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Rousseau Politica Evau

Rousseau critica la sociedad civilizada por su artificialidad y competitividad, argumentando que la cultura ha corrompido la naturaleza humana. Propone que el estado de naturaleza, caracterizado por la libertad y la bondad innata, es el modelo para evaluar la sociedad organizada, que surge con la propiedad privada y la desigualdad. A través del contrato social, Rousseau busca una forma de asociación que mantenga la libertad individual y la voluntad general, promoviendo una educación que fomente el amor y la justicia en la comunidad.
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Rousseau Politica Evau

Rousseau critica la sociedad civilizada por su artificialidad y competitividad, argumentando que la cultura ha corrompido la naturaleza humana. Propone que el estado de naturaleza, caracterizado por la libertad y la bondad innata, es el modelo para evaluar la sociedad organizada, que surge con la propiedad privada y la desigualdad. A través del contrato social, Rousseau busca una forma de asociación que mantenga la libertad individual y la voluntad general, promoviendo una educación que fomente el amor y la justicia en la comunidad.
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APUNTES DE MI PROFESOR:

POLITICA:

1.1. Crítica de la sociedad civilizada Desde sus primeras obras, Rousseau adoptó una
actitud enormemente crítica respecto de la sociedad civilizada, que se caracteriza
principalmente por la artificialidad, la hipocresía y la competitividad. A su juicio, la causa de
esta degeneración moral es el progreso de las artes, las ciencias y las letras, tesis
claramente opuesta a los principios de los enciclopedistas. En consecuencia, contra el
efecto negativo de la cultura es preciso cultivar una «ignorancia razonable», que consiste en
el amor a la virtud y en la limitación de la curiosidad a las facultades que se han recibido.
Aunque posteriormente matizó su rechazo de la civilización, la idea de que la naturaleza
humana ha sido corrompida por la sociedad y la cultura siempre estuvo presente en su
pensmiento. 1.2. El estado de naturaleza La afirmación de que la sociedad civilizada ha
corrompido al ser humano tal como era en su estado de naturaleza exige una descripción
de dicho estado. Puesto que solo conocemos al ser humano en sociedad, esta investigación
de su estado natural no puede ser empírica ni histórica, sino que más bien ha de ser una
explicación hipotética que consiste en tomar al ser humano tal como lo conocemos y
retirarle todos los atributos que ha recibido de la vida en sociedad. En definitiva, el estado
de naturaleza es más bien el modelo o norma desde el cual Rousseau somete a crítica el
orden social vigente. Aunque en el estado de naturaleza el ser humano se dedicaría
fundamentalmente a la conservación de su vida, se diferenciaría de los animales no
solamente por su inteligencia y habilidad, sino, sobre todo, por su libertad. Además, el ser
humano se distingue por su perfectibilidad, es decir, por su capacidad de perfeccionarse a sí
mismo. En su estadio más primitivo, sin vida social y sin haber alcanzado el nivel de
reflexión, el ser humano carecería de cualidades morales en sentido estricto. Ahora bien,
esto no implica que fuese malo ni violento, sino simplemente que no poseería las ideas de
bondad y maldad ni tampoco las de justicia e injusticia, pues ni siquiera habría una
distinción entre lo «mío» y lo «tuyo». Por el contrario, cabe afirmar que, según Rousseau, el
ser humano en este primitivo estado de naturaleza es bueno, ya que, si bien no puede ser
considerado bueno en un sentido estrictamente moral, la bondad moral no consiste más que
en el desarrollo de sus sentimientos e inclinaciones naturales. Entre tales sentimientos
naturales se hallan el amor de sí mismo, que no hay que confundir con el egoísmo que se
da la sociedad, y la piedad o compasión, la cual nace, en opinión de Rousseau, del amor de
sí. Por otra parte, Rousseau describe al ser humano en su estado más primitivo sin
lenguaje. Con el tiempo, se establecieron signos convencionales para designar cada objeto
y más tarde aparecieron términos generales para expresar ideas generales. Respecto a la
cuestión de si la existencia de la sociedad es necesaria para la adquisición del lenguaje o,
por el contrario, el surgimiento de este es imprescindible para el establecimiento de la
sociedad, el pensador suizo no propone ninguna solución. No obstante, sostiene con
claridad que la vida intelectual del ser humano sería imposible sin la capacidad lingüística.
1.3. La transición del estado de naturaleza a la sociedad organizada Aparte de la conciencia
de la ventaja de la colaboración en ciertas empresas comunes, según Rousseau, la
aparición de la sociedad civil depende ante todo del establecimiento de la propiedad
privada. Al introducirse esta, desapareció la igualdad y, junto con la agricultura y la
metalurgia, surgieron la esclavitud y la miseria. Aun cuando también aparecieron las
nociones de justicia e injusticia, el ser humano se alejó de su sencillez primitiva y se
impusieron las desigualdades y los enfrentamientos, hasta el punto de darse un «estado de
guerra». Dados la inseguridad y los males derivados de la institución de la propiedad
privada, resultó necesario el establecimiento por consentimiento común de la sociedad
política, el gobierno y la ley. Sin embargo, estos no supusieron un avance, sino la pérdida
de la libertad natural y la consolidación de la propiedad privada y el aumento de las
desigualdades derivadas de ella. Aunque la sociedad política tiene su origen en un
«contrato» entre el pueblo y los gobernantes, el poder político degeneró en el despotismo
hasta conducir finalmente a la ley del más fuerte, a la que, en principio, estaba destinado a
sustituir. Mientras que en el estado de naturaleza no había más desigualdad que la natural,
que consiste en la mera diferencia de capacidades, en la sociedad civil existe, además, la
«desigualdad moral o política», que es consecuencia de la aparición de la propiedad privada
y de las leyes. Esta desigualdad no es proporcional a la desigualdad natural y se encuentra
en contradicción con el derecho natural. De este modo, se regresa, por así decirlo, al estado
de naturaleza. Ahora bien, a diferencia del inicial, que se caracterizaba por la inocencia y la
sencillez, el actual es fruto de la corrupción. No obstante, pese a esta crítica de la sociedad
civilizada, Rousseau no se plantea la meta imposible y absurda de la supresión de la
sociedad, sino más bien una reforma radical de ella que supere los males propios del orden
social vigente al recuperar los sentimientos naturales. Paradójicamente, sólo la razón puede
promover el retorno a la bondad del estado de naturaleza dentro de la sociedad
debidamente transformada. 1.4. El contrato social La filosofía política de Rousseau parte,
pues, de que los individuos son libres en el estado de naturaleza, pero, en cambio, se
encuentran encadenados en la sociedad civil. Si bien en sus primeros escritos había
adoptado una actitud meramente crítica ante esta situación de acuerdo con la cual
rechazaba a la sociedad como un mal, en su obra fundamental, titulada el Contrato social,
opta por justificar un orden social tal como debería ser para que se superasen los males de
la civilización y se recuperara de algún modo el estado de naturaleza, solo que en el seno
de la sociedad misma. Para ello recurre a la teoría contractual que ya habían propuesto en
la Edad Moderna autores como Hobbes y Locke. Así, el deber de obedecer al poder político
no puede fundarse en la fuerza que este posee y ejerce, las cuales sólo justificarían un acto
de prudencia, sino en un acuerdo o convención que legitime el orden social y la autoridad
política. . Según el filósofo ginebrino, los seres humanos se ven forzados a unirse y
asociarse para conservarse una vez que los obstáculos a su conservación en el estado de
naturaleza superan a los recursos de los que dispone en dicho estado. Ahora bien, el
problema reside en encontrar un forma de asociación que no solamente proteja a los
miembros de la sociedad y sus posesiones, sino que a la vez garantice que los individuos
sigan siendo libres como en el estado de naturaleza, esto es, continúen obedeciéndose sólo
a sí mismos. Dicha forma de organización política se basa en un pacto entre iguales
mediante el cual cada miembro de la sociedad se une a los demás para obedecer
voluntariamente la voluntad general, renunciar a sus intereses particulares y convertirse en
una parte del todo indivisible que es la comunidad. Así, por medio del contrato social, se
sustituye la libertad natural que poseían los individuos en el estado de naturaleza por la
libertad civil y moral que adquieren en la sociedad. Según Rousseau, los seres humanos se
hacen libres al obedecer la voluntad general y la ley basada en esta, pues, al someterse a
ellas, obedecen a su propia razón y a lo que su voluntad realmente quiere. 1.5. La
soberanía popular Por otra parte, con la asociación de individuos mediante el contrato
social, se crea un cuerpo moral y colectivo al que se denomina Estado, Soberano o Poder
según se lo considere pasivamente, de forma activa o en relación con otros cuerpos
semejantes. Por tanto, Rousseau considera que la soberanía reside en dicho cuerpo, que
es el pueblo en cuanto legisla ejerciendo la voluntad general. De ahí que cada individuo, en
cuanto miembro del cuerpo moral, es soberano, mientras que, como poseedor de una
voluntad particular, debe someterse a la voluntad general. Rousseau defiende que la
soberanía es inalienable, de modo que no admite representación alguna. Como mucho, el
pueblo puede elegir diputados que ejerzan como administradores, pero no que legislen en
representación suya. Además, la soberanía es indivisible, dado que la voluntad general
también lo es. Tampoco es posible una división de la soberanía en los poderes ejecutivo y el
legislativo, sino que el poder ejecutivo meramente administra la ley y es un instrumento al
servicio del soberano, es decir, del pueblo en cuanto legislador. 1.6. La voluntad general El
concepto fundamental de la teoría política propuesta por Rousseau es, sin duda alguna, el
de voluntad general. En su opinión, el Estado es un sujeto o un «ente moral que cuenta con
una voluntad». Esta voluntad tiende siempre al bien del todo y de cada parte. Por ello ha de
ser la fuente de todas las leyes y constituir para todos los miembros de la sociedad la norma
de lo justo y lo injusto tanto respecto de sus relaciones recíprocas con en su relación con el
Estado. Solo así el derecho coincidirá, por así decirlo, con la moral. La voluntad general no
se identifica, pues, la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, sino con a voluntad del
Estado como un todo y orientada al interés y al bien común. Por ello distingue Rousseau
entre la voluntad de todos y la voluntad general. Mientras que la primera tiene en cuenta
intereses privados y no es más que la suma de las voluntades particulares, la segunda es la
voluntad del pueblo soberano que quiere el bien común o universal. Por esto motivo, la
voluntad de todos o de la mayoría puede errar en su búsqueda del bien común, pero la
voluntad general es infalible y siempre quiere el interés común. Al ser la voluntad general
más universal que la voluntad de todo individuo y la de todo grupo perteneciente al Estado,
debe prevalecer sobre ellas. Así pues, la bondad moral y la virtud consisten en que la
voluntad particular se identifique y se ajuste a la voluntad general. Igualmente, el legislador
tiene el deber de que las leyes sean conformes a ella. Por tanto, aunque a veces se observa
en el pensamiento de Rousseau la tendencia a asociar la voluntad general con la de la
asamblea popular o el cuerpo legislativo que representa al pueblo, queda claro que admite
que las leyes y las decisiones emanadas de ellos pueden no corresponderse con la
voluntad general, que es, por así decirlo, el criterio moral para distinguir lo justo de lo
injusto. Además, también parece admitir la idea de algo más general que Estado de la cual
las voluntades de todos los individuos y todos los estados serían miembros. La voluntad de
esta «gran ciudad del mundo» sería, pues, la «voluntad de la naturaleza» a la cual también
los estados deberían someterse, siendo la sociedad política el modo en que se cumple la
voluntad general. No obstante, con el fin de garantizar que la asamblea popular apruebe
leyes que se ajusten a la ley general, el pensador suizo propone, entre otras medidas, evitar
las sociedades parciales con sus respectivas voluntades relativamente generales a fin de
que cada ciudadano piense por sí mismo. Para ello deberán estar, además, adecuadamente
informados. Si se cumplen estas condiciones, entonces la voluntad de la mayoría expresará
inevitablemente la voluntad general al compensarse las diferencias entre las voluntades
particulares. Así pues, salvo en el caso del contrato social, que requiere unanimidad, en el
resto de las decisiones la mera voluntad de la mayoría resulta vinculante, si bien debe
aproximarse a la unanimidad a medida que aumente la importancia de los asuntos que se
decidan. 1.7. El gobierno De acuerdo con el planteamiento de Rousseau, el poder legislativo
es el pueblo soberano, que expresa la voluntad general mediante leyes universales,
mientras que el poder ejecutivo o gobierno se encarga de aplicar la ley en el caso de
acciones y personas particulares. La función del gobierno es, pues, meramente
administrativa. Además, el pueblo no se sitúa bajo el gobierno por un contrato, sino por un
encargo, de modo que el pueblo, en quien reside la soberanía, puede limitar, modificar o
recuperar el poder ejecutivo para encargárselo a quien decida. Respecto a las formas de
gobierno, Rousseau rechaza que haya una forma de gobierno ideal, pues el mejor modo de
organización política es diferente para clase de sociedad y estado. Pese a ello, considera
que los gobiernos democráticos son adecuados para estados pequeños, los gobiernos
aristocráticos para los estados de tamaño medio y los monárquicos para los grandes
estados. No obstante, todas ellas pueden degenerar y, de hecho, la tendencia a hacerlo es
inevitable, si bien la separación de los poderes ejecutivo y legislativo frena este proceso de
decadencia. Por otra parte, no hay que olvidar que el filósofo ginebrino muestra cierta
preferencia por los estados pequeños tales como los pequeños cantones suizos en los
cuales resulta posible una democracia directa en las que los ciudadanos se reúnen con
facilidad en asambleas para ejercer el poder legislativo. Sin embargo, a la vez teme que la
democracia no sea, en realidad, realizable en una sociedad humana. 1.8. La educación Con
el fin de preparar a los seres humanos para la realización efectiva del contrato social,
Rousseau propuso en su obra Emilio una pedagogía renovadora. El fundamento de esta
pedagogía es una «libertad bien dirigida», para lo cual resulta imprescindible educar los
sentimientos y la razón en el desinterés y en el amor tanto al prójimo como a la comunidad,
suprimiendo así todo egoísmo y competitividad. Este proceso educativo debe ser gradual y
atender a las distintas etapas del desarrollo psicológico del niño y del adolescente, pues en
cada fase de su evolución el ser humano requiere diferentes técnicas pedagógicas según
las facultades que se hayan desarrollado lo suficiente para ser educadas. En general, el
educador nunca debe considerar al niño como un adulto en miniatura, sino como un niño
con sus propios modos de pensar y de sentir. Desde el nacimiento hasta los doce años, hay
atender al ejercicio inteligente de los sentidos. Posteriormente, de los doce a los quince
años, se tiene que desarrollar una educación de la inteligencia, orientando la atención del
adolescente hacia las ciencias, pero siempre por medio del contacto directo con las cosas
que imponen sus leyes y su necesidad. Por último, desde los quince a los veintidós años, la
educación debe centrarse en la dimensión moral, fomentando el amor al prójimo, la
compasión, el sentido de la justicia, la vida en comunidad y, como complemento, la
preparación para el matrimonio. 1.9 La Religión Rousseau es partidario de establecer una
religión natural y una religión civil que no admitan distinción alguna entre lo público y lo
privado, la política y la teología, lo exterior y lo interior, tal como hace el cristianismo, sino
que garantice la convivencia y la aceptación de la voluntad general que ama siempre el bien
común. Las verdades fundamentales de la religión natural o «religión del hombre», que se
opone a todo elemento sobrenatural, son la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.
Según Rousseau, la existencia de Dios es reconocida a partir el maravilloso orden y
finalidad de la naturaleza, cuya única explicación es la existencia de Dios. Su postura se
aproxima, pues, al deísmo de muchos ilustrados, según el cual Dios existe como causa del
universo, pero no interviene directamente en este. En cuanto a la inmortalidad del alma, l se
sigue de la imposibilidad racional de admitir que los malos triunfen definitivamente sobre los
buenos, tal como ocurriría si todo se redujese a lo acontecido en la historia de la
humanidad. Asimismo, la voz de la conciencia ―es decir, del principio de justicia según el
cual se juzgan las acciones propias y ajenas― es el sentimiento natural e innato de amor al
bien y a la justicia, si bien por sentimiento hay que entender un aprehensión inmediata o
intuitiva. Finalmente, según Rousseau, el culto divino esencial no es otro que el del corazón
y la moralidad. Además de la «religión del hombre», es necesario proponer también una
religión civil o «religión del ciudadano», es decir, una profesión de fe puramente civil cuyos
artículos sean establecidos por el pueblo soberano, pero no como dogmas religiosos, sino
como sentimientos sociales necesarios para ser buenos ciudadanos. Así, a las verdades de
la religión natural, se añaden, primero, la santidad del contrato social y, segundo, la
tolerancia de toda religión que a su vez sea tolerante y no se oponga a los deberes del
ciudadano. Para Rousseau el instrumento de salvación no es la Iglesia, sino únicamente el
Estado.

Apuntes del profesor de otro colegio:

POLITICA:

JEAN-JACQUES ROUSSEAU (1712 – 1778) ¿Qué vamos a ver? Problema del hombre y
Política (van juntos pues uno sucede al otro) 1. CRÍTICA A LA CIVILIZACIÓN Y A LA IDEA
DE PROGRESO El proyecto de la Ilustración podría quedar resumido en la idea de alcanzar
una ciencia del hombre y en la defensa de una razón autónoma –frente a la tradición, la fe o
la autoridad- y secularizada. Se creyó que sobre estas bases sería posible un continuo
progreso en el desarrollo y realización de la “naturaleza racional del hombre”. El
pensamiento ilustrado considera la historia como el escenario del desarrollo y progreso
humano. El movimiento ilustrado confía en que el triunfo de la razón sobre los prejuicios, las
supersticiones y el dogmatismo conducirá a un desarrollo de las ciencias y de las artes, lo
que permitirá un mayor conocimiento y dominio de la naturaleza para ponerla al servicio del
hombre. Al mismo tiempo, la Ilustración sostiene que el uso de la razón ayudará a crear
proyectos de vida individuales y colectivos que hagan a las sociedades más justas y a los
individuos más felices. Esta es la concepción de la historia en la que, en gran medida,
todavía vivimos inmersos. Rousseau es el primer crítico destacado de esta concepción del
progreso. Su punto de partida lo constituye una dura denuncia de la artificialidad de la vida
social y una crítica de la civilización. Rousseau se pregunta acerca de dos aspectos: 1. Si el
progreso en la cultura, las ciencias y las artes lleva consigo un progreso humano, entendido
como una mejora de las características morales y de la felicidad de los hombres. 2. Si el
progreso que parece representar la sociedad burguesa contribuye a hacer del hombre un
ser libre y capaz de desarrollar sus capacidades naturales (racionales, estéticas,
sentimentales…). La respuesta de Rousseau a ambas cuestiones es negativa. Al comienzo
del Emilio o de la educación (1762) escribe: “Todo está bien al salir de las manos del Autor
de todas las cosas; todo degenera en manos de los hombres”. Y en El contrato social
(1762) señala: “El hombre nace libre, pero por todas partes se encuentra encadenado”. En
su opinión, las ciencias y las artes no han mejorado al hombre, sino que han ayudado a
corromperlo, contribuyendo a crear sociedades alejadas de la naturaleza en las que domina
la desigualdad y todos los males que ella trae consigo (pensad en todas las desigualdades
que podáis imaginar en una sociedad). Ahora bien, la intención de esta crítica no es un
rechazo indiscriminado de la cultura y de la sociedad, y el retorno a una sociedad
supuestamente acorde con la naturaleza, sino, por el contrario, un rechazo del orden social
dado, de la idea vigente de cultura y del optimismo en el progreso. Rousseau, por tanto, no
considera que toda sociedad sea inevitablemente mala, sino que la estructuración de la
sociedad de su tiempo es injusta. 2. CONCEPCIÓN DEL HOMBRE DE ROUSSEAU 2.1 LA
HIPÓTESIS DEL ESTADO DE NATURALEZA ¿Cuál es el origen de la sociedad humana y
cuál ha sido su evolución hasta llegar al Estado? ¿Cuál es la validez de las formas del
Estado de su tiempo, es decir, del llamado Antiguo Régimen? Rousseau intentará mostrar la
verdadera naturaleza del hombre antes de ser corrompido por la sociedad. Su propósito es
“distinguir lo que hay de originario y lo que hay de artificial en la naturaleza actual del
hombre”. Con ese propósito, distingue entre: a) EL ESTADO DE NATURALEZA, que
designa una supuesta situación en la que se encontrarían los hombres antes, o al margen,
de la creación de sociedades organizadas. En esta situación sus vidas estarían regidas por
ciertas leyes o derechos naturales. b) EL ESTADO SOCIAL designa la situación real en la
que -al vivir en un determinado orden y estructura social injustos en el que reina la opresión
y la desigualdad- se promueven los males señalados anteriormente: opresión, vida
artificiosa, debilidad... El hombre se hace malo, movido por el “amor propio” o insaciable
egoísmo, convirtiéndose en un hombre artificial. Rousseau sostiene que el estado de
naturaleza es una hipótesis obtenida por abstracción. Esto es, quitando del ser humano
todo aquello que pone en él la sociedad (las desigualdades morales y políticas, tales como
la desigualdad en cuanto a honor, riqueza, rango, consideración social; las pasiones y
deseos que nacen en sociedad, tales como la ambición, el deseo de honores; las
costumbres y convenciones sociales…). Hecha tal abstracción, lo que queda es el hombre
natural, el hombre en estado de naturaleza cuyas características son: 1. Los hombres viven
aislados, ya que la única comunidad natural es la familia, y sólo durante el tiempo que los
hijos precisan de sus padres; luego los vínculos familiares se disuelven. 2. Los impulsos
básicos son el deseo de autoconservación que le lleva a intentar satisfacer sus escasas
necesidades naturales (comida, abrigo, sexo). La piedad o compasión por sus semejantes:
impulso que nace de la capacidad de identificarse con los demás y que se observa incluso
en algunos animales. 3. Los hombres no han sido corrompidos por los vicios, la esclavitud,
ni la vida artificial. La mayoría son en su mayoría, fuertes, sanos y autosuficientes. 4. Los
hombres son básicamente iguales, ya que las desigualdades que existen se deben
únicamente a sus condiciones físicas, tales como la edad, la salud, la fuerza o la habilidad
física, etcétera, que nunca llegan a crear grandes diferencias entre un ser humano y otro. 5.
Libertad natural. Es la capacidad que tienen los seres humanos para elegir lo que quieren
hacer al margen de cualquier regla natural. Esto diferencia a los humanos de los animales,
ya que éstos guían su comportamiento siguiendo pautas fijas de acción. 6. Capacidad de
autoperfeccionamiento que lleva a los hombres, tanto individual como colectivamente, a
transformar sus vidas. 2.2 PROPIEDAD PRIVADA Y ABANDONO DEL ESTADO NATURAL:
PASO AL ESTADO SOCIAL ¿Qué hace a los seres humanos abandonar el estado de
naturaleza y organizarse en sociedades con la creación final de Estados, gobiernos y leyes?
a) La unión como medio de conseguir mejores resultados. En un primer momento, los
hombres pudieron descubrir que su unión les proporcionaba ciertas ventajas para defender
mejor sus intereses (la unión con otros hombres podía, por ejemplo, facilitar la caza, o
protegerse mejor frente a los peligros y catástrofes naturales). La costumbre de vivir unidos
hizo que se desarrollasen ciertos lazos afectivos y pasiones antes desconocidos: el amor
conyugal y paterno, la amistad, los celos, la comparación entre unos y otros, las
preferencias, etcétera. Surgen así las primeras discrepancias. Entonces surgió la autoridad:
no tenía un carácter político, sino que se trataba de la voz de la experiencia, que guiaba
para conseguir mejores resultados en las actuaciones colectivas. b) La aparición de la
propiedad privada. En un segundo momento, apareció la desigualdad social merced a la
aparición de la propiedad privada y la división del trabajo. Los grupos se dividieron en
poseedores y no poseedores, en dominadores y dominados, porque los nuevos
descubrimientos “a unos les sirven para acumular riqueza y, a otros, para desearla”. De esta
manera, la propiedad privada se convirtió en el origen de una desigualdad creciente. El
estado de naturaleza dejó paso a una especie de guerra de todos contra todos. Fue
entonces cuando, para evitar ese estado de guerra, los hombres instituyeron gobiernos y
leyes, dando origen a la sociedad política o Estado. Pero los Estados instituidos sólo
sirvieron para consolidar la situación de desigualdad e injusticia a la que se había llegado, al
mismo tiempo que las leyes se convertían en nuevas cadenas que impedían la libertad
humana. En efecto, tales leyes aparentemente garantizaban la vida, la seguridad y la
propiedad de todos, pero en realidad sólo favorecían a los ricos y poderosos. En ese
sentido, el Estado se convertía en el instrumento que defiende los intereses de los grupos
poderosos y dominantes. 3. EL CONTRATO SOCIAL Y LA VOLUNTAD GENERAL (Aquí
empieza la Política) ¿Cuál es la propuesta de Rousseau? ¿Volver al estado natural? Si la
capacidad de autoperfeccionamiento llevó a abandonar el estado de naturaleza para
producir algo que ha resultado ser peor, el Estado y las leyes que defienden la desigualdad
social, esa misma capacidad puede ser ejercida para, aprendiendo de los errores, crear
algo mejor. Por eso, Rousseau propone reformar las sociedades actuales con el objeto de
crear un modo de organización política que permita mantener las ventajas de vivir en
sociedad. Para llevar a cabo esta reforma es necesario encontrar un modo de organización
en la que el individuo se someta a la ley sin perder su libertad anterior. Este problema se
resuelve con el contrato social. El contrato social consiste en un acuerdo mediante el cual
cada contratante se somete enteramente a la voluntad general, a condición de que cada
uno de los demás asociados haga lo mismo. En el contrato social- mediante el que se pasa
de una libertad “natural” a una libertad “civil y política”, se da una querida y libre alienación,
una desposesión de lo que pertenece al hombre “natural”. Pero no a favor de una voluntad
individual, sino a favor de toda la comunidad, viniendo así a crear una unión social perfecta,
cuya expresión es lo que Rousseau llama la voluntad general. La voluntad general puede
ser definida como la voluntad que surge de la unión de todos los individuos estableciendo
leyes que han de ser aplicadas por igual a todos y que tiene como objetivo la consecución
del bien común. Mediante la voluntad general los hombres no se someten sino a la ley que
ellos mismos se han dado. De este modo, el sometimiento a la ley lo es a ellos mismos que
libre y racionalmente se han impuesto la ley. Ser libre consiste, pues, en obedecer y
someterse a la ley dictada por la voluntad general, de manera que obedeciendo la voluntad
general el sujeto se obedece a sí mismo. Por otra parte, la voluntad general se distingue de
la voluntad de todos. Efectivamente, la voluntad de todos tiene un carácter cuantitativo, o
sea, consiste en la mera suma de las voluntades individuales y tiende a querer bienes
particulares. En cambio, la voluntad general posee un carácter cualitativo, es decir, consiste
en la unión o coincidencia de las intenciones y tiende siempre hacia un fin común. Es decir,
la voluntad general subordina los bienes particulares al bien común, o sea, al bien de la
comunidad. La voluntad general supone la separación entre soberano y gobierno. El
soberano sólo es el pueblo, mientras que el gobierno es el simple ejecutor de las leyes que
el pueblo se ha dado a sí mismo; es un comisionado del pueblo. La voluntad general hace
las leyes pero no puede ejecutarlas. Es necesaria una institución que encarne el poder de
ejecutivo. Al gobierno le compete una función meramente administrativa, al servicio del
pueblo como soberano. Y del mismo modo que no es tarea del poder legislativo gobernar,
tampoco es tarea del ejecutivo crear leyes, sino acatarlas y hacerlas cumplir. Rousseau
diferencia tres tipos de gobierno: 1. Monarquía. Cuando el gobierno concentra el poder en
manos de un solo ciudadano, del que reciben su poder los demás. Es la forma de gobierno
más adecuada a los Estados grandes. 2. Aristocracia. Cuando los miembros del gobierno
son menos que el número de los ciudadanos comunes. Es la forma de gobierno más
adecuada a los Estados medianos. (a) por naturaleza; en virtud de alguna cualidad natural
como la edad o la experiencia. (b) por elección. Son elegidos por los integrantes del cuerpo
político. (c) por herencia: los miembros del gobierno lo son por sucesión familiar. 3.
Democracia directa. Los miembros del gobierno son todos o la mayoría. Es la forma de
gobierno más adecuada a los Estados pequeños, ya que para un gobierno de este tipo, los
ciudadanos deben conocerse entre sí y los asuntos deben poder resolverse sin
deliberaciones muy complejas. Los ciudadanos deberían tener en este caso una gran
igualdad entre categorías y riquezas ya que en caso contrario los más ricos o los de mayor
rango acabarían imponiéndose a los demás.

Otro profesor de otro colegio:

POLÍTICA ROUSSEAU:

En el Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres


Rousseau analiza el tránsito del hipotético estado de naturaleza al estado social como una
degeneración (no un progreso) producto de las desigualdades sociales que surgen con la
propiedad privada, el derecho para protegerla, y la autoridad para que se cumpla ese
derecho. Las leyes establecidas en toda sociedad son siempre las leyes que
defienden al poderoso, al rico y a su poder frente a los no poseedores de propiedad, a los
pobres. Esta situación no es superable, según Rousseau, pero puede ser mitigada a través
de una sana vuelta a la naturaleza y una educación que fomente el individualismo y la
independencia del hombre.
Este segundo Discurso de Rousseau responde a una finalidad polémica. El autor quiere
criticar el método de aquellos que reconstituyen un estado de naturaleza ficticio para
justificar la sociedad de desigualdad que pretenden establecer. Por ejemplo, Hobbes
representa el estado de naturaleza como un estado de guerra porque le importa legitimar la
monarquía absoluta. Locke, por su parte, imagina al hombre natural como propietario a fin
de fundar en la naturaleza y en la razón un Estado liberal de propietarios. Rousseau es
perfectamente consciente del carácter hipotético de su propia descripción del estado de
naturaleza. Para él es simplemente una hipótesis verosímil y no un hecho histórico.
Si en el Emilio se trata de educar al niño conservando en él toda la bondad natural del
hombre, en El contrato social, Rousseau manifiesta otra manera de paliar la degeneración a
la que nos vemos abocados en el estado social, degeneración que resume en su célebre
frase "el hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado". Los hombres
deben establecer "un nuevo contrato social" que los acerque a su estado natural. Este
nuevo contrato es un pacto de la comunidad con el individuo y del individuo con la
comunidad, desde el que se genera una voluntad general que es distinta a la suma de las
voluntades individuales y que se constituye en fundamento de todo poder político. La
soberanía ha de emanar de la voluntad general. La libertad individual ha de constituirse, a
través de la voluntad general, en libertad civil y en igualdad.
A diferencia de Locke, Rousseau no distingue entre unos derechos que se entregan y otros
que se conservan: la enajenación tiene que ser total para fundamentar la igualdad y la
seguridad. La igualdad no es la de los despojados, sino la de los asegurados. Con respecto
a la libertad, como el hombre libre es aquel que "sólo obedece a sí mismo", en el estado de
naturaleza todo hombre es libre. En el estado de sociedad, una vez realizado el contrato
propuesto por Rousseau, todo asociado está sujeto a la voluntad general. En pura lógica, el
asociado únicamente será libre si la obediencia a la voluntad general equivale a la
obediencia a sí mismo.
La servidumbre consiste en estar sometido a una voluntad particular distinta de la de uno
mismo. La libertad residirá en la sumisión a la voluntad general. El término fue usado por
Montesquieu en El espíritu de las leyes. Según Rousseau el contrato social tiene por efecto
inmediato la aparición de un nuevo ser que es la comunidad. Este nuevo ser está pensado
con categorías personales: es un "yo común" que tiene su vida propia y, consiguientemente,
su propia voluntad. Esta voluntad común, la llamada voluntad general, es distinta de la
voluntad de cada individuo en particular y distinta también de la simple suma de todas las
voluntades particulares. La voluntad general es una facultad propia del cuerpo colectivo,
consistente en el deseo colectivo, permanente y racional de realizar todo lo que vaya en
interés de la comunidad. Su objeto, por tanto, es el bien común, razón de ser de dicho
cuerpo colectivo. La voluntad general es, por definición, justa. Pero su formación puede ser
viciada, y la mayoría puede equivocarse. El objeto de la voluntad general es la ley, que
jamás debe apuntar a lo particular, sino siempre a lo general. Y es propio de la soberanía,
indivisible e inalienable, elaborar la ley.
Al obedecer la ley, el ciudadano es libre.
Rousseau concibe la libertad como la facultad, propia de cada humano, de hacer
predominar su voluntad genérica sobre su voluntad particular. La elección equivocada,
aquella que no está de acuerdo con la voluntad general, es una elección que no merece el
calificativo de "libre", porque es una elección en la que el individuo se ha dejado arrastrar
por lo superficial, caprichoso o episódico. Su voluntad no es libre porque no se ha liberado
del querer particular. Bajo la luz de dicha consideración cabe interpretar su conclusión, que
es coherente con la expresión de su pensamiento: al individuo que se niegue a obedecer a
la voluntad general "se le obligará a ser libre" (1,7)

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