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Composición y Funciones de la Sangre

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Sistema Cardiovascular 2

Composición de la sangre

La sangre está formada por el plasma y los elementos celulares –eritrocitos,


leucocitos y plaquetas – que se hallan suspendidos en el plasma.
La volemia, o volumen sanguíneo total, es de alrededor del 8% del peso corporal total,
lo que equivale a 5,6 litros en un hombre de 70 Kg.
Aproximadamente el 55% de la volemia corresponde al plasma y el 45% restante, a las
células sanguíneas.

El porcentaje de sangre que corresponde a las células se llama hematocrito. El


hematocrito se determina centrifugando sangre en un tubo calibrado. La calibración
permite la lectura directa del porcentaje de células.
La viscosidad (resistencia al flujo) de la sangre normal es aproximadamente tres veces
la del agua. Un hematocrito aumentado incrementa notablemente la viscosidad de la
sangre.

El pH de la sangre es ligeramente alcalino, de 7,35 para la sangre venosa y 7,4


para la sangre arterial.
Plasma

El plasma es una solución constituida por un 90% de agua y un 10% de solutos.


Entre los solutos se halla un inmenso número de iones, moléculas
inorgánicas y moléculas orgánicas en tránsito hacia diversas partes del cuerpo o que
ayudan en el transporte de otras sustancias.
Las proteínas plasmáticas constituyen la mayor parte de los sólidos del plasma.
Muchas de ellas son sintetizadas en el hígado. Las proteínas plasmáticas no son
sustancias en tránsito, sino que funcionan dentro del torrente circulatorio.
La albúmina es la proteína más abundante del plasma. Presenta muchos grupos
reactivos en su molécula, lo que explica su capacidad para unirse a una gran variedad
de sustancias. A través de la formación de complejos, la albúmina funciona
como transportador de ácidos grasos, pigmentos biliares, hormonas esteroides, etc.
La albúmina es también la proteína plasmática que más contribuye a la mantención de
la presión oncótica.

La concentración de albúmina en el plasma puede verse alterada en procesos


patológicos, como la desnutrición, la insuficiencia hepática (en las cuales disminuye su
síntesis) o la nefrosis (alteración renal que permite su excreción).
El fibrinógeno constituye entre el 4 y el 6% de las proteínas del plasma. Tiene un papel
fundamental en la coagulación.

Las lipoproteínas son complejos que permiten el transporte de lípidos


hidrofóbicos en el plasma. Los triglicéridos o ésteres de colesterol, totalmente apolares,
se ubican en el centro, mientras que las proteínas y los lípidos anfipáticos, como
fosfolípidos y colesterol libre, se ubican en la periferia de las lipoproteínas.
Médula ósea y hematopoyesis

Se denomina hematopoyesis o hemopoyesis a la formación de las células


sanguíneas. En el feto, los órganos hematopoyéticos son el hígado y bazo. En
el niño, las células sanguíneas se originan en la médula ósea, un tejido blando ubicado
en las cavidades de todos los huesos. Alrededor de los 20 años, parte de la médula
ósea se vuelve inactiva, se infiltra de grasa y se denomina médula amarilla. La médula
roja es la parte de la médula ósea que se conserva activa.
La médula ósea activa contiene células madre pluripotenciales que se dividen y se
diferencian dando origen a los distintos tipos de células sanguíneas.

Eritrocitos

Los eritrocitos, también llamados glóbulos rojos o hematíes, son discos


bicóncavos que, en los mamíferos, pierden su núcleo antes de pasar a la circulación.
Su vida media en la sangre es de aproximadamente 120 días. En promedio, se cuentan
alrededor de 4,5 millones de eritrocitos por microlitro o milímetro cúbico (mm3) de
sangre en la mujer y 5,5 millones en el varón.
Los eritrocitos contienen la hemoglobina, un pigmento rojo encargado
del transporte de oxígeno, y en menor medida de dióxido de carbono, en la sangre. La
hemoglobina es una proteína conjugada formada por cuatro cadenas polipeptídicas de
globina, cada una de las cuales está unida a un grupo químico denominada hemo (el
grupo prostético o no proteico de la proteína). En el centro del grupo hemo hay un átomo
de hierro, donde se enlaza la molécula de oxígeno.
Al cabo de su ciclo vital, cuando los glóbulos rojos son destruidos por los macrófagos,
el hierro de la hemoglobina es reciclado y los restos del grupo hemo se convierten
en bilirrubina libre, liberada hacia el plasma. Una parte de la bilirrubina será excretada
finalmente por riñón y otra parte a través de la bilis.

Las anemias son un grupo de enfermedades que obedecen a múltiples causas


y se caracterizan por una disminución en el número de glóbulos rojos y/o la
concentración de hemoglobina en sangre.

La policitemia es el aumento en el número de glóbulos rojos. Una policitemia fisiológica


es la respuesta de adaptación a ambientes en donde existe una baja presión parcial de
oxígeno, por ejemplo, lugares situados a grandes altitudes.
Leucocitos

Los leucocitos (glóbulos blancos) son células nucleadas, cuyo número oscila
entre 4.000 y 11.000 por microlitro de sangre.
Actuando en conjunto, los leucocitos proporcionan al cuerpo mecanismos para
la defensa contra los tumores y las infecciones virales, bacterianas y parasitarias.
Los glóbulos blancos se clasifican en dos series: granulocitos, que incluyen a los
neutrófilos, basófilos y eosinófilos, y agranulocitos, representados por los monocitos y
los linfocitos.

La fórmula leucocitaria relativa indica los porcentajes normales de cada tipo de


leucocito en sangre.
La vida media varía según la clase de leucocito y oscila entre unas 6 horas para los
neutrófilos y hasta varios años, para algunos linfocitos.

Fórmula leucocitaria relativa


Serie Leucocito Porcentaje
Neutrófilo
o
60 - 65 %
Polimorfonuclear
Granulocitos (PMN)
Eosinófilo 1-4%
Basófilo 0,5 %
Linfocito 20 -30 %
Agranulocitos
Monocito 4 -8 %

Los granulocitos presentan gran cantidad de gránulos (lisosomas), que se tiñen


con distintos tipos de colorantes (neutros, ácidos o básicos), de donde derivan sus
nombres. Todos los granulocitos poseen en sus gránulos la enzima mieloperoxidasa,
que cataliza la formación de iones como el ClO- (hipoclorito), los cuales ayudan a la
destrucción de las bacterias.
Los neutrófilos buscan, ingieren y matan a las bacterias. Son la primera línea de
defensa ante las infecciones.
Los eosinófilos participan en la defensa contra los parásitos
Los basófilos contienen gránulos con histamina y heparina e intervienen en las
reacciones de hipersensibilidad.

Granulo
Neutrófilos Basófilos Eosinófilos
citos

Esquem
a

• 1 • 1 • 1
2 - 16 2 - 15 2 - 15
micrómetros micrómetros micrómetros
• n • n • n
úcleo úcleo bi- úcleo
Caracter segmentado trilobulado bilobulado
ísticas (2 a 5 lóbulos) • g • g
• g ránulos que se ránulos que se
ránulos que se tiñen de color tiñen de rojo
tiñen de color azulado intenso
rosado

Los linfocitos llevan adelante la respuesta inmune específica.


Los monocitos circulan durante 24 horas y luego ingresan a los tejidos, para convertirse
en macrófagos tisulares. Son movilizados junto con los PMN durante la respuesta
inflamatoria, constituyendo la segunda línea de defensa.

Agranulocito Linfocitos Monocitos

Esquema

• 5- • 12-20
18 micrómetros micrómetros
• el • núcleo
Características núcleo ocupa en herradura
casi toda la
célula

Plaquetas

Las plaquetas o trombocitos son pequeños cuerpos granulosos originados por


fragmentación de los megacariocitos (células gigantes) de la médula ósea.
Se encuentran alrededor de 300.000 plaquetas por microlito de sangre y su vida media
es de 4 días.
Las plaquetas participan de los mecanismos de hemostasia, que se ponen en marcha
cuando se produce la lesión de un vaso sanguíneo, como defensa para evitar la
pérdida de sangre.

Aunque no tienen núcleos ni se reproducen, las plaquetas conservan muchas


funciones de las células completas. Contienen mitocondrias, donde sintetizan ATP;
cisternas del RE y el aparato de Golgi, donde reservan calcio y sintetizan enzimas;
producen moléculas señalizadoras, como las prostaglandinas, que actúan localmente;
cuentan con un aparato contráctil de actina y miosina; secretan el factor de crecimiento
derivado de plaquetas, mitógeno que actúa sobre células endoteliales, del músculo liso
y fibroblastos.
El glucocáliz de la membrana plaquetaria se adhiere al endotelio lesionado y,
especialmente, a cualquier tipo de colágeno expuesto.

Cuando se produce una lesión en un vaso sanguíneo, los mecanismos


hemostáticos que se accionan son:

1) Espasmo vascular. Es la contracción del músculo liso vascular, lo que ocasiona la


disminución del diámetro del vaso (vasoconstricción). La vasoconstricción es una
respuesta refleja ante el dolor. También está mediada por la liberación del tromboxano
A2 secretado por las plaquetas.
2) Tapón plaquetario. El contacto con la superficie endotelial lesionada provoca en las
plaquetas cambios drásticos: se contraen, emiten pseudópodos (prolongaciones
dirigidas internamente por los microfilamentos de actina), su superficie se hace más
adhesiva, y segregan ADP y tromboxano A2, lo que provoca el reclutamiento de más
plaquetas. Las plaquetas adheridas a la pared vascular forman el tapón, que puede ser
efectivo para frenar la pérdida de sangre en pequeñas lesiones.

3) Coagulación.

El coágulo aparece a los 5 ó 20 segundos en traumatismos intensos o después


de 1 ó 2 minutos, en traumatismos leves. La lesión vascular activa una compleja
cascada de reacciones, donde están implicadas las plaquetas, el calcio y más de una
docena de factores de la sangre, los cuales originan el complejo activador de la
protrombina. Sustancias liberadas de los tejidos lesionados también pueden iniciar el
proceso de coagulación. Así, se distinguen una vía intrínseca, en la cual todos los
factores que participan se encuentran en la sangre, y una vía extrínseca, que utiliza un
factor procedente de los tejidos lesionados. La protrombina es una proteína plasmática
que, una vez activada, se desdobla, formando la trombina. Esta molécula tiene
actividad enzimática y cataliza la conversión del fibrinógeno a fibrina, polimerizando
las moléculas de fibrinógeno en un lapso de 10 a 15 segundos. El coágulo está formado
por una red de fibras de fibrina, donde quedan atrapadas las plaquetas, otras células
sanguíneas y el plasma. La fibrina se adhiere también a la abertura vascular y evita así
la pérdida de sangre.
La protrombina es sintetizada en el hígado. La síntesis de protrombina y de otros
factores de la coagulación es dependiente de vitamina K. Las hepatopatías y la
carencia nutricional de vitamina K pueden traducirse en una tendencia a las
hemorragias.

Pocos minutos después de formarse, el coágulo se retrae, exprimiendo el


líquido que estaba en su interior. El líquido exprimido es el suero: es la parte que queda
del plasma al perder el fibrinógeno y los factores de la coagulación. Las plaquetas,
adheridas a las fibras de fibrina, causan la retracción del coágulo al contraer su
citoesqueleto.
La fibrinólisis o destrucción del coágulo se produce cuando los tejidos y el endotelio
lesionado liberan un activador de plasminógeno, que convierte al plasminógeno o
profibrinolisina en plasmina o fibrinolisina. Ésta tiene actividad proteolítica sobre las
fibras de fibrina.

4) Proliferación del tejido fibroso. El factor de crecimiento derivado de


plaquetas estimula el crecimiento del tejido que cerrará definitivamente la herida.

Sistema Linfático

Los capilares sanguíneos están interpuestos entre las arterias y las venas.
Cada vez que la sangre llega al extremo arterial de una red capilar, la presión
sanguínea, sumada a la gran permeabilidad de los capilares, favorece la filtración
del plasma desde los vasos hacia los tejidos circundantes. Sin embargo, la presión
coloidosmótica ejercida por las proteínas plasmáticas se opone a la fuerza de filtración.
Algunos poros capilares permiten el escape de pequeñas cantidades de proteínas hacia
el espacio intersticial. No obstante, la concentración de proteínas en este
compartimiento es menor que la del plasma y por consiguiente, también es menor su
presión coloidosmótica. Además, la presión hidrostática del líquido intersticial se opone
a la filtración.
En resumen, en el extremo arterial de un capilar, la filtración efectiva es el resultado de
la sumatoria de dos fuerzas que favorecen la filtración, la presión oncótica del líquido
intersticial y la presión de la sangre en el capilar, y dos fuerzas que se oponen a la
filtración: la presión oncótica de la sangre y la presión hidrostática del líquido
intersticial. Las fuerzas que favorecen la filtración superan a las fuerzas
antagonistas y parte del plasma pasa al líquido [Link]és de que la
sangre recorre la red capilar, se produce una caída en la presión sanguínea; al llegar al
extremo venoso de los vasos capilares, la sangre tiene menor presión. Esta caída de la
presión sanguínea cambia el equilibrio de fuerzas, haciendo que una parte del plasma
perdido por el torrente circulatorio en el extremo arterial de las redes capilares regrese
a los vasos sanguíneos en el extremo venoso de las mismas.

Sin embargo, otra parte del líquido que escapó del lecho vascular (alrededor de
la décima parte: 2 a 3 litros por día) es retenido en el espacio intersticial. ¿Cómo
recupera el sistema circulatorio el volumen perdido? Ésta es una función
del sistema linfático. El sistema linfático está constituido por vasos capilares de
extremos cerrados que recogen el líquido intersticial. Los capilares linfáticos son una vía
accesoria por la que el líquido puede fluir desde los espacios intersticiales a la sangre.
Y lo que es más importante, los linfáticos restituyen proteínas, que de otro modo no
podrían regresar al plasma.
La linfa tiene prácticamente la misma composición del líquido intersticial; si bien
su concentración de proteínas varía según el tejido de origen, es menor que la del
plasma.
Los capilares linfáticos están presentes en casi todos los tejidos del cuerpo, con la
excepción de las partes más superficiales de la piel, el sistema nervioso central y los
huesos.

Los capilares linfáticos se reúnen formando venas cada vez mayores, hasta que
todas convergen en dos grandes conductos colectores, el conducto torácico y la gran
vena linfática, que desembocan en el aparato circulatorio.
El sistema linfático carece de una bomba como el corazón. El avance de la linfa se
logra gracias a contracciones reflejas de las paredes de los vasos linfáticos y a la
presencia de válvulas que impiden su retroceso.
En el trayecto de los vasos linfáticos se interponen los ganglios linfáticos, que actúan
como filtros para la linfa. Cuando ésta los atraviesa, los leucocitos que colonizan los
ganglios destruyen a los microorganismos. También se activa la formación de clones de
linfocitos, al producirse el contacto de éstos con virus y bacterias. Es por ello que,
cuando existe una infección, los ganglios de la zona afectada se inflaman y pueden
palparse desde la superficie.

El sistema linfático participa en la absorción intestinal de nutrientes. En el


interior de las vellosidades intestinales se encuentran capilares linfáticos
llamados quilíferos, hacia donde se dirigen los lípidos obtenidos del alimento. Los
lípidos viajan por la linfa, hasta que el conducto torácico, que recoge la linfa de la parte
inferior y derecha del cuerpo, los vuelca al torrente sanguíneo.

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