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Cap 01

El documento aborda la importancia de la inteligencia emocional en el ámbito educativo, destacando su impacto en la práctica docente y el desarrollo integral de los estudiantes. Se plantea la necesidad de que los educadores desarrollen habilidades emocionales para mejorar el ambiente de aprendizaje y la relación con los alumnos, así como la urgencia de una formación adecuada en competencias emocionales. Finalmente, se establece un objetivo de investigación para proponer lineamientos teóricos que fortalezcan la inteligencia emocional en docentes de educación básica primaria en Santa Marta, Colombia.

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Cap 01

El documento aborda la importancia de la inteligencia emocional en el ámbito educativo, destacando su impacto en la práctica docente y el desarrollo integral de los estudiantes. Se plantea la necesidad de que los educadores desarrollen habilidades emocionales para mejorar el ambiente de aprendizaje y la relación con los alumnos, así como la urgencia de una formación adecuada en competencias emocionales. Finalmente, se establece un objetivo de investigación para proponer lineamientos teóricos que fortalezcan la inteligencia emocional en docentes de educación básica primaria en Santa Marta, Colombia.

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CAPÍTULO I

EL PROBLEMA

1. Planteamiento del Problema

La inteligencia emocional ha cobrado en los últimos tiempos mucho auge


en el escenario educativo, donde los educadores a través de la conciencia de
las emociones que sienten y manejan pueden producir cambios satisfactores
en el desarrollo de su práctica laboral, sobre todo, porque a partir de una
actuación eficaz se accede a una excelente calidad al establecer contacto
con otras personas de cara a proporcionar entornos agradables donde se
desenvuelven docentes y estudiantes.
Al respecto, Fernández y Ruiz (2008) admiten que educar en la
inteligencia emocional se convertido en una tarea necesaria en el ámbito
educativo y la mayoría de los padres y docentes consideran primordial el
dominio de estas habilidades para el desarrollo evolutivo y socioemocional
de los alumnos.
Desde esta perspectiva, resulta interesante comprender que poseer
habilidades emocionales implica contar con un docente capacitado para
resolver los problemas que constantemente se suscitan en el aula de clase,
teniendo presente que cada estudiante revela conductas distintas unos de
otros, motivo por el cual le es indispensable conocer efectivamente desde lo
intra e interpersonal para actuar conscientemente en la formación integral de
los niños y niñas.
En este orden de ideas, Palomera, Fernández y Brackett (2008) plantean
que los diferentes profesionales que integran el sistema educativo han
comprendido la importancia de los sentimientos en el desarrollo integral de

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sus alumnos y en su propio quehacer diario por lo que reclaman la necesidad


de promover no solo el desarrollo de los niños y jóvenes a nivel académico
sino también desarrollar competencias sociales y emocionales a éstos.
Desde esta perspectiva, Sutton y Wheatly (2003) admiten que las
habilidades emocionales en los docentes es fundamental para su propio
bienestar personal y para su efectividad, sobre todo a la hora de llevar a
cabo los procesos de enseñanza y de aprendizaje del aula de modo general,
así como el desarrollo socio – emocional en los alumnos.
Lo anterior implica desde el ámbito educativo, promover en los
educadores el desarrollo de habilidades emocionales en el contexto escolar,
pues resulta interesante emplear metodologías efectivas para llevar a cabo
los propósitos de la educación, con la finalidad de integrarla en la actividad
de enseñanza de los niños, logrando así la cohesión social, aprendizaje y
bienestar emocional en los infantes.
Asimismo, potenciar en habilidades emocionales a los docentes implica
contar con escuelas emprendedoras donde el educador se constituye en un
agente de cambio en constante formación, lo cual le permitirá fortalecer sus
habilidades socio-emocionales mediante programas de formación diseñados
al conocimiento de sus emociones, conducentes a acciones y sistemas
poderosos que permiten responder al entorno, dirigiendo la conciencia a
mover a las personas hacia el cambio de actitud.
Con base a lo anterior, Brackett y Caruso (2007) admiten que los
educadores son conscientes del papel que juegan las emociones en su
trabajo diario. Lo anterior indica, que tanto las emociones como las
habilidades relacionadas con su manejo, afectan a los procesos de
aprendizaje, a la salud mental y física de las relaciones sociales y el
rendimiento académico laboral, sobre todo si no se manejan efectivamente
para producir los cambios deseados en los niños escolares.
Cabe destacar, que la docencia es una de las profesiones más
estresantes, sobre todo porque involucra un trabajo diario además de un
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gran esfuerzo para regular no solo sus propias emociones en el contexto del
aula de clase sino también las interacciones sociales de estudiantes, padres
y compañeros de trabajo.
Desde esta perspectiva, se requiere una adecuada formación en
competencias emocionales, siendo necesaria para que niños y docentes
puedan adaptarse con éxito al contexto donde se desenvuelven. De igual
modo, no sólo es importante para desarrollar competencias en los
estudiantes o prevenir desajustes en la salud mental del profesorado, sino
que a través de estas se creen entornos favorecedores de aprendizaje.
Desde este marco, los contextos escolares requieren docentes no sólo
con competencias que desarrollen la cognición, las habilidades manuales y
actitudes, por medio de las cuales se pueda garantizar el desenvolvimiento
personal y social y la adecuación de sus propias necesidades, sino que
también son fundamentales, pues contribuyen a la obtención de resultados
de alto valor personal y social, puesto que son aplicables en todos los
ámbitos socio-educativos.
Atendiendo a lo expresado, Goleman (1999) señala que es urgente la
necesidad de aprender a dominar las emociones, a dirimir pacíficamente las
disputas y a establecer en suma mejores relaciones con los semejantes. En
efecto, poseer habilidades emocionales conlleva a tener control sobre
situaciones cotidianas y resolver con aplomo los problemas devenidos de las
interacciones sociales.
Asimismo, según el citado autor la inteligencia emocional proporciona a
las personas destrezas, habilidades y capacidades para modular sus propias
energías e impulsos, de modo que estos representen una mejor calidad de
vida, un mayor progreso educativo y un mejor desempeño tanto en el campo
personal como en el laboral.
En este mismo orden de ideas, Pérez (2011, p. 38) refiere sobre “el
urgente papel de alfabetizar emocionalmente o conocer los propios
sentimientos y de los demás para que todos puedan llevar una vida
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emocionalmente sana y llegar a ser capaces de amar, debería ser


responsabilidad de toda la sociedad…”
En tal sentido, el autor admite que se educa o deseduca con la conducta
que se asume en determinado momento, siendo esto vital en el
modelamiento que asumen los docentes durante la actividad formativa, razón
por la cual la escuela es complemento de dicho modelaje. Sin embargo, es la
familia quien inicia con este proceso de educación, es decir, bajo su
responsabilidad se necesita dirigir cada vez más el componente afectivo
(sentimientos y acrecentamiento del amor).
El señalado autor plantea que padres y docentes deberían preocuparse
más por la felicidad de sus hijos y estudiantes, por su autoestima y
autoconfianza, por su capacidad de gestionar sus emociones, por la
capacidad de relacionarse positivamente con los demás, que por sus notas
que sólo suelen expresar mero rendimiento académico. Lo anterior supone
repensar la educación, pues ello implica concentrar esfuerzos para asegurar
un cambio profundo en la forma de educar, lo cual desde el contexto escolar
comienza por comprender el verdadero rol a asumir para que esta se
considere integral, siendo importante empezar por el desarrollo emocional de
los niños y niñas.
Desde esta perspectiva, se requiere un docente con una tarea genuina
de educar integralmente a través de la inteligencia emocional, por tanto es
prioridad que esté dotado de cualidades emocionales, por medio de las
cuales llegue a comprender las conductas que reflejan sus estudiantes, hasta
el punto de incidir favorablemente en estos durante el desempeño de las
actividades escolares.
Según Pérez (2011), para que un estudiante lleve una existencia digna y
feliz, se requiere contar con un personal docente comprometido con la tarea
de educar, con el propósito que los escolares puedan responder
efectivamente a las exigencias devenidas de orden académico sobre la base
de un conjunto de habilidades y destrezas emocionales.
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El autor antes señalado, enfatiza en una serie de características que


cualifican al estudiante como un ser inteligente, porque; poseen un buen
nivel de autoestima, aprenden más y mejor, presentan menos problemas de
conducta, se sienten bien consigo mismo, son personas positivas y
optimistas, tienen la capacidad de entender los sentimientos de los demás,
resisten mejor la presión de sus compañeros, superan sin dificultad las
frustraciones, resuelven bien los conflictos, son felices, saludables, y tienen
éxito. No obstante, para que esto sea posible se necesita fortalecer la
inteligencia emocional en los docentes, por tanto es un compromiso
comprender los propios sentimientos, así resultará más fácil comprender a
los demás.
A los efectos de lo anterior, Sambrano (2014) manifiesta que un docente
con inteligencia emocional provee a sus alumnos un ambiente apropiado y
cálido para el aprendizaje placentero y propio. En un clima de aceptación, las
personas aprenden sin estrés y se genera un ser con estima y autoconfianza,
ello repercute mejorando al proceso de enseñanza – aprendizaje y por tanto
la capacidad de respuesta a situaciones adversas en entornos cotidianos
serán las más apropiadas.
Todos los señalamientos realizados anteriormente, se contextualizan en
Colombia donde Calle, Remolina y Velásquez (2011), admiten según
informaciones suministradas en el Informe de Delors (1996) que el papel de
las emociones hace énfasis en la exigencia de educar la dimensión del ser
humano paralelamente con la dimensión cognitiva, compromiso en que debe
centrarse el sistema educativo.
Sobre la base de lo expuesto, se infiere que la inteligencia emocional
interactúa efectivamente con la cognitiva en los procesos de aprendizaje, así
como en la vida cotidiana; lo cual quiere decir, que no es posible excluir lo
afectivo y emocional en la formación de la persona, en las actividades
laborales, en la convivencia y específicamente en las relaciones
interpersonales, sobre todo en el desarrollo integral del ser. En tal sentido,
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los docentes requieren conocer los procesos que se producen en el cerebro


para desarrollar estrategias curriculares y de aula que contribuyan al
fortalecimiento del desarrollo integral de los escolares.
De acuerdo con lo anterior, la formación integral de los estudiantes es
necesario asumirla desde una perspectiva compleja que abarca elementos
relacionados con la conducta de los estudiantes. Por consiguiente, la
inteligencia emocional en el docente está asociada también a factores
psicológicos que intervienen directamente en la dinámica de interacción entre
educador – estudiante. Desde esta perspectiva, la motivación es vital para
lograr un clima agradable, cordialidad y de respecto, centrada no sólo en la
atención a requerimientos y necesidades de los escolares, sino también en el
componente afectivo como activador del desarrollo integral.
Por otro lado, Gómez (2014) señala el papel importante del docente en el
proceso de formación, enfatizando que quienes educan deben poseer la
capacidad para contribuir con la formación de la personalidad de sus
estudiantes de forma integral incluyendo el manejo emocional. Este
presupuesto implica formar tanto en el desarrollo físico, moral, social e
intelectual lo que se conoce hoy como el saber conocer, saber hacer y el ser
de la persona, exigencias actuales a las que se enfrentan los docentes en la
actualidad.
De cara a ello, es indispensable contar según Buitiagro (2012), con
individuos emocionalmente sanos para ejercer la profesión docente, aspecto
que implica dos acciones, la primera se refiere a los formadores de
educadores, conocer y manejar diferentes personalidades, así como, estados
emocionales para estar en resonancia con los estudiantes que se preparan
para el aula. Por otro lado, se requiere examinar la personalidad y
características emocionales de las personas que se presentan a los
programas de formación docente.
En esa dirección, la inteligencia emocional es muy importante en el grupo
de docentes, debido a que el afecto positivo se ve reflejado en los
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sentimientos hacia sí mismo y su contexto. En consecuencia, es necesario


desarrollar competencias emocionales en los docentes para fortalecer su
bienestar y rendimiento laboral, lo que sin duda incidirá positivamente en el
desarrollo de sus estudiantes.
El planteamiento esbozado, de igual modo se contextualiza en
instituciones educativas de primaria del distrito de Santa Marta, donde al
parecer las conductas que se suscitan por parte de los docentes en el
contexto escolar proclive en prácticas inadecuadas en la atención de los
estudiantes durante el proceso de aprendizaje. Todo ello refleja incapacidad
para manejar situaciones con relación a las emociones manifestadas durante
el desarrollo de actividades académicas.
Lo anterior, forma parte de las apreciaciones focalizadas por la
investigadora, quien en encuentros periódicos con compañeros de trabajo ha
observado el deterioro de las relaciones interpersonales entre docente y
estudiante, el aumento de niveles de violencia de los estudiantes, la falta
compromiso del representante en compartir la labor formativa, lo cual
probablemente afecte el desempeño laboral y por ende el rendimiento de
niños y niñas.
En cierto modo, las conductas disruptivas reveladas por los estudiantes
durante su proceso de aprendizaje pudiesen tener sus causas en la
formación que reciben en el hogar, pues en señalamientos anteriores se
enfatizó que la educación familiar es clave en el desarrollo integral de niños y
niñas, por tanto los efectos se suscitan en el aula de clase, manifestando
poca comprensión, falta de motivación, tolerancia y de respeto, así como,
desapego, desatención y desinterés en las tareas planificadas.
Considerar las apreciaciones anteriores, implicó por parte de la
investigadora registrar de manera informal algunos eventos sobre los cuales
se pueden concretar las siguientes causas, en tal sentido, se presume por
parte de los docentes pocas destrezas, habilidades y capacidades para
manejar sus propias emociones, sobre todo cuando se enfrentan a
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situaciones en las cuales los estudiantes se encuentran distraídos,


desmotivados, con baja autoestima y autoimagen.
Como consecuencia, se refleja un desempeño laboral que poco
contribuye a establecer interacción social entre los estudiantes,
desorientación en cuanto al contenido a abordar, aprendizajes poco
significativos y atractivos a sus necesidades. A su vez, otra causa que
probablemente esté afectando el sano desenvolvimiento de la rutina
educativa es el descontrol emocional en los educadores durante la ejecución
de la clase, generando con ello estrés, descontextualización de los
propósitos académicos y desorientación de la actividad escolar.
Similarmente, en el ámbito educativo pareciese revelarse relaciones
sociales inestables, lo cual conduciría a conflictos, depresión, descenso del
autoestima y pocos aprendizajes en los estudiantes, toda vez, que se
prescinde de una educación centrada en la formación en valores como
consecuencia del déficit de atención en el estudiante.
De seguirse generando los aspectos señalados, se revela un contexto
educativo dominado por estados de ánimo negativos y hasta probablemente
agresivos, donde el pesimismo y quejas serán determinantes de conductas
poco cónsonas de una educación de calidad, más aun se mostraría una
actitud problemática entre estudiantes.
De ahí, que los educadores se enfoquen por crear un clima positivo,
optimista, motivador de verdadera comunicación con los estudiantes, siendo
importante para relativizar los problemas y manejar adecuadamente los
conflictos. Todo lo anterior, lleva a la necesidad de realizar una investigación
con el fin de proponer lineamientos teóricos centrados al fortalecimiento de la
inteligencia emocional en docentes para la formación integral de niños de
educación básica primaria en instituciones del distrito de Santa Marta –
Colombia.
De tal manera, los esfuerzos se concentran a consolidar mecanismos
viables y procedimientos pertinentes para impulsar la actividad del personal
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docente hacia una educación de calidad, procurando el mejoramiento


continuo, así como la adquisición de competencias en inteligencia emocional
lo cual privilegie las actuaciones de los estudiantes durante el proceso de
aprendizaje de acuerdo a las características que debe poseer la escuela
como espacio de formación integral.

2. Formulación del problema

¿Cuáles son los lineamientos teóricos necesarios para el fortalecimiento


de la Inteligencia emocional en docentes para la formación integral de niños
de educación básica primaria en instituciones del distrito de Santa Marta -
Colombia?

3. Objetivos de la Investigación

3.1. Objetivo General

Proponer lineamientos teóricos centrados al fortalecimiento de la


Inteligencia emocional en docentes para la formación integral de niños de
educación básica primaria en instituciones del distrito de Santa Marta -
Colombia

3.2. Objetivos Específicos

Identificar las dimensiones de la inteligencia emocional en los docentes


de educación básica primaria del distrito de Santa Marta – Colombia.
Definir las habilidades de inteligencia intrapersonal en los docentes de
educación básica primaria del distrito de Santa Marta – Colombia.
Describir las habilidades de inteligencia interpersonal en los docentes de
educación básica primaria del distrito de Santa Marta – Colombia.
Caracterizar las estrategias didácticas para favorecer la formación
integral de niños de educación básica primaria del distrito de Santa Marta –
Colombia.
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Formular lineamientos teóricos centrados al fortalecimiento de la


Inteligencia emocional en docentes para la formación integral de niños de
educación básica primaria del distrito de Santa Marta – Colombia.

4. Justificación de la Investigación

La presente investigación concentra una serie aspectos orientados al


interés por adquirir y transferir nuevos conocimientos asociados a la
inteligencia emocional en docentes para la formación integral de niños de
educación básica, a partir de los cuales se profundiza la problemática
focalizando las actuaciones del docente y estudiante como actores
implicados en el acto formativo, de modo especial para los docentes en
cuanto a la adquisición de nuevas herramientas en el manejo de las
emociones de manera efectiva para la atención a las necesidades propias
del acontecer diario.
Asimismo, esta investigación es pertinente pues aborda la inteligencia
emocional en docentes para la formación integral en niños, siendo esta
variable necesaria para contrarrestar los episodios de conflictos suscitados
en la dinámica escolar, lo cual para el contexto colombiano es sumamente
relevante, presentándose así como un eje transversal tanto en los objetivos
organizacionales establecidos a nivel del centro educativo, así como, por las
políticas emanadas desde los documentos rectores del Ministerio de
Educación Nacional, toda vez que se requiere impulsar una educación
integral bajo parámetros de calidad, lo cual favorece el logro de las metas de
manera eficiente y efectiva.
Desde este marco, la investigación ofrece un abordaje teórico relevante a
partir de la comprensión de la variable; inteligencia emocional en docentes
para la formación integral de niños, sobre la base del cual se fortalecen los
postulados epistemológicos en torno a las acciones emanadas por docentes
y estudiantes de los contextos investigados. Del mismo modo, favorece el
desarrollo de un cuerpo teórico estructurado por dimensiones pocas veces
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integradas en un estudio, lo cual reviste de significancia a los contextos


investigados.
Desde la perspectiva práctica, su aporte se perfila en la configuración de
un conjunto de lineamientos teóricos con los cuales se potenciarán las
acciones de los docentes, en el manejo adecuado de sus emociones para el
desarrollo de aprendizajes integrales en los estudiantes. Del mismo modo,
posibilita el surgimiento de una nueva dinámica que permite conducir la
práctica pedagógica atendiendo a las necesidades reales de los escolares,
considerando pasos y procedimientos acordes tanto al nivel cognitivo y
socioemocional de estos.
En cuanto al aporte metodológico, la investigación ha concebido un
diseño sobre la base del cual se ha construido científicamente cada una de
las etapas del estudio, focalizado en una metodología con enfoque positivista
que permite medir el conocimiento y las actitudes de los sujetos, a través de
un instrumento sistematizado con reactivos originados de los constructos
teóricos de la investigación.
Desde el punto de vista social, la investigación beneficia a toda la
comunidad escolar; principalmente a docentes y estudiantes, pues repercute
en la calidad educativa de la institución. En este sentido, se fortalecerán los
educadores en competencias socioemocionales, valorización de las
estrategias didácticas, atención a las necesidades de los estudiantes, así
como también, el estudio se traducirá en favor de los escolares articulando
esfuerzos para el desarrollo de la motivación, el interés y atención, lo cual
tendrá repercusiones para alcanzar mejores aprendizajes en los estudiantes.

5. Delimitación de la Investigación

La investigación se delimitó espacialmente en tres (03) instituciones


educativas del distrito Santa Marta Departamento del Magdalena, Colombia,
concretamente en las instituciones educativas; Santa Marta, Edgardo Vives
Campo y Liceo del Saber, considerando como sujetos de estudio al personal
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docente. Temporalmente esta abarcó un tiempo comprendido entre Marzo de


2015 a Enero de 2017.
En cuanto a la delimitación temática, esta se circunscribe en línea
matricial: Educación y desarrollo y en la línea potencial: Gerencia educativa
para ofrecerle soporte científico la variable integrada; Inteligencia emocional
en docentes para la formación integral de niños, la cual está sustentada con
las teorías de Fernández y Ruiz (2008), Goleman (1999), Sambrano (2014),
Palomera, Fernández y Brackett (2008), Mestre y Fernández, (2007), entre
otros. Todo ello, enmarcado en la secuencia operativa del enfoque
epistemológico empírico – inductivo.

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