Unidad 4
Primer y Segundo años de vida:
Los organizadores del desarrollo mental de Spitz.
Es un estudio experimental detallado, que investiga una población de 145 niños desde que
nacieron hasta los doce meses. Esta difería de acuerdo con su procedencia, social y nacional. Los
infantes fueron expuestos a una serie de estímulos y situaciones experimentales a intervalos
regulares. Esto resultó tan eficaz como el semblante humano, para provocar la sonrisa del infante
de tres meses. Además tenía la ventaja de prestarse con más facilidad a modificaciones,
permitiéndonos así aislar los elementos esenciales de que ha
de constar la Gestalt privilegiada para que sea efectiva. Estas Indiferenciación: ausencia de cualidades,
investigaciones son: características o circunstancias diferenciales.
1. El desarrollo de las primeras relaciones objétales.
Sujeto: el neonato es incapaz de una acción psíquica, es un estado inicial de indiferenciación
llamado “fusión”. Durante el primer año se despliegan lenta y continuadamente hasta el desarrollo
de una relación con un objeto externo estable.
Objeto: es un objeto libido en el que la pulsión puede alcanzar su satisfacción, por lo que está
subordinado a ella y se propone al niño como fuente de
satisfacción. Este objeto puede ser exterior, una parte Freud propone que la libido es la “energía de las
del cuerpo y puede ser sustituido. Se describe por su pulsiones o instintos que dirige toda conducta”.
historia y génesis, las coordenadas que circunscriben
este objeto consisten en la estructura de las pulsiones
dirigidas hacia él.
2. Denota la importancia del vínculo madre-hijo.
Toma aportes de la psicolingüística, de la génesis del yo y del aparato psíquico mediante la
observación. Se basa en un modelo extrapolado de la embriología, de donde toma el concepto de
organizador: “corrientes del desarrollo que operan en diferentes sectores de la personalidad, que
uniéndose unas con otras y al proceso de maduración, dan por resultado una nueva estructura
psíquica de mayor complejidad”. Estructura de complejidad cada vez más elevada que se
desarrollan en un punto donde convergen diversas líneas del desarrollo y forman el Yo. Son
conductas que dan cuenta de una mayor organización psíquica, la construcción del psiquismo no
se da espontáneamente.
3. Para Spitz la estructuración temprana del psiquismo se caracteriza por estadios secuencias
de diferenciación continua. Cada estadio representa un nivel de complejidad creciente,
con tendencia a las síntesis y a la progresión de lo no organización e indiferenciado a lo
organizado y estructurado. Cuando un estadio llega a su culminación, alcanza un punto
crítico en el cual emerge un nuevo organizador.
Estadio: PREOBJETAL. Organizador: NO HAY. 2-3 meses (narcisismo primario según Freud)
Estado de organización primitiva: indiferenciación entre psiquismo y soma, entre el Yo y Ello. Los
reflejos están separados, el niño cree que el cuerpo de la madre es su continuidad y tiene un
umbral de percepción muy elevado. Se caracteriza por el sistema interoceptivo: solo responde a
necesidades internas expresadas en llantos movimientos. Son importantes los afectos en la
relación madre-hijo.
A partir de un comienzo regido por el principio de Nirvana, tendiente al rechazo del estímulo,
comenzarán a diferenciarse conductas encuadradas en el principio del placer-displacer.
Octavo día: el niño responde a señales que se van especificando en las ocho semanas siguientes.
Hasta el segundo mes, el lactante solo reconoce la señal de alimento cuando tiene hambre y
percibe visualmente la aproximación del ser hombre, si a la hora de tomar el pecho se acerca un
adulto el bebé que llora se calma y abre la boca o adelanta los labios, responde a un estímulo
exterior por lo tanto el hambre adquiere su posición única entre las cosas que rodean al niño. Dos
o tres semanas después cuando el niño perciba el rostro humano lo seguirá en todos sus
movimientos con atención concentrada, este fenómeno estriba en el hecho de que el rostro
humano se presenta al niño en cada situación de alivio y necesidad.
No hay objeto de la libido. Al no haber organizador, al nacer el niño se guía por sensaciones
interoceptivas (no reconoce el mundo exterior), no responde a objetos exteriores, la barrera
perceptiva es muy elevada.
Estadio: OBJETO PRECURSOR. Organizador: SONRISA SOCIAL. 3 a 6 u 8 meses.
Se observa una conducta afectiva específica, el objeto tiene una posición única: el niño fija
sus ojos en el rostro de la madre. El bebé reconoce mínimamente el estímulo, no como objeto si
no como gesta-señal que consiste en el conjunto: frente-ojos y nariz, que va dejando una huella
mecánica y constituye un precursor del reconocimiento del objeto. Los sujetos son
intercambiables en esta época. Se denomina a esta respuesta “relación pre-objetal”, mientras que
se denomina “objeto precursor” a la señal por la cual se verifica el reconocimiento.
El organizador es la sonrisa social, externa al bebé. Durante los primeros tres meses, las
gratificaciones más importantes (alimento y manipulación) coinciden con la visualización de un
rostro humano de frente, dicho estímulo se constituye en una gestalt-señal afectivamente
privilegiada entre las percepciones incipientes del mundo exterior, por lo tanto el bebé sonríe solo
cuando ve un rostro de otra persona de frente. El niño no reconoce los atributos esenciales de la
madre es una respuesta limitada.
Su establecimiento implica la iniciación de las relaciones sociales, un pasaje de la
transmisión de la pasividad a la actividad, la iniciación de pensamiento, la conversión de la acción
en una forma de canalizar energías libidinales y agresivas y el fraccionamiento de la energía
procedente de los estímulos.
Consecuencias: se produce una reorganización completa, es un periodo muy vulnerable.
Incipiente prueba de realidad su establecimiento indica la constitución de un Yo rudimentario y de
un Ello existiendo una incipiente diferenciación entre ellos. Direccionalidad de la conducta hacia
un objeto: las conductas antes aleatorias se organizan hacia un objeto específico de la percepción.
La barrera contra los estímulos se hace cada vez menos necesaria: las energías de los estímulos
llegan ahora fraccionadas. Están divididas entre los diferentes sistemas de indicios de memoria, y
reservadas o descargadas en forma de acción. Explicada sobre la base de un precursor evolutivo
de las huellas mnémicas: memoria rudimentaria que permite acumular la experiencia de
satisfacción repetida en lapsos regulares permitiendo demorar la descarga pulsional hasta que
llegue el estímulo. Dirección sistemática, coordinación e interdependencia de las pulsiones: se
organizan y dirigen a un fin específico. La sonrisa representa una conducta voluntaria, consciente y
dirigida al mundo exterior. Posibilita el pasaje del predominio interoceptivo al exteroceptivo: la
experiencia psíquica ya no está dominada por la cenestesia si no por la percepción sensorial del
mundo exterior. El psiquismo comienza a operar como un todo unitario con el inicio de múltiples
nuevas funciones.
Estadio: OBJETAL. Organizador: ANGUSTIA DE LOS 8 U 6 MESES. EL NO SEMANTICO DE un año.
Etapa intermedia entre la supuesta ausencia de percepción de la realidad y su plena aceptación. Se
manifiesta una nueva conducta emocional, la “angustia del octavo mes”.
Angustia del octavo mes: el niño distingue a la madre de los demás rostros humanos, y lo
demuestra con su rechazo ante la aparición de un extraño, expresada por conductas como el
llanto, mirar hacia otro lado, bajar los ojos, gritar o cubrirse la cara. Esta reacción se considera
como la primera manifestación de angustia propiamente dicha. Este organizador, pueden facilitar
o no su establecimiento, mientras que el primer organizador resulta más vulnerable a la calidad de
relaciones objétales. En la angustia de los ocho meses el objeto ha sido constituido en el terreno
visual y afectivo. Físicamente se da la Mielinización de las vías nerviosas, la coordinación de grupos
de músculos, el ajuste de la postura y el equilibrio.
Consecuencias: El niño puede distinguir entre conocidos y desconocidos. Aparece la percepción
intrapsiquica de la no identidad del extraño con la madre de la cual está privado. Comprende y
responde a los gestos sociales; demostrado en la aptitud para participar en los juegos sociales (el
niño se hace capaz de devolver una pelota que se le envía). Comprende y maneja el espacio más
allá de la cuna. Comprende las relaciones entre las cosas. Distingue una cosa de otra (ya puede
existir un juguete preferido). Aparecen nuevos matices en la expresión afectiva y la diferenciación
entre la agresión de la libido y el destino de estas dos pulsiones. Se puede hablar de un Yo
propiamente dicho (memoria, percepción). Hay una nueva función del yo: el enjuiciamiento.
Surgen nuevos mecanismos de defensa del yo (la identificación). Algunos niños evidencias intentos
de imitación; de acciones fisiognómicas del rostro que el adulto les muestra de la totalidad.
“No” semántico: Aparece aproximadamente a los 15 meses. Al adquirir la locomoción, la palabra
más usada por la madre es “no” para impedir que el bebé haga ciertas cosas, el infante también lo
comenzara a imitar como signo de los actos frustrantes maternos, este será uno de los primeros
símbolos semánticos que aparezcan en el código de comunicación semántica del niño, el
movimiento de la cabeza y la palabra no. Cuando el infante dice “no” es capaz de entender su
significado, no se trata de una imitación pura y simple, el niño es quien elige la circunstancias en
que lo aplica, emplea este gesto cuando rehúsa algo. El “no” semántico es la primera abstracción
semántica, es una relación objetal propiamente dicha, es una comunicación a distancia, reciproca,
activa e intencional donde el lenguaje aparece como medio exclusivo de los intercambios. A
diferencia de las palabras globales, el signo negativo de la palabra No representa un concepto.
Implica la comprensión de la prohibición verbal y privación de amor. El No de la madre impide al
niño concluir la tarea, contribuyendo a grabar en su memoria el recuerdo de la experiencia
inconclusa.
Consecuencias: Desarrollo de la función semiótica y del lenguaje. Comienzo del pensamiento
operativo basado en el lenguaje. Enriquecimiento de las relaciones objétales gracias al lenguaje.
Surgimiento de nuevos mecanismos de defensa. Se trata más bien de una identificación con el
frustrado. Posibilita la capacidad de emitir juicios a través de la negación. Aquí comienza la
humanización de la especie, porque es el origen de intercambios recíprocos de comunicaciones,
intencionales y dirigidas, por medio de símbolos somáticos.
Plasticidad Infantil
Para que se den estos sucesos es necesario un
Plasticidad: es la capacidad que tiene la estructura
moldeamiento del niño. El primer año del niño se
cerebral para modificarse con el aprendizaje.
destina a explorar el terreno que ha conquistado, y esta
exploración se produce por intercambios constantes
entre el niño y el objeto de la libido (madre). En este intercambio el niño establece los límites de
sus capacidades y traduce en acción la fuerza de sus impulsos agresivos y libidinales, por lo que los
primeros años de vida deben tomarse como un periodo de evolución.
Es el periodo más plástico debido a:
La impotencia del recién nacido de provocar la acción específica de lo que le rodea, es
necesaria para la comunicación que cumple una función secundaria y la base primera de
todos los motivos de la moral son el placer (el bien) y el displacer (el mal).
Es un periodo de transformación: el “estado transicional del desarrollo del lactante”
donde el mismo atraviesa un proceso de transiciones continuas, violentas e
intempestuosas.
La ausencia de una estructura psíquica, que puede defenderse de los estímulos por la
barrera protectora del elevado umbral de su percepción. Más tarde cuando el umbral
comience a disminuir, los nuevos estímulos modificaran la personalidad del niño hasta que
se forme un Yo.
El papel de los afectos en las relaciones entre madre e hijos
Durante los primeros meses las experiencias del niño se limitan al afecto y la actitud afectiva de la
madre será la que sirva de orientación al lactante, determinando la calidad de la experiencia de
vida. La gama de sentimientos, respuestas y comportamiento afectivo en cada estará influida por
las actitudes y personalidad de su hijo. Los dos factores en interacción son la madre con su
individualidad formada y un niño con su individualidad en formación. Madre e hijo viven en un
medio económico-social, en el que la especie inmediata son los miembros de la familia, y la
especie alejada el grupo, cultura, nación, periodo histórico y tradiciones.
Desarrollo socio-emocional desde la teoría del apego de Bowlby.
El apego se basa en que todo adolescente joven y adulto seguro de sí mismo y feliz es el producto
de hogares estables en lo que ambos padres le han dedicado gran parte de su vida con cantidad de
tiempo y atención.
La teoría del apego es una evolución evolutiva de la relación madre e hijos pero también es
contextual. Y su importancia en el psicoanálisis es la importancia en la experiencia primaria y la
defensa psíquica que va formando el niño.
Bowlby se observa que los malos vínculos tempranos producían trastornos mentales en los adultos
y se basa de los hallazgos de otros en 1950. Dándole una gran importancia y lo llama también la
pulsión del apego, diciendo que el niño para sobrevivir necesita a esta figura. Plantea que la
necesidad de contacto, afecto y vinculación con los otros que constituyen una tendencia primaria
por parte del bebé. Ya que el contacto con el otro va a ser más importante para la seguridad
personal que el ser amado.
Por eso se lo define como “El vínculo que se crea a temprana edad entre el niño y el adulto que lo
cuida, teniendo el efecto de mantener durante los primeros años de vida la aproximación maso
menos estrecha con figuras maternas”.
Caracterizada por:
Le proporciona seguridad emocional y protección que son dos pilares para el desarrollo
socio-emocional del niño.
Es importante para la conservación de la vida como la necesidad de alimentación y la
pulsión sexual.
Tiene raíces biológicas pero la forma que va a adoptar en cada una depende de la
experiencia que haya tenido con ese niño durante la primera infancia y el cuidador.
Es la primera relación de dependencia con su madre o cuidador. Y entre todas las personas
que lo suelen cuidar focalizar uno, sucede porque es la figura más constante para el niño.
Es un proceso evolutivo.
Es el momento clave es para este apego es en el nacimiento y después de la etapa pos-
natal.
El papel social indispensable
Tener hijos supone correr un gran riesgo, la paternidad exitosa es una clave importante
para la salud mental de la generación. Ser padre exitoso supone un trabajo arduo. Actualmente,
para muchas personas estás son verdades desagradables. Dedicarles tiempo y atención a los niños
significa sacrificar otros intereses y actividades. Diversos estudios, demuestran que los
adolescentes y los adultos jóvenes sanos, felices y seguros de sí mismos son el producto de
hogares estables en los que ambos padres dedican gran cantidad de tiempo y atención a los hijos.
También quiero remarcar que el cuidado de un bebé o de un niño pequeño no es tarea
para una persona sola. De quién proviene esa ayuda es algo que puede variar: a menudo proviene
del otro padre o con más frecuencia de la abuela. En la mayoría de las sociedades del mundo estos
hechos se han dado y aún se dan por sentados, y la sociedad se ha organizado de acuerdo con
ellos. La energía que el hombre y la mujer dedican a la producción, en sus propios hogares, de
niños felices, sanos y seguros de sí mismos. Hemos creado un mundo trastornado. La sociedad en
que vivimos no sólo es un producto del ayer sino un producto muy peculiar.
El comienzo de la interacción madre-niño.
Cuando se le da la libertad a la madre inmediatamente después del nacimiento del
niño, lo alza y comienza a acariciarle la cara con las yemas de los dedos. Ante esto, el
bebé se tranquiliza.
Desde el momento del nacimiento la atención se vuelca sobre el bebé. Es probable que
una madre sienta el deseo de pasar muchas horas simplemente contemplando su
nueva posesión. Por lo general, hay un momento en el que siente que el bebé es
realmente suyo. En algunas madres esto ocurre pronto, sin embargo esto puede
postergarse hasta una semana o hasta que llegue a su hogar.
Cuando una madre y su hijo de dos o tres semanas se encuentran frente a frente,
tienen lugar a una fase de animada interacción social. A lo largo de estos ciclos puede
ocurrir que el bebé este tan espontáneamente activo como su madre. Donde sus roles
difieren es en la coordinación de sus respuestas. Además, ella modifica la forma que
toma su conducta para adaptarse a él. Así crean un dialogo.
La madre se adapta a los ritmos naturales de su hijo y al prestar atención a los detalles
de la conducta de éste. Al hacerlo, no sólo lo contenta sino que también obtiene su
cooperación. Porque, si bien inicialmente la capacidad de adaptación del bebé es
limitada, no está totalmente ausente. Podemos deducir sin ninguna duda que los bebés
están pre-programados para desarrollarse de manera socialmente cooperativa; que lo
hagan o no depende en gran medida de cómo son tratados.
El rol de las figuras de apego
El cuidador principal permanezca accesible y responda ante su necesidad.
Se mantiene sensible para comprender las señales del niño, aunque actualmente se habla
de empatía (la madre entiende lo que él bebé necesita tomando su perspectiva)
Requiere un tiempo adecuado y una atmósfera relajada para establecer el vínculo.
La figura de apego está apoyada a otra persona, durante el primer año de vida del niño/a y
cuente con su base segura.
Las expectativas y actividades expresadas por la madre durante el embarazo también son
significativa.
El rol de la madre y del padre, semejanzas y diferencias.
Varios niños han sido estudiados mediante el procedimiento de una situación
desconocida, que da la oportunidad de observar cómo responde. Primero en presencia de sus
padres, luego cuando se los deja solo, y más tarde cuando sus padres regresan. Como resultado de
estas observaciones se puede clasificar a los niños entre los que presentan en una pauta de apego.
Casi todos los estudios han observado a los niños con sus madres. Sin embargo, Main y
Weston aplicaron el trabajo observando a unos sesenta niños, primero con uno de los padres y
síes meses más tarde con el otro. Uno de los descubrimientos consistió en que las pautas de apego
mostradas a los padres se parecían mucho a las mostradas por las madres. Pero cuando se
examinaron las pautas mostradas por cada niño en particular, no se encontró ninguna correlación
entre las pautas mostradas con un progenitor y la mostrada con el otro. Así, un niño puede tener
una relación segura con la madre pero no con el padre, un segundo puede tenerla con el padre
pero no con la madre, un tercero puede tenerla con ambos padre, y un cuarto no tenerla con
ninguno de los dos. Los que tenían una relación segura con ambos padres eran más seguros de sí
mismos y más aptos; los que no tenían una relación segura con ninguno de los dos no lo eran en
absoluto; y aquellas que tenían una relación segura con un progenitor pero no con el otro, se
encontraban en un punto intermedio.
Dado que existen indicios de que la pauta de apego que un niño no dañado en el
momento del nacimiento desarrolla con su madre es el producto de cómo lo ha tratado, es más
probable que la de su padre sea el producto de cómo lo ha tratado éste. El estudio sugiere que al
proporcionar una figura de apego para su hijo, un padre puede estar desempeñando un rol muy
parecido al desempeñado por la madre. Sin embargo, en la mayoría de las culturas los padres
cumplen ese rol con mucha menor frecuencia que las madres, al menos cuando son pequeños. La
provisión por parte de ambos progenitores de una base segura a partir de la cual un niño o un
adolescente puede hacer salidas al mundo exterior y a la cual puede regresar sabiendo con certeza
que será bien recibido. Cuanto más confían en que su seguridad y en que está preparada para
responder, más lo dan por sentado. No obstante, si uno de los progenitores enfermara o morirá, la
enorme importancia de la base para el equilibrio emocional del niño o el adolescente, se vuelve
inmediatamente clara.
Fases de apego en el recién nacido hasta los dos años
Nacimiento a los dos meses: el bebé al principio no centra su atención exclusivamente en sus
padres. Pero el neonato viene con respuestas designado para atraer a la madre que es el llanto y
dejar de llorar.
Dos meses a los siete meses: se va armando el vínculo con su madre, padre o cuidador dirigiendo
hacia ellos la respuesta social. En primer lugar es la sonrisa social, aunque aún aceptan a extraños
en menor medida. El bebé y el cuidador desarrollan pautas entre ellos como diálogos que le
permiten comunicarse, estableciendo una relación especial entre ellos.
Siete meses a dos años: a los dos años la relación es demasiado fuerte, sin embargo a los ocho
meses el niño diferencia a los rostros y se angustia ante la ausencia de la madre, padre o cuidador.
Pautas de apego.
1. El apego seguro: él bebe confía en que sus padres serán accesibles, sensibles y
colaboradores si él se encuentra en una situación adversa o atemorizante. Y se atreve a
hacer sus exploraciones del mundo.
2. Apego ansioso ambivalente o resistente: él bebé esta inseguro de su progenitor, ya que
este no siempre se encontrara disponible o su respuesta es inconsistente y hasta tardía. A
causa de esta incertidumbre, siempre tiene tendencia a la separación ansiosa, es propenso
al aferramiento y se muestra ansioso ante la exploración del mundo.
3. Apego ansioso elusivo o evitativo: él bebé no confía en que cuando busque cuidados
recibirá una respuesta servicial sino que espera ser desairado. Cuando en un grado notorio
ese individuo intenta vivir su vida sin el amor y el apoyo de otras personas, intenta
volverse emocionalmente autosuficiente y con posterioridad puede ser diagnosticado
como narcisista o como poseedor de un falso sí. El conflicto está más oculto, es el
resultado del constante rechazo de la madre cuando el individuo se acerca a ella en busca
de consuelo y protección.
4. Apego desorganizado: hay una relación amenazante entre el cuidador y el bebé, en la que
los padres o quienes se encargan del infante se comportan de forma impredecible.
Objetos y fenómenos transicionales de Winnicott.
Primera Hipótesis
Es bien sabido que los recién nacidos tienden a usar el puño, los dedos, los pulgares, para
estimular la zona erógena oral, para satisfacer los instintos en esa zona, y para una tranquila
unión. También se sabe que al cabo de unos meses los bebés encuentran placer en jugar con
muñecas, y que la mayoría de las madres les ofrecen algún objeto especial y esperan que t
aficionen a ellos.
Existe una relación entre estos dos grupos de fenómenos, separados por un intervalo de
tiempo, y el estudio del paso del primero al segundo puede resultar de provecho y utilizar del paso
del primero al segundo puede resultar de provecho y utilizar importantes materiales clínicos que
en cierta medida han sido dejados a un lado.
La primera posesión
Se encuentran en estrecho contacto con los intereses y problemas de las madres tendrán
ya conocimiento de las riquísimas pautas que exhiben los bebés en su uso de su primera posesión
de “no-yo”. Se advierte una amplia variación en la secuencia de hechos que empieza con las
primeras actividades de introducción del puño en la boca por el recién nacido, y que a la larga lleva
al apego a un osito, una muñeca o un juguete. Resulta claro que aquí hay algo importante, aunque
estas puedan ser la base de todo lo demás. Se pueden estudiar muchas otras cosas de
importancia, entre ellas:
1. La naturaleza del objeto.
2. La capacidad del niño para reconocer el objeto como un “no-yo”.
3. La ubicación del objeto: afuera, adentro, en el límite.
4. La capacidad del niño para crear, idea imaginar, producir, originar un objeto.
5. La iniciación de un tipo afectuoso de relación de objeto.
Introduzco los términos “objetos transicionales” y “fenómenos transicionales” para
designar la zona intermedia de experiencia, entre el pulgar y el osito, entre la actividad creadora
primaria y la proyección de lo que ya se ha introyectado, entre el desconocimiento primario de la
deuda y el reconocimiento de esta. Mediante esta definición, el parloteo del bebé y la manera en
que un niño mayor repite unas canciones y melodías mientras se prepara para dormir se ubican en
la zona intermedia como fenómenos transicionales, junto con el uso que se hace de objetos que
no forman parte del cuerpo del niño aunque todavía no se los reconozca del todo como
pertenecientes a la realidad exterior.
Lo inadecuado de la formulación habitual de la naturaleza humana.
En general se reconoce que una exposición de la naturaleza humana en términos de
relaciones interpersonales no resulta suficiente, ni siquiera cuando se tienen en cuenta la
elaboración imaginativa de la función y el total de la fantasía, tanto consciente como inconsciente.
Cada individuo que ha llegado a ser una unidad, con una membrana limitante, y un exterior y un
interior, puede decirse que posee una realidad interna, un mundo interior que puede ser rico o
pobre, encontrarse en paz o en estado de guerra.
La tercera parte de la vida de un ser humano, es una zona intermedia de experiencia a la
cual contribuyen la realidad interior y la vida exterior. Se trata de una zona que no es objeto de
desafío alguno, porque no se le presentan exigencias, salvo la de que existía como lugar de
descanso para un individuo dedicado a la perpetua tarea humana de mantener separadas y a la
vez interrelacionadas la realidad interna y la exterior.
Es habitual la referencia a la “prueba de la realidad”, y se establece una clara distinción
entre la apercepción y la percepción. Estudio, la sustancia de la ilusión, lo que se permite al niño y
lo que en la vida adulta es inherente del arte y la religión, pero que se convierte en el sello de la
locura cuando un adulto exige demasiado de la credulidad de los demás cuando los obliga a
aceptar una ilusión que no les es propia. Podemos compartir un respecto por una experiencia
ilusoria, y si queremos nos es posible reunirlas y formar un grupo sobre la base de la semejanza de
nuestras experiencias ilusorias. Esta es una raíz natural del agrupamiento entre los seres humanos.
Desarrolla de una pauta personal.
En el desarrollo de un niño pequeño aparece, tarde o temprano, una tendencia a
entretejer en la trama personal, objetos distintos. En cierta medida, estos objetos representan el
pecho materno pero lo analizamos no es este punto en especial. En el caso de algunos bebés, el
pulgar se introduce en la boca mientras los demás dedos acarician el rostro mediante
movimientos de pronación y supinación del antebrazo. La boca, entonces se muestra activa en
relación con el pulgar, pero no respecto de los dedos. Los que acarician el labio superior o alguna
otra parte pueden o no llegar a ser más importante que el pulgar introducido en la boca. Más aun,
se puede encontrar esta actividad acariciada por sí sola, sin la unión más directa de pulgar y boca.
En la experiencia corriente se da uno de los casos siguientes, que complican una
experiencia autoerótica como la succión del pulgar:
I. Con la otra mano el bebé toma un objeto exterior, digamos una parte de la sábana
o frazada, y lo introduce en la boca junto con los dedos.
II. El trozo de tela se aferra y succiona de alguna manera, o bien no se lo succiona;
por supuesto, entre los objetos usados se cuentan las servilletas y (más tarde) los
pañuelos.
III. Desde los primeros meses el bebé arranca lana y la reúne y la usa para la parte
acariciadora de la actividad; es menos común que trague la lana, incluso hasta el punto de
provocar trastornos.
IV. Se producen movimientos de masticación, acompañados por sonidos de “mam-
mam”, balbuceos, ruidos anales, las primeras notas musicales, etc.
Se puede suponer que estas experiencias funcionales van acompañadas por la formación
de pensamientos o de fantasías.
A todas estas cosas las denomino fenómenos transicionales. Por lo demás, de todo ello
puede surgir algo, o algún fenómeno que llega a adquirir una importancia vital para el bebé en el
momento de disponerse a dormir, y que es una defensa contra la ansiedad, en especial contra la
de tipo depresivo. Puede que el niño haya encontrado algún objeto blando, o de otra clase, y lo
use, y lo entonces se convierte en lo que yo llamo objeto transicional. La pauta de los fenómenos
transicionales empieza a aparecer desde los cuatro a seis meses hasta los ocho a doce.
Las pautas establecidas en la infancia pueden persistir en la niñez, de modo que el primer
objeto blando sigue siendo una necesidad absoluta la hora de acostarse, o en momentos de
soledad, o cuando existe el peligro de un estado de ánimo deprimido. Pero en plena salud se
produce una ampliación gradual de la gama de intereses, a la larga esa ampliación se mantiene
incluso cuando está cercana la ansiedad depresiva. La necesidad de un objeto o de una pauta de
conducta específicos, que comenzó a edad muy temprana, puede reaparecer más adelante,
cuando se presente la amenaza de una privación.
Esta primera posesión se usa junto con técnicas especiales derivadas de la primera
infancia, que pueden incluir actividades autoeróticas más directas o existir aparte de estas. En su
vida el niño adquiere poco a poco ositos, muñecas y juguetes duros. Los varones tienden en cierta
medida a pasar al uso de estos últimos, en tanto que las niñas se orientan en forma directa a la
adquisición de una familia. Pero tiene importancia destacar que no existe una diferencia
apreciable entre los varones y las niñas, en su uso de la primera posesión “no-yo”, que yo
denomino objeto transicional. Cuando el bebé empieza a usar sonidos organizados puede
aparecer una palabra para nombrar al objeto transicional. Es frecuente que el nombre que da a
esos primeros objetos tenga importancia, y por lo general contiene en parte una palabra
empleada por los adultos.
Resumen de cualidades especiales de la relación
1. El bebé adquiere derechos sobre el objeto, y nosotros los aceptamos. Pero desde el
comienzo existe como característica cierta anulación de la omnipotencia.
2. El objeto es acunado con afecto, y al mismo tiempo amado y mutilado con excitación.
3. Nunca debe cambiar, a menos de que lo cambie el propio bebé.
4. Tiene que sobrevivir al amor instintivo, así como al odio, y si se trata de una característica,
a la agresión pura.
5. Pero al bebé debe parecerle que irradia calor, o que se mueve, o que posee cierta textura,
o que hace algo que parece demostrar que posee una vitalidad o una realidad propias.
6. Proviene de afuera desde nuestro punto de vista, pero no para el bebé. Tampoco viene de
adentro: no es una alucinación.
7. Se permite que su destino sufra una descarga gradual, de modo que a lo largo de los años
queda, no tanto olvidado como relegado al limbo. Quiero decir con esto que en un estado
de buena salud el objeto transicional no “entra”, ni es forzoso que el sentimiento
relacionado con él sea reprimido. No se lo olvida ni se lo llora. Pierde significación, y ello
porque los fenómenos transicionales se han vuelto difusos, se han extendido a todo el
territorio intermedio entre la “realidad psíquica interna” y “el mundo exterior tal como lo
perciben dos personas en común”, es decir, a todo el campo cultural.
Relación de objeto transicional con el simbolismo
Es cierto que un trozo de frazada (o lo que fuere) simboliza un objeto parcial, como el
pecho materno. Pero lo que importa no es tanto su valor simbólico como su realidad. El que no
sea el pecho (o la madre) tiene tanta importancia como la circunstancia de representar al pecho (o
a la madre).
Cuando se emplea el simbolismo el niño ya distingue con claridad entre la fantasía y los
hechos, entre los objetos internos y los externos, entre la creatividad primaria y la percepción.
Pero en mi opinión el término de objeto transicional deja lugar para el proceso de adquisición de
la capacidad para aceptar diferencias y semejanzas. Creo que se puede usar una expresión que
designe la raíz, del simbolismo en el tiempo, que describa el viaje del niño, desde lo subjetivo puro
hasta la objetividad; y me parece que el objeto transicional es lo que vemos de ese viaje de
progreso hacia la experiencia.
Es posible entender el objeto transicional y no entender del todo la naturaleza del
simboliza. En apariencia, este solo se puede estudiar de manera adecuada en el proceso de
crecimiento de un individuo, y en el mejor de los casos tiene un significado variable.
Estudio Teórico
A continuación ofrezca algunos comentarios basados en la teoría psicoanalítica aceptada:
1. El objeto transicional representa el pecho materno, o el objeto de la primera relación.
2. Es anterior a la prueba de la realidad establecida.
3. En relación con el objeto transicional el bebé pasa del dominio omnipotente (mágico) al
dominio por manipulación (que implica el erotismo muscular y el placer de la
coordinación).
4. A la larga el objeto transicional puede convertirse en un objeto fetiche y por lo tanto
persistir como una características de la vida sexual adulta.
5. A consecuencia de la organización erótica anal, el objeto transicional puede representar
las hace (pero no se debe a ello que llegue a tener mal olor y a no ser lavado).
Relación con el objeto interno (Klein)
El objeto transicional no es un objeto interno (el cual constituye un concepto mental): es
una posesión. Pero (para el bebé) tampoco es un objeto exterior. Es preciso formular la siguiente
afirmación compleja. El bebé puede emplear un objeto transicional cuando el objeto interno está
vivo, es real y lo bastante bueno (no demasiado persecutorio). Pero ese objeto interno depende,
en lo referente a sus cualidades, de la existencia, vivacidad y conducta del objeto exterior. El
fracaso de este último en el cumplimiento de alguna función esencial lleva en forma indirecta al
carácter inerte o a una cualidad persecutoria del objeto interno. Cuando subsiste la característica
de insuficiencia del objeto exterior, el interno deja de tener significado para el bebé, y solo
entonces el objeto transicional se vuelve también carente de sentido. Este representar el “pecho
externo”, pero en forma indirecta, debido a que representa un pecho “interno”.
Ilusión-desilusión
Un niño no tiene la menor posibilidad de pasar del principio del placer al de realidad, o a la
identificación primaria y más allá de ella, si no existe una madre lo bastante buena. La “madre” lo
bastante buena (que no tiene por qué ser la del niño) es la que lleva a cabo la adaptación activa a
las necesidades de este y que la disminuye poco a poco, según la creciente capacidad del niño para
hacer frente al fracaso en materia de adaptación y para tolerar los resultados de la frustración. Por
supuesto, es más probable que su propia madre sea mejor que cualquier otra persona, ya que
dicha adaptación activa exige una preocupación tranquila y tolerada respecto del bebé; el éxito en
el cuidado de este depende de la devoción, no de la inteligencia o de la ilustración intelectual.
La madre bastante buena comienza con una adaptación casi total a las necesidades de su
hijo, y a medida que pasa el tiempo se adapta poco a poco, en forma cada vez menos completa, en
consonancia con la creciente capacidad de su hijo para encarar ese retroceso. Entre los medios
con que cuenta el bebé para enfrentar ese retiro materno se cuentan los siguientes:
1. Su experiencia, repetida a menuda, en el sentido de que la frustración tiene un límite de
tiempo. Es claro que al comienzo este debe ser breve.
2. Una creciente precepción del proceso.
3. El comienzo de la actividad mental.
4. La utilización de satisfacciones autoeróticas.
5. El recuerdo, el revivir de experiencias, las fantasías, los sueños; la integración de pasado,
presente y futuro.
El bebé puede incluso llegar a sacar provecho de la experiencia de frustración, puesto que
la adaptación incompleta a la necesidad hace que los objetos sean reales, es decir, odiados tanto
como amados. La consecuencia es que si todo va bien el bebé puede resultar perturbado por una
adaptación estrecha a la necesidad, cuando dicha adaptación continúa durante demasiado tiempo
y no se permite su disminución natural, puesto que la adaptación exacta se parece a la magia y el
objeto que se comporta a la perfección no es mucho más que una alucinación. Pero al principio
tiene que ser casi exacta, pues de lo contrario al bebé no le es posible empezar a desarrollar la
capacidad para experimentar una relación con la realidad exterior, o por lo menos formarse una
concepción de ella.
La ilusión y su valor
Al comienzo, la madre ofrece al bebé la oportunidad de crearse la ilusión de que su pecho
es parte de él. Por así decirlo, parece encontrarse bajo su dominio mágico. Lo mismo puede
decirse del cuidado en general del niño, en los momentos tranquilos entre única y otra excitación.
La omnipotencia es casi un hecho de la experiencia. La tarea posterior de la madre consiste en
desilusionar al bebé en forma gradual, pero no lo logrará sí al principio no le ofreció suficientes
oportunidades de ilusiones. En otras palabras, el bebé crea el pecho una y otra vez a partir de su
capacidad de amor, o de su necesidad. Se desarrolla en él un fenómeno subjetivo, que llamamos
pecho materno. La madre coloca el pecho en el lugar en que el bebé esta pronto para crear, y en
el momento oportuno.
Por consiguiente, al ser humano le preocupa desde su nacimiento el problema de la
relación entre lo que se percibe en forma objetiva y lo que se concibe de modo subjetivo, y en la
solución de este problema no hay salud para el ser humano que no fue iniciado lo bastante bien
por la madre. La zona inmediata a que me refiero es la que se ofrece al bebé entre la creatividad
primaria y la percepción objetiva basada en la prueba de la realidad. Los fenómenos transicionales
representan las primeras etapas del uso de la ilusión, sin las cuales no tiene sentido para el ser
humano la idea de una relación con un objeto que otros percibe como exterior a ese ser.
Al principio le interesa sin duda al bebé humano en forma oculta, se convierte poco a poco
en un problema evidente debido a que la tarea principal de la madre consiste en desilusionarlo.
Esto es previo a la tarea del destete, y además sigue siendo una de las obligaciones de los padres y
los educadores. En otras palabras, ese aspecto de la ilusiones es intrínseco de los seres humanos,
e individuo algunos lo resuelve en definitiva por sí mismo, aunque la compresión teórica del
problema pueda proporcionar una solución teórica. Si las cosas salen bien en ese proceso de
desilusión gradual, queda preparado el escenario para las frustraciones que reunimos bajo la
denominación de destete; pero es preciso recordar que cuando hablamos de los fenómenos que
rodean al destete, damos por supuesto el proceso subyacente gracias al cual se ofrece una
oportunidad para la ilusión y la desilusión gradual. Destete = Período en que la madre alterna la lactancia
Si la ilusión-desilusión toma un camino con otro tipo de alimentación, para destetar al niño a la
equivocado, el bebé no puede recibir algo tan cría
normal como el destete, ni una reacción a este, y
entonces resulta absurdo mencionado siquiera. La simple terminación de la alimentación a pecho
no es un destete.
Desarrollo de la teoría de la ilusión-desilusión.
La tarea de aceptación de la realidad nunca queda terminada, el ser humana se
encuentra libre de la tensión de vincular la realidad interna con la exterior y que el alivio de esta
tensión lo proporciona una zona intermedia de experiencia que no es objeto de ataques. Dicha
zona es una continuación directa de la zona de juego del niño pequeño que “se pierde” en sus
juegos.
En la infancia la zona intermedia es necesaria para la iniciación de una relación entre el
niño y el mundo, y la posibilidad una crianza lo bastante buena en la primera fase crítica. Para todo
ello ese esencial la continuidad del ambiente emocional exterior y de determinados elementos del
medio físico, tales como el o los objetos transicionales. Al bebé se le puede permitir los fenómenos
transicionales gracias al intuitivo reconocimiento de la tensión inherente a la percepción objetiva,
y no lo desafiamos respecto de la subjetividad u objetividad.
Si un adulto nos exige nuestra aceptación de la objetividad de sus fenómenos subjetivos,
diagnosticamos locura. Pero si se las arregla para disfrutar de su zona intermedia sin presentar
exigencia, podemos reconocer nuestras correspondientes zonas intermedia sin presentar
exigencia y nos complacemos en encontrar cierta medida de superposición, es decir, de
experiencia en común entre los miembros de un grupo de arte, religión o filosofía.
Una aplicación de la teoría
Es claro que lo transicional no es el objeto. Este representa la transición del bebé, de un
estado en que se encuentra funcionado a la madre a uno de relación con ella como el punto en
que el bebé crece y sale de una relación de objeto de tipo narcisista, pero yo me he abstenido de
emplear este lenguaje porque no estoy seguro.
Psicopatología que se manifiesta en la zona de fenómenos transicionales.
He asignado gran importancia a la normalidad de los fenómenos transicionales. Ello no
obstante, en el examen clínico de algunos casos se puede discernir una psicopatología.
Como bien se sabe, cuando se encuentra ausente la madre, o alguna otra persona de la
cual depende el bebé, no se produce un cambio inmediato porque este tiene un recuerdo o
imagen mental de la madre, o lo que podemos denominar una representación interna de ella, que
se mantiene viva durante cierto período. Si la madre se ausenta durante un lapso superior a
determinado límite medido en minutos, horas o días, se disipa el recuerdo de la representación
interna. Cuando ello se produce, los fenómenos transicionales se vuelven poco a poco carentes de
sentido y el bebé no puede experimentarlos.
Un niño de siete años fue llevado por sus padres y otros dos miembros de la familia
debido a una serie de síntomas que indicaban una perturbación en el carácter del chico. Un test de
inteligencia indicó que este tenía un CI de 108. Primero recibí a los padres, en una prolongada
entrevista en la cual me ofrecieron una clara descripción del desarrollo del niño y de las
deformaciones de ese desarrollo. No resultó difícil ver que la madre era una persona depresiva;
informó que había sido hospitalizada a consecuencia de esa depresión. Gracias al relato de los
padres puede enterarme de que la madre cuidó al niño hasta que este tuvo tres años y tres meses,
momento en que nació su
Hermana. Esa fue la primera separación importante, y la segunda se produjo a los tres
años y once meses, cuando la madre sufrió una operación. Cuando el chico tenía cuatro años y
nueve meses su madre estuvo internada en un hospital para enfermos mentales durante dos
meses, y en ese lapso su tía materna lo cuidó muy bien. Para entonces, todos los que se ocupaban
del niño coincidían en que era un chico difícil, aunque exhiba muy buenas características. Tenía
cambios repentinos de estados de ánimo y asustaba a todos diciendo. Mostraba una evidente
ansiedad por el defecto mental de su hermana mayor, pero la deformación de su desarrollo
parece haber comenzado antes de que ese factor adquiriese importancia.
Después de la entrevista con los padres recibí al chico. Se encontraba presentes dos
asistentes sociales psiquiátricos y dos visitantes. El niño no ofrecía a primera vista una impresión
de anormalidad y pronto me acompañó en un juego de garabatos. En este caso el juego de
garabatos condujo a un curioso resultado. La pereza del chico resultó evidente en seguido, y
traducía casi todo lo que yo hacía a algo relacionado con una cuerda. Entre sus diez dibujos
aparecieron los siguientes objetos: Lazo, Látigo, Fusta, Cuerda de yo-yo, Cuerda anudada, Otra
fusta, Otro látigo.
Después de esa entrevista tuvo otra con los padres y los interrogué acerca de la
preocupación del niño por las cuerdas. Respondieron que; no lo habían mencionado porque no
estaban seguros de su importancia. Dijeron que el chico había llegado a obsesionarse con todo lo
que tuviera relación con un cordel, y en rigor cada vez que entraban en una habitación se
encontraban con que había atado las sillas a la mesa. Según ellos, esa preocupación por los
cordeles adquiría poco a poco una nueva característica, que les inquieta en lugar de causarles un
interés común. Poco tiempo antes había atado una cuerda de su hermana.
Yo sabía que en esa clase de entrevista tenía muy pocas posibilidades de acción: no
podría recibir a esos padres o al niño más de una vez cada síes meses, ya que la familia vivía en el
campo. Por lo tanto actué de la siguiente manera. Le expliqué a la madre que su hijo se
encontraba ante el temor a una separación, y trataba de negarla utilizando el cordel, del mismo
modo que un adulto negaba su separación respecto de un amigo empleando el teléfono. No volví
a tener noticias de ellos hasta que volvieron a visitarme, unos síes meses después. La madre no me
informó de lo que había hecho, pero yo se lo pregunté y me relató lo ocurrido poco después de la
visita anterior. En esa ocasión le pareció que lo que yo decía era tonto, pero una noche habló del
tema con el chico y lo encontró ansioso por hablar de sus relaciones con ella y de su temor de una
falta de contacto con ella. Con su ayuda, la madre recordó todas las separaciones que se habían
producido entre ellos, y pronto se convenció de que yo tenía razón, dadas las reacciones de él.
Más aun, a partir del momento en que mantuvo esa conversación terminó el juego con los
cordeles.
En una entrevista posterior me contó que un año después de su primera conversación
con el niño se produjo la reanudación de los juegos con cordeles y de objetos atados con ellos.
Estaba a punto de internarse en un hospital para ser operada, y le dijo: “Por tus juegos con
cuerdas veo que te preocupa que me vaya, pero esta vez solo estaré ausente unos pocos días, y la
operación no es grave”. Después de esta conversación terminó la nueva fase de juego con
cordeles.
Me he mantenido en contacto con esta familia y colaboré en varios aspectos de la
educación escolar del chico y en otros terrenos. Hace poco el padre informó de una nueva fase de
interés por las cuerdas, vinculada con otra depresión de la madre. Esta fase duró dos meses;
desapareció cuanto toda la familia salió de vacaciones y cuando se produjo una mejoría en la
situación del hogar. El padre ofreció otro detalle de interés. Durante su fase reciente, el niño había
hecho algo con una cuerda, que al padre le parecía importante porque mostraba cuán
íntimamente estaban vinculadas esas cosas con la mórbida ansiedad de la madre. Un día regresó a
su casa y descubrió al chico colgado de una cuerda, cabeza abajo. Estaba inmóvil y fingía muy bien
hallarse muerto. El padre se dio cuenta de que debía hacerse el desentendido, y rondó por el
jardín durante media hora, ocupado en varias tareas, luego de lo cual el niño se aburrió e
interrumpió el juego. Pero al día siguiente el chico hizo otra vez lo mismo en un árbol que podía
verse con facilidad desde la ventana de la cocina. La madre salió corriendo, muy asustada y segura
de que se había ahorcado. El siguiente detalle adicional puede resultar valioso para la
comprensión del caso. Aunque el chico, que ahora tiene once años, se desarrolla como un “tipo
recio”, es muy tímido y se ruboriza con facilidad. Tiene una cantidad de ositos que para él son
niños, nadie se atreve a decirle que son juguetes. Su padre dice que parece encontrar una
sensación de seguridad en su familia, a la cual cuida maternalmente de ese modo. Si llega algún
visitante, los acuesta a todos en la cama de su hermana, aparte de su familia propia, debe saber
que él tiene esa otra familia. Por lo tanto no resulta muy difícil adivinar que tiene una
identificación materna basada en su propia inseguridad en relación con su madre, y que eso puede
convertirse en homosexualidad. Del mismo modo, la preocupación por los cordeles puede
desarrollarse y llegar a ser una perversión.
Nota agregada en 1969
En la década transcurrida desde que se escribió este informe llegué a entender que no
era posible curar a ese chico de su enfermedad. Seguía en pie la vinculación con la enfermedad
depresiva de la madre, de modo que no se podía impedir que volviese constantemente a su casa.
Sea como fuere, había podido seguir un tratamiento personal, pero en el hogar resultaba
imposible; allí conserva la pauta que ya se encontraba establecida en el momento de la primera
entrevista.
Durante la adolescencia aparecieron en él nuevas inclinación en especial la tendencia al
uso de drogas, y no podía salir de su casa para estudiar. Todos los intentos para ubicarlo en algún
lugar, lejos de su madre, fracasaron porque se escapaba y volvía al hogar.
Se convirtió en un adolescente insatisfactorio, holgazaneaba y en apariencia
desperdiciaba su tiempo y su potencial intelectual (tenía un CI de 108).
Hay que preguntarse: un investigador que estudia este caso de adicciones a las drogas,
¿tendría al adecuado respeto por la psicopatología manifestada en la zona de los fenómenos
transicionales?
Material clínico: Aspectos de la fantasía
Esta paciente, que tiene varios hijos y posee una elevada inteligencia, que usa en su
trabajo, se hace tratar debido a una amplia gama de sintomatología (conjunto de síntomas que
son característicos de una enfermedad determinada o que se presentan en un enfermo. / Parte de
la medicina que estudia los síntomas de las enfermedades) que por lo general se agrupa bajo el
término de “esquizoide”. Es probable que quienes tienen contacto con ella no se den cuenta de lo
mal que se siente, y en verdad que por lo general se le muestra afecto y se la considera una
persona valiosa.
La sesión de que hablamos comenzó con un sueño que se podría describir como
depresivo. Contenía materiales de transferencia, muy directos y reveladores, en los cuales el
analista era una mujer avarienta y dominante. Ello le permite recordar con nostalgia a un analista
anterior que para ella es una figura muy masculina. La paciente se manifestó encantada de seguir
soñando. Al mismo tiempo logró describir ciertos enriquecimientos de su vida real en el mundo.
De vez en cuando se apodera de ella algo que se podría denominar fantaseo. Está haciendo un
viaje en tren y se produce un accidente. Podría estar gritando, pero su madre no la oiría. Luego
habló sobre su experiencia más espantosa, en la cual dejó un gato durante un momento y después
se enteró de que había estado maullando varias horas. Esto es “ya demasiado horrible” y se une a
las muchas separaciones que experimentó a lo largo de su infancia, superiores a su capacidad para
tolerarlas y por lo tanto traumáticas; imponían la necesidad de organizar nueva serie de defensas.
La paciente se muestra muy sensible a todo ello respecto de sus propios hijos, y atribuye
buena parte de las dificultades que tuvo con el primero al hecho de que lo dejó durante tres días
para salir de vacaciones con su esposo, cuando comenzó un nuevo embarazo, es decir, cuando el
chico tenía casi dos años. Se le informó de que este había llorado cuatro horas sin parar, y cuando
regresó a su hogar le resultó imposible, durante mucho tiempo, tratar de restablecer la relación.
Nos encontramos ante el hecho de que a los animales y a los niños pequeños no se les puede
explicar lo que sucede. El gato no podía entender. A un niño de menos de dos años tampoco se le
puede informar como corresponde acerca del nuevo bebé que se espera.
Cuando no es posible ofrecer una explicación y la madre se encuentra ausente para tener
un nuevo hijo, está muerta desde el punto de vista del pequeño. Es una cuestión de días, horas o
minutos. Antes de llegar al límite la madre sigue viva; después de superarlo está muerta. Entre uno
y otro momento hay un precioso instante de ira, pero se pierde muy pronto, o quizá nunca se lo
experimenta, siempre existe en potencia y alberga el temor a la violencia. De aquí llegamos a los
dos extremos, tan distintos entre sí: la muerte de la madre cuando se halla presente, y su muerte
cuando no puede reaparecer y por lo tanto volver a vivir. Esto se relaciona con el momento
anterior a aquel en que el niño logró la capacidad de dar vida a las personas en la realidad psíquica
interna, lejos de la tranquilidad de ver sentir, oler.
Se puede decir que la infancia de esta paciente fue un gran ejercicio, precisamente en
esa zona. Cuando tenía once años la evacuaron, durante la guerra: olvidó por completo su infancia
y a sus padres, pero siempre mantuvo con firmeza el derecho a no llamar “tío” y “tía” a quienes la
cuidaban, que era la técnica habitual. Se entiende que la pauta para todo ello quedó establecida
en la primera infancia.
Por consiguiente, mi paciente llegó a la situación, que también aparece en la
transferencia en que lo único real es la brecha, es decir, la muerte, la usencia o la amnesia.
Durante la sesión tuvo una amnesia específica, cosa que le molestó, y resultó que la comunicación
importante que yo debía recibir era la de que podía producirse un vacío que quizá fuese el único
hecho y la única cosa reales.
En relación con ello, mi paciente recordó que en el consultorio hay una manta en la cual
una vez se envolvió y que usó para un episodio regresivo durante una sesión analítica. En la
actualidad no va a buscarla ni la usa. Ocurre que la manta que no existe es más real que la que
podría llevarle la analística, como en verdad tuvo la idea de hacerlo. Las reflexiones al respecto la
enfrentan a la ausencia de la manta, o quizá sería mejor decir a la irrealidad de esta en su
significado simbólico. A partir de ahí hubo un desarrollo en términos de la idea de los símbolos. El
último de sus analistas anteriores “será siempre más importante para mí que mi analista actual y
agregó: puede que usted me haga bien, pero él me gusta más. Y eso seguirá siendo así cuando me
haya olvidado de él por completo. Lo negativo de él es más real que lo positivo de usted”. Quizás
estas no sean sus palabras exactas, pero fue lo que me trasmitió en su claro lenguaje propio y lo
que necesitaba que yo entendiera.
La paciente habló después sobre su imaginación y los límites de lo que consideraba real.
Empezó por decir: “No creía de veras que hubiese un ángel de pie junto a mi cama; por otra parte
solía tener un águila encadenada a mi muñeca”. Por cierto que esto no le parecía real, y el acento
recaía sobre las palabras “encadenado a mi muñeca”. También poseía un caballo blanco, tan real
como era posible, y “cabalgaba en él a todas partes y lo amarraba a un árbol y todo eso”. Ahora le
gustaría tenerlo para poder encarar esa experiencia del caballo blanco y hacerla real de otra
manera. Mientras hablaba yo me di cuenta de lo fácil que sería considerar esas ideas como
alucinatorias, fuera del contexto de su edad en aquellas ocasiones y de sus experiencias
excepcionales en relación con las repetidas pérdidas de padres en otros sentidos buenos.
“Supongo que quiero algo que nunca se vaya”, exclamó. Esto lo formulamos diciendo que lo real
es lo que no se encuentra presente. La cadena es una negación de la ausencia del águila, y
representa el aspecto positivo.
De ahí pasamos a los símbolos que desaparecen. Afirmó que había logrado cierto éxito
en lo referente a hacer que sus símbolos resultaran reales a pesar de las separaciones. Los dos
llegamos a una conclusión al mismo tiempo, que su elevado intelecto había sido explotado, pero a
cierto precio. Empezó a leer desde muy temprano, ha meditado mucho desde la primera época y
usado siempre el intelecto para conseguir que las cosas siguieran andando, y gozó con ello; pero
se sintió aliviada cuando le dije que con ese empleo de la inteligencia siempre existe el temor de
un defecto mental. A partir de ello llegó muy pronto a su interés por los niños autistas y a su
íntima vinculación con la esquizofrenia de un amigo, situación que ejemplifica la idea de la
existencia de una buena inteligencia. Se sentía muy culpable por haberse enorgullecido de su
intelecto, que fue siempre un rasgo evidente en ella. Le resultaba difícil pensar que quizá su amigo
poseyera un buen potencial intelectual, aunque en el caso de él sería preciso decir que había caído
en le contrario, en un retraso por enfermedad mental.
Describió varias técnicas para hacer frente a la separación. Por ejemplo: también tenía
chispazos, como los llamaba ella, y de pronto veía, por ejemplo, a su perro Toby, un juguete. “Oh,
así está Toby”. En el álbum de la familia hay una foto de ella con el juguete de Toby, al cual ha
olvidado, salvo en los chispazos. Eso llevó a un terrible incidente con su madre, quien le dijo: “Pero
nosotros te oímos llorar todo el tiempo que estuvimos ausentes”. En esa ocasión se encontraban a
seis kilómetros y medio de distancia. Ella tenía dos años entonces, y pensó: “¿Es posible que mi
madre me dijese una mentira?” No pudo tolerar la situación trató de negar lo que sabía que era
cierto, es decir, que su madre había mentido. Le resultó difícil verla de esa manera, porque todos
decían: “tu madre es maravillosa”.
Desde ese punto nos pareció factible llegar a una idea que resultaba nueva desde mi
punto de vista. Teníamos la foto de una niña que poseía objetos transicionales, y existían
evidentes fenómenos transicionales, pero poco a poco, o quizá con frecuencia durante un tiempo,
tuvo que dudar de la realidad de la cosa que simbolizaban. Es decir, que si eran simbólicos del
afecto de su madre y de la confianza que podía tener en ella, seguían siendo reales por sí mismos,
pero no lo era lo que representaban. El afecto de su madre y la confianza en ella eran irreales.
Eso parecía estar muy cerca de lo que la había obsesionado toda la vida, la pérdida de
animales, la de sus propios hijos, por lo cual formuló la siguiente frase: “Lo único que tengo es lo
que tengo”. Hay en ella un desesperado intento de convertir la negativa en una defensa de última
trinchera contra el final de todo. Lo negativo es lo único positivo. Cuando llegó a esto dijo a su
analista: “¿Y qué piensa hacer al respecto?” “Yo guardé silencio, y ella continuó”: “Ah, ya
entiendo”. Pensé que quizá le molestaba mi dominante inactividad. “Me callo porque no sé qué
decir”, le respondí. Ella replicó rápidamente que estaba bien. En realidad le complacía el silencio, y
había preferido que yo no dijese nada. Es posible que, como analista silencioso, hubiera podido
unirme a su analista anterior, que ella siempre buscará, como bien lo sabe. Siempre esperará que
vuelva y le diga “¡Muy bien hecho!”, o algo por el estilo. Y ello incluso mucho después de que haya
olvidado cómo era.
Motricidad y mundo exterior
Cuando a un niño le arrojamos una pelota, éste la recibe, la toma en sus manitos y nos la
devuelve, no es un acto fortuito ni carente de sentido, es el resultado de una serie de procesos
madurativos de las vías motrices tanto aferentes como aferentes, como también un logro desde el
punto de vista psicólogo-afectivo dominando su cuerpo y utilizándolo en vías de construir una
relación con los otros y con su mundo. Por ello, poder diferenciar aspectos evolutivos y
madurativos en este proceso será esencial para quienes se inician en el estudio de la psicología.
Delimitación de lo corporal en psicología
El cuerpo ha ido tomando diferentes significados, lo que conllevó diversas formas de
tratarlo, educarlo y modelarlo. En nuestra cultura occidental, se ha ido privilegiando lo intelectual
por sobre lo corporal. Sin embargo, que la dimensión del cuerpo ha estado presente desde los
orígenes de la humanidad.
En la Grecia primitiva, Timeo entendía que alma y cuerpo estaban formados por los
mismos elementos, y la diferencia era solo una cuestión de proporciones; mientras que el
dualismo (señala las diferencias entre ambos términos), vino de la mano de los filósofos griegos,
consolidándose y difundiéndose con el cristianismo de la Edad Media, que le otorgan posiciones
muy desiguales. Platón presentaban al ser humano, como una dualidad de cuerpo y alma, donde
el alma inmortal era aprisionada en un cuerpo mortal, que hacía las veces de una cárcel o tumba
del alma. Por ello, era importante educar al cuerpo y el culo por la belleza.
El Cristianismo, nos trae la idea de que la parte superior sería el alma, que debe alcanzar
su salvación, mientras que el cuerpo es entendido como la parte inferior, debe ser disciplinado y
sometido.
El Renacimiento, el hombre deja de ser instrumento del alma, para convertirse en una
herramienta para la vida mundana. El mundo terrenal deja de ser un valle de lágrimas y debe ser
un lugar de placer para hombres y mujeres, siendo sus cuerpos herramientas de goce, por lo que
aparecen los nuevos ideales estéticos masculinos y femeninos, que sin dudas impactan sobre la
concepción del cuerpo. Desde lo social, y a partir de los cambios en la nobleza, que deja de ser
militar para volverse más cortesana, por lo que las bellas artes toman su preponderancia y el
cuerpo tallado para las maniobras militares pierde vigencia.
Entre los siglos XVI y XVII aparecen las teorías de la educación, que rompen con la
educación de la Edad Media. El cuerpo está ahí, es incuestionable, por lo que se debe lograr una
armonía. En este punto, la figura señera de Locke deja cambios nodulares con respecto al cuerpo
infantil. Parte del dato empírico de que el niño tiene un cuerpo, la educación no lo puede olvidar,
sino por lo contrario, desarrollarlo y hacerlo fuerte. Plantea, que será necesario orientar al niño
hacia aquellas metas a la que la naturaleza no lo dirige naturaleza.
En la actualidad, a lo que podríamos denominar un “dualismo invertido”, es decir, que se
privilegia al cuerpo. Pero se trata de otro cuerpo, un cuerpo también disciplinado por los
mandatos sociales, que fijan y pautan los modos de marcar y modelar ese cuerpo. Los avances de
la medicina, la tecnología y de la biotecnología han impactado fuertemente, llevando a los sujetos
a buscar en el cuerpo, y de modo insaciable, al reemplazamiento del alma.
¿Qué entendemos por cuerpo y psicomotricidad?
El cuerpo es un proceso complejo que implica movimiento de orden físico y psíquico, que
se originan a lo largo de la infancia como producto de factores internos, vinculares, culturales.
Siendo así una construcción social e histórica, que no encuentra sólo su formulación en la
anatomía fisiológica, en el saber de la biología y la medicina.
La definición de cuerpo es la intersección entre lo psicológico, lo corporal el movimiento;
dando resultado al acto psicomotor colmado de intencionalidad, de espontaneidad, de
significación simbólica y no meramente motriz.
Psicomotricidad es un campo disciplinar que intenta una articulación entre lo que
estructura y constituye a un sujeto y el cuerpo que se construye, se desarrolla, madura y crece.
Cuando hablamos aquí de “cuerpo”, hacemos referencia al cuerpo de un sujeto y no al cuerpo
como órgano. Así, no nos ocuparemos de lo puramente motor, ni de lo puramente subjetivo; los
ejes de nuestra mirada se centrarán en el sujeto que en el acto psicomotor se pone en escena.
Momentos de construcción del cuerpo
Es sabido que el recién nacido no distingue su propio cuerpo del mundo exterior. Esa
percepción, al inicio muy rudimentario, se va desarrollando gradualmente. Así, a los tres meses
aproximadamente descubre el movimiento de sus manos con cierta sorpresa, percibiéndolo como
objetos ajenos a él. El niño en esta etapa, reconoce mejor el cuerpo del otro que las partes de su
propio cuerpo. Posteriormente, podrá entender que esas manos y esos piecitos son parte de su
propio cuerpo.
Desde el punto de vista fisiológicos y madurativo, nacemos con un “organismo” en un
estado de inmadurez, donde se irán desplegando experiencias de orden corporal y simbólico que
marcarán, delimitarán y armarán lo que, de a poco, se va estructurando como cuerpo.
Dando que al nacer no es capaz de hacer nada por sí mismo, por lo cual manipulan, y en
estos movimientos de los otros irán cobrando forma las primeras sensaciones del niño. Así, se va
estructurando una relación entre lo que el niño ve en los ojos de los otros y lo que él mismo siente
y experimenta. El niño se ve en los movimientos maternos y sus ritmos y gestos están íntimamente
relacionados con los de la madre o la persona encargada de su cuidado.
Otra característica fundamental para la construcción del aparato psicomotor es que al
nacer, el cuerpo del bebé se encuentra, fragmentado y escindido, debido a aquel estado, ya
señalado en las líneas precedentes, de prematuro con el que nace. Esto permite la intervención de
la madre que organiza, unifica y humaniza ese cuerpo; proceso este que no es innato, y que
posibilita que el bebé acceda a la unidad corporal. La conciencia del propio cuerpo por la cual el
niño reconoce a su cuerpo como suyo y diferente de los demás, pero al mismo tiempo semejante
al de los demás está regida por la experiencia del espejo.
La mirada del espejo
Mirarse al espejo, reconocerse, sonreír, intentar tocar la imagen, son todas experiencias
que corresponden a un tiempo necesario en la infancia, que conceptualizamos como Estadio del
espejo será un momento constituye de esa imagen corporal que funda la serie y la anticipa la
unidad frente a la fragmentación corporal en que se encuentra el infante por ser prematuro.
Este acto, permite al niño reconocerse y sostener su imagen, su cuerpo, constituyendo el
Yo como instancia psíquica, que unifica y delimita la imagen del sujeto diferenciándola del Otro.
Identificación del sujeto a su imagen que es posible gracias a que existe otro que está allí para
confirmarlo; decíamos que el cuerpo no se funda sin otro que lo toque, lo mire lo confirme en su
existencia, lo recorra libidinalmente.
Imagen y el esquema del cuerpo
El término esquema corporal, no es un dato inicial ni una entidad biológica o física, sino el
resultado y el requisito de una relación ajustada entre el individuo y el medio. Este esquema
mental sobre el propio cuerpo evoluciona con gran lentitud durante la infancia. A lo largo de su
desarrollo psicomotor, si no hay contratiempos, estará constituida entre los 11 y 12 años de edad.
Si a esta edad no tiene suficiente conocimiento de su cuerpo, del espacio, de su derecha y su
izquierda, nos tiene que llamar la atención, ya que nos podrían estar indicadas algunas dificultades
en diferentes órdenes.
García y Berruezo (1994) consideramos que el esquema corporal es la organización de
todas las sensaciones relativas al propio cuerpo, una representación mental del propio cuerpo, de
sus segmentos, de sus límites y posibilidades de acción.
Françoise Doltó (1994) diferencia el esquema corporal de la imagen corporal. Si bien son
ampliamente utilizados y nombrados, no dejan de ser ambiguos, confusos y difícil de delimitar, ya
que desde un mirada sincrónica del desarrollo estos conceptos pertenecen a ese devenir corporal,
a la configuración del Yo al desarrollo psicomotriz.
A. IMAGEN CORPORAL: La imagen del cuerpo es la síntesis viva de nuestras
experiencias emocionales, repetitivamente vividas a través de las sensaciones
erógenas electivas, arcaicas o actuales. Es singular y está ligada al sujeto y a su
historia, como así también a las marcas producidas por los otros. Se mide en
tiempos marcados por las relaciones libidinales posibles en cada sujeto. De ella se
desprende el gesto, el afecto y las identificaciones, conceptos que nos permiten
pensar la imagen corporal. La imagen corporal no admire mediciones ni medidas
estándar, admite si una lectura cualitativa de las posibilidades subjetivas que
cada niño tendrá en su trama histórica. Por eso la imagen corporal es
inconsciente, es un misterio para el sujeto que irá develando de a poco en su
relación, marcada por la dimensión simbólica y expresada a través de ello.
Conocemos la imagen que el niño tiene de su cuerpo por las producciones en el
lenguaje, dibujo, moldeado, invención musical, plástico como igualmente mímica
y gestual. Asegura una estabilidad, posible gracias a que se construye siguiendo
los tiempos instituyentes, que en cada momento abre y se complejiza la imagen.
Es dinámica y va ritmo de la constitución del sujeto deseante. Sintetizando la
imagen corporal es la representación que cada sujeto se hace de su cuerpo de
ayer y de hoy, vibrante de deseos de lenguaje y de ternura.
B. ESQUEMA CORPORAL: Es la representación que cada uno posee de su cuerpo y le
sirve de referencia en el espacio y en el tiempo. El esquema se constituye en los
planos inconsciente, pre-consciente y dentro de él se desprenden las nociones de
propioceptividad, interoceptividad y exteroceptividad, relacionados con el tono y
las emociones. Refiere al cuerpo actual en el espacio de la experiencia inmediata.
Se expresa, a través de las tablas de crecimiento, maduración correspondiente a
la talla y edad de cada de niño. Pero es un error crecer que se trata de solo de lo
biológico. Diremos que el esquema corporal especifica al individuo en cuanto
representante de la especie, sean cuales fueren el lugar, la época o las
condiciones en que vive. Se va constituyendo a través de la información que
recibe de nuestro propio cuerpo, datos de orden neurofisiológico. Por cierto,
afecciones tempranas orgánicas pueden producir dificultades en la construcción
del esquema corporal, generar modificaciones transitorias o duraderas en la
Imágenes corporal.
En el caso de desarrollo de un niño, es necesario señalar que al esquema corporal le
corresponde una mirada madurativa y evolutiva, propia de la especie, mientras que a la imagen
corporal una mirada singular, histórica y dinámica.
Unas palabras sobre la lateralidad
La lateralidad se define como la prevalencia y preferencia motora de un lado del cuerpo,
esto es una adquisición evolutiva y depende de condiciones neuromusculares como también
influencias psicológicas y socioculturales.
Para que esta se convierte en una actividad motriz externa una serie de componentes:
fuerza, exactitud, precisión, velocidad, coordinación, y requiere además que niveles del sistema
nervioso central se activen y funcionen de forma adecuada; ganglios basales cerebrales, sistema
vestibular. Al definirse la lateralidad esta va acompañada de la dominancia cerebral, que es la
capacidad simbólica de uno u otro hemisferio. A saber entonces tanto la lateralidad como el
lenguaje son procesos complejos que están biológicamente determinados, pero que requieren un
tiempo para lograr estas habilidades. Intervienen factores de orden ambiental, cultural y
emocional en su trayecto.
La lateralidad se desarrolla en la infancia y atraviesa una serie de etapa: cuando nacemos
ambos hemisferios son genéticamente equivalentes, al final del primer año y comienza del
segundo hay un potencial de habla y mano, y entre los cinco y seis años ya existe una jerarquía
simbólica en el hombre y con eso su predominancia motriz.
Estas etapas corresponde a las leyes de la maduración nerviosa, en un proceso continuo
de maduración que permite el movimiento que permite el movimiento y por lo tanto el
desplazamiento y la conquista del propio cuerpo y de su medio ambiente. Como dijimos en un
comienzo él bebe nace en un estado de indefensión, pero con un desarrollo potencial que se
desplegara en las siguientes conductas:
Primer Trimestre (0-3 meses): Adquisiciones; sonrisa; seguimos visual en todas las
direcciones; sostén de mirada; balbuceo; sostén cefálico ladea la cabeza; prensión,
enderezamiento troncal. Experiencia con el propio cuerpo.
Segundo Trimestre (3 a 6 meses): Adquisiciones: balbuceo no imitativo; juego con cuerpo
y objeto; prensión de ropas; aproximación manual a un objeto; control muscular axial
(volteo ventral); inicio de sedestación; localización fuente de sonido. Experiencia con el
propio cuerpo y con los objetos. Experiencias con el propio cuerpo.
Tercera Trimestre (6 a 9 meses): Adquisiciones: empatía selectiva-sonríe y/o se enoja ante
determinada persona o situación; prensión manual radial e inicio de pinzas, exploración
oral, permanencia de objeto (búsqueda); mono-bisílabos; desplazamientos laterales con
apoyos gateos. Sostén de tronco.
Cuarto Trimestre (9 a 12 meses): Adquisiciones: señalización hacia adelante con índice,
prensión fina con pinza índice-pulgar (saca objeto), sigue objeto móvil descubre objeto;
usa medios tira de una cinta, usa un plato; imitaciones-hola, adiós-; imita sonidos de la
lengua materna; inicio de bipedestación. Control y destreza del cuerpo.
Primer año de vida hasta los 18 meses: Adquisiciones: da en mano muestra y ofrece;
empuja arrastra, pasa de página; sabe para que se utilizan ciertas objetos; apila torres,
aros; lenguaje decodifica diez palabras; designa en sí mismo y designa objetos; repite
acciones riéndose; anda con objetos en la mano. Sube y baja rampas. Marcha
independiente. Control del cuerpo y mayor destreza. Control, manipulación de los objetos.
¿Cómo evaluar el desarrollo psicomotor?
Determinar y conocer cuáles son las adquisiciones que un niño tiene a lo largo de su
trayectoria durante los primeros años hasta la adquisición de la marcha, permite identificar el
curso de un desarrollo esperable o no en el terreno psicomotor.
Diferentes técnicas que evalúan el desarrollo psicomotor en la infancia
La observación constituye una de las estrategias posibles para realizar un diagnóstico, no
con el fin de rotular ni etiquetar al sujeto, sino justamente para descubrir su singularidad, a partir
del cual proponer modos de acción, tanto en la esfera de lo asistencial como de lo preventivo. La
observación del proceso psicomotor de un niño es realizado en general, a través de la observación
de la conducta del pequeño y de la interacción de este con su madre.
Existen numerosas maneras de observar las características de la conducta de un niño:
formal o informal; causal o deliberadas; experimental o circunstancial; psicométrica o biográfica.
Podemos hacerlo sentando al niño a una silla o en las faldas de la madre, o bien podemos dejarlo
correr en el consultorio mientras le pedimos a la mamá que nos cuente características de su vida
cotidiana y los acontecimientos extraordinarios que han vivido.
Existen diferentes autores que intentaron sistematizar y actualizar la técnica de la
observación.
Tanto a nivel internacional como nacional se han desarrollado numerosas escalas y tests
que evalúan el desarrollo psicomotor de niños y niñas, siendo tal vez los desarrollos de Gesell los
pioneros en este campo. A nivel nacional encontramos el PRUNAPE, desarrollado por Lejarraga y
otros; en Chile se ha difundido en gran medida el TEPSI; mientras que a nivel internacional, sobre
todo en los países anglosajones, el BINS es uno de los más utilizados. Todos ellos evalúan las
diferentes áreas que se incluyen en el desarrollo psicomotor y permite realizar una primera
detección de dificultades o detenciones en el desarrollo.
1. PRUNAPE (Prueba Nacional de Pesquisa): Consiste en una serie de preguntas a la madre y
pruebas para administrar al niño habilidades motrices finas y gruesas, relaciones sociales
lenguaje y aspectos cognitivos. Los materiales son sencillos y constan de un Manual
Técnico, una caja de materiales y un formulario de aplicación con rectángulos que
representan los percentiles de la edad de cumplimiento de las pautas. El PRUNAPE un test
sencillo, de bajo costo, destinado a la detección de problemas inaparentes del desarrollo
en niños menores de síes años. Dado que se trata de test de pesquisa, y no una prueba
diagnóstica, su resultado es cualitativo. El niño pasa o no la prueba. Si el niño no pasa la
prueba, se infiere que existe una sospecha de que podría padecer un problema de
desarrollo. El niño que no alcanza un rendimiento esperable en la PRUNAPE requiere una
evaluación más profunda del desarrollo.
2. BINS (Bayley Infant Neurodevelop-mental Screener): Es una prueba basada en las escalas
Bayley de desarrollo infantil BSID-II, que evalúa niños de 3 a 24 meses de edad. Valora las
funciones neurológicas básicas, las receptivas, las expresivas y los procesos cognitivos. Se
utiliza para clasificar a los niños como de riesgo alto, moderado o bajo de presentar
retrasos de desarrollo. Mientras que el test de Bayley requiere un examinador altamente
entrenado e insume unos 30 a 60 minutos el BINS puede ser administrado por un
profesional capacitado en un lapso corto de tiempo, por lo que es costo-efectiva para el
screening de rutina. Los valores de sensibilidad y especificidad son moderados a altos.
3. TEPSI (TESTDE DESARROLLO PSICOMOTOR): Fue confeccionado en 1980 por Haeusssler y
Marchant en Chile, como instrumento para los profesionales de educación pre-escolar y
ha sido empleado en varios países de Latinoamérica. Es un test que evalúa de 2 a 5 años
de las áreas de coordinación, motricidad y lenguaje. En 1993, se realizó una versión para
niños no videntes.
Guía de observación
A. Entrevista al adulto: El primer momento de la técnica es realizado con la madre (o
cuidador del niño), ya que es quien trae al niño a la consulta y conoce sobre su desarrollo.
Se realiza una entrevista inicial semi-estructurada, en la cual se indaga acerca de distintas
áreas del niño y su familia: antecedentes prenatales, peri-natales y post-natales, áreas del
desarrollo: locomoción, lenguaje, escritura; también se investiga sobre lo familiar
(estructura familiar y vínculos entre sus miembros), sobre la sexualidad; aprendizaje
(escolar y de hábitos). Esta entrevista es diferente a una anamnesis, ya que no constituye
un mero listado de sucesos y acontecimientos, sino que el objetivo esencial es descubrir el
lugar que este niño ocupa dentro de su trama familiar. Además, interesa saber cuál es la
reacción de los padres a las dificultades del hijo, cómo intentaron resolverlas antes de
concurrir a la entrevista, etc. Si el niño es muy pequeño, o tiene dificultades de lenguaje,
se realizará a la madre o cuidador del niño las preguntas con respecto a las áreas sociales y
adaptativa.
B. El segundo momento es la observación del comportamiento del niño. Si bien apelamos a
un tipo sistemático de observación, debe ser conducido de manera flexible, a fin de
permitir que el niño exprese su particular forma de actuar, es decir que si bien tenemos
una serie de tareas a realizar con el niño, sea éste el que marque el ritmo de la
observación, lo que posibilitará conocer su singularidad. Es aconsejable, además realizar
una segunda observación, luego de un tiempo prudencial de tratamiento, a fin de evaluar
los cambios en el niño y la continuación o no del tratamiento. Si bien la modalidad de
observación va a ir variando de acuerdo a la edad del niño, independientemente de la
edad, se debe respetar las particularidades de cada niño, sus miedos, sus temores y sus
dificultades.
La observación comienza apenas ingresa el niño al consultorio: nos interesa observar con
cuánto apego se aferra a la madre o si no le importa absolutamente entrar sólo. Esto nos
permite comenzar a realizar hipótesis en cuanto a su dependencia-independencia y su
madurez social. En general, recién logran entrar solos a partir de los tres o cuatro años. Sin
embargo hay niños mayores que después de un pequeño “berrinche” o “puesta en
escena”, consiguen entrar al consultorio sin la compañía de sus madres. Hay otros en
cambio, que necesitan la presencia de la mamá dentro del consultorio y cerca de ellos
para no sentir temor ante esta situación desconocida y dado lo importante que resulta la
observación del vínculo madre-hijo. Hay otros, que se deprenden de la figura de apego sin
evidenciar angustiar alguna.
En cuanto al orden de administración de las diferentes pruebas planteadas por Gesell no
está estipulado rígidamente, y va depender de los intereses del niño, de su atención y motivación.
Sin embargo, de acuerdo a su experiencia se utiliza de manera más frecuente.
La observación de la conducta de un niño se lleva a cabo, en general, en una o más sesiones,
de aproximadamente 50 minutos cada una; por ello, debemos buscar la forma de observar que
nos brinde mayor y mejor calidad de información. Nuestra tarea será, pues conocer lo más
profundamente la forma de maduración de un niño, descubriendo sus logros y sus dificultades. Es
decir, conocer, el modo característico en que este niño en particular se enfrenta a las situaciones
que la vida le plante.
Esta observación, debe hacerse desde una perspectiva multidimensional, a fin de analizar las
distintas facetas de la personalidad del niño, la forma de reacción a determinadas situaciones, su
comportamiento en relación a las exigencias sociales, etc. Esta perspectiva, no implica sin
embargo, un descuido de los métodos, de control o precisión.
Conductas a observar
Independiente de la edad, Arnold Gesell propone investigar las siguientes áreas de conducta:
1) DESARROLLO MOTOR: Durante los primeros cinco años de vida se observa el surgimiento de
una abundante variedad de habilidades motrices. Una vez adquiridas y mecanizadas, estas
habilidades permiten una mayor libertad para resolver situaciones nuevas y sirven como base
para el desarrollo de otras capacidades denominadas “superiores”, como la escritura, que
requiere de la presión fina. Se evalúa la actividad corporal, el grado de fatiga y la actividad
postural, a través la observación de la postura erguida, la marcha y la carrera, la prensión y la
manipulación de objetos y la lateralidad y direccionalidad.
2) CONDUCTA ADAPTATIVA: Es una categoría que incluye distintas adecuaciones que realiza el
niño a nivel perceptual, de orientación, manual y verbal, que reflejan la capacidad del niño
para iniciar experiencias nuevas y utilizar su experiencia pasada. Esta capacidad para
adaptarse (no en el sentido conductista del término, sino más bien en la concepción
piagetiana), implica entonces la posibilidad de resolver situaciones desconocidas. Se evalúa el
grado de discernimiento, la originalidad, la creatividad, la iniciativa, la decisión y las áreas de
conflicto.
3) DESARROLLO DEL LENGUAJE: La habilidad de trasmitir las ideas a través del lenguaje, es un
proceso gradual de simbolización y supone el elemento esencial de comunicación con los
otros. A través de las diferentes situaciones de prueba, se explora:
Riqueza o pobreza de vocabulario
Expresión de ideas
Compresión verbal
Inhibiciones y dificultades.
4) CONDUCTA PERSONAL-SOCIAL: Esta área alude a las formas en que un niño responde a
diferentes situaciones sociales. Se intenta descubrir el modo característico que tiene el niño
para actuar frente a los otros del niño que nos traen a consulta. Incluye primordialmente la
capacidad del niño de respetar las normas sociales. A través de los diferentes aspectos
explorados (alimentación, sueño, control de esfínteres, comunicación, juegos, expresión
artística), se evalúa.
a) Las relaciones del niño frente al éxito y al fracaso
b) Sus reacciones antes situaciones nuevas
c) El nivel de tolerancia a la frustración e impulsividad
d) El equilibrio o no entre comportamientos de dependencia independencia.