REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL FRANCISCO DE MIRANDA
ÁREA: CIENCIAS DE LA SALUD
PROGRAMA NACIONAL DE FORMACIÓN Y MUNICIPALIZADOS
PROGRAMA NACIONAL DE FORMACIÓN EN NUTRICIÓN Y DIETETICA
Situación nutricional de Venezuela.
Docente: Estudiantes:
Lic. Dusmelis Lugo. Quintero Anderson V-27.959.650
Silva Eyline V-30.948.581
SANTA ANA DE CORO, MARZO DE 2025.
Introducción.
En los últimos años Venezuela ha atravesado una grave crisis económica, el
colapso de la misma combinado con ineficientes políticas de gestión pública y una
limitada diversificación económica, han sentado las bases de una crisis alimentaria que
aporrea la vida de sus ciudadanos, siendo afectados en peor instancia los grupos más
vulnerables de la nación.
Según la ONU, para 2020, uno de cada tres venezolanos no tiene acceso a una
alimentación de calidad. Datos recientes de muchas organizaciones también resaltan
que Venezuela supera el promedio regional en el índice de inseguridad alimentaria,
situándose entre los países más afectados de Latinoamérica en términos de acceso a
una alimentación adecuada y una dieta saludable. Lo que pone en evidencia la precaria
política de soberania alimentaria del país.
Como futuros nutricionistas debemos entender que nuestro trabajo siempre estará
ligado al contexto socioeconómico actual de la población, además, debemos amoldarnos
también a la situación específica de cada individuo. De este modo, implementar nuestros
conocimientos y los recursos que estén a nuestro alcance para brindar una mejora a la
calidad de vida de las personas en la comunidad.
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Soberanía Alimentaria
Cuando hablamos de soberanía alimentaria, lo entendemos como la capacidad de
un país de ser autosustentable en materia alimentaria, logrando así satisfacer demanda
de la mayor parte de los alimentos que se consumen en su territorio, sin necesidad de
adquirirlos por medio de las importaciones. En Venezuela, la soberanía alimentaria tiene
como principal objetivo garantizar la producción, distribución y acceso a los alimentos. El
Estado tiene el deber de fortalecer la producción agropecuaria y asegurar el adecuado
abastecimiento de la población. Desafortunadamente esto no se ha cumplido
adecuadamente debido a una mala gestión y falta de inversión en los sectores
productivos.
A lo largo de los años han existido diversas estrategias con el objetivo de alcanzar
la soberanía alimentaria, poniendo como ejemplo las siguientes:
• Misión Alimentación: Creada para garantizar la distribución de alimentos a
precios accesibles.
• Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP): Implementados
en 2016 como un sistema de entrega de alimentos subsidiados.
• Programas de Alimentación Escolar: Diseñados para proporcionar una
nutrición adecuada a los estudiantes.
A pesar de la existencia de estos programas, actualmente no se ha logrado
cumplir con sus objetivos correctamente. La crisis económica que atraviesa la nación,
escasez e inflación en el precio de los insumos claves en la agricultura y las desviaciones
del camino correcto de la gestión pública, han hecho de la alimentación un privilegio en
lugar de un derecho garantizado. El acceso a los alimentos sigue dependiendo de
factores políticos, clientelismo y malas prácticas administrativas.
Un ejemplo de esto, los CLAP, que han sido criticados y señalados como un
mecanismo de control social, entregando productos de baja calidad, en cantidades
insuficientes para el consumo mensual de las familias. Además, la producción nacional
no es suficiente para cubrir las necesidades de la población, lo que obliga a seguir
dependiendo de importaciones de productos que en ocasiones han sido señalados de
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no cumplir con los estándares de calidad mínimos para la distribución en sus países de
origen, y que no siempre llegan a quienes más lo necesitan.
En Venezuela, el derecho a la alimentación debería estar garantizado para todos,
sin distinción. Y aunque ha sido reconocido en diversas normativas y políticas públicas,
lamentablemente en la práctica no se garantiza para todos los ciudadanos. Es importante
recordar que, una alimentación digna no se trata solo de recibir comida, sino de poder
elegir y acceder a una dieta equilibrada sin depender de mecanismos de distribución
controlados por el Estado.
Políticas alimentarias.
Las políticas alimentarias en Venezuela están orientadas a garantizar la seguridad
alimentaria y el acceso a productos esenciales, con énfasis en la población más
vulnerable. Para lograr este objetivo, el Estado fomenta la producción agropecuaria
nacional; sin embargo, los desafíos como la falta de insumos y la limitada inversión han
afectado significativamente la capacidad productiva del país. Para contrarrestar esta
situación, se han desarrollado programas sociales enfocados en la distribución de
alimentos a precios accesibles, entre los cuales destacan:
1. Misión Alimentación: Diseñada para asegurar el acceso a productos básicos a
precios regulados, favoreciendo a amplios sectores de la población.
2. CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción): Modelo de entrega
de alimentos subsidiados en comunidades a través de bolsas de comida. No
obstante, enfrenta irregularidades en la distribución y suele ser insuficiente para
cubrir las necesidades nutricionales de los beneficiarios.
3. Programa de Alimentación Escolar (PAE): Proporciona alimentos a
estudiantes, aunque se ve afectado por problemas en la disponibilidad y calidad
de los productos entregados.
4. Casas de Alimentación: Espacios destinados a brindar comidas gratuitas a
personas en extrema pobreza, beneficiando a más de un millón de individuos.
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5. Corporación Nacional de Alimentación Escolar (CNAE): Organismo
encargado de administrar recursos para la alimentación de niños y jóvenes en
centros educativos.
Por otro lado, también existen instituciones clave en la implementación de estas
políticas alimentarias, entre las cuales se pueden nombrar:
1. Instituto Nacional de Nutrición (INN): Responsable de diseñar programas
educativos y supervisar los estándares nutricionales.
2. SUNAGRO: Regula la producción y distribución de alimentos en el país.
3. Mercal y PDVAL: Distribuyen productos subsidiados, aunque su impacto ha
disminuido debido a la escasez de recursos.
Aunque estos programas buscan mitigar la inseguridad alimentaria, este problema
persiste como una de las principales preocupaciones en Venezuela. La crisis económica,
la inflación y el declive de la producción agrícola han restringido el acceso a una dieta
suficiente y variada. Muchos hogares dependen de las bolsas CLAP, pero su calidad y
cantidad no siempre son adecuadas. Asimismo, el control político y las prácticas
cuestionables en la distribución de alimentos han generado inequidades y limitado la
eficacia de estas iniciativas.
Nivel Nutricional de la Población Venezolana:
El nivel nutricional de la población venezolana ha generado creciente
preocupación en los últimos años debido a una combinación de factores como la escasez
de alimentos, las dificultades económicas y las políticas regulatorias que han limitado
tanto la disponibilidad como el acceso a productos esenciales. Este contexto ha dado
lugar a una alarmante doble carga de malnutrición, donde la desnutrición y la obesidad
coexisten como problemas predominantes, afectando de manera desproporcionada a los
sectores más vulnerables de la población.
Según los hallazgos de la Encuesta sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) 2014,
el 11% de los encuestados afirmó encontrarse en situación de hambre, mientras que el
39% de quienes consumían menos de tres comidas al día pertenecían a los sectores
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más pobres. La falta de acceso a alimentos suficientes y de calidad se ha convertido en
una constante en los hogares de bajos recursos, llevando a un incremento significativo
en los casos de desnutrición. Esta situación, a su vez, ha profundizado las desigualdades
nutricionales, afectando de manera directa a los niños, quienes enfrentan consecuencias
graves en su desarrollo físico e intelectual.
En 2016, diversos estudios realizados por encuestadoras privadas confirmaron el
agravamiento de esta problemática. Según los datos recopilados, el 90% de los
ciudadanos había reducido sus compras de alimentos, mientras que un 31% de la
población consumía menos de tres comidas al día. Además, la ENCOVI 2015 señaló que
un 15% de los encuestados consideraba su alimentación monótona o deficiente. Los
niños y los adultos mayores, como grupos más vulnerables, han sido los más afectados
por la falta de nutrientes esenciales, lo que pone en riesgo su desarrollo y bienestar
general.
Por otro lado, la escasez de alimentos ha alterado profundamente los hábitos
alimenticios de la población. Muchas personas se han visto obligadas a optar por
productos más asequibles, pero de baja calidad nutricional y alto contenido calórico. Este
cambio en el patrón de consumo ha dado lugar a un aumento significativo en las
enfermedades relacionadas con la mala alimentación, como la obesidad y los trastornos
metabólicos.
A pesar de que estos productos, generalmente regulados, ofrecen una alta
densidad energética, su escaso valor nutricional los hace insuficientes para una dieta
balanceada. Así, la dieta de los sectores más pobres se basa mayoritariamente en
carbohidratos refinados y grasas de baja calidad, lo que ha contribuido al incremento de
enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión y las afecciones
cardiovasculares. Esta realidad ha creado una paradoja preocupante: mientras algunos
enfrentan desnutrición severa, otros padecen sobrepeso y obesidad debido a la falta de
acceso a alimentos saludables.
El deterioro del nivel nutricional de la población venezolana tiene graves
repercusiones en la salud pública. En el caso de los niños, la desnutrición afecta
negativamente su desarrollo físico e intelectual, lo que impacta su rendimiento escolar y
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su calidad de vida a largo plazo. Para los adultos, una alimentación deficiente incrementa
significativamente el riesgo de padecer enfermedades crónicas, debilita el sistema
inmunológico y disminuye la esperanza de vida.
Además, la inseguridad alimentaria ha generado altos niveles de estrés y ansiedad
en los hogares venezolanos, afectando tanto la estabilidad emocional como la
productividad de la población. La incapacidad de acceder a una dieta balanceada no solo
compromete la salud individual, sino que también sobrecarga el sistema de salud
nacional, aumentando la demanda de atención médica para tratar enfermedades que, en
muchos casos, podrían prevenirse mediante una mejor alimentación.
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Conclusión.
Venezuela está lejos de alcanzar la soberania alimentaria mientras no exista
transparencia en la administración de recursos públicos. La ausencia de mecanismos
claros y efectivos para gestionar los recursos destinados a la producción y distribución
de alimentos no solo perpetúa las desigualdades, sino que también obstaculiza el
desarrollo sostenible del sector agroalimentario.
A pesar de esto, existe una falsa e inestable sensación de estabilidad, esto debido
a que la crisis actual ha obligado a millones de venezolanos a migrar en búsqueda de
mejores oportunidades en diferentes países alrededor del mundo. Dando como resultado
una inyección de remesas al país, gracias a quienes intentan ayudar a sus familias desde
el exterior, permitiendo que halla quienes puedan vivir una vida “normal” en medio de la
crisis.
Sin embargo, el camino a la recuperación total de la seguridad alimentaria del país
dependerá también de promover la autosuficiencia y el fortalecimiento de políticas que
prioricen la producción nacional, fomentando la inversión privada en el sector
agropecuario en conjunto con la administración pública, permitiendo la vigilancia y
auditoria por parte de organismos que aseguren el correcto destino de los recursos.
Estableciendo y fortaleciendo programas sociales que garanticen el acceso equitativo a
alimentos saludables.
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Bibliografía.
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Aplicada. Sucre, Venezuela.
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ONU. (2020). Art: Una de cada tres personas en Venezuela no tiene comida.
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personas,tiene%20suficiente%20comida%20%7C%20Noticias%20ONU
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