FILOSOFIA DE KANT
¿Qué es conocer según Kant?
Conocer, según Kant, es captar las sensaciones de un objeto en el espacio y el tiempo mediante conceptos puros y
empíricos. Para que haya conocimiento, tienen que intervenir dos partes: el objeto (lo que queremos conocer) y el sujeto
(nosotros, que conocemos). El objeto se nos presenta como fenómeno, es decir, como algo que podemos percibir gracias a
que aparece en el espacio y el tiempo, que son condiciones que ya tenemos en nuestra mente antes de la experiencia (a
priori). Estas condiciones forman parte de la sensibilidad, que es la capacidad que tenemos de recibir sensaciones. Pero no
basta con sentir: también necesitamos al entendimiento, que es la facultad que organiza esas sensaciones. El proceso de
conocer sigue unos pasos: primero, todo lo que percibimos lo hacemos en el espacio y el tiempo, condiciones que ya
sabemos antes de ver nada. Después, recibimos un conjunto de sensaciones (como el color, la forma o la textura de un
melocotón), y eso se llama intuición. A esa intuición le damos forma aplicando conceptos. Cuando usamos conceptos que ya
conocemos por experiencia, como “fruta” o “melocotón”, hablamos de conocimiento empírico. Pero también usamos
estructuras que ya tenemos en la mente y que aplicamos a cualquier cosa que percibimos: eso es el conocimiento puro. Con
todo esto junto —sensibilidad, entendimiento, conceptos puros y empíricos— conseguimos conocer un objeto. Sin embargo,
Kant aclara que solo podemos conocer lo que aparece como fenómeno. Lo que hay más allá, lo que el objeto es en sí mismo
(noúmeno), no podemos conocerlo, solo pensarlo.
¿Qué es pensar según Kant y por qué no podemos conocer a Dios?
Kant distingue claramente entre conocer y pensar. Conocer es captar sensaciones en el espacio y el tiempo a través de
conceptos puros y empíricos. Pensar, en cambio, es una actividad de la razón que no siempre se basa en la experiencia.
Podemos pensar cosas que no podemos conocer, como el alma, el mundo o Dios. Para explicar esto, Kant usa una metáfora:
la paloma cree que volaría mejor sin el aire que la frena, pero sin él no podría volar. Del mismo modo, la razón humana cree
que podría avanzar mejor sin los límites de la experiencia, pero en realidad necesita esos límites para no caer en ilusiones. En
el cuadro de la página 5, se ve cómo las realidades físicas (como un melocotón o un virus) y las realidades psíquicas (como
emociones o pensamientos) tienen siempre una parte que podemos conocer —el fenómeno, que se nos da en el espacio y el
tiempo— y otra que no podemos conocer —el noúmeno, que queda fuera de nuestra experiencia. Cada día, gracias a la
ciencia, conocemos más fenómenos, y eso es avanzar en el conocimiento. Pero Kant advierte que nunca podremos conocer
todo. Siempre habrá una parte de la realidad (nouménica) que quedará fuera de nuestro alcance, porque no genera
sensaciones ni puede experimentarse directamente. Esto aplica especialmente a la idea de Dios: Kant, aunque
personalmente cree en Dios, filosóficamente afirma que no podemos conocerlo porque no tenemos ninguna experiencia
directa de Él. Aun así, pensar en Dios como idea está bien, porque nos orienta y nos empuja a conocer más. Lo importante es
no confundir lo que pensamos con lo que conocemos. Para Kant, está bien querer ampliar la isla del conocimiento, pero hay
que ser honestos: esa isla siempre estará rodeada por un mar de ignorancia. Aspirar a conocer más es humano, pero afirmar
que conocemos lo que en realidad solo pensamos —como ocurre con Dios— es un error que puede llevar al dogmatismo.
¿Qué es postular según Kant? ¿Qué son los tres postulados de la razón práctica?
La razón práctica en Kant trata sobre lo que debemos hacer, es decir, sobre la moral. Para explicar esto, Kant diferencia dos
tipos de ética: la ética material y la ética formal. La ética material, como por ejemplo la cristiana, se basa en normas
concretas que te dicen lo que tienes que hacer para alcanzar otro fin (por ejemplo, “sé bueno para ir al cielo”). Son normas
que se expresan como imperativos condicionales, es decir, tienen una condición (“si quieres X, haz Y”) y no valen para todos,
solo para quienes aceptan esa doctrina. En cambio, la ética formal de Kant no dice exactamente qué hacer, sino cómo decidir
si una acción es moral. Se basa en el imperativo categórico, que es una norma general que debe cumplirse por sí misma, no
para conseguir otra cosa, y es válida para todos los seres humanos. La formulación más conocida de esta norma es: “Obra
solo según una máxima tal que puedas querer que se torne ley universal”. Es decir, solo actúa como te gustaría que todos
actuaran.
Esta ética parte de un hecho clave: el hecho moral humano. Todos nos sentimos responsables de nuestras decisiones y
juzgamos si nuestras acciones son buenas o malas. Eso solo es posible si somos libres, porque si no pudiéramos elegir, no
tendría sentido hablar de moral. Pero Kant reconoce que no se puede demostrar científicamente que somos libres. Por eso,
postula la libertad: la propone como algo necesario para explicar el hecho moral, aunque no se pueda probar. Así empieza
Kant con sus tres postulados de la razón práctica.
El primer postulado es, por tanto, la libertad. Sin libertad, no hay moralidad posible, porque no podríamos elegir entre hacer el
bien o el mal. El segundo postulado es la inmortalidad del alma: Kant afirma que, al actuar moralmente, aspiramos a
perfeccionarnos cada vez más. Pero esa perfección moral no puede alcanzarse del todo en una sola vida. Por eso, postula
que el alma debe ser inmortal, para que ese proceso moral pueda continuar. Y el tercer postulado es la existencia de Dios.
Kant dice que, en el ejercicio de nuestra libertad, buscamos una identidad entre lo que somos y lo que deberíamos ser, y que
esta unión perfecta entre moralidad (virtud) y felicidad solo es posible si existe un ser que garantice que esa armonía se
cumpla. Ese ser es Dios. Así, aunque Kant niega que podamos conocer a Dios, lo piensa y postula como necesario para
completar el sentido moral de nuestra existencia.
Las tres preguntas sobre la concepción kantiana de la ciencia:
1. ¿Es posible la metafísica como ciencia?
Respuesta de Kant: No.
Pero no lo dice sin argumentar. Kant considera que para que algo sea ciencia debe cumplir con ciertas condiciones: debe ser
conocimiento universal, necesario y organizado a partir de juicios sintéticos a priori. La metafísica, que trata sobre ideas
como Dios, el alma o el mundo en su totalidad, no parte de la experiencia ni puede someterse a prueba. Además, sus
afirmaciones llevan siglos siendo discutidas sin llegar a ningún acuerdo. Por eso, Kant dice que la metafísica no ha
encontrado el “camino seguro de la ciencia”, y por tanto, no puede ser considerada una ciencia en sentido estricto.
2. ¿Es posible unificar las ciencias?
Lo que sugiere es que sí sería posible unificarlas, siempre que compartan el mismo tipo de base: los juicios sintéticos a priori.
Es decir, si tanto la matemática como la física (y cualquier otra ciencia) se apoyan en este tipo de juicios, entonces podría
pensarse en una unificación.
3. ¿Cómo es posible la ciencia? ¿Cuáles son sus condiciones?
Esta es la pregunta que más desarrolla Kant.
La respuesta está en su análisis del conocimiento y de los juicios. Para Kant, la ciencia es posible gracias a:
●Las condiciones a posteriori: dependen de la experiencia (por ejemplo, ver o medir cosas). Son particulares y cambiantes.
● Las condiciones a priori: son previas a la experiencia, universales y necesarias. Ejemplos: el espacio y el tiempo, que
usamos siempre que percibimos algo.
Estas condiciones permiten que tengamos experiencia ordenada, pero no basta con eso: también necesitamos juicios que
nos den conocimiento verdadero. Ahí es donde Kant introduce su famosa clasificación:
● Juicios analíticos a priori: no añaden información nueva, como “el todo es mayor que sus partes”.
● Juicios sintéticos a posteriori: sí dan información nueva, pero dependen de la experiencia, como “el cielo está nublado”.
● Y lo más importante: Juicios sintéticos a priori, que amplían el conocimiento y son independientes de la experiencia, y
que según Kant, son los que hacen posible la ciencia (como los que usa la geometría, la aritmética y la física).
¿Qué es la ciencia para Kant y en qué se diferencia de Hume? ( Pregunta tres desarrollada con los 3 ejemplos)
Kant se pregunta cómo es posible el conocimiento científico, y responde que este se basa en dos tipos de condiciones. Por un
lado, las condiciones a posteriori, que dependen de la experiencia (por ejemplo, usar los sentidos o un microscopio), y por
otro, las condiciones a priori, que son universales, necesarias y están en nuestra mente antes de experimentar nada, como el
espacio y el tiempo. Estas condiciones a priori son las que hacen posible la experiencia misma, y Kant las llama
trascendentales. A partir de esto, Kant estudia los juicios (es decir, afirmaciones que expresan conocimiento), y los clasifica
según dos criterios: si el predicado está o no contenido en el sujeto (analíticos o sintéticos), y si dependen o no de la
experiencia (a posteriori o a priori).
Para Kant, la ciencia se construye sobre los juicios sintéticos a priori: juicios que amplían el conocimiento (sintéticos) pero
que no dependen de la experiencia (a priori). Esto es justo donde Kant se separa del pensamiento de Hume. Y para
demostrarlo, Kant pone tres ejemplos clave: geometría, aritmética y física.
1. Geometría: Kant analiza juicios como “la recta es la distancia más corta entre dos puntos”. Para él, este juicio es sintético a
priori, porque no está contenido en la definición de recta (por tanto, no es analítico), pero lo sabemos sin tener que
comprobarlo empíricamente (por eso es a priori). Hume, en cambio, considera que este tipo de afirmaciones en geometría
son analíticas a priori, es decir, que simplemente explican lo que ya está en el concepto, sin aportar conocimiento nuevo.
2. Aritmética: Un ejemplo sería “7 + 5 = 12”. Para Hume, este tipo de juicio sería también analítico, ya que basta con analizar
los conceptos para ver que 12 está implícito en sumar 7 y 5. Pero Kant dice que no: que esa suma no se deduce directamente
del concepto de “7” y “5”, sino que el resultado nos aporta algo nuevo (es sintético), aunque lo sepamos sin experiencia (a
priori). Por tanto, para Kant, las afirmaciones matemáticas también son sintéticas a priori.
3. Física (causalidad): Aquí Kant se enfrenta directamente a Hume. Hume piensa que el principio de causalidad —“todo
efecto tiene una causa”— es a posteriori, es decir, que lo aprendemos por experiencia, viendo que las cosas suelen tener
causas. Pero Kant responde que eso no explica por qué siempre damos por hecho que hay una causa, incluso si no la
conocemos. Por ejemplo, si alguien se pone enfermo (como el ejemplo del profe con Mario), aunque no sepamos el motivo,
asumimos que algo lo causó. Para Kant, eso demuestra que el principio de causalidad no lo aprendemos por experiencia, sino
que lo tenemos a priori, y además es necesario para que podamos entender el mundo. Por eso, también en física usamos
juicios sintéticos a priori.
En conclusión, mientras Hume cree que todo conocimiento se basa en la experiencia (a posteriori) y que no hay certezas
absolutas, Kant cree que hay estructuras en nuestra mente (a priori) que nos permiten organizar la experiencia y construir una
ciencia que sea universal y necesaria.