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ROMANTICISMO

El Romanticismo es un movimiento cultural que surgió a finales del siglo XVIII como una reacción contra la Ilustración y el Neoclasicismo, priorizando los sentimientos sobre la razón y manifestándose en diversas áreas como la literatura, el arte y la música. Este movimiento, que tuvo su apogeo entre 1800 y 1850, se caracterizó por la búsqueda de la libertad y la originalidad, así como por la exaltación del yo y la naturaleza, y se desarrolló de manera diferente en cada país. Aunque posteriormente fue reemplazado por el positivismo, sus influencias perduraron en corrientes vanguardistas del siglo XX.
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ROMANTICISMO

El Romanticismo es un movimiento cultural que surgió a finales del siglo XVIII como una reacción contra la Ilustración y el Neoclasicismo, priorizando los sentimientos sobre la razón y manifestándose en diversas áreas como la literatura, el arte y la música. Este movimiento, que tuvo su apogeo entre 1800 y 1850, se caracterizó por la búsqueda de la libertad y la originalidad, así como por la exaltación del yo y la naturaleza, y se desarrolló de manera diferente en cada país. Aunque posteriormente fue reemplazado por el positivismo, sus influencias perduraron en corrientes vanguardistas del siglo XX.
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El Romanticismo es un movimiento cultural que se originó en Alemania y en Reino

Unido a finales del siglo XVIII como una reacción contra la Ilustración y
el Neoclasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos frente la razón.1 Es
considerado como el primer movimiento de cultura que cubrió el mapa completo de
América. En la mayoría de las áreas estuvo en su apogeo en el período aproximado de
1800 a 1850.2 Luego, cedió su lugar al positivismo, que fomenta el pensamiento
crítico y el empirismo como bases del conocimiento y la sociedad.

El Romanticismo es un movimiento crucial para poder comprender la cultura


occidental moderna. La filosofía, el arte, la literatura, la música y la política fueron
influenciados por él, durante el turbulento periodo que se extendió entre las que se
conocen como «revoluciones burguesas», que en su definición política se denominan
también «revoluciones liberales». El mundo occidental se había sacudido por
la Revolución de las Trece Colonias de Inglaterra en 1776, la Revolución francesa en
1789 y por la Primera Revolución Industrial que empezaba a cambiar la vida
tradicionalmente agraria. Por lo tanto, los nuevos modos de vida se debían reflejar en
nuevos modos de pensar. El Romanticismo pasó a significar esta nueva experiencia
de mundo.3

Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un


conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante,
por eso su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el Romanticismo es
una manera de sentir y concebir la naturaleza, así como a la vida y al ser humano
mismo, se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla,
e incluso dentro de una misma nación, se manifiestan distintas tendencias,
proyectándose ello también en todas las artes.

Se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose


desde Inglaterra y Alemania hasta llegar a otros países europeos. Su vertiente literaria
se fragmenta posteriormente en diversas corrientes, como el parnasianismo,
el simbolismo, el decadentismo o el prerrafaelismo, reunidas en la denominación
general de posromanticismo, del cual derivó el llamado modernismo
hispanoamericano. Tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, la
pintura y la música.

Posteriormente, los postulados románticos de la exaltación del yo fueron llevados al


extremo por muchas de las corrientes vanguardistas del siglo XX, como
el surrealismo desarrollado tras la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Etimología
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Si bien está clara la relación etimológica entre 'romántico' y el término


francés romantique / "novelesco" derivado de roman / "novela" (ya que en el
siglo XVI las novelas de caballerías se imprimían en romance mientras que todos los
tratados de ciencias estaban en latín o en griego), no toda la crítica se pone de
acuerdo. En todo caso parece que la primera aparición documentada del término se
debe a James Boswell a mediados del siglo XVIII, y aparece en forma adjetiva, esto
es, romantic con el significado de «pintoresco», «sentimental». En su libro de viaje de
1768 An account of Corsica (Un recuento de Córcega) el término aparece cuatro
veces: para calificar la vista de la ciudad de Corti desde el monasterio de los
franciscanos, para describir un agreste valle en el que se asentó la orden de San
Basilio, de la Iglesia griega, al nombrar el sonido de un instrumento de cuerda
parecido a la cítara y en la mención al retiro de Jean-Jacques Rousseau en Ginebra.4
Este término hace referencia al criterio estético de lo sublime o inefable, aquello que
no se puede expresar con palabras. Así, en un principio, se entendería que un
sentimiento romántico es aquel que requiere de algo trascendente para ser
expresado. El texto de Boswell se tradujo a varias lenguas, llegando a alcanzar
especial fuerza en alemán, promoviendo la difusión de romantisch, con el significado
de “partidario de las doctrinas anticlásicas de Schlegel”, en oposición a klassisch.

Según el crítico literario René Wellek, el término sirvió en principio para denominar
una forma genérica de pensar y sentir. Ya en 1798 el historiador, crítico literario y
filósofo alemán Friedrich von Schlegel, conocido como el primer teórico del
romanticismo,5 empleó el término «romantisch» para describir formas
contemporáneas de expresión artística, relacionándolo con lo que denomina «poesía
universal progresiva». En 1819, con Friedrich Bouterwek se emplea «Romantiker»
como denominación de la escuela literaria. La difusión del término es irregular por
países; en 1815 en España podemos encontrar «romancesco» junto a romántico,
estabilizándose el segundo ya en 1818.6

Otro origen del término muy señalado es el que relaciona «romántico» con la
expresión in lingua romana, que alude a las lenguas romances distinguiéndolas de la
antigüedad clásica representada por el latín. Se trataría por tanto de un giro hacia la
lengua propia y vernácula como representante de la propia cultura. Igualmente surge
con este término una oposición entre «romántico» y «clásico» en función de la lengua
que prefirieran y, por añadidura, asociada también al gusto creador de unos y otros.7

Características

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Saturno devorando a su hijo, una de las Pinturas
negras de Goya, realizada durante el Trienio Liberal (1820-1823), y que, bajo una capa
mitológica, alude a la famosa frase de Vergniaud poco antes de ser guillotinado: «La
Revolución devora a sus propios hijos».

El Romanticismo es una reacción contra el espíritu racional y crítico de la Ilustración y


el Clasicismo, y favorecía, ante todo:

• La conciencia del Yo como entidad autónoma y, frente a la universalidad de la


razón dieciochesca, dotada de capacidades variables e individuales como la
fantasía y el sentimiento.

• La primacía del genio creador de un Universo propio, el poeta como demiurgo.

• Valoración de lo diferente frente a lo común, lo que lleva una fuerte tendencia


nacionalista.

• El liberalismo frente al despotismo ilustrado.

• La originalidad frente a la tradición clasicista y la adecuación a los cánones.


Cada hombre debe mostrar lo que lo hace único.

• La creatividad frente a la imitación de lo antiguo hacia los dioses de Atenas.

• La nostalgia de paraísos perdidos (de la infancia o de una nación).8


• La obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y
cerrada.

Es propio de este movimiento un gran aprecio de lo personal,


un subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental y al espíritu del
pueblo, frente a la universalidad y sociabilidad de la Ilustración en el siglo XVIII; en
ese sentido los héroes románticos son, con frecuencia, prototipos de rebeldía (Don
Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o
tradición cultural que ahogue su libertad, como por ejemplo las tres unidades
aristotélicas (acción, tiempo y lugar) y la de estilo (mezclando prosa y verso y
utilizando polimetría en el teatro), o revolucionando la métrica y volviendo
a rimas más libres y populares como la asonante. Igualmente, una renovación de
temas y ambientes, y, por contraste al Siglo de las Luces (Ilustración), prefieren los
ambientes nocturnos y luctuosos, los lugares sórdidos y ruinosos (siniestrismo);
venerando y buscando tanto las historias fantásticas como la superstición.

Un aspecto del influjo del nuevo espíritu romántico y su cultivo de lo diferencial es el


auge que tomaron el estudio de la literatura popular
(romances o baladas anónimas, cuentos tradicionales, coplas, refranes) y de las
literaturas en lenguas regionales durante este periodo: la gaélica, la escocesa,
la provenzal, la bretona, la catalana, la gallega, la vasca... Este auge de lo nacional y
del nacionalismo fue una reacción a la cultura francesa del siglo xvii, de espíritu
clásico y universalista, difundida por toda Europa mediante Napoleón.

Para Friedrich Schlegel la poesía romántica, que representa una filosofía universal
progresista, es reunir todos los géneros aislados de la poesía y establecer contacto
con la poesía, la filosofía y la retórica. También debe mezclar o fusionar la poesía o la
prosa, la genialidad y la crítica, la poesía del arte y de la naturaleza. Según Schlegel,
se debe infundir vida y sociabilidad a la poesía e infundir poesía a la vida y la
sociedad, conferir carácter poético al ingenio, llenar y satisfacer las formas del arte
con buenos elementos culturales de todo tipo, animando a estas formas con las
vibraciones del humor,5 como lo hace la sátira.

El Romanticismo también renovó y enriqueció el limitado lenguaje y estilo


del Neoclasicismo, dando entrada a lo exótico y lo extravagante, buscando nuevas
combinaciones métricas y flexibilizando las antiguas o buscando su inspiración en
culturas bárbaras y exóticas o en la Edad Media, en vez de en la Antigüedad clásica.

Frente a la afirmación de lo racional, irrumpió la exaltación de lo instintivo y


sentimental. «La belleza es verdad». También representó el deseo de libertad del
individuo, de las pasiones y de los instintos que presenta el «yo», subjetivismo e
imposición del sentimiento sobre la razón. En consonancia con lo anterior, y frente a
los neoclásicos, se produjo una mayor valoración de todo lo relacionado con la Edad
Media, frente a otras épocas históricas.

El estilo vital de los autores románticos despreciaba el materialismo burgués


y preconizaba el amor libre[cita requerida] y el liberalismo en política, aunque hubo también
un Romanticismo reaccionario, representado por Chateaubriand, que preconizaba la
vuelta a los valores cristianos de la Edad Media. En Alemania, la deriva reaccionaria,
que incluía una invitación a regresar a la Edad Media, también se dejó sentir en la
obra de algunos de sus máximos inspiradores teóricos, como los hermanos August
Wilhelm y Friedrich Schlegel, aunque su paroxismo se encontraría en el opúsculo La
cristiandad o Europa (1799) del poeta alemán Novalis, tal como prontamente advirtió
el poeta posromántico Heinrich Heine en La escuela romántica (1836). El idealismo
extremo y exagerado que se buscaba en todo el Romanticismo encontraba con
frecuencia un violento choque con la realidad miserable y materialista, lo que
causaba con frecuencia que el romántico acabara con su propia vida mediante
el suicidio. La mayoría de los románticos murieron jóvenes. Los románticos amaban
la naturaleza frente a la civilización como símbolo de todo lo verdadero y genuino.

Lugares de reunión

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Los lugares donde se reunían los románticos eran muy diversos. Fuera de las
redacciones de las revistas románticas, existían determinadas tertulias, como por
ejemplo El Parnasillo en Madrid, o, en París, El Arsenal, del cual, si hemos de creer
a Alphonse de Lamartine, «era la gloria Víctor Hugo y el encanto Charles Nodier» (Las
Noches, de Alfred de Musset, precedida del estudio de dicho poeta por A. Lamartine.
Madrid: Biblioteca Universal, 1898). En este cenáculo se reunían entre otros Alfred de
Musset, Alfred de Vigny, Louis Boulanger, Louis Deschamps, Emile y Antoine Sainte-
Beuve, etc.

También los rusos tuvieron su cenáculo: la Sociedad del Arzamas.9

Literatura del romanticismo

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Goethe en la campiña romana (1786), de Tischbein.

Artículo principal: Literatura del Romanticismo

En la prosa, incluso el género didáctico pareció renovarse con la aparición del cuadro
o artículo de costumbres. La prevalencia del individuo hace que empiecen a ponerse
de moda las autobiografías, como las Memorias de ultratumba (1849-1850)
de Chateaubriand. También surgió el género de la novela histórica y la novela gótica o
de terror, así como la leyenda, y se prestó atención a géneros medievales como
la balada y el romance. Empiezan a escribirse novelas de aventuras y folletines
o novelas por entregas, como Los tres mosqueteros (1844) de Alejandro Dumas.

El teatro fue el gran vehículo de comunicación de la expresión romántica, era el


género más popular y a través de él se canalizaron sus anhelos de libertad y de
sentimiento nacional.

La poesía trató de liberarse de las preceptivas neoclásicas, y prefirió cantar los


aspectos marginados de las convenciones sociales.

De forma diferente a la Ilustración dieciochesca, que había destacado en los géneros


didácticos, el Romanticismo sobresalió sobre todo en poesía y teatro. Dentro del
teatro se crearon géneros nuevos como el melólogo o el drama romántico que mezcla
prosa y verso y no respeta las unidades aristotélicas.

l Romanticismo es un movimiento revolucionario en todos los ámbitos vitales que,


en las artes, rompe con los esquemas establecidos en el Neoclasicismo,
defendiendo la fantasía, la imaginación y las fuerzas irracionales del espíritu. El
Neoclasicismo aún perdura en algunos autores, pero muchos, que se iniciaron en la
postura neoclasicista de la época, se convirtieron ávidamente al Romanticismo,
como el Duque de Rivas o José de Espronceda. Otros, sin embargo, fueron desde sus
inicios románticos convencidos.

El origen del término «romanticismo» dista mucho de ser claro, además, la evolución
del movimiento cambia según el país. En el siglo XVII aparece ya en Inglaterra con el
significado de «irreal». Samuel Pepys (1633-1703) lo emplea en el sentido de
"emocionante" y "amoroso". James Boswell (1740-1795) lo utiliza para describir el
aspecto de Córcega. Romantic aparece como adjetivo genérico para expresar lo
"pasional" y "emotivo". En Alemania, sin embargo, fue empleado por Johann Gottfried
Herder como sinónimo de "medieval". El término romanhaft (novelesco) fue
reemplazado por romantisch, con connotaciones más emotivas y pasionales.
En Francia, Jean-Jacques Rousseau lo utiliza en una descripción del Lago de Ginebra.
En 1798, el Diccionario de la Academia Francesa recoge el sentido natural y el sentido
literario de romantique. En España hay que esperar hasta 1805 para dar con la
expresión romancista. Durante los años 1814 y 1818, tras sucesivas polémicas, se
usan, aún con indecisión, los términos de romanesco, romancesco,
románico y romántico.

Los precursores del Romanticismo, que se extendió por Europa y América,


son Rousseau (1712-1778) y el dramaturgo alemán Goethe (1749-1832). Bajo el influjo
de estas figuras los románticos se encaminan a crear obras menos perfectas y menos
regulares, pero más profundas e íntimas. Buscan entre el misterio e imponen los
derechos del sentimiento. Su lema es la libertad en todos los aspectos de la vida.

El Romanticismo en España fue tardío y breve, más intenso, pues la segunda mitad
del siglo XIX lo acapara el Realismo, de características antagónicas a la literatura
romántica.

Tendencias del Romanticismo

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Lord Byron, retrato de Thomas Phillips, 1813 (National


Portrait Gallery, Londres).
En España, el romanticismo es considerado complejo y confuso, con grandes
contradicciones que comprenden desde la rebeldía y las ideas revolucionarias hasta
el retorno a la tradición católico-monárquica. Derek Flitter en su trabajo Teoría y
crítica del romanticismo español1 (título original Spanish Romantic literary and
criticism., 1.ª edic. 1992) insiste en el carácter conservador del romanticismo
español.2 En este sentido, señala la enorme influencia en España del romanticismo
historicista alemán de Herder y los hermanos August y Friedrich Schlegel, importado
por Böhl de Faber. Bajo el impacto de estas ideas románticas los escritores van a
reivindicar la literatura del Siglo de Oro y del romancero como expresión de identidad
nacional. Así, desde revistas como El Artista (1835), El Renacimiento (1847) o
el Semanario Pintoresco (1847) se rechaza el clasicismo y se divulga una concepción
organicista de la historia influida por Herder, con la defensa de la literatura cristiana.
El romanticismo historicista se erige como monumento ideológico inscrito en el
nacionalismo cultural español.3 De hecho, el ideario herderiano, recogido por los
hermanos Schlegel y aplicado a la literatura, será más tarde incorporado a la
estética krausista por Francisco Giner de los Ríos quien mostrará su rechazo por la
estética neoclásica francesa y defenderá la tradición española en la Literatura. De
este modo, los krausistas son sensibles a la influencia del romanticismo y recogen
ideas regeneradoras ya presentes en la crítica romántica y literaria anterior.4

Lo cierto es que España fue un tema romántico para los europeos de todas las
tendencias ideológicas, más que en la propia literatura española, pero no por ello
dejaban de utilizar sus propios parajes.

Respecto a la libertad política, algunos la entendieron como una mera restauración


de los valores ideológicos, patrióticos y religiosos que habían deseado suprimir los
racionalistas del siglo XVIII. Exaltan, pues, el Cristianismo, el Trono y la Patria, como
máximos valores. En esta vertiente de Romanticismo tradicional se incluyen Walter
Scott, en Inglaterra, Chateaubriand en Francia, y el Duque de Rivas y José
Zorrilla en España. Se basa en la ideología de la Restauración, que se origina tras la
caída de Napoleón Bonaparte, y defiende los valores tradicionales representados por
la Iglesia y el Estado. Por otro lado, otros románticos, como ciudadanos libres,
combaten todo orden establecido, en religión, arte y política. Reclaman los derechos
del individuo frente a la sociedad y a las leyes. Ellos representan el Romanticismo
revolucionario o Romanticismo liberal y sus representantes más destacados
son Lord Byron, en Inglaterra, Victor Hugo, en Francia y José de Espronceda,
en España. Se apoya en tres pilares: la búsqueda y la justificación del conocimiento
irracional que la razón negaba, la dialéctica hegeliana y el historicismo.

El costumbrismo
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El costumbrismo fija su atención en los hábitos contemporáneos, principalmente


desde el punto de vista de las clases populares, y se expresa en un lenguaje purista y
castizo. El principal autor costumbrista es Mesonero Romanos, situado al margen del
Romanticismo y con una postura irónica ante él. El costumbrismo, generado en el
seno del Romanticismo como un signo de melancolía por los valores y costumbres
del pasado, contribuyó a la decadencia del movimiento romántico y al inicio
del Realismo cuando se aburguesó y se convirtió en un método descriptivo.

Marco histórico

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El Romanticismo abarca la primera mitad del siglo XIX, que es una etapa de fuertes
tensiones políticas. Los conservadores defienden sus privilegios, pero los liberales y
progresistas luchan por suprimirlos. Se abre paso el laicismo y la masonería goza de
gran influencia. El pensamiento católico tradicional se defiende frente a las nuevas
ideas de los librepensadores y seguidores del filósofo alemán Karl Christian Friedrich
Krause. La clase obrera desencadena movimientos de protesta de signo anarquista y
socialista, con huelgas y atentados. Mientras en Europa se desarrolla fuertemente la
industria y se enriquece culturalmente, España ofrece la imagen de un país poco
adelantado y que cada vez está más alejado de Europa.

Características del Romanticismo

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El caminante sobre el mar de nubes (c. 1817),
de Caspar David Friedrich (Kunsthalle, Hamburgo)

• Rechazo al Neoclasicismo. Frente al escrupuloso rigor y orden con que, en el


siglo XVIII, se observaron las reglas, los escritores románticos combinan los
géneros y versos de distintas medidas, a veces mezclando el verso y la prosa;
en el teatro se desprecia la regla de las tres unidades (lugar, espacio y
tiempo) y alternan lo cómico con lo dramático.

• Subjetivismo. Sea cual sea el género de la obra, el alma exaltada del autor
vierte en ella todos sus sentimientos de insatisfacción ante un mundo que
limita y frena el vuelo de sus ansias tanto en el amor, como en la sociedad, el
patriotismo, etc. Hacen que la naturaleza se fusione con su estado de ánimo y
que se muestre melancólica, tétrica, misteriosa, oscura... a diferencia de los
neoclásicos, que apenas mostraban interés por el paisaje. Los anhelos de
amor apasionado, ansia de felicidad y posesión de lo infinito causan en el
romántico una desazón, una inmensa decepción que en ocasiones les lleva al
suicidio, como es el caso de Mariano José de Larra.

• Atracción por lo nocturno y misterioso. Los románticos sitúan sus


sentimientos dolientes y defraudados en lugares misteriosos o melancólicos,
como ruinas, bosques, cementerios... De la misma manera que sienten
atracción hacia lo sobrenatural, aquello que escapa a cualquier lógica, como
los milagros, apariciones, visiones de ultratumba, lo diabólico y brujeril...

• Fuga del mundo que los rodea. El rechazo de la sociedad burguesa en la que
les ha tocado vivir, lleva al romántico a evadirse de sus circunstancias,
imaginando épocas pasadas en las que sus ideales prevalecían sobre los
demás o inspirándose en lo exótico. Frente a los neoclásicos, que admiraban
la antigüedad grecolatina, los románticos prefieren la Edad Media y
el Renacimiento. Como géneros más frecuentes, cultivan la novela,
la leyenda y el drama histórico.

Primeras manifestaciones

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El Romanticismo penetra en España por Andalucía y por Cataluña (El Europeo):

• En Andalucía: El cónsul de Prusia en Cádiz, Juan Nicolás Böhl de Faber, padre


de la novelista "Fernán Caballero" (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber y
Larrea), publicó entre 1818 y 1819 en el Diario Mercantil gaditano, una serie de
artículos en los que defendía el teatro español del Siglo de Oro, tan atacado
por los neoclasicistas. A él se enfrentaron José Joaquín de Mora y Antonio
Alcalá Galiano, empleando para ello argumentos tradicionalistas, antiliberales
y absolutistas. Las ideas de Böhl de Faber eran para ellos inaceptables (pues
seguían aferrados a la Ilustración), pese a que representaban la modernidad
literaria europea.

• En Cataluña: El Europeo fue una revista publicada en Barcelona entre 1823 y


1824 por dos redactores italianos, un inglés y los jóvenes
catalanes Buenaventura Carlos Aribau y Ramón López Soler. Dicha
publicación defendió el Romanticismo moderado y tradicionalista siguiendo el
modelo de Böhl, negando totalmente los valores del neoclasicismo. En sus
páginas, se hace por primera vez una exposición de la ideología romántica a
través de un artículo de Luigi Monteggia titulado Romanticismo.

La poesía

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Escultura dedicada a Bécquer, en Sevilla

Los poetas románticos componen sus poemas en medio de un arrebato de


sentimientos, plasmando en versos todo cuanto sienten o piensan. Según parte de la
crítica literaria, en sus composiciones hay un lirismo de gran fuerza, sin embargo
conviviendo con versos vulgares y prosaicos.

Varios son los temas de la lírica romántica:

• El Yo, la propia intimidad. Fue Espronceda, dejando en su Canto a Teresa una


desgarradora confesión de amor y desengaño, quien con más acierto ha
logrado poetizar sus sentimientos.

• El amor pasional, con entregas súbitas, totales, y rápidos abandonos. La


exaltación y el hastío.

• Se inspiran en temas históricos y legendarios.

• La religión, aunque frecuentemente sea a través de la rebeldía con la


consiguiente compasión y aun exaltación del diablo.

• Las reivindicaciones sociales (revalorización de los tipos marginales, como


el mendigo).

• La naturaleza, que es mostrada en todas sus modalidades y variaciones.


Suelen ambientar sus composiciones en lugares misteriosos, como
cementerios, tormentas, el mar embravecido, etc.

• La sátira, frecuentemente ligada a sucesos políticos o literarios.


También es de señalar que el nuevo espíritu afectó a la versificación. Frente a la
monótona repetición neoclásica de letrillas y canciones, se proclamó el derecho de
utilizar todas las variaciones métricas existentes, de aclimatar las de otras lenguas y
de innovar cuando fuera preciso. El romanticismo se adelanta aquí, como en otros
aspectos, a las audacias modernistas de fin de siglo.

José de Espronceda

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Artículo principal: José de Espronceda

José de Espronceda

Nació en 1808, en Almendralejo, Badajoz. Fundó la sociedad secreta de Los


numantinos, cuya finalidad era «derribar al gobierno absoluto» vengando así el
ahorcamiento y posterior mancillamiento del cadáver de Rafael del Riego. Sufrió
reclusión por ello. Huye a Lisboa a los dieciocho años y se une con los exiliados
liberales. Allí conoce a Teresa Mancha, mujer con la que vivió en Londres. Tras una
actuación política agitada, vuelve a España en 1833. Lleva una vida disipada, plagada
de lances y aventuras, por lo que Teresa Mancha lo abandona en 1838. Estaba a
punto de casarse con otra amada, cuando en 1842 fallece en Madrid.

Batallas, tempestades, amoríos,

por mar y tierra, lances, descripciones

de campos y ciudades, desafíos

y el desastre y furor de las pasiones,


goces, dichas, aciertos, desvaríos,

con algunas morales reflexiones

acerca de la vida y de la muerte,

de mi propia cosecha, que es mi fuerte.

Espronceda cultivó los principales géneros literarios, como la novela histórica,


con Sancho Saldaña o El castellano de Cuéllar (1834), el poema épico, con El Pelayo,
pero sus obras más importantes son las poéticas. Publicó Poesías en 1840 tras volver
del exilio. Son una colección de poemas de carácter desigual que reúne poemas de
juventud, de aire neoclásico, junto con otros del romanticismo más exaltado. Estos
últimos son los más importantes, en los que engrandece a los tipos más marginales:
«Canción del pirata», «El verdugo», «El mendigo», «Canto del cosaco». Las obras más
importantes son El estudiante de Salamanca (1840) y El diablo mundo:

• El estudiante de Salamanca (1840): Es una composición que consta de unos


dos mil versos de diferentes medidas. Narra los crímenes de don Félix de
Montemar, cuya amada Elvira, al ser abandonada, muere de amor. Una noche,
don Félix ve la aparición, la sigue por las calles y contempla su propio entierro.
En la mansión de los muertos se desposa con el cadáver de Elvira, y muere.

• El diablo mundo: Esta obra quedó sin terminar. Consta de 8100 versos
polimétricos, y pretendía ser una epopeya de la vida humana. El canto
segundo (Canto a Teresa) ocupa buena parte del poema, y en él evoca su amor
por Teresa y llora por su muerte.

Otros poetas

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Carolina Coronado

Pese a la brevedad de la lírica romántica en España, también surgieron otros notables


poetas que cabe destacar, como el barcelonés Juan Arolas (1805-1873), el
gallego Nicomedes Pastor Díaz (1811-1863), Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-
1873), Salvador Bermúdez de Castro (1817-1883) y Pablo Piferrer (1818-1848). Este
último, pese a escribir solo en castellano, fue uno de los precursores del movimiento
romántico en Cataluña.

Carolina Coronado

Artículo principal: Carolina Coronado

Carolina Coronado (Almendralejo, 1823-Lisboa, 1911) pasó gran parte de su infancia


en el campo extremeño y muy joven se manifestó como poeta. Casada con un
diplomático estadounidense, vivió en varios países extranjeros. Las desgracias
familiares le hicieron buscar la soledad y el retiro en Lisboa, donde murió en 1911. Su
obra más importante es Poesías (1852).

La prosa

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Durante el Romanticismo hay un gran deseo de ficción literaria, de novela, en


contacto con las aventuras y el misterio, sin embargo, la producción española es
escasa, limitándose en ocasiones a traducir novelas extranjeras. Fueron más de mil
traducciones las que circularon en España antes de 1850, pertenecientes a escritores
como Alejandro Dumas, Chateaubriand, Walter Scott, Victor Hugo, etc., del género
histórico, sentimental, galante, folletinescas... La prosa española se limita
básicamente en la novela, la prosa científica o erudita, el periodismo y el cultivo
intenso del costumbrismo.
En el primer cuarto de siglo se distinguen cuatro tipos de novelas: la novela moral y
educativa, la novela sentimental, la novela de terror y la novela anticlerical. De todas
ellas, la más puramente romántica es la de tipo anticlerical. Sin embargo, la
influencia romántica se plasmará, principalmente, en la novela histórica.

La novela histórica

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Enrique Gil y Carrasco

La novela histórica se desarrolla a imitación de Walter Scott, cuya obra más


representativa es Ivanhoe. Sigue dos tendencias: la liberal y la moderada. Dentro de
la tendencia liberal existe una corriente anticlerical y otra populista. Por otro lado, la
tendencia moderada desemboca, en ocasiones, en novelas de exaltación tradicional
y católico. Los autores españoles más destacados son:

• Enrique Gil y Carrasco (Villafranca del Bierzo, 1815-Berlín 1846). Abogado y


diplomático, fue el autor de El señor de Bembibre, la mejor de las novelas
históricas españolas influenciada por la obra de Walter Scott.5

• Antonio Trueba (1821-1889) escribió una serie de leyendas y relatos, en


especial los cuentos que tienen por escenarios Castilla o el País Vasco. Es
célebre por haber escrito la novela histórica Paloma y halcones (1865).

• Francisco Navarro Villoslada (1818-1895), que escribe una serie de novelas


históricas cuando el género romántico está en declive y comienza el auge
del Realismo. Sus novelas están inspiradas en tradiciones vascas,
ambientadas en la época medieval. Su obra más famosa es Amaya, o los
vascos en el siglo VIII, en ella, los vascos y los visigodos se alían para luchar
contra la invasión de los musulmanes.

• Otros autores que destacaron por su aportación al género histórico


fueron Mariano José de Larra (El doncel de don Enrique el doliente), Serafín
Estébanez Calderón (Cristianos y moriscos) y Francisco Martínez de la
Rosa (Doña Isabel de Solís, reyna de Granada).
La prosa científica

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La mayoría de estas obras nacieron de las discusiones que hubo en la asamblea


impulsora de la Constitución de Cádiz. Los autores más representativos son Juan
Donoso Cortés (1809-1853) y Jaime Balmes Urpía (1810-1848):

• Juan Donoso Cortés procede de la corriente liberal, aunque más tarde acabó
defendiendo las concepciones católicas y autoritarias. Su obra más
importante es el Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo,
publicada en 1851. Su estilo es de tono solemne y efectista y suscitó vivas
polémicas.

• Jaime Balmes Urpía, sin embargo, se sitúa dentro del sector conservador y
católico. De su amplia obra, cabe destacar El protestantismo comparado con
el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea (1842) y El
criterio (1845).

El cuadro de costumbres

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Mesonero Romanos.

Durante los años 1820 y 1870, se desarrolla en España la literatura costumbrista,


que se manifiesta en el llamado cuadro de costumbres, un artículo en prosa de poca
extensión. Estos cuadros de costumbres prescinden de todo argumento o lo reducen
a un esbozo, describiendo el modo de vida de la época, una costumbre popular o un
estereotipo de persona. En muchos casos (como los artículos de Larra) contienen un
alto contenido satírico.
El costumbrismo surge por el deseo romántico de resaltar lo diferente y peculiar,
inducido por la afición francesa a dicho género. Se publicaron miles de artículos
costumbristas, además limitó el desarrollo de la novela en España, puesto que en
este género predominaban la narración y los caracteres individuales, mientras que en
el cuadro de costumbres se limitan a describir a sus personajes como genéricos
(torero, castañera, aguador, etc.). Se escribieron grandes compilaciones colectivas de
artículos de este género, como Los españoles pintados por sí mismos (Madrid:
Ignacio Boix, 1843-1844 2 vols., reimpresos en uno solo en 1851). Destacaron en él el
madrileño Ramón Mesonero Romanos y el andaluz Serafín Estébanez Calderón.

Ramón de Mesonero Romanos, El curioso parlante'

Artículo principal: Ramón de Mesonero Romanos

Mesonero Romanos nació y murió en Madrid (1803-1882). Perteneció a la Academia


Española y fue un pacífico burgués. Su pensamiento era antirromántico y fue en gran
observador de la vida que le rodeaba. Fue famoso bajo el pseudónimo de El curioso
parlante.

Su principal producción literaria está dedicada al costumbrismo, no obstante,


escribió el romanticismo Memorias de un setentón, una alusión a las personas y
sucesos que conoció entre 1808 y 1850. Reunió sus cuadros de costumbres en los
volúmenes Panorama matritense y Escenas matritenses.

Serafín Estébanez Calderón, El solitario

Artículo principal: Serafín Estébanez Calderón

Nació en Málaga (1799) y murió en Madrid (1867). Estuvo al frente de altos cargos
políticos. De tendencia conservadora, en su juventud fue liberal. Publicó diversas
poesías y una novela histórica, Cristianos y moriscos, aunque su obra más famosa es
el conjunto de cuadros de costumbres Escenas andaluzas (1848), con cuadros
como El bolero, La feria de Mairena, Un baile en Triana, Los Filósofos del figón...

El periodismo: Mariano José de Larra

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Mariano José de Larra (c. 1835), de José Gutiérrez de
la Vega. (Museo Nacional del Romanticismo, Madrid).

A lo largo del convulso siglo XIX el papel del periódico es decisivo. La revista
barcelonesa El Europeo (1823-1824) pública artículos sobre el romanticismo y, a
través de ella, se conocen en España los nombres de Byron, Schiller y Walter Scott.
Pero la prensa también fue un arma para la lucha política. En este sentido, hemos de
destacar la prensa político-satírica del Trienio Liberal (El Zurriago, La Manopla), donde
no solo aparecen temas sociales, sino también esbozos costumbristas que son
claros precedentes de la producción de Larra.

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, se producen importantes cambios en


el periodismo. Los emigrados tras la reacción absolutista de 1823 regresan y junto
con la nueva generación (la de José de Espronceda y Larra) van a marcar el estilo de la
época, pues han aprendido en los años de exilio de las muchísimo más avanzadas
prensas inglesas y francesas. En 1836, el francés Girardin va a iniciar en su
periódico La Presse una costumbre llamada a tener un éxito fulminante y duradero: la
de publicar novelas por entregas. La prensa española, siempre con la vista puesta en
la del país vecino, va a copiar la iniciativa enseguida; sin embargo, su época de mayor
auge en España será entre 1845 y 1855.

Mariano José de Larra, El pobrecito hablador

Artículo principal: Mariano José de Larra

Mariano José de Larra (Madrid, 1809-id., 1837), hijo de un exiliado liberal, pronto
conquistó la fama como articulista. Su carácter lo hizo poco agradable. Mesonero
Romanos, su amigo, habla de "su innata mordacidad, que tan pocas simpatías le
acarreaba". A los veinte años contrajo matrimonio, que fracasó. En pleno éxito como
escritor, a los veintiocho años de edad, Larra se suicidó con un disparo en la cabeza,
al parecer, por una mujer con quien mantenía amores ilícitos.

Aunque Larra es famoso por su obra periodística, también cultivó otros géneros,
como la poesía, de cortes neoclásicos y de tipo satírico (Sátira contra los vicios de la
corte); el teatro, con la tragedia histórica de Macías; y por último, la novela histórica,
con El doncel de don Enrique el Doliente, sobre un trovador gallego a quien dio
muerte un marido cegado por los celos.

Artículos periodísticos de Larra

Larra escribió más de doscientos artículos, bajo la firma de diversos


pseudónimos: Andrés Niporesas, El pobrecito hablador y sobre todo, Fígaro. Sus
trabajos pueden dividirse en tres grupos: de costumbres, literarios y políticos.

• En los artículos costumbristas, Larra satiriza la forma de vida española.


Siente gran pena por su patria imperfecta. Destacan Vuelva usted
mañana (Sátira de las oficinas públicas), Corridas de toros, Casarse pronto y
mal (con tintes autobiográficos) y El castellano grosero (contra la grosería del
campesinado).

• Su educación afrancesada le impidió despegarse por completo de los gustos


neoclásicos, y ello se ve reflejado en sus artículos literarios, donde realizaba
críticas sobre las obras románticas de su época.

• En sus artículos políticos se ve claramente reflejada su educación liberal y


progresista, con artículos hostiles al absolutismo, al tradicionalismo y al
carlismo. En algunos de ellos, Larra descarga su exaltación revolucionaria,
como en esta que dice "Asesinatos por asesinatos, ya que los ha de haber,
estoy por los del pueblo".

El teatro

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El teatro neoclásico no logró calar en los gustos de los españoles. A comienzos del
siglo XIX seguían aplaudiéndose las obras del Siglo de Oro. Estas obras eran
despreciadas por los neoclásicos por no sujetarse a la regla de las tres unidades
(acción, lugar y tiempo) y mezclar lo cómico con lo dramático. Sin embargo aquellas
obras atraían fuera de España, precisamente por no sujetarse al ideal que defendían
los neoclásicos.
Juan Eugenio de Hartzenbusch, autor de Los amantes
de Teruel.

El Romanticismo triunfa en el teatro español con La conjuración de Venecia (1830),


de Francisco Martínez de la Rosa; El Trovador, de Antonio García Gutiérrez; Los
amantes de Teruel, de Juan Eugenio Hartzenbusch; pero el año clave es 1835, cuando
se estrena Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas (1791-1865). Lo más
cultivado es el drama. Todas las obras contienen elementos líricos, dramáticos y
novelescos. Impera en el teatro la libertad en todos los aspectos:

• Estructura: La regla de las tres unidades, impuesta en


la Ilustración desaparece. Los dramas, por ejemplo, suelen tener cinco actos
en verso, o en prosa y en verso mezclados, con métrica variada. Si en las obras
neoclásicas las acotaciones escénicas no se aceptaban, esto no sucede
durante el Romanticismo, pues las acotaciones son abundantes.
El monólogo cobra nuevamente fuerza, por ser el mejor medio para expresar
las luchas internas de los personajes.

• Escenarios: La acción teatral gana dinamismo al utilizarse variedad de lugares


en una misma representación. Los autores basan sus obras en lugares típicos
del romanticismo, como cementerios, ruinas, paisajes solitarios, prisiones,
etc. La naturaleza se muestra acorde con los sentimientos y estados de ánimo
de los personajes.

• Temática: El teatro romántico prefiere los temas legendarios, aventureros,


caballerescos o histórico-nacionales, con el amor y la libertad como
estandarte. Abundan las escenas nocturnas, los desafíos, personajes
encubiertos y misteriosos, suicidios, muestras de gallardía o de cinismo. Los
acontecimientos se suceden de forma vertiginosa. En cuanto al fondo de las
obras, no aspira a aleccionar, como pretendían los neoclásicos en sus obras,
sino a conmover.

• Personajes: El número de personajes aumenta en las obras. El héroe


masculino suele ser misterioso y valiente. La heroína es inocente y fiel, con
una pasión intensa. Pero ambos están marcados por un destino fatal. La
muerte es la liberación. Se da más importancia al dinamismo de las acciones
que al análisis de la psicología de los personajes.

Ángel de Saavedra, duque de Rivas

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Ángel de Saavedra, duque de Rivas

Artículo principal: Duque de Rivas

Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano (Córdoba, 1791-Madrid, 1865). Luchó


contra la invasión francesa y, en política, actuó como progresista exaltado. Por ello
fue condenado a muerte, aunque consiguió escapar.

En Malta conoció a un crítico inglés, que le hizo valorar el teatro clásico y lo convirtió
al Romanticismo. Vivió en Francia durante su destierro, y regresó a España diez años
más tarde, en 1834. Si, cuando salió de España, Ángel de Saavedra se consideraba
como un neoclásico liberal, cuando regresó a España ya era romántico y liberal
moderado.67
Desempeñó importantes cargos públicos. Como la mayoría de los escritores de su
época, comenzó adoptando la estética neoclásica en el género lírico (Poesías, 1874)
y el género dramático (Lanuza, 1822). Su incorporación al Romanticismo fue
progresiva y puede apreciarse en poemas como El desterrado. En Romances
históricos hace plena su conversión.

La fama de Rivas se funda en Leyendas, pero sobre todo en Don Álvaro o la fuerza del
sino, el cual se estrenó en el Teatro del Príncipe (actual Teatro Español) de Madrid en
1835, ante unos mil trescientos asistentes, que presenciaron el primer drama
romántico español, con tantas novedades como la combinación de la prosa y el
verso.

José Zorrilla

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José Zorrilla

Artículo principal: José Zorrilla

Nació en Valladolid, 1817 y murió en Madrid, en 1893. Inició su carrera literaria


leyendo unos versos en el entierro de Larra, con los que ganó gran fama. Contrajo
matrimonio con una viuda dieciséis años mayor que él, pero fracasó y, huyendo de
ella, marcha a Francia y después a México en 1855, donde el emperador Maximiliano
lo nombró director del Teatro Nacional. Al regresar a España en 1866 fue acogido con
entusiasmo. Volvió a casarse y, con constantes penurias monetarias, no tuvo más
remedio que malvender sus obras, como Don Juan Tenorio. Las Cortes le otorgaron
una pensión en 1886.
Obra

La trayectoria literaria de Zorrilla es prolífica. Su poesía alcanza el cenit


con Leyendas, que son pequeños dramas contados como narraciones en verso. Las
más importantes de sus leyendas son Margarita la Tornera y A buen juez, mejor
testigo.

Sin embargo, su reconocimiento se debe más a sus obras dramáticas. De sus dramas
destacan El zapatero y el rey, sobre la muerte del rey don Pedro; Traidor, inconfeso y
mártir, acerca del famoso pastelero de Madrigal, que se hizo pasar por don Sebastián,
rey de Portugal; Don Juan Tenorio (1844), la más famosa de sus obras, se representa
como una tradición en muchas ciudades de España a principios de noviembre. Trata
el tema del célebre burlador de Sevilla y El Convidado de Piedra, escritos antes
por Tirso de Molina (siglo XVII) y por otros autores nacionales y extranjeros.

Otros autores

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Martínez de la Rosa

Francisco Martínez de la Rosa, escritor de transición

Artículo principal: Francisco Martínez de la Rosa

Martínez de la Rosa (1787-1862), nació en Granada. Como político intervino


fervientemente en las Cortes de Cádiz. Por sus ideales liberales, sufrió pena de
prisión. Emigró a Francia y al regresar a España es nombrado jefe del Gobierno en
1833. Su política de «justo medio» fracasó entre los extremismos de la izquierda y de
la derecha. Sus contemporáneos le apodaron "Rosita la pastelera", aunque hubiese
padecido cárcel, destierro y atentados en su lucha por la ansiada libertad.

Sus primeras obras están impregnadas de neoclasicismo, como La niña en casa y la


madre en la máscara. Más tarde, al practicar el «justo medio», adoptando la nueva
estética latente, escribió sus obras más importantes: Aben Humeya y La conjuración
de Venecia.

Antonio García Gutiérrez

Artículo principal: Antonio García Gutiérrez

Nació en Chiclana de la Frontera, Cádiz, en 1813 y murió en Madrid, en 1884. De


familia artesana, se dedicó a las letras y, escaso de recursos, se alistó en el ejército.
En 1836 estrenó El trovador, obra que entusiasmó al público, pues le obligó a saludar
desde el escenario, inaugurando en España una costumbre vigente en Francia.
Gracias a sus éxitos pudo salir de la penuria económica con la que vivía. Al estallar la
"Gloriosa", se unió a los revolucionarios, con un himno contra los Borbones que
obtuvo una gran popularidad.

Juan Eugenio Hartzenbusch

Artículo principal: Juan Eugenio Hartzenbusch

Bretón de los Herreros.

Nació y murió en Madrid (1806-1880). Hijo de un ebanista alemán y de madre


andaluza, en principio se dedicó a la profesión paterna, más consagrado al teatro,
obtuvo un rotundo éxito con su obra más famosa, Los amantes de Teruel (1837).
Continuó publicando cuentos, poemas y artículos de costumbre.

Manuel Bretón de los Herreros

Artículo principal: Manuel Bretón de los Herreros

Nació en Quel, La Rioja, en 1796 y murió en Madrid, en 1873. Comenzó sus andanzas
literarias muy joven, con obras como A la vejez viruelas, Muérete y verás y El pelo de la
dehesa'. Satirizó el Romanticismo, aunque algunos rasgos se filtran en algunas
comedias, como Muérete y verás.

Romanticismo tardío (Posromanticismo)

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Durante la segunda mitad del siglo XIX, los anteriores gustos por lo histórico y
legendario pasan a un segundo plano y la poesía pasa a ser más sentimental e
intimista. Ello viene condicionado por las influencias de la poesía alemana y el nuevo
interés que suscita la poesía popular española. La escuela posromántica deja de lado
las demás escuelas europeas, a excepción del influjo que ejerce la obra del poeta
alemán Heinrich Heine.

La poesía, al contrario de la novela y el teatro, continúa siendo romántica (la novela y


el teatro seguirá la tendencia realista). En la poesía la forma pierde parte de su interés
para centrar su atención a lo emotivo que puede poseer el poema. Lo narrativo decae
en favor de lo lírico. La poesía es más personal e intimista. Se reduce la retórica y se
aumenta el lirismo, con el amor y la pasión por el mundo por lo bello como temas
principales. Se buscan nuevas formas métricas y nuevos ritmos. La homogeneidad de
la que gozaba el Romanticismo se transforma en pluralidad en las ideas poéticas. La
poesía posromántica, pues, representa la transición entre el Romanticismo y
el Realismo.

Los poetas más representativos de este periodo son Gustavo Adolfo


Bécquer, Augusto Ferrán y Rosalía de Castro. Ya no triunfan en aquella sociedad de la
Restauración, utilitaria y poco idealista, pues se admiraban más los escritores que
trataban temas de la sociedad contemporánea, como Ramón de
Campoamor y Gaspar Núñez de Arce, aunque hoy en día no tengan demasiada
relevancia crítica.

Gustavo Adolfo Bécquer

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Gustavo Adolfo Bécquer

Artículo principal: Gustavo Adolfo Bécquer

Nació en Sevilla en 1836. Aunque sus apellidos son Domínguez Bastida, firmó con el
segundo apellido de su padre, descendiente de alemanes.8 Quedó a temprana edad
huérfano y tuvo el deseo frustrado de estudiar Náutica, aunque más tarde hallaría su
verdadera vocación, la de escritor. A los 18 años se trasladó a Madrid, donde intentó
alcanzar el éxito literario y pasaría penurias. A los 21 años contrajo la enfermedad de
la tuberculosis, que más tarde le llevaría a la tumba. Se enamoró fervientemente de
Elisa Guillén, quien le correspondió, aunque rompieron pronto, con un gran pesar en
el poeta. En 1861 se casa con Casta Esteban y ejerce de periodista con una actitud
política conservadora. Más tarde obtiene 500 pesetas mensuales (cantidad
importante para la época) como censor de novelas, pero lo pierde en la revolución de
septiembre de 1868. Se separa de su esposa, cuya fidelidad no es completa.
Comienza a llevar una vida de desilusión y bohemia, y viste con desaseo. En 1870
muere su hermano Valeriano, compañero inseparable del poeta. Gustavo Adolfo se
reconcilia con Casta pocos meses antes de su muerte en Madrid, en 1870. Su
fallecimiento pasó casi inadvertido y sus restos fueron enterrados, junto a los de su
hermano, en Sevilla.

Prosa

Su obra en prosa consta de Leyendas (1858-1864), veintiocho historias, en las que,


según el ideal romántico, predominan el misterio y el más allá. Además, también
escribió Cartas desde mi celda, un conjunto de crónicas compuestas durante su
estancia en el monasterio de Veruela.
Poesía: Las Rimas

Los poemas que Bécquer compuso a lo largo de su vida fueron reunidos y publicados
póstumamente en Rimas (1871),9 una recopilación de poemas breves (96 en las
ediciones más modernas), de dos, tres o cuatro estrofas (salvo raras excepciones),
generalmente asonantadas, con combinaciones de versos libres.

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