Introducción.
Para mucha gente la vida en la tierra es todo lo que hay, es todo lo que tienen. Y es por
eso que dedican todo su esfuerzo para acumular bienes y riquezas. Pero Jesucristo
advirtió “De nada sirve que una persona gane en este mundo todo lo que quiera, si al
fin de cuentas pierde su vida. Y nadie puede dar nada para salvarla.” (Mateo
16:26 TLA). Jesús nos advierte de buscar un equilibrio, para que el ocuparnos de la
vida, no nos lleve a olvidarnos de Dios.
Claro que para las personas que consideran que la muerte es el fin de todo, es natural
para ellos, empeñarse en los valores del mundo como: dinero, popularidad, poder,
placer y prestigio, comodidades y bienestar. Ellos dicen “nada trajimos nada nos vamos
a llevar”.
Pero para los que tenemos nuestra fe puesta en Jesucristo, el concepto que tenemos
de la vida es diferente. El Señor Jesucristo nos enseñó que “la vida del hombre no
consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Que “la vida es más que comida, y
el cuerpo que vestido.” (Lucas 12:15,23). Es la razón por la que nos amonesta a buscar
primero el reino de Dios antes que todas estas cosas.
El apóstol Pablo entendió claramente este principio de vida. Con razón les dice a los
cristianos filipenses: “Si vivo, quiero hacerlo para servir a Cristo, pero si muero, salgo
ganando.” (Filipenses 1:21 TLA).
Para el cristiano genuino, toda su vida en la tierra se
centra y gira alrededor de Cristo. Cristo es el todo en su
vida. Es el eje de su vida. Es el que le da sentido a la vida.
I. EL VIVIR ES CRISTO.
Pablo fue un hombre culto, educado a los pies de uno de los más prestigiosos maestros
del judaísmo (Gamaliel). Pablo era un fuerte candidato a formar parte del Sanedrín (la
alta jerarquía de la religión judía). Hablaba más de dos idiomas. Perseguidor acérrimo
de la iglesia y del cristianismo. Pero un encuentro con Cristo en el camino a Damasco
cambió totalmente el rumbo de su vida. Desde aquel encuentro, el temible perseguidor
de la iglesia quiso vivir para servir a Cristo y a su iglesia.
Ahora para Pablo, la vida cambió de significado. Él ahora quiere desarrollar valores
eternos y hablar a otros acerca de Cristo. Un encuentro personal con Jesucristo es lo
que nos cambia y nos ayuda a ver la vida desde una perspectiva eterna.
La máxima aspiración en la vida de Pablo era ser semejante a Cristo y hablar con valor
y claridad a favor de Su evangelio. Él llegó a decir “…todo lo considero pérdida por
razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido
todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo” (Filipenses 3:8 NVI).
En términos económicos, Pablo ve la vida como una gran inversión. Lo que
acumulemos en la tierra no vale en la obtención de la vida eterna. Ni riquezas ni
pobreza, ni la conquista de los honores más elevados, pueden hacernos ganar la vida
eterna. Deberíamos evaluar todo lo que sucede en nuestra vida, desde una perspectiva
eterna, como lo enseñó nuestro Señor Jesucristo: “Porque ¿qué aprovechará al hombre,
si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por
su alma?” (Mateo 16:26).
De ahí que su consejo fuera: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín
corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni
la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté
vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:19-21).
Equivocadamente se puede pensar que nos ganamos el favor de Dios dando dinero a la
iglesia, ayudando a los pobres, socorriendo a los niños necesitados, sosteniendo a las
viudas y desamparados. No dudamos que estas acciones tienen un alto valor social y
tienen su recompensa divina, pero no es lo que cuenta para alcanzar la salvación en
Cristo.
El verdadero tesoro es creer que Jesucristo es el único camino para llegar al Dios
verdadero (Hechos 4:12). Es buscar intencionalmente a Dios de todo corazón y permitir
que los propósitos de Dios se cumplan en toda nuestra vida y en todo lo que hacemos.
II. EL MORIR ES GANANCIA.
Esta es una declaración paradójica. Y responde a que el mayor deseo del apóstol Pablo
era estar en la presencia del Señor, por lo tanto, él no ve la muerte como el fin de la
vida, sino como una puerta que se abre para ir a estar en la presencia de Dios.
Para los que creen en Jesucristo como el Salvador del mundo, entonces la muerte
significa unión y reunión, unión con Él y reunión con los que hemos amado y perdido
por un tiempo, con los que se nos adelantaron.
Por lo general, no se piensa en la muerte como una de nuestras ganancias. La
perspectiva en la actualidad parece ser que «vivir es ganancia terrenal, y morir sería el
final de la ganancia». [1]
Pero el cristiano tiene otro concepto de la muerte. Él ve
la muerte…
Como el final de su misión terrenal y el comienzo de una vida mejor con Cristo.
“Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman,…”
(Romanos 8:28 PDT).
Como una liberación de las aflicciones de este mundo, con el propósito de ser
revestidos de vida y gloria celestial. “Estoy seguro de que los sufrimientos por los que
ahora pasamos no son nada, si los comparamos con la gloriosa vida que Dios nos dará
junto a él.” (Romanos 8:18 TLA).
Como una puerta que se abre para ir a estar con los que ya conquistaron el cielo
(Génesis 25:8).
Como una puerta a la eterna presencia de Dios (Filipenses 1:23).
El Señor nos consuela en su Palabra declarando que…
“Estimada es a los ojos de Jehová, La muerte de sus santos.” (Salmos 116:15).
La muerte es un viaje que nos lleva a disfrutar de las moradas eternas de nuestro
Padre celestial. “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo
hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” (Juan 14:2).
La muerte nos lleva al momento de recibir la corona de justicia. “En el cielo me espera
una corona, y el Señor, juez justo, me la dará en aquel gran día de su retorno. Y no sólo
a mí, sino a todos los que esperan ansiosos su venida.” (2 Timoteo 4:8 NT BAD).
La muerte nos lleva a recibir los elogios del Señor a quien hemos servido aquí en la
tierra. “Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre
mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:21).
CONCLUSIONES
Si usted no está listo para morir, entonces tampoco lo está para vivir. Asegúrese de su
destino eterno, y será libre para servir, entregado a lo que realmente vale, sin temor a
la muerte. Tal vez nunca te has preguntado ¿A dónde pasaré la eternidad?
[1] MacDonald, W. (2004). Comentario Bíblico de William MacDonald: Antiguo
Testamento y Nuevo Testamento (892). Viladecavalls (Barcelona), España: Editorial
CLIE.