07-2007, págs. 19863-19866).
El auto que admite la [demanda de] tercería [de propiedad] es apelable,
como claramente establecen los artículos 365, 366 y 372 del Código
Adjetivo [C.P.C.], tanto más si suspende el remate de un bien inmueble
(Casación Nro. 2389-2003 / La Libertad, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 03-05-2005, págs. 14035-14036).
Esta causa versa sobre Tercería de Propiedad, advirtiéndose por este
Supremo Colegiado que tanto en la sentencia de primera instancia,
como la de la Sala Civil, se ha resuelto sin tener a la vista el expediente
que motivara la presente tercería; y siendo necesario.
[Link] Jurisprudencia casatoria relacionada con la legitimación
en la tercería de propiedad
La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la
legitimación en la tercería de propiedad, ha establecido lo siguiente:
Conforme lo señala el artículo 100 del Código Procesal Civil la demanda
de tercería excluyente de propiedad se hace valer dentro de un proceso
en trámite en los supuestos que dicho numeral señala, dando lugar a
que en el proceso intervengan tres partes, con derecho opuestos
(Casación Nro. 2335-2001 / Arequipa, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-02-2002, pág. 8439).
La legitimidad activa en el proceso de tercería de propiedad la tendrá el
propietario y la legitimidad pasiva en el proceso de tercería de propiedad
recae en el demandante y demandado del proceso en que tuvo lugar la
medida cautelar que afecta el bien o bienes del tercerista;
consecuentemente, el recurrente no puede pretender que se estime un
sustento de su derecho de tercerista en una prueba documental donde
aparece como propietaria mía tercera persona (Casación Nro. 1203-
2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-07-2007,
pág. 20009).
La legitimidad activa [en el proceso de tercería de propiedad] sólo recae
en el tercerista quien afirma que el bien afectado es de su esfera
patrimonial y no del deudor...» (Casación Nro. 1532-2005 / Lima,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2006, págs. 17898-
17899).
De acuerdo al texto legal y a la jurisprudencia el accionante de una
demanda de Tercería de Propiedad es aquel propietario de mi bien
afectado por medida cautelar o en ejecución, que resulta siendo ajeno al
proceso en el que se ha dictado la medida (Casación Nro. 2576-2002 /
lea, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 28-02-2003, págs.
10167-10168).
Importa para los fines del proceso [de tercería de propiedad] establecer
el derecho preferente del tercerista respecto del bien objeto del litigio;
ello implica en primer orden, que éste sea ajeno a la relación crediticia
en virtud de la cual se afecta el bien sub litis, ya que resultaría imposible
que quien solicita la desafectación de un bien amparando su pretensión
en la titularidad del derecho de propiedad que ejerce sobre él, pueda a
su vez tener la calidad de tercerista, cuando el mismo, en virtud de
dicha titularidad asumí obligaciones cuyo incumplimiento podría afectar
su patrimonio (Casación Nro. 1057-2002 / Lima, publicada en el Diario
Oficial Peruano el 01-03-2004, págs. 11547-11548).
[Link] Jurisprudencia casatoria relacionada con la oportunidad
para promover la tercería de propiedad
La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a la
oportunidad para promover la tercería de propiedad, ha establecido lo
siguiente:
La materia de controversia incide en determinar si para que proceda una
demanda de tercería de propiedad basta con la presentación o
interposición de la misma o si es necesario que esta sea admitida a
trámite; el artículo quinientos treinticuatro del C.P.C.l al regular la
oportunidad de presentación de la demanda dispone a la letra que: La
tercería de propiedad puede interponerse en cualquier momento antes
que se inicie el remate del bien de lo que se desprende que la norma
bajo análisis únicamente hace referencia a la interposición de la
demanda antes que se inicie el remate del bien, ello sin hacer ninguna
mención a que sea necesario que la demanda sea admitida a trámite por
el Juzgador, antes que se inicie el remate; ello se ve corroborado cuando
el artículo quinientos treintiséis de Código Adjetivo [C.P.C.] establece
que admitida la tercería de propiedad, se suspenderá el proceso si
estuviera en la etapa de ejecución, aunque esté consentida o
ejecutoriada la resolución que ordena la venta de los bienes; es decir,
que el proceso se suspende aún cuando la resolución que ordena el
remate de los bienes haya quedado ejecutoriada; siendo esto así,
bastaba que la demandante interponga su escrito de tercería de
propiedad antes que se produzca el inicio del remate, sin importar si la
demanda fue admitida antes o después de este (Casación Nro. 4098-
01 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-09-2002, pág.
9216).
Cuando el Artículo quinientos treinticuatro del Código Procesal Civil
expresa que la tercería de propiedad puede interponerse en cualquier
momento antes que se inicie el remate del bien, se refiere a la subasta
del mismo y no a que se haya señalado fecha para el remate (Casación
Nro. 1030-98 / Tacna, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 16-04-
1999, págs. 2902-2903). De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 534 del
Código Procesal Civil, la demanda de tercería de propiedad puede
interponerse en cualquier momento antes que se inicie el remate del
bien. Conforme lo han establecido múltiples ejecutorias, el precepto
antes mencionado está referido a la subasta misma del inmueble y no al
señalamiento de fecha para el remate del bien, toda vez que mediante el
primero se adjudica a quien haya efectuado la más alta postura,
mientras que a través del segundo se produce el llamamiento previo a la
verificación de la referida subasta (Casación Nro. 771-2001 / Apurímac,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 02-12-2002, pág. 9597).
Nuestro ordenamiento procesal civil establece, de acuerdo al artículo
quinientos treinticuatro del C.P.C. la oportunidad que tiene el actor para
presentar la tercería de propiedad, esto es, puede interponerse en
cualquier momento antes que se inicie el remate del bien; agregándose a
ello que la oportunidad que
estipula el artículo quinientos treinticuatro del Código Procesal Civil debe
entenderse hasta antes que el inmueble fuese adjudicado (Casación
Nro. 1002-2005 / Lima, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-
10-2006, págs. 17444-17445).
En cuanto a la oportunidad para interponer la tercería de propiedad, el
artículo quinientos treinticuatro del Código Procesal Civil establece que
puede interponerse en cualquier momento antes que se inicie el remate
del bien; si la tercería de dominio se sustenta en la propiedad de los
bienes embargados, con la finalidad de evitar su ejecución mediante
remate o adjudicación, lo lógico resulta ser que la oportunidad para
interponer la tercería es antes que se realice la venta forzosa o la
adjudicación en pago, pues luego de este momento carece de sentido
interponer la tercería al haber sido transferida la propiedad del bien a
favor de un tercero o del ejecutante (Casación Nro. 776-01/
Apurímac, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 30-11-2001,
págs. 8118-8119).
[Link] Jurisprudencia casatoria relacionada con los requisitos y
la a prueba en la tercería de propiedad
La Corte Suprema de Justicia de la República, en relación a los
requisitos y la prueba en la tercería de propiedad, ha establecido lo
siguiente:
La interposición de una tercería de propiedad requiere ser sustentada
con prueba documental fehaciente que acredite el derecho del
tercerista, conforme lo exige el Artículo quinientos treinticinco del Código
Procesal Civil, no constituyendo este, proceso idóneo (sic) para declarar
en él la existencia de la unión de hecho, lo cual debe ser previamente
gestionado (Casación Nro. 1824-96 / Huaura, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 04-08-1998, pág. 1510).
La Ley adjetiva [C.P.C.] ha establecido, en relación a los artículos 533,
534 y 535, cuáles son los requisitos específicos de este tipo de
demandas sobre tercería de propiedad, precisándose de que
necesariamente deben concurrir los requisitos siguientes: a) La
existencia de una medida cautelar o para la ejecución sobre bienes de
propiedad de mi tercero; b) que la demanda se interponga antes del
remate del bien; c) La acreditación del derecho de propiedad que
invoca el tercerista; y d) El ofrecimiento de garantía suficiente a criterio
del Juez (para responder por los daños y perjuicios que pueda irrogar)
en caso que el demandante no pruebe su derecho con documento
público o de fecha cierta (Casación Nro. 182-2006 / Arequipa, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 01-02-2007, págs. 18759-18760).
Para interponer demanda de tercería de propiedad conforme lo señala el
artículo quinientos treintitrés del Código Procesal Civil no es necesario
que el derecho de propiedad se encuentre inscrito en el registro
respectivo sin embargo en el caso de autos las instancias de mérito
declaran improcedente la demanda de tercería de propiedad al verificar
que el derecho de propiedad del demandante no se encuentra inscrito,
contraviniendo lo expuesto anteriormente; en consecuencia las
instancias de mérito vulneran el derecho de defensa y tutela
jurisdiccional efectiva (Casación Nro. 3436-2006 / Lambayeque,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 03-01-2008, págs. 21361-
21362).
Conforme lo dispone el artículo quinientos treinticinco del Código
Procesal Civil: La demanda de tercería de propiedad no será admitida si
no reúne los requisitos del artículo cuatrocientos veinticuatro del C.P.C.
y, además, si el demandante no prueba su derecho con documento
público o privado de fecha cierta; en su defecto, si no da garantía
suficiente a criterio del Juez para responder por los daños y perjuicios
que la tercería pudiera irrogar; en consecuencia, si la Sala Revisora
consideraba que los documentos aparejados a la demanda no
acreditaban el derecho del demandante, debió declarar inadmisible la
demanda y conceder un plazo a efecto de que el actor pudiera otorgar la
garantía a que se refiere el artículo quinientos treinticinco del Código
Adjetivo [C.P.C.], de conformidad con el inciso segundo del artíctilo
cuatrocientos veintiséis del mismo ordenamiento legal; por ende, al
declarar liminarmente improcedente la demanda interpuesta se ha
lesionado el derecho de la tutela jurisdiccional efectiva de la demandante
(Casación Nro. 1794-2006 / Huánuco, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 02-07-2007, págs. 19822-19823).
La fecha cierta [de la adquisición] no sólo constituye mi requisito de
admisibilidad sino que resulta indispensable para resolver la Tercería de
propiedad, pues en esta se debe acreditar la adquisición del tercerista
con anterioridad al gravamen que pesa sobre el bien que está siendo
cuestionado (Casación Nro. 3908-2001 / La Libertad, publicada en el
Diario Oficial El Peruano el 01-04-2002, págs. 8604-8605).
El proceso versa sobre tercería de propiedad, siendo por ello necesario
que el tercerista acredite su derecho de propiedad sobre el bien afectado
con una medida cautelar (Casación Nro. 1933-2000 / Ucayali, publicada
en el Diario Oficial El Peruano el 02-01-2001, pág. 6656).
De acuerdo al artículo ciento noventiséis del Código Adjetivo C.P.C. la
carga de la prueba, en el proceso de tercería de propiedad recae en el
demandante tercerista, quien deberá acreditar que es propietario y que
lo ha sido antes de dictarse la medida cautelar que pesa sobre el
inmueble (Casación Nro. 1252-01 / Arequipa, publicada en el Diario
Oficial El Peruano el 02-02-2002, págs. 8281- 8282).
Una de las características que tiene el derecho de propiedad es su
exclusividad; por ende, para que se ampare la tercería de dominio es
necesario acreditar la propiedad del bien objeto de litigio (Casación Nro.
5425-2007 / lea, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-12-2008,
págs. 23369-23370).
Es objeto imprescindible de la tercería de propiedad determinar si a la
fecha de adquisición del objeto de la tercería, el tercerista era propietario
con documento de fecha cierta y que preceda en el tiempo a la de la
medida cautelar, a favor del recurrente; para ello, el actor debe acreditar
su calidad de propietario del bien (Casación Nro. 909-2008 / Arequipa,
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 01-12-2008, págs. 23310-
23311).
En materia de tercería de propiedad sobre inmuebles inscritos en el
Registro de la Propiedad Inmueble, no es suficiente presentar un
documento público o privado de fecha cierta, sino que es necesario que
el derecho se haya inscrito con anterioridad al que se quiere excluir u
oponer, por estarse a lo dispuesto en el primer párrafo del artículo dos
mil veintidós del Código Civil; supuesto que de no acreditarse ocasiona
la improcedencia de la tercería por tener la demanda un petitorio
jurídicamente imposible (Casación Nro. 3368-02 / Arequipa, publicada en
el Diario Oficial El Peruano el 30-05-2003, págs. 10586-10587).
La hipoteca como derecho real de garantía una vez inscrita en el
Registro Público, es restrictiva de la propiedad frente a terceros, en
aplicación del artículo 926 del Código Civil; anteponiéndose al derecho
de propiedad invocado por la tercerista que no lo haya inscrito o lo
hubiera sido con posterioridad, aunque dicho acto fuera de fecha anterior
(Casación Nro. 1895-2007 / Lima, publicada en el Diario Oficial El
Peruano el 03-09-2007, págs. 20417-20418).
En el presente caso se encuentra en disputa por un lado, el derecho real
de propiedad alegado por los terceristas y de otro lado, el derecho
personal que ostenta el codemandado, consistente en la medida cautelar
de embargo en forma de inscripción trabado sobre el cincuenta por
ciento de los derechos y acciones del bien sub-liris. Para determinar cuál
de los dos derechos tiene prevalencia frente al otro, ineludiblemente
debe de recurrirse a la regla contenida en el segundo párrafo del artículo
2022 del Código Civil, según la cual tratándose de derechos de distinta
naturaleza deben aplicarse las disposiciones del derecho común.