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Interpretacion Social

El documento aborda la interpretación social en México, destacando la mediación entre grupos culturalmente diversos, como comunidades indígenas. Se enfatiza la complejidad que enfrentan los intérpretes al lidiar con múltiples lenguas y culturas en un contexto de alta diversidad lingüística. Además, se mencionan los avances de instituciones en la promoción de derechos lingüísticos y culturales de los pueblos indígenas en el país.
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Interpretacion Social

El documento aborda la interpretación social en México, destacando la mediación entre grupos culturalmente diversos, como comunidades indígenas. Se enfatiza la complejidad que enfrentan los intérpretes al lidiar con múltiples lenguas y culturas en un contexto de alta diversidad lingüística. Además, se mencionan los avances de instituciones en la promoción de derechos lingüísticos y culturales de los pueblos indígenas en el país.
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INTERPRETACIÓN SOCIAL Y MULTICULTURALIDAD: EL CASO

DE LAS LENGUAS INDÍGENAS DE MÉXICO

COMMUNITY INTERPRETING AND MULTICULTURALISM: THE


CASE OF THE MEXICAN INDIGENOUS LANGUAGES

Antonio Reyes Pérez


Instituto Superior de Intérpretes y Traductores,
Laboratorio de Tecnologías Lingüísticas

Ximena Iglesias Carrillo


Instituto Superior de Intérpretes y Traductores,
Laboratorio de Tecnologías Lingüísticas

Resumen

La interpretación social se entiende como un proceso de mediación en el que la comuni-


cación sucede en un plano social que implica la interacción de grupos culturalmente di-
ferentes, tales como migrantes, refugiados o comunidades indígenas (Pöchhacker, 2004;
Hale, 2007). En este marco, el objetivo de este trabajo es exponer el escenario general
que supone la interpretación social en México dada la gran diversidad lingüística que
caracteriza a este país. Así, se enfatiza la problemática que debe resolver el intérprete
social en tanto que se enfrenta a diferentes lenguas y diferentes culturas que coexisten en
una realidad aparentemente homogénea. Finalmente, se muestran los avances y resulta-
dos que diversas instituciones públicas y privadas han hecho en torno a este fenómeno.

Palabras clave: mediación lingüística; mediación cultural; lenguas indígenas mexica-


nas; interpretación; identidad cultural

Estudios de Lingüística Aplicada, año 35, número 65, julio de 2017, pp. 141–156
doi: 10.22201/enallt.01852647p.2017.65.731
142 Antonio Reyes Pérez & Ximena Iglesias Carrillo

Abstract

Community Interpreting is a mediation process in which communication occurs within


a social framework that entails the interaction of culturally different subgroups such as
migrants, refugees, or indigenous communities (Pöchhacker, 2004; Hale, 2007). In this
context, this article aims to describe the general setting in which Community Interpret-
ing unfolds in Mexico, given the high linguistic diversity of this country. We emphasize
the challenges that community interpreters face when coping with different languages
and cultures coexisting within an apparently homogenous reality. Finally, we describe
the progress made and results obtained by public and private institutions in this regard.

Keywords: linguistic mediation; cultural mediation; Mexican indigenous languages; in-


terpreting; cultural identity

Fecha de recepción del artículo: 30 de abril de 2016


Fecha de aceptación: 20 de septiembre de 2016
Fecha de recepción de la versión revisada: 13 de enero de 2017

La correspondencia relacionada con este artículo debe dirigirse a:


Antonio Reyes Pérez
antonioreyes@[Link]

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1. Introducción

En términos generales, la interpretación social se ha definido como un proceso de


mediación en el que la comunicación se realiza en un contexto social, que se ca-
racteriza por tener un grupo principal o dominante y uno o varios subgrupos se-
cundarios o dominados (Pöchhacker, 2004; Hale, 2007). Considérense, por ejem-
plo, grupos minoritarios tales como migrantes o refugiados que se insertan en un
contexto nuevo y totalmente diferente de aquel del cual provienen. Entendida así,
la interpretación social se ha relacionado estrechamente con los flujos migrato-
rios (Wadensjö, 1998). La comunidad hispana en Estados Unidos o la población
africana en Europa son una muestra. En este escenario, lograr una comunicación
exitosa implica que el intérprete sea capaz de mediar no solo en términos de di-
ferencias lingüísticas sino, particularmente, en términos de diferencias culturales.
Dado este contexto migratorio, la interpretación social se entiende como un
fenómeno mucho más complejo y con múltiples dimensiones, puesto que las ba-
rreras léxicas o terminológicas se supeditan a aspectos menos asibles tales como
la idiosincrasia, las particularidades culturales o, incluso, la propia cosmovisión.
No obstante la complejidad que implica este tipo de interpretación, ha habido
un esfuerzo constante para sistematizar la investigación y su metodología sobre
este fenómeno. Por ejemplo, en algunas investigaciones se ha abordado la pro-
blemática de la interpretación social delimitada a contextos comunicativos par-
ticulares: situaciones legales, acceso a la salud, acceso a los servicios sociales,
entre otros (cf. Hertog & van der Veer, 2006; Carr, Roberts, Dufour & Steyn,
1997), otras investigaciones se han dedicado a analizar el rol, la ética o la afini-
dad del intérprete para con un grupo específico, o bien la necesidad de capacita-
ción para resolver situaciones en diferentes escenarios interpretativos (cf. Prunč,
2012; Vargas, 2012).
A pesar de la complejidad de la interpretación social, el trabajo del intérpre-
te está totalmente delimitado porque se enfrenta a las realidades de dos grupos
claramente definidos y diferenciables. Sin embargo, hay escenarios atípicos en
los que la necesidad de una interpretación social no obedece a situaciones moti-
vadas por cuestiones migratorias. México es uno de tales escenarios: el español
es la lengua nacional del país; sin embargo, hay más de 11 familias lingüísticas
representadas por 68 lenguas indígenas con 364 variantes (Inali, 2008, 2009).
La sola cantidad de lenguas supone un gran reto para la interpretación social; no
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obstante, no es el número de lenguas lo que plantea el escenario atípico. La pro-


blemática que enfrenta el intérprete social en México tiene que ver con que tales
lenguas, muchas de ellas con variantes dialectales muy importantes, representan
culturas totalmente diferentes que coexisten dentro de una realidad aparente-
mente homogénea; i. e. hay tantas realidades codificadas a través de la lengua,
todas ellas tan diferentes y tan particulares, que lo único que comparten es el he-
cho de que todos sus hablantes cohabitan en el mismo país, no por razones mi-
gratorias, sino porque todos son mexicanos originarios.
El objetivo de este artículo, considerando lo anterior, es exponer el escena-
rio general que supone la interpretación social en México, así como describir los
retos que esta implica y los avances que tanto instituciones públicas como priva-
das han hecho al respecto.
El artículo está organizado de la siguiente forma. En §2 se describen algu-
nos de los trabajos más importantes en el marco de la interpretación social, en-
fatizando aquellos que pueden vincularse con el escenario mexicano. En §3 se
detallan las características generales de la situación sociocultural y lingüística
que priva en México. En §4 se expone la situación actual y las prospectivas de la
interpretación social en México. Por último, en §5 se aportan las consideracio-
nes finales y se plantean algunas líneas de trabajo futuro.

2. Estado del arte: trabajos sobre interpretación social

La atención que se ha puesto en las últimas décadas en los derechos humanos,


así como el aumento de las olas migratorias, han aumentado la conciencia sobre
la necesidad del servicio de interpretación en el sector social; por tanto, muchos
gobiernos, asociaciones y grupos de investigación están desarrollando estudios
y proyectos en este ámbito.
Pöchhacker (2004) define la interpretación social como un contacto intra-
social, que se desarrolla en contextos multiculturales y en escenarios tales como
tribunales, comisarías, hospitales o dependencias de la administración pública
principalmente, pues al fin y al cabo el intérprete social siempre trabaja en ám-
bitos institucionales.
Cada país ha desarrollado sistemas propios para proveer servicios de inter-
pretación social: desde la capacitación y certificación de los intérpretes hasta la
puesta en marcha de una estructura nacional para brindar servicios oportunos y
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de calidad. En ese sentido, Australia, Canadá, España, Estados Unidos, Francia,


Reino Unido y Suecia son ejemplos claros de los avances que pueden lograrse
desde instituciones gubernamentales, no gubernamentales y académicas.
Así, en cuanto a los contextos de actuación, dentro de un marco jurídico
(tribunales, comisarías, audiencias) destacan los trabajos de Mikkelson (1999),
Pöllabauer (2004) y Hale (2007). En el ámbito médico, destacan las investiga-
ciones de Hale (2007), mientras que, en cuanto a los servicios públicos y la ter-
minología, los de Valero-Garcés (2005, 2008) son referente.
Ahora bien, debido a los contextos sensibles, e incluso de vulnerabilidad,
en los que se desarrollan los servicios de interpretación social, la labor del intér-
prete debe estar regida por códigos deontológicos que orienten su labor. En este
sentido, los trabajos de Angelleli (2004) y Hale (2007) abordan el rol que juega
el intérprete desde tal ángulo.
Finalmente, las propuestas de Abril (2006), Hale (2007) y Valero-Garcés
(2008) son referencias valiosas en cuanto al proceso de formación del intérprete.

3. Situación sociocultural y lingüística en México

Ninguna sociedad en el mundo es uniforme en su composición. México no es


la excepción, pues se reconoce y se identifica como un país único e indivisible,
pero culturalmente plural. Así, su Constitución política reconoce esta pluricul-
turalidad en el caudal de pueblos originarios, con más de 11 millones de indí-
genas que habitan en el territorio nacional, lo que representa 10% del total de la
población (Inali, 2009), situación que convierte a México en el país que alberga
el mayor número de indígenas en el continente americano (Zolla & Zolla Már-
quez, 2010: 41).

3.1. Marco sociocultural

A partir de los censos de población y vivienda, así como de lo plasmado en el


Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales: variantes lingüísticas de Méxi-
co con sus autodenominaciones y referencias geoestadísticas (Inali, 2008), se
sabe que México cuenta con 11 familias lingüísticas, de las que se desprenden
68 agrupaciones con 364 variantes. No obstante esta riqueza lingüística, el he-
cho de que coexistan junto a una lengua con mayor peso demográfico como lo
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es la española, causa que se privilegie el uso de esta al funcionar como punto de


enlace. Esta situación, que tiene su origen en diferencias culturales y, obviamen-
te, lingüísticas, ha sido una barrera que históricamente ha impedido que la po-
blación indígena tenga total reconocimiento social, así como acceso pleno a los
servicios públicos a los que por ley tiene derecho.
El escaso respeto y valoración de la riqueza cultural y lingüística de lo indíge-
na se remonta a la época del Virreinato, en la que el “indio” era visto como un ser
de naturaleza inferior, lo que resultó en su segregación social, política y econó-
mica, así como en su exclusión de los servicios públicos, entre los que se cuen-
tan la educación y la salud. Hasta principios del siglo xx, en México, ser indíge-
na (en el sentido más puro: persona originaria de un país) era motivo de discri-
minación y sello de vergüenza, lo que conllevó a la negación de las más mínimas
posibilidades de incorporación a la vida nacional (Inali, 2009). Luego de 1920,
con la Revolución mexicana se fundamentó la idea de que la unidad nacional y
la igualdad de derechos equivalían a homogeneizar culturalmente al país, pues la
diversidad era vista como un obstáculo para caminar hacia la modernidad. Hasta
hace apenas 20 años seguía privando la falta de respeto a lo diferente y el discur-
so oficial insistía en que sería el monoculturalismo el que resarciría la deuda his-
tórica que se tenía con los indígenas, pues solo se podían superar los rezagos so-
ciales si los indígenas anulaban su pasado, su identidad y su lengua para adoptar
la cultura mexicana (Inali, 2009). Así, el Estado desplegó un conjunto de políti-
cas para promover la asimilación de los indígenas a la cultura nacional y tratar
lo indígena como pieza de museo. En este sentido, el desconocimiento oficial
de lo que en verdad comporta el ser indígena devino en la formulación de políti-
cas desarticuladas, a pesar de que, para ese entonces, México ya había ratificado
numerosos tratados, leyes y convenciones internacionales.
No es sino hasta el año 2003, con la promulgación de la Ley de la Comisión
Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y la Ley General de Derechos
Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, cuando las políticas sociales plantean una
visión distinta en favor de la pluralidad cultural, y en su propia instrumentación
se reconoce el uso de las lenguas indígenas. Así, uno de los principales logros
de estas leyes ha sido declarar las lenguas indígenas y el español como lenguas
nacionales, además de reconocer el derecho de los mexicanos a hablar su lengua
materna, sin ningún tipo de limitación, en cualquier ámbito.

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3.2. Marco lingüístico

La lengua es un elemento cultural único que representa la esencia de un pueblo,


en tanto que lo define, le da identidad y le hace ser lo que es; cada lengua, por
tanto, manifiesta una cosmovisión que constituye una manera de ver el mundo
y que da sentido de pertenencia a una comunidad (cdi, 2010: 17, 21). De acuer-
do con datos presentados por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali,
2008, 2009), México es una nación plurilingüe en la que, además del español,
coexisten 68 lenguas con más de 360 variantes que se agrupan en 11 familias
lingüísticas (véase Cuadro 1).

Cuadro 1. Familias lingüísticas en México


álgica yuto-nahua cochimí-yumana
seri oto-mangue maya
totonaco-tepehua tarasca mixe-zoque
chontal de Oaxaca huave

El escenario que plantea esta diversidad de lenguas en contacto, que en muchos


casos están supeditadas a la lengua mayoritaria, hace que un trabajo en inter-
pretación social sea imperativo; sobre todo tomando en cuenta que a) muchos
de esos hablantes solo hablan una lengua indígena y b) esos mismos hablantes
tienen necesidades que no están motivadas por las mismas causas que, por ejem-
plo, supondría una interpretación social en un marco de flujos migratorios.
Cabe destacar, además, que el hecho de que existan distintas variantes de
estas lenguas implica que no haya una inteligibilidad total entre los hablantes.
Por tanto, los procesos comunicativos que debe enfrentar el intérprete se vuel-
ven mucho más complejos. A continuación se detallan algunos aspectos de las
lenguas indígenas que coexisten en México con la finalidad de contextualizar la
situación que enfrenta el intérprete social en un escenario como el mexicano.

3.3. Lenguas indígenas

De las 68 lenguas anteriormente referidas, las más representativas en términos


del número de hablantes son el náhuatl, el maya, el mixteco y el zapoteco. La

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primera con más de un millón de hablantes, la segunda con alrededor de 800 000
hablantes, en tanto que las dos últimas con poco más de 400 000 hablantes cada
una (cf. Inali, 2009). Del resto de las lenguas, algunas no llegan a los 1000 ha-
blantes, mientras que algunas otras están en vías de extinguirse. En la Figura 1
se puede observar la distribución de las 11 familias lingüísticas en términos del
número de hablantes.

Figura 1. Distribución de las familias lingüísticas indoamericanas en México. Mapa


adaptado de Inali (2009: 16)

La distribución territorial es un punto relevante que influye directamente en la


problemática que enfrenta el intérprete social en México (en §3.2. se aborda de
manera detallada dicha problemática). Como se observa en la Figura 1, la ma-
yoría de las lenguas se concentra en el centro del país y hacia el sur. Esto es su-
mamente importante porque tanto aspectos geográficos, climáticos como econó-
micos y fenotípicos son diametralmente diferentes en el norte, centro y sur del
país. Así, las necesidades que puede tener un hablante seri del desierto de Sono-

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ra (norte de México) no serán las mismas que las de un hablante chontal de la


selva de Chiapas (sur de México).
Asimismo, otro punto importante que impacta a estas lenguas tiene que ver
con su estudio y documentación. Si bien lenguas como el maya o el náhuatl han
sido bastante estudiadas y descritas, incluso en términos de variantes dialecta-
les, hay lenguas que no lo han sido. La consecuencia inmediata, al menos para
el trabajo del intérprete, es una falta de materiales que le permitan, primero, co-
nocer la estructura de la lengua y, después, sistematizar su conocimiento a partir
de una norma consensuada que facilite su trabajo de mediación.

3.4. Identidad cultural

La diversidad lingüística arriba descrita convierte al país en una nación pluricul-


tural. La lengua hace que las personas que comparten un mismo código se reco-
nozcan como pertenecientes a un núcleo común, en tanto que las diferencia de
quienes no lo comparten. En el contexto nacional, no obstante que quienes na-
cieron en el país comparten la noción de ser “mexicanos”, la lengua que hablan
los diversos grupos humanos hace que entre ellos se perciban con más diferen-
cias que similitudes. En particular si, durante siglos, se ha vivido con el estigma
de que hablar una lengua que no es la “oficial” (i. e. una lengua indígena) signi-
fica vivir en desventaja; significa no ser igual.
Ahora bien, las diferencias lingüísticas implican una identidad cultural cla-
ramente definida. Es a través de la lengua que filtramos nuestras percepciones
del mundo, nuestra cosmovisión. En este sentido, es importante señalar que el
hecho de reconocer la existencia de varias familias lingüísticas, con sus múlti-
ples lenguas y variantes, significa aceptar que “la población originaria de lo que
actualmente es el territorio nacional [México] no compartió en la antigüedad la
misma historia sociocultural, sino que se desarrolló sobre diferentes experiencias
en tiempos y espacios presumiblemente disímiles también” (Inali, 2008: 38).
Para el intérprete social en México, lo anterior supone el escenario atípi-
co del que se habló en secciones previas: además de mediar entre lenguas, debe
hacerlo entre culturas que, a pesar de que se suscriben a un mismo concepto de
nación, tienen una cosmovisión y, en consecuencia, un conjunto de necesidades
radicalmente diferentes, mismas que probablemente sean incomprensibles para
quienes son ajenos a ellas. Por ejemplo, la realidad de un indígena del sur de
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México es, desde todos los ángulos, distinta a la de un indígena del norte, y no
hablamos específicamente de diferencias obvias, sino de diferencias que se sus-
tentan en la manera en la que se conforma una cultura determinada. Incluso, la
realidad para los hablantes de dos variantes dialectales no es, de ningún modo,
igual. Así, un hablante de náhuatl de los suburbios de la Ciudad de México ten-
drá necesidades, motivaciones y, posiblemente, una cosmovisión diferente a la
de un hablante de la variante hablada (y conceptualizada) de algún municipio de
la sierra de Veracruz. Así, mientras que para uno la naturaleza será un elemento
relevante que el intérprete debería considerar, para otro lo será el elemento ritual.

4. Interpretación social en México

Como ya se ha expuesto, en México no solo cohabitan varias lenguas indígenas,


sino que cada lengua en sí misma representa una cultura distinta. A pesar de que
las manifestaciones humanas son diversas desde su origen, los ordenamientos
internacionales y nacionales en cuanto al reconocimiento de los pueblos indí-
genas y sus expresiones culturales, como la lengua, son relativamente recientes,
según se describe a continuación.

4.1. Contexto legislativo

En el contexto mexicano, la proclamación de ordenamientos en materia de dere-


chos de los pueblos indígenas y minorías lingüísticas es reciente. Al margen de
las ratificaciones hechas por México a las leyes y los pactos internacionales re-
lacionados con estos temas, la primera acción del Estado mexicano no fue sino
hasta 1992, con la reforma del artículo 4 constitucional, en el que se reconoce
por primera vez a los pueblos indígenas y se obliga a respetar sus culturas (Inali,
2009) y la reforma del artículo 102, en el que se estipula la protección y la de-
fensa de los derechos humanos a partir de la creación de la Comisión Nacional
de los Derechos Humanos.
En 2003, con la promulgación de la Ley de la Comisión Nacional para el
Desarrollo de los Pueblos Indígenas se planteó por primera vez la participación
del Estado en actividades de apoyo, fomento y coordinación de programas y ac-
ciones públicas para el desarrollo de los pueblos indígenas.

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A su vez, esta ley promovió la creación de la Ley General de Derechos Lin-


güísticos de los Pueblos Indígenas y la consecuente fundación del Instituto Na-
cional de Lenguas Indígenas. Desde su concepción, el Inali se dedicó, en primera
instancia, a clasificar las lenguas indígenas nacionales para luego dirigir sus es-
fuerzos, junto con otras instancias tanto públicas como privadas, a delinear pro-
cesos que ayudaran a la conformación de una estructura cohesionada en cuanto
a las lenguas indígenas y los procesos de mediación lingüística y cultural se
refiere. Cabe mencionar que los hablantes de lenguas indígenas tienen garanti-
zado el derecho a ser asistidos por intérpretes, traductores y defensores públicos
profesionales, con un conocimiento amplio y profundo de la lengua y cultura; de
este modo, los indígenas son tratados con base en sus usos y costumbres.

4.2. Intérpretes

En la actualidad, en México existen dos tipos de intérpretes de lenguas indí-


genas: los formados a través de la práctica de saberes culturales, lingüísticos y
propios de sus pueblos originarios y los formados a través de procesos académi-
cos formales y de evaluación de competencias laborales para la interpretación.
Ambos tipos de intérpretes pueden acreditarse y/o certificarse mediante
los mecanismos que a continuación se exponen, los cuales tienen como fin ge-
nerar condiciones de accesibilidad y equidad en el trato para los hablantes de
lenguas indígenas.

4.2.1. Capacitación y certificación

A pesar de que en México existen programas de formación profesional en inter-


pretación desde hace décadas, no fue sino hasta 2007 que se instauró el primer
programa de capacitación para intérpretes en lenguas indígenas, con el propósi-
to de que existan profesionales certificados en todas las lenguas y para los dife-
rentes tipos de servicios públicos en que sean necesarios.
El primer diplomado de este tipo se realizó en la Ciudad de México, y en
los años subsiguientes se han impartido en más de 10 de los 31 estados de la re-
pública; no obstante, solo se enfocan en los ámbitos de procuración, impartición
y administración de justicia.

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Los diplomados son gratuitos y tienen una duración de 180 horas. En estos se
tratan temas relacionados con teoría y práctica de la interpretación, aspectos lin-
güísticos, aspectos jurídicos, derechos de los pueblos y comunidades indígenas, así
como temas afines a las lenguas y las culturas indígenas de la región en la que se
desarrolla el curso. Los aspirantes deben ser mayores de edad, que en el caso que
nos ocupa es 18 años; ser hablantes de alguna variante de las lenguas oficiales; sa-
ber hablar, leer y escribir en español; contar con actitudes positivas hacia su lengua
y su cultura originaria, y tener habilidades para la interpretación.
Una de las grandes dificultades de estos programas de capacitación es que
los participantes han de recorrer grandes distancias en lugares que no cuentan
con una infraestructura adecuada en el plano de las comunicaciones.
En 2008 se formó, junto con el Inali, el Comité de Normalización de Asuntos
Indígenas para crear el Estándar de Competencia Laboral para la Función de Inter-
pretación Oral de Lengua Indígena al Español y Viceversa en el Ámbito de Procu-
ración y Administración de Justicia, que se publicó en el Diario Oficial de la Fe-
deración en 2009. Esta norma es referente para la evaluación y certificación de las
personas que se desempeñan como intérpretes en procesos de procuración y admi-
nistración de justicia en los que esté involucrado una persona hablante de lengua
indígena y se requiera entablar con ella una comunicación oral efectiva.
Por otra parte, con el fin de reconocer la experiencia de intérpretes prácticos
que realizan labores de interpretación, así como de fortalecer los procesos de
formación en los que los intérpretes indígenas formen a otros indígenas, a par-
tir de 2011 el Inali está desarrollando un Diplomado Piloto para la Formación
de Formadores de Intérpretes de Lenguas Indígenas, impartido por egresados de
procesos tanto de formación y acreditación de intérpretes como de certificación
de competencias laborales.

4.2.2. Ejercicio profesional

A pesar de la imperiosa necesidad que existe de intérpretes en los servicios pú-


blicos y de los esfuerzos realizados por numerosas instituciones, el número de
intérpretes que hay en México todavía es escaso, y no todos han recibido la ca-
pacitación adecuada.
El Padrón Nacional de Intérpretes y Traductores en Lenguas Indígenas (Pa-
nitli), creado por el Inali, registra apenas 575 intérpretes que han sido acredita-
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dos y/o certificados, aunque en la práctica son muchos más los que ejercen acti-
vamente la disciplina, a pesar de no estar debidamente reconocidos.
Ahora, como se expuso anteriormente, uno de los problemas principales que
impera en México en cuanto a la interpretación en lenguas indígenas es que hay
tantas variantes dialectales que, aunque están recogidas en el Catálogo de las
Lenguas Indígenas Nacionales, resulta difícil determinar oralmente si dos ha-
blantes hablan la misma variante hasta que no se comunican entre ellos y com-
prueban que en su comunicación existe inteligibilidad. Por ello, a últimas fechas
se ha optado por preguntar el lugar de origen del indígena que necesita los ser-
vicios de interpretación para saber con mayor certeza la variante dialectal de la
que se trata.
En cuanto a la jornada laboral de un intérprete de lenguas indígenas, aún no
existe legislación alguna sobre el número de horas que conforman una jornada,
ni sobre si ha de trabajar en conjunto con otros intérpretes. A pesar de que la ley
señala que los intérpretes podrán cobrar honorarios por su trabajo, en la práctica
esto no ha sido así, pues todavía se presentan casos en los que no reciben pago
alguno. En numerosas ocasiones, las mismas instancias gubernamentales care-
cen de recursos para cubrir estos gastos.
Al igual que casi todas las profesiones, los intérpretes de lenguas indígenas
cuentan con un marco de principios y valores que guían el comportamiento que
han de observar en su ejercicio profesional. Fue el Inali el organismo que pro-
puso un código de ética específico para estos intérpretes, que considera valores
como la honestidad, la libertad, la justicia, la verdad y principios como el respe-
to, la no discriminación y la imparcialidad.
Finalmente, los intérpretes en lenguas indígenas se han agrupado libremen-
te en dos esfuerzos concretos para emprender proyectos que beneficien a los
propios intérpretes, así como a los indígenas que necesiten de sus servicios: la
Organización de Traductores, Intérpretes Interculturales y Gestores en Lenguas
Indígenas (otigli) y la Organización Mexicana de Intérpretes Traductores de
Lenguas Indígenas.

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4.3. Retos

Pese a las acciones aquí descritas para desarrollar un marco formal a nivel na-
cional para el correcto ejercicio de la interpretación social en lenguas indíge-
nas, la actividad es sumamente reciente y poco reconocida, por lo que queda
mucho por hacer.
A pesar de que el Catálogo de Lenguas Indígenas Nacionales (Inali, 2008) es
la obra de referencia en su área, la identificación de las variantes dialectales en la
práctica cotidiana sigue siendo un escollo. Además, la distancia geográfica entre
comunidades, así como los deficientes sistemas de comunicaciones y transportes
causan que la prestación de los servicios de interpretación sea complicada de lo-
grar y, por tanto, sea considerada como un proceso en desarrollo.
En lo concerniente a los procesos de formación, no se han desarrollado pro-
gramas que impartan conocimientos sobre mediación lingüística en otros ámbi-
tos más allá del de procuración, impartición y administración de justicia. Cabe
añadir que, si bien las horas que se imparten (180) es un número importante,
hay que considerar que ese tiempo es insuficiente para tratar la complejidad que
supone formar a intérpretes en lenguas indígenas, más aún si se toma en cuenta
que la selección de candidatos no cuenta con parámetros objetivamente verifica-
bles fuera de los aquí descritos.
En ese sentido, junto con los programas de formación han de promover-
se esfuerzos de compilación, sistematización y unificación de terminología en
aquellos ámbitos de conocimiento donde existe mayor necesidad de servicios de
interpretación. Asimismo, en el nuevo sistema de justicia penal establecido en
México,1 el papel del intérprete tiene una relevancia fundamental dentro de los
procesos; no obstante, aún no se ha delineado de manera puntual lo relacionado
en cuanto a su actuación específica.
Por último, no obstante el esfuerzo de algunas instituciones por constituir un
escenario estable y propicio para el desarrollo de la interpretación social en Mé-
xico, el número de instituciones abocadas a ello es aún escaso: el Inali, el Centro

1
A partir del año 2008 hubo una reforma constitucional al sistema jurídico mexicano en la que
se busca mejorar la impartición de justicia a través de la realización de juicios orales. Es impor-
tante destacar que dicha reforma tiene un impacto directo en tanto la necesidad de contar con
intérpretes que puedan asistir los procedimientos de mediación lingüística, cuando sea el caso,
que garanticen la correcta procuración de justicia.

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Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción, la Comisión Nacional


para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y el Instituto Superior de Intérpretes
y Traductores. El resultado, en consecuencia, es que dicho esfuerzo pareciera ser
insuficiente dada la necesidad que plantea la riqueza lingüística mexicana.

5. Consideraciones finales y trabajo futuro

En este trabajo hemos descrito, de manera general, el escenario que el intérprete


social enfrenta en México. Es importante resaltar que si bien ha habido un es-
fuerzo sumamente importante en este ámbito en distintos países, en el caso de
México, su contexto particular dificulta que no se puedan copiar, o incluso adap-
tar, los modelos que han tenido éxito en otros lugares. El número de lenguas y
variantes dialectales, así como la diversidad cultural que conlleva cada una de
ellas, hacen que la interpretación social en México sea un trabajo en constante
proceso y lleno de retos.
Para concluir, se plantea como línea inmediata de trabajo el estudio lin-
güístico, terminológico, social y cultural de las lenguas indígenas que, como el
maya, tienen diversas variantes dialectales con el fin de analizar, a partir de da-
tos reales, la problemática, las necesidades y las posibles líneas de acción que
a la postre permitan desarrollar modelos de interpretación social acordes con la
realidad lingüística mexicana.

6. Referencias

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