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La Ficción de la Explosión Demográfica

El texto aborda la problemática de la explosión demográfica en países subdesarrollados, donde a pesar de ser ricos en recursos, la población vive en la miseria. A través de la intervención de técnicos y brigadas educativas, se implementan medidas drásticas que reducen la población, pero el hambre y la pobreza persisten. El autor refleja una profunda ironía al señalar que, a pesar de la disminución de la población, la miseria y el sufrimiento continúan, culminando en un gran silencio de soledad y desolación.

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La Ficción de la Explosión Demográfica

El texto aborda la problemática de la explosión demográfica en países subdesarrollados, donde a pesar de ser ricos en recursos, la población vive en la miseria. A través de la intervención de técnicos y brigadas educativas, se implementan medidas drásticas que reducen la población, pero el hambre y la pobreza persisten. El autor refleja una profunda ironía al señalar que, a pesar de la disminución de la población, la miseria y el sufrimiento continúan, culminando en un gran silencio de soledad y desolación.

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POBLACIÓN

BRITTO GARCÍA

Es la explosión, decían, no debes tener hijos, es la explosión demográfica, decían los técnicos,
mira: país tuyo rico, país tuyo produce buenos dividendos, pero tu gente pobre porque ah,
como en todos los países subdesarrollados, la explosión demográfica.

Y vinieron los técnicos con sus brigadas educativas diga que prefiere los pildorines o la
variectomía pero siempre también la esfinterectomía irreversible pero tan buena, no más
niños, no más subdesarrollo, y esto pasó hace tiempo y tuvimos el mar sin pescadores y los
montes sin pastores y las llanuras sin jinetes y la población se redujo a la mitad pero qué va, el
hambre lo mismo, apretaba como un alicate y entonces volvieron las brigadas.

Es la explosión, dijeron, siempre, siempre la explosión demográfica. La prueba, fíjate: tu país es


rico, tu país ha dado los mejores dividendos, pero no es suficientemente rico para que vivan
ustedes. Son demasiados, demasiados.

Y regresaron los técnicos con los rayos que dan sobredosis y la vacuna que se pone con la de la
viruela o sin la de la viruela porque mejor, vivan las pestes, y tuvimos las escuelas sin niños y
tuvimos los campos sin labradores y tuvimos las ventanas de los pueblos sin muchachas y
tuvimos los jardines sin jardineros y la población se redujo a un cuarto de lo que antes era,
pero el hambre apretaba como un torniquete y entonces volvieron las brigadas.

Es la explosión, dijeron, la explosión todavía, sólo así se explica país da tantos dividendos a los
buenos vecinos, y sin embargo su gente en la miseria. No murmuren de las compañías, no
sospechen de los consorcios, no piensen en eso, es la explosión.

Y nos dieron créditos para que nos aplicáramos los Esterilamide y empréstitos para que nos
compráramos los rociadores de cosechas y expandiéramos el Nulfertilón y a veces el
cianógeno mortal y tuvimos las calles sin transeúntes y tuvimos los salones hondos y sin tías
discutiendo el sarampión de los sobrinos y tuvimos los mercados donde sólo se vendían ecos y
tuvimos las carpinterías donde los clavos nunca salieron de las latas y enloquecieron dentro de
ellas y tuvimos la yedra estrangulando los columpios y tuvimos las muñecas que eternamente
se retorcían las manos y tuvimos las peceras cuya agua se evaporó, y la población se redujo a
un dieciseisavo de lo que antes era, es la explosión, decían, y la población se redujo a un
treintaidosavo y veíamos por todos lados cada vez más consorcios y cada vez más dividendos,
es la explosión, me repiten.

Ahora quedo yo solo, solo en todo el país que antes albergaba a tantos, y aún tengo hambre,
aún estoy enfermo, aún ignorante. Es la explosión, me dicen, es la explosión que impide el
desarrollo, y a lo lejos veo muchas alambradas de muchos consorcios y hoy moriré de hambre,
moriré de hambre en el país afortunado primero en liberarse de la explosión demográfica, y
está creciendo un gran silencio, un gran silencio, un gran silencio.

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