Sentencia C-164/22
Referencia: Expediente D-14.389
Asunto: demanda de inconstitucionalidad
contra el inciso segundo del Artículo 107 de
la Ley 599 de 2000, “por la cual se expide
el Código Penal”.
Demandantes: Lucas Correa Montoya y
Camila Jaramillo Salazar
Magistrado sustanciador:
ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO
Bogotá D.C., once (11) de mayo de dos mil veintidós (2022)
La Corte Constitucional, con fundamento en el artículo 241.4 de la
Constitución y cumplidos los trámites1 previstos en el Decreto Ley 2067 de
1991, decide sobre la demanda presentada, en ejercicio de la acción pública de
inconstitucionalidad consagrada en el artículo 40.6 de la Constitución, por los
ciudadanos Lucas Correa Montoya y Camila Jaramillo Salazar, contra el
Artículo 107 de la Ley 599 de 2000, “por la cual se expide el Código Penal”,
cuyo texto es del siguiente tenor:
I. TEXTO DE LA NORMA DEMANDADA
“LEY 599 DE 20002
Por la cual se expide el Código Penal
1
Los ciudadanos Lucas Correa Montoya y Camila Jaramillo Salazar demandaron la inconstitucionalidad del inciso segundo del artículo
107 parcial de la Ley 599 de 2000, “[p]or la cual se expide el Código Penal”, que contempla el tipo penal de “inducción o ayuda al
suicidio”, por considerar que dicho inciso viola la protección constitucional a la dignidad humana, así como los derechos fundamentales a
morir dignamente, a la vida digna, al libre desarrollo de la personalidad, a vivir una vida libre de tortura, tratos crueles, inhumanos y
degradantes; a la vez que estimaron la violación del principio de solidaridad, la libertad de profesión y oficio y los límites
constitucionales al poder punitivo. Por medio de auto de 30 de agosto de 2021, el Magistrado sustanciador admitió la demanda por la
presunta vulneración del preámbulo y de los artículos 1, 2, 16, 95-2, 114 y 150 de la Constitución Política. En cuanto a los cargos
formulados con la vulneración de los artículos 12 y 26 constitucionales, así como por la contradicción respecto de la libertad y objeción
de conciencia de los profesionales de la medicina, resolvió inadmitir la demanda. El término previsto en el artículo 6 del Decreto-Ley
2067 de 1991 corrió en silencio pese a haber sido debidamente notificado (Mediante oficio SGC-1438 de 2021 se da cumplimiento y
comunicación de lo resuelto en el Auto de 30 de agosto de 2021 y se envía comunicación vía correo electrónico), por lo que el 21 de
septiembre de 2021 fue proferido Auto de rechazo de los cargos que fueron inicialmente inadmitidos. Por conducto de la Secretaría
General de esta Corporación, y en cumplimiento del artículo 244 constitucional, mediante Auto del 28 de octubre de 2021, se resolvió: (i)
comunicar la iniciación del proceso al Presidente del Congreso, y al Ministro de Justicia y del Derecho, (ii) dar traslado a la Procuradora
General de la Nación para rendir su concepto de rigor, (iii) fijar en lista la disposición acusada para que los ciudadanos la impugnen o
defiendan, e (iv) invitar al proceso a las siguientes entidades e instituciones: Ministerio de Salud y de la Protección Social, Defensoría del
Pueblo; Asociación Colombiana de Medicina; Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ASCOFAME); Instituto Nacional de
Salud; Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral -ACEMI-; Administradora de los Recursos del Sistema General de
Seguridad Social en Salud -ADRES-; Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas; Academia Colombiana de Jurisprudencia; Centro
de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad -Dejusticia; Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario;
Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia; Facultad de Ciencias Jurídicas de la Pontificia Universidad Javeriana y la Facultad
de Derecho de la Universidad Externado de Colombia.
2
Diario Oficial No. 44.097 de 24 de julio de 2000
EL CONGRESO DE COLOMBIA
DECRETA:
(…)
LIBRO II
PARTE ESPECIAL DE LOS DELITOS EN PARTICULAR
TÍTULO I
DELITOS CONTRA LA VIDA Y LA INTEGRIDAD PERSONAL
CAPÍTULO II
DEL HOMICIDIO
ARTÍCULO 107. INDUCCIÓN O AYUDA AL SUICIDIO: El que
eficazmente induzca a otro al suicidio, o le preste una ayuda efectiva para su
realización, incurrirá en prisión de treinta y dos (32) a ciento ocho (108)
meses.
Cuando la inducción o ayuda esté dirigida a poner fin a intensos sufrimientos
provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e incurable, se incurrirá
en prisión de dieciséis (16) a treinta y seis (36) meses.
II. LA DEMANDA
1. Los demandantes formularon nueve cargos de los cuales seis fueron
admitidos: El primer cargo consiste en que el legislador desconoció los límites
del poder punitivo del Estado al penalizar el suicidio médicamente asistido.
De conformidad con los demandantes, la tipificación de esta figura constituye
un “uso inconstitucional, innecesario, excesivo, irracional y
3
desproporcionado del poder punitivo del Estado” . Agregaron que el suicidio
médicamente asistido (en adelante SMA) es un mecanismo
constitucionalmente protegido cuando: (a) la persona ha manifestado su
consentimiento libre, inequívoco e informado, (b) la persona ha sido
debidamente diagnosticada con una lesión corporal o una enfermedad grave e
incurable, (c) la persona experimenta intensos dolores físicos o psíquicos que
resultan incompatibles con su idea de vida digna, y (d) cuando la ayuda o
asistencia ha sido prestada por un profesional de la medicina.
2. Señalaron que el poder punitivo del Estado y la libertad de configuración
del legislador no son absolutos y están limitados por la Constitución. Citaron
como fundamento la Sentencia C-070 de 1996 en virtud de la cual la Corte
estableció que tanto la calidad como la cantidad de la sanción no son asuntos
librados exclusivamente a la voluntad democrática. Resaltaron que la
jurisprudencia constitucional ha detallado principalmente cinco principios
constitucionales que limitan el poder punitivo del Estado, a saber: (a)
principio de necesidad y mínima intervención penal, principio también
3
Fl. 8 de la demanda.
2
denominado como última ratio, (b) principio de exclusiva protección de
bienes jurídicos, (c) principio de legalidad estricta, del que se derivan a su
vez los principios de: taxatividad, tipicidad, prohibición de analogía,
prohibición de aplicación retroactiva de normas penales -salvo el principio de
favorabilidad-, y principio de lesividad. (d) Principio de culpabilidad (e) Por
último, el principio de racionalidad y proporcionalidad, el cual, presupone
tanto la ponderación de bienes jurídicos constitucionales, como los medios
empleados; resaltan que “entre mayor sea la intensidad de la restricción a la
libertad, mayor será la urgencia y la necesidad exigidas como condición para
el ejercicio legítimo de la facultad legal” 4.
3. Igualmente, argumentaron que al impedir que las personas puedan acceder
al SMA, el legislador termina por imponer una idea inconstitucional de vida
por medio de la cual busca proteger solamente la existencia biológica e
imponer inconstitucionalmente la obligación de vivir, agregan que “en este
caso, es la despenalización la que protege el bien jurídico de la vida digna”5. A
su vez, agregaron que resulta desproporcionada la relación entre el medio
elegido y el resultado obtenido. Los demandantes consideraron que, al estar
despenalizado el homicidio por piedad, cuando se cumplen los requisitos
establecidos por el precedente constitucional y la reglamentación vigente,
resulta “desproporcionado que, a la par, se impida que la persona que desea
ella misma poner fin a su vida no pueda recibir la asistencia por parte de un
profesional de la medicina para llevar a cabo un suicidio médicamente asistido
seguro y protegido”6.
4. Según el segundo cargo formulado, los demandantes alegaron que el
legislador desconoció y vulneró el derecho fundamental a morir dignamente al
penalizar el SMA. En este sentido, argumentaron que el derecho a morir
dignamente es un derecho fundamental que permite a las personas tomar
decisiones sobre las condiciones del fin de su vida y su muerte, lo cual incluye
la opción de solicitar y acceder a una muerte médicamente asistida. Para
desarrollar este argumento, los demandantes señalaron que morir dignamente
es un derecho fundamental, complejo y autónomo, y puede ser exigible y
justiciable con independencia de otros derechos7, y es un derecho que puede
ser garantizado a través de la tutela.
5. Indicaron igualmente que el derecho a morir dignamente es un derecho
multidimensional que otorga un conjunto de facultades que permiten a una
persona tener control sobre el proceso de su muerte, e imponer a terceros,
límites respecto a las decisiones tomadas en el marco del cuidado de la salud.
Dentro de estas opciones están: (a) el derecho a acceder a cuidados
4
Corte Constitucional Sentencia 070 de 1996 citada a folio 11 de la demanda.
5
Ibídem.
6
Ibídem.
7
Para ello, reiteran la jurisprudencia de la Corte Constitucional en particular las sentencias T-493 de 1993, C-239 de 1997 T-970 de
2014, T-132 de 2016, T-322 de 2017, T-544 de 2017, T-721 de 2017, T-423 de 2017, T-060 de 2020 y 233 de 2021.
3
paliativos, (b) la adecuación del esfuerzo terapéutico, y (c) la muerte
médicamente asistida a través de la eutanasia8.
6. Para acceder a esta última opción, deben cumplirse tres requisitos de
conformidad con el desarrollo normativo que son: (a) manifestación del
consentimiento libre9, informado10 e inequívoco11, otorgado inequívocamente
por una persona con capacidad de comprender la situación en que se
encuentra. (Este consentimiento puede ser otorgado de manera anticipada, o
darse por un sustituto cuando la persona se encuentre en imposibilidad fáctica
de manifestar su consentimiento); (b) que la persona haya sido debidamente
diagnosticada con una lesión corporal o una enfermedad grave e incurable; y,
(c) que dicho diagnóstico genere en el paciente intensos sufrimientos físicos o
psíquicos incompatibles con su idea de vida digna. Resaltaron que éste es un
elemento puramente subjetivo toda vez que, aun cuando existan herramientas
para determinar o calificar el dolor, es la persona misma quien mejor puede
juzgar su propio sufrimiento, y decidir las condiciones para dar por terminada
su vida.
7. De conformidad con el tercer cargo formulado, consideraron que el
legislador vulneró la dignidad humana al tipificar el SMA. Esto, toda vez que
la dignidad humana incluye la posibilidad de que una persona solicite y acceda
a una muerte asistida. Se resalta que la dignidad humana es el valor fundante y
determinante del Estado Social de Derecho, consignada en el artículo 1 de la
Constitución Política, y consiste en considerar a las personas como fines en sí
mismas. Lo anterior implica que la dignidad humana no es una facultad de las
personas que puedan adquirir o que el Estado pueda conceder, sino que es un
principio fundante del Estado con valor absoluto.
8. Los demandantes recordaron que la jurisprudencia constitucional ha
reconocido dos formas de entender la dignidad humana: (i) A partir de su
funcionalidad normativa, la dignidad humana constituye, de un lado, un valor
fundante del ordenamiento jurídico, esto es, la base axiológica y el principio
básico del Estado constitucional colombiano, del que se desprenden los demás
derechos fundamentales. De otro lado, la dignidad humana implica un
mandato positivo para que el Estado garantice el desarrollo efectivo de este
derecho fundamental. (ii) Como objeto de protección la dignidad humana ha
implicado: (a) que haya una estrecha relación entre la autonomía y la dignidad
humana, entendida esta última como la elección libre de un proyecto de vida
basado en las preferencias de cada persona, siempre que no afecten de manera
8
Esta corresponde al procedimiento despenalizado por la Corte Constitucional a través de la Sentencia C-239 de 1997, reiterado por la T-
970 de 2014, reglamentado por la Resolución 1216 de 2015 inicialmente, y luego por la Resolución 971 de 2021 del Ministerio de Salud
y Protección Social que refiere la posibilidad que tienen las personas de acceder a una muerte médicamente asistida por un profesional de
la medicina quien causa la muerte directamente con la previa autorización del Comité Científico Interdisciplinario para Morir
Dignamente.
9
Siguiendo los parámetros de la Sentencia T-970 de 2014, el hecho de que sea libre significa que no existan presiones de terceros en la
toma de la decisión, y que el móvil de la decisión sea la genuina voluntad del paciente a acceder a la eutanasia. En igual sentido ver la
Sentencia C-233 de 2021.
10
Que sea informado, implica que la persona, y su red de apoyo, cuente con toda la información disponible objetiva y necesaria para
tomar la decisión.
11
Que el consentimiento sea inequívoco implica que la decisión sea clara y no deje lugar a duda alguna, que sea consciente y sostenida en
el tiempo.
4
directa los derechos de los demás; (b) que existan ciertas condiciones
materiales para vivir bien, de tal manera que la vida no es un hecho
meramente biológico12; (c) que haya una relación directa entre la dignidad y la
integridad física y moral, que requiere que todas las personas deben vivir
libres de tratos crueles, inhumanos y degradantes y tener una vida libre de
humillaciones.
9. El cuarto cargo formulado consiste en que el legislador vulneró la vida
digna al tipificar el SMA. Reiteraron los demandantes que el derecho a la vida
no se limita a la protección de la existencia biológica, sino a la posibilidad de
que cada persona viva en unas condiciones de dignidad que juzgue adecuadas
para sí misma. Señalaron que la Constitución de 1991 está a favor de la
protección de la vida desde el plano axiológico y por tanto, como obligación
jurídica y positiva para el Estado, este derecho fundamental implica la
titularidad para su ejercicio, y de esta titularidad se desprende la autonomía de
cada persona para decidir hasta cuándo su vida es compatible con su concepto
de dignidad humana. Reconocen, sin embargo, que este derecho no es
absoluto y encuentra límites en la ponderación con otros valores
constitucionales.
10. La posibilidad de tomar decisiones sobre el fin de la vida, incluyendo la
posibilidad de acudir a una muerte médicamente asistida, hace parte del
ejercicio del derecho a una vida digna. Lo anterior exige entender el derecho a
la vida y a la muerte digna desde una perspectiva constitucional secular, y a la
luz de la Constitución pluralista de 1991, se debe entender la vida como
valiosa en tanto permite el goce de otros derechos, sin que exista un deber
absoluto de vivir. Reiteraron que el derecho a la vida no puede reducirse a una
mera subsistencia, sino que implica el vivir adecuadamente en las condiciones
de dignidad establecidas por su titular, como un ser moralmente autónomo.
Consideraron los demandantes que el uso del poder punitivo al tipificar el
delito de inducción o ayuda al suicidio es un mecanismo que “a través del
castigo y persecución penal, parece proteger la vida, como valor
constitucional y derecho fundamental, pero en realidad no lo hace, sino que lo
vulnera”13. Así mismo, señalaron que el derecho a la vida no es absoluto y que
su inviolabilidad no implica la obligación constitucional de vivir. Esta
situación resulta aún más significativa cuando el titular del derecho ha sido
diagnosticado con una lesión corporal o una enfermedad grave e incurable que
genera sufrimientos incompatibles con su dignidad.
11. Según el quinto cargo formulado, el legislador vulneró el derecho
fundamental al libre desarrollo de la personalidad al penalizar el SMA. Este
derecho implica la posibilidad de tomar decisiones sobre el fin de la vida sin
interferencia del Estado. Señalaron que la autonomía corresponde a la opción
de crear un proyecto de vida propio y único, y es lo que impulsa la idea de que
12
Citan al respecto jurisprudencia referente a la situación de vida en las cárceles, el reconocimiento de la pensión, la seguridad y
comodidad en el transporte público y el suministro de ayudas técnicas en materia de salud
13
Fl. 29 de la demanda.
5
el individuo es un sujeto moral capaz de tomar sus propias decisiones, a la vez
que potencia el Estado Social de Derecho como modelo que protege las
decisiones individuales.
12. El cargo formulado en la demanda como sexto, se refiere a la violación del
principio y deber de solidaridad social al penalizar el SMA. El principio de
solidaridad contenido en los artículos 1 y 95 de la Constitución Política
establece, de un lado, que Colombia es un Estado Social de Derecho fundado
en la solidaridad de las personas que la integran, y de otro lado, que se espera
de los ciudadanos obren de conformidad con el principio de solidaridad social,
y respondan con acciones humanitarias ante acciones que pongan en peligro la
vida o la salud de las personas14. En tal sentido, agregan que la Ley Estatutaria
1751 de 2015 que regula el derecho fundamental a la salud, reconoce que la
solidaridad es un elemento esencial de dicho derecho, y, además, reconoce que
“el sistema [de salud] está basado en el mutuo apoyo entre personas,
generaciones, sectores económicos y las comunidades (…). La solidaridad es
un derecho y un deber de las personas relacionado con la prestación del
servicio de salud.”15.
13. Consideran los demandantes que impedir a los profesionales de la
medicina llevar a cabo su deber constitucional de ayudar a una persona a
poner fin a su propia vida, cuando resulte contraria a la dignidad humana,
desdibuja la solidaridad social como un deber que ordena proteger a las
personas que puedan encontrarse en debilidad e impide proteger la dignidad
humana. Concluyeron que se restringe inconstitucionalmente la posibilidad de
los profesionales de la medicina de actuar conforme al deber de solidaridad
social para ayudar a otras personas a ejercer su derecho a morir dignamente a
través del SMA.
14. Frente a cada uno de los cargos formulados, los demandantes resaltaron
que no opera el fenómeno de cosa juzgada, toda vez que si bien en la
Sentencia C-045 de 2003 la Corte Constitucional analizó una demanda de
inconstitucionalidad en contra de la disposición demandada, sin embargo, se
profirió un fallo inhibitorio por ineptitud sustantiva de la demanda.
15. Con base en las razones anteriormente mencionadas, los demandantes
solicitaron a la Corte Constitucional declarar la exequibilidad condicionada
del inciso segundo del artículo 107 de la Ley 599 de 2000 “en el entendido de
que para garantizar el derecho a morir dignamente, dicho procedimiento
puede ser practicado como mecanismo constitucionalmente protegido y sin
castigo penal cuando se cumplan los siguientes requisitos: (i) cuando la
persona ha manifestado el consentimiento libre, informado e inequívoco, (ii)
cuando la persona ha sido debidamente diagnosticada con una lesión
corporal o una enfermedad grave e incurable, (iii) cuando la persona
14
Los demandantes remiten a las sentencias T-550 de 1994, T-125 de 1994, C-572 de 1997, C-459 de 2004, T-738 de 2017.
15
Fl. 43 de la demanda.
6
experimenta intensos dolores físicos y psíquicos que son incompatibles con su
idea de vida digna, (iv) cuando la ayuda o asistencia ha sido prestada por un
profesional de la medicina.16 Adicionalmente, incluyeron como pretensiones
de la demanda, las siguientes: (i) declarar que el suicidio médicamente asistido
es un mecanismo constitucionalmente permitido para garantizar el derecho
fundamental a morir dignamente; (ii) exhortar al Congreso de la República a
legislar sobre el derecho fundamental a morir dignamente a través de sus
cuatro mecanismos de protección y garantía, observando de manera estricta el
precedente constitucional; (iii) ordenar al ministerio de Salud y Protección
Social que, de acuerdo con el precedente constitucional, en un plazo máximo
de tres (3) meses, reglamente el acceso al suicidio médicamente asistido como
un mecanismo para garantizar el derecho a morir dignamente; y, (iv) por
último, ordenar al ministerio de Salud y Protección Social que, en el proceso
de reglamentación del suicidio médicamente asistido, garantice la
participación ciudadana amplia de organizaciones sociales, no únicamente de
entidades médicas, y vincule activamente a DescLab, Laboratorio de Derechos
Económicos Sociales y Culturales.
IV. SÍNTESIS DE LAS INTERVENCIONES
A. Autoridades que participaron en la elaboración de la disposición
demandada
Ministerio de Justicia y del Derecho
16. Presentó las consideraciones frente a los cargos admitidos iniciando por
argumentar que en el caso del suicidio asistido lo que se protege es la vida
ante posibles abusos de terceros, pues éste es un bien jurídico disponible solo
para su titular. Resaltó que en el reciente pronunciamiento C-233 de 2021, la
Corte no admitió la integración normativa de los artículos 106 y 107 del
Código Penal aduciendo que, aunque el inciso 2º del artículo 107 reproduce
algunas de las condiciones establecidas en el artículo 106, se trata de normas
independientes, en virtud de la evidente diferencia entre los verbos rectores de
cada una de las disposiciones.
17. A continuación, procedió el Ministerio a analizar puntualmente los cargos
que fueron admitidos. Frente al primer cargo, según el cual se alega que el
legislador desconoció los límites del poder punitivo del Estado al penalizar el
SMA, señalan que la impunidad del suicidio no impide al derecho penal evitar
que los terceros intervengan en éste17. Resaltan que los terceros tienen una
obligación de respetar la vida de los demás, y este deber jurídico no
desaparece con el consentimiento de la víctima, y “la imputabilidad del
instrumento no es una condición necesaria para la imputabilidad del motor del
16
Fl. 58 de la demanda.
17
Fl. 6 de la intervención del Ministerio de Justicia citando a Romeo Casabona.
7
instrumento.”18. Frente a este cargo concluyeron que no existen argumentos
directos y concretos que acreditan la violación constitucional de manera
directa.
18. Frente al segundo cargo según el cual el legislador desconoció y vulneró el
derecho fundamental a morir dignamente al penalizar el SMA, manifestó que,
“si bien el derecho a morir dignamente fue consagrado como fundamental,
éste no se puede aplicar en todos los casos y, por ende, el mismo consagró la
piedad como una atenuación punitiva en lugar de excluir el reproche penal” 19.
19. Frente a los cargos tercero y cuarto, según los cuales se vulneró la
dignidad humana y el derecho fundamental a la vida digna con la penalización
del suicidio médicamente asistido, señalaron que éste es realmente un mismo
cargo y no cargos separados como los presentan los demandantes, puesto que
la dignidad humana se encuentra en el derecho fundamental a la vida digna.
Además, resaltaron que no puede aducirse que la ayuda al suicidio proteja la
vida digna, pues quien concurre en este delito afecta este bien jurídico.
20. En relación con el cargo quinto según el cual el legislador vulneró el libre
desarrollo de la personalidad al penalizar el SMA, señalaron que ninguno de
los argumentos resulta claro, cierto, específico, pertinente ni suficiente y por
tanto no es dable concluir que la disposición no supera el juicio de
proporcionalidad. Resaltaron también que el artículo 107-2 no sanciona ni
coarta la determinación de la persona para tomar la decisión de terminar con
su vida, sino con la ayuda de otra persona a realizarlo.
21. Finalmente, respecto del cargo sexto según el cual resulta contrario a la
Constitución la penalización del SMA, en tanto limita injustificadamente el
principio y deber de solidaridad social, reiteraron que no se proponen en este
punto argumentos claros y precisos, y, por lo tanto, tampoco es procedente un
pronunciamiento de fondo. Concluyeron por todo lo anterior que estos cargos
no están llamados a prosperar y en consecuencia reiteran la solicitud de que
esta Corporación emita un pronunciamiento inhibitorio.
B. Intervenciones ciudadanas
Andrea Caballero Duque
22. En calidad de ciudadana y médica psiquiatra y bioeticista presentó su
intervención solicitando la declaratoria de exequibilidad condicionada de la
disposición demandada. Comenzó señalando que actualmente no se cuenta
con una única definición de muerte médicamente asistida, y señala como
punto de partida que “tanto la eutanasia como el suicidio asistido son
intervenciones médicas que permiten apresurar o causar la muerte de una
18
Ibídem. Fl 7, citando a Pacheco Osorio, P. (1978) Derecho Penal Especial. Bogotá, Colombia: editorial Temis.
19
Ibídem fl. 5.
8
persona que, sufriendo una enfermedad incurable que produce un dolor o un
sufrimiento insoportable, así lo solicita de manera voluntaria e inequívoca.
Aunque ambos producen el mismo desenlace, en la eutanasia es un médico
quien realiza la intervención que termina en la muerte mientras que en el
suicido médicamente asistido el paciente es quien pone fin a su vida”20.
23. A continuación, hizo un recuento de los países en los cuales la muerte
asistida es legal: Para los casos de Holanda, Luxemburgo, Canadá, España y
Australia (estados de Victoria y Western Australia) son legales ambas
intervenciones; en Suiza, Alemania y Estados Unidos (estados de Oregón y
California) únicamente es legal el suicidio médicamente asistido y en
Colombia y Bélgica solo es legal la eutanasia. Resaltó que los argumentos
jurídicos y morales que se han empleado alrededor del mundo a favor de la
eutanasia y del suicidio médicamente asistido, comparten los siguientes
principios: (i) el respeto a la dignidad de la persona, la autonomía y el libre
desarrollo de la personalidad, (ii) el derecho a vivir una vida protegida de
tortura, tratos crueles e inhumanos al ponerle fin a un dolor o sufrimiento
insoportable, y (iii) el principio de solidaridad. Así mismo, se comparten los
criterios para acceder a la muerte asistida, los cuales son: (i) tener la capacidad
o la competencia para manifestar su voluntad directa o indirecta, (ii) padecer
de una enfermedad crónica e incurable para la que se hayan agotado las
opciones terapéuticas, (iii) se genere un dolor o sufrimiento que resulte
insoportable para quien lo padece.
24. Precisó que, a pesar de estas semejanzas, un factor diferencial importante
es la percepción del médico que realiza o acompaña la acción que determina el
final de la vida. Citó varios estudios de los países mencionados sobre la
actitud de los médicos21, evidenciando que: (i) más del 90% de la población
general apoya la muerte médicamente asistida, menos del 50% de los médicos
encuestados está a su favor, y un porcentaje un poco mayor apoya su
legalización; (ii) aunque los médicos apoyan la autonomía de los pacientes, la
mayoría se vuelve reacia cuando se exige su intervención directa, “pocos
médicos estarían dispuestos a participar en alguna de las intervenciones y los
que lo harían se muestran más receptivos frente al suicidio médicamente
asistido que frente a la eutanasia”22; (iii) existen factores éticos, religiosos,
profesionales y clínicos que afectan la aceptabilidad de la muerte
médicamente asistida; (iv) estos factores se relacionan directamente con los
años de experiencia, la especialidad médica y el tipo de pacientes que se
atienden23. Dichas actitudes pueden además reflejar un conflicto entre los
requisitos legales y los valores personales que pueden generar incertidumbre y
angustia moral.
20
Fl. 2 intervención ciudadana de Andrea Caballero Duque.
21
Los estudios citados fueron realizados en Italia, Inglaterra, Francia, Grecia, Finlandia e Irlanda. Notas al pie 3 a la 9 del folio 4 de la
intervención.
22
Ibídem. Fl. 4.
23
Se destaca que los médicos paliativistas, oncólogos y geriatras con más años de experiencia tienen una actitud más restrictiva frente a
la muerte médicamente asistida. Fl. 5 de la intervención en cita de Marini, M. C., Neuenschwander, H., & Stiefel, F. (2006). Attitudes
toward euthanasia and physician assisted suicide: a survey among medical students, oncology clinicians, and palliative care specialists.
Palliative & supportive care, 4(3), 251-255.
9
25. En conclusión, la ciudadana planteó que “legalizar el SMA garantizaría a
las personas que autónomamente hayan decidido ponerle fin a su vida como
consecuencia de un sufrimiento o dolor insoportable, resultado de una
enfermedad grave, progresiva, incurable e irreversible que no considere digna
de ser vivida, puedan hacerlo por sus propios medios con la supervisión y
acompañamiento de un profesional”.
26. Especialmente teniendo en cuenta que los argumentos morales, jurídicos y
clínicos a favor de la eutanasia son semejantes a los del SMA; que los médicos
tienen una opinión más favorable sobre esta última, y que “su despenalización
podría llegar a producir menos incertidumbre y angustia moral a los
responsables”.
Juan Antonio Ucrós Pinzón y Anderson Gómez Ocampo
27. Para coadyuvar la demanda tomaron como punto de partida de su
intervención el avance en la protección al derecho fundamental a la muerte
digna, partiendo de la reiterada y consolidada jurisprudencia de la Corte
Constitucional24. La norma demandada contraría el orden jurídico colombiano
y el precedente constitucional, y en este sentido, recordaron que la atipicidad
de la conducta de los médicos que intervengan para materializar el derecho
fundamental a la muerta digna, a través de la eutanasia, también debe
predicarse respecto de conductas de menor entidad como lo es el SMA. En
este sentido, señalaron que debe otorgarse certeza jurídica sobre la legalidad
de los actos de los profesionales, y resaltaron la Sentencia C-239 de 1997 en
cuanto a la afirmación de que “la eutanasia asistida no es otra cosa que un
verdadero suicidio asistido”25. Manifestaron que, la existencia del reproche
penal en la inducción o ayuda al suicidio resulta incompatible con el
ordenamiento jurídico cuando se ha despenalizado el homicidio por piedad, o
cuando se practica una eutanasia en el marco de la jurisprudencia de este
Tribunal, así como de la Resolución 971 de 2021 del Ministerio de Salud.
Citando a la Corte Constitucional en Sentencia SU-027 de 2021 manifestaron
que lo dispuesto en un pronunciamiento judicial “puede y debe ser extendido a
otros casos, siempre que la regla general de lo decidido guarde similitud
fáctica o jurídica con lo que se analice en el caso concreto” 26. Por último,
concluyeron que las reglas constitucionales de las sentencias en mención
tienen evidente identidad siempre que verifique una lesión o enfermedad grave
e incurable que genere intensos sufrimientos, y que la conducta sea realizada
por un profesional de la salud, por lo tanto, debe extenderse la regla
jurisprudencial al caso concreto. Por lo anterior solicitaron a la Corte declarar
la exequibilidad condicionada de la disposición en los términos formulados en
la demanda.
24
Las sentencias citadas en la intervención en este apartado son: T-493 de 1993, C-239 de 1997, T-970 de 2014, T-132 de 2016, T-322 de
2017, T-423 de 2017, T-544 de 2017, T-721 de 2017, T-060 de 2020 y C-233 de 2021.
25
Citada en intervención ciudadana a folio 6.
26
Ibídem. fl 7.
10
Héctor Nebot García
28. El señor Nebot solicitó a través de su intervención que se declare que el
SMA es un mecanismo constitucionalmente permitido para garantizar el
derecho fundamental a morir dignamente, y en consecuencia, se declare la
exequibilidad condicionada de la norma en mención siempre que se cumplan
los siguientes requisitos: (i) cuando la persona ha manifestado el
consentimiento libre, inequívoco e informado, (ii) que la persona ha sido
debidamente diagnosticada con una lesión corporal o enfermedad grave e
incurable, (iii) cuando la persona experimenta intensos dolores físicos o
psíquicos que sean incompatibles con su idea de vida digna; (iv) cuando la
ayuda o asistencia sea prestada por un profesional de la medicina 27. De otro
lado, solicita se exhorte al Congreso de la República a legislar sobre el
derecho fundamental a morir dignamente, y se ordene al Ministerio de Salud y
Protección Social que reglamente el acceso al SMA. Fundamentó sus
pretensiones en una serie de consideraciones bioéticas que parten de la
premisa de que la vida tiene el valor que individualmente le otorguemos28.
Destaca que la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de
2005 establece el valor de la dignidad humana y su relación con los derechos
humanos, así como la autonomía de las personas que tienen plena capacidad
de decisión29.
Juan Camilo Boada Acosta
29. Comenzó su intervención30 exponiendo que existe unidad normativa entre
el primero y el segundo inciso del artículo 107 del Código Penal dado que “la
norma está intrínsecamente relacionada con otra disposición que puede ser
presumiblemente inconstitucional”31. Lo anterior debido a que el segundo
inciso del artículo mencionado remite de manera directa al primero,
añadiéndole un ingrediente normativo. Consideró que igualmente resultaba
presumible la inconstitucionalidad del primer inciso en tanto limita el ejercicio
del derecho a la muerte digna. En segundo lugar, planteó que en tanto la pena
de prisión afecta en tal grado el ejercicio de derechos fundamentales, que se ha
dado un proceso de constitucionalización del derecho penal que ha fijado
límites a la política criminal dados por los principios de necesidad,
proporcionalidad y razonabilidad. Continuó trayendo a colación los fines de la
pena resaltando que en nuestro ordenamiento jurídico la pena tiene finalidades
eminentemente preventivas, tanto generales como especiales.
27
Intervención ciudadana disponible en: [Link]
28
Para ello se fundamenta en la Declaración de Barcelona (1998), Análisis sobre el impacto normativo de los documentos del OBD
relativos a la eutanasia y retos del futuro (2021), la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos. Ibidem folio 5 y s.s.
29
“Artículo 5: Autonomía y responsabilidad individual. Se habrá de respetar la autonomía de la persona en lo que se refiere a la facultad
de adoptar decisiones, asumiendo la responsabilidad de éstas y respetando la autonomía de los demás. Para las personas que carecen de la
capacidad de ejercer su autonomía, se habrán de tomar medidas especiales para proteger sus derechos e intereses.” Declaración Universal
sobre Bioética y Derechos Humanos de 2005 citada por la Héctor Nebot a folio 5.
30
Intervención ciudadana disponible en: [Link]
31
Esbozó como fundamento jurisprudencial las sentencias: C-062 de 2021, C-095 de 2019, C-881 de 2014; C-1017 de 2014, C-889 de
2012 y C-539 de 1999. Ibidem folio 2.
11
30. Posteriormente procedió a analizar las particularidades del tipo de
inducción o ayuda al suicidio, y en este sentido indicó que el “autor de este
delito, en el fondo es el determinador o el cómplice de un acto legal”32 y, en
principio, la persona que determina o ayuda a otro a suicidarse, no sería
responsable penalmente. Se refirió a los subprincipios de proporcionalidad de
la siguiente manera: (i) En cuanto al subprincipio de idoneidad distinguió
entre la idoneidad de la norma de conducta y la de la sanción 33; respecto de la
primera, indicó que es posible admitir que el tipo penal en referencia puede
afectar la vida de esa persona que quiere morir, pero frente a la segunda,
señaló que los datos sobre las noticias criminales registrados desde el año
2000 no evidencian una clara tendencia de reducción de noticias criminales.
Agregó al respecto que es posible que una persona que no cumple los
requisitos para la aplicación de la eutanasia decida acudir a ayudas para poder
terminar con su vida. (ii) Frente al principio de necesidad, manifestó que la
prevención general resulta innecesaria de cara al inciso 2º del artículo 107 del
Código Penal, porque el “autor de la inducción o ayuda resulta ser
completamente ocasional”34 y probablemente ya ha sufrido una pena natural.
A continuación, indicó que es posible que el interés del Estado en proteger la
vida dé lugar a la idea de que la vida es un bien jurídico indisponible, idea que
ha sido cuestionada por la jurisprudencia y la doctrina. Agregó que si una
persona puede disponer libremente de su vida “poco o nada debería importar
si lo hace directamente o a través o con la ayuda de un tercero” 35.
Posteriormente, planteó la posibilidad de que surja la idea de que el delito sea
necesario para evitar abusos de terceros que no tengan un interés humanitario
sino un fin egoísta; sin embargo, estos casos, se resolverían por la vía de la
autoría mediata36. En cuanto a la proporcionalidad en sentido estricto,
comparó el bien obtenido y la afectación generada. Sin embargo, no formula
de manera expresa una pretensión.
Harold Sua Montaña
31. El ciudadano Sua Montaña inició su intervención trayendo a colación el
espíritu del constituyente primario sobre la vida, la dignidad y la solidaridad,
como se evidencia en el debate en el cual se presentó el proyecto que disponía
que la ley determinaría lo relativo al derecho a morir con dignidad,
proposición que no fue acogida37. Por otra parte, agregó que “los avances
médicos han buscado reducir hasta prácticamente cero tanto la duración
como la intensidad de las experiencias sensoriales y emocionales
32
Ibidem folio 7 de la intervención.
33
Siendo la primera aquella que se refiere a que la conducta descrita en el tipo penal pueda efectivamente afectar el bien jurídico que
busca proteger, y la segunda, aquella que analiza la eficacia preventiva de la norma en términos positivos y negativos. Folio 7 de la
intervención.
34
Ibidem folio 8 de la intervención.
35
Ibidem. Folio 9 de la intervención.
36
El interviniente ejemplifica el argumento con el caso de alguien que se encuentra en una situación de vulnerabilidad y en la cual un
tercero lo manipula para conseguir que aquel se suicide. Folio 9 de la intervención.
37
Según la Comisión Primera para 1991 “el derecho a la vida es inviolable porque basta con que sea violado una vez para que
desaparezca el sujeto es decir la persona. Es el único derecho esencial, porque si se viola no se pueden de ninguna [manera] [sic]
desarrollar los demás”, “el entusiasmo en defender la vida sería más moral si complementa con su dignificación social y económica”, “la
vida en si misma tiene valor así [sic] no sea digna, hay que recoger elementos para su dignificación” Informes de la Comisión Primera,
citado a folio 4 de la intervención ciudadana, ver nota supra.
12
desagradables”38. Para fundamentar esta conclusión, el ciudadano incluyó
varios artículos de investigación relacionados con la disminución del dolor 39, y
cuestionó que la conducta descrita en el artículo 107 sea realmente un acto de
la voluntad, entendida como la capacidad del hombre para encaminarse a lo
bueno, rechazar lo malo o abstenerse de uno o ambos.
32. Solicitó a esta Corporación que se declare inhibida para pronunciarse de
fondo sobre la vulneración de los artículos 114 y 150 constitucionales por falta
de aptitud sustancial de dichos cargos. Así mismo, solicitó que el artículo 107,
inciso 2º, del Código Penal sea declarado condicionalmente exequible en el
entendido de que la pena solo podrá imponerse cuando el sujeto activo era
consciente de que con su actuar el sujeto pasivo solo obtendría la ausencia de
un mal menor privándose de su vida como un mal mayor, o estaba obligada a
prestarle asistencia o socorro a la víctima. Consideró que la norma demandada
debe ser declarada exequible por la posible vulneración de los artículos 95-2 y
16 constitucionales. A su vez, solicitó que se exhorte al Congreso de la
República para que reconfigure el artículo 107 diferenciando la pena según la
calificación de los sujetos activos de la conducta, y a que modifique la ley de
cuidados paliativos de manera que las personas con enfermedades graves e
incurables y también terminales puedan acceder fácilmente a los diferentes
tratamientos para eliminar el sufrimiento que padezcan. Por último, solicitó a
esta Corporación que advierta a todos los habitantes del territorio nacional que
mientras el Congreso no legisle, el derecho a morir dignamente es diferente a
la muerte digna y ninguno conlleva a permitir que una persona mate a otra. En
consecuencia, debe requerirse a las diferentes entidades nacionales del sector
salud que suministren información en aras a determinar si dentro del ECI
declarado en Sentencia T-760 de 2008 dicha población carece de manera
crítica del goce efectivo del derecho a la salud.
Juan Camilo Rúa Serna
33. El ciudadano Rúa Serna inició su intervención 40 presentando el contexto
jurídico internacional en el cual destaca el caso de España, que reguló la
eutanasia y el SMA, definiendo este último como “la prescripción o
suministro al paciente por parte del profesional sanitario de una sustancia, de
manera que ésta se la pueda auto administrar, para causar su propia muerte”41.
Continuó señalando que la Corte Constitucional Federal alemana consideró
que el derecho a recibir la ayuda y asistencia de otros en la terminación de la
vida también está protegido por el derecho al libre desarrollo de la
personalidad, pues éste incluye el derecho a interrelacionarse y vincularse con
otros para el ejercicio de visiones compartidas sobre la vida y la muerte, y en
este sentido el ejercicio de ciertos derechos fundamentales puede requerir de
38
Ibidem. Folio 6. El ciudadano cita como fuente de esta conclusión el estudio de J Pérez. “Versión actualizada de la definición de dolor
de la IASP: un paso adelante o un paso atrás”, disponible en [Link]
80462020000400003#B6).
39
Ver ibidem de folios 7 a 75 de la intervención.
40
Intervención disponible en: [Link]
41
Artículo 11 de la Ley Orgánica 2 de 2021, citada en ibídem folio 4.
13
la participación de terceros. Señaló que la prohibición absoluta del SMA
desconoce la dignidad humana entendida como autodeterminación, pues al
despenalizar solo una de las formas de la muerte médicamente asistida pero no
la otra, el Estado elige arbitrariamente un modelo de buena muerte sin
justificación constitucional alguna, y en ese entendido, sólo morirían bien
quienes los hagan mediante la intervención activa de un tercero.
34. Adujo que la norma demandada desconoce la dignidad humana en el
sentido de condiciones materiales adecuadas, y agregó que el método concreto
al que se accede a la muerte digna está condicionado por cuestiones
socioeconómicas. Para ello se basó en algunos estudios que señalan que en los
países en los que hay mayor acceso a armas de fuego, se emplea con mayor
frecuencia este método para alcanzar el suicidio, mientras que en los países en
los que hay menor nivel de acceso, el mecanismo principal es la asfixia.
Agregó que, por razones económicas o culturales, muchas personas pueden
acudir a métodos menos efectivos, sobreviviendo con graves secuelas42.
Concluyó que la prohibición del SMA despoja a las personas a elegir entre
alternativas más deseables, exponiéndolas a un grave daño sobre su integridad
física y moral.
35. De otro lado, expuso que la prohibición absoluta del SMA conjuga la
expresión de un poder totalitario y la imposición de una ética privada que
resulta incompatible con la Constitución colombiana que busca realzar y
potenciar una ciudadanía con espacios reales de libertad. Concluyó que la
condena del suicidio no descansa en una ética constitucional sino en una cierta
idea moral individual sobre quién puede disponer de la vida y cómo hacerlo,
por lo cual, la prohibición del SMA es también un ataque contra el Estado
laico. Por lo anterior, solicitó que se declare que el SMA es un mecanismo
constitucionalmente permitido para garantizar el derecho fundamental a morir
dignamente, y se declare la exequibilidad condicionada en los términos
formulados en la demanda.
C. Entidades públicas, organizaciones privadas y expertos invitados
Intervención del Ministerio de Salud y Protección Social
36. El Ministerio de Salud y Protección Social inicia su intervención
definiendo el SMA como un acto médico “cuando está mediado por el
abastecimiento, a petición expresa y reiterada de su paciente -capaz y con una
enfermedad irreversible, no necesariamente terminal, que produce un
sufrimiento, categorizado como inaceptable que no se ha conseguido mitigar
por otras vías-, de los medios intelectuales y/o materiales imprescindibles para
que pueda terminar con su vida suicidándose de forma efectiva cuando lo
42
Los estudios citados fueron: BENEVENTO, MARCELLO y otros. (2021). Complex suicide by drowning and self-strangulation: An
atypical “holy” way to die. Forensic Science International: Reports, (3), p. 1. EVANS, GLEN y FARBEROW, NORMAN. (2003). The
Encyclopedia of Suicide. New York: Facts On File, p. 162. KEUN PARK, HYUNG y otros. (2017). Impact of acute alcohol
consumption on lethality of suicide methods. Comprehensive Psychiatry, 75, p. 33.
14
desee”43. Tal acto médico puede requerir la presencia obligatoria del médico
para acompañar la ingesta o simplemente el acompañamiento 44. Luego de
describir de manera general el proceso de manejo de las solicitudes de SMA,
manifestaron que los problemas y las complicaciones del procedimiento son
reportados en la literatura como más frecuentes en los casos de suicidio
asistido que en los casos de eutanasia. Indicó que en los países con
disponibilidad de eutanasia y SMA la selección del procedimiento está
definida por el paciente, y aun cuando el procedimiento elegido sea SMA, se
recomienda a los profesionales asistenciales que cuenten con un protocolo
endovenoso en caso de que la muerte no se presente. Describe las principales
particularidades de las regulaciones de Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo,
Canadá, España y Australia, mostrando la diversidad de requerimientos que se
han dispuesto para cada caso en concreto.
37. Frente al rol del médico y el ejercicio de la medicina, señala que ningún
profesional debe ser obligado a ser parte de la voluntad del paciente, sea por
incompatibilidad moral o por diferencias sobre la condición objetiva del
paciente como origen de la solicitud. Por lo que no debe perderse de vista que
establecer los medios para inducir la muerte, incluye la necesidad de
establecer medidas de acceso concretas, objetivas, de las características del
proceso.
38. Dentro de las conclusiones plantea que la inclusión de otra opción de
muerte médicamente asistida, en particular el SMA, requiere de una discusión
a profundidad, cuya competencia recae en el legislador por la vía estatutaria,
teniendo en cuenta la complejidad del SMA como proceso asistencial en el
Sistema General de Seguridad Social en Salud. Insiste, en consecuencia, en
que adicionar vía jurisprudencial, a través de la despenalización, otra opción
de muerte médicamente asistida, sin la discusión a profundidad, puede tener
repercusiones negativas en los servicios de salud.
39. De otro lado, afirma que llevar a la prestación de servicios el SMA
requiere de una estructura prestaciones de servicios. Igualmente, la regulación
vigente en el país no diferencia el origen de la patología, lesión o diagnóstico,
lo cual admite que las personas ejerzan sus derechos frente a la evaluación de
medidas objetivas. El derecho a morir con dignidad no contiene alternativas
infinitas, afirmar que el SMA es una opción igual a la eutanasia desconoce las
diferencias conceptuales, procedimentales y asistenciales. Para concluir,
señala que a la fecha no se impide que se presten asistencias para el proceso
de muerte, y extender el derecho a un procedimiento adicional supone
modificaciones prestacionales, que corresponden al legislador. No obstante,
no formuló una pretensión expresamente.
Intervención Fundación Probono
43
Intervención disponible en: [Link]
44
Como ejemplos de los países en donde la presencia del médico es obligatoria durante la ingesta se cita el caso de Canadá y los estados
australianos; por su parte, se cita el caso de los países bajos como ejemplo donde se hace referencia al acompañamiento.
15
40. La Fundación Probono intervino para solicitar la exequibilidad
condicionada de la disposición demandada. Al respecto, adujo que no es dable
que se garantice el derecho fundamental a morir dignamente y que
simultáneamente, se penalice una de las formas de materializarse, que es el
SMA. La autorización de la eutanasia y la penalización del SMA genera una
incoherencia del sistema jurídico, pues son procedimientos equivalentes que
pretenden proteger la autonomía y dignidad de las personas que padecen como
consecuencia de enfermedades graves o incurables.
41. Adicionalmente, la penalización de la conducta del profesional de la salud
que presta una ayuda a quien actúa en desarrollo de su ámbito de libertad,
implica una interferencia injustificada dentro del marco de la autonomía
personal del individuo. Manifestó que algunos particulares tienen una
obligación reforzada respecto del deber de solidaridad debido a su profesión,
como ocurre con los médicos quienes deben atender a quienes requieran sus
servicios, especialmente, si se refiere a personas que se encuentren en
situación de debilidad manifiesta. Por otro lado, argumentó que la sanción
penal se excluye frente a las conductas que se realizan en ámbitos de libertad
constitucionalmente garantizados o que no afectan significativamente bienes
jurídicos; en este caso, el bien jurídico de la vida no sufre una lesión
jurídicamente relevante en tanto se reconoce el derecho fundamental a morir
dignamente. Por último, concluyeron que la penalización del SMA resulta
desproporcionada en tanto representa una afectación gravísima de derechos
fundamentales45.
Federación Mundial de Sociedades por el Derecho a Morir (WFRtDS)
42. Se recibió igualmente un amicus curiae por parte de la Federación
Mundial de Sociedades por el Derecho a Morir (WFRtDS por su acrónimo en
inglés). Inicialmente resaltaron que en la mayoría de los países o
jurisdicciones donde alguna forma de ayuda para morir es legal o está
regulada, se ve incluida la participación médica y profesional. De lo anterior
se desprende una aceptación de la muerte médicamente asistida como
concepto general para todas las formas de ayudar a morir, lo que incluye la
eutanasia y el SMA. Estos escenarios incluyen que un profesional de la salud
aplica el medicamento que pone fin a la vida, o la acción que pone fin a la
propia vida usando medicamentos recetados por un profesional de la
medicina. Adicionalmente, supone siempre que el acto se realice a pedido
explícito de la persona que quiere que se ponga fin a su vida con ocasión de un
sufrimiento extremo.
43. Señalaron que en Colombia en 1997 la Corte Constitucional adoptó la
decisión de despenalizar la eutanasia mediante la Sentencia 239 de 1997, con
base en el derecho a la vida en condiciones adecuadas y dignas y resaltaron
45
Intervención disponible en: [Link]
16
que no hay un deber absoluto de vivir. Igualmente, adujeron que extender las
condiciones dolorosas y de sufrimiento resulta indigno, pues el derecho
fundamental a una vida digna implica el derecho a morir con dignidad. En
consecuencia, se señala que del sujeto activo que realiza la eutanasia no puede
predicarse la responsabilidad penal, pues éste, en lugar de ser un acto ilícito es
un acto de solidaridad no motivado por el deseo de perpetrar un homicidio.
44. La WFRtDS indicó que la Sentencia C-239 de 1997 se refería
específicamente a la eutanasia y no abordó el SMA, a pesar de que en los
países en los que se practicaba una forma de muerte médicamente asistida, la
práctica aceptada mayoritariamente era la del SMA y no la eutanasia.
Agregaron que la misma línea argumentativa empleada por la Corte para
reconocer en dicha decisión a la eutanasia como una práctica constitucional, es
aplicable para el SMA, incluyendo “las cuestiones sobre el derecho a la vida
en condiciones adecuadas y dignas; la ausencia de la obligación de vivir; el
deber del Estado de proteger el consentimiento informado del paciente; y la
consideración de que el individuo esté calificado para tomar la decisión. En
resumen, reemplazar la eutanasia con el SMA en la C-239/97, no haría que la
decisión final fuera diferente.”46 Sugirieron a la Corte que diferenciar entre la
eutanasia y el SMA puede llegar a ser discriminatorio, y por lo tanto se
propone utilizar el concepto de muerte médicamente asistida, entendido como
“el método en el que un profesional de la medicina, para terminar con el
sufrimiento a pedido explícito y voluntario de una persona, por
consideraciones profesionales y, en cooperación con ella, decide la mejor
práctica para causar la muerte: prescripción o aplicación” 47. Señalaron
finalmente que no tendría sentido que administrar el medicamento mortal por
vía intravenosa esté constitucionalmente permitido, mientras que prescribir el
mismo para la ingestión oral por parte del individuo involucrado sea un delito.
45. Por último, solicitó a la Corte que considere el suicidio médicamente
asistido como un mecanismo de muerte médicamente asistida y aplique los
principios que se formularon para permitir la eutanasia en la Sentencia C-239
de 1997.
Academia colombiana de jurisprudencia
46. Recordaron que el artículo 326 del Decreto 100 de 1980 que disponía el
homicidio por piedad48 fue demandado ante la Corte Constitucional, y
declarado exequible condicionalmente mediante la Sentencia C-239 de 1997,
en la que se estableció que dicho tipo penal violaba la Constitución respecto
de los principios-derechos de dignidad, solidaridad, libre desarrollo de la
personalidad y derecho a la muerte digna cuando el sujeto pasivo padeciera
46
Fl. 4 de la intervención de WFRtDS.
47
Ibidem.
48
Establece el artículo 326 Decreto 100 de 1980 que: “El que matare a otro por piedad, para poner fin a intensos sufrimientos
provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e incurable, incurrirá en prisión de seis meses a tres años”.
17
intensos sufrimientos derivados de una lesión corporal o enfermedad grave o
incurable.
47. Posteriormente, el artículo 106 del Código Penal estableció la descripción
típica del homicidio por piedad en exactamente los mismos términos que el
estatuto anterior49.
48. Esta disposición fue enjuiciada por esta Corporación en Sentencia C-233
de 2021, y resalta la Academia de esta sentencia que “el derecho a morir
dignamente es un derecho fundamental autónomo, relacionado con la vida; y
que, de otra parte, no procedía la integración normativa con el artículo 107 del
Código Penal, que define la inducción o ayuda al suicidio planteada por una
de las personas que se pronunciaron en el espacio previsto para la intervención
ciudadana, básicamente por razones formales, mas no materiales.”50.
Igualmente, señalan que se observa fácilmente que las decisiones frente a los
artículos 326 del Decreto 100 de 1980 y el 106 de la Ley 599 de 2000 son
idénticas, especialmente, en cuanto a las características del sujeto pasivo.
49. De otro lado, manifestaron que, siguiendo la vinculatoriedad del
precedente jurisprudencial, las razones que llevaron a la Corte Constitucional
a declarar la exequibilidad condicionada de los artículos que contemplaban el
homicidio por piedad en ambos estatutos, deben guiar hacia una decisión
semejante frente al examen del inciso segundo del artículo 107 de la Ley 599
de 2000. Lo anterior, debido a que entre las sentencias C-239 de 1997 y C-233
de 2021 “no ha habido decisiones disonantes -excepto los salvamentos de
voto- y sí, más bien, cada vez mayor elasticidad obviamente racional hacia el
reconocimiento del derecho a una vida -y muerte- digna”51.
50. Por último, agregaron que la Corte debe hacer una interpretación analógica
partiendo de la premisa de que, si los artículos 326 del Decreto 100 de 1980 y
el 106 de la Ley 599 de 2000 tiene determinada resolución por parte de la
Corte Constitucional, y que el artículo 107-2 tiene circunstancias semejantes a
las de aquellos, en consecuencia, debe aplicarse la misma resolución. Lo
anterior, según los demandantes, es una aplicación precisa de la norma rectora
del artículo 6-3 del Código Penal según el cual, la analogía está permitida
cuando se refiera a materias permisivas. Por lo anterior, solicitaron se declare
la exequibilidad condicionada de la norma demandada en el entendido de que
es viable prestar ayuda a la realización del suicidio siempre que la persona que
quiere morir dignamente: “a) busque su muerte con libertad plena,
inequívocamente y manifieste su consentimiento informado. b) Haya sido
debidamente diagnosticada con una lesión corporal, enfermedad grave e
incurable. c) Sufra intensos dolores físicos o psíquicos totalmente opuestos a
una vida digna. d) Reciba la ayuda o asistencia de un profesional de la
49
A excepción de la pena prevista, el supuesto de hecho se mantiene respecto de las condiciones del sujeto pasivo en estos términos: “El
que matare a otro por piedad, para poner fin a intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e incurable,
incurrirá en prisión de dieciséis (16) a cincuenta y cuatro (54) meses”
50
Fl. 9 de la intervención de la Academia Colombiana de Jurisprudencia citando la Sentencia C-233 de 2021 de la Corte Constitucional.
51
Ibídem. Fl. 14.
18
medicina, todo orientado, esencialmente, a la garantía del derecho a morir
con dignidad”52.
Asociación colombiana de empresas de medicina integral -ACEMI-
51. Esgrimieron dos argumentos principales por los que solicitan que se
declare condicionalmente exequible el artículo demandado. En primer lugar,
recordaron que la eutanasia y el SMA son maneras de ejercer el derecho a
morir dignamente. Precisaron que este derecho fundamental puede ejercerse a
través de i) cuidados paliativos, ii) la adecuación del esfuerzo terapéutico, y
iii) las prestaciones específicas para morir, que incluyen la eutanasia y la
asistencia al suicidio. Agregaron que mientras en la eutanasia el sujeto activo
no se confunde con el pasivo, en la segunda el galeno proporciona todos los
medios necesarios para que el enfermo termine por sí mismo con su vida.
Siguiendo la Sentencia C-233 de 2021, afirman, existe una semejanza en las
dos conductas, pues en ambos casos se trata de prestaciones específicas para
morir, que por tanto conducen al mismo resultado y se realizan para poner fin
a intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e
incurable.
52. En cuanto al segundo argumento, resaltaron que el problema jurídico debe
abordarse desde dos perspectivas: primero, frente al uso del derecho penal
respecto de las conductas altruistas que ponen fin o contribuyen a culminar
una vida humana para evitarle sufrimientos profundos e intensos y, segundo,
frente a la garantía de acceso al derecho a morir dignamente.
53. Por lo anterior reiteraron su solicitud de declarar la exequibilidad
condicionada del contenido normativo en el mismo sentido en que se
condicionó la constitucionalidad del delito del homicidio por piedad, esto es,
siempre que la conducta (i) sea efectuada por un médico, (ii) sea realizada con
el consentimiento libre e informado, previo o posterior al diagnóstico del
sujeto pasivo del acto, y siempre que (iii) el paciente padezca un intenso
sufrimiento físico o psíquico proveniente de lesión corporal o enfermedad
grave e incurable53.
Universidad de los Andes
54. Desde el Consultorio Jurídico de la Universidad de los Andes se allegó
intervención solicitando (i) declarar el SMA como uno de los mecanismos
constitucionalmente protegidos para garantizar el derecho fundamental a morir
dignamente en Colombia, (ii) declarar la exequibilidad condicionada de la
norma demandada, (iii) exhortar al Congreso de la República a legislar
integralmente sobre el derecho fundamental a morir dignamente, respetando el
precedente constitucional, (iv) ordenar al Ministerio de Salud y Protección
52
Ibídem. Fl. 7.
53
Fl. 6 de la intervención de ACEMI.
19
Social que expida una reglamentación acerca del SMA como mecanismo
legítimo para garantizar el derecho a morir dignamente, y (iv) ordenar que
dentro de la expedición de dicha reglamentación se garantice la participación
ciudadana amplia de organizaciones sociales y no únicamente de entidades
médicas.
55. Para fundamentar dichas pretensiones partieron de incluir el SMA dentro
de los mecanismos existentes para garantizar el derecho a morir dignamente,
este último reconocido como un derecho fundamental de manera reiterada por
la jurisprudencia constitucional54. Explicaron que este derecho otorga a las
personas varios mecanismos para ejercerlo, siendo actualmente reconocidas
por la jurisprudencia constitucional tres opciones: (i) el acceso a cuidados
paliativos, (ii) la adecuación del esfuerzo terapéutico, incluyendo la
posibilidad de negarse, interrumpir o modificar tratamientos que se consideren
innecesarios o que contravengan la idea de dignidad de la persona que los
recibe, y (iii) la eutanasia. Señalaron que actualmente estos mecanismos no
constituyen una regulación integral y completa y que excluir o prohibir otros
mecanismos vulnera directamente el derecho fundamental a morir
dignamente.
56. A su entender, no tiene fundamento constitucional que la eutanasia sea
reconocida como un mecanismo constitucionalmente protegido mientras que
el SMA es consagrado como un delito, teniendo en cuenta que su única
diferencia recae en el sujeto que causa efectivamente la muerte. Reiterando el
carácter no absoluto de los derechos fundamentales, señalaron que el derecho
a la vida debe ser ponderado con otros valores, principios y derechos
constitucionales como la dignidad humana y la vida digna; así como el
derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad.
57. Concluyeron de esta manera que el SMA no debe ser penalizado cuando
se cumplan los siguientes requisitos: (i) que la persona haya manifestado el
consentimiento libre, inequívoco e informado, (ii) que la persona haya sido
debidamente diagnosticada con una lesión corporal o enfermedad grave e
incurable, (iii) que la persona experimente intensos dolores físicos o psíquicos
incompatibles con su idea de vida digna, y (iv) que la ayuda o asistencia sea
prestada por un profesional de la medicina.
Universidad del Rosario
58. A través del Grupo de Acciones Públicas la Universidad del Rosario
presentó intervención ciudadana en el proceso de referencia para solicitar que
se declare la exequibilidad condicionada de la norma demandada.
Comenzaron esbozando las razones por las cuales debe estudiarse de fondo la
54
Dentro de la jurisprudencia aludida se encuentran las sentencias T-493 de 1993. (MP: Antonio Barrera Carbonell); C-239 de 1997 (MP:
Carlos Gaviria Díaz); T-970 de 2014 (MP: Luis Ernesto Vargas Silva); T-132 de 2016 (MP: Luis Ernesto Vargas Silva); T-322 de 2017
(MP: Aquiles Arrieta Gómez); T-544 de 2017 (MP: Gloria Stella Ortiz Delgado); T-721 de 2017 (MP: Antonio José Lizarazo Ocampo);
T-423 de 2017 (MP: Iván Humberto Escrucería Mayolo); T-060 de 2020 (MP: Alberto Rojas Ríos) y C-233 de 2021 (MP: Diana Fajardo
Rivera).
20
demanda y señalaron que el castigo del delito de inducción o ayuda al suicidio
con fines pietísticos viola el derecho a la igualdad porque existe un
tratamiento injustificadamente diferenciado entre la eutanasia y el SMA. Para
llegar a esta conclusión, aplicaron el test de igualdad adoptado por la Corte
Constitucional55 identificando los sujetos que se encuentran en condiciones
iguales pero que reciben un tratamiento diferenciado por parte de la norma
demandada, según el procedimiento al que acudan -eutanasia activa o SMA.
Ambos procedimientos requieren los siguientes elementos: (1) un sujeto
pasivo que padezca de un intenso sufrimiento físico o psíquico proveniente de
lesión corporal o enfermedad grave e incurable -no necesariamente terminal;
(2) un sujeto activo calificado que ha de ser un médico; y (3) que el
procedimiento se produzca a petición expresa, reiterada e informada del
paciente en ejercicio de su derecho a una muerte digna. Se diferencian en
cambio, en que en el SMA es el paciente quien se suministra el medicamento,
habiendo antes recibido el acompañamiento del médico para la prescripción de
los fármacos, por lo que señalan que se trata de un proceso de
“autoliberación”56. Sin embargo, la forma de causación de la muerte
libremente deseada no se estima igual, pues el SMA está penalizada.
59. Agregaron que la finalidad de la imposición de la pena es proteger el bien
jurídicamente tutelado de la vida, sin embargo, imponer una sanción al médico
que obra para evitar el sufrimiento ajeno e incurable, supera y es ajena al
objetivo de la pena, además de ser contraria al principio de solidaridad e
igualdad en el tratamiento respecto de aquellos médicos que aplican la
eutanasia en los términos constitucionalmente permitidos. Señalaron que, el
SMA debe ser entendido como un tratamiento médico alternativo a la
eutanasia, que permite la garantía del derecho fundamental a la muerte digna
en sus facetas, tanto respecto del reconocimiento de la vida digna, como de la
autonomía personal.
60. Añadieron que la penalización del SMA va en contravía de la dignidad
humana, la cual, según la sentencia T-881 de 2002, implica la defensa de tres
elementos: (i) la posibilidad de diseñar un plan de vida según el proyecto de
cada persona, (ii) las condiciones materiales para vivir bien, y (iii) la
intangibilidad de bienes no patrimoniales para vivir sin humillaciones. La
existencia del tipo penal demandado constituye un obstáculo para la
protección de la muerte digna de las personas como parte de su proyecto de
vida, en razón a que este tipo penal genera rechazo alrededor de la práctica, y
refuerza además un estigma social en contra del suicidio. Para ampliar este
argumento aludieron a varios estudios encaminados a mostrar cómo existe un
estigma frente al individuo que se suicida, así como frente a su familia, por
considerarlos inaptos para manejar adecuadamente las emociones dentro de su
55
Formulan como sustento jurisprudencial la Sentencia C-104 de 2016 M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez. Fl. 4 de la intervención
ciudadana.
56
Fl. 6 de la intervención citando a Royes, A. (2008) La eutanasia y el suicidio médicamente asistido. Recuperado de:
[Link]
21
núcleo familiar57. De otro lado, citaron otros estudios58 que han abordado las
diferencias de este estigma dentro del personal médico, según se trate de
eutanasia o de SMA, concluyendo que el personal médico estaba más
dispuesto a apoyar la realización de la eutanasia que del SMA.
61. Agregaron que la disposición demandada crea una limitación paternalista
por parte del Estado a la autonomía de las personas y sus proyectos de vida,
puesto que la acción penal en este caso pretende prevenir el SMA a través de
la prevención general negativa, tanto por quienes lo cometen directamente,
como por quienes buscan que se les sea aplicado. Indican también que este
reproche o estigma social impide a las personas contar con las condiciones
materiales necesarias para desarrollar su vida de forma digna, incluyendo la
posibilidad de decidir cómo morir. A su vez, impide que las personas tengan
una vida sin humillaciones y transgrede la intangibilidad de sus bienes no
materiales, pues el refuerzo de este estigma afecta la integridad moral y trae
humillaciones para quienes lo cometen, así como a sus familias.
62. Asimismo, presentaron un panorama de derecho comparado frente a la
ayuda médica a morir, exponiendo las razones jurídicas que han llevado a la
despenalización de la eutanasia y el SMA en Canadá y España, donde ambos
procedimientos se encuadran en la categoría de “ayuda médica a morir”.
Señalaron que la Corte Suprema de Canadá59 pone en una misma categoría la
eutanasia y el SMA como dos formas de materializar el derecho de autonomía
de los pacientes para decidir sobre el fin de su vida con base en el artículo 7 de
la Carta Canadiense de los Derechos y las Libertades, la cual recoge los
derechos a la vida, la seguridad y la libertad. En este fallo, la Corte Suprema
consideró que la prohibición absoluta de la ayuda médica a morir es una
medida limitativa, gravosa y desproporcionada cuando (i) el consentimiento es
dado de manera clara y expresa para la terminación de la vida, y (ii) la persona
tiene una condición médica grave e irremediable que causa un sufrimiento
duradero y resulta intolerable. Por lo anterior, se requirió al Parlamento
promulgar una legislación coherente. En cumplimiento de dicha orden, el
parlamento canadiense mediante la Ley C-14, “incluye dentro de la definición
de asistencia médica para morir: (1) la administración por un médico o
enfermero de una sustancia a una persona que lo haya requerido y que cause
su muerte; y (2) la prescripción o suministro por un médico o enfermero de
una sustancia a una persona que lo haya requerido, de manera que éste se la
pueda auto administrar causando su propia muerte, el SMA”60.
57
Los estudios aludidos son: Garciandia Imaz JA. Familia, suicidio y duelo. Rev Colomb Psyquiatria [Internet]. 2014; 3(S 1): 719.
Disponible en: [Link] y Cvinar JG. Do suicide survivors suffer social stigma: a review of the
literature. Perspect Psychiatr Care. 2005;41(1):14-21. Fl. 10 de la intervención del GAP de la Universidad del Rosario.
58
En este sentido citan dos estudios españoles: Moreno Berga, E (2019). Actitudes de los estudiantes de medicina de la Universitat Jaume
I frente a la eutanasia y el suicidio medicamente asistido. Trabajo de Grado. Universitat Jaume I. Disponible en:
[Link]
e=1, y Serrano del Rosal R, Heredia Cerro A. Actitudes de los españoles ante la eutanasia y suicidio médicamente
asistido. Rev. Esp. Investig. Sociol. 2018 [citado 26 de abril de 2019]; 161:103-120. doi: 10.5477/cis/reis.161.103
59
El fallo al que se refieren es la Sentencia Carter v. Canadá (Fiscal General), de 6 de febrero de 2015. Expediente
35.59 de la Corte Suprema de Canadá.
60
Parlamento de Canadá. 17 de junio del 2016. Ley que modifica el Código Penal y otros actos. Bill C-14 citada a folio 13 de la
intervención.
22
63. Para el caso español se refiere a la Ley Orgánica de Regulación de la
Eutanasia, que regula integralmente el derecho de las personas para solicitar la
prestación de ayuda para morir. La “definición de prestación de ayuda para
morir incluye: (1) la administración directa del paciente de una sustancia por
parte del profesional sanitario competente; y (2) la prescripción o suministro
al paciente por parte del profesional sanitario de una sustancia, de manera que
éste se la pueda auto administrar, para causar su propia muerte”. Estos
procedimientos desarrollan el derecho fundamental de la persona a la vida y su
relación con la dignidad. Los intervinientes señalaron que ambos países han
acogido la eutanasia y el SMA bajo el entendido de que son formas de ayudar
médicamente a morir.
Universidad Industrial de Santander -UIS-
64. Presentaron su intervención coadyuvando la demanda de exequibilidad
condicionada. Para fundamentar esta pretensión, analizaron cómo el derecho
comparado brinda elementos suficientes para concluir que la fórmula más
adecuada a la Constitución es regular la asistencia al suicidio como un
problema de salud pública. Comenzaron exponiendo que, en Holanda, se
evidenció61 que a pesar de que la práctica del SMA y la eutanasia fueron
perfeccionándose en materia procedimental, no hubo un aumento exacerbado
en las solicitudes de dichos procedimientos. Esta estadística se corroboró con
un estudio más reciente con datos de Holanda y Bélgica que lleva a concluir
que “en lugar de estimular la realización de estos procedimientos, los estudios
han confirmado que se mejoran [sic] las condiciones en las cuales son
practicadas”62. Para el caso de Suiza, señalaron que desde el 2013 el
Parlamento aprobó la Ley de Asistencia al Suicidio, convirtiéndose en uno de
los países que más facilidades prevén para acceder a un acompañamiento del
Estado así como por parte de organizaciones no gubernamentales, en la
asistencia al suicidio.
65. Resaltaron el caso del Estado de Oregón, Estados Unidos, que cuenta
actualmente con la Ley de Muerte Digna63 mediante la cual se diseñaron
canales de información y comunicación para los pacientes y familiares de los
pacientes que pretenden hacer efectivo este derecho. En Canadá se retomó el
precedente de la Sentencia Carter v. Canadá según el cual se indicó que
corresponde al Estado proteger la vida e integridad de sus ciudadanos, pero
dicha protección está sometida a criterios de proporcionalidad frente a la
dignidad y autonomía de los individuos. La anterior sentencia dio lugar a la
expedición del Canada´s medical assitance in dying law (MAID) por parte del
Parlamento Canadiense. Frente al caso del oeste australiano se citó que desde
el 2019 existe el Voluntary Assisted Act que permite al paciente optar por una
AMS, previo estudio por parte de la Junta de Muerte Asistida Voluntaria que
61
Para ello citan el estudio de Van Delden, J., Pijnenborg, L., & van der Maas, P. (1993). The Remmelink Study. The Hastings Center
Report, 24-27. doi:10.2307/3562919. Folio 3 de la intervención.
62
Ibídem. Folio 4.
63
Disponible en Death with dignity National Center. (diciembre 7 de 2018). The Impact of Death with Dignity on
Healthcare. [Online] [Link] Ibídem. Folio 4.
23
verifica el cumplimiento de los requisitos legales. En Alemania se resaltó la
Sentencia del Tribunal Constitucional de 2020 que estableció que la decisión
propia de poner fin a la vida es un acto personalísimo ajeno al derecho penal;
y que por tanto el papel del Estado debe reducirse a proporcionar la
información correcta, proporcionar servicios médicos y medicamentos de
calidad. En consecuencia, existe en Alemania una despenalización sin
restricciones penales frente a la decisión de morir dignamente. Por último, en
Nueva Zelanda se consagró el End of Choice Act, mediante el cual, las
condiciones de enfermedad terminal dan lugar a la posibilidad de solicitar el
SMA, y se blinda al paciente de escenarios de constreñimiento por parte de
terceros de mala fe.
66. Por otra parte, en su intervención señalaron que es necesaria la
despenalización del SMA con base en la dignidad humana. Citaron la
Sentencia T-881 de 2002 que definió las tres esferas de la dignidad humana, y
argumentaron que cuando a una persona no se le permite acceder a una muerte
digna se ven lesionadas las esferas de la dignidad humana que consisten en el
vivir bien y vivir una vida libre de humillaciones. La intervención resaltó tres
decisiones jurisprudenciales que constatan la relación del derecho a morir
dignamente y la dignidad humana. En primer lugar, la sentencia C-233 de
201464 que decidió sobre la capacidad de las personas para decidir sobre la
implementación de cuidados paliativos; la Sentencia T-322 de 201765 que
desarrolló el estricto deber de constatación como una condición necesaria
para la comprensión de los verdaderos deseos de las personas que pretenden
terminar con su vida; y, por último, la Sentencia C-233 de 2021 que elimina el
requisito de la muerte inminente para acceder a la eutanasia.
67. Manifestaron que la disposición demandada no es compatible con el
ejercicio del libre desarrollo de la personalidad. Consideran que la autonomía
de la voluntad de la persona al momento de morir se ve reflejada, no solo en la
capacidad de decidir el cuándo, sino la potestad para definir el cómo se quiere
morir. Por otra parte, consideraron que la práctica del SMA escapa a los fines
del derecho penal, y en lugar de ser un asunto de política criminal debe ser un
asunto de salud pública. Por ello, solicitan igualmente que se exhorte al
Congreso de la República y al Gobierno Nacional para que establezcan una
legislación y política de salud pública estructurada y garantista del derecho a
la muerte digna.
Universidad Autónoma de Bucaramanga
68. La Clínica Jurídica de Interés Público y Derechos Humanos de la UNAB
presentó intervención ciudadana solicitando que se declare que el SMA es un
mecanismo constitucionalmente permitido para garantizar el derecho
fundamental a morir dignamente, y en consecuencia, se declare la
64
M.P. Alberto Rojas Ríos.
65
M.P. Aquiles Arrieta Gómez.
24
exequibilidad condicionada66. Adicionalmente, solicitaron a esta Corporación
exhortar al Congreso de la República a legislar sobre el derecho fundamental a
morir dignamente a través de los sendos mecanismos de protección; así como
que se ordene al Ministerio de Salud y Protección Social que reglamente el
acceso el SMA, garantizando la participación amplia de la ciudadanía.
69. Para sustentar su pretensión indicaron que la penalización del SMA
desconoce los límites del poder punitivo del Estado, el cual está configurado
en torno al principio de necesidad y mínima intervención al considerar las
conductas penalmente sancionables67. De otro lado, señalaron que esta
Corporación hizo énfasis en la Sentencia T-881 de 2002 en que el deber de
proteger la vida implica un respeto a la dignidad humana, entendida en sus tres
principios: (i) vivir bien, (ii) vivir como se quiere, y (iii) vivir sin
humillaciones. Igualmente, indicaron que es tan legítimo decidir ejercer el
derecho a la vida como renunciar a ella, y citando a esta Corporación, añaden
que “la Constitución se inspira en la consideración de la persona como un
sujeto moral, capaz de asumir en forma responsable y autónoma las
decisiones sobre los asuntos que en primer término a él incumben”68.
Universidad de Cartagena69
70. La Universidad de Cartagena señaló que el legislador en materia penal no
tiene discrecionalidad absoluta para definir tipos y procedimientos penales; lo
cual se desprende de la constitucionalización del derecho penal tanto en lo
sustantivo como en lo procedimental70. Dentro de los límites al legislador
penal resaltaron el principio de exclusiva protección de bienes jurídicos,
entendido como la garantía de que el derecho penal sólo debe proteger valores
esenciales de la sociedad; y el principio de necesidad, relacionada con el
carácter subsidiario, fragmentario y de última ratio.
71. Manifestaron sin embargo que la norma debe ser declarada exequible sin
condicionamientos, pues el debate que han propuesto los demandantes ya fue
decantado en la Sentencia C-239 de 1997, y que guarda relación con el
artículo 106 del Código Penal y dijo que no habrá lugar a la sanción penal
cuando éste se adecúe a las precisiones fácticas de la sentencia. Continuaron
diciendo que pretender el mismo razonamiento constitucional para la
inducción o ayuda al suicidio, desborda la teología constitucional. En criterio
de la Universidad de Cartagena, la ayuda que presta un profesional de la
medicina en las mismas condiciones establecidas en la Sentencia C.239 de
1997, “ya se encuentra amparada justamente por ese mismo proveído. Pero
66
Intervención ciudadana UNAB folio 7 disponible en: [Link]
67
Ilustraron que resulta desproporcionada la medida de sancionar el SMA imponiendo la obligación de vivir al citar a Séneca en la
siguiente reflexión: “Si se nos da la opción entre una muerte dolorosa y otra sencilla y apacible, ¿por
qué no escoger esta última? Del mismo modo que elegiré la nave en que navegar y la casa en que habitar, así también la muerte con que
saldré de esta vida”. Séneca, 2001: II, página 307, citado en la intervención a folio 5.
68
Sentencia C-239 de 1997. M.P. Carlos Gaviria Díaz, citada a folio 6 de la intervención.
69
Intervención disponible en: [Link]
70
Ibídem folio 12 citando la Sentencia C-312 de 2002. M.P. Rodrigo Escobar Gil.
25
esa protección no podrá extenderse hasta cualquier otra persona diferente del
médico” 71.
Universidad ICESI
72. La Universidad ICESI inició su intervención aduciendo que el legislador
desconoció y vulneró el derecho fundamental a morir dignamente con la
penalización del SMA. Enlistó varias legislaciones a nivel internacional 72. Y
Realizó un recuento jurisprudencial indicando que la Corte Constitucional,
desde la Sentencia T-970 de 201473, le dio al derecho de morir dignamente, el
carácter de autónomo, y siempre que exista consentimiento y no puede darse
bajo coacción ni obedecer a un desconocimiento del tema. Igualmente, en
Sentencia T-544 de 201774, la Corte determinó que los niños también son
sujetos del derecho fundamental a la muerte digna, el cual tiene los siguientes
elementos inherentes: (i) es un derecho fundamental vinculado íntimamente
con la vida y la dignidad humana, (ii) la vida es presupuesto para el ejercicio
de otros derechos, pero supera la simple subsistencia, (iii) la legitimación para
decidir hasta cuándo la existencia es deseable se encuentra principalmente, en
cabeza del titular del derecho a la vida, (iv) obligar a una persona a prolongar
por un tiempo escaso su existencia cuando no lo desea y padece profundas
aflicciones, equivale a un trato cruel e inhumano, (v) de la regulación del
derecho a morir dignamente no depende el valor vinculante de este derecho
fundamental. Por lo anterior, solicitó la declaratoria de exequibilidad
condicionada en los términos de la demanda.
V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN
73. El Ministerio Público solicitó la declaratoria de exequibilidad del artículo
107 parcial de la Ley 599 de 2000. Para fundamentar la solicitud, expuso que
el derecho a morir dignamente es una prerrogativa que puede ser garantizada
por medio de: (i) los cuidados paliativos, que pretenden manejar el dolor y el
sufrimiento; (ii) la adecuación del esfuerzo terapéutico, que consiste en
suspender o limitar las medidas de soporte a la vida cuando éstas llevan a un
mayor sufrimiento del paciente; y (iii) los procedimientos clínicos para
realizar el tránsito a la muerte de manera anticipada. Este último punto
comprende la eutanasia y el suicidio asistido, diferenciándose estas dos figuras
en que, en la primera, el galeno realiza la conducta dirigida a causar la muerte,
mientras que, en la segunda, su intervención es indirecta. Resumió que a favor
de la autorización del SMA en lugar de la eutanasia, se ha señalado que éste
posibilita al titular del bien jurídico a controlar la decisión sobre la
terminación de la existencia; mientras en favor de la preferencia de la
eutanasia, se ha indicado que por ser un procedimiento desarrollado
71
Ibidem folio 14.
72
Es el caso de Nueva Zelanda, Canadá, Suiza que cuentan con un desarrollo legislativo garantista de la protección al derecho a morir
dignamente; así como el caso de Chile, Portugal, Francia, Irlanda y Perú que se han sumado a iniciativas de despenalización de la
eutanasia y del SMA. Ibidem folio 8.
73
M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
74
M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado.
26
completamente por un profesional de la salud, permite un mayor control y una
adecuada praxis.
74. Destacó que la Corte Constitucional ha reconocido el derecho fundamental
a morir dignamente, y que el mecanismo para ejercer este derecho es la
eutanasia. Resaltó que esta Corporación ha instado al Congreso de la
República para que expida una regulación integral de la materia, por ser el
órgano de representación popular y titular de la cláusula general de
competencia legislativa. Así mismo, el control constitucional no está dirigido
a llenar los vacíos sobre dicha regulación. Reiteró que el control del juez
constitucional sobre las actuaciones normativas del Congreso en materia penal
es de límites. Consideró que en este contexto la demanda no está llamada a
prosperar pues “pretende reprochar la constitucionalidad de las decisiones
eminentemente políticas del Congreso de la República, que no tiene la entidad
de afectar de manera desproporcionada los bienes fundamentales señalados
por los actores”75.
75. Por otra parte, adujo que el legislador implícitamente escogió la eutanasia
como procedimiento para poner fin a la existencia, en lugar del SMA al
regular los tipos penales de inducción o ayuda al suicidio, por un lado, y
homicidio por piedad por el otro. En esa medida: (i) no estableció excepciones
de responsabilidad frente al delito de inducción o ayuda al suicidio, optando
por prohibir el SMA, y (ii) consagró el delito del homicidio por piedad
reproduciendo la legislación anterior -texto que fue modulado por la Sentencia
C-239 de 1997. Agregó que esta elección no resulta desproporcionada pues no
desconoce el núcleo esencial del derecho a morir dignamente porque: (i)
existe la eutanasia para materializar el derecho a morir dignamente cuando se
padezca un intenso sufrimiento físico y psíquico proveniente de lesión
corporal o enfermedad grave e incurable, y (ii) la eutanasia tiene, en
comparación con la asistencia médica asistida, menores probabilidades de
complicaciones y mayor control de su adecuada práctica.
76. Para concluir, agregó que la norma demandada es una manifestación
legítima de la libertad de configuración del legislador, y si bien el SMA puede
ser una alternativa para materializar el derecho fundamental a morir
dignamente, éste debe ser autorizado por el Congreso de la República en lugar
de una sentencia constitucional aditiva.
VI. CONSIDERACIONES DE LA CORTE CONSTITUCIONAL
Competencia de la Corte Constitucional
77. De conformidad con lo dispuesto en el artículo 241-4 de la Constitución
Política la Corte Constitucional es competente para conocer y decidir
definitivamente sobre la demanda de inconstitucionalidad de la referencia,
75
Folio 4 de la intervención disponible en: [Link]
27
pues la expresión acusada hace parte de una ley de la República, en este caso,
la Ley 599 de 2000.
Aspectos procedimentales
1. Análisis de aptitud del cargo formulado por el desconocimiento de los
límites del poder punitivo del Estado
78. Mediante auto de 30 de agosto de 2021, la Sala admitió los cargos
señalados por considerar que se cumplieron los requisitos exigidos por el
artículo 2 del Decreto Ley 2067 de 1991 para admitir la demanda. Sin
embargo, dado que en esta etapa se cuenta con mayores elementos de juicio,
resulta necesario precisar la litis constitucional y definir si los cargos
admitidos permiten un estudio de fondo76.
79. Frente al primer cargo se argumentó que el legislador desconoció los
límites constitucionales fijados en los artículos 114 y 150 de la Constitución
Política. Principalmente en lo que respecta a los cinco principios que limitan
el poder punitivo del Estado, a saber: (a) El principio de necesidad y mínima
intervención penal, según el cual, en un Estado Social de Derecho, el
legislador debe abstenerse de tipificar las conductas que se desarrollan en los
ámbitos de dignidad, libertad y autonomía constitucionalmente protegidos.
Adicionalmente, este recurso sólo debe operar cuando las demás alternativas
de control han fallado, lo que implica que el derecho penal es un recurso
extremo al que debe acudirse en último lugar, principio también denominado
última ratio. (b) El principio de exclusiva protección de bienes jurídicos,
señalaron que el derecho penal debe limitarse a proteger los bienes jurídicos
que se consideran socialmente más valiosos, entre los que señalan la vida
digna más allá de la existencia biológica, y prohibir y castigar únicamente las
conductas más graves. (c) El Principio de legalidad estricta, por su parte,
indica que le corresponde de manera exclusiva al legislador determinar las
conductas constitutivas de delitos y asignarles las sanciones que de ellos
derivan. A su vez, este principio conlleva la observancia de las garantías de:
taxatividad, tipicidad, prohibición de analogía, prohibición de aplicación
retroactiva de normas penales -salvo el principio de favorabilidad-, y principio
de lesividad. (d) El principio de culpabilidad según el cual solo resulta
legítimo usar el derecho penal para castigar a las personas por sus acciones y
no por sus calidades. (e) Por último, el principio de racionalidad y
proporcionalidad, que presupone que “entre mayor sea la intensidad de la
restricción a la libertad mayor será la urgencia y la necesidad exigidas como
condición para el ejercicio legítimo de la facultad legal” 77.
76
De conformidad con el numeral 3 del artículo 2 del Decreto Ley 2067 de 1991 exige que las demandas deben señalar las razones por
las cuales dichos textos se estiman violados. Este concepto impone al demandante una carga argumentativa de exponer los razonamientos
por los cuales considera que las disposiciones cuestionadas son contrarias a la Constitución, y así poder efectuar una confrontación entre
la disposición acusada, los argumentos de la demanda y las disposiciones constitucionales presuntamente vulneradas.
77
Corte Constitucional Sentencia 070 de 1996 citada a folio 11 de la demanda.
28
80. Este cargo resulta claro78 toda vez que: (i) tiene un hilo conductor según el
cual se desarrollan los aspectos concretos del análisis de constitucionalidad de
la política criminal que se cuestiona; (ii) se distinguen con facilidad las ideas
expuestas por los demandantes, y los razonamientos son sencillamente
comprensibles, (iii) se expusieron ampliamente las razones por las cuales se
considera que la norma legal es inconstitucional y (iv) cuenta con una
secuencia argumentativa lógica.
81. De otro lado, el cargo resulta cierto79 toda vez que recae sobre una
proposición jurídica presente en el ordenamiento jurídico, específicamente en
la Ley 599 de 2000, (i) el cargo ataca la norma acusada y no otras
mencionadas en la demanda, (ii) los cargos no infieren consecuencias
subjetivas de las disposiciones demandadas, ni se basan en conjeturas,
presunciones o sospechas, y (iii) los demandantes no extraen de la norma
consecuencias que ésta no contempla objetivamente.
82. De otro lado, el cargo resulta específico80 toda vez que: (i) muestra de
forma sencilla la acusación de inconstitucionalidad de la disposición
demandada, (ii) el cargo se relaciona directamente con la norma demandada y
no en exposiciones vagas, indeterminadas, indirectas o abstractas, (iii) los
argumentos esbozados en este cargo son efectivamente de
inconstitucionalidad.
83. El cargo es pertinente81 toda vez que (i) se desprende lógicamente del
contenido normativo de la disposición que se acusa y (ii) la discusión es de
rango constitucional. De otra parte, resultan suficientes82 pues despiertan
dudas que ameritan un análisis sobre la constitucionalidad de la norma
impugnada, de tal manera que permite cuestionar la presunción de
constitucionalidad que ampara toda norma legal y propicia un
pronunciamiento de fondo por parte de la Corte Constitucional.
84. A juicio del ciudadano Sua Montaña, el hecho de que la Asamblea
Nacional Constituyente no haya acogido el proyecto que disponía “lo relativo
al derecho a morir con dignidad”83 deja sin fundamento el cargo señalado por
violación de los artículos 114 y 150 constitucionales. Sin embargo, este
argumento no es de recibo para impedir un análisis de fondo, pues el papel de
la Corte Constitucional es velar por que las normas del ordenamiento jurídico
permanezcan en armonía con el texto constitucional. Adicionalmente, el
78
Frente al parámetro de la claridad ver entre otras, las sentencias C- 540 de 2001, C- 1298 de 2001, C-039 de 2002, C- 831 de 2002, C-
537 de 2006, C-140 de 2007
79
Sobre el parámetro de certeza ver entre otras, las sentencias C- 831 de 2002, C-170 de 2004, C- 865 de 2004, C-1002 de 2004, C-1172
de 2004, C-1177 de 2004, C-181 de 2005, C-504 de 2005, C-856 de 2005, C-875 de 2005, C-987 de 2005, C-047 de 2006, C-156 de
2007, C-922 de 2007, C-1009 de 2008, C-1084 de 2008, C-523 de 2009, C-603 de 2019, C-088 de 2020
80
Respecto del criterio de especificidad, ver entre otras las sentencias: C-572 de 2004, C-113 de 2005, C- 178 de 2005, C-1192 de 2005,
C-278 de 2006, C-603 de 2019, C-088 de 2020.
81
Sobre la carga argumentativa de la pertinencia, ver entre otras las sentencias: C- 528 de 2003, C-1116 de 2004, C-113 de 2005, C-178
de 2005, C-1009 de 2005, C-1192 de 2005.
82
Frente a la suficiencia, ver entre otras, las sentencias: C- 528 de 2003, C-1116 de 2004, C-113 de 2005, C-178 de 2005, C-1009 de
2005, C-1192 de 2005, C-293 de 2008, C-603 de 2019
83
Ver folio 4 de la intervención ciudadana de Harold Sua Montaña.
29
ciudadano no aporta razones que indiquen un incumplimiento de las cargas
argumentativas del cargo analizado.
85. A juicio del Ministerio de Justicia, este cargo tampoco amerita un
pronunciamiento de fondo pues la fundamentación de éste carece de
argumentos directos y concretos que acrediten la violación del cargo
presentado para el tipo penal cuestionado. Agregan que en la demanda solo se
señalan los argumentos expuestos en la sentencia C-233 de 2021 sin referirse
específicamente a la violación constitucional del artículo 107 del Código
Penal. Al respecto, debe reconocerse la cercanía existente entre los tipos
penales contenidos en los artículos 106 y 107 de la Ley 599 de 2000,
especialmente en lo que tiene que ver con la materialización de la muerte
digna bajo condiciones específicas. Sin embargo, no es cierto que la demanda
no plantee argumentos concretos y directos frente a la constitucionalidad del
artículo 107 parcial. Tal y como se señalará más adelante, ambos tipos penales
son autónomos en la consagración de conductas independientes que afectan de
distinta manera un mismo bien jurídico tutelado, por lo que deben ser
analizadas de manera individual, a pesar de que puedan coincidir argumentos
estudiados por esta Corte en la sentencia C-233 de 2021 y otra extensa
jurisprudencia en el tema que constituye un precedente vinculante, en lugar de
impedir el análisis constitucional.
86. Es por lo anterior que el cargo por violación a los artículos 114 y 150
constitucionales cumplen con las cargas argumentativas exigidas para su
análisis y en consecuencia se procederá a su estudio de fondo por la Corte.
2. Análisis de la aptitud de los cargos por la presunta violación del
principio de la dignidad humana y los derechos fundamentales a morir
dignamente, tener una vida digna y al libre desarrollo de la
personalidad
87. Por la cercanía argumentativa de estos cargos, se hará un análisis conjunto
de su aptitud. Los demandantes alegan que morir dignamente es un derecho
fundamental, multidimensional, complejo y autónomo, el cual protege la
posibilidad de decidir sobre el fin de la vida y la muerte, y puede ser exigible
y justiciable con independencia de otros derechos84. Resaltan que el derecho
fundamental a vivir en forma digna implica entonces el derecho a morir
dignamente, derecho que puede ser garantizado a través de la tutela y que ha
tenido un extenso desarrollo jurisprudencial.
88. El derecho a morir dignamente es un derecho multidimensional que otorga
un conjunto de facultades que permiten a una persona tener control sobre el
proceso de su muerte, e imponer a terceros, límites respecto a las decisiones
tomadas en el marco del cuidado de la salud. Dentro de estas opciones están:
84
Para ello, reiteran la jurisprudencia de la Corte Constitucional en particular las sentencias T-493 de 1993, C-239 de 1997 T-970 de
2014, T-132 de 2016, T-322 de 2017, T-544 de 2017, T-721 de 2017, T-423 de 2017, T-060 de 2020 y 233 de 2021.
30
(a) el derecho a acceder a cuidados paliativos, considerados como el conjunto
de prestaciones médicas y asistenciales, orientadas a tratar de manera integral
el dolor, el alivio del sufrimiento y otros síntomas, de una persona enferma y
su familia; teniendo además en cuenta aspectos psicopatológicos, físicos,
emocionales, sociales y espirituales, de conformidad con la Ley 1733 de 2014.
En consecuencia, las personas pueden rechazarlos, y no son excluyentes con
otros mecanismos para garantizar el derecho a morir dignamente. (b) En
segundo lugar, existe la opción de adecuación del esfuerzo terapéutico, según
el cual las personas pueden -por sí mismas o por medio de terceros- negarse,
interrumpir, desistir o modificar los tratamientos o procedimientos médicos
que les ofrecen o que reciben. Mencionan que esta opción fue abordada desde
la Sentencia T-721 de 201785 donde adicionalmente se ordenó su regulación al
Ministerio de Salud y Protección Social. (c) En tercer lugar, se encuentra la
muerte médicamente asistida a través de la eutanasia, la cual se corresponde
al procedimiento despenalizado por la Corte Constitucional a través de la
Sentencia C-239 de 1997, reiterado por la T-970 de 2014, reglamentado por la
Resolución 1216 de 2015 inicialmente, y luego por la Resolución 971 de 2021
del Ministerio de Salud y Protección Social, que refiere la posibilidad que
tienen las personas de acceder a una muerte médicamente asistida por un
profesional de la medicina quien causa la muerte directamente con la previa
autorización del Comité Científico Interdisciplinario para Morir Dignamente.
89. Agregaron que, corresponde a cada persona, desde el ejercicio de su
autonomía y a partir de su idea de dignidad, juzgar en cada caso concreto
cuándo es el momento de ponerle fin a su vida tras haber sido diagnosticada
con una lesión corporal o una enfermedad grave e incurable. Recordaron que,
el derecho a morir dignamente no se limita a las medidas de cuidado paliativo,
sino a la opción de poder solicitar y acceder a una muerte médicamente
asistida. Concluyeron que no es constitucionalmente admisible que mientras el
derecho a morir dignamente es reconocido como fundamental y la eutanasia es
reconocida como una forma de materializar ese derecho, el SMA sea
considerado una conducta delictiva. No obstante, la única diferencia entre
ambas figuras es que con la eutanasia es el profesional de la medicina quien
causa la muerte, y en la AMS presta una ayuda efectiva para que la propia
persona sea quien cause su propia muerte.
90. Frente a este cargo se señala que la dignidad humana está en estrecha
relación con el derecho a morir dignamente. Resaltan que la dignidad humana
resulta indispensable para el goce del derecho a la vida; tomar la decisión de
terminar la propia vida en los casos de lesión corporal o enfermedad grave e
incurable que generan dolores insoportables e incompatibles con la idea de
vida digna, supone considerar a la persona como un sujeto moral y capaz de
discernir de forma autónoma, libre y responsable sobre los asuntos más
íntimos de su vida. Consideraron que, recibir ayuda y asistencia para causar la
propia muerte cuando se vive con una lesión corporal o enfermedad grave e
85
M.P. Antonio José Lizarazo Ocampo.
31
incurable, que genera intensos sufrimientos, hace parte de las decisiones que
una persona debe poder tomar en el marco de su proyecto de vida. En
consecuencia, consideraron que el legislador desconoció y vulneró la dignidad
humana, en la acepción de autodeterminación, y en cuanto a la intangibilidad
de los bienes no patrimoniales, al impedir contar con la posibilidad de vivir y
morir como se quiere, libre de humillaciones.
91. Agregaron que esta discusión pasa por determinar si la medida coercitiva
es de tipo perfeccionista o de tipo proteccionista, siendo la primera aquella
que impone al individuo un modelo determinado de virtud o excelencia
humana, y que va en contravía del orden constitucional; la última, por su
parte, reconoce la autonomía personal sin ser neutra con los valores del
ordenamiento que orientan la intervención de las autoridades, como ocurre
con los valores de la vida, la salud, la integridad física o la educación, y que
en cambio, sí son compatibles con la Constitución. Las medidas
proteccionistas causan colisión entre valores y derechos fundamentales que
requieren una evaluación de proporcionalidad, y que, según los demandantes,
en este juicio de proporcionalidad prima la autonomía y el libre desarrollo de
la personalidad. Concluyeron que, en la tipificación de la AMS, el legislador
impuso una medida perfeccionista constitucionalmente inadmisible por
resultar inadecuada, innecesaria y desproporcionada y desconoce y vulnera el
derecho constitucional al libre desarrollo de la personalidad. Adicionalmente,
el SMA no afecta derechos de terceras personas pues las decisiones son
personales e individuales, y tampoco contraviene el ordenamiento jurídico,
sino que resulta compatible con la Constitución de 1991.
92. El Ministerio de Justicia manifiesta que, si bien el derecho a morir
dignamente fue consagrado como fundamental, éste no es absoluto, razón por
la cual, el legislador optó por consagrar la piedad como una atenuación
punitiva. Igualmente, indica que, frente a los cargos por violación a la
dignidad humana y la vida digna, señala que no puede aducirse que la ayuda al
suicidio proteja la vida digna, pues quien comete este delito afecta este bien
jurídico, especialmente teniendo en cuenta que existe un deber de respeto a la
vida ajena. Reitera la imposibilidad de equiparar los tipos penales del
homicidio por piedad (106 del Código Penal) e inducción o ayuda al suicidio
(107 del Código Penal).
93. Frente a estos argumentos debe reconocerse que, en efecto, los tipos
penales de referencia no son unívocos, y ameritan un análisis constitucional
individualizado, sin embargo, se reitera que la cercanía topográfica, así como
en torno a la afectación al bien jurídico que tienen ambos tipos, permite la
existencia de argumentos en común para su análisis. De otro lado, el
argumento según el cual no se protege la vida digna con la despenalización de
la AMS, en tanto que se afecta el bien jurídico de la vida, no es un argumento
frente a la imposibilidad de proferir un pronunciamiento de fondo en la
materia. Lo anterior, debido a que, la demanda plantea que esa afectación al
bien jurídico no amerita una sanción de índole penal por razones
32
constitucionales, que es justamente el análisis procedente en sede de
constitucionalidad.
94. Luego de analizar estos cargos, se encuentra que son claros en cuanto a su
exposición y argumentación y tienen un hilo conductor que permite su fácil
comprensión. De otro lado, a pesar de la cercanía argumentativa, cada uno de
los principios presuntamente vulnerados encuentran sustento independiente y
coherente a nivel interno, razones para encontrar satisfecho el requisito de
certeza. Este último se corrobora en la medida en que los cargos no infieren
consecuencias subjetivas de las disposiciones demandadas, de modo que el
enjuiciamiento realizado es de carácter jurídico objetivo.
95. En cuanto a la especificidad se encuentra que el cargo muestra claramente
acusaciones de inconstitucionalidad relacionadas directamente con la norma
demandada. Los argumentos esbozados se desprenden lógica y objetivamente
del contenido normativo de la disposición que se acusa, los cuales a su vez son
de orden constitucional. Los cargos no se sostienen a partir de casos
particulares más allá de la jurisprudencia en sede de tutela que sirve de
fundamento jurisprudencial, o de ejemplificación, y por tanto resultan
pertinentes, y suficientes pues despiertan una duda sobre la constitucionalidad
de la disposición impugnada.
3. Análisis de aptitud del cargo formulado por el desconocimiento del
principio y deber de solidaridad social
96. Los demandantes señalaron que la Constitución Política en los artículos 1
y 95 establece que Colombia es un Estado Social de Derecho fundado en la
solidaridad de las personas que la integran, de quienes se espera un
comportamiento conforme a la solidaridad social ante eventos que ponen en
peligro la vida o la salud de las personas. Explicaron que el principio de
solidaridad no se limita al despliegue de acciones humanitarias en casos de
peligro a la vida o a la salud, sino que debe interpretarse en un sentido amplio,
entendiendo, de una parte, que la vida no se pone en peligro solamente cuando
se atenta directamente contra ella, sino también cuando se priva a las personas
de aquello a que se está indisolublemente ligado. Igualmente se espera
solidaridad cuando están en riesgo los derechos fundamentales de los demás, o
cuando no actuar comporta una violación de algún derecho fundamental.
Tampoco este deber se restringe a las personas consideradas como individuos,
sino que se extiende a la comunidad que componen. De otro lado, resaltaron
que el principio de solidaridad adquiere un sentido de deber cualificado,
consistente en la obligación de disponer de todos los medios para garantizar el
derecho a la salud, la muerte digna, la vida digna, la autonomía y el libre
desarrollo de la personalidad. A juicio de los demandantes, la tipificación de la
SMA hace inoperante el principio de solidaridad, especialmente en el caso de
los profesionales de la medicina, quienes no pueden ayudar a otras personas a
ejercer su derecho a morir dignamente.
33
97. El Ministerio de Justicia señaló que frente a este cargo no se expusieron
argumentos claros y precisos.
98. Para la Sala, los argumentos satisfacen el requisito de claridad toda vez
que exponen una argumentación coherente y de fácil comprensión, que sigue
un hilo conductor definido. Los cargos recaen sobre proposiciones jurídicas
presentes en el ordenamiento jurídico, y definidas en los artículos 1 y 95 que
tienen el alcance objetivo que los demandantes atribuyen, satisfaciendo así el
requisito de certeza.
99. En tal sentido, los demandantes expusieron que al impedir que los
profesionales de la medicina puedan llevar a cabo su deber constitucional de
ayudar a una persona a poner fin a su propia vida, el legislador, en lugar de
promover las condiciones para materializar la solidaridad social como
elemento esencial del Estado Social de Derecho, la limitó e hizo inoperante.
Al tipificar esta ayuda como delito, el legislador además expone a quien
realiza el principio y deber constitucional de solidaridad a la persecución y
posible investigación y condena en el ámbito de lo penal, desdibujando la
solidaridad social como un deber ciudadano, el cual ordena proteger a las
personas que se encuentren en una situación de debilidad 86.
100. Señalaron además que el deber de solidaridad irradia y fundamenta el
derecho a morir dignamente, del cual se deriva la obligación de brindar
cuidados paliativos, el esfuerzo terapéutico y la posibilidad de solicitar y
acceder a una muerte médicamente asistida. Agregan que, frente a los
profesionales de la salud, el deber de solidaridad no se restringe a conservar la
vida biológica, sino a alcanzar el más alto nivel de bienestar físico y mental.
Así mismo, precisan que las decisiones sobre la vida y la muerte requieren
también de la acción solidaria de los profesionales de la medicina para ayudar
a las personas a que pongan fin a su propia vida de forma segura y protegida.
101. Así, los demandantes cumplen con la carga argumentativa de la claridad,
la certeza, la especificidad y la suficiencia para adelantar un análisis de fondo
por este cargo.
102. A diferencia de la Sentencia C-045 de 2003 que profirió un fallo
inhibitorio de una demanda presentada contra la misma disposición, la
86
En la sentencia C-233 de 2021 la Corte se inhibió de pronunciarse de fondo frente al cargo por desconocimiento de la solidaridad social
pues en aquella oportunidad, los demandantes alegaron que el principio de solidaridad entendida como la obligación del Estado de
adoptar medidas a favor de las personas que se encuentran en situación de debilidad manifiesta y, en el caso objeto de estudio, no
excluirlas de la posibilidad de acceder al derecho fundamental a la muerte digna. “Por esta razón, si una persona considera que su vida
debe concluir porque es incompatible con la dignidad, pero no puede acudir a un tercero para que la apoye porque el Estado lo prohíbe,
ello no solo constituye un trato inhumano, cruel y degradante, sino también una falta a la solidaridad, principio fundante de la
organización política”. Sin embargo, los demandantes no indicaron con claridad cómo la disposición demandada vulnera los artículos 1º
y 95, y en cambio, reiteraron argumentos relacionados con la violación al principio de igualdad (cargo que fue rechazado) y la dignidad
humana, que dio lugar a un análisis independiente. En cambio, la demanda que se estudia en esta oportunidad señala cómo el artículo
107-2 impide a los profesionales de la medicina llevar a cabo su deber constitucional cuando actúan motivados por la solidaridad.
Indicaron los demandantes que, en lugar de permitir que los médicos presenten la ayuda que le es solicitada, se enfrenten a la sanción
penal. Lo anterior limita injustificadamente la prestación del servicio de la salud pero adicionalmente, el ejercicio del principio de
solidaridad que tiene raigambre constitucional. Para resolver este cargo es necesario diferenciar entre la despenalización, la legalización y
la promoción, conceptos que se desarrollan en el apartado 3 infra.
34
demanda analizada en este caso sí presenta argumentos concretos y directos
que permiten un análisis de fondo frente a los cargos de: (i) desconocimiento
de los límites del poder punitivo del Estado al penalizar la AMS, (ii)
vulneración del derecho fundamental a morir dignamente, (iii) vulneración de
la dignidad humana, (iv) vulneración de la vida digna, y (v) vulneración al
libre desarrollo de la personalidad.
4. Cosa juzgada -ausencia- Reiteración de jurisprudencia
103. En intervención ciudadana la Universidad de Cartagena plantea que la
norma debe ser declarada exequible sin condición alguna toda vez que el
debate ya se encuentra decantado por la Corte Constitucional mediante
sentencia C-239 de 1997, “proveído que guarda relación con el artículo 106
del Código Penal”. Por lo anterior, se abordará la figura de la cosa juzgada,
primero, en relación con la sentencia C-045 de 2003 y luego, frente a la C-239
de 1997.
104. En la Sentencia C-045 de 200387 la Corte conoció una demanda contra el
inciso segundo del artículo 107 de la Ley 599 de 2000, en la cual el
demandante solicitó que se trasladara a esta disposición, el condicionamiento
efectuado al artículo 326 de Decreto 100 de 1980 (que contenía el homicidio
por piedad) a través de la sentencia C-239 de 1997. Solicitó, en consecuencia,
que se declarara la ausencia de responsabilidad de quien se ve abocado a
ayudar o inducir a una persona que se encuentra sometida a intensos
sufrimientos a cometer suicidio, siempre que haya manifestado expresamente
su voluntad. En dicha oportunidad la Fiscalía General de la Nación en su
intervención solicitó a la Corte declararse inhibida toda vez que en la
providencia C-239 de 1997 se estudió el homicidio por piedad que es
sustancialmente diferente al de inducción o ayuda al suicidio. Este concepto
fue compartido por el Ministerio del Interior y el Procurador General de
Nación quienes señalaron que ambos delitos son conductas bien diferenciadas,
y que, aunque guardan estrecha relación por la tutela que pretenden del bien
jurídico y contienen un elemento común, se encargan de proteger dicho bien
de formas distintas de ataque. Esta diferencia fue reconocida por la Corte en
esta oportunidad, quien se declaró inhibida para emitir un pronunciamiento de
fondo, toda vez que se constató la ausencia de cargos referidos directamente al
texto acusado, y reconociendo que el examen de constitucionalidad realizado
en 1997 respecto del homicidio por piedad difiere del que se llegare a efectuar
sobre la asistencia al suicidio.
105. Dado que los fallos inhibitorios no hacen tránsito a cosa juzgada, es dable
concluir que en lo que respecta a la Sentencia C-045 de 2003 que produjo un
fallo inhibitorio no opera el fenómeno de cosa juzgada.
87
M.P. Álvaro Tafur Galvis.
35
106. En efecto, de conformidad con el artículo 243 constitucional 88 la cosa
juzgada es una figura procesal de cierre que otorga a las decisiones de
constitucionalidad el carácter de inmutables, vinculantes y definitivas, a la vez
que protege algunos principios como la seguridad jurídica, la buena fe, la
autonomía judicial y la fuerza normativa de la Constitución 89. Sin embargo,
desde 1996 esta Corporación ha señalado que justamente un pronunciamiento
inhibitorio es un acto de “no juzgar”, por lo que no podría atribuírsele el
carácter de cosa juzgada90.
107. Ahora bien, resulta necesario analizar si, como lo propone la Universidad
de Cartagena, se produce el fenómeno de cosa juzgada respecto de la
Sentencia C-239 de 1997. Para resolver esa pregunta, es necesario primero
diferenciar las figuras del homicidio por piedad y la AMS.
108. El Decreto 2300 de 1936 diferenció las conductas consistentes en la
inducción a otro al suicidio91 del homicidio con consentimiento como tipo
penal autónomo92. Este estatuto, contemplaba en el artículo 364 una
atenuación punitiva cuando el homicidio se cometía por motivos de piedad93.
Desde esta regulación se establecía una diferenciación en la consecuencia
jurídica en donde resultaba más gravosa la conducta que afectaba de manera
más directa el bien jurídico tutelado, la vida. Por su parte, el Decreto 100 de
1980, conservando esta diferenciación de tipos penales, incluyó en los
artículos 32694 y 32795 el homicidio por piedad y la inducción o ayuda al
suicidio respectivamente. En cuanto a este último tipo penal, se resalta que se
incluyó el verbo rector de prestar una ayuda efectiva que no estaba en la
descripción típica del estatuto anterior.
109. El actual Código Penal contenido en la Ley 599 de 2000 consagra en el
artículo 106 el homicidio por piedad como tipo penal privilegiado así: “El que
matare a otro por piedad, para poner fin a intensos sufrimientos provenientes
de lesión corporal o enfermedad grave e incurable, incurrirá en prisión de 1 a
3 años”; y por su parte, el artículo 107 estableció el tipo penal de la inducción
o ayuda al suicidio: “[e]l que eficazmente induzca a otro al suicidio, o le
preste una ayuda efectiva para su realización, incurrirá en prisión de 2 a 6
88
Art. 243 C.P.: “Los fallos que la Corte dicte en ejercicio del control jurisdiccional hacen tránsito a cosa juzgada constitucional.
Ninguna autoridad podrá reproducir el contenido material del acto jurídico declarado inexequible por razones de fondo, mientras
subsistan en la Carta las disposiciones que sirvieron para hacer la confrontación entre la norma ordinaria y la Constitución.”.
89
Sentencia C-233 de 2021 M.P. Diana Fajardo Rivera.
90
“De la misma esencia de toda inhibición es su sentido de "abstención del juez" en lo relativo al fondo del asunto objeto de proceso.
Siempre consiste, por definición, en que la administración de justicia no se pronuncia, esto es, no falla, no decide, no juzga. Y, si no
juzga, carece de toda lógica atribuir al acto judicial en que se consagra tal determinación -de no juzgar- el carácter, la fuerza y el valor de
la cosa juzgada, que de suyo comporta la firmeza y la intangibilidad de "lo resuelto"”. Sentencia C-666 de 1996 M.P. José Gregorio
Hernández. Más recientemente las sentencias C-096 de 2017, C-162 de 2021 M.P. Jorge Enrique Ibáñez.
91
Artículo 367 del Decreto 2300 de 1936: “El que eficazmente induzca a otro al suicidio, estará sujeto a la pena de tres meses a dos años
de arresto. Cuando el agente haya procedido por motivos innobles o antisociales, se duplicará la pena”.
92
El artículo 368 del mismo estatuto establecía que “El que ocasione la muerte a otro con su consentimiento, estará sujeto a la pena de
tres a diez años de presidio.”
93
Artículo 364: “Si se ha causado el homicidio por piedad, con el fin de acelerar una muerte inminente o de poner fin a graves
padecimientos o lesiones corporales, reputarlos incurables, podrá, atenuarse excepcionalmente la pena, cambiarse el presidio por prisión
o arresto y aun aplicarse el perdón judicial.” (Negrillas añadidas).
94
Artículo 326 Decreto 100 de 1980: “Homicidio por piedad. El que matare a otro por piedad, para poner fin a intensos sufrimientos
provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e incurable, incurrirá en prisión de seis meses a tres años.”
95
Artículo 327 Decreto 100 de 1980: “Inducción o ayuda al suicidio. El que eficazmente induzca a otro al suicidio, o le preste una ayuda
efectiva para su realización, incurrirá en prisión de dos a seis años.”.
36
años. Cuando la inducción o ayuda esté dirigida a poner fin a intensos
sufrimientos provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e incurable,
se incurrirá en prisión de 1 a 2 años.”. Este último tipo penal mantuvo la
estructura de tipo penal compuesto y alternativo al poder ser realizado
mediante los verbos rectores de inducir o prestar una ayuda. Sin embargo,
adicionó en el segundo párrafo una circunstancia de atenuación punitiva
consistente en que la inducción o ayuda al suicidio esté dirigida a poner fin a
intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e
incurable. En cuanto a la diferencia punitiva, se mantiene que cuando el móvil
sea altruista y el sujeto pasivo esté sufriendo como consecuencia de una
enfermedad grave e incurable, la pena de la inducción o ayuda al suicidio es
menor que la de causar la muerte. Así se puede ver la evolución legislativa:
ESTATUTO/ DECRETO 2300 DE 1936 DECRETO 100 DE 1980 LEY 599 DE 2000
TIPO
PENAL
Homicidio por Art. 364: Si se ha causado Art. 326. El que matare a Art. 106. El que matare
piedad el homicidio por piedad, otro por piedad, para poner a otro por piedad, para
con el fin de acelerar una fin a intensos sufrimientos poner fin a intensos
muerte inminente o de provenientes de lesión sufrimientos
poner fin a graves corporal o enfermedad provenientes de lesión
padecimientos o lesiones grave e incurable, incurrirá corporal o enfermedad
corporales, reputarlos en prisión de seis meses a grave e incurable,
incurables, podrá, tres años. incurrirá en prisión de
atenuarse uno (1) a tres (3) años
excepcionalmente la pena,
cambiarse el presidio por
prisión o arresto y aun
aplicarse el perdón
judicial.
Inducción o Art. 367: El que Art. 327: El que Art. 107. Inducción o
ayuda al eficazmente induzca a otro eficazmente induzca a otro ayuda al suicidio. El
suicidio al suicidio, estará sujeto a al suicidio, o le preste una que eficazmente
la pena de tres meses a dos ayuda efectiva para su induzca a otro al
años de arresto. Cuando el realización, incurrirá en suicidio, o le preste una
agente haya procedido por prisión de dos a seis años ayuda efectiva para su
motivos innobles o realización, incurrirá en
antisociales, se duplicará prisión de dos (2) a seis
la pena”. (6) años.
Cuando la inducción o
ayuda este dirigida a
poner fin a intensos
sufrimientos
provenientes de lesión
corporal o enfermedad
grave e incurable, se
incurrirá en prisión de
uno (1) a dos (2) años.
110. El Decreto 100 de 1980 siguió la fórmula italiana consistente en
diferenciar la inducción al suicidio y el homicidio consentido o piadoso a
diferencia de lo que ocurrió con los estatutos de la época en España, México,
37
Cuba y Costa Rica que contemplan ambas fórmulas en una misma disposición.
La propuesta inicial para la redacción incluía no solo la inducción al suicidio,
sino también la ayuda a cometerlo siempre que se obrara “por motivos
egoístas o antisociales”96. El legislador, consciente de que el suicidio es una
conducta atípica, sancionó como delito sui generis la inducción al suicidio
entendida como impulsar moralmente a otro a ejecutar el suicidio. De modo
que el reproche radica en que el sujeto influya sobre la voluntad del sujeto
pasivo hasta el punto de llevarlo a tomar la determinación de suicidarse. Por
ello mismo no debe confundirse la inducción al suicidio con la coacción al
mismo, pues mientras en el primer caso hay una voluntad que actúa influida
por otra, en el segundo la víctima es el instrumento de un homicidio cometido
por autoría97. El deber del Estado de proteger la vida procede
fundamentalmente cuando la voluntad del individuo está expuesta a
influencias de terceros que pongan en peligro la propia autodeterminación
sobre su vida.
111. Las modificaciones posteriores a la redacción del delito de inducción al
suicidio, para dar cabida a la punición de la ayuda, se forjaron en la Comisión
Revisora del Código Penal,98 que discutió si la inducción al suicidio debía
tener un trato privilegiado respecto del homicidio simple y agravado. A juicio
del Doctor Julio Salgado, miembro en ese entonces de la Comisión, “inducir
al suicidio es una manera de extrema peligrosidad y de mayor potencialidad
ofensiva que recurrir a medios materiales”, indicando un mayor desvalor de
acción frente a la inducción que frente a la ayuda. Tal propuesta no fue
acogida por la Comisión que adoptó un texto privilegiado pero alternativo al
incluir la ayuda al suicidio, siguiendo otras legislaciones 99.
112. En consecuencia, el legislador ha optado por mantener a lo largo de los
cambios legislativos, un tratamiento diferenciado entre los tipos penales de
inducción o ayuda al suicidio y el de homicidio por piedad, considerados
como tipos penales autónomos. Esta clara diferenciación justifica un análisis
autónomo de constitucionalidad respecto del artículo 107 del Código Penal
más allá del realizado respecto del artículo 106 del mismo estatuto.
113. En este sentido, la sentencia C-239 de 1997 que analizó la
constitucionalidad del artículo 326, se opuso a conformar la unidad normativa
entre el texto acusado y el artículo 327 que contempla la inducción o ayuda al
suicidio100, y en la Sentencia C- 045 de 2003 la Corte señaló que “el examen
de constitucionalidad realizado en aquella oportunidad [C-239 de 1997]
difiere necesariamente del que, eventualmente, se llegare a hacer respecto de
la norma demandada en esta ocasión. Si bien las descripciones típicas de
96
Acta nº183 citada en Arenas, A. V. Comentarios al Código Penal colombiano. Parte especial. Tomo III. Editorial ABC, Bogotá. 1969.
97
Arenas, A. V. Comentarios al Código Penal colombiano. Parte especial. Tomo III. Editorial ABC, Bogotá. 1969. P. 123 y ss.
98
Creada mediante el Decreto 2447 de 1974.
99
Acta nº108 del 17 de agosto de 1973 de la Comisión Revisora del Código Penal. Tomada de Actas del nuevo Código Penal
colombiano. Parte Especial. Delitos contra la vida y la integridad personal, Delitos contra el patrimonio económico. Volumen III.
100
Sin embargo, se anota que mediante aclaración de voto a la mencionada sentencia, los entonces magistrados Carlos Gaviria Díaz y
Jorge Arango Mejía manifestaron que a su juicio, debía extenderse la interpretación permisiva a la ayuda al suicidio del artículo 327 del
Código Penal como se propuso inicialmente en el proyecto de fallo.
38
ambas normas prevén supuestos de hecho en los cuales se tiene en cuenta un
elemento subjetivo, como los móviles del agente determinados por las
condiciones especiales del sujeto pasivo del delito, las conductas que se
reprochan en uno y otro son diferentes, y por ello, suponen una confrontación
con la Constitución específicamente referida a cada una de ellas”.
114. Estas diferencias se ven reflejadas penológicamente en cuanto implican
un reproche diverso en atención al dominio del hecho: mientras que en la
inducción o ayuda al suicidio quien efectivamente lesiona el bien jurídico
tutelado es el titular de éste, en el homicidio por piedad quien tiene el control
sobre el curso causal es otro sujeto distinto del titular de la vida.
Adicionalmente, el tipo penal contenido en el artículo 107 del Código Penal es
un delito autónomo que no requiere de otro tipo penal para su interpretación o
aplicación. En esa medida, no pueden equipararse ambas fórmulas típicas en
un mismo análisis constitucional.
115. Por último, el ciudadano Juan Camilo Boada en su intervención solicitó a
esta Corporación que analizara la constitucionalidad de todo el artículo 107 a
través de la aplicación de la figura de la unidad normativa, bajo el entendido
que ésta procede cuando “la norma está intrínsecamente relacionada con otra
disposición que puede ser presumiblemente inconstitucional”. No obstante, la
especificidad en cuanto al sujeto pasivo, el sujeto activo, el elemento subjetivo
especial y los elementos objetivos hacen del tipo penal contemplado en el
inciso 2 un verdadero tipo privilegiado, lo cual requiere de un análisis
circunscrito al enunciado normativo que se enjuicia y, por tanto, que no sea
posible para esta Corporación intuir la inconstitucionalidad del artículo
completo. Por lo anterior, no procede aplicar la unidad normativa del artículo
107 del Código Penal.
2. Aspectos sustanciales
Delimitación del objeto de revisión y precisión terminológica
116. En primer lugar, es necesario recordar que si bien la disposición
demandada hace alusión a dos formas de materializar el delito a través de dos
verbos rectores -inducir o prestar ayuda-, por medio del auto de 30 de agosto
de 2021, se inadmitió la demanda en relación con la expresión "inducción al
suicidio”. Lo anterior, debido a que, si bien los demandantes cuestionan todo
el inciso segundo del artículo 107 del Código Penal, los argumentos
presentados frente a cada uno de los cargos aludían exclusivamente al evento
en el que el médico presta una ayuda al suicidio, sin que se ofrecieran razones
de cargo para analizar la constitucionalidad de la inducción al suicidio. Dado
que el término para corregir los requerimientos transcurrió en silencio,
mediante auto del 21 de septiembre de 2021 se resolvió rechazar la demanda
en este sentido, y el objeto de estudio quedó circunscrito al verbo rector de
prestar ayuda.
39
117. En segundo lugar, dado que el objeto de la demanda se circunscribe al
supuesto de hecho en el que sea un médico quien realice la conducta de prestar
la ayuda efectiva para poner fin a los intensos sufrimientos que padece el
paciente diagnosticado con una enfermedad grave e incurable, será éste el
evento analizado, excluyendo por tanto los supuestos donde un sujeto activo
indeterminado sea quien realice la conducta. En efecto, conviene precisar que,
de conformidad con la disposición demandada, para la configuración del
delito de ayuda al suicidio consagrado en el inciso 2 del artículo 107, se
requiere que un sujeto preste una ayuda efectiva para la realización del
suicidio de otro sujeto que padezca intensos sufrimientos provenientes de una
lesión corporal o una enfermedad grave e incurable, y que la ayuda prestada
esté dirigida a poner fin a dichos sufrimientos. En este caso se trata de un
delito común que no requiere de la calificación del sujeto activo de la
conducta, y que, por tanto, comprende también el evento en que la conducta
sea realizada por un médico, que es el que se estudia en esta demanda.
118. En efecto, además de que la propia demanda se circunscribe a este
supuesto, es indudable que el médico cumple un rol preponderante en la
atención sanitaria del paciente, pues, como se verá, es quien realiza el
acompañamiento de manera más directa, sin desconocer la importancia que
tienen otros profesionales de la salud.
119. En tercer lugar, es claro que el suicidio médicamente asistido se
diferencia de la figura de la eutanasia en que en el primer caso es el paciente
quien se autoadministra el medicamento que le causará la muerte, para dar fin
a intensos sufrimientos que provienen de una enfermedad grave e incurable; y
la eutanasia por su parte supone que sea el médico quien provea el
medicamento en las mismas circunstancias. Mientras que la constitucionalidad
de la eutanasia fue analizada en las sentencias C-239 de 1997 y C-233 de
2021, la asistencia médica al suicidio no había sido hasta ahora objeto de
control constitucional.
120. Por último, tanto los demandantes como los intervinientes se refieren al
suicidio médicamente asistido (SMA) como la figura objeto de discusión en la
presente acción de inconstitucionalidad. Lo hacen también en consonancia con
la terminología de actores internacionales que abogan por la legalización de la
muerte digna. En efecto, como se verá, junto con la eutanasia, el SMA es una
modalidad de muerte médicamente asistida que constituye a su vez una de las
formas de materialización del derecho a una muerte digna. No obstante, aclara
la Corte que el objeto de esta decisión es la asistencia médica al suicidio y por
tanto no adopta la terminología predominante en las intervenciones y la
demanda.
121. En efecto, dado que en Colombia la práctica del suicidio es atípica, la
norma objeto de control constitucional se refiere a la ayuda o asistencia
médica para llevarlo a cabo. En esta medida, y a efectos de la presente
sentencia, resulta más adecuado referirse a la asistencia médica al suicidio (en
40
adelante AMS), pues el análisis de constitucionalidad recae sobre la acción de
la asistencia que realiza el profesional de la salud a quien en determinadas
circunstancias ha decidido suicidarse, y no sobre el acto de quien se suicida.
Problema jurídico y estructura de la decisión
122. En consonancia con la aclaración terminológica que acaba de hacerse
(supra párr. 121 y 122), cabe precisar que el punto de partida de esta decisión
debe ser la objeción formulada contra una norma penal, y no en favor de una
modalidad específica de muerte médicamente asistida. Que lo primero tenga
implicaciones en lo segundo es indudable, pero no puede perderse de vista que
el problema jurídico es el siguiente: ¿es inconstitucional la tipificación como
delito de la conducta del médico que asiste a quien -en circunstancias de
sufrimiento intenso y gravedad de diagnóstico médico-, decide acudir al
suicidio para dar fin a tales circunstancias por juzgarlas contrarias a su
dignidad?
123. Delimitado el objeto de revisión, y superados los requisitos
procedimentales, se procederá al análisis sustancial de los cargos que se
agrupan así: en primer lugar, la posible violación por parte del legislador de
los límites constitucionales al poder punitivo del Estado (2.1); en segundo
lugar, la posible violación del legislador a la dignidad humana, al derecho
fundamental a la vida digna y al derecho al libre desarrollo de la personalidad
(2.2), y en tercer lugar, la posible violación del principio de solidaridad social
(2.3). Finalmente se desarrollarán las consecuencias de la resolución
diferenciando entre despenalización y regulación (3), y se concluirá el análisis
(4).
[Link] legislador desconoció los límites constitucionales al poder punitivo
del Estado
124. Los demandantes argumentaron la violación de los siguientes límites
constitucionales del ius puniendi: (a) principio de necesidad y mínima
intervención penal, principio también denominado como ultima ratio; (b)
principio de exclusiva protección de bienes jurídicos; (c) principio de
legalidad estricta, del que se derivan a su vez los principios de taxatividad,
tipicidad, prohibición de analogía, prohibición de aplicación retroactiva de
normas penales -salvo el principio de favorabilidad, y principio de lesividad;
(d) principio de culpabilidad; y por último, (e) principio de racionalidad y
proporcionalidad.
125. Al respecto, a juicio de la Procuradora, la libertad de configuración del
legislador incluye la posibilidad de elegir los medios que considere más
adecuados para garantizar la muerte digna, esto es, determinar si se opta por
permitir la eutanasia, el suicidio asistido o ambas. Así, según su criterio, el
legislador optó implícitamente por la eutanasia y descartó el suicidio asistido
cuando, de forma tácita, dispuso prohibir penalmente este último, y en
41
cambio, al consagrar el delito de homicidio por piedad reprodujo la
disposición consagrada en el Código Penal anterior, que había sido modulado
por parte de la Corte Constitucional en la Sentencia C-239 de 1997.
126. La Sala no comparte este planteamiento, en primer lugar, porque tal
como lo señaló la Sentencia C-233 de 2021, el legislador reprodujo el tipo
penal de homicidio por piedad en la Ley 599 de 2000 sin incorporar el
condicionamiento dictado por la Corte Constitucional, razón por la cual,
además, no se configuró el fenómeno de cosa juzgada frente a la disposición
contenida en el artículo 107 del Código Penal. En segundo lugar, tras el
exhorto de la sentencia C-239 de 1997 y hasta la fecha, el legislador no ha
dictado ninguna disposición que regule el ejercicio del derecho fundamental a
vivir dignamente101. En consecuencia, no cabe afirmar que el legislador, en
ejercicio de su libertad de configuración de la ley, haya optado implícitamente
por la eutanasia, cuando dicha figura ha encontrado un respaldo en la
jurisprudencia, y el legislador ha guardado silencio a pesar de los múltiples
exhortos.
127. Frente al suicidio asistido ocurre lo propio, pues el texto normativo
tampoco incluye modulación alguna en relación con la muerte digna. Si bien
el texto enjuiciado contempla como causal atenuante la piedad, lo cierto es
que guarda silencio respecto de aquellos casos que fueron modulados por la
Corte Constitucional. No podría entonces concluirse que el legislador ha
optado por una única forma de proteger la muerte digna.
128. A propósito del mencionado argumento, es preciso distinguir entre la
libertad de legislador para garantizar la muerte digna y decidir sobre los
mecanismos que considere más idóneos para garantizarla, por un lado y, por
otro, su libertad de configuración penal frente a la asistencia médica a la
muerte digna. Como se dijo anteriormente, el punto de partida de esta decisión
es una objeción constitucional frente a la norma penal que abarca la asistencia
médica al suicidio y no frente a la manera en que el legislador decida
desarrollar y regular la muerte digna. Son cuestiones distintas que conviene
diferenciar para precisar los términos de la presente controversia
constitucional102.
129. Ahora bien, frente al margen de configuración del legislador en materia
penal, se debe comenzar recordando que la Constitución colombiana,
concebida como un orden marco103, comprende las directrices y lineamientos
101
En este sentido la Sentencia C-233 de 2021 incluso agrega que “la ausencia de la ley estatutaria no puede llevar a la ineficacia de los
mandatos superiores de la Constitución Política”.
102
Esta Corporación ha reiterado que “la política criminal y penitenciaria es uno de los temas que no escapa de la órbita de los principios
constitucionales esenciales. Desde la Sentencia C-038 de 1995 se reconoció que con la Constitución de 1991 se configuró una
constitucionalización del derecho penal que impuso límites al legislador para su facultad de regulación, toda vez que «la Carta incorpora
preceptos y enuncia valores y postulados - particularmente en el campo de los derechos fundamentales - que inciden de manera
significativa en el derecho penal y, a la vez, orientan y determinan su alcance». Con base en ello, el modelo del Estado Social de Derecho
y el principio de la dignidad humana imponen límites al poder punitivo del Estado.” Sentencia C-294 de 2021.
103
En ese sentido, la sentencia C-226 de 2002 citando la sentencia C-038 de 1995, señaló que “es evidente que la política criminal y el
derecho penal no se encuentran definidos en el texto constitucional, sino que corresponde al legislador desarrollarlos y, en el ejercicio de
su atribución, “no puede desbordar la Constitución y está subordinado a ella porque la Carta es norma de normas (CP art. 4). Pero, en
función del pluralismo y la participación democrática, el Legislador puede tomar diversas opciones dentro del marco de la Carta. Esto es
42
fundamentales del ordenamiento jurídico y, sin embargo, deja un amplio
margen al legislador para que decida en cada momento de acuerdo con las
concepciones políticas imperantes. Dentro de este margen de configuración, el
legislador define las conductas que serán calificadas como delitos, así como la
clase de pena y la cuantía imponible104. En otras palabras, de la Constitución
se desprende inicialmente un marco de estructuras valorativas con un amplio
abanico de posibles opciones dogmáticas dentro de las cuales el legislador
escoge y desarrolla una política criminal.
130. El marco que se impone al legislador para la elaboración de una política
criminal depende en buena medida del modelo de Estado Constitucional105.
Una primera caracterización es la derivada del preámbulo y los artículos 1 y 2
constitucionales, que establecen que el colombiano es un Estado Social de
Derecho; lo cual implica, entre otros, un mandato para el Estado de protección
de los bienes jurídicos constitucionales. Ahora bien, la vía penal es tan solo
una alternativa en un espectro amplio de medidas de protección de dichos
bienes jurídicos. Conocido como el ius puniendi, este poder del Estado no es
una prerrogativa totalmente discrecional para el legislador, ni tampoco un
deber.106 Se trata de una potestad cuyo recurso sólo se justifica si se cumple
con los principios constitucionales que la rigen107.
131. Así lo ha sostenido esta Corporación desde la entrada en vigor de la Carta
Política de 1991. En la sentencia C-565 de 1993 se dice que: “El ejercicio del
lo que la doctrina constitucional comparada ha denominado la libertad de formación democrática de la voluntad o la libertad de
configuración política del Legislador.”.
104
Así lo ha reconocido la Corte Constitucional desde la Sentencia C-038 de 1995, M.P. Alejandro Martínez Caballero. Reiterada por las
sentencias C-093 de 2021, C-055 de 2022,
105
Esta Corporación ha subordinado las decisiones de política criminal por parte del legislador, al desarrollo de los fines constitucionales
en lo que se ha conocido como la constitucionalización del derecho penal (ver por todas, la sentencia fundacional C-038 de 1995), lo que
implica un control constitucional sobre los medios y los fines que emplea el legislador en desarrollo de su libertad de configuración
penal. En este sentido, ver S.V. de Carlos Gaviria Díaz a la sentencia C-127 de 2003: “Las normas penales de un Estado de Derecho no se
legitiman sólo por los plausibles fines que persiguen, sino además por los medios cualificados que usan para perseguirlos, que no son
cualquier tipo de medios, sino aquellos que participan de los propósitos altamente humanísticos que informan esa modalidad civilizada de
gobierno y de convivencia que se denomina Estado de Derecho que es, por principio, la negación del maquiavelismo político, el aserto
institucionalizado de que el fin no justifica los medios.”. A su vez, mediante la sentencia C-647 de 2001, señaló la Corte que “el derecho
penal en un Estado democrático sólo tiene justificación como la última ratio que se ponga en actividad para garantizar la pacífica
convivencia de los asociados, (…) por lo cual la utilidad de la pena, de manera ineluctable, supone la necesidad social de la misma; o sea
que, en caso contrario, la pena es inútil y, en consecuencia, imponerla deviene en notoria injusticia.”. Lo anterior implica que los
postulados a los que debe ceñirse el legislador penal encuentran asidero directamente en la Constitución; así por ejemplo, la
jurisprudencia ha derivado el principio de proporcionalidad o “prohibición de exceso'”, de los artículos 1º (Estado social de derecho,
principio de dignidad humana), 2º (principio de efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución), 5º
(reconocimiento de los derechos inalienables de la persona), 6º (responsabilidad por extralimitación de las funciones públicas), 11
(prohibición de la pena de muerte), 12 (prohibición de tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes), 13 (principio de igualdad) y 214
de la Constitución (proporcionalidad de las medidas excepcionales). (Sentencias C-226 de 2002, C-070 de 1996, C-118 de 1996 y C-148
de 1998, C-1404 de 2000). El artículo 29 constitucional es el fundamento del principio de legalidad (C-226 de 2002), del cual también se
deriva el principio de culpabilidad, que implica a su vez: (i) el derecho penal de acto, por el cual “sólo se permite castigar al hombre por
lo que hace, por su conducta social, y no por lo que es, ni por lo que desea, piensa o siente. (ii) El principio según el cual no hay acción
sin voluntad, que exige la configuración del elemento subjetivo del delito. De acuerdo con el mismo, ningún hecho o comportamiento
humano es valorado como acción, sino es el fruto de una decisión; por tanto, no puede ser castigado si no es intencional, esto es,
realizado con conciencia y voluntad por una persona capaz de comprender y de querer. (iii) El grado de culpabilidad es uno de los
criterios básicos de imposición de la pena es, de tal manera que a su autor se le impone una sanción, mayor o menor, atendiendo a la
entidad del juicio de exigibilidad, es decir, la pena debe ser proporcional al grado de culpabilidad (C-365 de 2012). Sobre el principio de
última ratio, la Corte ha establecido que “en un Estado social de derecho, fundado en la dignidad humana y en la libertad y autonomía de
las personas (CP arts 1º, 5º y 16) resulta desproporcionado que el Legislador opte por el derecho penal para amparar bienes jurídicos de
menor jerarquía que la libertad autonomía personales. Y es que el derecho penal en un Estado social de derecho tiene el carácter de
última ratio, por lo que, resultan inconstitucionales aquellas penalizaciones que sean innecesarias.” (C-575 de 2009, C-939 de 2002).
106
La Corte Constitucional ha sostenido que existe un deber de criminalizar ciertas conductas consideradas como mínimos de humanidad
de acuerdo con el ius cogens derivado del derecho internacional humanitario y ciertos tratados de derechos humanos, y que podrían
incluir conductas como la tortura, el genocidio y algunos crímenes de guerra. Adicionalmente, ha derivado tal deber de la obligación del
Estado colombiano de perseguir, judicializar y castigar conductas proscritas en tratados internacionales ratificados y que incluyen tal
obligación para las partes contratantes. Ver entre otras: C-240 de 2009 y C-239 de 2014.
107
Cfr., entre otras, en particular, las Sentencias C-542 de 1993, C-070 de 1996, C-559 de 1999, C-468 de 2009, C-742 de 2012 y C-407
de 2020.
43
ius puniendi en un Estado democrático no puede desconocer las garantías
propias del Estado de Derecho, esto es, las que giran en torno al principio de
la legalidad. Pero al mismo tiempo, debe añadir nuevos cometidos que vayan
más allá del ámbito de las garantías puramente formales y aseguren un
servicio real a los ciudadanos (…). Así, pues, un adecuado sistema de política
criminal debe orientar la función preventiva de la pena con arreglo a los
principios de protección de bienes jurídicos, de proporcionalidad y de
culpabilidad.”
132. En este marco, la Constitución asigna a esta Corporación la función de
garantizar que en el ejercicio de tal potestad el legislador no se exceda
criminalizando conductas sin que se cumplan los requisitos de necesidad y
mínima intervención, exclusiva protección de bienes jurídicos, estricta
legalidad y el principio de racionalidad y proporcionalidad. De ahí que el
primer ejercicio del control abstracto de constitucionalidad que realiza la
Corte en estos casos consista en confrontar la disposición penal objetada con
el texto y los principios constitucionales para determinar si se desconocieron y
se excedió por tanto la libertad de configuración penal del legislador.108
Corresponde entonces a la Corte hacer dicho análisis frente al inciso segundo
del artículo 107 del CP, demandado en esta ocasión.
133. El uso legítimo del ius puniendi supone el cumplimiento de estrictas
finalidades y límites teniendo en cuenta el alto grado de invasión que supone
para el ejercicio de la libertad109. Su legítimo uso exige necesariamente que los
tipos penales protejan bienes jurídicos, y no se convierta en la primera medida
para llevar a cabo una política social. El ámbito de configuración en materia
penal está limitado por el respeto de los principios constitucionales; el diseño
de los tipos penales debe atender siempre a una valoración objetiva de
afectación al bien jurídico.
134. Conviene recordar que los límites que la Constitución Política
colombiana establece al legislador tienen un correlato en la parte general del
Código Penal que además constituyen la esencia y orientación del sistema
penal (artículo 11). Sin embargo, no son los principios rectores del Código
Penal, sino las disposiciones constitucionales, las que constituyen el parámetro
de control de la norma demandada.
135. Para ello, es necesario precisar el alcance del artículo 107 del Código
Penal. El inciso 1º contempla un delito autónomo que no requiere para su
interpretación la referencia a otro tipo penal. En cuanto a los sujetos, no se
requiere de ninguna calidad especial, ni por parte del sujeto activo ni del
pasivo. No requiere para su configuración de la concurrencia de varias
108
Al respecto, resulta ilustrativo exponer en qué sentido se ha pronunciado la Corte Constitucional en el análisis del control de la ley
penal sustancial tal como se evidencia en el anexo I. Al ahondar en los pronunciamientos de fondo de las decisiones enunciadas en esta
línea jurisprudencial se observa que, partiendo de un margen muy amplio que confiere la Carta al legislador para la configuración del
catálogo de delitos, la intervención de la Corte Constitucional a través de sentencias de inexequibilidad o exequibilidad condicionada se
ha hecho únicamente cuando el legislador ha excedido los límites constitucionales propios de su función.
109
C-897 de 2005 y C-575 de 2009 reiteradas en la Sentencia C-233 de 2019
44
personas, sino que basta con una que realice la conducta —a modo de autor,
sin que se excluya la concurrencia de autores.
136. El tipo penal es compuesto y alternativo en tanto admite su configuración
a partir de dos verbos rectores: inducir o prestar una ayuda. El primero
implica hacer nacer en el sujeto pasivo la idea de cometer el suicidio. Esta
inducción debe ser clara y directa, explícita e inequívoca y debe ser
adicionalmente eficaz, esto es, que debe conducir al sujeto pasivo a que inicie
al menos la ejecución de la conducta, incluso si no se alcanza con la misma el
resultado. De otro lado, el delito también puede cometerse a través de la
prestación de una ayuda efectiva; lo cual quiere decir facilitar las condiciones
a quien ya ha decidido suicidarse, para que alcance el resultado. En cuanto al
aspecto subjetivo, se trata de un delito doloso por disposición legal, que exige
para su configuración el conocimiento y la voluntad por parte del sujeto
activo, de estar realizando los elementos objetivos del tipo 110.
137. El inciso 2º del artículo 107 contempla un tipo penal privilegiado que
suma a los requisitos antes descritos los siguientes: (i) que el sujeto pasivo
debe padecer una lesión corporal o enfermedad grave e incurable, (ii) que
dicha enfermedad cause en el sujeto pasivo intensos sufrimientos, y (iii) que el
sujeto activo actúe con el ánimo de poner fin a dichos sufrimientos. Por la
descripción de este inciso, el sujeto activo es indeterminado, incluyendo aquí
los casos en los que sea el médico quien provea la ayuda solicitada por su
paciente para poner fin a los intensos sufrimientos provenientes de una lesión
corporal o enfermedad grave e incurable. En este caso, el sujeto pasivo es
cualificado por las extremas condiciones de salud en que se encuentra, y la
conducta además de ser dolosa, debe realizarse por motivos pietísticos, esto
es, ponerles fin a los intensos sufrimientos.
138. Ahora bien, en relación con el cargo que se estudia, el demandante alega
que el legislador desconoció, en primer lugar, el principio de necesidad. La
jurisprudencia constitucional ha establecido que este principio de naturaleza
constitucional, “implica que el legislador, en la configuración abstracta de la
política punitiva, debe recurrir únicamente a los instrumentos penales,
cuando esto resulte constitucionalmente necesario” 111. A su vez, ha
considerado que este principio se integra por tres componentes: (i) la
exclusiva protección de bienes jurídicos, según lo cual, el derecho penal está
instituido exclusivamente para la protección de bienes jurídicos, y que, por lo
tanto, se excluyan de tutela penal, las conminaciones arbitrarias, las
finalidades puramente ideológicas, las meras inmoralidades, y por supuesto
tampoco es objeto del derecho penal, el ejercicio de una actividad
constitucionalmente válida; (ii) la fragmentariedad de la intervención penal,
entendida en el sentido de que solamente puede aplicarse el derecho penal, a
los ataques más graves frente a los bienes jurídicos;112 y, (iii) el carácter de
110
Cfr. Artículos 20 y 21 Código Penal.
111
Cfr. Sentencia C-191 de 2016. M.P. Alejandro Linares Cantillo.
112
Cfr. Reiterando las sentencias C-265 de 2012 y C-742 de 2012.
45
ultima ratio de la intervención penal, en virtud del cual el legislador debe
considerar en primera instancia alternativas a la herramienta penal y sólo si
finalmente resultan insuficientes cabe recurrir al derecho penal. Debe
reiterarse que la Constitución depara al legislador un amplio margen para la
elección de los medios a emplear para alcanzar los fines constitucionalmente
legítimos. No se exige del legislador la medida más idónea para que se admita
su constitucionalidad, sino más bien, que se excluyen los medios abiertamente
inadecuados, especialmente aquellos en donde se evidencie el uso del derecho
penal como prima o única ratio.
139. Frente al principio constitucional de exclusiva protección de bienes
jurídicos, se encuentra que el bien jurídico tutelado por el artículo 107 es el de
la vida, bien jurídico que es objeto de protección constitucional y que, como
se verá, puede protegerse por la vía penal, incluso aunque sea un derecho
disponible para su titular. Corresponde entonces valorar si la vía elegida para
su protección es conforme a otros principios constitucionales.
140. En lo que atañe a la fragmentariedad, debe tenerse en cuenta que el
ámbito de aplicación de la disposición demandada es un ámbito
profundamente personal, donde la intervención del Estado -especialmente a
través de la pena- debe ser excepcional y cuidadosa. Se trata del momento en
que una persona toma una de las decisiones más definitivas de su existencia.
De ahí que esta Corte deba preguntarse, si constituye un ataque grave al bien
de la vida, ayudar a un paciente en condiciones extremas de salud a acabar con
su sufrimiento, a petición suya. No es razonable responder afirmativamente a
esta pregunta, pues proteger un bien jurídico en contra de la voluntad de quien
quiere disponer del mismo, estando en las condiciones de hacerlo, no amerita
una respuesta penal por parte del Estado.
141. Frente al principio de última ratio puede afirmarse que tipificar la ayuda
prestada por un médico para causar la muerte del paciente que se encuentra en
condiciones extremas, es una medida abiertamente inadecuada para proteger
la vida, especialmente si se entiende que la vida es un bien jurídico disponible
para su titular, y que está intrínsecamente ligada a la dignidad. De modo que
no queda más que concluir que el legislador vulneró el principio
constitucional de necesidad en cuanto a la no satisfacción de la
fragmentariedad y la última ratio.
142. En segundo lugar, los demandantes alegaron que el legislador desconoció
el principio de lesividad (nulla lex poenalis sine iniuria), el cual “consiste en
la necesidad de verificar la antijuridicidad material de las conductas que se
califiquen como delitos”, de tal manera que “la validez de un delito de cara a
este principio se encuentra condicionada a que proteja un verdadero bien
jurídico de terceros o de interés para la sociedad” 113, lo cual a su vez muestra
113
Sentencias C-233 de 2021 y C-163 de 2021.
46
su estrecha relación con el principio de exclusiva protección de bienes
jurídicos y la prohibición de exceso114.
143. La lesividad se ha entendido, en definitiva, como un referente material
que racionaliza el poder punitivo del Estado y que se fundamenta en que lo
injusto sólo puede afirmarse cuando hay una afectación real de derechos
ajenos.115 Además, se erige como un criterio de medición de la pena a
imponer, en función de la mayor o menor gravedad de la lesión al bien
jurídico, o la mayor o menor peligrosidad de su ataque. En definitiva, como ha
sostenido esta Corporación, “la absoluta necesidad de las leyes penales resulta
condicionada por la lesividad para terceros de los hechos prohibidos, a la luz
del principio nulla poena, nullum crimen, nulla lex poenalis sine iniuria”116.
144. Resulta entonces necesario determinar si la AMS constituye una
conducta que lesiona el bien jurídico de la vida de forma reprochable. Para
ello debe tenerse en cuenta el carácter de disponible del bien jurídico de la
vida por parte de su titular; el cual se confirma, en el caso bajo estudio, por la
ausencia de consecuencias penales para el suicidio en grado de tentativa.
Ahora bien, esta disponibilidad no es óbice para que se tipifiquen como delito
conductas que el legislador estime que ponen en peligro dicho bien jurídico 117.
Pero el principio de lesividad requiere de una afectación real118.119.
145. Por lo que surge la pregunta: ¿la asistencia de un médico al suicidio de
quien padece intensos sufrimientos provenientes de lesión física o enfermedad
grave e incurable y que busca libremente el fin de éstos, constituye una
injerencia y afectación reprochable a la vida de su titular? A la luz de nuestro
ordenamiento constitucional, la respuesta es negativa, pues un tercero que con
criterio y ética médicos facilita la materialización de la voluntad del titular del
bien jurídico, quien decide disponer del mismo justificadamente, no está
incurriendo en una injerencia lesiva y por tanto reprochable de un bien
jurídico.
146. Adicionalmente, como se profundizará más adelante, de acuerdo con la
Constitución colombiana, la vida no se reduce a un mero hecho biológico, sino
que se entiende como la condición de posibilidad del desarrollo de un
proyecto de vida autónomo y pleno120. La vida de quien padece intensos
114
Ver entre otras, las sentencias C-070 de 1996, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz y C-181 de 2016, M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado.
115
Sobre la importancia de la categoría de injusto en el análisis constitucional de la política criminal ver la Sentencia C-420 de 2002,
M.P. Jaime Córdoba Triviño. Igualmente, las sentencia C-181 de 2016 y la C-567 de 2019.
116
En este sentido ver la Sentencia C-205 de 2003, M.P. Clara Inés Vargas.
117
Sentencia C-420 de 2002, M.P. Jaime Córdoba Triviño.
118
Sobre el desarrollo del principio de “antijuridicidad” entendido como antijuridicidad material, tanto en el Código Penal de 1980 como
en el actual, ver la Sentencia de casación 21.923 de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia del 25 de mayo de 2006, M.P. Álvaro
Orlando Pérez Pinzón.
119
Además, el delito de inducción o ayuda al suicidio en su conjunto integra la lista taxativa del artículo 74 del Código de Procedimiento
Penal que contiene los delitos querellables. De conformidad con el artículo 70 del Código de Procedimiento Penal, la querella es una
condición de procesabilidad de la acción penal. Por lo anterior, para que el delito pueda ser investigado se requiere que el querellante
legítimo (artículo 71 CPP) dé a conocer la conducta a las autoridades.
120
En esta medida, la Corte ha reconocido que si bien la vida es el fundamento ontológico para el ejercicio de otros derechos “debe
entenderse desde un punto de vista que supera la mera subsistencia; en el marco de una Constitución que gira en torno a la defensa de
los derechos del ser humano, la vida es un derecho y un valor, que debe concebirse como la existencia en condiciones acordes con la
dignidad humana. Por ese motivo, frente a la mera subsistencia, la calidad de vida apreciada de acuerdo con los intereses del sujeto
adquiere un significado protagónico en el equilibrio de razones constitucionales efectuado por la Corte.” (C-233 de 2021).
47
sufrimientos provenientes de una enfermedad grave e incurable, y manifiesta
de manera libre, voluntaria y consciente su deseo de contar con asistencia
médica para el suicidio como la forma de muerte que juzga digna, no se ve
lesionada por tal participación del tercero. Por el contrario, en tanto que el
titular del bien jurídico concluye que de acuerdo con la condición de salud y el
sufrimiento que padece, su vida ha dejado de ser digna, la ayuda del médico
garantiza su vida digna, que incluye la muerte digna. En este sentido, a
diferencia de lo que ocurre con el verbo rector de la inducción, en el mismo
tipo penal, la asistencia al suicidio, en determinadas circunstancias subjetivas
(voluntad clara) y objetivas (enfermedad y sufrimiento) protege la autonomía
del titular121.
147. En tercer lugar, el cargo por vulneración de los límites constitucionales al
legislador se refiere al principio de racionalidad y proporcionalidad, que en su
acepción abstracta requiere del legislador una correspondencia entre la
gravedad de la conducta y la pena a imponer. De este modo, entre más
preciado sea el bien jurídico, o más gravosa resulte la conducta para lesionarlo
o ponerlo en peligro, mayor será su desvalor, y por tanto la pena a imponer.
De ahí que se requiera del legislador que sus decisiones de tipificación penal
“se fundamenten en criterios de razonabilidad y proporcionalidad que atiendan
una valoración objetiva de elementos tales como, la mayor o menor gravedad
de la conducta ilícita, la mayor o menor repercusión que la afectación del bien
jurídico lesionado tenga en el interés general y en el orden social, así como el
grado de culpabilidad, entre otros”122.
148. Esta proporcionalidad mantiene al interior del ordenamiento jurídico una
coherencia para prevenir con más vehemencia aquellas conductas que resulten
más reprochables, y en su expresión en sede judicial, según ha sido
positivizada en el artículo 3 del Código Penal “[l]a imposición de la pena o de
la medida de seguridad responderá a los principios de necesidad,
proporcionalidad y razonabilidad”.
149. En función de este principio de proporcionalidad, el legislador ha
definido una escala de gravedad de las conductas atendiendo a múltiples
variables que incluyen el daño social que genera la lesión del bien jurídico, la
búsqueda de una efectiva resocialización del autor, la mayor o menor
repercusión que la afectación del bien jurídico tenga en el interés general y en
el orden social, y la prohibición del exceso punitivo. Para el caso de los delitos
contra la vida, algunas de estas variables tienen que ver con un mayor desvalor
de la acción o con una referencia a la culpabilidad. Así, por ejemplo, la pena
para el homicidio doloso es mayor que para el homicidio culposo, a pesar de
121
“La Corte también ha sido constante en afirmar que mientras en el cumplimiento de la función legislativa no resulten contrariados los
preceptos fundamentales “bien puede el legislador crear o suprimir figuras delictivas, introducir clasificaciones entre ellas, establecer
modalidades punitivas, graduar las penas aplicables, fijar la clase y magnitud de éstas con arreglo a criterios de agravación o atenuación
de los comportamientos penalizados, todo de acuerdo con la apreciación, análisis y ponderación que efectúe acerca de los fenómenos de
la vida social y del mayor o menor daño que ciertos comportamientos puedan estar causando o llegar a causar en el conglomerado”. Por
lo anterior, solamente “en los casos de manifiesta e innegable desproporción o de palmaria irrazonabilidad,” correspondería al juez
Constitucional declarar la inexequibilidad de la disposición normativa que sea objeto de análisis.” Sentencia C-013 de 1997, M.P. José
Gregorio Hernández Galindo citada en Sentencia C-317 de 2002, M.P. Clara Inés Vargas Hernández. Este criterio se ha reiterado en las
sentencias C-468 de 2009, C-488 de 2009, C-742 de 2012, C-108 de 2017, C-294 de 2021.
122
Sentencias C-070 de 1996, C-468 de 2009, C-488 de 2009, C-742 de 2012, C-108 de 2017 y C-233 de 2021.
48
que el resultado sea el mismo. También el legislador colombiano atribuyó una
mayor pena a la conducta del homicidio por piedad que a la de la inducción o
ayuda al suicidio, cuando cualquiera de estas conductas esté dirigidas a poner
fin a intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o enfermedad grave
e incurable.
150. A pesar de esta gradación en la que el homicidio por piedad sería
considerado más grave que la asistencia al suicidio, lo cierto es que cuando el
homicidio por piedad es practicado bajo ciertas condiciones objetivas y
subjetivas, se configura la eutanasia y no se da una respuesta penal por ser una
práctica constitucionalmente válida. En cambio, cuando esas mismas
condiciones objetivas y subjetivas se presentan respecto del supuesto de la
AMS, se configura una respuesta penal. Lo anterior genera una discordancia
en el tratamiento jurídico de ambos procedimientos, que no es proporcional.
Así, que mientras que, en determinadas circunstancias subjetivas y objetivas
análogas, el sistema penal se abstiene de intervenir frente al médico que
ejecuta y causa una muerte, se movilice para perseguir y sancionar al médico
que ayuda, en las mismas circunstancias a quien se suicida, vulnera el
principio de proporcionalidad en materia penal. Aún más es desproporcionada
tal respuesta penal si se tiene en cuenta que el aporte de quien ayuda es
accesorio pues depende del actuar principal del autor, mientras que el aporte
de quien alcanza el resultado por sí mismo es mayor. La consecuencia lógica y
constitucionalmente válida es considerar que hay una mayor razón para
estimar que la AMS no debe ser tratada como delito y en cambio, reconocer
que la misma permite una mayor protección para los derechos fundamentales
de la dignidad humana, la vida digna, la muerte digna y el libre desarrollo de
la personalidad.
151. En conclusión, considerar que la asistencia médica a una persona que,
padeciendo intensos sufrimientos por una enfermedad grave diagnosticada,
para que de acuerdo con su claro convencimiento dé fin a tales sufrimientos
propiciando su propia muerte, es una conducta reprochable frente a la cual el
Estado debe desplegar su sistema penal, perseguirla y sancionarla, excede
indudablemente los límites del orden constitucional colombiano a la
configuración legislativa en materia penal. Perseguir penalmente al médico
que ayuda en este trance no sólo no tutela ningún bien jurídico protegido
constitucionalmente, sino que implica el recurso a una potestad del Estado que
debiera ser la última ratio cuando es imposible sostener que se trate de una
conducta abiertamente lesiva e intolerable para la sociedad, y, en definitiva,
resulta una intervención absolutamente desproporcionada. Por todo lo anterior
puede concluirse que el legislador desconoció los límites constitucionales al
poder punitivo.
152. Ahora bien, como se ha dicho, el exceso de prohibición que se constata
versa sobre la conducta del médico, que es por tanto quien debe ser exonerado
de responsabilidad penal. Es indudable que el médico cumple un rol
preponderante en la atención sanitaria del paciente, pues es quien realiza el
49
acompañamiento de manera más directa, sin desconocer la importancia que
tienen otros profesionales de la salud.
153. Esta posición en que se encuentra el médico justifica que sea éste quien
pueda realizar la asistencia al suicidio en los términos aquí descritos. En
efecto, debe reconocerse que la ayuda al suicidio que es constitucionalmente
válida es aquella que garantiza la dignidad humana. No basta con que alguien
ayude a otro a morir, sino que lo haga en las condiciones más humanas
posibles123. En este proceso, el acompañamiento o la ayuda no pueden
entenderse como la simple facilitación de un medio para alcanzar el resultado,
sino la utilización de los conocimientos técnicos para garantizar que hasta el
último momento el paciente mantenga su dignidad. El médico, es quien tiene
los conocimientos farmacológicos y fisiopatológicos que permiten brindar el
mejor acompañamiento posible.
154. De otro lado, la Corte ha reconocido que la relación médico-paciente no
es de tipo autoritario o paternalista que implique un esquema vertical, sino que
es una relación de confianza, regida por los principios de competencia
científica del médico y de consentimiento informado del paciente 124. De modo
que el médico es quien está en mejor posición de brindar al paciente toda la
información necesaria para que sea éste quien en ejercicio de su autonomía,
decida el procedimiento al que se someterá, sin que en ningún caso la voluntad
del médico se imponga sobre la del paciente.
155. Hecho el análisis de constitucionalidad de la disposición demandada
desde la perspectiva del médico que asiste profesionalmente al suicidio, en
tanto sujeto activo de una conducta penal, corresponde ahora valorar la AMS
desde la perspectiva del paciente, con relación a los derechos presuntamente
vulnerados, invocados en la demanda.
2.2. El legislador desconoció la dignidad humana y el derecho
fundamental a la vida digna y al libre desarrollo de la personalidad,
al penalizar la asistencia médica al suicidio
156. Los demandantes presentaron cuatro cargos argumentando que la
tipificación de la AMS desconoce los derechos fundamentales a la vida digna,
la dignidad humana, la muerte digna y el derecho al libre desarrollo de la
personalidad. Aducen que el derecho a morir dignamente implica que “la
libertad, la dignidad humana, la vida digna, el libre desarrollo de la
personalidad y la prohibición en contra de tratos crueles, inhumanos y
degradantes se garanticen en el fin de la vida, y que la vida, en todos los
momentos, corresponda con los deseos y decisiones de las personas para que
123
Que el suicidio se cometa por voluntad del titular del bien jurídico no implica siempre que se haga de manera digna, así por ejemplo se
evidenció que los métodos de suicidio escogidos mayoritariamente por personas mayores de 65 años eran los disparos con armas de
fuego, y envenenamiento por drogas. Ver: WEN KOO, YU; KOLVES, KAIRI y DE LEO, D. Profiles by suicide methods: an analysis of
older adults. Aging & Mental Health, 23(3). Citado por Juan Camilo Rúa en su intervención.
124
Cfr. C-264 de 1996, T-653 de 2008, T-236 de 2020.
50
nadie se vea constreñido a vivir una vida incompatible con su idea de vida
digna”.
157. Dada la cercanía de los derechos que se estiman vulnerados, y de los
argumentos presentados en la demanda, se analizará en este apartado si la
tipificación de la AMS contraviene los derechos fundamentales a la vida
digna, al libre desarrollo de la personalidad y al principio de dignidad humana.
Se reitera que el cargo por la violación de la prohibición en contra de tratos
crueles, inhumanos y degradantes fue rechazado.
158. El análisis de estos cargos requiere una aclaración previa: el tipo penal y
la sanción que aquí se objetan, se dirigen contra quien presta su ayuda para el
suicidio de otro que no es merecedor de ninguna consecuencia jurídica. Sin
embargo, no puede desconocerse que quien pretende dar por terminados sus
sufrimientos provenientes de enfermedad grave e incurable, puede ver
obstaculizado el ejercicio de los derechos fundamentales recién mencionados
con la tipificación de la conducta.
a. El derecho fundamental a vivir en forma digna. Reiteración
jurisprudencial
159. La Corte Constitucional desde la Sentencia C-239 de 1997125 ha
reconocido que el derecho a vivir en forma digna es de carácter fundamental126
en los siguientes términos: “el derecho fundamental a vivir en forma digna
implica entonces el derecho a morir dignamente, pues condenar a una
persona a prolongar por un tiempo escaso su existencia, cuando no lo desea y
padece profundas aflicciones, equivale no solo a un trato cruel e inhumano,
prohibido por la Carta (CP art. 12), sino a una anulación de su dignidad y de
autonomía como sujeto moral”.
160. El derecho a vivir dignamente es un derecho de naturaleza fundamental y
autónomo, independiente pero estrechamente relacionado con otros derechos,
y que se compone de dos dimensiones básicas: De un lado, la dignidad
humana como presupuesto esencial del ser humano, que es indispensable para
el goce de todos los derechos, comenzando por la propia vida. De otro lado, la
garantía de la autonomía personal en tanto principio orientador que permite
que una persona tome las decisiones que estime importantes para su proyecto
vital, sin intromisiones ni presiones. Este derecho adicionalmente es traducible
en un derecho subjetivo, toda vez que es posible identificar al titular del
derecho, el destinatario y su contenido127.
125
Posición reiterada entre otras, en las sentencias T-491 de 1992, T-571 de 1992, T-135 de 1994, T-703 de 1996, T-801 de 1998. T-970
de 2014, T-721 de 2017.
126
Es la dignidad humana justamente el valor que sirve de eje central para identificar un derecho como fundamental. En este sentido ver
las sentencias T-801 de 1998, y T-227 de 2003.
127
En este sentido ver la Sentencia C-233 de 2021 que adicionalmente reitera la inescindible relación que se predica entre la dignidad y el
principio de última ratio del derecho penal, así: “el ejercicio del ius puniendi se considera uno de los ámbitos extremos del poder estatal
para la regulación de la vida social, razón por la cual suele denominarse el último recurso (o la última ratio). Ese carácter marginal que
debería tener el derecho penal se debe a su capacidad para interferir intensamente en el derecho fundamental a la libertad personal y para
afectar otros, debido a las condiciones de cumplimento de la pena para la persona, razón por la cual aquella característica adscrita al ius
puniendi estatal encuentre su fundamento y límite en la dignidad de la persona humana”.
51
161. La independencia de la muerte digna deriva de la imposibilidad de
subsumir la complejidad de este derecho dentro de otros como la vida, o la
autonomía. Por ello, se trata de un derecho fundamental complejo y autónomo
que goza de todas las características y atributos de las demás garantías
constitucionales de esa categoría. A su vez, se materializa bajo circunstancias
muy específicas, y es autónomo en cuanto a su protección y eventual
vulneración.
162. Morir dignamente en sus diversas acepciones, actualmente se puede
garantizar a través de: (i) los cuidados paliativos128 son cuidados apropiados
para pacientes con una enfermedad terminal, crónica, degenerativa e
irreversible y cuyo objetivo es lograr la mejor calidad de vida posible para el
paciente y su familia, afirmando la vida y considerando el morir como un
proceso normal; (ii) la adecuación del esfuerzo terapéutico consistente en
suspender o limitar las medidas de soporte a la vida, cuando éstas pueden
llevar a mayor sufrimiento al paciente (actuación conocida como distanasia); y
(iii) las prestaciones específicas para morir, esto es, la asistencia médica
consentida por el paciente para poner fin a su vida de forma anticipada ante el
padecimiento de intensos sufrimientos físicos o psíquicos.
163. Mientras que los cuidados paliativos han sido regulados mediante la Ley
133 de 2014, la adecuación del esfuerzo terapéutico o las prestaciones
específicas para morir no han contado con una regulación legislativa. No
obstante, el Ministerio de Salud y Protección Social ha consagrado algunos
lineamientos y directrices que han desarrollado con mayor detalle la
prestación de los servicios de eutanasia. Se trata en concreto de la Resolución
1216 de 2015129, la Resolución 825 de 2018130, la Resolución 2665 de 2018131
y la actual Resolución 971 de 2021132.
164. La Sentencia C-233 de 2021 recoge la evolución jurisprudencial desde el
precedente fijado en la C-239 de 1997 y desarrollada en siete decisiones
adoptadas en sede de tutela entre el 2014 y 2020, en las cuales se ha definido
el derecho a morir dignamente. Esta providencia ha resaltado que la muerte
digna busca garantizar que luego de un ejercicio sensato e informado de toma
de decisiones, la persona pueda optar por dejar de vivir una vida con
sufrimientos y dolores intensos. En esa medida, cada persona sabe qué es lo
que es mejor para ella, por lo cual “el Estado no puede oponerse a la decisión
del individuo que no desea seguir viviendo y que solicita le ayuden a morir,
128
Reglamentada mediante la Ley 1733 de 2014.
129
Mediante la cual se impartieron directrices para la conformación y funcionamiento de los Comités Científicos-interdisciplinarios para
el Derecho a Morir con Dignidad y que fue derogada por la Resolución 971 de 2021.
130
Por medio de la cual se reglamenta el procedimiento para hacer efectivo el derecho a morir con dignidad de los niños, niñas y
adolescentes.
131
Mediante la cual se reglamenta parcialmente la Ley 1733de 2014 en cuanto al derecho a suscribir el Documento de Voluntad
Anticipada.
132
Por la cual se establece el procedimiento de recepción, trámite y reporte de las solicitudes de eutanasia, así como las directrices para la
organización y funcionamiento del Comité para hacer Efectivo el Derecho a Morir con Dignidad a través de la Eutanasia.
52
cuando sufre una enfermedad que le produce dolores insoportables,
incompatibles con su idea de dignidad”133.
165. Como señala el Ministerio de Salud, morir con dignidad no contiene
alternativas infinitas, y la complejidad de la AMS como proceso asistencial
supone una discusión a profundidad cuya competencia recae en el
legislador134. En este sentido, la Corporación ha aclarado que, si bien morir
dignamente es un derecho, no es el Tribunal Constitucional el encargado de
definir su contenido de manera exhaustiva ni de precisar las condiciones de
acceso a las prestaciones para hacerlo. En esa misma medida, se reitera que lo
fundamental se predica del derecho a proteger, pero no del medio para
hacerlo135.
166. En otras palabras, se protegen los derechos fundamentales a la vida
digna, al libre desarrollo de la personalidad y a la dignidad humana, pero
corresponde al legislador garantizar el acceso a medios específicos para
materializar estos derechos. En el amplio espectro con que cuenta el legislador
para garantizar tales derechos no cabe sin embargo que imponga una sanción
penal para el médico que ayude en el suicidio de un paciente que padece
intensos sufrimientos provenientes de enfermedades graves y que manifieste
su consentimiento libre, voluntario e informado.
167. El fin del morir dignamente no es otro que impedir que una persona
padezca una vida dolorosa e incompatible con la idea de dignidad del
paciente, y es este mismo quien voluntariamente decide no someterse a
tratamientos médicos o estos últimos no funcionan, entendiendo que la vida no
consista en la mera subsistencia, sino que tiene una finalidad ulterior en clave
de la dignidad humana.
b. Dignidad humana- principio fundante del ordenamiento jurídico y
eje central del derecho a la vida y a la muerte digna
168. La dignidad humana está contenida en el artículo 1 de la Constitución
Política y en cuyo respeto se funda el ordenamiento jurídico colombiano. Esto
implica dotar de valor intrínseco al ser humano, y concebirlo como un fin en sí
mismo. Por ello, la dignidad humana resulta un valor supremo que irradia el
conjunto de derechos reconocidos, entre los que se encuentran, la vida digna,
la muerte digna y el libre desarrollo de la personalidad 136.
169. De este principio rector se derivan tres dimensiones: (i) la autonomía o
posibilidad de diseñar un plan vital según el proyecto de vida que cada
133
Sentencia C-239 de 1997.
134
Tal y como se puede ver en el anexo, el legislador cuenta con un amplio abanico de posibilidades para definir el alcance del derecho a
morir con dignidad.
135
“Desde la referida sentencia de 1997 la Corporación dejó en claro que las condiciones para el ejercicio del derecho deberían
desarrollarse con el tiempo, y, en la mayor medida posible, con la intervención del órgano de representación democrático. Desde esta
perspectiva, la Corte no excluyó del ordenamiento jurídico interpretaciones más amplias de la eutanasia, siempre que, se insiste, estas no
redundaran en un regreso al exceso punitivo que evidenció en esa oportunidad”. (C-233 de 2021).
136
Sobre la dignidad humana como valor fundante del ordenamiento jurídico ver C-143 de 2015, C-147 de 2017, C-253 de 2019.
53
persona juzgue adecuado, (ii) la dignidad humana entendida como algunas
condiciones materiales que permiten vivir bien, y (iii) la intangibilidad de
bienes no patrimoniales para vivir sin humillaciones137. Respecto del último
aspecto conviene señalar que, aunque el cargo sobre la violación de la
prohibición de someter a una persona a tratos crueles, inhumanos o
degradantes fue rechazado, lo cierto es que esta Corporación ha establecido
que imponer a una persona que soporte el sufrimiento intenso que se deriva de
una enfermedad grave e incurable resulta constitucionalmente inadmisible,
pues implica someterla a un trato cruel, inhumano o degradante 138.
170. Ahora bien, no toda AMS puede considerarse compatible con la dignidad
humana, la vida digna, la muerte digna y el libre desarrollo de la personalidad.
La AMS garantiza la muerte y la vida dignas en aquellos casos en los que el
paciente manifiesta su consentimiento de manera voluntaria, consciente,
informada y libre de presiones de terceros. De ahí que sea necesario mitigar en
la mayor medida posible los riesgos de una decisión que responda a un
momento de flaqueza transitorio, con un resultado irreversible, a través de una
regulación adecuada y robusta técnicamente, que permita confirmar que la
voluntad del paciente permanece en el tiempo 139. En cualquier caso, la
autonomía para diseñar un proyecto de vida propio cobija la posibilidad de
que las decisiones que se tomen en ese ejercicio impliquen la terminación
anticipada de la vida cuando se juzgue que la misma carece de dignidad. Estos
sufrimientos, deben tener su origen en lesión corporal o enfermedad grave e
incurable.
171. Desde el análisis del homicidio por piedad contenido en la Sentencia C-
239 de 1997, la Corte ponderó los derechos de la vida y la autonomía del
paciente, y consideró en primer lugar que la vida ostenta una importancia
ontológica para el sistema constitucional; es un derecho y un valor importante,
mas no sagrado, pues en un sistema pluralista, no podría preconcebirse una
visión religiosa o metafísica sobre la vida. Sin embargo, la Corte diferenció
entre la mera subsistencia y la vida digna, en donde esta última supone la vida
en condiciones acordes con la dignidad humana. En este sentido, el
protagonista es el titular de la vida y es quien juzga la vida que merece ser
vivida según su concepto de dignidad.
172. Ahora bien, el procedimiento de la AMS, en la medida en que garantiza
una muerte digna, presupone la presencia de intensos sufrimientos para el
paciente140. Siguiendo la citada Sentencia C-233 de 2021, el dolor es un
estímulo recibido de los nociceptores y receptores de dolor que indican
potencial daño; mientras que el sufrimiento es la elaboración psíquica que
hace el cerebro a partir de dichos estímulos, y es siempre una experiencia
137
Ver en este sentido las sentencia T-881 de 2002, C-025 de 2021, y C-294 de 2021.
138
Sentencia C-233 de 2021.
139
Así, por ejemplo, la Resolución 971 de 2021 establece que una vez verificadas las condiciones para adelantar el procedimiento
eutanásico, se debe preguntar al paciente si reitera su decisión.
140
Si bien en su intervención, el ciudadano Sua Montaña aportó informes acerca de los avances médicos para reducir el dolor, debe
reiterarse la distinción entre este y el sufrimiento.
54
subjetiva141. Así, cada fenómeno puede existir de forma separada, y
corresponde al paciente juzgar su sufrimiento como incompatible con su idea
de vida digna.
173. En lo que respecta a las decisiones sobre el final de la vida, el
ordenamiento constitucional confiere un lugar central a la autonomía del
titular, quien define libremente el curso sobre su existencia. Esto es
concordante con nuestro ordenamiento jurídico en la medida en que la
conducta de quien se suicida -o lo intenta- sin ayuda no es susceptible de
reproches jurídicos, como tampoco lo es su familia.
174. Por tanto, cuando una persona se encuentra en ciertas condiciones
extremas de salud que condicionen su vida y el alcance de sus decisiones, el
deber del Estado es garantizar el respeto y la protección de la dignidad
humana. No puede predicarse un deber del Estado de preservar la vida a toda
costa. Sancionar con pena de prisión al profesional de la salud que ayude a
que un paciente que padece intensos sufrimientos provenientes de lesión grave
e incurable dé por terminada su vida, llevaría a afirmar que la mera
subsistencia es un valor que requiere a toda costa de la protección jurídica.
c. Derecho al libre desarrollo de la personalidad
175. El artículo 16 constitucional contempla que “todas las personas tienen
derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que
imponen los derechos de los demás y el orden jurídico”. Los demandantes
juzgan que la disposición demandada vulnera el libre desarrollo de la
personalidad en tanto ésta priva a la persona de tomar decisiones sobre el fin
de la vida. El libre desarrollo de la personalidad permite que cada persona
juzgue lo que resulte más conveniente inclusive, o especialmente, frente a los
aspectos más determinantes. Así la Corte ha admitido que la decisión de optar
por someterse o no a un tratamiento médico, corresponde al titular de los
derechos142.
176. Este derecho admite limitaciones derivadas del ordenamiento jurídico
que no resulten arbitrarias, ni que estén fundamentadas en modelos éticos
perfeccionistas de cómo el Estado pretende que se comporten los ciudadanos.
En cambio, permite que la libertad sea una cláusula general de
comportamiento143, limitada sólo cuando resulte necesaria la protección de los
derechos de los demás, o, en otras palabras, los derechos de los terceros
constituyen verdaderos y legítimos límites. No obstante, el verbo rector de
ayudar al paciente que solicita la AMS de manera libre, inequívoca,
141
“El sufrimiento, en tanto estado emocional que se proyecta a partir de una condición médica extrema, como aquellas descritas en el
artículo 106 del Código Penal, no se agota en el dolor físico, sino que se proyecta en una dimensión mental. El sufrimiento derivado de la
enfermedad se asocia también con las cargas que imponen los diagnósticos y tratamientos al paciente; se hace más profundo por la
incertidumbre del resultado; se materializa en las relaciones familiares; y guarda una profunda relación con el tiempo, pues la
anticipación del dolor futuro o de la muerte pueden agudizar o moderar la intensidad del sufrimiento”. Ibídem.
142
En este sentido lo ha reconocido la T-493 de 1993
143
Esta cláusula de libertad es además concordante con el principio de legalidad contenido en el artículo 6 de la Constitución Política.
55
voluntaria y consciente no interfiere con derechos ajenos de los que quepa
predicar una obligación de tutela penal.
177. Como se mencionó anteriormente, la diferencia entre la inducción o al
ayuda al suicidio a nivel teleológico, consiste en que, por un lado, la
proscripción de la inducción se deriva del interés legítimo del legislador en
limitar la indebida injerencia de terceros en la toma de la decisión de dar por
terminada la vida, esto es, que está de por medio una autonomía susceptible de
amparo. No obstante, en el caso de tipificación de la ayuda al suicidio, se está
violentando tal autonomía, que no está siendo lesionada ni puesta en peligro
por la AMS. Por el contrario, quien pretende acudir a la ayuda de un médico
manifestando su voluntad libre de acudir a la misma luego de contar con pleno
conocimiento tanto de su diagnóstico como del procedimiento, está ejerciendo
tal autonomía.
178. Aún más, en el caso de la AMS la materialización de la autonomía y de
la dignidad humana es aún mayor toda vez que es el paciente quien se auto
administra el medicamento prescrito para alcanzar el resultado, y mantiene el
control sobre el proceso causal de su propia muerte que no se predica de la
eutanasia en el mismo grado. Quien opta por la AMS en lugar de la eutanasia,
está ni más ni menos que reclamando agencia para dar fin a su sufrimiento;
pues prefiere no delegar tan importante acaecimiento a un tercero.
179. De hecho, para el caso de la eutanasia es posible suscribir un Documento
de Voluntad Anticipada (DVA)144 mediante el cual una persona en pleno uso
de sus facultades legales y mentales y con conocimiento de las implicaciones,
puede indicar sus decisiones en caso de atravesar en el futuro una enfermedad
terminal, crónica, degenerativa e irreversible 145. Esto permite conocer la
voluntad del paciente en casos en los que éste no se pueda manifestar, sin
embargo, dada la naturaleza de la AMS, la voluntad del paciente debe
mantenerse incólume hasta el último momento, y es posible verificar tal
voluntad. Dado que es el paciente quien realiza el procedimiento, puede
garantizarse que, en caso de dudas o arrepentimientos, el paciente no lleve a
cabo el procedimiento. Por ello, la AMS garantiza los derechos fundamentales
a la autonomía personal y el libre desarrollo de la personalidad.
180. El Ministerio de Salud se refirió en su intervención a las complicaciones
del procedimiento que se han reportado en la literatura científica para la AMS,
donde aparece como más frecuente la duración prolongada del proceso de
muerte. Por ello, algunos ordenamientos jurídicos han considerado que en
dicho proceso debe contarse con el acompañamiento de un profesional de la
salud que pueda garantizar una opción de respaldo como el protocolo
endovenoso. Estas complicaciones pueden conjurarse según la disponibilidad
de los recursos del sistema de salud, por lo que no corresponde a este Tribunal
144
Ley 1733 de 2014 reglamentada por la Resolución 2665 de 2018.
145
Ibídem artículo 5 numeral 4.
56
definir el alcance técnico del procedimiento. En todo caso, la existencia de
complicaciones de un procedimiento no justifica la sanción penal del mismo.
181. En conclusión, en las circunstancias objetivas y subjetivas de la AMS en
el tipo de penal del artículo 107, es difícil hablar de la contraposición entre el
derecho a la vida, por un lado, y los derechos a la autonomía personal, la
muerte digna y la dignidad por otro, puesto que, de hecho, el derecho a la vida
digna se materializa cuando se garantizan los otros derechos y por tanto la
contraposición entre derechos se diluye.
2.3. El legislador desconoció el principio de la solidaridad social al
penalizar la asistencia médica al suicidio
182. Los artículos 1 y 95 constitucionales establecen el principio de
solidaridad como fundante del Estado colombiano, en virtud del cual, el
ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución implica
una serie de responsabilidades, entre las que se encuentra “obrar conforme al
principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante
situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas”. La
Corte ha sostenido que este valor de la solidaridad en cuanto fundamento de la
organización política tiene tres dimensiones, a saber: (i) como una pauta de
comportamiento conforme a la cual deben obrar las personas en determinadas
ocasiones; (ii) como un criterio de interpretación en el análisis de las acciones
u omisiones de los particulares que vulneren o amenacen los derechos
fundamentales; (iii) como un límite a los derechos propios 146. Este principio
irradia múltiples aspectos de la vida en comunidad147, por lo que no se reduce
a un único escenario ni tampoco establece una única forma de actuación. El
principio de solidaridad se deriva del Estado entendido como uno social,
fundado en el respeto por la dignidad humana, como el colombiano. Ello no
implica que el Estado tiene un carácter de benefactor, sino que tiene la
obligación de promover los medios para que sean los propios individuos
quienes puedan satisfacer sus necesidades y aspiraciones148.
183. En diversas oportunidades la Corte se ha pronunciado frente al alcance
del principio de solidaridad consagrado en los artículos 1º y 95 superiores,
entendido como un mandato dirigido a todos los miembros de la sociedad
(tanto a la comunidad como a las autoridades) de coadyuvar para hacer
efectivos los derechos de los demás en un amplio espectro 149. Lo anterior
implica que este principio tiene aplicación frente a diversas situaciones cuya
146
Cfr. Ver entre otras: T-125 de 1994 y T-434 de 2002, C-459 de 2004, C-233 de 2021,
147
Algunos de los escenarios donde ha tenido aplicación el principio de solidaridad son: aquellos que se refieren al deber del Estado, a la
sociedad y a la familia frente al derecho a la vida digna (sentencias C-237 de 1997, C-246 de 2002, C-111 de 2006); la que le atañe a las
personas frente al deber de contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad
(ver las sentencias C-150 de 1997, C-333 de 2017, C-514 de 2019, C-216 de 2020); la que le corresponde al empleador frente a la
dignidad del trabajador que padece de alguna enfermedad catastrófica (T-394 de 2014, T-459 de 2014 -especialmente en el salvamento de
voto-,) T-386 de 2020.
148
Cfr. Sentencia C-237 de 1997. M.P. Carlos Gaviria Díaz.
149
Cfr. Sentencias T-550 de 1994, T-413 de 2013, C-767 de 2014, C-150 de 2020.
57
enunciación no viene tasada por el legislador, sino que acompaña los cambios
sociales según se produzcan150.
184. El artículo 95 numeral 2 señala que toda persona está obligada a “obrar
conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones
humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las
personas”. Sin embargo, el artículo 1º consagra un principio de solidaridad
mucho más amplio que no requiere que el destinatario se encuentre en una
situación extrema a la que deba atenderse con una acción humanitaria. Así por
ejemplo, desde 1997 la Corte se ha referido a la solidaridad en materia
tributaria como el deber de “contribuir al financiamiento de los gastos e
inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad”.151 También
se ha reconocido como el fundamento de la unión de los miembros de una
familia, y la subsecuente obligación alimentaria. 152 Por su parte, en el marco
de la seguridad social, este principio “exige la ayuda mutua entre las personas
afiliadas, vinculadas y beneficiarias, independientemente del sector
económico al cual pertenezcan, y sin importar el estricto orden generacional
en el cual se encuentren”153. Este deber se hace más urgente frente a las
personas que se encuentren en circunstancias de inferioridad o de
vulnerabilidad154, como ocurre con las personas en estados de salud extremos,
máxime, teniendo en cuenta que el sistema de seguridad social se rige por los
principios de universalidad y solidaridad155.
185. Así, por expresa disposición constitucional, este principio no se limita al
Estado, sino que se predica de los demás ciudadanos, especialmente de
aquellos que están en mejores condiciones de brindar ayuda. De modo que el
principio y deber de solidaridad irradia todos los escenarios en los que se
desenvuelve la vida social, y se requiere en mayor o menor intensidad en
atención a las necesidades particulares.
186. Otro de los atributos de las acciones solidarias que ha identificado esta
Corporación, se refiere a que encuentran su justificación tanto en la acción
misma como en su finalidad. Así, en la sentencia C-542 de 1993, al analizar la
constitucionalidad de varias disposiciones de la Ley 40 de 1993 (estatuto
antisecuestro), la Corte encontró que las conductas referidas al pago por la
liberación del secuestrado serían o no reprochables en función de su finalidad.
Así, cuando el pago se efectúa con el ánimo de obtener lucro para sí o para
otros, resulta justificada una sanción; mientras, quien actúa por necesidad de
salvar la vida o recobrar la libertad propia o ajenas, no sería merecedor del
reproche, pues esto “obedece a un móvil altruista reconocido universalmente
150
Así, por ejemplo, se ha reconocido la vigencia del principio de solidaridad según las necesidades de un momento determinado, bien
puede ser el caso del secuestro (C-542 de 1993), el desempleo (C-333 de 2017) o una emergencia sanitaria (C-150 de 2020).
151
Cfr. Sentencia C-150 de 1997, reiterado en las sentencias C-140 de 2007, C-431 de 2020, entre otras.
152
Cfr. Sentencia C-174 de 1996, reiterado en las sentencias C-237 de 1997, T-209 de 1999, T-1090 de 2004, T-558 de 2005, T-867 de
2008, T-414 de 2014, C-246 de 2002, C-017 de 2019, entre otras.
153
Cfr. C-111 de 2006 y C-229 de 2010.
154
Cfr. Sentencias C-767 de 2014, T-1040 de 2001, T-947 de 2010, SU-049 de 2017, T-141 de 2016, SU-040 de 2018, T-052 de 2020, C-
200 de 2019, entre otras.
155
Cfr Artículo 48 de la Constitución Política.
58
por el derecho” y mandado por el principio de solidaridad. Así lo enunció la
Corte:
“Quien paga para obtener la libertad de un secuestrado y salvar su vida, lo
hace en cumplimiento de un deber que la Constitución le impone. El
segundo de los deberes que el artículo 95 de la Constitución impone a la
persona y al ciudadano, consiste en "Obrar conforme al principio de
solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante
situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas.” La
solidaridad nos obliga con igual fuerza aun en favor de extraños, con
quienes solamente se comparte la pertenencia a la raza humana. Y nadie
podrá negar que emplear los bienes propios para proteger la vida y la
libertad de un semejante, es acción humanitaria. ¿Cómo, pues, podría ser
constitucional la ley que castiga esta conducta.? ” (Sentencia C-542 de
1993).
187. Este principio de solidaridad también está presente en el ejercicio de la
medicina. En primer lugar, debido a que el médico tiene una función social156
cuyo fin es “cuidar de la salud del hombre y propender por la prevención de
las enfermedades, el perfeccionamiento de la especie humana y el
mejoramiento de los patrones de vida de la colectividad, sin distingos de
nacionalidad, ni de orden económico-social, racial, político y religioso. El
respeto por la vida y los fueros de la persona humana constituyen su esencia
espiritual. Por consiguiente, el ejercicio de la medicina tiene implicaciones
humanísticas que le son inherentes.”157 Y, en segundo lugar, porque el acto
médico implica la comprensión del paciente en todas sus dimensiones. Así
pues, el dolor sufrido por un paciente en condiciones extremas compromete
directamente al médico, quien es el que tiene la capacidad de disminuir dicho
dolor y ayudar al paciente a materializar su decisión -ya tomada-, de poner fin
al mismo. El médico puede obrar éticamente, y siguiendo los más altos
principios de la moral, cuando lo hace motivado por fines altruistas como la
solidaridad y el respecto del paciente que enfrenta un sufrimiento que
considera indigno.
188. En el caso de la AMS es claro que el médico actúa en virtud de la
solidaridad, pues su actuación tiene por finalidad la terminación del
sufrimiento ajeno y la materialización de la voluntad del paciente. Para ello es
clave el papel de la ciencia, cuyos desarrollos y avances permiten un mejor
cumplimiento de la labor social, cuando se disminuye el dolor y se brinda
alivio con mejores técnicas y mayor atino.
189. Por último, es claro que de este deber de solidaridad no se desprende una
obligación para el médico de obrar en contra de su conciencia, pero lo cierto
es que impedirle al médico que tiene la disposición altruista de socorrer al
156
Crf. Artículo 9 de la Ley 23 de 1981, “Por la cual se dictan normas en materia de ética médica”.
157
Ibidem artículo 1-1.
59
paciente que busca su ayuda, resulta contrario al mandato constitucional de
solidaridad158.
3. Alcance de la providencia: Diferencia entre despenalización, la
regulación y la promoción. Función del juez constitucional
190. Resulta necesario examinar el alcance de la pretensión de la demanda, y
para ello, es preciso distinguir entre las figuras de la despenalización, la
regulación y la promoción. La despenalización o descriminalización se refiere
a la exclusión de una conducta del catálogo de delitos contemplados en el
código penal, siendo la consecuencia jurídica que el Estado debe abstenerse de
perseguir y sancionar penalmente dicha conducta. Como se ha señalado, un
delito puede salir del ordenamiento jurídico tanto por la vía legislativa159,
como por la vía del control constitucional abstracto ejercido por la Corte
Constitucional. En ningún caso la despenalización implica que el Estado
quede maniatado para emplear el amplio espectro de herramientas con que
cuenta para definir una política pública específica. Tampoco puede
interpretarse como una fuente de obligación correlativa. De la despenalización
no se derivan obligaciones prestacionales, sino obligaciones negativas del
Estado frente al empleo del ius puniendi.
191. La Corte ha reiterado que el uso del derecho penal es una potestad del
legislador y no un derecho, y “en ese orden, impera el mandato de solo
restringir las libertades individuales, en cuanto apenas sea necesario para
remediar el conflicto social subyacente al delito. Esto es lo que comúnmente
se conoce como el principio de la última ratio, tantas veces defendido en su
jurisprudencia por esta Corte”160.
192. La regulación o legalización en cambio, se refiere al diseño y puesta en
marcha de mecanismos y estructuras que permitan ejercer a cabalidad una
actividad dentro de los parámetros definidos por las autoridades
competentes161. A manera de ejemplo, frente a la despenalización del consumo
158
En un sentido análogo, la Corte al analizar la constitucionalidad de la norma que castigaba penalmente el pago del secuestro se
preguntó lo siguiente: La solidaridad nos obliga con igual fuerza aun en favor de extraños, con quienes solamente se comparte la
pertenencia a la raza humana. Y nadie podrá negar que emplear los bienes propios para proteger la vida y la libertad de un semejante,
es acción humanitaria. ¿Cómo, pues, podría ser constitucional la ley que castiga esta conducta.? (C-542 de 1993 M.P. Jorge Arango
Mejía). Lo cierto, es que acertadamente diferenció este Tribunal en aquella oportunidad que no se podía obligar a ningún ciudadano al
pago del rescate en un secuestro, pero lo cierto es que quien así obra, no puede ser sancionado porque su actuar está justificado. Así
mismo, en esta oportunidad debe entenderse que no se podría obligar a un médico a participar en el suicidio ajeno del paciente que así lo
solicita, pero tampoco podría impedírsele -menos a través de la herramienta penal- que no atienda al llamado humanitario que por demás
es un llamado constitucional.
159
Como en aquellos casos en los que el legislador considera innecesarias las herramientas penales y en consecuencia, pueden ser
sustituidas por otras alternativas o sencillamente resultan inadecuadas en un momento determinado. Frente a esto, la Corte ha respetado la
libertad de configuración legislativa para reestructurar y dinamizar el catálogo de delitos. “[S]obre esta base, la Corte ha avalado la
decisión del órgano parlamentario de despenalizar la bigamia y el matrimonio ilegal [C-226 de 2002], de no criminalizar la obstrucción
del derecho de visitas al padre que carece de la custodia del hijo [C-239 de 2014] o los actos de discriminación y de hostigamiento
cuando la conducta típica se despliega en razón de la discapacidad de la víctima [C-671 de 2014], de permitir la aplicación del principio
de oportunidad cuando la conducta típica haya sido objeto de reproche y sanción disciplinaria [C-988 de 2006], o la de fijar una pena
reducida para los delitos de muerte y abandono de hijo fruto de acceso carnal violento o abusivo, o de inseminación artificial o
transferencia de óvulo fecundado no consentido[C-829 de 2014]. En todos estos casos la base decisional es que el Congreso es el órgano
llamado a evaluar la pertinencia de los instrumentos jurídicos disponibles, y a determinar si las herramientas criminales pueden ser
sustituidas por otro tipo de políticas, o si las medidas alternativas son suficientes para desplazar la vía penal.
160
Sentencia C-407 de 2020, M.P.: José Fernando Reyes Cuartas.
161
Human Rights Pulse al referirse a cuatro países europeos señala que en dichos casos se muestra una dualidad en el tratamiento jurídico
de la eutanasia: por un lado, la eutanasia se despenaliza; y, por otro lado, la eutanasia de despenaliza y se regula. Frente a este último
aspecto cita la sentencia Gross vs. Suiza del 14 de mayo de 2013 donde el Tribunal Europeo de Derechos Humanos estableció que el
60
de sustancias psicoactivas, fue muy claro que su despenalización dista del
fenómeno de la legalización de la producción y comercialización de dichas
sustancias162. Por último, la promoción, se refiere a la estimulación de ciertas
conductas que se consideran deseables y por tanto, el Estado genera incentivos
orientados a la profusión de dichas conductas.
193. El papel del juez constitucional en ejercicio del control abstracto de
constitucionalidad contenido en el artículo 240 superior consiste en contrastar
las normas demandadas con el texto constitucional. El rol de la Corte en estos
casos es controlar los excesos que se puedan presentar en la legislación163,
pero no está llamada a regular un procedimiento de la complejidad que
implica la AMS, como lo señala el Ministerio de Salud.
194. Reconocer el derecho a la muerte digna y la autonomía no impide que el
legislador adopte medidas para prevenir el suicidio. En ese sentido, el
legislador puede, por ejemplo, tomar acciones para expandir y fortalecer los
cuidados paliativos y la adecuación del esfuerzo terapéutico. El Estado no
cumple con su deber de proteger la autonomía personal al prevenir
simplemente las amenazas a la autonomía impuestas por terceros, sino que
debe también contrarrestar los riesgos para la autonomía y la vida
provenientes de las circunstancias actuales y previsibles que puedan
influenciar a un individuo a escoger el suicidio sobre la vida 164.
195. Ahora bien, además de solicitar la condicionalidad de la disposición, los
demandantes formularon las siguientes pretensiones: (i) que se declare que el
suicidio médicamente asistido es un mecanismo constitucionalmente
permitido para garantizar el derecho fundamental a morir dignamente, (ii) que
se exhorte al Congreso de la República a legislar sobre el derecho fundamental
a morir dignamente a través de sus cuatro mecanismos de protección y
garantía, observando de manera estricta el precedente constitucional, (iii) que
se ordene al Ministerio de Salud y Protección Social que, de acuerdo con el
precedente constitucional, en un plazo máximo de tres meses, reglamente el
acceso al SMA como un mecanismo para garantizar el derecho a morir
dignamente, y (iv) que se ordene al Ministerio de Salud y Protección Social
que, en el proceso de reglamentación del SMA, garantice la participación
ciudadana amplia, y no únicamente de entidades médicas y se vincule
activamente a DescLab.
196. Después del estudio de constitucionalidad efectuado, debe concluirse que
la AMS es uno de los mecanismos existentes de las prestaciones específicas
Estado tenía una obligación de proporcionar una normativa legal clara y completa con respecto a la eutanasia. Disponible en:
[Link]
162
La discusión sobre el fenómeno de la prostitución también ilustra esta diferenciación. Si bien no es delito ejercer la prostitución en
Colombia, se debate si la misma debe ser regulada como forma de trabajo o si debe entenderse en todo caso dentro de la explotación
sexual.
163
En este sentido ver las sentencias C-390 de 2014, C-728 de 2000 y C-371 de 2011.
164
Así se puede evidenciar en el anexo 2 frente a las múltiples opciones con las que cuenta el legislador para regular la materia.
61
para morir, como forma reconocida del derecho a morir dignamente. Por ello,
la AMS no puede tipificarse válida y constitucionalmente.
197. Frente a las dos últimas pretensiones se señala que la Sala no accederá a
ellas. Como se ha señalado, el análisis efectuado por esta Corporación
corresponde a la contrastación entre la norma demandada y el texto
constitucional. Del análisis efectuado y por las razones expuestas, se concluyó
que el legislador desconoció los límites constitucionales al tipificar como
delito la asistencia médica al suicidio. Igualmente se insistió en la cualidad de
fundamental que se predica del derecho a morir dignamente, -mas no del
medio empleado para materializar este derecho. En tal sentido, se concluyó
que la AMS se enmarca en el principio rector de la dignidad humana y los
derechos fundamentales a la vida digna, muerte digna y libre desarrollo de la
personalidad.
198. No obstante, no corresponde a esta Corporación ordenar cómo debe ser el
tratamiento de la AMS, sino que la misma corresponde al legislador como
órgano de representación popular y al ejecutivo en su definición de política
públicas. Debe sin embargo reiterarse que los derechos a la vida digna, la
muerte digna, la autonomía personal y el libre desarrollo de la personalidad
son fundamentales, y el legislador debe avanzar en la garantía de estos
derechos.
VII. Síntesis
199. Como resultado del análisis de aptitud de los cargos formulados concluye
la Sala que, en primer lugar, el cargo por vulneración de los límites
constitucionales al ius puniendi, resulta claro, cierto, específico y pertinente.
La demanda señaló que la disposición cuestionada desconoce especialmente
los principios de necesidad, mínima intervención penal, exclusiva protección
de bienes jurídicos, estricta legalidad y proporcionalidad. En un segundo
momento la Sala estudió de manera conjunta la admisibilidad de los cargos 2º,
3º, 4º y 5º referentes a la violación del principio de dignidad humana, derecho
a morir dignamente, derecho fundamental a tener una vida digna y al libre
desarrollo de la personalidad. Frente a este punto se indicó que los tipos
penales de los artículos 106 y 107 no son unívocos y ameritan análisis
constitucionales individualizados, y resultaron satisfechas las cargas
argumentativas. Por último, se admitió el cargo por el desconocimiento del
principio del deber de solidaridad social contenidos en los artículos 1 y 95
constitucionales que protegen las acciones humanitarias.
200. La Sala precisa que en este caso no hay una configuración de la cosa
juzgada por dos razones. En primer lugar, la Sentencia C-045 de 2003 que
admitió una demanda contra la disposición que aquí se enjuicia, concluyó en
un fallo inhibitorio por ineptitud sustantiva de la demanda. Como ha precisado
la jurisprudencia, las sentencias inhibitorias no hacen tránsito a cosa juzgada.
En un segundo lugar, la Universidad de Cartagena manifestó que se configuró
62
la cosa juzgada respecto de la Sentencia C-239 de 1997 por la cercanía de los
tipos penales contenidos en los artículos 106 y 107 del Código Penal.
201. Esta Sala recordó los cambios legislativos que han tenido estas figuras y
recordó que desde el Decreto 2300 de 1936, el legislador las ha diferenciado
como tipos penales autónomos con disposiciones apartadas. Así por ejemplo,
dicho Estatuto no contemplaba el verbo rector de prestar ayuda, que sólo se
incluyó con el Decreto 100 de 1980. A su vez, constató que existe una
diferenciación penológica que implica un reproche diferenciado en atención al
dominio del hecho. Tal y como fue señalado desde la C-239 de 1997 al no
declararse la integración normativa, el tipo penal del artículo 107 es un delito
autónomo que no requiere de otro tipo penal para su interpretación o
aplicación, y lo propio puede decirse del artículo 106, estando en presencia de
dos tipos penales completos y diferenciables.
202. Frente al cargo por violación de los límites constitucionales del poder
punitivo del Estado se indicó que esta Corporación ha garantizado el margen
de configuración con que cuenta el legislador para determinar tipos penales y
atribuir las sanciones que a estos correspondan. No obstante, el legislador
cuenta con un margen regido por normas y principios constitucionales, entre
los que se encuentran: el principio de necesidad, incluyendo el principio de
fragmentariedad, y la última ratio. Principios que se encontraron vulnerados
en la tipificación de la AMS.
203. Adicionalmente, el legislador debe garantizar que el tipo penal satisfaga
el principio de lesividad de la conducta tipificada, para lo cual debe
determinarse si la AMS lesiona un bien jurídico que el legislador estime
mandatorio proteger. La Sala concluye que cuando el sujeto pasivo se
encuentre padeciendo intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o
enfermedad grave e incurable, y manifieste su voluntad de ser asistido (no
inducido) para dar por terminada su vida, y este consentimiento sea
informado, consciente y posterior al diagnóstico, no se satisface el requisito de
lesividad, sino que en cambio, se vulnera el deber del Estado de proteger la
dignidad humana, la autonomía, la vida y la muerte digna.
204. En cuanto al principio de proporcionalidad de la ley penal, observó la
Sala que actualmente existe un tratamiento diferenciado para el médico que
practica la eutanasia y el que practica la AMS, pues mientras el primero no
amerita sanción penal el segundo sí, a pesar de que en el segundo caso se
garantizan en mayor medida la dignidad humana y los derechos a la vida
digna, la autonomía personal y el libre desarrollo de la personalidad. Se
concluye que la tipificación de la AMS en las circunstancias específicas en
que el paciente decide libremente dar fin a su sufrimiento por enfermedad
grave, y la consecuente persecución al médico que asiste el suicidio, es
abiertamente desproporcionada.
63
205. Se reitera la jurisprudencia referente a la muerte digna, entendido como
un derecho autónomo, compuesto por dos dimensiones: de un lado, la
dignidad humana como presupuesto esencial del ser humano, y por el otro, la
autonomía personal. Morir dignamente en sus diversas acepciones puede ser
materializado por las siguientes formas: (i) los cuidados paliativos, (ii) la
adecuación del esfuerzo terapéutico, y (iii) las prestaciones específicas para
morir. Por tanto, lo fundamental es el derecho a morir dignamente, más que el
medio para hacerlo.
206. Quien pretende acudir a la ayuda de un médico para la AMS, lo hace en
ejercicio de su autonomía personal. Aún más, la AMS garantiza en mayor
medida la dignidad humana, la autonomía y el libre desarrollo de la
personalidad, toda vez que es el paciente quien se auto administra el
medicamento prescrito. El control sobre el proceso causal es mayor que el que
se predica de la eutanasia. Quien opta por la AMS en lugar de la eutanasia,
está ni más ni menos que reclamando agencia para dar fin a su sufrimiento;
pues prefiere no delegar tan importante acaecimiento a un tercero. Por ello,
reconocer la autonomía del paciente que se somete a la eutanasia, lleva con
mayor razón a reconocer la autonomía de quien de forma consciente,
voluntaria e informada recibe ayuda para dar fin por sí mismo a los intensos
padecimientos.
207. Por último, la Corte estimó que la tipificación del artículo 107 inciso
segundo es contraria al principio constitucional de solidaridad que impone, no
solo al Estado, sino también a todas las personas, un deber de socorrer a los
pacientes que se encuentren en extremas condiciones de salud y soliciten la
AMS. En efecto, el desarrollo de la medicina debe siempre tener una función
social, y permitir mejorar las condiciones de vida, incluyendo la muerte digna.
Si bien es cierto que del deber constitucional de solidaridad de los artículos 1
y 95 superiores, no puede desprenderse una obligación para el médico de
asistir al suicidio del paciente, también es cierto que impedírsele -
especialmente a través del derecho penal- asistir médicamente al suicidio del
paciente que así lo solicita, sería desconocer un principio y valor fundante
constitucional.
208. En un apartado final la Sala recuerda las diferencias entre la
despenalización y la regulación, para acotar el alcance de la decisión. De un
lado, la despenalización supone la exclusión de una conducta del catálogo de
delitos contemplados en un código penal, sin que ello impida tomar otro tipo
de medidas de política pública, ni pueda interpretarse como una fuente de
obligación correlativa. Por su parte, la regulación implica la implementación
de mecanismos y estructuras que permiten ejercer a cabalidad una actividad
determinada. Lo primero es el campo de acción de este tribunal en el caso de
la AMS, mientras lo segundo corresponde al legislador y el ejecutivo.
VII. Decisión
64
En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional,
administrado justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución
RESUELVE:
PRIMERO. Declarar EXEQUIBLE el inciso segundo del artículo 107 de la
Ley 599 de 2000 “Por la cual se expide el Código Penal”, en cuanto al verbo
rector prestar ayuda, por los cargos analizados, bajo el entendido de que no se
incurre en el delito de ayuda al suicidio cuando la conducta: (i) se realice por
un médico, (ii) con el consentimiento libre, consciente e informado, previo o
posterior al diagnóstico, del sujeto pasivo del acto, y siempre que (iii) el
paciente padezca un intenso sufrimiento físico o psíquico, proveniente de
lesión corporal o enfermedad grave e incurable.
SEGUNDO. Reiterar el EXHORTO al Congreso de la República efectuado
por esta Corte, entre otras, en las sentencias C-239 de 1997, T-970 de 2014, T-
423 de 2017, T-544 de 2017, T-721 de 2017, T-060 de 2020 y C-233 de 2021,
para que, en ejercicio de su potestad de configuración legislativa, avance en la
protección de la muerte digna, con miras a eliminar las barreras aún existentes
para el acceso efectivo a dicho derecho.
Notifíquese, comuníquese y cúmplase.
CRISTINA PARDO SCHLESINGER
Presidenta
Con salvamento de voto
NATALIA ÁNGEL CABO
Magistrada
DIANA FAJARDO RIVERA
MAGISTRADA
Aclaración de voto
JORGE ENRIQUE IBÁÑEZ NAJAR
Magistrado
Salvamento de voto
65
ALEJANDRO LINARES CANTILLO
Magistrado
Con aclaración de voto
ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO
Magistrado
PAOLA ANDREA MENESES MOSQUERA
Magistrada
Con salvamento de voto
GLORIA STELLA ORTIZ DELGADO
Magistrada
JOSE FERNANDO REYES CUARTAS
Magistrado
Con aclaración de voto
MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ
Secretaria General
66
ANEXO I
De acuerdo con el control constitucional de la ley penal sustancial ¿en qué proporción el legislador ha
actuado en el marco de su libertad de configuración de la ley y en qué medida la excedió?
C-587 de 1992
C-127 de 1993
C-008 de 1994 C-146 de 1994
C-038 de 1995
C-125 de 1996
C-070 de 1996
C-239 de 1997
C-015 de 1997
C-404 de 1998 C-148 de 1998
C-456 de 1999
C-083 de 1999
Se ha privilegiado la C-559 de 1999 La Corte ha
libertad de C-553 de 2001 limitado la libertad
configuración del C-177 de 2001 de configuración
legislador a través C-198 de 2002 C-1080 de 2002 legislativa por
de la C-806 de 2002 considerar que la
constitucionalidad C-356 de 2003 misma resultó
de las normas C-1068 de 2002 excesiva.
penales sustanciales C-042 de 2004
C-205 de 2003
C-665 de 2005
C-247 de 2004
C-820 de 2005
C-897 de 2005
C-335 de 2008
C-225 de 2009
C-240 de 2009
C-332 de 2010
C-876 de 2011
C-1185 de 2011 C-365 de 2012
C-241 de 2012
C-491 de 2012 C-472 de 2013
C-334 de 2013
C-239 de 2014
C-464 de 2014
C-368 de 2014
C-848 de 2014
C-143 de 2015
C-181 de 2016 C-026 de 2016 C-299 de 2016
C-105 de 2018 C-297 de 2016 C-107 de 2018
C-233 de 2019 C-120 de 2020
C-350 de 2021 C-233 de 2021 C-093 de 2021
C-294 de 2021
C-163 de 2021
67
ANEXO II
ASISTENCIA MÉDICA AL SUICIDIO EN EL MUNDO
¿En los países que no se castiga como delito la AMS o la eutanasia, dicha
despenalización ha sido por iniciativa jurisprudencial o legislativa?
PAÍS ¿ADMITE AMS O EUTANASIA O ORIGEN: LEGAL O
LAS DOS? JURISPRUDENCIAL
Bélgica. Ley del 28 de mayo de 2002 y Admite las dos Origen legal
Ley del 10 de noviembre de 2005
Países bajos Admite las dos: Origen jurisprudencial por sentencia de
la Corte Suprema Holandesa en 1984.
Luego se expide la Ley de verificación
de la terminación de la vida y suicidio
asistido.
Luxemburgo Admite las dos Legal
Canadá Admite las dos Origen jurisprudencial en sentencia
Carter v Canadá. Luego, en 2016 se creó
la Ley C-14
España Admite las dos Origen legal
Nueva Zelanda Admite las dos Referendo
Australia (Victoria y Western Australia) Admite las dos Origen legal
Suiza AMS Origen legal
Alemania AMS El Tribunal Constitucional Alemán
declaró inconstitucional el delito de
AMS en 2020
EEUU AMS Oregón: referendo
California: legislativo
Montana: jurisprudencial
Austria AMS Tribunal Constitucional declaró
inconstitucional el delito que castiga la
AMS en 2020
Italia AMS Corte Constitucional declara
inconstitucional la prohibición general
de la ayuda al suicidio desde 2018.
Origen jurisprudencial 6
Origen parlamentario 6
Referendo 2
Total 14
68
SALVAMENTO DE VOTO DE LA MAGISTRADA
CRISTINA PARDO SCHLESINGER
A LA SENTENCIA C-164/22
Con el habitual respeto por las decisiones mayoritarias de la Sala, salvo mi
voto por razones de fondo en el asunto de la referencia, con base en las
siguientes consideraciones, que ya había expresado en mi salvamento de
voto a la Sentencia C-233 de 2021:
En primer lugar, estimo que la autonomía, como manifestación de la
dignidad humana, es el eje de la argumentación jurídica para defender la
existencia del derecho a morir dignamente mediante la práctica del
homicidio por piedad o eutanasia, o mediante la ayuda al suicidio. Sin
embargo, la aceptación de la propia eutanasia o de la ayuda al suicidio no es
consistente con la defensa de la autonomía, porque el consentimiento al acto
eutanásico o la voluntad para acabar con la propia vida usualmente se dan en
circunstancias que, por definición, dificultan la libertad del consentimiento.
Paradójicamente, basta un consentimiento débil y cuestionable para la más
extrema e irreversible de las decisiones posibles.
A mi juicio, ciertamente la dignidad implica el derecho efectivo a
reestablecer la salud, mitigar el dolor e incluso la renuncia al procedimiento
médico, que se manifiesta, por una parte, en el derecho al tratamiento
curativo y paliativo y, por otra, en el derecho a no ser sometido a
tratamientos no consentidos. Pero estimo que ese derecho no puede
entenderse extensivo al acto de eutanasia ni a la solicitud de ayuda al
suicidio, cuyo objeto inmediato es la terminación de la vida, así sea para
evitar el dolor. La razón por la que no es posible entender que la acción
eutanásica o la solicitud de ayuda para el suicidio y la subsiguiente ayuda
médica puedan ser consideradas lícitas consiste fundamentalmente en que
tales acciones están naturalmente e inmediatamente dirigida a la terminación
de la vida. La orientación directa a acabar la vida no es distinguible de la
orientación a eliminar a la persona que vive, es una acción que intenta
suprimir a un sujeto digno, es decir, un atentado a la dignidad. Dicho de otro
modo, la defensa de la dignidad no es posible sin la existencia del sujeto
digno.
Fecha ut supra,
CRISTINA PARDO SCHLESINGER
Magistrada
69
SALVAMENTO DE VOTO DE LA MAGISTRADA
PAOLA ANDREA MENESES MOSQUERA
Referencia: Sentencia C-164 de 2022
Expediente D-14.389
Magistrado ponente:
Antonio José Lizarazo Ocampo
Con el acostumbrado respeto por las decisiones adoptadas por la mayoría de la
Sala Plena de la Corte Constitucional, a continuación expongo las razones por
las cuales decidí salvar el voto en la sentencia C-164 de 2022. En mi criterio,
la Corte debió declarar exequible el inciso 2º del artículo 107 del Código
Penal –Ley 599 de 2000–.
1. En el contexto actual en el que por vía jurisprudencial se permitió
la práctica de la eutanasia, no es desproporcionado mantener la
sanción penal por la ayuda efectiva que se presta para que una
persona cometa suicidio
Actualmente, con ocasión de la sentencia C-233 de 2021165, es factible que un
médico, sin incurrir en responsabilidad penal, cause la muerte de un paciente
que padece intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o
enfermedad grave e incurable, cuando este último ha expresado su
consentimiento libre e informado para dar por terminada su existencia. En este
contexto, considero que no es desproporcionado mantener la sanción penal por
la ayuda efectiva que se presta para que una persona cometa suicidio.
En primera medida, es importante resaltar que el delito de ayuda al suicidio es
un tipo penal distinto al de homicidio por piedad (eutanasia). Mientras el tipo
de ayuda al suicidio tiene un sujeto activo indeterminado y el verbo rector es
ayudar, el de homicidio por piedad, a partir del contenido normativo
incorporado por la Corte Constitucional a través del condicionamiento
establecido en la sentencia C-233 de 2021, excluye de la tipicidad a un sujeto
activo calificado –el médico– y el verbo rector es causar la muerte. Por lo
anterior, no son tipos penales equiparables y no existe una interdependencia
que exija un tratamiento homologado de los mismos, de sus causas,
condiciones de aplicación o circunstancias de agravación, atenuación y
eximentes de la responsabilidad penal.
165
Por medio de la cual se declaró la exequibilidad condicionada del artículo 106 del Código Penal, que
tipifica el delito de homicidio por piedad, en el entendido de que “no se incurre en el delito de homicidio por
piedad, cuando la conducta (i) sea efectuada por un médico, (ii) sea realizada con el consentimiento libre e
informado, previo o posterior al diagnóstico, del sujeto pasivo del acto, y siempre que (iii) el paciente
padezca un intenso sufrimiento físico o psíquico, proveniente de lesión corporal o enfermedad grave e
incurable”.
70
Teniendo en cuenta la diferencia descrita y que por vía jurisprudencial se
permitió la práctica de la eutanasia, no estimo que sea desproporcionado,
abiertamente inadecuado o contrario a nuestra Constitución, conservar el
delito de ayuda al suicidio en la legislación penal colombiana. En mi criterio,
el referido tipo penal, primero, persigue un fin constitucional imperioso que es
proteger el derecho a la vida; su finalidad no es someter a un trato indigno a la
persona que padece intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o
enfermedad grave e incurable. Segundo, la amenaza penal a quien facilita los
medios para que otro acabe con su propia vida es un medio conducente para
proteger el fin constitucionalmente imperioso. Tercero, no existe otro
mecanismo menos lesivo para prevenir o evitar que un tercero contribuya a
que otro afecte su derecho a la vida. Cuarto, en el escenario actual, en el que
es posible exigir la muerte propia a través de la eutanasia, no es
desproporcionada la sanción penal de la ayuda efectiva al suicidio; pues, la
afectación a los derechos a la dignidad humana y a la autonomía no es intensa
atendiendo que se cuenta con un recurso –eutanasia– para hacerlos efectivos,
mientras que la incidencia en el derecho a la vida sí es alta.
En este contexto, estimo que el Legislador no excedió el amplio margen de
libertad de configuración, tratándose de la protección de valores
constitucionales a través del derecho penal. Sumado a ello, es importante tener
en cuenta que a la fecha el Legislador no ha previsto la ayuda al suicidio como
una prestación para hacer efectivo el derecho a morir dignamente.
2. Era necesario conservar el tipo penal de ayuda al suicidio en la
legislación penal colombiana
La concepción normativa del tipo penal de ayuda al suicidio que plasmaba
originalmente el Código Penal, era indispensable para tutelar efectivamente el
derecho a la vida de quien actúa contra su propia existencia. A mi juicio, el
fallo desconoce las máximas de tutela y salvaguarda de la vida del practicante
del suicidio, bien jurídico que prevalecía en la legislación actual, y que se
anteponía frente a esos espacios facilitadores de la muerte. El que perpetra un
acto contra su propia vida es víctima de maniobras inductivas de personas que,
so pretexto en algunos supuestos de aliviar el dolor ajeno, conducen a la
víctima a la muerte.
No existe razón alguna que legitime servir como facilitador, llevando a la
víctima (quien se suicida) a gestionar su muerte. El que con inducción o ayuda
efectiva se suicida, no actúa bajo parámetros de autonomía o
autodeterminación que le permitan hacerse responsable exclusivo de su
muerte. La voluntad del ejecutor está diezmada por la maniobra inductiva o
colaborativa, actuando de manera enceguecida y conducida por quien de
manera consciente facilita lo suficiente para garantizar la muerte.
71
En verdad, no existe consentimiento del suicida en la medida en que no es
autónomo en la decisión y ejecución para consumar su muerte. Es el sujeto
activo del delito de ayuda al suicidio quien teniendo plenas facultades termina
imponiendo su voluntad, si se quiere menesterosa o solidaria algunas de las
veces, llevando de la mano a su víctima al precipicio de la muerte. Estas
circunstancias justificaban la preservación del juicio de reproche penal, y de
ninguna manera la condición asociada a una actividad como la medicina
convalida y hacen acorde a los principios y valores que defiende la
Constitución Política, la inducción, ayuda o apoyo efectivo para incentivar,
materializar o promover la muerte; efecto que termina por derivarse del
sentido del fallo adoptado.
Lo manifestado por la Corte en relación con las circunstancias de exclusión de
la responsabilidad penal en el homicidio por piedad no puede ser extrapolado
al tipo penal de ayuda al suicidio, por la razón esencial de que en el primero
existe consentimiento mientras que, en el segundo, no existe consentimiento
libre al estar afecto a la distorsión que causa sobre la voluntad de las víctimas
las maniobras inductivas o de ayuda efectiva.
Sin la ayuda efectiva el acto del suicida no se llevaría a cabo; esa
determinación de la voluntad motivaba por sí sola la preservación del tipo
penal en su redacción original incluyendo la circunstancia de atenuación
punitiva y sin que desparezca el delito, independientemente de quién lo
cometa –profesional en la salud o no–. Que sea o no profesional en la salud no
justifica, ni explica el trato desigual que se propone al excluirlos de
responsabilidad penal, máxime cuando en materia penal rige un modelo de
responsabilidad por el acto y no por la condición personal del perpetrador del
delito (artículo 29 de la Constitución Política de 1991).
3. El órgano de representación democrática es el encargado de
determinar la política criminal del Estado y el contenido del
derecho a morir dignamente.
A juicio de la suscrita magistrada, el órgano de representación democrática es
el llamado a determinar la política criminal del Estado y el contenido del
derecho a morir dignamente. En efecto, el Congreso de la República es el
lugar propicio para establecer, tras un amplio debate y a partir de lo que una
mayoría determine como más o menos lesivo, qué valores constitucionales
deben protegerse por conducto del derecho penal, así como el reproche que
merecen las conductas que se estiman penalmente prohibidas. En mi criterio,
es allí donde se puede establecer si una conducta es o no abiertamente lesiva e
intolerable para la sociedad, no es en la Corte Constitucional. De allí que la
Corte no deba incidir en dicha tarea, salvo que se establezca que se trata de
una medida desproporcionada, lo cual no ocurre con la tipificación de la
conducta de ayuda al suicidio, como lo expuse en el epígrafe 1 supra.
72
En el Congreso concurren delegados de múltiples sectores, con diferentes
concepciones e ideologías acerca de los derechos a la dignidad humana y a la
vida, en relación con el derecho a morir dignamente. En consecuencia, es allí
donde se puede discutir acerca de cómo conciliar el ejercicio de estos
derechos. Por último, es el escenario en donde es posible llevar a cabo el
arduo debate acerca de la forma en que puede ejercerse el derecho a morir
dignamente. En tal sentido, la Corte no está en posición de determinar, entre
otros aspectos, quién, por qué y de qué manera valida el consentimiento del
suicida cuando se trata prestar una ayuda efectiva, en lugar de practicar
directamente el procedimiento que conduce a la muerte.
En suma, para la suscrita magistrada, el tipo penal de ayuda al suicidio no es
desproporcionado en el contexto actual y cualquier debate en relación con
este, como forma de realizar el derecho a morir dignamente, debe surtirse a
instancias del Congreso de la República.
En los anteriores términos dejo sentadas las razones por las cuales salvo el
voto en la sentencia C-164 de 2022.
Fecha ut supra,
PAOLA ANDREA MENESES MOSQUERA
Magistrada
73
ACLARACIÓN DE VOTO DE LA MAGISTRADA
DIANA FAJARDO RIVERA
A LA SENTENCIA C-164/22
Referencia: Expediente D-14.389
Asunto: demanda de inconstitucionalidad
contra el inciso segundo del Artículo 107
de la Ley 599 de 2000, “por la cual se
expide el Código Penal”.
Demandantes: Lucas Correa Montoya y
Camila Jaramillo Salazar
Magistrado sustanciador:
ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO
1. Con el respeto acostumbrado por las decisiones de la Corte
Constitucional, presento las razones de mi aclaración de voto a la Sentencia C-
164 de 2022.
2. En la sentencia C-164 de 2022 la Corte estudió la constitucionalidad del
artículo 107 de la Ley 599 de 2000, que establece el tipo penal de inducción o
ayuda al suicidio. La Sala Plena, siguiendo el precedente establecido en la
Sentencia C-233 de 2021 (homicidio por piedad) declaró la constitucionalidad
de la norma, bajo el entendido de que esta no puede ser objeto de sanción
penal cuando concurren dos circunstancias: (i) la voluntad o consentimiento
del sujeto pasivo, y (ii) la existencia de una enfermedad grave e incurable que
produce intenso dolor y sufrimiento, también del sujeto pasivo.
3. Comparto esta decisión, pues, en efecto, entre los artículos 106
(homicidio por piedad) y 107 (inducción o ayuda al suicidio) del Código Penal
existe unidad de materia y, en consecuencia, deben tener el mismo trato
jurídico. Infortunadamente, en el aparte conclusivo de la sentencia, la Sala se
abstuvo de diseñar remedios judiciales destinados a superar las barreras de
acceso al ejercicio del derecho, ya identificadas por la Corte Constitucional,
tanto en el conocimiento de acciones de tutela, como en la Sentencia de
constitucionalidad C-233 de 2021.
4. La omisión de estos remedios adicionales se opone a la función del juez
constitucional de maximizar la eficacia de los derechos fundamentales, y
contradice, sin fundamento alguno, la orientación definida en la Sentencia C-
233 de 2021, en la que se incluyó un exhorto al Congreso de la República para
que expida una regulación integral sobre el acceso al derecho a morir
dignamente y se advirtió, desde la parte motiva, que el Gobierno Nacional
74
debe actualizar su regulación, de manera que elimine las barreras de acceso; o
en la Sentencia C-055 de 2022, en la que se ordenó avanzar en el desarrollo de
un sistema de salud pública digno para garantizar el acceso oportuno a la
interrupción voluntaria del embarazo.
Suicidio asistido o asistencia médica al suicidio
5. Por otra parte, la Sala Plena asumió, en la Sentencia C-164 de 2022, que
la norma penal analizada se refiere a la asistencia médica al suicidio, de modo
que restringió el alcance de su decisión a aquellos casos en los que la ayuda al
suicidio es prestada por un profesional de la medicina. Esta orientación es
insuficiente para resolver el problema jurídico puesto en consideración de la
Sala, puesto que el tipo penal colombiano utiliza un sujeto activo
indeterminado, de modo que no resulta evidente que la disposición se haya
redactado exclusivamente para regular la situación de los médicos.
6. Era muy importante, por lo tanto, que la Sala extendiera el
pronunciamiento tanto a otros profesionales de la salud como las profesionales
en enfermería, quienes desempeñan un rol esencial en el cuidado de pacientes
con enfermedades graves e incurables; y que sentara una posición acerca del
supuesto en que la ayuda no la prestan profesionales a la salud, sino otras
personas, como los allegados al sujeto pasivo.
7. En consecuencia, aunque la decisión adoptada es sin duda adecuada e
incluso necesaria, existen algunas insuficiencias que deberán colmarse en
futuras providencias o cuando, finalmente, los órganos de configuración
política cumplan los exhortos dirigidos desde la Corte para materializar
plenamente el derecho fundamental a morir dignamente.
Fecha ut supra,
DIANA FAJARDO RIVERA
Magistrada
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