El movimiento estudiantil de 1968 en México fue un conflicto social y político protagonizado
principalmente por estudiantes de la UNAM y el IPN, que exigían mayor libertad de expresión, el
fin de la represión policial y cambios en el sistema político autoritario del país, gobernado en ese
entonces por el PRI. Las protestas comenzaron en julio de ese año y fueron creciendo en
intensidad, con manifestaciones, paros y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. El gobierno
de Gustavo Díaz Ordaz respondió con represión, incluyendo la ocupación militar de la UNAM y el
IPN.
El 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, se llevó a cabo una de las
manifestaciones más grandes del movimiento. Sin previo aviso, el Ejército y el grupo paramilitar
Batallón Olimpia abrieron fuego contra los manifestantes. Aunque el gobierno intentó encubrir los
hechos, se estima que hubo cientos de muertos, además de numerosos heridos y detenidos. Este
evento, conocido como la Matanza de Tlatelolco, marcó un antes y un después en la historia del
país, evidenciando la represión del Estado contra los movimientos sociales y dejando una huella
imborrable en la memoria colectiva de México.
A pesar de la brutal represión, el movimiento de 1968 contribuyó a una mayor apertura
democrática en las décadas siguientes, ya que despertó una conciencia social que llevó a futuras
reformas políticas. Desde entonces, el 2 de octubre se conmemora cada año con la consigna "2 de
octubre no se olvida", como símbolo de lucha por la justicia y la memoria histórica.
Este movimiento se dio en un momento en el que el gobierno mexicano, encabezado por Gustavo
Díaz Ordaz, buscaba proyectar una imagen de estabilidad ante el mundo debido a la proximidad de
los Juegos Olímpicos de 1968 en la Ciudad de México.
Desde su inicio, el gobierno intentó deslegitimar las protestas, tachándolas de movimientos
influenciados por ideologías extranjeras y como una amenaza al orden público. La represión
comenzó con enfrentamientos entre la policía y los estudiantes, lo que llevó a una escalada de
violencia. La prensa, controlada en gran medida por el gobierno, difundió una versión oficial que
minimizaba las exigencias del movimiento y justificaba la intervención militar.
Uno de los puntos clave fue la toma militar de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), lo que evidenció la falta de diálogo por parte del
gobierno. Esta acción generó indignación entre la población, ya que mostró que las autoridades
estaban dispuestas a utilizar la fuerza para acallar las voces disidentes.
El movimiento no surgió de manera aislada, sino que fue resultado de un contexto político y social
marcado por el autoritarismo, la falta de libertades y la represión gubernamental. Durante los años
previos, el país vivía bajo un sistema dominado por el PRI, donde cualquier oposición era
duramente castigada. Además, el crecimiento de sectores estudiantiles críticos, influenciados por
movimientos de lucha social en otras partes del mundo, como Francia y Estados Unidos, impulsó
un espíritu de protesta en la juventud mexicana.