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Epistemología de Hume: Percepciones y Causalidad

Hume sostiene que el conocimiento se basa en las percepciones derivadas de la experiencia, clasificándolas en impresiones e ideas. Critica la noción de causalidad como una conexión necesaria, argumentando que nuestras creencias son meras costumbres y no conocimientos universales. En ética, Hume enfatiza el papel de las emociones en la toma de decisiones, proponiendo que el bien se define por el placer que proporciona a la mayoría.
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Epistemología de Hume: Percepciones y Causalidad

Hume sostiene que el conocimiento se basa en las percepciones derivadas de la experiencia, clasificándolas en impresiones e ideas. Critica la noción de causalidad como una conexión necesaria, argumentando que nuestras creencias son meras costumbres y no conocimientos universales. En ética, Hume enfatiza el papel de las emociones en la toma de decisiones, proponiendo que el bien se define por el placer que proporciona a la mayoría.
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Hume

EPISTEMOLOGÍA

El sujeto como haz de percepciones

Hume consideraba que la investigación sobre el conocimiento tiene como paso previo el
estudio de la naturaleza humana. Por consiguiente, la filosofía ha de estudiar en primer
lugar al ser humano y sus facultades; sólo de esta manera puede saberse si sus
producciones tienen o no garantía de veracidad.
Para Hume todos nuestros contenidos mentales son percepciones. Y todas las
percepciones provienen de la experiencia, ya que no existen ideas ni representaciones
mentales que sean previas a aquella. Clasifica estas percepciones según su grado de
vivacidad: impresiones e ideas.
-​ Las impresiones son las sensaciones inmediatas de la experiencia: imágenes,
pasiones y emociones que percibimos de forma clara y nítida.
-​ Las ideas, en cambio, son imágenes o copias difusas de las impresiones. Son
productos de la imaginación y de la memoria que no consiguen imitar el grado de
intensidad de los originales. Una cosa es sentir un frío intenso (impresión) y otra muy
diferente recordar aquel frío que pasé un día (idea).

Percepciones

Criterio de Tipo Explicación Ejemplo


clasificación

Según la Impresiones Sensaciones Sensación de frío


intensidad intensas y nítidas

Ideas Percepciones Recuerdo del frío


menos nítidas que que se pasó
las impresiones

Según el origen De sensación Procedentes de los Olor de un pastel


sentidos

De reflexión Estados Miedo a la oscuridad


exclusivamente
mentales

Según la Simples No admiten Sabor de la naranja


composición separación ni
distinción

Complejas Se pueden Percepción de una


descomponer en naranja
percepciones más
simples
La asociación de ideas

¿De dónde provienen las ideas simples? Todas las ideas simples provienen de sus
correspondientes impresiones simples punto las representaciones mentales con que
argumentamos o razonamos son copias de nuestras impresiones o percepciones
más vivas.
¿Las ideas complejas son también una copia de impresiones complejas?. Existen
otros tipos de ideas que no son estrictamente copias de impresiones complejas,
las combinaciones que el entendimiento humano lleva a cabo para formar ideas
complejas a partir de ideas simples no son arbitrarias (no son a voleo), sino que
obedecen a unas leyes de asociación en virtud de las cuales unas ideas nos hacen
pensar inmediatamente en otras. Las ideas complejas son el fruto de la combinación
y unión fantasiosa de impresiones simples que realiza la imaginación.

Leyes de asociación de ideas

-​ Semejanza. Hay algo en nuestra mente que la impulsa a asociar aquellas


ideas en las que reconoce algún grado de similitud. Por ejemplo, una
fotografía fácilmente nos hace pensar en su modelo.
-​ Contigüidad en el espacio y en el tiempo. Una idea nos conduce
naturalmente a otra cuando normalmente las percibimos de manera
simultánea, en el espacio y en el tiempo.
-​ Relación causa-efecto. Ante los fenómenos que acostumbran a sucederse
de forma correlativa en el tiempo, nuestro entendimiento crea una
expectativa de futuro: espera que ciertos hechos sigan a otros al igual que ha
sucedido en el pasado.

El problema de la causalidad

La conexión causa-efecto, además de una ley de asociación de ideas, es una relación que
atribuimos a los acontecimientos que suceden en el mundo.
La validez de esta relación ha sido aceptada acríticamente durante mucho tiempo. Hume,
que desconfía siempre de las posiciones dogmáticas, quiere examinar la legitimidad de esta
idea. Aplicando el principio empirista: para toda idea o creencia se ha de comprobar de
qué impresión es copia; en el caso de que se halle la original, esta debe ser rechazada por
ilegítima.
¿Qué entendemos por relación causal? Analicemos una cuestión de hecho como el fuego
calienta el agua. Pensamos que entre el fuego y el calentamiento del agua se produce una
relación causal: el fuego sería el responsable de un determinado efecto, el calentamiento
del agua. Hume observa que esta relación se concibe como si se tratara de una conexión
necesaria, esto es, como si ambos fenómenos se hallaran inevitablemente unidos, ya que
la aparición de uno impondría necesariamente la aparición del otro.
Ahora bien, Hume recurre a la experiencia para dar validez a este supuesto conocimiento, y
no encuentra ninguna impresión de necesidad entre el fenómeno A (causa) y el fenómeno B
(efecto). Lo único que observamos en este proceso es que un hecho va seguido de otro
fenómeno, pero no detectamos conexión necesaria entre ambos.
Las conexiones necesarias → la crítica a la causalidad se basa en el rechazo de la idea
de que existe una relación necesaria entre la causa y el efecto. Tal idea es falsa, pues solo
percibimos dos hechos que se dan continuamente, pero no podemos percibir que esa
relación es necesaria. Al no poder demostrarlo, la idea de causa surge en nosotros de la
costumbre de observar que dos hechos se dan continuamente, relacionados de la misma
forma y, a partir de ahí, extraemos la conclusión de que siempre será así: que en el futuro, a
la causa le seguirá siempre el mismo efecto.
Después de este análisis, Hume concluye que la idea de conexión necesaria es fruto de la
imaginación. Al observar en innumerables casos cómo un fenómeno va seguido de otro,
tendemos a considerar, llevados por la costumbre o el hábito, que siempre sucederá así.
Esta proyección del pasado hacia el futuro resulta muy útil para vivir, sin ella, el mundo se
volvería caótico e imprevisible. A pesar de la utilidad, Hume constata que una costumbre
sólo puede proporcionar creencias, pero nunca conocimiento universal y necesarios.

La probabilidad de la ciencia

La duda sobre la validez de la relación de causalidad supone un cuestionamiento de la


ciencia. Muchas de las explicaciones y descripciones de la naturaleza que realizan las
ciencias, como también las predicciones que se exigen, se basan en la relación de
causalidad. En consecuencia, al ser cuestionado su fundamento, el edificio científico queda
afectado. Si la relación de causalidad no es una ley universal, sino más bien una costumbre
de nuestro entendimiento, toda disciplina que se base en esta costumbre no supera el
estatus de creencia.
Según Hume, los enunciados científicos no pueden identificarse con leyes universales,
válidas en cualquier momento. Estas supuestas leyes son simplemente creencias apoyadas
en la costumbre y en la tradición. La comprobación repetida de un fenómeno proporciona a
nuestra razón la confianza para creer en la infalibilidad de estos principios. Por lo tanto, las
creencias, como mucho, son probables.

METAFÍSICA

Crítica a la metafísica

La metafísica, sobre todo desde Descartes, se ocupa de la idea de sustancia, ya sea la


sustancia extensa (mundo), la sustancia infinita (Dios) o la sustancia pensante (alma).
Hume vuelve a aplicar su criterio de validez.
-​ Crítica a la idea de sustancia extensa: la idea que tenemos de sustancia es la de
una realidad objetiva, que es el soporte de las cualidades que causan nuestras
impresiones, el sustrato que sirve de base a las diversas características (color,
forma, tamaño…) Si somos coherentes con los principios empiristas, hemos de
concluir que, como la idea de sustancia no proviene de ninguna impresión, esta es
una ilusión, una invención de nuestra imaginación.
-​ Crítica de la idea de sustancia infinita: la idea que tenemos de Dios es la de una
sustancia infinita con todas las perfecciones: omnisciencia, omnipresencia… Si
aplicamos el criterio de validez de Hume, nos tenemos que preguntar de qué
impresión puede derivar esta idea de perfección infinita. Como nuestras impresiones
son puntuales y concretas, resulta difícil tener una impresión de infinito, ya que ella
habría de ser así mismo infinita. Por lo tanto, la idea de sustancia infinitamente
perfecta se queda sin impresión que la legitime, y hay que concluir que no existe
ningún tipo de conocimiento, ni teológico ni metafísico de Dios. No obstante, Hume
reconoce que la religión y la creencia en la existencia de Dios son naturales y
necesarias entre los seres humanos.
-​ Crítica a la idea de sustancia pensante: la idea del yo todavía no había sido
cuestionada por ningún filósofo. Tradicionalmente, en filosofía se había entendido el
yo como el sujeto que tiene percepciones. Ahora bien, ¿de qué impresión deriva la
idea de este yo? de ninguno. Aunque el alma sea el sujeto de las impresiones, no es
ninguna impresión. ¿De qué tipo de impresión sería la copia? Las impresiones se
suceden y cambian bajo todas las percepciones cambiantes, se supone que el yo
permanece estable e idéntico. Hume lo cuestiona, el yo es como cualquier idea de
sustancia: una creencia fruto de nuestra imaginación que da continuidad y
permanencia a aquello que no la tiene.

ÉTICA

El emotivismo moral

Hume es uno de los primeros pensadores en reivindicar el papel fundamental de las


emociones y los sentimientos en el comportamiento humano. Frente a los que consideran la
razón como la responsable de nuestras decisiones, Hume sostiene que, en realidad, toda
acción descansa en la emoción y los sentimientos. Es cierto que reflexionamos y
razonamos antes de tomar decisiones; es cierto que no actuamos alocadamente, de una
manera irresponsable. Hume no lo niega, pero lo matiza: estos razonamientos están
motivados por creencias en las cuales las emociones tienen un peso fundamental.
Nuestras acciones, están motivadas por los sentimientos de atracción o aversión que nos
producen ciertos comportamientos. Esta atracción surge del placer o del dolor que
determinadas acciones nos provocan. Según Hume, apreciamos lo que nos causa placer y
rechazamos lo que nos causa dolor.
Por este motivo, los sentimientos de placer y dolor están en la base de los juicios morales;
el bien no es otra cosa que lo que nos complace, el mal consiste en el dolor que
determinadas acciones nos provocan. Ese sentimiento de placer no se ha de entender en
un sentido egoísta. La simpatía es propia de la naturaleza humana, y la define como la
inclinación o tendencia que los seres humanos sienten a revivir las emociones de los demás
(la empatía). Esta inclinación hace naturales los sentimientos que en nosotros despiertan
las desgracias ajenas, compasión y solidaridad. Por lo tanto, el placer no debe entenderse
como algo egoísta. En este contexto, tiene un papel fundamental la educación, ya que
racionaliza y encarrila los sentimientos.
Así, cuando el placer y la felicidad afectan al máximo número de personas, me complacen y
me proporcionan tanto placer como mi propio provecho. La ética de Hume es, una ética
utilitarista que concibe como bien lo que proporciona placer y es útil para la mayoría.

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