Tema: Análisis critico
Estudiante:
Jirlany Umaña Jiménez
Universidad Internacional San Isidro Labrador. Facultad de Educación
Curso: (MAS-11)
Diagnóstico / evaluación participativa
Facilitador:
Mc Cathy Whithly Zahyra
ANALISIS DE LA LECTURA EVALUACIÓN DEL APRENDIZAJE: DE LA
MEDICIÓN A LA EVALUACIÓN POR
COMPETENCIAS. UNIVERSIDAD NACIONAL DANIEL ALCIDES CARRIÓN,
PERÚ. 2020
El texto aborda la evolución del sistema educativo peruano en el marco de los cambios
globales en educación, destacando la influencia de acuerdos internacionales como la también
menciona la relevancia de las evaluaciones PISA y la Evaluación Censal de Estudiantes
(ECE) en la implementación de políticas educativas en el país.
Uno de los puntos clave del análisis es la crítica a la falta de una cultura evaluadora
integral en el sistema educativo. Se enfatiza que la evaluación no debe limitarse a la medición
del rendimiento estudiantil, sino que debe ser una herramienta para comprender fortalezas y
debilidades en el proceso de aprendizaje. Se cita a Chaviano (2016) para reforzar la idea de
que la evaluación debe dirigir el proceso de enseñanza-aprendizaje y determinar su grado de
eficiencia.
El texto también menciona la confusión frecuente entre evaluación y medición,
argumentando que los docentes, en su mayoría, asignan calificaciones sin emplear
instrumentos adecuados para evaluar de manera efectiva. Se resalta la necesidad de cambiar
esta visión reduccionista
También se subraya la importancia de generar investigaciones y debates sobre la
evaluación educativa para mejorar la calidad de la educación en el Perú. Resaltemos que una
visión amplia del concepto de evaluación, destacando que su significado varía según el
contexto y los autores. Se menciona que, para algunos, la evaluación implica un juicio sobre
la calidad, mientras que para otros es un proceso sistemático para examinar aspectos
importantes. Además, se señala que la evaluación es una actividad cotidiana que influye en
la toma de decisiones.
En el ámbito educativo, la evaluación suele asociarse con exámenes y la medición del
rendimiento de los estudiantes, lo que reduce su verdadero alcance. Desde la perspectiva
política, se la concibe como un mecanismo de control de políticas públicas y estrategias
gubernamentales.
Un aspecto relevante del análisis es la dualidad en la percepción de la evaluación: por
un lado, como una herramienta constructiva para mejorar e innovar, y por otro, como un
mecanismo que limita la creatividad y genera temor debido a su función fiscalizadora. Esta
última visión es común en muchos contextos educativos, donde la evaluación es vista más
como un medio de control que como una estrategia de mejora.
Se observa como la reflexión sugiere la necesidad de replantear el concepto de
evaluación para que esto no sea vista como una amenaza, sino como un proceso que fomenta
el aprendizaje y la innovación.
“Algunas veces se ve la evaluación como un instrumento constructivo para llevar a
cabo mejoras e innovaciones; otras, como una actividad destructiva que amenaza la
espontaneidad y paraliza la creatividad, esta visión es muy común en nuestro medio, en el
que pesa cierta tradición de la función fiscalizadora de la evaluación” (Moreno, 2009).
La evaluación del aprendizaje ha evolucionado significativamente en las últimas
décadas, pasando de un enfoque meramente cuantitativo basado en la medición de resultados,
a un modelo integral que valora el desarrollo de competencias. Este cambio responde a la
necesidad de preparar a los estudiantes para entornos dinámicos y complejos, donde el
aprendizaje no solo se mide, sino que se evidencia a través de habilidades aplicadas en
contextos reales.
Históricamente, la evaluación se centró en la medición de conocimientos adquiridos
mediante exámenes y pruebas estandarizadas. Sin embargo, este enfoque resultó insuficiente
para valorar las capacidades reales de los estudiantes en la resolución de problemas y la
aplicación del conocimiento. Según Tobón (2008), "la evaluación de competencias requiere
un cambio de paradigma en la educación, donde la formación esté orientada hacia el
desarrollo de habilidades integrales y no solo a la acumulación de información" (p. 47).
La evaluación por competencias implica la consideración de diversos aspectos, como
la autonomía del estudiante, la creatividad y la capacidad de integración del conocimiento.
En este sentido, se han propuesto modelos alternativos a la evaluación tradicional, como la
autoevaluación, la coevaluación y la evaluación formativa, que promueven un aprendizaje
más reflexivo y significativo. Según Zabala y Arnau (2014), "la evaluación de competencias
no solo mide resultados finales, sino que también considera el proceso de aprendizaje,
permitiendo retroalimentaciones constantes que mejoran el desempeño del estudiante" (p.
92).
Además, la tecnología ha jugado un papel crucial en la transición de la medición a la
evaluación por competencias. La implementación de plataformas digitales y el uso de
herramientas interactivas han permitido la creación de entornos de aprendizaje más flexibles
y personalizados. De acuerdo con lo que indica Rueda (2017), "la evaluación mediada por
tecnología facilita el seguimiento del aprendizaje y permite la adaptación de estrategias
pedagógicas según las necesidades individuales de los estudiantes" (p. 115).
La evaluación del aprendizaje ha evolucionado de la simple medición de resultados a
un enfoque más amplio que integra la evaluación por competencias. Este cambio es esencial
para formar individuos capaces de enfrentar los desafíos del mundo contemporáneo, donde
el conocimiento no solo debe adquirirse, sino aplicarse de manera efectiva en diferentes
contextos.
Se puede notar como se plantea un cambio de paradigma en la evaluación educativa.
Su argumento principal es que la evaluación del aprendizaje no debe centrarse
exclusivamente en la medición cuantitativa de resultados, sino que debe enfocarse en un
modelo basado en competencias, donde se valoren habilidades, conocimientos y actitudes de
manera integral.
Mi postura respecto a este argumento es favorable, ya que considero que la evaluación
por competencias permite un aprendizaje significativo y aplicable a situaciones reales. La
medición tradicional, basada en exámenes estandarizados, a menudo deja de lado habilidades
críticas como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la colaboración. En
cambio, la evaluación por competencias busca desarrollar al estudiante de manera integral,
promoviendo su capacidad de aplicar conocimientos en diversos contextos.
Estoy de acuerdo con la postura del autor porque la evaluación centrada en
competencias refleja mejor el aprendizaje real y prepara a los estudiantes para enfrentar los
desafíos del mundo laboral y académico. Además, este enfoque fomenta una educación más
equitativa, ya que considera las diferencias en los estilos de aprendizaje y en los ritmos de
desarrollo de cada estudiante.
Entre las recomendaciones del autor se encuentran la necesidad de diseñar estrategias
de evaluación más flexibles y contextualizadas, incorporar metodologías activas de
enseñanza y fomentar la autoevaluación y la coevaluación como herramientas para fortalecer
el aprendizaje. Considero que estas recomendaciones son apropiadas porque permiten que
los estudiantes participen activamente en su proceso de aprendizaje y promueven una mayor
autonomía. No obstante, su aplicación requiere un cambio en la formación docente y en la
cultura educativa tradicional, lo que puede generar resistencia y dificultades en su
implementación.
Las implicaciones de estas recomendaciones para aprehender de forma diferente son
significativas, ya que implican un cambio en la manera en que los estudiantes y docentes
conciben la evaluación. Pasar de una visión de la evaluación como simple calificación a un
proceso continuo de mejora y reflexión sobre el aprendizaje podría transformar la experiencia
educativa, haciendo que el estudiante se convierta en un agente activo de su formación.
Además, fomenta el desarrollo de habilidades transversales esenciales para la vida
profesional y personal, como el pensamiento crítico y la resolución de problemas.
La transición de la medición a la evaluación por competencias es un enfoque más
adecuado para las necesidades actuales de la educación, ya que favorece un aprendizaje más
profundo y contextualizado. Si bien su implementación requiere cambios estructurales y
pedagógicos, sus beneficios en la formación de estudiantes más preparados para la realidad
social y laboral justifican la necesidad de su adopción.
La evaluación del aprendizaje ha evolucionado desde un enfoque basado en la
medición cuantitativa hacia un modelo más integral que considera el desarrollo de
competencias. Tradicionalmente, la medición se centraba en calificaciones numéricas que
reflejaban el desempeño del estudiante en pruebas estandarizadas. Sin embargo, este método
ha sido cuestionado debido a su limitada capacidad para reflejar el verdadero aprendizaje y
desarrollo de habilidades en contextos reales.
El enfoque por competencias representa un avance significativo en la educación, ya
que no solo valora los conocimientos adquiridos, sino también la capacidad de aplicarlos en
situaciones concretas. Este tipo de evaluación fomenta la autonomía del estudiante, la
resolución de problemas y el pensamiento crítico, aspectos fundamentales para enfrentar los
desafíos del mundo actual. Además, permite una retroalimentación más significativa,
orientada al mejoramiento continuo del aprendizaje.
Otro aspecto clave de la evaluación por competencias es su carácter formativo e
inclusivo. A diferencia de la medición tradicional, que muchas veces genera exclusión y
categorización de los estudiantes, la evaluación por competencias reconoce la diversidad de
habilidades y ritmos de aprendizaje. De esta manera, se promueve un proceso educativo más
equitativo y centrado en el desarrollo integral del estudiante.
Es importante destacar que la transición de la medición a la evaluación por
competencias requiere cambios en las metodologías de enseñanza y en la formación docente.
Los educadores deben estar preparados para diseñar instrumentos de evaluación que valoren
tanto el proceso como el resultado del aprendizaje. Esto implica la incorporación de
estrategias como la autoevaluación, la coevaluación y el uso de rúbricas, que permiten una
apreciación más holística del desempeño estudiantil.
Asimismo, la implementación de este modelo enfrenta desafíos, como la resistencia
al cambio y la necesidad de políticas educativas que lo respalden. Es fundamental que las
instituciones educativas promuevan una cultura de evaluación que vaya más allá de la
calificación y que realmente contribuya al desarrollo de competencias en los estudiantes. Para
ello, se requiere una planificación adecuada y el compromiso de todos los actores educativos.
REFERENCIAS
Chaviano, O. (2016). La evaluación del aprendizaje: nuevas tendencias y retos para el
profesor. Edumecentro. versión On-line ISSN 2077-2874.
Moreno, T. (2009). La evaluación del aprendizaje en la universidad: tensiones,
contradicciones y desafíos. Revista mexicana de investigación educativa, 5
Tobón, S. (2008). Formación basada en competencias: Pensamiento complejo, diseño
curricular y didáctica. Ecoe Ediciones.
Zabala, A., & Arnau, L. (2014). Cómo aprender y enseñar competencias: 11 ideas clave.
Graó.
Rueda, M. (2017). Evaluación del aprendizaje mediada por tecnología: Enfoques y
estrategias para la educación actual. Editorial UPN.