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Histeria de Conversión en el Caso de Dora

El documento analiza el caso de Dora, una joven de 18 años con síntomas de histeria de conversión, vinculados a su relación con su padre y su historia familiar. Se exploran sus patologías, que comenzaron a los 7 años, y cómo su apego al padre y el conflicto edípico influyeron en su desarrollo emocional y psíquico. Además, se discuten experiencias traumáticas y la represión de la sexualidad que contribuyeron a su estado patológico.

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Histeria de Conversión en el Caso de Dora

El documento analiza el caso de Dora, una joven de 18 años con síntomas de histeria de conversión, vinculados a su relación con su padre y su historia familiar. Se exploran sus patologías, que comenzaron a los 7 años, y cómo su apego al padre y el conflicto edípico influyeron en su desarrollo emocional y psíquico. Además, se discuten experiencias traumáticas y la represión de la sexualidad que contribuyeron a su estado patológico.

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“Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de
peores formas”. -Sigmund Freud-

INTRODUCCIÓN
En el presente caso, se analizará el vínculo que Dora tenía con su padre y en qué forma se
identificaba con él, en relación a sus enfermedades, también se retomara el eje direccional
del padecimiento de Dora desde una histeria de conversión originada desde el trauma, y en
relación al Complejo de Edipo.

ACTORES/VOCES: DORA Y PADRE DE DORA


DIRECTIVA: HISTERIA DE CONVERSIÓN
Nombre de la paciente: Dora (seudónimo) , edad: 18 años, paciente con diversas patologías,
que iniciaron desde los 7 y hasta los 18 años de edad; además de presentar síntomas
somáticos y psíquicos: disnea, tos nerviosa, afonía, migrañas, desmayos y confusión
mental.
Dora es llevada por su padre a ser analizada por Sigmund Freud, debido a una carta que ella
había escrito haciendo referencia a un intento de suicidio. También el padre refiere que
Dora se ha vuelto una joven que siempre está irritable, no tiene una buena relación con su
madre y le reprocha constantemente la amistad con el matrimonio K y en específico con la
señora K, la relación de Dora con su padre fue determinante en la formación de la historia
infantil y patológica de la hija, por tal motivo, el análisis del caso es abordado a partir de la
relación padre e hija.
Las patologías de Dora surgen por primera vez a la edad de 8 años, cuando su padre
enferma de tuberculosis, y ella posteriormente enferma de afonía y tos, patologías
estrechamente relacionadas entre sí, se sugiere que existe una identificación histérica,
analizada en la interpretación de los sueños (Freud 2020) proceso inconsciente por medio
del cual, un sujeto se identifica con un objeto sobre la base de un deseo común reprimido
generalmente de orden sexual, (el padre). En este sentido vemos un primer eje de análisis
de la histeria, nuestro segundo eje es el conflicto edípico y de acuerdo con Freud, (1924).
Cuando el conflicto edípico normalmente se concluye, el niño/niña renuncia a la
1
investidura de los objetos papá o mamá para identificarse con ellos y se forma el superyó
que prohíbe el incesto, de esta forma la libido de objeto que era destinada a los padres será
sublimada en ternura y se interrumpe el desarrollo sexual del niño/niña; después entra el
periodo de latencia. Por lo contrario, si el yo no logró reprimir las investiduras libidinosas
hacia sus padres, entonces la libido seguirá invistiendo al objeto padre o madre de manera
inconsciente y patógena, tal como se manifiesta en Dora debido al apego con el padre.

NOVELA FAMILIAR

El círculo familiar de nuestra paciente, de 18 año, incluía, a sus padres y a un hermano un


año y medio mayor que ella. La persona dominante era el padre. El padre era un hombre
que andaba por la segunda mitad de la cuarentena.
La hija estaba apegada a él con particular ternura y la critica que tempranamente había
despertado en ella se escandalizaba tanto más por muchos de sus actos y peculiaridades.
Esta ternura se había acrecentado, además, por las numerosas graves enfermedades que el
padre padeció desde que ella cumplió su sexto año de vida. En esa época enfermo de
tuberculosis, y ello ocasionó que la familia se trasladara a una pequeña ciudad llamada B.
Cuando el padre ya estuvo sano; solía ausentarse temporariamente para visitar sus fábricas.
Cuando Dora tenía alrededor de diez años, un desprendimiento de retina, como
consecuencia de esta enfermedad sufrió una disminución permanente de la visión. (pag. 18)
Dos años más tarde cuando Dora tenía 12 años, a su padre le sobrevino un ataque de
confusión, seguido por manifestaciones de parálisis y ligeras perturbaciones psíquicas y
cuatro años más tarde el padre me presentase a su hija, claramente enferma de neurosis, y
transcurridos otros dos años la pusiese bajo mi tratamiento psicoterapéutico.
La muchacha se convirtió en mi paciente a los 18 años de edad, había depositado desde
siempre sus simpatías en la familia paterna y, después de caer enferma, veía su modelo en
la tía, hermana mayor del papá, en quien individualice una forma grave de psiconeurosis sin
los síntomas característicos de la histeria.
No conocí a la madre. De acuerdo con las comunicaciones del padre y de la muchacha, no
pude menos que formarme esta idea: era de escasa altura, pero poco inteligente, que, tras la

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enfermedad de su marido, concentro todos sus intereses en la economía doméstica y así
ofrecía el cuadro de lo que puede llamarse la “psicosis del ama de casa”. (pag19)
Dora convertida en señorita madura, muy independiente en sus juicios, solía burlarse de los
esfuerzos de los médicos. Todo intento de consultar a un nuevo médico provocaba sus
resistencias, y también a mí acudió movida sólo por la palabra autoritativa del padre. (pag
21)
Era evidente que no estaba satisfecha consigo misma ni con los suyos, enfrentaba
hostilmente a su padre, buscaba evitar el trato social. (pag22)
En cierta ocasión Dora iba a permanecer varias semanas en la casa de los K. mientras el
padre se había propuesto regresar a los pocos días, la muchacha declaro de pronto, con la
mayor decisión, que viajaría con él, y así lo puso en práctica. Solo unos días después
explicó su llamativa conducta a su madre, para que esta a su vez se lo tramitase al padre,
que el señor K durante una caminata, tras un viaje por el lago, había osado hacerle una
propuesta amorosa. Yo no dudo- dijo el padre- de que ese suceso tiene la culpa de la
desazón de Dora, de su irritabilidad y sus ideas suicidas. El relato de Dora sobre el inmoral
atrevimiento del hombre es una fantasía. (pag. 24)
El estrato más superficial de todas sus ocurrencias en las sesiones, todo lo que se le hacía
consciente con facilidad y lo que en calidad de consciente recordaba a la víspera, se refería
siempre al padre. Era clarísimo que no podía perdonarle que continuase tratando a los
señores K.
Cuando más tarde Dora hizo reproches a su padre a causa de la señora k., él solía decir que
no concebía esa hostilidad. (pag. 30)

SINTOMAS
Dora, presentaba a la edad de ocho años síntomas neuróticos. En esta época contrajo una
disnea permanente, en la forma de ataques muy agudos, que le apareció por primera vez
tras una pequeña excursión por las montañas, y fue atribuida a un cansancio excesivo.
(pag20)
La pequeña tuvo las habituales enfermedades de la infancia sin que le dejaran secuelas,
pero refirió que era su hermano quien se enfermaba primero y después ella. Hacia los doce
3
años de Dora le aparecieron hemicráneas del tipo de una migraña, y ataques de tos
nerviosa; al principio se presentaban siempre juntos hasta que los dos síntomas se separaron
y experimentaron un desarrollo diferente. La migraña se hizo cada vez más rara y hacia los
dieciséis había desaparecido.
La vi por primera vez a comienzo de un verano cuando ella tenía dieciséis; estaba aquejada
de tos y afonía.
Los ataques de tussis nervosa, que se habían iniciado con un catarro común, perduraron
todo el tiempo. Cuando entro al tratamiento conmigo, a los dieciocho años, tosía de nuevo
de manera característica. El número de estos ataques no pudo precisarse, pero la duración
de cada uno era de tres a cinco semanas, y en ocasiones se extendió por varios meses.
Durante la primera mitad del ataque el síntoma ´más molesto era una afonía total. (pag. 21)
El historial clínico hasta aquí no parece en su conjunto digno de comunicarse, con los más
corrientes, síntomas somáticos y psíquicos: disnea, tussis nerviosa, afonía, quizá también
migraña; además desazón, insociabilidad histérica y un taedium vitae probablemente no
tomado enserio. (pag. 22)
En la vivencia de la paciente Dora con el señor K antes mencionado, tendríamos el trauma
psíquico, que es una condición previa indispensable para la génesis de un estado patológico
histérico. (pag. 25)
Ahora bien, en nuestro caso, una parte de estos síntomas – la tos y la afonía- ya habían sido
producidos por la enferma unos años antes del trauma y sus manifestaciones se remontan a
la infancia.

LA SEXUALIDAD
Dora me comunicó una vivencia anterior con el señor k. mucho más apropiada para
producir el efecto de un trauma sexual. Tenía catorce años “el señor K, estrecho a la
muchacha contra él y le puso un beso en los labios” era justo la situación que, en una
muchacha virgen, provocaría una nítida sensación de excitación sexual. Pero Dora sintió en
ese momento un violento asco. (pag.26)

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El asco que entonces sintió no había pasado a ser en Dora un síntoma permanente, y en la
época del tratamiento existía solo de manera potencial, por así decir. Comía mal y
confesaba cierta repugnancia por los alimentos.
Opino que durante el apasionado abrazo ella no sintió meramente el beso sobre sus labios,
sino la presión del miembro erecto contra su vientre. Esta percepción fue reprimida y
sustituida por la inocente sensación de presión en el tórax. (pag.28)
El asco corresponde al síntoma de represión de la zona erógena de los labios (mal
acostumbrada en Dora, según veremos, por un chupeteo infantil) El horror a los hombres
que pueden hallarse en estado de excitación sexual obedece al mecanismo de una fobia
destinada a proteger contra una revivencia de la percepción reprimida. (pag.28)

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