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Giacomo Leopardi: Contexto Histórico y Literario

El capítulo 19 de la obra de Alberto Asor Rosa se centra en la vida y obra de Giacomo Leopardi, destacando su contexto histórico y su relación con la cultura de su tiempo. Leopardi, nacido en una provincia italiana, desarrolló una profunda crítica hacia la modernidad y la vida civil, reflejando en su poesía una búsqueda de la verdad y la belleza más allá de las limitaciones de su entorno. A pesar de sus dificultades personales y su sufrimiento físico, su obra se considera universal y trasciende las circunstancias de su vida.
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Giacomo Leopardi: Contexto Histórico y Literario

El capítulo 19 de la obra de Alberto Asor Rosa se centra en la vida y obra de Giacomo Leopardi, destacando su contexto histórico y su relación con la cultura de su tiempo. Leopardi, nacido en una provincia italiana, desarrolló una profunda crítica hacia la modernidad y la vida civil, reflejando en su poesía una búsqueda de la verdad y la belleza más allá de las limitaciones de su entorno. A pesar de sus dificultades personales y su sufrimiento físico, su obra se considera universal y trasciende las circunstancias de su vida.
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ASOR ROSA, Alberto. Historia de la literatura italiana, voi. 3, cap 19.

Edición e introducción de Alejandro Patat. Traducción de Sebastián ALBERTOASOR ROSA


Carricaberry. Buenos Aires: Ed. Dante Alighieri, 2011
lugar, es un centro del Estado pontificio, donde las carencias propias de
una ciudad de provincia se multiplican debido a la directa observación de
un estado de cosas manifiestamente fundado en el trastorno de los más ele-
mentares derechos humanos de libertad y de saber, de un modo tan marca-
do como para hacer dudar de la posibilidad de la existencia de una iniciati-
va humana capaz de modificar los fundamentos de tales injusticias . Por úl- 2

timo, Recanati es el receptáculo y a la vez el símbolo de la condición y de


las relaciones existentes en el seno de la familia Leopardi que, como si fue-
CAPÍTULO 1 9 ra un microcosmos, reproduce todos los elementos de este apremio de afec-
tos y al mismo tiempo de su dramática ausencia que solamente una vida
GIACOMO LEOPARDI provincial (es decir, alejada y reflexiva) puede provocar y determinar es-
pontáneamente.
Cuando se intenta captar el tipo de vínculo establecido por Leopardi con
1 . CONTEXTO HISTÓRICO la cultura de su tiempo, es necesario recordar que, por una paradoja pro-
funda, quien entre nuestros poetas se distingue por tener la lengua más
Giacomo Leopardi nació el 29 de junio de 1798 en Recanati, pueblo de universalmente humana de todo el siglo, nace de una experiencia provin-
Las Marcas incluida en los dominios del Estado Pontificio. Sus padres fue- ciana. Es de ella que extrae los fermentos y las utilidades para superar to-
ron el conde Monaldo y la marquesa Adelaide Antici. De talento precoz, a dos los obstáculos y los límites del clima romántico italiano y conectarse
los quince años ya dominaba una inmensa cultura, sobre todo en griego y con una reflexión más amplia: la de la cultura poética europea de la época.
latín, lenguas que proyectaba poner al servicio de una carrera filológica. Leopardi es un gran hombre de provincia, es la voz de la provincia itálica,
Cuando cayó el imperio napoleónico en Italia él tenía apenas diecisiete atento a la metafísica de las estaciones y de la eterna repetición del tiempo,
años; proveniente de una familia noble y de tendencia reaccionaria, celebró en contraste con el brío de las metrópolis a las que les alcanza una mirada
el intento de Gioacchino Murat de defender sus dominios con una Orazione aproximada, dado que el ritmo histórico les resulta variado y renovador.
agli italiani, in occasione della liberazione del Piceno (1815) en la que defi- En realidad, esta diversidad resulta luego ilusoria, producto de la moda
ne a la restauración de los monarcas absolutos con la «fraternal adminis- que hace que parezca una intensificación de la vida lo que en realidad re-
tración reestablecida», el «Liberal gobierno invocado al ejercicio de sus sulta, dada su naturaleza velozmente transitoria, una aproximación a la
funciones» . 1 muerte. Esta hipótesis puede sorprender y desorientar, pero basta con pen-
Toda su vida transcurre durante la etapa más oscura de la ráfaga anti- sar en el contenido de los mitos leopardianos para darse cuenta que no es
rrevolucionaria posterior al Congreso de Viena, al cual pudo seguir y eva- posible disociarlos de la polémica en contra de las «cosas ciudadanas» , y 3

luar desde un punto de observación particularmente exasperado y peyora- en contra de todo lo que el poeta denomina lo «moderno», la «vida civil», la
tivo. De hecho, la Recanati de su juventud sintetiza tres características que, «civilización». Tampoco se pueden separar de la identificación de la poesía
incluso por distintos motivos, debían contribuir para la conformación de con la naturaleza que la provincia tutela y conserva mucho más que la in-
una mentalidad y una psicología en la que la relación con el mundo y con la sensata disipación de los sentimientos que conlleva la vida moderna.
historia resulta sumamente difícil y tortuosa. En primer lugar Recanati, es Es un hecho que cuando Leopardi parte de Recanati ya había madurado
un pueblo de provincia, ajeno a la circulación de ideas renovadoras de las su punto de vista. Esto explica tanto su sustancial ajenidad a los sucesos
que sólo llega un reflejo deformado y que aparecen empañadas por la difi- políticos de la época como su sarcàstica crítica de las posiciones liberales
cultad de superar el vacío histórico visible si, por ejemplo, se compara la por entonces dominantes. Por lo tanto, podemos afirmar que, para Leopar-
Milán post-iluminista y post-napoleónica —sumamente comprometida en di, la historia coincidía con Recanati; aunque después, como consecuencia
las actividades civiles y literarias y en la intención de transformar y reno- de un proceso lleno de tormentos pero también genial, Recanati se trans-
var la realidad — y esta dimensión estática — mejor dicho: extremadamen- forma, en su poesía, en el modelo de una condición humana universal. En-
te desacelerada— de la existencia que se expresa en Recanati. En segundo tre estos dos extremos de provincia y humanidad, Leopardi carece del in-
1G. LEOPARDI, «Orazione agli Italiani, in occasione della liberazione del Piceno» («fraterna 2 Cfr. las observaciones hechas a propósito de G, G. Belli (cap. ¿?? de este volumen).
amminstrazione ristabilita»; «Liberale Governo richiamato al'esercizio delle sue funzioni»). ' Cfr. Zibaldone, 12 y 13 de abril de 1821,10 de octubre de 1821,15 de septiembre de 1823.
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
tento de vincularse con los esfuerzos de crear una comunidad literaria y 1819), exponente de la facción liberal y nacionalista del clasicismo italiano,
cultural, como los descriptos en los capítulos anteriores. De hecho, estos in- que colocaría a Leopardi en el sendero que lo conducirá a sus primeras po-
tentos le parecían o inadecuados o pretenciosos, pero siempre ciegamente esías civiles, desde «A Italia» [«All'Italia»] (1818) hasta «A Angelo Mai»
ajenos al verdadero núcleo de los problemas que agobian al hombre. [«Ad Angelo Mai»] (1820) . 6

2 . L o s GRUPOS INTELECTUALES Vuoes y temporadas por Italia


La participación en la polémica entre clásicos y románticos Fuera de Recanati, Leopardi tuvo cuatro experiencias particularmente
relevantes. Durante el invierno de 1822-1823 reside en Roma, huésped de
No es posible hablar de una concreta relación de Leopardi con los gru- su tío Carlo Antici. A pesar de tratarse de su primera salida de Recanati, a
pos intelectuales contemporáneos a él. Más adecuado sería hablar de un la cual sentía como una prisión mortal para su espíritu, se lleva una pésima
complejo entrecruzamiento de los caminos de uno y otros que casi siempre impresión, la juzga un ambiente cultural enteramente apegado a un clasi-
terminan en un explícito desinterés o en una sustancial incomprensión. Re- cismo arqueológico y anticuario, incapaz de responder a sus ya maduradas
sulta sumamente relevante el proceso de formación que tuvo lugar en su exigencias.
casa de Recanati, en sus años de infancia y juventud, cuya primera etapa Entre 1825 y 1827, Leopardi reside en Bolonia, con un breve paréntesis
concluye con el viaje a Roma que realiza en 1822. En los primeros tiempos, milanés. Durante este período vive de sus colaboraciones para el editor mi-
bajo la tutela de su padre, inteligente y culto reaccionario, el joven Giaco- lanés Stella, quien en 1827 publicará los Opúsculos morales [Operette mo-
mo absorbe todos los componentes de un clasicismo erudito y fuertemente rali] y en 1827-1828 la Antología italiana [Crestomazia italiana] de la prosa
conservador: una gran versatilidad en lenguas y culturas antiguas, un gusto y de la poesía. Al margen de la satisfacción que le produce poder sustentar-
poético que se relaciona con la más pura tradición arcàdica (incluso pre- se autónomamente por primera vez, no es posible decir que tuviera un con-
montiana) y con intereses de tipo fundamentalmente filológico. tacto fluido con los ambientes intelectuales de la ciudad, como lo demues-
Algunos años más tarde, la espontánea inclinación de su espíritu lo lle- tra el fracaso de la lectura en público de la carta en versos Al conde Carlos
va a pasar «de la erudición a lo bello» y luego «de lo bello a lo verdadero» , Pépoli [Al conte Cario Pepoli], en la cual se resumen prosaicamente los te-
mas de los Opúsculos morales.
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es decir, a la investigación filosófica, descubriendo, en primer término, la


belleza de la gran poesía de la antigüedad y luego la necesidad de profundi- En junio de 1827 viaja a Florencia, donde frecuenta el Círculo de Vieus-
zar también filosóficamente los contenidos de su propio pensamiento. De seux y de la «Antología». Fue bien recibido por personajes como Gino Cap-
este modo va progresivamente desprendiéndose del clasicismo reacciona- poni , Pietro Colletta , el mismo Vieusseux y otros. En septiembre, gracias
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rio de los primeros años aunque sin abandonar el ámbito rigurosamente a Vieusseux, conoce a Alessandro Manzoni. Luego, en noviembre, se muda
clasicista. La prueba de esto son sus intervenciones en la polémica entre a Pisa, donde inicia una nueva estación poética. En 1830, aceptando la ge-
clasicismo y romanticismo: la carta enviada a la «Biblioteca italiana» en nerosa ayuda que le ofrecen Colletta y sus amigos, deja definitivamente Re-
ocasión de la publicación de los artículos de Madame de Staél (1816) y el
Discurso de un italiano acerca de la poesía romántica [Discorso di un Ita- participó a favor de los primeros. (N. del T.)
liano intorno a la poesía romantica] (1818). 6 Las poesías de Leopardi están reunidas en el libro Canti, que conoció distintas ediciones,
Para precisar el clasicismo leopardiano es necesario tener en cuenta hasta su publicación definitiva poco después de la muerte del poeta. Ediciones castellanas:
G. Leopardi, Cantos, trad. de María de las Nieves Muñiz Muñiz, Cátedra, Madrid, 1998.
tanto la lectura de Alfieri, de quien le fascina el modelo de sentimentalismo Existe además una antología argentina: El pensamiento infinito: Cronologías, cantos, opús-
enérgico —que se corresponde con algunos aspectos psicológicos reales de culos morales, pensamientos de Giacomo Leopardi, trad. de Antonio Aliberti, Atuel, Buenos
Aires, 1999. (N. del T.)
la personalidad del joven recanatés—, cuanto su amistad con Pietro Gior- Gino Capponi (1792-1876): una de las principales figuras de la vida cultural florentina de
dani (con quien mantuvo un intercambio de correspondencia entre 1817 y
7
5
la época. Autodidacta, profundizó su cultura a través de numerosos viajes al exterior. Parti-
cipó de distintas iniciativas culturales como la Accademia della Colombaria (de la cual fue
4 G. Leopardi, Zibaldone, 143-144,1 de julio de 1820. («dall'erudizione al bello», «dal bello presidente), de la Crusca, y del gabinete Vieusseux. Su obra más importante es Letture di
al vero»), economia toscana. (N. del T.)
* Pietro Giordani (1774-1848): letrado lombardo. Participó de la «Biblioteca italiana» escri- " Pietro Colletta (1775-1831): militar napolitano. Luego de una vida militar intensa fue con-
biendo el Proemio. Tradujo para la misma el artículo de Madame de Staél Sulla utilità delle finado por los austríacos en Brno. En 1823 se traslada a Florencia donde se contacta y cola-
traduzioni que desencadenó la polémica entre clasicistas y románticos y en la cual también bora con los círculos culturales de la ciudad. (N. del T.)
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
canati y se muda a Florencia. En abril de 1831 se editan por primera vez forma de progresismo, ni materialista ni democrático. Para comprender
los Cantos [Canti], Entre 1833 y 1837 vive en Nápoles junto a su amigo An- más precisamente esta trama es necesario ocuparse brevemente de la per-
tonio Ranieri. El editor Starita publica en 1835 la segunda edición de los sonalidad del autor.
Cantos y la tercera edición de los Opúsculos morales, ambas secuestradas
por orden del gobierno borbónico. Muere de cólera el 14 de junio de 1837,
en una villa de Torre del Greco. 3 . BIOGRAFÍA Y POESÍA
En Florencia como en Nápoles, los círculos intelectuales frecuentados
por Leopardi eran básicamente moderados y católico-liberales. La relación Una parte de la critica exageró tanto la influencia de las desgracias físi-
que entabló Leopardi con ellos fue sumamente difícil, al margen del apre- cas de Leopardi sobre su poesía y su nuevo sistema de ideas como para dar
cio personal que podía tenerles. De esto constituyen un testimonio los can- una interpretación mezquina que restringe su alcance universal. Otro sec-
tos la «Palinodia al marqués Gino Capponi» [«Palinodia al marchese Gino tor, en cambio, la omitió completamente, como si no pudiera haber poesía
Capponi»] (1835) y «Los nuevos creyentes» [«I nuovi credenti»] (1836), vi- allí donde hay un sufrimiento real y autobiográficamente fundado. Una
rulentos ataques a los aspectos políticos y religiosos de la ideología román- postura más equilibrada y reciente se inclina por destacar cómo no es po-
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tica. En efecto, Leopardi es enteramente indiferente al contenido ingenua- sible separar la poesía leopardiana de la realidad del malestar y de los su-
mente progresista del liberalismo italiano contemporáneo: no logra com- frimientos, de la real ruptura con el mundo que representan los dolores fí-
prender cómo es posible hacer feliz a una masa compuesta por individuos sicos (de los que la biografía de Leopardi resulta tan prolifica) a la vez que
irremediablemente infelices. Las miserias extremas del hombre —la vejez se encargó de señalar como un rasgo típico de la personalidad del poeta su
y la muerte— no pueden ser modificadas por un programa político ya que constante tendencia a deducir de sus sufrimientos (incluso de aquellos de
son productos de la naturaleza, y la naturaleza no está sujeta a las variacio- tipo físico) un significado de carácter general, una reflexión filosófica y po-
nes de la historia. lítica de validez universal.
La lenidad y la indiferencia de Leopardi respecto al historicismo pro- Agréguese a esto que Leopardi es plenamente consciente de este proce-
gresista liberal se tornan hostilidad y polémica ante el esfuerzo de los libe- so y lo considera un rasgo propio de su carácter, parte de lo que lo distin-
rales de traducir su propia ideología en un proyecto práctico apuntando a gue y lo opone a una época que tiende más bien a la «pusilanimidad» espiri-
las masas cultas y populares, para lo cual no dudan en dar un contenido ex- tual (de la cual es prueba la religiosidad resurgente). Para precisar un poco
plícitamente religioso a su promesa o esperanza de un futuro mejor. Desde más esta actitud entre estoica y titánica de Leopardi traduciremos del fran-
el punto de vista de Leopardi, el catolicismo exhumado representa un ver- cés una magnífica página de una de sus cartas al joven filólogo Luigi De
dadero y mortificante paso hacia atrás respecto a las luces que el siglo filó- Sinner (24 de mayo de 1832) en la cual protesta contra la intención de atri-
sofo, el siglo XVIII, había sido capaz de encender, al haber aportado con buirles a sus escritos ima tendencia religiosa:
coraje un saber acerca de la realidad externa y de la condición del hombre, Cualesquiera que hayan sido mis desventuras, tuve bastante coraje
e implica una suerte de reviviscencia del oscurantismo medieval que, como para no buscar una aplacamiento de su gravedad ni con frivo-
mientras prometía a la humanidad beneficios y consuelos ilusorios, ofusca- las esperanzas de una pretendida felicidad futura y desconocida, ni
ba las capacidades intelectivas relegándolas al ámbito de la oscuridad de la con una débil resignación. Mis sentimientos sobre el destino han
fe. sido y siguen siendo los que he declarado en «Bruto Minore». Fue
Por lo tanto, del mismo modo que desde el punto de vista de la mentali- gracias a este coraje que, conducido por mis investigaciones a una
dad, Leopardi se erige como el mayor ejemplo de la bella naturalidad pro- filosofía sin esperanzas, no dudé en aceptarla plenamente. Por lo
vincial —en oposición a la corrupción de la ciudad que afecta la fuerza de contrario, fue la debilidad de los hombres, que necesitan ser persua-
los sentimientos y conduce al mezquino predominio de la razón—, desde el didos del valor de la existencia, lo que llevó a la pretensión de consi-
punto de vista de la cultura y de las ideas, rechaza la lógica dominante de derar mis opiniones filosóficas como el resultado de mis sufrimien-
las «magníficas suertes progresivas»' retomando los aspectos más avanza- tos individuales, obstinándose en atribuirles a las circunstancias
dos, materialistas y sensualistas del iluminismo aunque invirtiendo su sen- materiales lo que no se debe atribuir más que a mi entendimiento."
tido y dirección. Esto resulta evidente en su oposición al progresismo libe- Por lo tanto, si tuviéramos que contener en una breve fórmula el sentido
ral y católico, al cual él no contrapone, dígase lo que se diga, ninguna otra
10 S. TIMPANARO, Classicismo e illuminismo nell'Ottocento italiano, Nistri-Lichi, Pisa, 1969.
* G. LEOPARDI, «La ginestra», en Cauli («magnifiche sorti e progressive »). 11 En G. LEOPARDI, Lettera a De Sinner, 24 de mayo de 1832.
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
de este vínculo entre infelicidad personal y gran poesía, podríamos decir glo XIX.
que Leopardi no se planta en la pura y simple percepción del dolor sino que Cuando se desprende de la tradición erudita, en los años 1815-1816, Le-
hace de éste un estímulo para el conocimiento, un instrumento para pro- opardi, aun joven, no repudia tal experiencia en su totalidad sino que busca
fundizar radicalmente la interpretación de lo verdadero y su desilusionada, una forma mayor y más intensa de lo clásico que no sea, como la anterior,
implacable representación. Es posible apreciar un verdadero pathos en los carente de grandeza y de afectos. En parte por sí mismo y en parte gracias
textos en los que Leopardi reivindica con orgullo haber tenido el coraje mo- a Pietro Giordani, descubre a Alfieri y Foscolo entre los contemporáneos y
ral de desvelar las ilusiones y mostrar el verdadero aspecto de las cosas a a Homero, Dante y Petrarca entre los antiguos. Es decir: se vuelca hacia
pesar de que eso significara para él una mayor infelicidad. La naturaleza soluciones modernas del problema de la imitación y de la naturaleza, cuyos
de Leopardi, aunque aprensiva, emotiva, sentimental, tiene también este rasgos básicos ya habían sido trazados por Alfieri y Foscolo.
vigor extremadamente sólido y concentrado, que es necesario evaluar y El Discorso di un italiano intorno alla poesia romantica (marzo de
apreciar adecuadamente para comprender el trazo de su carrera poética y 1818) establece algunos puntos de su posición que, a diferencias de otros,
su extraordinaria fuerza de resistencia a las sugestiones del esplritualismo permanecerán invariables. Los resumimos esquemáticamente:
contemporáneo. • Los románticos son responsables de haber desviado todo lo posible
la poesía «del comercio de los sentidos»' , es decir, de la representa-
2

ción de objetos concretos y visibles, cognoscibles y representables


4 . ANTIGÜEDAD CLÁSICA, CLASICISMO Y ROMANTICISMO sensiblemente, para «transformarla de material, fantástica y corpo-
ral que era en metafísica, racional y espiritual»".
Una de las cuestiones más debatidas por la crítica contemporánea es si • Para darle este fundamento sensible a la poesía es necesario que
es posible definir a Leopardi como un romántico, no obstante su formación imite a la naturaleza.
clasicista, o si se trata de un clasicista a pesar de su tendencia hacia formas • Dado que la naturaleza es inmutable, «es necesario que nosotros
de sensibilidad propias del romanticismo. La cuestión parece ser impro- nos adaptemos a la naturaleza y no la naturaleza a nosotros» . Por lo 14

ductiva, si lo que se pretende es definir puntualmente a qué campo perte- tanto, también la poesía es básicamente inmutable. De esto nace la
nece Leopardi. En ese caso, responderemos que el poeta está separado por legitimidad del principio de imitación de los antiguos.
un abismo tanto de los románticos como de los clasicistas contemporáneos, • Si el trabajo del poeta es la imitación de la naturaleza, su objetivo
no sólo por su grandeza, sino también porque los modos con los que mani- es el placer. Pero no puede generar placer sin ilusión: el problema
pula las enseñanzas de la tradición y las sugestiones de la polémica clásico- es «si la poesía debe ilusionar o no» . Cuando se asume una postura
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romántica son tan originales y particulares que crean una postura que no sobre esto (Leopardi no tiene dudas de que la poesía debe ilusionar)
tuvo (ni podría haber tenido) pares ni continuadores. toda la polémica de los románticos sobre la verosimilitud del obrar
Resulta, en cambio, más atrayente, establecer con precisión los elemen- poético cae por su propio peso.
tos que componen el entramado y la riqueza de su formación poética, esti- • La imitación de los antiguos no es pura recuperación de modelos
lística y de gusto. Esto nos permitirá tener un primer panorama de la huidi- formales sino reconstrucción de un estado de ánimo y de un vínculo
za naturaleza de su poesía. Para esto resulta relevante tener en cuenta la con la naturaleza: adaptarse a la naturaleza, como pretende toda la
educación erudita y filológica de su adolescencia y juventud, aunque luego gran poesía clásica, quiere decir «remitirnos con la imaginación, del
la haya superado en pos de una visión más directa y profunda de lo bello. mejor modo posible, al estado primitivo de nuestros ancestros»".
En efecto, si se concibe a la tradición clasicista como un elemento constan- Esto resulta incluso necesario, dado que hoy en día la naturaleza ha
te de nuestra literatura (al menos a partir del momento en que se quiebra sido corrompida por la modernidad y la razón. Sólo aprendiendo de
el entramado renacentista, que asume posiciones ideológicas y estilísticas los antiguos, que conocieron aspectos de la naturaleza que nosotros
muy precisas a las que un escritor se vincula no por una simple adecuación " G. LEOPARDI, Discorso di un italiano intorno alla poesia romantica («dal commercio dei
a la moda), no es descabellado pensar que Leopardi pueda ser, si no el últi- sensi»).
mo, al menos uno de los más apasionados entre los últimos herederos de 13Ibidem, («tramutarla di materiale e fantastica e corporale che era, in metafisica e ragio-
una tradición que se remonta a Chiabrera y Testi y, a través de Filicaia y nevole e spirituale»),
" Ibidem, («è necessario che, non la natura a noi, ma noi ci adattiamo alla natura»).
Guidi, llega hasta la Arcadia y de aquí a Vincenzo Monti y a la poesía clasi- Ibidem, («se la poesia debbe illudere o no»).
cista, antirromántica de fines del siglo XVIII y de los primeros años del si-
15

" Ibidem, («rimetterci coll'immaginazione come meglio possiamo nello stato primitivo dei
nostri maggiori»).
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
ignoramos, «podremos ver, vivir y conocer íntimamente el mundo orden ideal (es decir: vuelve antiguo lo moderno, ideal lo real, siguiendo
antiguo en el mundo civilizado y la naturaleza en el mundo desnatu- minuciosamente una fòrmula platònica), Leopardi tiende a transferir el
ralizado»". mundo ideal de la cultura clásica dentro de una situación sentimental y psi-
• La condición primitiva de los antiguos es muy similar a la ingenui- cològica enteramente moderna y a recrear en la contemporaneidad las con-
dad de los niños. diciones de la creación poética antigua (es decir: volver moderno lo antiguo
• En la imitación, la naturaleza y los sentimientos adquieren vigor. y real lo ideal).
En efecto, las cosas directamente vistas y representadas resultan Para terminar de configurar el perfil de esta postura es necesario recu-
deslucidas, poco significativas. perar otros dos elementos, importantísimos para todos los que hayan tenido
• La poesía romántica es monocorde: reduce todo a lo sentimental o algún contacto con la lectura de los textos poéticos leopardianos: la confir-
incluso a lo poético. mación, completamente clásica, del fundamento sensible, material, no me-
• Es totalmente falso que la poesía antigua no es sentimental. ¿Cómo tafisico, de la poesía y la recuperación de la teoría de las ilusiones, inserta
podría no serlo si imita a la naturaleza y «la naturaleza es sentimen- en la materialidad del placer. Es una postura que se presenta, en una direc-
tal» ? Pero Leopardi distingue entre el patético sentimental de los
18 ción absolutamente contraria a la de sus contemporáneos, como el intento
románticos y el sentimiento puro de los antiguos: la sensibilidad, de recuperar desde el interior de los materiales ofrecidos por la tradición
que para Leopardi es el fundamento de toda gran poesía, es «aquella un concepto de poesía en tanto expresión de la totalidad de la relación hom-
íntima y espontánea, modestísima o incluso esquiva, pura, dulcísi- bre-naturaleza, desde una perspectiva ajena a toda ideología que justifique
ma, sublimísima, sobrehumana e infantil, madre de grandes place- el estado de cosas existentes o incluso desde un profundo aunque implícito
res y de grandes angustias, deseada y dolorosa como el amor, inefa- antagonismo con él.
ble, inexplicable, don que la naturaleza concede a los pocos que no Algunos años más tarde, en una famosa reflexión del Zibaldone, va a
la dañan y corrompen, que no la maltratan, anulan y doblegan, tier- modificar algunas de las posturas hasta aquí expuestas (aunque en lo fun-
na como es ella [...] produce cosas duraderas, ciertamente dignas de damental variaron mucho menos de lo que le pareció generalmente a la crí-
durar en la memoria de los hombres» . 19
tica). En paralelo a la evolución de sus ideas, se despegará siempre más de
No es difícil apreciar la enorme diferencia que hay entre la poética leo- la ilusión de poder verdaderamente imitar a los antiguos: sólo los niños son
pardiana y la de los románticos italianos de «Il conciliatore» y al mismo capaces de recrear esa instintividad y virginidad de imaginación que les
tiempo el enorme avance que representa con respecto a los fundamentos era propia (pero apréciese el fuerte componente infantil, entendido como
del gusto y de la sensibilidad neoclásica e incluso con respecto al robusto y directa intuición y comprensión de la naturaleza, de gran parte de la poesía
original sentido de la antigüedad clásica, por ejemplo, en Foscolo. Leopardi leopardiana). Así como para Leopardi la verdadera poesía es solamente la
remite a la imitación de la naturaleza, pero descubre su profundísima raíz de los antiguos, que es «poesía de imaginación», al hombre moderno, en-
humana, ya que la naturaleza le aparece ya filtrada a través de los delicadí- vuelto en la filosofía, sólo le reconoce la posibilidad de una «poesía senti-
simos sentimientos del poeta. Es partidario de la imitación de los antiguos, mental» que a duras penas puede decirse poesía, resulta ser más bien una
pero la concibe como reconquista de una condición espiritual de virginidad forma de filosofía, «una elocuencia» que se diferencia de aquella sólo por-
y frescura que la civilización humana (historia y razón) erróneamente sofo- que es más «espléndida», «más adornada que ella» . 20

có. Lo que parece ser una retractación de su pensamiento previo represen-


Para desarrollar con fines puramente didascálicos la comparación con Fos- ta, en realidad, un desarrollo coherente con su profundización del discurso
colo, podemos decir que, mientras éste, aun partiendo de una sensibilidad sobre la condición humana en la modernidad: con estas reflexiones del Zi-
indudablemente moderna, se vuelca a modelos comprobadamente sólidos baldone Leopardi simplemente reconoce que la poesía del siglo XIX debe
desde lo formal para poder sistematizar su experiencia del mundo en un asumir el estado de conciencia connatural al hombre en la condición mo-
derna en la que se encuentra. Pero el hecho de que defina a esta poesía
17Ibidem, («nel mondo incivilito vedremo e abiteremo e conosceremo intimamente il mondo como «sentimental» demuestra que el filtro de mediación y de interpreta-
primitivo, e nel mondo snaturato la natura»),
laIbidem, («la natura è sentimentale») ción entre el hombre y la realidad sigue estando constituido por los afectos.
" Ibidem, («quella intima e spontanea, modestissima anzi ritrosa, pura dolcissima sublimis- De hecho, él no quiere suplantar la metafísica del conocimiento con la ex-
sìma, sopraumana e fanciullesca, madre di grandi diletti e di grandi affanni, cara e dolorosa
come l'amore, ineffabile inesplicabile, donata dalla natura a pochi, ne' quali dove non sia vi-
ziata e corrotta, dove non sia malmenata e soppressata e pesta, tenerissima com'ella è [...] G . LEOPARDI, Zibaldone, 7 2 5 - 7 3 5 , 8 de marzo de 1 8 2 1 («poesia d'immaginazione», «poesia
produce cose che durano, certo son degne di durare nella memoria degli uomini»).
2 0

sentimentale», «un'eloquenza», «splendida», «più ornata di essa»).


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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
presión de los afectos sino que pretende que estos afectos estén embebidos las placenteras ilusiones, se deduce que la razón es enemiga de la poesía en
del sentimiento consciente que conlleva una desprejuiciada indagación de la medida en que antes es enemiga de la naturaleza:
la realidad moderna. De allí, el pesimismo. Es decir: Leopardi deriva y ais-
la el concepto de inmutabilidad de la naturaleza —con el que concuerda el La razón es enemiga de toda grandeza; la razón es enemiga de la na-
consiguiente concepto de inmutabilidad de la poesía— de su visión de la turaleza; la naturaleza es grande, la razón es pequeña. Lo que quiero
antigüedad clásica para contraponerlo en forma directa con la corrupción decir es que un hombre será más o menos grande, y difícilmente lo
que produjo la filosofía por sobre la fantasía y la imaginación. De este será si lo domina la razón, y que pocos pueden ser grandes (y proba-
modo renueva tal concepto, redescubriéndolo y sufriéndolo bajo y a través blemente ninguno en las artes y en la poesía) si no son dominados
de su ya insuprimible camuflaje filosófico. por las ilusiones. 24

¿Es esta postura romántica? Si se considera que Leopardi asume la dis-


tinción entre poesía de los antiguos y poesía de los modernos ya planteada Sin embargo, esto sólo representa el punto de partida del discurso filo-
por Schiller, sería adecuado colocarlo entre estos grandes clasicistas euro- sófico leopardiano, el cual, por otra parte, está ligado a la percepción cons-
peos, junto a Schiller y Hólderlin entre otros, que experimentan por com- tante del propio sufrimiento, aunque sin reducirse a esta mera percepción.
pleto el drama de lo inapropiado de su cultura (que no es únicamente clasi- En efecto, si en un primer momento del pensamiento y de la poesía de Leo-
cista sino también iluminista y a veces jacobina) para interpretar el pasaje pardi, el neto contraste entre naturaleza y razón lo lleva a perseguir la ilu-
de una fase de la civilización humana en la que el dominio de la razón pare- sión de la recreación del estado natural que la historia de la humanidad eli-
ce aplastar todo vestigio de fantasía, es decir, de poesía. En consecuencia, minó que, en tanto ilusión, anhelo, recuerdo nostálgico, puede aliviar las
se ven obligados a interpretar en clave extremadamente subjetivista, pesi- heridas aun abiertas del animo del poeta , es obvio que poco años más tar-
25

mista y antagónica la relación completamente desgarrada entre mundo ide- de el efecto disolvente de la razón habrá actuado sobre el concepto mismo
al (del cual es partícipe el concepto clásico de Forma) y mundo real". de naturaleza liquidando la ilusión cardinal de todo sistema ideológico cla-
En esta dirección, la firme no aceptación de la realidad contemporánea sicista: el convencimiento de que la naturaleza puede ser fuente de ilusio-
que hace Leopardi, que llega a adquirir rasgos conservadores y de exalta- nes.
ción del pasado, resulta enteramente clasicista. En cambio, se encuentra
enteramente fuera del clasicismo su capacidad de entender y sufrir el oca-
so de aquellas ilusiones propias de toda cultura clasicista. Desde esta pers-
pectiva, para Leopardi son inseparables la inevitable corrupción de la natu- 6 . L o s OPÚSCULOS MORALES

raleza y el declino de las facultades consoladoras de la cultura clasicista . 22


Gran parte de los Opúsculos morales [Operette morali] fueron com-
Esta conciencia de la dolorosa extinción de un mundo entero es precisa-
16

mente lo que da origen a la más grande poesía leopardiana: la que, sin ser puestos por Leopardi en una época en la que creía haber renunciado defini-
verdaderamente romántica, celebra el afectuoso rito fúnebre sobre la tum- tivamente a la poesía luego de descubrir que una poesía moderna no podía
ba aún abierta de la cultura clásica. no ser filosófica o elocuente, es decir, que en la edad moderna no podía
existir una verdadera poesía (1824-1826). Muchas de las composiciones se
proponen demostrar esta tesis. Los sufrimientos individuales del poeta, que
en su adolescencia y en su juventud podían resultarles una dolorosa, casual
S . RAZÓN Y NATURALEZA y personal contradicción respecto a la general armonía del mundo, se reve-
lan como un reflejo de leyes generales, de las cuales la misma naturaleza es
Si la poesía es tal sólo en virtud de las ilusiones (incluso la poesía mo- una protagonista inocente, y que la razón se ocupa de develar despiadada-
derna, que es más bien elocuencia, filosofía, puede volverse más sublime y Ivi, 19. («La ragione è nemica di ogni gandezza: la ragione è nemica della natura: la natu-
más bella que la árida prosa «únicamente por medio de las ilusiones» ) re- 23
24

ra è grande, la ragione è piccola. Voglio dire che un uomo tanto meno o tanto più diffícil -
sulta claro que la razón, enemiga de las ilusiones, será también la mayor mente sarà grande, quanto più sarà dominato dalla ragione: ché pochi possono esser grandi
enemiga de la poesía. Pero dado que la naturaleza es la fuente original de (e nelle arti e nella poesia forse nessuno) se non sono dominati dalle illusioni»).
25No sólo en «A la primavera» [«Alla primavera»], el «Himno a los Patriarcas o de los prin-
cipios del género humano» [ «Inno ai Patriarchi»], sino también en «A la luna» [«Alla
21 Cfr. la alusión a la relación-distinción entre estas posiciones y las de Foscolo. luna»].
22 Ver en particular «Alia primavera o delle fabole antiche», incluida en los Cantos. 26También conocidos como Obritas morales o Diálogos filosóficos. Traducción castellana:
23 En Zibaldone, 735, 8 de marzo de 1821. («non per altro mezzo che di illusioni») G. Leopardi, Diálogos, trad. de Alvaro Martín, Espasa Calpe, Madrid, 1931. (N.del T.)
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
mente .27 turaleza, a la naturaleza en general y a nuestro vínculo con ella. Vínculo
Como en la etapa anterior, el concepto de naturaleza provenía de una que constituye, a pesar de todas las dificultades que implica, el principal
serie de sugestiones clásicas (en esto también podrían encontrarse muchas problema de la existencia humana. Sin embargo, ser fieles a nuestra natu-
analogías con Foscolo), pero también de una lectura de Rousseau. De modo raleza y ejercitar la razón hasta las últimas consecuencias destruye las ilu-
que en esta fase hacia la madurez Leopardi depende del pensamiento de siones y hace al hombre más infeliz que los otros seres carentes de razón . 29

escritores del iluminismo materialista más avanzado, como Holbach y Hel- Por otro lado, Leopardi clausura cualquier solución positiva como la
vetius. Pero en Leopardi se produce una inversión del concepto de razón que, por ejemplo, Foscolo había encontrado, aun partiendo de una percep-
que aplicaban sus probables modelos. ción análoga de la dramática relación entre destino del hombre y mecanis-
A su vez, hay que marcar que Leopardi, llegado a un punto de bifurca- mo universal, recurriendo a la teoría de las ilusiones en tanto etapas e insti-
ción en el que tiene de un lado la ilusoria reintegración a una «poesía de la tuciones de la civilización humana. A Leopardi le resulta ajeno el entrama-
naturaleza» (es decir, vinculada a la imaginación) y del otro la compren-
28 do de historicismo de Vico con el iluminismo que a Foscolo le permitió his-
sión de una verdad capaz de sofocar toda ilusión, elige la última a pesar de toriar incluso las categorías de su pesimismo. De hecho, para Leopardi es
su sensibilísima necesidad de ilusiones y afectos. Una vez que decide llevar un error capital confundir «lo verdadero con lo bello, los avances de la inte-
hasta las últimas consecuencias el proceso de conocimiento, la razón le re- ligencia con el progreso de la felicidad y con la perfección del hombre» , y 30

vela que la naturaleza —o bien todo el universo— está dominado por leyes nunca se podrá afirmar que un desarrollo de la civilización tiene la facultad
férreas e inmodificables que también pueden ser analizadas y comprendi- de incidir positivamente en la cuestión exclusivamente individual de la feli-
das en sus distintas concatenaciones, aunque los fines últimos y el origen cidad y la infelicidad. Según su opinión, por lo tanto, no hay remedio para
de su acción sigan siendo inescrutables. El hombre, el último y más débil la infelicidad dado que depende de la organización del universo; y la razón,
engranaje de este mecanismo al cual está ligado por la misma inexorable al permitir su conocimiento, la torna más estable y duradera, también en el
caducidad de su existencia biológica, sin poder resistir, sufre las conse- sentido de que cuánto más crece la razón mayor es la infelicidad. En conse-
cuencias de los movimientos ciclópeos de la materia, igual que todos los cuencia, también aquí son los niños y los primitivos —también los primiti-
otros seres, animados o inanimados. vos modernos, es decir, los representantes de las clases más bajas— los que
Leopardi dirige la mirada hacia los problemas eternos del hombre al menos perciben la infelicidad en la medida que son quienes menos ejerci-
margen de sus cambiantes configuraciones históricas, reconfirmando el tan la razón.
postulado fundante de su posición: la naturaleza es inmutable, y en conse- En otro sentido, aunque coherentemente con el planteo del discurso, se
cuencia el acercamiento poético a ella no podrá no seguir leyes sustancial- rastrea si no un resarcimiento de la infelicidad humana por lo menos un
mente inmutables. Estos problemas son: el dolor, la enfermedad, la vejez, modo distinto, más profundo y vital, de degustarla. Es comprensible, por lo
la muerte; todos problemas que ninguna ideología lenitiva y justificadora tanto, que Leopardi asuma la posición iluminista en su totalidad, sin las
puede resolver o aliviar, dado que el hombre está condenado a toparse con concesiones espiritualistas que los iluministas italianos desarrollaron am-
ellos debido a su condición, sometido a un cierto ciclo de vida, a un inevita- pliamente. En contraste con estos, Leopardi identifica de un modo entera-
ble deterioro de la materia, a las inexorables manifestaciones de la caduci- mente materialista felicidad con placer. Obviamente que esta constante
dad biológica. tensión humana hacia el placer está condenada a la frustración por los mo-
Lo que distingue al hombre de los otros seres vivientes es la razón. Un tivos ya expuestos, por lo que, paradojalmente, contribuye al aumento de la
privilegio dudoso, dado que la razón permite el conocimiento, y el conoci- infelicidad. Sin embargo (y obsérvese cómo ciertas ideas están profunda-
miento es dolor porque nos hace conscientes de la inevitabilidad del mal. mente arraigadas en el pensamiento de Leopardi), cuando se pretende te-
Por lo tanto, para Leopardi la razón tiene una doble naturaleza, a la vez ner una aproximación a la sensación de placer en la porción que no está
buena y mala, del mismo modo en que tiene un rostro estrechamente ilumi- permitido, ¿a qué otra fuerza generativa y fuente de sensaciones tenemos
nista y otro pesimista y negativo. El ejercicio de la razón constituye una que remitirnos más que a la naturaleza? De este modo queda establecido
parte de la naturaleza humana (y esto explica de qué modo la razón es tam- que el mayor de todos los males es la ausencia de sensaciones. Por lo tanto,
bién un producto de la naturaleza); humillarlo con las falsas esperanzas de es preferible la percepción del dolor antes que la ausencia de toda sensa-
la religión y del esplritualismo significa ofender, por medio de nuestra na-
25Cfr. «Canto nocutrno de un pastor errante del Asia» [«Canto notturno d'un pastore erran-
27Cfr. «Diálogo de la naturaleza y del islandés» [«Dialogo della Natura e di un Islandese»] te dell'Asia >] en Cantos, cit.
en Diálogos, cit " G . LEOPARDI, Zibaldone, 3 4 1 , 2 0 de noviembre de 1 8 2 0 . («il vero col bello, i progressi dell
28(«poesia di natura»). intelligenza coi progressi della felicitàe col perfezionamento dell'uomo»).
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
ción. A esto Leopardi llama «angustia»": nuar nuestra vida mecánica y vacía flaquean, hay que dirigirse al impulso
material, instintivo de la naturaleza, es a éste que hay que solicitarle inspi-
Es verdad que en el estado de cosas actual no sufrimos grandes ma- ración para hacer hablar, y de este modo dulcificar, nuestros dolores. Pue-
les, pero tampoco ningún bien. Y esta ausencia es un grandísimo de que esta sea una conclusión contradictoria para un filósofo, pero Giaco-
mal, continuo, intolerable, que torna penosa a toda la vida, mientras mo Leopardi, que no era filósofo, llega a esta conclusión instintivamente, y
que los males parciales afectan solamente a una parte. 12 resulta coherente con toda su experiencia existencial e ideal. No casual-
mente son la base de su poética y de su poesía.
Los males dañan menos a la felicidad que la angustia. 31

También en el «Diálogo de un físico y un metafisico» [«Dialogo di un fi- 7. L o s CANTOS


sico e di un metafisico»]:
Las canciones juveniles
Pero si tú quieres, alargando la vida, serle verdaderamente útil a la
humanidad, descubre un artificio que multiplique la fuerza y el nú- Luego de la experimentación de las primeras canciones la fórmula del 36

mero de sus sensaciones y de sus acciones. De este modo aumenta- clasicismo civil y comprometido que le aportó Giordani y del anhelo nostál-
rás la vida humana realmente, y colmando aquellos desmesurados gico de la bella naturaleza primitiva de las canciones sucesivas , Leopardi 37

intervalos temporales en los que nuestra existencia es más bien du- alcanza una primera definición de su temática en las canciones «Bruto Me-
rar que vivir, podrás alargarla con gran mérito. 34
nor» [«Bruto Minore»] y «Ultimo canto de Safo» [«Ultimo canto di Saffo»],
escritas en diciembre de 1821 y mayo de 1822 respectivamente.
En conclusión, frente a la infelicidad y dolor de la existencia, se debe En los dos casos el poeta se identifica con un héroe tan virtuoso y gentil
buscar en la naturaleza, es decir, en la insuprimible vitalidad e irreductibi- como desdichado, que sucumbe ante los golpes del destino adverso sin per-
lidad, la raíz de la porción de placer que se nos concede. De este modo pa- der ni la dignidad ni la fuerza de ánimo por las que se destacaba. No tan
recería surgir como un ave fénix de la hoguera de todas las ilusiones la cercano a la situación histórica y moral de Bruto, paladín de la libertad
idea de que la naturaleza es la primera e insuprimible fuente de placer. oprimida, cuanto a Safo, Leopardi vuelca en ella su necesidad desesperada
Esto podría ser cierto si es verdad que la confusión entre una verdadera fe- e insatisfecha de amor. Aun tratándose de composiciones de altísimo nivel,
licidad y la simple espera o el recuerdo nostálgico de una felicidad absolu- son la demostración del límite que le imponían a la inspiración ya madura
tamente imaginaria es también producto de una ilusión óptica provocada del poeta una expresión de actitud clasicista y una situación de tipo dramá-
por la naturaleza . 35
tico. Otras composiciones de ese mismo período, como «A la luna» (julio de
Ante las «reducciones» espiritualistas, cuando las fuerzas para conti- 1820), «La noche del día festivo» (octubre de 1820), «La vida solitaria» [«La
vita solitaria»] (verano de 1821) y sobre todo «El infinito» [«L'infinito»]
31 «Noia» en el original leopardiano, que, lejos del sentido de «tedio» o «aburrimiento» que
tendrá la palabra en el siglo XX, remite al concepto de «pesar», «dolor» o «angustia» en el
(primavera-otoño de 1819), denominados por el poeta como idiliosson in-
italiano literario clásico, desde Dante hasta Leopardi. (N. del E.)
32 G. LEOPARDI, Zibaldone, 1020, 7 de mayo de 1821. («In questo presente stato di cose non 34 «A Italia» [«All'Italia»], «Sobre el monumento de Dante» [«Sopra il monumento di
abbiamo gran mali, è vero, ma nessun bene; e questa mancanza è un male grandissimo, Dante»], «A un vencedor en el juego de pelota» [«A un vincitore nel pallone»], «En las bo-
continuo, intollerabile, che rende penosa tutta quanta la vita, laddove i mali parziali ne af- das de mi hermana Paolina» [«Nelle nozze della sorella Paolina»], «A Angelo Mai» [«Ad An-
fliggono soltanto una parte».) gelo Mai»].
33 Ibidem. («I mali son meno dannosi alla felicità che la noia».) 37 «A la primavera» [«Alla primavera»] e «Himno a los patriarcas» [«Inno ai Patriarchi»].
34 Idem, «Dialogo di un fisico e di un metafisico», Operette morali. («Ma se tu vuoi, prolun- 38 Efectivamente, la critica ha insistido en la importancia del pasqje de las canciones a los
gando la vita, giovare agli uomini veramente; trova un'arte per la quale sieno moltiplicate idilios: del histórico «nosotros» de las primeras al «yo» existencial de los segundos. Los idi-
di numero e di gagliardia le sensazioni e le azioni loro. Nel qual modo, accrescerai propria- lios, que, en palabras de Leopardi, expresan «situaciones, afectos, aventuras históricas de
mente la vita umana, ed empiendo quegli smisurati intervalli di tempo nei quali il nostro es- mi alma» [«situazioni, affezioni, avventure storiche del mio animo»], son composiciones en
sere è piuttosto durare che vìvere, ti potrai dar vanto di prolungarla».) endecasílabos sueltos, que reenvían a los idilios del poeta griego Mosco, de carácter mitoló-
35 Cfr. «Diálogo de Cristóbal Colón y Pedro Gutiérrez» [«Dialogo di Cristoforo Colombo e gico-pastoril y a los idilios sentimentales de Salomon Gessner (1730-1788), en los cuales el
Pietro Gutiérrez»]; «Diálogo de un vededor de almanaques y de un pasante» [«Dialogo di elemento campestre funciona como telón de una efusión patético-sentimental. Como señala
un venditore d'almanacchi e di un passante»] en Opúsculos morales; «A la luna» [«Alla Blasucci, el «idilio leopardiano [...] se configura como una experiencia que abarca desde la
luna»], «La noche del dia festivo» [«La sera del dì di festa»], «La calma después de la tor- esfera cognoscitiva hasta la esfera emotiva». L. Blasucci, Il tempo dei Canti, Einaudi, Tori-
menta» [«La quiete dopo la tempesta»] en Cantos. no, 1996. (N. del E.)
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
dicios de la dirección en la que crece la conciencia del poeta sobre sus pro- la ilusión .39

pios medios expresivos. Se puede realizar un razonamiento análogo sobre el recuerdo o remem-
Todo nace, también en este ámbito, de una profundísima reflexión so- branza, que torna placentero y enriquece de resonancias y sugestiones las
bre algunos aspectos de la percepción sensorial humana de la naturaleza: cosas que en la experiencia nos resultaron indiferentes o incluso dolorosas:
como lo había hecho en los Opúsculos morales en relación a la existencia
humana en general, Leopardi intenta ahora definir la base material y las Cualquier objeto, por ejemplo, un lugar, un campo, por hermoso que
formas preferidas del placer estético para la poesía, descubriendo (o redes- sea, si no despierta algún recuerdo no aparece como algo poético. La
cubriendo) algunas leyes de reacción del organismo humano a los estímu- misma cosa, o incluso un lugar u objeto cualquiera enteramente in-
los de las sensaciones, que pone al servicio de su poética. Ya en 1818, en poético, será sumamente poético al recordarlo. La remembranza es
Discorso di un italiano intorno alla poesia romantica, había sostenido que esencial y principal en el sentimiento poético no más que porque el
la imitación da más fuerza al sentimiento y a la naturaleza. Ahora despliega presente, sea cual fuere, no puede ser poético, y lo poético, de un
esta intuición profundizando la investigación en todos los ámbitos en los modo u otro, se encuentra siempre en lo lejano, en lo indefinido.' 10

que la percepción misma de los sentidos produce un efecto de agiganta-


miento, superando ampliamente el efecto producido por nuestra directa y Estas dos intuiciones, y todas las que están vinculadas con ellas, no pue-
normal relación sensible con el mundo. En resumen: todo lo que a nuestra den aislarse del principio fundacional según el cual la poesía es imitación
facultad de conocimiento le resulta lejano, ajeno, inconmensurable, tiene la de la naturaleza (también en un sentido restringido del término, entendién-
capacidad de potenciar nuestras aptitudes sensoriales y en consecuencia dola como paisaje, conjunto de objetos, cosas, lugares naturales). Por lo
nos procura placer. Todo esto concuerda con su teoría materialista por la tanto, para recrear la forma perfecta del idilio debemos sintetizar esa mira-
cual el placer consiste en la multiplicación y el fortalecimiento de las sen- da sobre las cosas capaz de recrear las ilusiones desde el propio seno de la
saciones. naturaleza (que las ha destruido) con el ambiente natural dentro del cual el
Leopardi distingue dos fuentes concretas de esta conducta sensible: lo sentimiento del poeta se coloca y se expresa. En efecto, el idilio es la repre-
indefinido y el recuerdo. Son dos conceptos estrechamente implicados con sentación de un aspecto de la naturaleza según el modelo clásico, aunque
un problema humano fundamental: la búsqueda de la felicidad, de la que modernamente filtrado por las facultades de evocación y amplificación del
son dos variantes con su correspondiente (aunque no exclusiva) incidencia poeta que parecen expandir la atmósfera y la resonancia de las cosas hasta
en el plano estético. Lo indefinido (o infinito) no es más que una ilimitada hacerlas coincidir con la potente intuición cósmica del todo. El ejemplo
tensión hacia la felicidad del alma humana, que sufre al aferrarse a objetos perfecto de esta mezcla de sentimiento y naturaleza es «El infinito»:
determinados y particulares, mientras que alcanza su plenitud al imaginar
algo indeterminado e ilimitado. Se trata de una intuición que se acerca a la Siempre amé esta árida colina
creencia de que un bien futuro e imaginario parece siempre más grande y esta fronda, que obstruye la visión
que uno presente: de gran parte del último horizonte.
El alma humana (del mismo modo que todos los seres vivientes) de-
sea esencialmente y apunta únicamente, aunque bajo miles de for- 3' G. LEOPARDI, Zibaldone, 181-183,12-23 de julio de 1820. («L'anima umana (e così tutti gli
esseri viventi) desidera sempre essenzialmente, e mira unicamente, benché sotto mille
mas distintas, al placer, es decir, a la felicidad que, bien vista, coin- aspetti, al piacere, ossia alla felicità, che considerandola bene, è tutt'uno col piacere. Questo
cide con el placer. Este deseo y esta tendencia no tienen límites por- desiderio e questa tendenza non ha limiti, perch'è ingenita o congenita coll'esistenza, e per-
que es connatural y congènita a la existencia. Por eso no puede con- ciò non può aver fine in questo o quel piacere che non può essere infinito, ma solamente
sumarse en un placer u otro, ya que ninguno es infinito sino que ter- termina colla vita. E non ha limiti 1. nè per durata, 2. nè per estensione. Quindi non ci può
essere nessun piacere che uguagli 1. nè la sua durata, perchè nessun piacere è eterno, 2. nè
mina con la vida. Y [el deseo] no tiene límites: 1) temporales; 2) es- la sua estensione»; «Il piacere infinito che non si può trovare nella realtà, si trova così nella
paciales. immaginazione, dalla quale derivano la speranza, le illusioni ecc. Perciò non è maraviglia 1.
El placer infinito que no puede encontrarse en la realidad se encuentra che la speranza sia sempre maggior del bene, 2. che la felicità umana non possa consistere
se non se nella immaginazione e nelle illusioni.»)
como tal en la imaginación, de la cual derivan la esperanza, las ilusiones, " Ivi, 1237, 29 de junio de 1821. («Un oggetto qualunque, p.e. un luogo, un sito, una campag-
etc. Por eso no es sorprendente que: 1) la esperanza sea siempre mayor que na, per bella che sia, se non desta alcuna rimembranza, non è poetica punto a vederla. La
el bien; 2) la felicidad humana no consista más que en la imaginación y en medesima, ed anche un sito, un oggetto qualunque, affatto impoetico in se, sarà poetichissi -
mo a rimembrarlo. La rimembranza è essenziale e principale nel sentimento poetico, non
per altro, se non perchè il presente, qual ch'egli sia, non può esser poetico; e il poetico, in
uno o in altro modo, si trova sempre consistere nel lontano, nell'indefinito».)
165 152
CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
Sentado y contemplando, concibo caria) el final de las ilusiones leopardianas. En cambio, la conciencia de su
infinitos espacios más allá, naturaleza exclusivamente imaginaria torna más límpida, sosegada y pro-
silencios sobrehumanos, honda quietud funda la evocación afectuosa, elevando los recuerdos de su odiada y amada
que poco menos mi corazón aterra. Recanati en mito-símbolos de estados permanentes y universales del hom-
Mas ni bien oigo al viento susurrar bre. Por lo tanto, la poesía no deja de cumplir con su función de deleitar
en el follaje, y comparo esa voz sólo porque habla de los dolores del poeta. Por lo contrario, pretende (y lo-
con aquel silencio inmenso, gra) suscitar en el ánimo del lector sensaciones de temblorosa y apasionada
me veo envuelto por lo eterno, participación, es decir, hace que el lector viva más fuerte y profundamente
por las muertas estaciones y la viva porque lo enfrenta a los hechos eternos de la vida humana, que podrían y
y presente con su son. Así se anega suelen ser los de la suya propia. Extraordinarios ejemplos de este tono leve
en esta inmensidad mi pensamiento: que conjuga la representación más auténtica de los afectos con su significa-
y naufrago dulcemente en este mar. 41 do mítico son el inicio del canto «A Silvia»:
El desarrollo posterior del pensamiento leopardiano lo conduce a los Silvia, ¿recuerdas todavía
grandes «cantos» del 1828-1830 , los cuales, aunque provienen de la forma
42 el tiempo en que vivías,
original del idilio, no pueden ser reducidos a ella, tal como fue reciente- cuando la belleza brillaba
mente señalado . El descubrimiento de que una verdadera poesía de imagi-
43 en tus ojos risueños y vivaces,
nación resulta imposible en la modernidad conduce indudablemente a y alegre y pensativa, atravesabas
acentuar en estos «cantos» de la madurez el componente reflexivo y filosó- el umbral de la juventud?
fico, sin que esto signifique una disminución del componente lírico y senti-
mental. Es más: lo que caracteriza a esta fase es el neto rechazo de toda so- La quietud de los cuartos
lución estilística y temática que no conduzca a la idea de poesía entendida y las calles vecinas
como lírica pura, despojada de toda tentación de dramatismo y patetismo se llenaban de tu perpetuo canto,
romántico. Y es a este exclusivo lirismo a lo que remite el título de la colec- cuando, concentrada en tus tareas
ción poética leopardiana: cantos, un término totalmente insólito en la tradi- femeninas, feliz te sentabas
ción italiana. pensando en tu bello porvenir.
Corría mayo fragante, y así solías pasar el día. 45

Lírica pura y redescubrimiento de los afectos


También el inicio de «La calma después de la tormenta»:
El descubrimiento de la «árida verdad» no marca (como la lógica indi-
44

Ya pasó ya la tormenta:
41Idem, «L'infinito», en Canti. («Sempre caro mi fu quest'ermo colle,/ e questa siepe, che da oigo pojaros de fiesta, y la gallina,
tanta parte/ dell'ultimo orizzonte il guardo esclude./ Ma sedendo e mirando, interminati/ que ha vuelto al camino,
spazi di là da quella, e sovrumani/ silenzi, e profondissima quiete/ io nel pensier mi fingo; retoma su cacareo. En el poniente
ove per poco/ il cor non si spaura. E come il vento/ odo stormir tra queste piante, io quello/
infinito silenzio a questa voce/ vo comparando: e mi sovvien l'eterno,/ e le morte stagioni, e se divisa el perfil de la montaña;
la presente/ e viva, e il suon dì lei. Così tra questa/ immensità s'annega il pensier mio:/ e il aclara la llanura,
naufragar m'è dolce in questo mare.»). Traducción de A. Aliberti: El pensamiento infinito. y claro en su cauce corre el río.
Cronología. Cantos. Opúsculos morales. Pensamientos, cit
42 «A Silvia» [«A Silvia»], «Remembranzas» [«Le ricordanze»], «El gorrión solitario» [«II 45 G. LEOPARDI, «A Silvia», en Canti. («Silvia, rimembri ancora/ quel tempo della tua vita
passero solitario»], «La calma después de la tormenta» [«La quiete dopo la tempesta»], «El mortale,/ quando beltà splendea/ negli occhi tuoi ridenti e fuggitivi,/ e tu, lieta e pensosa, il
sábado en la aldea» [«Il sabato del villaggio»], «Canto nocutrno de un pastor errante del limitare/ di gioventù salivi?/ Sonavan le quiete/ stanze, e le vie dintorno,/ al tuo perpetuo
Asia» [«Canto notturno di un pastore errante dell'Asia»]. canto,/ allor che all'opre femminili intenta/ sedevi, assai contenta/ di quel vago avvenir che
4 3 C f r . S . TIMPANARO, c i t . in mente avevi./ Era il maggio odoroso: e tu solevi/ così menare il giorno.») Traducción de
44La expresión «la árida verdad» (en italiano «l'arido vero») proviene de un verso de «A Sil- Antonio Aliberti, El pensamiento infinito. Cronología. Cantos. Opúsculos morales. Pensa-
via» y se transformó en un concepto clave de la critica leopardiana. (N. del E.) mientos, cit.
168 152
CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
Todo pecho se alegra, renacen Filosofia y experiencia vivida
los rumores por doquier
y todos vuelven a su habitual tarea. En los Cantos, filosofía y poesía no se excluyen mutuamente, como te-
El artesano, obra en mano, mía Leopardi en su teoría, en la medida en que la filosofía no es discurso fi-
se asoma a la puerta, cantando, losófico, elocuencia raciocinante o, aun peor, exhortación a cumplir una de-
a contemplar el cielo, terminada decisión ideal en lugar de otra. En cambio, es la sistematización
y diligente sale la muchacha a recoger en verdades universales de la experiencia vivida que, a través de los senti-
el agua de la lluvia reciente; mientos y los afectos (es decir, en la forma poética más individual y perso-
y el hortelano renueva nal), siguen expresándose. Porque la lírica —la voz inmediata del corazón
de sendero a sendero — es la más insuprimible de las exigencias humanas y a la vez la más resis-
su grito cotidiano. tente a la corrosión producida por el tiempo, la razón y las desilusiones, de
Retorna el sol y su sonrisa esparce tal manera que es, paradójicamente, el género poético más antiguo y el úni-
sobre montes y granjas. co que le queda al hombre moderno.
abre terrazas y balcones; El «Canto nocturno de un pastor errante del Asia» lleva estas intuicio-
en el camino, se escucha desde lejos nes a su máximo grado. En efecto, Leopardi se desprende de la temática de
un tintineo de campanas; cruje el carro Recanati (aunque sigue estando presente en algunos matices) sin abando-
del pasajero que su ruta continúa. 46 nar la dolorosa reflexión sobre el destino del hombre. Es más: acentúa la
fuerza significativa a través de esa genial identificación del poeta moderno
Y la conclusión de «El sábado en la aldea»: con un pastor primitivo, muy distante de la identificación con el héroe culto
y aristocrático de «Bruto Menor» y del «Ultimo canto de Safo» y le da a su
Jovencito inquieto, voz un timbre absoluto, ajeno a toda época y a la vez sumamente contempo-
tu edad florida ráneo y actual, en la medida en que es eterno:
es como un día lleno de alegría,
día claro y sereno Nace al dolor el hombre
que precede a la fiesta de tu vida. y es un riesgo de muerte el nacimiento.
Goza, querido mío; primavera suave, Prueba pena y tormento
estación dulce es ésta. en cuanto llega al mundo,
Nada más diré; pero que tu fiesta, y desde entonces padre y madre
tarde en llegar, no te apene tanto. 47 lo consuelan de haber nacido.
Cuando va creciendo,
su afecto le sostiene, y nunca
dejan con actos y palabras
Idem, «La calma dopo la tempesta», en Canti. («Passata è la tempesta:/ odo augelli far fe- de fortalecer su alma,
y consolarlo de su estado de hombre:
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sta, e la gallina,/ tornata in su la via,/ che ripete il suo verso. Ecco il sereno/ rompe là da po-
nente, alla montagna;/ sgombrasi la campagna,/ e chiaro nella valle il fiume appare./ ogni
cor si rallegra, in ogni lato/ risorge il romorio/ torna il lavoro usato./ L'artigiano a mirar l'u-
otro oficio más noble
mido cielo,/ con l'opra in man, cantando,/ fassi in su l'uscio; a prova/ vien fuor la femminei - el afecto paterno no concibe.
ta a còr dell'acqua/ della novella piova;/ e l'erbaiuol rinnova/ di sentiero in sentiero/ il grido Mas ¿por qué nace al mundo
giornaliero./ Ecco il Sol che ritorna, ecco sorride/ per li poggi e le ville. Apre i balconi,/
apre terrazzi e logge la famiglia:/ e, dalla via corrente, odi lontano/ tintinnio di sonagli; il
y para qué sigue viviendo
carro stride/ del passeggier che il suo cammin ripiglia.») Traducción de Antonio Aliberti, quien luego por eso debe consolarse?
El pensamiento infinito. Cronología. Cantos. Opúsculos morales. Pensamientos, ciL Si la vida es desventura
47Idem, «Il sabato del villaggio», en Canti. («Garzoncello scherzoso,/ cotesta età fiorita/ è ¿por qué la soportamos?
come un giorno d'allegrezza pieno,/ giorno chiaro, sereno,/ che precorre alla festa di tua
vita./ Godi, fanciullo mio; stato soave,/ stagion lieta è cotesta./ Altro dirti non vo'; ma la tua
Intacta luna, similar
festa/ ch'anco tardi a venir non ti sia grave.») Traducción de Antonio Aliberti, El pensa- es el estado mortal.
miento infinito. Cronología. Cantos. Opúsculos morales. Pensamientos, cit Pero tu mortal no eres,
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
y puede que mi pensamiento no te importe. 48 pocas veces en comparación con la grandeza del personaje), pero no repro-
ducido por un escritor o un poeta. El aislamiento es una marca específica
El lenguaje leopardiano de los grandes idilios es todo lo filtrado, aéreo,
49 de su grandeza, al menos en el ámbito de la cultura italiana contemporá-
leve que se pueda imaginar y a la vez enteramente conciso, preciso, absolu- nea. Histórica e ideológicamente Milán superaba ampliamente a Recanati,
tamente definitivo e inmodificable. La imitación de la naturaleza hace que y era también justo que en la cultura también la superara. Sin embargo, en
su poesía, en particular en los cuadros idílicos, adquiera una precisión de este ámbito, dado que la poesía es otra cosa que la historia y la ideología, se
contornos y de formas de la que la tradición clasicista italiana carece com- imponía Recanati, porque en Milán sólo podía existir en condiciones cultu-
pletamente, dado que su imitación de los antiguos constituye una imitación rales que la mortificaban.
de la imitación. Esto llevó a hablar de un «realismo leopardiano» a propósi- La provincia italiana ideal superaba a la metrópolis en la complejidad
to de los versos ya referidos de «La calma luego de la tormenta» y de «El de su discurso y en la amplitud de sus horizontes espirituales. Si tenemos
sábado en la aldea». presente lo dicho hasta ahora, esto no nos puede sorprender: considerando
Simultáneamente, la base de este lenguaje sigue siendo enteramente las condiciones de la metrópolis italiana (que era provincial respecto a Eu-
tradicional (en efecto, se habló también de «petrarquismo leopardiano») en ropa) es comprensible que la auténtica provincia, con su secular experien-
tanto Leopardi, a diferencia de los románticos a él contemporáneos, es fiel cia cultural y con una relación desencantada con el mundo, estuviera más
a un lenguaje poético alto, refinado y sublime, aunque sin quedar prisione- cerca de la Europa contemporánea. En efecto, el desarrollo de la cultura
ro de él. La búsqueda de la palabra peregrina, osada, inspirada, vaga, inde- había quedado bloqueado, pero esa cultura bloqueada no era, como en otros
terminada le sirve por un lado para renovar el lenguaje poético desgastado momentos de nuestra historia, una cultura reaccionaria, era la cultura del
por la tradición y por el otro para reproducir en el estilo y en la forma la iluminismo, que se había tornado una cultura de oposición y resistencia,
concreta experiencia de este discurso acerca de las sensaciones poéticas conscientemente minoritaria, por lo que se veía obligada a expresar por su
que intentamos describir: infinito, recuerdo, lejanía, desapego, esfumado. propia cuenta sus más profundos humores antagónicos y corrosivos; inclu-
La irrepetibilidad de este lenguaje, que no tuvo imitadores, es la irrepe- so, como señalamos, en contra de sí misma. Repetimos: del encuentro ente-
tibilidad misma de una posición como la de Leopardi, que tenía como ori- ramente excepcional de estos componentes ideológicos y existenciales, al
gen la combinación de una serie de contingencias demasiados excepciona- margen del desarrollo histórico y civil contemporáneo, nace una poesía que
les como para ser entendida por un público y retomada por una escuela. El es profundamente antihistoricista y antiprogresista, en tanto pretende re-
entramado del que nace la gran poesía leopardiana no se puede reproducir cordarle al hombre la base material sobre la que se funda y de la que ema-
por medio de modelos histórica y culturalmente imitables desde un nivel na su modo de ser y de sentir.
de mayor mediocridad, como sucedió con el Manzoni de Los novios. Podía
ser apreciado por un lector de poesías (pero no casualmente esto sucedió
*" Idem, «Canto notturno di un pastore errante dell'Asia», en Canti. («Nasce l'uomo a fatica,/ 8 . E L LENGUAJE LEOPARDIANO
ed è rischio di morte il nascimento./ Prova pena e tormento/ per prima cosa; e in sul princi-
pio stesso/ la madre e il genitore/ il prende a consolar dell'esser nato./ Poi che crescendo
viene,/ l'uno e l'altro il sostiene, e via pur sempre/ con atti e con parole/ studiasi fargli La experiencia de la gran poesía leopardiana de 1828-1830 es tan irre-
core,/ e consolarlo dell'umano stato:/ altro ufficio più grato/ non si fa da parenti alla lor pro-
le./ Ma perché dare al sole,/ perché reggere in vita/ chi poi di quella consolar convenga?/ Se
petible que no tiene igual ni siquiera en el marco de la obra del propio Leo-
la vita è sventura/ perché da noi si dura?/ Intatta luna, tale è/ lo stato mortale./ Ma tu mor- pardi. En efecto, en el «Canto nocturno de un pastor errante de Asia» cul-
tai non sei,/ e forse del mio dir poco ti cale.») Traducción de Antonio Aliberti, El pensa- mina el filón de ideas y sentimientos, desarrollados por la temática lírico-i-
miento infinito. Cronología. Cantos. Opúsculos morales. Pensamientos, cit dílico-filosófica y, junto a este, culmina la particularísima experiencia for-
49 La categoría de grandes idilios, creada por la crítica y no por Leopardi, ha sido y es discu-
tida hasta hoy. «La denominación de grandes idilios —leopardianamente no autorizada— se
mal basada en el motivo de las «exequias fúnebres» del clasicismo. Esta
justifica sólo si significa que algunos aspectos de los idilios de la juventud sobreviven en los culminación puede explicarse no sólo por medio de la razón válida que afir-
grandes, entre los cuales, el más importante es la reflexión existencial encuadrada en un ma que en esta experiencia Leopardi distingue y fija definitivamente los
paisaje de Recanati. Por otro lado, son características inherentes a las nuevas composicio-
nes: la distinta posición del yo poético, ya no más considerado en la singularidad de su do-
aspectos más originales de su poética y de su pensamiento, sino también
lor, sino acomunado a los otros por un mismo sentimiento de dolor y de sufrimiento; la colo - por el vaciamiento interno de tal temática (y de la búsqueda formal conco-
cación del sujeto en una parábola vital, con la oposición entre infancia y edad adulta; la mitante) que se verifica cuando deja atrás a Recanati (no sólo biográfica-
adopción de un lenguaje llano, melódico, elegante, estilizado; la introducción de la «canción mente) para cortar netamente con toda su existencia juvenil y considerarla
libre» desde el punto de vista métrico». (L. Blasucci, Il tempo dei canti, cit.) (N. del E.)
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI ALBERTO ASOR ROSA
evidentemente cerrada no sólo para su vida sino también para su poesia. el sentido de su posición humana e ideal, una contemplación más viril del
Atenuados, en consecuencia, los temas típicos de su poética y desecados las dolor humano y propio. El canto en el que esta labor de autoafirmación y de
fuentes de sus remembranzas (evidentemente limitadas), Leopardi se pre- compleja búsqueda de nuevos derroteros poéticos se define y se afirma, en
senta más abierto a las sugestiones del clima contemporáneo y al mismo una ampliación que le permite alcanzar significaciones más generales, es
tiempo a entablar con él una abierta y polémica batalla, en contraste con la «La retama» [«La ginestra»]. Composición extensa y compleja sobre la que
discreción e introversión que había demostrado hasta ahora. se dijo que retoma todos los elementos que, en las sucesivas fases de su ac-
tividad —de las canciones juveniles hasta la recuperación del romanticismo
luego del 1830 pasando por los Idilios y los Opúsculos— habían confluido
La poesía leopardiana en la última etapa de su vida en la constitución de su concepción del mundo y en la definición de su fiso-
nomía de hombre y de escritor.
En consecuencia, la producción sucesiva, desde 1831 («El pensamiento De hecho, en este caso, la contemplación dolorosa del vigor suprahuma-
dominante» [«Il pensiero dominante»]) hasta 1836-37 («La retama» [«La gi- no de un fenómeno natural, la erupción de un volcán, con los consiguientes
nestra»] y «La puesta de la luna» [«II tramonto della luna»]), es producto efectos destructivos sobre el hombre y sobre sus propias creaciones, por un
de exigencias no tan puntuales y armónicas y de una línea de investigación lado lleva al poeta a una nueva reconfirmación de la precariedad y la enfer-
más incierta y contradictoria. En los cantos del ciclo de Aspasia (inspira- 50
medad de la condición humana y por otro lo impulsa a afirmar vigorosa-
dos en el intenso y no correspondido amor por una florentina, Fanny Tar- mente el valor moral de un comportamiento que no se ilusiona con encon-
gioni Tozzetti) oscila entre la potente, intensa y casi religiosa elocuencia de trar un resarcimiento espiritual para esta infelicidad sino que cree cumplir
«El pensamiento dominante» y de «Amor y Muerte» [«Amore e Morte»], la con el deber natural asignado a la razón del hombre por medio de la resis-
¡casticidad desesperada y severa de «A sí mismo» [«A se stesso»], en que el tencia sin ilusiones y, no obstante ello, altiva ante la adversidad de la natu-
poeta confiesa con amargura el fin del «extremo engaño» , el «relato ro-
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raleza. Sobre esta conciencia desesperanzada pero sin cobardía funda la re-
mántico» de Consalvo (que no casualmente le gustaba a sus contemporáne- lación entre el hombre y la naturaleza que resulta antagónica y agónica, de
os y también a un ilustre crítico como Francesco de Sanctis) y la acre in- lucha recíproca y sin concesiones. Incluso se podría decir que la determi-
vectiva de Aspasia. En las dos «poesías sepulcrales», «Sobre un fúnebre ba- nación de la naturaleza como la principal enemiga de todos los hombres lle-
jorrelieve antiguo» [«Sopra un bassorilievo antico e sepolcrale»] y «Frente va a entrever la posibilidad de que esa resistencia sea común, es decir, que
al retrato de una hermosa dama» [«Sopra il ritratto di una bella donna»], implique una idea de «confederación» entre todos los hombres que, más
53

Leopardi, retomando formas y sugestiones muy difundidas en los ámbitos allá de los egoísmos individuales, tienen al menos un interés en los aspec-
románticos, intenta una objetivización de la temática misma que, sin em- tos generales de esta guerra por la supervivencia.
bargo, cae demasiadas veces en una sentenciosidad filosófica carente del
ardor sentimental al que la filosofía leopardiana siempre estuvo unido. En
la «Palinodia» [«Palinodia al marchese Gino Capponi»] y en «Los nuevos Titanismo y progresismo
creyentes» [«I nuovi credenti»] ingresa de lleno (como ya hemos referido)
52

en el campo de una polémica en contra de los espiritualistas contemporáne- Fue un mérito de un filón particular de la crítica haber mostrado la re-
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os usando la poesía como medio de las ideas, en correspondencia con un lación interna que existe entre la temática de los idilios y esta neta afirma-
modelo al que la tradición satírica italiana no era ajeno. ción de la personalidad propia de los cantos maduros. Por otro lado, este
El elemento común, reconocible en toda esta serie de experiencias bas- aspecto responde, como ya dijimos, a una característica precisa e inconfun-
tante distintas entre sí, que permite hablar de una nueva fase en la poesía dible de su psicología, sensible y al mismo tiempo solidísima, y a otros ele-
leopardiana es la más intensa y directa afirmación de la personalidad del mentos ya presentes en su producción pre-idílica, como el denominado «ti-
poeta, una explícita voluntad de proclamar decorosa pero orgullosamente tanismo» de las canciones juveniles. Esto abre una justa polémica con la in-
Si bien no existe un acuerdo en tomo a dicha categoría, se entiende por ciclo de Aspasia
terpretación de características croceanas que sobrevaluaba el elemento idí-
50

al conjunto de composiciones escritas entre Pisa y la última estadía en Recanati, llamadas lico entendido como la pura expresión del sentimiento, simple voz del cora-
«pisano-recanatenses», dedicado al amor como suprema ilusión y abordado según un dis-
curso exquisitamente intelectual. (N. del £.) " Asor Rosa se refiere al verso 129 de «La retama» («l'umana compagnia»), en que el poeta
51G. LEOPARDI, « A se stesso», en Canti, («l'inganno estremo»). imagina, efectivamente, una confederación de hombres unidos por la desesperanza en de-
52 «I nuovi credenti» es un fragmento poético que Leopardi mismo excluyó de los Cantos y fensa de su mísera condición. (N. del E.)
que fue publicado postumo junto a otros escritos. (N. del E.) 54En particular C. Luporini y W. Binni.
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CAPÍTULO 19 - GIACOMO LEOPARDI
zón sin meditación filosofica.
Sin embargo, hay que preguntarse si el reconocimiento de la línea evo-
lutiva y de la coherencia interna de la poesia leopardiana, al margen de al-
gunos desvíos episódicos, resuelve el problema de definir cuál es el punto
donde discurso y forma —o, en términos leopardianos, entre razón e imagi-
nación— están más fusionados. Querer determinar con exactitud la búsque-
da del mensaje leopardiano, lo que Leopardi pretendía enseñarnos en tér-
minos ideales, morales o tal vez políticos, sería un error de perspectiva,
producto de un inconsciente y fastidioso moralismo progresista. De hecho, CAPÍTULO 2 0
esta perspectiva nos hace caer en la tentación de establecer entre las com-
posiciones del 1828-1830 (denominadas grandes idilios) y «La retama» no FINALIZACIÓN Y CRISIS DEL RISORGIMENTO
sólo una relación, indudablemente existente, sino también una línea ascen- (1849-1870)
dente, casi evolutiva, como si un eventual desarrollo del discurso ideológico
significara necesariamente un enriquecimiento del tejido poético.
Desde nuestro punto de vista, si seguimos sosteniendo esa profunda
identificación de sentimiento y filosofía que el concepto de lírica moderna 1 . CONTEXTO HISTÓRICO
implica para Leopardi —es decir, si no reducimos a la lírica leopardiana a
la fórmula croceana tan mezquina e incomprensiva (no casualmente Croce La década de Cavour
nunca apreció la poesía de Leopardi ni siquiera en sus aristas aparente-
mente menos filosóficas)— es indudable que la poesía leopardiana más alta Entre 1850 y 1870 nuestro Risorgimento atraviesa su etapa política y
hay que buscarla en la línea que va desde «El infinito» hasta el «Canto noc- militar. Con el reestablecimiento de la estabilidad y del poder del Estado
turno del pastor errante de Asia», en la que culmina. piamontés —producto sobre todo de la astuta política que el conde de Ca-
Si realmente se pretende buscar un «sentido» en Leopardi, hay que ha- vour llevó adelante durante la década casi ininterrumpida en la que ocupó
cerlo allí donde es más él mismo, es decir, un poeta. Y esto se lo encuentra la presidencia del Consejo de ministros— fue posible concretar algunas de
en la síntesis metafísica de dolor universal y personal que intentamos des- las etapas más decisivas del proceso de unificación (en el que también in-
cribir. Obviamente que, leído en esta clave, el mensaje leopardiano no nos tervinieron otras naciones europeas como Francia, que participó militar-
dice demasiado sobre cómo debemos comportarnos en la vida. De hecho, al mente en la guerra de 1859, o Inglaterra, cuya intervención diplomática y
menos en sus momentos más altos, se limita a iluminarnos sobre algunos política no por menos directa fue menos decisiva). Los cambios y aconteci-
aspectos de la condición de la existencia humana. Esto no puede conside- mientos más relevantes de la época fueron: la anexión de Lombardia, Emi-
rarse, en términos cotidianos, un mensaje. ¿Pero quién dijo que las grandes lia y Toscana al Piamonte durante la segunda Guerra de Independencia
cosas son sólo las que nos enseñan a hacer algo? (1859), la liberación del Mediodía italiano de los Borbones con la expedi-
ción de los Mil y la consiguiente anexión de las Marcas y Umbría por obra
del ejercito piamontés (1860-1861), la liberación de Venecia (sin Trentino
ni Venecia-Giulia) a raíz la tercera guerra de independencia (1866) y, final-
mente, con la entrada de las tropas piamontesas a Roma (1870), la recupe-
ración de la capital ideal de la Nación y la consiguiente atenuación, aunque
sea por algunos años, de la problemática unitaria. Dicha problemática, de
todos modos, persiste debido a la presencia de regiones todavía no emanci-
padas y mantendrá vivo un filón nacionalista que durante la Primera Gue-
rra Mundial confluirá en la política de intervención'.
' Por política de intervención (interventismo en italiano) se entiende una tendencia política
italiana que, inspirándose en un sentimiento nacionalista, se opuso a los neutralistas y de-
terminó la declaración de guerra a Austria (1915) y el consiguiente ingreso de Italia en la
primera guerra mundial en apoyo al Triple Entente, a pesar del pacto defensivo que mante-
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