OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
Magistrado ponente
STC685-2019
Radicación nº 76111-22-13-000-2018-00183-01
(Aprobado en sesión de veintitrés de enero de dos mil diecinueve)
Bogotá, D.C., treinta (30) de enero de dos mil
diecinueve (2019).
Se decide la impugnación de Asbel Rodrigo Lemos
Aldana al fallo de 15 de noviembre de 2018, proferido por la
Sala Civil- Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Buga, dentro de la tutela instaurada contra el Juzgado
Primero Promiscuo de Familia de Tuluá, extensiva a los
herederos indeterminados de Asbel Lemos Pérez.
ANTECEDENTES
1.- El precursor, a través de abogado, invocó el respeto
de la «dignidad humana» y el «acceso a la administración de
justicia» presuntamente transgredidos, por ende, pidió «dejar
sin efecto la sentencia Nro. 0274 de septiembre 29 de 2018
proferida por el Juzgado Primero de Familia de Tuluá (…),
para que se adelante el proceso judicial que permita definir
de fondo sobre [su] filiación», con base en los hechos que
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compendió así:
Instauró demanda de filiación extramatrimonial post-
mortem contra los herederos de Asbel Lemos Pérez, admitida
el 23 de mayo de 2018 por el Juzgado Primero Promiscuo de
Familia.
El 29 de septiembre siguiente, el fustigado dictó
sentencia anticipada que negó las pretensiones por hallar
probada la cosa juzgada, sin parar mientes en que la
resolución de 7 septiembre de 1988 que motivó el anterior
veredicto, no resolvió de fondo la materia por falta de
elementos suasorios.
2.- El Juzgado Primero Promiscuo de Familia de Tuluá
dijo que la «acción constitucional» resultaba improcedente,
porque «la parte no agotó todos los mecanismos de defensa
judicial previstos en el ordenamiento jurídico, pues la
sentencia proferida (…) no fue objeto de recurso alguno».
La curadora ad litem de los herederos indeterminados
de Asbel Lemos Pérez se opuso «a las pretensiones toda vez
que el accionante no presentó recurso de apelación contra la
sentencia que ataca vía tutela, pues no se cumple con el
requisito de subsidiariedad».
No hubo más réplicas.
3.- El a quo advirtió impróspera la guarda porque «el
suplicante adoptó una postura indiferente de cara a los
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medios ordinarios de defensa que la arquitectura del proceso
puso a su disposición, pues pese a tener la oportunidad de
interponer el recurso de apelación frente a la sentencia que
vía constitucional (…) cuestiona, prefirió guardar silencio».
4.- Al impugnar el gestor manifestó que con el amparo
se procura subsanar el yerro en el que incurrió el querellado
al dictar «sentencia anticipada» aun cuando la prueba
genética decretada no se había recaudado e iteró que dicho
proceder le impide establecer su «filiación» real.
CONSIDERACIONES
1.- Lo dictaminado por los jueces es, por regla general,
ajeno al auxilio consagrado en el artículo 86 de la Carta
Política; salvo, lo ha sostenido reiteradamente la
jurisprudencia, cuando resulta arbitrario, producto de la
mera liberalidad, siempre que configure una «vía de hecho»,
el afectado acuda dentro de un tiempo razonable y no tenga
o haya desaprovechado otros remedios para conjurar el
agravio.
Además, los nombrados falladores gozan de una
discreta libertad para la hermenéutica del ordenamiento
jurídico, por lo que no es del caso inmiscuirse en sus
pronunciamientos, a no ser que incurran en una desviación
notoria o grosera.
2.- Véase que el impulsor lamenta la decisión
proveniente del Juzgado Primero Promiscuo de Familia, que
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solventó de forma «anticipada» la contienda por él
promovida tras verificar la existencia de «cosa juzgada» sin
que se cumplieran los presupuestos previstos para ello pues
habían medios de convicción por practicar. Aseveró que lo
dirimido le cercenó el «derecho a reclamar su verdadera
filiación».
3.- Ahora, según el informe rendido por el enjuiciado
bajo la gravedad de juramento (artículo 19 del Decreto 2591
de 1991), lo perseguido por el inconforme no puede salir
avante, porque dilapidó el mecanismo a su alcance para que
en el escenario natural fuera revisada, por el superior, la
legalidad de la providencia criticada.
Sin embargo, sobre la incuria en procesos donde se
debate «la filiación», la Corte Constitucional, con ahínco, ha
expresado que
(…) el hecho de que el actor dentro de la presente acción de
tutela dejara de interponer, en el proceso de filiación
extramatrimonial, el recurso de apelación al que tenía derecho
contra la sentencia proferida por el Juzgado Sexto de Familia de
Cali el 4 de diciembre de 2002, debe ceder ante la contundencia
de la verdad científica y ante la trascendencia de los derechos
que se ponen en juego. De lo contrario, el señor Jairo Edmundo
Pabón se vería abocado de por vida a una situación de flagrante
vulneración de sus derechos fundamentales a la personalidad
jurídica y a su estado civil. De igual manera, conociendo ahora
sin posibilidad de duda la identidad de su padre, si se le negara
el derecho que tiene a establecer su filiación y su estado civil, el
señor estaría recibiendo menoscabo también en relación con su
dignidad como persona humana. Señala el juez de primera
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instancia, para denegar el amparo, que el actor en sede de
tutela, al no interponer el mencionado recurso de apelación al
que tenía derecho, consintió tácitamente el resultado adverso del
proceso de filiación extramatrimonial. La Sala debe señalar que
existe un argumento de carácter sustancial que la lleva a disentir
de los planteamientos hechos por el Juez y a considerar que la
comprensión del problema por parte de éste no se ciñe a la
doctrina constitucional. La interposición del recurso de apelación
contra una sentencia, y en general de los recursos que la ley
pone a disposición de las partes en un proceso, son una carga
procesal. La doctrina de esta corporación ha expuesto que la
carga procesal es una conducta de realización facultativa
establecida en beneficio del propio interés del gravado con ella,
pero cuya omisión lo expone al riesgo de soportar consecuencias
jurídicas desfavorables. Así, pues, la carga procesal de interponer
un recurso da la posibilidad al sujeto interesado de interponerlo o
no, y si su decisión es la de no hacerlo, deberá aceptar las
posibles consecuencias adversas a sus intereses que de ello
deriven. No obstante, desde el punto de vista sustantivo las
consecuencias desfavorables de la falta de interposición de un
recurso pueden no ser aplicables, por tratarse de un derecho
indisponible, como ocurre con los derechos fundamentales y, en
particular, con el estado civil de las personas. En tal sentido, el
Art. 1º del Decreto-Ley 1260 de 1970 preceptúa que el estado
civil es indisponible y el Código Civil establece que no se puede
transigir sobre éste - Art. 2473 (Sentencia T-411/04).
En ese orden, habrá de superarse la prenotada falencia
para examinar de fondo la cuestión, pues está en juego lo
relativo al estado civil de Lemos Aldana, quien manifestó con
claridad en el escrito inicial y en el de impugnación que su
interés en que se continúe con la referida litis no es el
entorno económico pues dicho aspecto fue conciliado.
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4.- Seguidamente huelga adentrarse en el estudio del
«fallo» de 24 de septiembre de 2018. Encuentra la Sala que
el Juzgado Primero Promiscuo de Familia erró al declarar
probada la excepción previa de «cosa juzgada» sin haber
recolectado la probanza científica (ya «decretada»), pese a
que así lo ordena la Ley 721 de 2001, que modificó la Ley 75
de 1968.
Ciertamente, el artículo 2 de dicha normativa regla que
«[e]n todos los procesos para establecer paternidad o
maternidad, el juez, de oficio, ordenará la práctica de los
exámenes que científicamente determinen índice de
probabilidad superior al 99.9%» y el parágrafo 2 ejusdem a
su vez preceptúa que «[m]ientras los desarrollos científicos
no ofrezcan mejores posibilidades, se utilizará la técnica del
DNA con el uso de los marcadores genéticos necesarios para
alcanzar el porcentaje de certeza de que trata el presente
artículo».
No era viable entonces, desconocer la citada legislación
especial, mucho menos con pábulo en una determinación
que se remonta a 1988, porque media un hecho nuevo,
capaz de cambiar su sentido, a saber, el resultado de la
«prueba científica de ADN», que arroja un altísimo grado de
posibilidad para el establecimiento de la progenitura.
En un caso de similar contorno se aseveró
[i]ncluso, para la Sala no se estructuraba el fenómeno de cosa
juzgada que fue declarado en el auto del 21 de mayo de 2003,
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pues si bien había identidad de partes y de pretensiones, entre el
proceso adelantado en 1988 y el terminado en 2003, los hechos
no eran similares. Al respecto basta con traer a colación lo
considerado por este Tribunal en la sentencia T-352 de 2012, al
analizar un caso con presupuestos fácticos equivalentes:
“Así las cosas, la Sala considera que no existe cosa juzgada en
este caso, debido a que si bien se trata de iguales sujetos y de
iguales pretensiones, los hechos no son los mismos, ya que: i) en
1973 [en el presente asunto sería 1988] (fecha en que se llevó a
cabo el primer proceso) no existía la prueba de ADN, pues los
avances científicos en materia genética no habían llegado hasta
su descubrimiento; ii) el ordenamiento jurídico se regía bajo los
mandatos de la Constitución de 1886; por tanto, fue hasta 1991
cuando se logró afianzar el principio de la primacía del derecho
sustancial sobre el procesal, como garantía de la materialización
y protección real de los derechos de los individuos; y iii) no se
había expedido la Ley 721 de 2001, que fue la que determinó
que era obligatoria la prueba de ADN en los procesos de filiación,
mientras los desarrollos científicos no ofrezcan mejores
posibilidades”.
Como se expuso previamente, el proceso de investigación de la
paternidad ha sufrido mutaciones legislativas acordes con los
avances científicos mediante los cuales se ha permitido que las
partes involucradas en un proceso de esta naturaleza tengan
plena certeza al momento de definir si existe un vínculo
consanguíneo entre ellos. Así, la nueva normatividad, que para el
presente caso es la Ley 721 de 2001, resultaba imperativa para
el juez de conocimiento y suponía hechos nuevos o diferentes a
los analizados y juzgados, permitiendo descartar la
estructuración del fenómeno de cosa juzgada (CC T-249-
2018).
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De ahí que, el encartado debió encauzar su actuación a
permitir que se solucionara «científicamente» lo atinente al
vínculo consanguíneo entre el discrepante y el finado Asbel
Lemos Pérez, sin anteponer barreras procedimentales a las
prerrogativas superiores del quejoso, máxime cuando
advirtió que el intento desplegado con tal fin en 1988 se
frustró por falta de material «probatorio».
DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,
en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre
de la República de Colombia y por autoridad de la
Constitución y la Ley, REVOCA el fallo impugnado y en su
lugar resuelve:
PRIMERO. CONCEDER el auxilio instado por Asbel
Rodrigo Lemos Aldana.
SEGUNDO. DEJAR sin valor ni efecto la sentencia
anticipada dictada por el Juzgado Primero Promiscuo de
Familia de Tuluá, en la acción de filiación extramatrimonial
post-mortem formulada por el tutelante contra los herederos
de Asbel Lemos Pérez.
TERCERO. ORDENAR al despacho accionado, para
que a través de su titular, en el término de cuarenta y ocho
(48) horas, contado a partir de la respectiva notificación,
proceda a emitir un nuevo proveído bajo los lineamientos
aquí expuestos.
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CUARTO. Comuníquese telegráficamente lo aquí
dirimido a las partes; y, en oportunidad, remítase el
expediente a la Corte Constitucional, para su eventual
revisión.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE
OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
Presidente de Sala
MARGARITA CABELLO BLANCO
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
LUIS ALONSO RICO PUERTA
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
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