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Importancia de la Vacunación en Niños

La vacunación es un método seguro y eficaz para proteger contra enfermedades al activar las defensas naturales del organismo. Las vacunas generan anticuerpos sin causar enfermedades, y su administración es crucial a lo largo de la vida para prevenir enfermedades graves. A pesar de algunos efectos secundarios leves, los beneficios de la vacunación superan ampliamente los riesgos, salvando millones de vidas cada año.

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Importancia de la Vacunación en Niños

La vacunación es un método seguro y eficaz para proteger contra enfermedades al activar las defensas naturales del organismo. Las vacunas generan anticuerpos sin causar enfermedades, y su administración es crucial a lo largo de la vida para prevenir enfermedades graves. A pesar de algunos efectos secundarios leves, los beneficios de la vacunación superan ampliamente los riesgos, salvando millones de vidas cada año.

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INSTITUTO NACIONAL DE NEUROEDUCACIÓN

DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN

ENFERMERIA PEDIATRICA

Enr. David Hernández Martínez


USUARIO: enriquedavid-enfermeriapediatrica-010324

Diplomado En Enfermería
Pediátrica

Actividad
Clase 13
 Tríptico sobre la vacunación.
 Información completa sobre las
vacunas.
Elaboro: Enrique David
Hernández Martínez
Diplomado: Enfermería en
Pediatría
VACUNAS

¿Qué es la vacunación?
La vacunación es una forma sencilla, inocua y eficaz de protegernos contra
enfermedades dañinas antes de entrar en contacto con ellas. Las vacunas activan
las defensas naturales del organismo para que aprendan a resistir a infecciones
específicas, y fortalecen el sistema inmunitario.
Tras vacunarnos, nuestro sistema inmunitario produce anticuerpos, como ocurre
cuando nos exponemos a una enfermedad, con la diferencia de que las vacunas
contienen solamente microbios (como virus o bacterias) muertos o debilitados y no
causan enfermedades ni complicaciones.
La mayoría de las vacunas se inyectan, pero otras se ingieren (vía oral) o se
nebulizan en la nariz.

¿Cómo actúan las vacunas?


Las vacunas ponen en marcha las defensas naturales del organismo y, de ese
modo, reducen el riesgo de contraer enfermedades. Actúan desencadenando
una respuesta de nuestro sistema inmunitario, que, reconoce al microbio
invasor (por ejemplo, un virus o una bacteria); genera anticuerpos, que son
proteínas que nuestro sistema inmunitario produce naturalmente para luchar
contra las enfermedades; recuerda la enfermedad y el modo de combatirla. Si,
en el futuro, nos vemos expuestos al microbio contra el que protege la
vacuna, nuestro sistema inmunitario podrá destruirlo rápidamente antes de
que empecemos a sentirnos mal.
En definitiva, las vacunas son una forma ingeniosa e inocua de inducir una
respuesta inmunitaria sin causar enfermedades.
Nuestro sistema inmunitario está diseñado para recordar. Tras la
administración de una o más dosis de una vacuna contra una enfermedad
concreta, quedamos protegidos contra ella, normalmente durante años,
décadas o incluso para toda la vida. Por eso las vacunas son tan eficaces: en
vez de tratar una enfermedad cuando esta aparece, evitan que nos
enfermemos.

¿Cuál es el momento adecuado para vacunarse (yo o mi hijo)?


Las vacunas nos protegen durante toda la vida y en diferentes edades, desde
el nacimiento hasta la edad infantil, durante la adolescencia y la edad adulta.
La mayoría de los países proporcionan cartillas de vacunación, tanto a los
niños como a los adultos, en las que se consignan las vacunas que han
recibido y las nuevas vacunas o las dosis de refuerzo que se les deben
administrar más adelante. Todos debemos asegurarnos de estar al día con la
vacunación.
Retrasar el momento de vacunarnos es correr el riesgo de enfermarnos
gravemente. Si esperamos a hacerlo hasta arriesgarnos a exponernos a una
enfermedad (por ejemplo, durante un brote), puede ser demasiado tarde para
que la vacuna actúe y para recibir todas las dosis recomendadas.
Si ha omitido alguna de las vacunas recomendadas para usted o su hijo,
hable con su profesional de la salud para ponerse al día.

¿Por qué debo vacunarme?


Si no nos vacunamos, corremos el riesgo de contraer enfermedades graves
como el sarampión, la meningitis, la neumonía, el tétanos y la poliomielitis,
muchas de las cuales pueden ser discapacitantes y mortales. Según los
cálculos de la OMS, las vacunas infantiles salvan la vida de 4 millones de niños
cada año.
Aunque algunas enfermedades son actualmente poco frecuentes, los
patógenos que las causan continúan circulando en todo el mundo o en partes
de él. Hoy en día, las enfermedades infecciosas atraviesan fronteras con
facilidad e infectan a las personas que no están protegidas.
Las dos principales razones para vacunarse son protegernos a nosotros
mismos y proteger a las personas que nos rodean. Puesto que no se puede
vacunar a todas las personas, por ejemplo, no es recomendable para los
recién nacidos, las personas gravemente enfermas y las que pueden
presentar determinadas alergias, al protegernos nosotros evitamos
contagiarles enfermedades que se pueden prevenir mediante vacunación.

¿Qué enfermedades previenen las vacunas?


Las vacunas protegen contra muchas enfermedades, entre ellas:
 Cáncer cervicouterino
 Cólera
 COVID-19
 Difteria
 Encefalitis japonesa
 Virus del Ébola
 Fiebre amarilla
 Fiebre tifoidea
 hepatitis B
 Gripe
 Infecciones por rotavirus
 Meningitis
 Neumonía
 Paperas
 Poliomielitis
 Rabia
 Rubéola
 Sarampión
 Tétanos
 Tosferina
 Varicela
Actualmente se siguen desarrollando otras vacunas, y algunas de ellas ya se
administran experimentalmente. Es el caso de las que protegen contra el
virus Zika o contra el paludismo, que todavía no están disponibles en todo el
mundo.
Es posible que, en su país, no necesite todas estas vacunas. Algunas solo es
necesario administrarlas en situaciones específicas: antes de viajar a
determinados lugares, en las zonas de riesgo o cuando una persona corre un
riesgo elevado de infectarse por motivos laborales. Los profesionales
sanitarios le informarán de las vacunas que necesitan usted y su familia.

¿Qué contiene una vacuna?


Todos los componentes de las vacunas son importantes para garantizar su
inocuidad y su eficacia. Estos son algunos de ellos:
 El antígeno: es una forma muerta o debilitada de un patógeno (por
ejemplo, un virus o una bacteria) que prepara a nuestro organismo
para reconocer y combatir una determinada enfermedad en el futuro.
 Adyuvantes: ayudan a incrementar la respuesta inmunitaria y, así,
facilitan la acción de las vacunas.
 Conservantes: garantizan que la vacuna mantiene su eficacia.
 Estabilizantes: protegen la vacuna durante su transporte y
almacenamiento.
Algunos de los componentes que figuran en la etiqueta de las vacunas nos
son desconocidos, pero muchos de ellos están presentes de forma natural en
nuestro organismo, en nuestro entorno y en los alimentos que ingerimos.
Para garantizar su inocuidad, se hace un examen y un seguimiento integral de
todas las vacunas y de sus ingredientes por separado.

Las vacunas, ¿causan efectos secundarios?


Como todos los medicamentos, las vacunas pueden causar efectos
secundarios leves, por ejemplo, fiebre baja, dolor o enrojecimiento en el lugar
de inyección, que desaparecen espontáneamente a los pocos días.
Raramente producen efectos secundarios más graves o duraderos: la
probabilidad de sufrir una reacción grave a una vacuna es de uno entre un
millón.
Las vacunas se someten a una vigilancia continua para garantizar su
inocuidad y detectar posibles efectos adversos, que son infrecuentes.

¿Son seguras las vacunas?


La vacunación es inocua y, aunque pueda producir efectos secundarios, como
dolor en el brazo o fiebre baja, suelen ser muy leves y temporales. Si bien no
puede descartarse que ocasionen efectos secundarios graves, estos son
sumamente raros.
Todas las vacunas autorizadas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo
de las distintas fases de los ensayos clínicos, y siguen siendo evaluadas con
regularidad tras su comercialización. Además, los científicos hacen un
seguimiento constante de la información procedente de diversas fuentes en
busca de indicios de que causen efectos adversos.
Es mucho más probable padecer lesiones graves por una enfermedad
prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, el tétanos
puede ocasionar dolores muy intensos, espasmos musculares (por ejemplo,
de músculos que se utilizan para masticar) y coágulos sanguíneos, mientras
que sarampión puede inflamar el encéfalo (encefalitis) y causar ceguera.
Muchas enfermedades prevenibles mediante vacunación nos pueden
matar. Los beneficios de la vacunación superan con creces los riesgos a los
que exponen, y sin vacunas habría muchos más casos de enfermedades y de
defunciones.

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