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Los GRUPOS Paganos

El documento detalla las acusaciones y críticas que los paganos hicieron contra los cristianos en los primeros siglos, clasificándolas en rumores populares y críticas de personas cultas. Se mencionan acusaciones de ateísmo, superstición, antropofagia, deslealtad al Estado, desprecio por los valores romanos y el origen humilde de Jesucristo, todas basadas en malentendidos y prejuicios. Estas acusaciones contribuyeron a la persecución de los cristianos, quienes debieron ofrecer argumentos sólidos para defender su fe.
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Los GRUPOS Paganos

El documento detalla las acusaciones y críticas que los paganos hicieron contra los cristianos en los primeros siglos, clasificándolas en rumores populares y críticas de personas cultas. Se mencionan acusaciones de ateísmo, superstición, antropofagia, deslealtad al Estado, desprecio por los valores romanos y el origen humilde de Jesucristo, todas basadas en malentendidos y prejuicios. Estas acusaciones contribuyeron a la persecución de los cristianos, quienes debieron ofrecer argumentos sólidos para defender su fe.
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GRUPO PAGANOS

PUNTOS A TRATAR EN EL DEBATE

Las acusaciones contra los cristianos


Lo que se decía acerca de los cristianos puede clasificarse bajo dos categorías: los rumores
populares y las críticas por parte de gentes cultas.
Los rumores populares se basaban generalmente en algo que los paganos oían decir o veían hacer
a los cristianos, y entonces lo interpretaban erróneamente. Así, por ejemplo, los cristianos se
reunían todas las semanas para celebrar una comida a la que frecuentemente llamaban “fiesta de
amor”. Esa comida era celebrada en privado, y sólo eran admitidos quienes habían sido iniciados
en la fe, es decir, bautizados. Además, los cristianos se llamaban “hermanos” entre sí, y no
escaseaban los casos de hombres y mujeres que decían estar casados con sus “hermanos” y
“hermanas”. Sobre la base de estos hechos, se fueron tejiendo rumores cada vez más exagerados,
y muchos llegaron a creer que los cristianos se reunían para celebrar una orgía en la que se daban
uniones incestuosas.
Según se decía, los cristianos comían y bebían hasta emborracharse, y entonces apagaban las
luces y daban rienda suelta a sus pasiones. El resultado era que muchos se unían sexualmente a
sus parientes más cercanos.
También sobre la base de la comunión surgió otro rumor. Puesto que los cristianos hablaban de
comer la carne de Cristo, y puesto que también hablaban del niño que había nacido en un
pesebre, algunos entre los paganos llegaron a creer que lo que los cristianos hacían era que
escondían un niño recién nacido dentro de un pan, y lo colocaban ante una persona que deseaba
hacerse cristiana. Los cristianos entonces le ordenaban al neófito que cortara el pan, y luego
devoraban el cuerpo todavía palpitante del niño. El neófito, que se había hecho partícipe de tal
crimen, quedaba así comprometido a guardar el secreto.
Otra extraña opinión que algunos sostenían era que los cristianos adoraban a un asno crucificado.
Desde algún tiempo antes, se había dicho que los judíos adoraban a un asno.
Ahora comenzó a transferirse esa opinión a los cristianos, a quienes se hacía entonces objeto de
burla.
Todas estas ideas —y otras muchas— que circulaban acerca de los cristianos eran a todas luces
falsas, y para refutarlas los cristianos no tenían más que señalar hacia su propia vida y conducta,
cuyos principios eran mucho más estrictos que los de los paganos.
Pero había otras acusaciones que se hacían contra los cristianos, no ya por el vulgo mal
informado, sino por personas cultas, muchas de las cuales conocían algo de las doctrinas
cristianas. Bajo diversas formas, todas estas acusaciones podían resumirse en una: los cristianos
eran gentes ignorantes cuyas doctrinas, predicadas bajo un barniz de sabiduría, eran en realidad
necias y contradictorias. Por lo general, ésta era la actitud que adoptaban los paganos cultos y de
buena posición social, para quienes los cristianos eran una gentuza despreciable.
En época de Marco Aurelio, un autor erudito de quien sólo sabemos que se llamaba Celso
compuso contra los cristianos un tratado que llamó “La palabra verdadera”. Allí Celso expresa el
sentimiento de quienes, como él, se consideraban sabios y refinados:
En algunas casas privadas nos encontramos con gente que trabaja con lana y con trapos, y a
zapateros, es decir, a las gentes más incultas e ignorantes. Delante de los jefes de familia, esta
gente no se atreve a decir palabra. Pero tan pronto como logran apartarse con los niños de la
casa, o con algunas mujeres tan ignorantes como ellos, empiezan a decirles maravillas. [...] Los
que de veras quieran saber la verdad, que dejen a sus maestros y a sus padres, y que vayan con
las mujeres y los chiquillos a las habitaciones de las mujeres, o al taller del zapatero, o a la
talabartería, y allí aprenderán la vida perfecta. Es así como estos cristianos encuentran quien les
crea (Orígenes, Contra Celso, 3:55).
Por la misma época, Cornelio Frontón, que había sido maestro de Marco Aurelio, compuso otro
ataque contra los cristianos que desafortunadamente se ha perdido. Sin embargo, es posible que
el autor cristiano Minucio Félix esté citando la obra de Frontón al poner en labios de un pagano
las siguientes
palabras: Si os queda un ápice de sabiduría o de vergüenza, dejad de investigar lo que sucede en
las regiones celestiales, y los destinos y secretos del mundo. Basta con que miréis dónde ponéis
los pies, sobre todo a gentes como vosotros, sin educación ni cultura, sino rústicas y rudas
(Octavio, 12).
Luego, la enemistad contra los cristianos, que muchas veces pretendía basarse sólo en cuestiones
de religión y doctrinas, también tenía mucho que ver con prejuicios de clase. Las personas
supuestamente refinadas no podían ver con buenos ojos que esa gentezuela, pobre e inculta,
pretendiera conocer una verdad que ellas no conocían.
En todo caso, las gentes cultas atacaban al cristianismo diciendo ante todo que era una religión
de bárbaros. Buena parte de lo que los cristianos enseñaban no había sido descubierto por los
griegos ni por los romanos, sino por el inculto pueblo judío, cuyos supuestos sabios nunca se
elevaron a la altura de los filósofos griegos. Y lo poco de bueno que pueda encontrarse en las
Escrituras de los judíos se debe probablemente a que fue copiado de los griegos.
Además —siguen diciendo las gentes como Celso, Frontón y otros— el Dios de los judíos y
cristianos es un Dios ridículo. Por una parte dicen que es omnipotente, y que es el ser supremo
que se encuentra por encima de todo. Pero por otra parte le describen como un ser curioso, que se
inmiscuye en todos los asuntos humanos, que está en todas las casas viendo lo que se dice y
hasta lo que se cocina. Ese modo de concebir la divinidad es una sinrazón. O bien se trata de un
ser omnipotente, por encima de todos los otros seres, y por tanto apartado de este mundo; o bien
se trata de un ser curioso y entremetido, para quien las nimiedades humanas resultan interesantes.
En todo caso, sea cual fuere este Dios de los cristianos, el hecho es que su culto destruye la fibra
misma de la sociedad, pues hace que quienes lo siguen se abstengan de toda clase de actividades
sociales, so pretexto de que participar en ellas sería adorar a dioses que no existen. Pero, si en
verdad tales dioses no existen, ¿por qué temerles? ¿Por qué no participar de su culto junto a la
gente sensata, aun cuando uno no crea en ellos? El hecho parece ser que los cristianos, que dicen
que los dioses paganos son falsos, sin embargo siguen temiendo a esos dioses.
En cuanto a Jesús, basta recordar que fue un malhechor condenado por las autoridades romanas.
Celso llega hasta a decir que era hijo ilegítimo de María con un soldado romano. Si de veras era
Dios o Hijo de Dios, ¿por qué permitió que le crucificaran? ¿Por qué no hizo que cayeran
muertos sus enemigos? ¿Por qué no desapareció cuando iban a clavarle al madero? Y suponiendo
que de hecho Dios vino a la tierra en Jesús, pregunta Celso:
¿De qué puede servir tal visita de Dios a la tierra? ¿Será quizá para averiguar lo que pasa entre
los seres humanos? ¿No lo sabe él todo? ¿O será que lo sabe, pero no puede corregirlo si no
viene él en persona a hacerlo? (Contra Celso, 4 2).
Por último, estos cristianos andan predicando y creyendo que han de resucitar. Es sobre la base
de esa fe que se enfrentan al martirio con una obstinación casi increíble. Pero no es cosa de
gentes sensatas dejar esta vida, que es cosa segura, por otra vida supuestamente superior, que en
el mejor de los casos es cosa dudosa.
Y eso de la resurrección es el colmo de las necedades cristianas. ¿Cómo han de resucitar aquéllos
cuyos cuerpos han sido destruidos por fuego, o devorados por los peces o las fieras? ¿Irá Dios
por todo el mundo recogiendo y uniendo los pedazos de cada cuerpo? ¿Cómo se las arreglará
Dios, en el caso de aquellas porciones de materia que han pertenecido primero a un cuerpo, y
después a otro? ¿Se las adjudicará a su primer dueño? En tal caso, ¿quedará un hueco en el
cuerpo resucitado del dueño posterior? Como vemos, todas estas observaciones, comentarios y
preguntas se dirigían al corazón mismo de la fe cristiana. No se trataba ya de rumores infundados
acerca de orgías incestuosas, ni de
prácticas de canibalismo, sino que se trataba más bien de las doctrinas mismas del cristianismo.
A tales burlas y ataques no se podía responder con una mera negación. Era necesario más bien
ofrecer argumentos sólidos que respondiesen a las objeciones que se planteaban. Tal fue la obra
de los apologistas.
Argumentos resaltantes de Los paganos en contra de los cristianos

Durante los primeros siglos del cristianismo, los paganos presentaron una serie de argumentos
contra los cristianos, basados en sus creencias, prácticas y su aparente desafío al orden social
romano. Estos son algunos de los argumentos más comunes:

1. Ateísmo:

• Los romanos, acostumbrados a un panteón de dioses, consideraban a los cristianos ateos


porque negaban la existencia de sus deidades.
• Su negativa a participar en los rituales y sacrificios tradicionales era vista como una
ofensa a los dioses, que se creía que protegían a Roma.

2. Superstición y Novedad:

• El cristianismo era visto como una superstición nueva y extraña, que desafiaba las
antiguas tradiciones romanas.
• Se les acusaba de adorar a un criminal crucificado y de practicar rituales secretos y
oscuros.

3. Antropofagia y Incesto:

• Debido a la práctica de la santa cena, los cristianos fueron acusados de canibalismo, ya


que se decía que comían el "cuerpo" y bebían la "sangre" de Cristo.
• Las reuniones fraternales entre hombres y mujeres también dieron lugar a acusaciones de
incesto y promiscuidad.

4. Subversión y Deslealtad:

• La negativa de los cristianos a adorar al emperador como un dios era vista como un acto
de deslealtad y subversión contra el Estado romano.
• Se les acusaba de ser una sociedad secreta que conspiraba para derrocar el orden
establecido.

5. Desprecio por los Valores Romanos:

• Los cristianos eran criticados por su desprecio por los valores romanos tradicionales,
como la riqueza, el poder y la gloria militar.
• Su énfasis en la humildad, la paz y el amor al prójimo era visto como una debilidad y una
amenaza para la fortaleza de Roma.

6. Origen Humilde:

• El origen humilde de Jesucristo, un carpintero de una provincia remota, era motivo de


burla para los romanos, que valoraban la nobleza y el estatus social.

Estos argumentos, a menudo basados en malentendidos y prejuicios, contribuyeron a la


persecución de los cristianos durante los primeros siglos de su existencia.

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