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VIDA DE LA SIERVA DE DIOS
Hna. MARÍA FELICIA DE JESÚS SACRAMENTADO
Guggiari Echeverría, O.C.D.
“Chiquitunga”1925 - 1959
“Os exhorto, pues, hermanos,
por la misericordia de Dios, a
que os ofrezcáis a vosotros
mismos como un sacrificio
vivo, santo, agradable a Dios:
tal será vuestro culto
espiritual” (Rom 12,1).
“Dios ama al que da con
alegría” (2 Cor 9,7).
“Preparada como una novia
que se ha engalanado para su
esposo” (Ap 21,2).
T2OS = Todo Te Ofrezco,
Señor (Lema de la Sierva de
Dios).
INTRODUCCIÓN
El gran formador de jóvenes y admirador de Chiquitunga que fue el P.
César Alonso Las Heras, del Colegio de San José en Asunción, me dijo un
día: “Voy a escribir una vida de la Sierva de Dios con el título «La novia
eterna que murió de amor»”, y me lo razonó con entusiasmo. A fe que, dada
la trayectoria literaria del P. César y su conocimiento del alma de los jóvenes,
habría sido una biografía con garra. Pero se fue al cielo sin tiempo para
cumplir su propósito.
He de confesar que lo original del título confidenciado por el P. Las
Heras, me ha ayudado a convencerme del punto focal de la existencia de
Chiquitunga: una entrega en amor “nupcial”. “Enamorada”de Jesús desde
niña, cuando, a sus 16 años, fue consciente del dinamismo de su feminidad,
la enfocó, con toda la pasión que da el amor, a hacer de su persona una
ofrenda al “Amado”, según su lema: “Todo te ofrezco, Señor”. Y eso
concretamente:en los más diferentes aspectos de su vida (hogareña, social,
laboral, apostólica…, mística)…; en su casa, en la Normal de Magisterio, en
el trabajo de la escuela, en el apostolado con los niños, los jóvenes, los
encarcelados, los enfermos y ancianitos…; recogida junto al Sagrario, en la
oración nocturna de intimidad con el Señor…, en todas partes vivía ese lema
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que resume la respuesta del creyente al Dios Amor que nos ha dado todo en
su Hijo: “¡Todo te ofrezco, Señor!”, como” un sacrificio vivo, santo, agradable
a Dios”…
Así se preparaba diariamente Chiquitunga al encuentro con el Amor en
el Sacrificio de la Eucaristía…; así se preparó ya carmelita a su entrega
temporal al Amado en el Carmelo por los votos religiosos…; así se preparó al
encuentro feliz eterno “como esposa que se engalana para su Esposo”.
Ofrecerse, darse, “unirse es emigrar y morir parcialmente en aquello
que amamos”1, hasta fundirse en el Amado con el gozo indescriptible del
amor. Por eso dar es siempre gozoso, y tanto más gozoso cuanto más
generoso sea el don… En consecuencia ¡“Dios ama al que da con alegría”!, y
en fuerza de ese amor, Dios acrece la alegría indefinidamente. ¿Verdad que
este hermoso apotegma de San Pablo se refleja en el rostro inefablemente
sonriente de Chiquitunga? .
Ma. Felicia conservó siempre un corazón de “novia”, enamorada,
ilusionada… en espera del Novio: “Novia eterna”, hasta que el 28 de abril de
1955 a las 4´10 de la madrugada, llegó el Novio a buscarla, y murió de
amor… En sus labios siempre sonrientes se percibió el eco del abrazo
“eterno”… “Jesús, te amo… ¡Qué dulce encuentro!”
Montevideo, 12. 01.2005
Fr. Julio Félix Barco, O.C.D.
1
Teilhard de Chardin : “El Medio divino”, Madrid 1962, p.83.
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CHIQUITUNGA EN VILLARRICA (1925-1950)
Infancia y adolescencia (1925-1937). La “amiguita de
Jesús… y de todos”
Los Guggiari en el Paraguay.
La Sierva de Dios, María Felicia de Jesús Sacramentado, nació
en la República del Paraguay, en la ciudad de Villarrica (el Guairá),
cuna del “Liberalismo” paraguayo, en el seno de una familia
típicamente “liberal”…, con todas sus consecuencias positivas y
negativas; señalamos una positiva: la valoración de la libertad, de los
derechos humanos y de la justicia, (excelente base para vivir
comprometidamente ese aspecto fundamental del Sermón de la
Montaña), y otra negativa: cierta frialdad religiosa familiar…, que, en
este caso, quedó contrarrestada por la formación catequística de un
Colegio religioso y dio ocasión a que la Sierva de Dios madurase
precozmente en una fe personal: consciente y comprometida…
Los Guggiari había llegado al Paraguay durante la guerra de la
Triple Alianza, cuando ya la capital Asunción había caído en manos de
los aliados y la fuerzas nacionalistas se replegaban lentamente en
permanente lucha hacia el lugar de la hecatombe final, Cerro Corá
(1870). Eran tres hermanos suizos, procedentes de un cantón de
sangre y lengua italianas (Lugano): Pedro, Agustín y José Guggiari…
Pedro regresó pronto a sus montañas alpinas; Agustín y José se
establecieron en Villarrica…
Cuando después de la pulverización del Paraguay próspero
anterior, empezó la reconstrucción difícil de la nación, guiada por
quienes no habían conocido otro sistema que el dictatorial, el
villarriqueño Antonio Taboada levantó la bandera del Partido Liberal en
defensa de las libertades cívicas, y los hermanos Guggiari,
demócratas suizos y partícipes en buen grado de los ideales
garibaldinos, se le unieron fervorosamente
Ellos y sus hijos llegaron a ocupar puestos de gran relevancia
en el movimiento liberal. José Patricio Guggiari, hijo de José, figuró
pronto en las primeras filas del Partido y llegaría a ser elegido
Presidente de la República (1927-1932). Modesto Guggiari, hijo de
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Agustín, fue senador por el Partido Liberal…, y su hermano Ramón,
sin intervenir en la dirección del Partido, fue un militante ferviente…,
con todas las consecuencias…
Pues en este Paraguay de un pasado reciente trágico, recreado
por las mujeres, y en vías de franco progreso económico, llegó al
mundo el 12 de enero de 1925 Ma. Felicia Guggiari Echeverría,
precisamente en Villarrica, la patria del liberalismo paraguayo.
La familia Guggiari-Echeverría.
El 24 de mayo de 1925, Ramón Guggiari, soltero de 30 años,
contraía matrimonio con la joven de 19, Arminda Echeverría Cañete,
de cuyos antepasados, a pesar de su primero apellido vascoespañol…,
sólo podemos suponer que habían contribuido a la formación del
Paraguay mestizo.
De don Ramón resaltan los hijos su fuerte personalidad:
laboriosidad, honestidad, responsabilidad, amor al hogar;
comerciante en maderas (incluso las trabajaba como carpintero),
inteligente y leído; defensor de los derechos cívicos… De “conducta
moral intachable”.
De doña Arminda, casada y madre en plena juventud, sus
hijos admiran la absoluta compenetración con su esposo, en el que
procuraba se centrase el cariño de los hijos; mujer fuerte, respaldaba al
luchador de su marido, totalmente entregada a él y a sus hijos.
En punto a religión, el papá era el típico “liberal” de la
época”, con ribetes de anticlericalismo. La mamá apoyaba la
religiosidad de la familia, con una práctica más regular y ciertos
rezos familiares Por suerte, las vidas de ambos eran ejemplares y
con su ejemplo inculcaban a los hijos auténticos valores cristianos.
Económica y socialmente eran una familia de clase media
alta, aunque pasaron épocas difíciles; en su medio ambiente era una
familia “conocida y respetada”.
Siete hijos llegaron a tener, de los que Chiquitunga fue la
primogénita.
Nacida el 12 de enero de 1925, extrañamente no fue bautizada
hasta el 28 de febrero de 1928, cuando contaba ya tres años y casi
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dos meses…, junto con los dos siguientes vástagos: [Link]
(“Mañica”) y Federico (“Freddy”).
Educación primera de Chiquitunga.
Dos factores fueron determinantes en su educación: la familia,
con sus valores humanos, y el colegio católico, con su formación
sólidamente religiosa.
Respecto a la familia, los recuerdos coinciden en el cariño y
la unión familiar que experimentó la niña Ma. Felicia desde su
infancia. El papá, desde su temperamento fuerte y luchador, se
mostraba satisfecho de los suyos y singularmente de su
primogénita“Chiquitunga”. La mamá, excelente esposa y madre,
ejerció desde su sicología una gran influencia en ella. “Su madre fue
una gran señora con actitudes maravillosas, tranquila y alegre, a
pesar de los momentos difíciles, y estoy convencida [de] que
Chiquitunga, de una u otra manera, tiene influencia de su madre en lo
que respecta a su persona”.
Al Colegio de “María Auxiliadora” de Hnas. Salesianas, llegó
Chiquitunga con cinco añitos... La exposición sencilla de los misterios
cristianos despertó precozmente en su corazón el amor a Jesús y a
María. Aquella imagen de la Virgen ofreciéndole a Jesús y aquel
“Mimisito” que tendía hacia ella sus “manitos” le robaban el corazón.
Pero, sobre todo, la casita de Jesús, el Sagrario, la hechizaba.
¡Cuantísimas veces corría a la Capilla… y se estaba allí! Las
Hermanas hablaban también con frecuencia de los santos niños
Domingo Savio y Laura Vicuña, y sus ejemplos hicieron de Chiquitunga
“una pequeña heroína de la caridad”… Un día, en pleno invierno, se
despojó de su tapadito y lo regaló a una niñita que tenía frío. Eso
mismo había hecho Domingo Savio.
A los 8 años, comenzó Chiquitunga el primer grado de
Primaria. “Era la más inteligente y brillante [de los hermanos]”. Pero
entonces como siempre, allí como en todas partes era la “amiguita”
universal, siempre sonriente y al servicio de los otros… Sólo que era
vivaracha y juguetona…, como siempre también: ¡una diablilla! Cierto
día, desde su pupitre, junto a la ventana que daba a la calle, para tentar
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a la Hermana, se puso a hacer gestos como que hablaba con alguien
que estuviese fuera. La Hermana salió intrigada y… ¡no había nadie!
La Primera Comunión. “La primera unión con mi Dios”.
El 8 de diciembre de 1933 María Felicia, recibía a Jesús
Eucaristía por vez primera.
De su preparación sabemos muy poquito: que un día la
catequista les propuso una parábola: Una niña llevaba siempre su
guardapolvo blanco sucio, desagradable; otra al revés, siempre limpio y
atractivo… Para recibir a Jesús y agradarle y tenerlo contento, cuando
le recibimos, hemos de ir con el alma limpia y hermosa… Desde
entonces ella procuró tener siempre el guardapolvo bien blanco para
recordarse a sí misma cómo debía recibir a Jesús.
De su experiencia espiritual ese gran día sólo sabemos lo que
escribió (muy de paso) años más tarde: “Nunca se borrará de mi
mente el recuerdo del día más feliz de mi vida, el día de la primera
unión con mi Dios y el punto de donde parte mi resolución de ser cada
día más buena y mejor”. ¡Primera unión de amor!, punto de partida en
su camino consciente a la santidad, en el que resaltarán siempre esos
dos factores: unión de amor con Jesús y frutos de transformación
en Él.
Sus hermanos dan testimonio de esos frutos de amor. Nos
dicen que era “buenísima”:
Amiguita de todas, como “amiguita de Jesús”; compañera
normalísima, pero especial: “con ella no había peleas”; “ella era la más
alegre”.
Sociable y servicial: “Siempre atenta a las necesidades de los
otros; era muy querida por toda Villarrica, porque era muy alegre, sociable y
servicial con todos”..
Amiga de los pobres, con admirables rasgos de
desprendimiento para con ellos… ¡Cómo la querían, por eso, los
ancianitos necesitados a los que visitaba! “Los viejecitos se allegaban a
ella a besarle la orla del guardapolvo. Siempre fueron sus más
queridos amigos»”.
Modesta y sencilla con su infaltable “guardapolvo blanco”:
“Era imposible vestirla de otro modo - recuerda la mamá -. Desde
muy pequeñita impuso su voluntad en este sentido”.
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Y no por capricho, sino porque el “guardapolvo blanco” era el
símbolo de la pureza en que quería mantener su corazón para Jesús.
Pero además “para ser acogida más natural y fácilmente entre sus
queridos pobres, viejecitos y enfermos”. Un vestido a tono con su
apellido Guggiari (sobrina del Presidente de la República) habría
producido distanciamiento de esos sus amigos.
Aficionada a orar: “Rezaba mucho; era muy devota de María
Auxiliadora”. Arrastraba consigo a las niñas al Sagrario. Incluso un día
la muchachita dijo ingenuamente en casa que le gustaría ser “Hija de
María Auxiliadora”. ¡Para qué…! La mamá reaccionó con dureza:
“Estas monjas están embaucando a mi hija; la voy a sacar de ahí”.
Pero la mamá, sensata, no la sacó.
Vida en familia.
Siendo Ma. Felicia“la mayor”, cabría esperar de ella dentro de
la familia actitudes de cierta superioridad, para ser obedecida por sus
otros cinco hermanitos. Pero no; le bastaba la dulzura.
“Nunca recibimos de ella, por nuestras travesuras, más que una
mirada de reproche o una dulce sonrisa, o una palabra tan suave
que más nos alentaba a mortificarla, por ver si perdía el control..., sin
resultado, por supuesto”.
Sus hermanas aseguran: “En esa época, la relación [familiar]
era buenísima. Era siempre muy maternal, la hermana mayor, en
cuidados y afectos… Éramos una hermosa familia”. “Era la hermana
“buena”.
Primera Juventud de Ma. Felicia (1941-1950): “la enamorada de
Jesús”.
Un año más, e inauguraría su juventud… Otro año más, y sentiría
la llamada de Jesús a seguirle en el apostolado de la A.C. ¡Se le iba a
encender un Ideal de amor en su vida!
Conviene recordar aquí las difíciles circunstancias políticas que,
dieron posteriormente paso a la larga dictadura del General Alfredo
Stroessner, y que empezaron a marcar la vida de los Guggiari.
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Muerte de la democracia(1940). Cuando el 7 de septiembre de 1940
murió en accidente de aviación el Mariscal José Félix Estigarribia, presidente
de la República entonces, vencedor de la guerra del Chaco (en 1935) y
fortalecedor de las instituciones democráticas, podemos decir que murió la
democracia para muchos años en esta nación.
Su sucesor, el general Higinio Morínigo, encandilado tal vez por los
triunfos militares del nazismo en Europa, inició una política dictatorial y de
represión contra las fuerzas liberales colaboradoras de Estigarribia.
Aceptando el apoyo del partido colorado, disolvió por decreto el partido
liberal.
La victoria de los Aliados en 1945 debilitó la posición “fascistoide” del
Gobierno, que permitió, en una breve “primavera democrática” de 4 meses, el
regreso del exilio de los directivos liberales.
Entretanto la organización pastoral de la joven Provincia
eclesiástica del Paraguay se afianzaba y empezaron a soplar aires de
renovación bajo la dirección del ya anciano pero vigoroso Arzobispo Mons.
Sinforiano Bogarín. El joven sacerdote Ramón Pastor Bogarín Argaña,
venido hacía poco de Roma, entusiasta de los nuevos métodos pastorales de
la A.C. (y en concreto de la llamada “encuesta” de la JOC), se lanzaba a la
restauración de la Acción Católica en Asunción, y otro presbítero joven,
Juan Cipriano Prieto, hacía otro tanto en Villarrica. Ello iba a ejercer un
influjo muy determinante en Ma. Felicia, pues bajo la dirección de Prieto, se
iba a iniciar en los caminos de la santidad y del apostolado.
En el verano de 1941 (Ma. Felicia acababa de cumplir 16 años), hubo
una primera convocatoria de señoritas en la parroquia. Chiquitunga “fue de
las primeras en alistarse en el providencial movimiento” y quedó nombrada
“encargada de las Aspirantes”. Fue la apertura de un horizonte nuevo en su
vida.
Después de casi dos años de adhesión entusiasta a la A.C.,
Chiquitunga, totalmente enamorada ya de Jesús, “se consagró” al
apostolado, consciente de su vocación “integral” a él. .Fue una
consagración radical ¡en virginidad!: en alma y cuerpo., y además con una
intención bien concreta: por los sacerdotes, “cual pequeñita Hostia de Amor
y reparación”, consciente de la necesidad de que todos sean santos.
Renovaba esta consagración infinidad de veces, y lo hacía con una “fórmula”,
remedo de sus fórmulas químicas en la Normal de Magisterio: T2OS: “Todo
Te Ofrezco, Señor”.
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Sus poemas íntimos en esta época son “canciones de enamorada”,
porque lo estaba “perdidamente”de Jesús, y así desvió una y otra vez las
solicitudes de los admiradores que mariposeaban entorno suyo.
La Acción Católica fue su escuela de santidad y apostolado; en ella
se formó como cristiana y aprendió a ser apóstol, pues encontró medios
excelentes: la dirección espiritual del [Link], los círculos de estudio,
los retiros, las asambleas diocesanas o nacionales…, y una biblioteca
notablemente nutrida. “Los centros y círculos eran escuelas de una nueva y
reflexiva manera de ser cristiano. Lo eran, además, de un modo más
comprometido y crítico de ser humano”1.
Cuando la Sierva de Dios llegue en 1950 a Asunción y comience el
período más duro en su ascensión hacia la santidad, estará ya pertrechada
con todas las armas para la lucha..
“Enamorada” de Jesús.
Insistimos sobre este aspecto fundamentalísimo de Ma. Felicia.
El Ideal que catalizaba el ser entero de Chiquitunga a sus 16 años, no era
una idea, ni un programa, sino una Persona: Jesucristo, encontrado en la
intimidad de la oración y en el Sagrario. En el centro de todo estaba la
Eucaristía diaria. Y no podemos olvidar el lugar que la Santísima Virgen
ocupaba en su corazón y en sus prácticas piadosas: diariamente rezaba los
quince misterios del Rosario.
Ahora bien, vivía concretamente su enamoramiento en todos
los aspectos de su vida:
En el apostolado de A.C. , colaborando en “todas las ramas…,
porque su ardor traspasaba toda frontera precisa”; entregada a las
niñas y adolescentes (“las pequeñas”):“era común verla saltar y cantar
con ellas con una alegría de vivir tan admirable como contagiosa”; a las
señoritas de la ASAC , en la Escuela Normal, pues allí se había establecido
un centro; a los marginados, sus preferidos desde cuando niña y que
lo seguirían siendo siempre.
En su idealismo juvenil, llegó la Sierva de Dios a soñar ya entonces
en las misiones entre infieles.
1
Cf. [Link] Gorostiaga: “En los caminos de la historia”, p.73.
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En familia Chiquitunga vivía feliz; hacedora de paz y consejera;
sembradora de alegría; olvidada de sí por dar gusto a los otros. “El
ambiente de casa era hermoso; una familia muy bien constituida,
unida; ella era el nexo para eso”. “Todos ponderaban cómo era la
familia acogedora; pero en realidad la que hacía que fuera acogedor su
hogar era Chiquitunga”.
En el estudio del Magisterio, que pudo iniciar en la Escuela
Normal de Mestros N°2 «Manuel Gondra», y seguir durante cinco
años, hasta recibirse en 1945 de maestra. También aquí fue alumna
y compañera ejemplar.
En sociedad, donde sus relaciones juveniles (amistades,
diversiones…) estuvieron marcadas por “su” proyecto de vida. El de los
padres para ella era el matrimonio; por eso la querían más metida en la “vida
de sociedad”. Pero los pensamientos de Ma. Felicia, centrados siempre en
Jesús, no iban en esa dirección, y en consecuencia, su vida relacional tenía
características singulares.
Si por temperamento era extraordinariamente sociable: “amiga de
todos; jugaba volleybol, etc.”, por opción de amor a Jesús (y a los pobres),
“solamente frecuentaba las fiestas familiares”, “las de Acción Católica o las
estudiantiles, de las que ella era organizadora”. Al Club de la alta sociedad, al
que concurría su familia, “ella iba, pero obligada por papá o por mamá”.
Dicen quienes la conocieron: “Era una chica que inspiraba
cariño, ternura; era muy alegre”-. “Hacía de la amistad un culto… Era
muy discreta”. Y al mismo tiempo, era sencilla, modesta: “Nosotras sus
hermanas éramos muy coquetas; ella no. Vivía con sus trenzas y
vestidos blancos o celestes”.
La Guerra civil de 1947.
Desde este año se oscureció trágicamente el horizonte social.
En reclamo de la renuncia del Dictador H. Morínigo y de la vuelta al
orden institucional, estalló la revolución: Se alinearon en ella los
partidos liberal, febrerista y comunista, respaldados por las
guarniciones militares de Concepción y de parte de las del Chaco,
junto con la Marina. Las fuerzas sublevadas llegaron a poner sitio a
Asunción, pero ante la imposibilidad de rendir a un gobierno dictatorial,
defendido por unidades militares leales y por el partido colorado, así
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como apoyado desde fuera de fronteras por el Presidente argentino,
Juan Domingo Perón, los rebeldes se dispersaron y en buena parte se
refugiaron en Argentina, entre ellos don Ramón Guggiari, que se
avecindó en Posadas de Argentina, frente a Encarnación.
Durante el exilio de Don Ramón (1947-1948), Chiquitunga fue la
mujer fuerte que, a sus 22 años, estaba en todos los asuntos de la
casa, como una mujer hecha y derecha:
en el nacimiento de la benjamina: María Clotilde Intiyán…, la
“Hamaruth”;
en el levantamiento de la hipoteca de la casa, que en
cualquier momento podría ser rematada y caer en manos de
“adversarios políticos” que la deseaban, quedando la mamá con sus
seis hijas en la calle. Ambas (doña Arminda y Chiquitunga) se afanaron
por obtener el dinero para levantarla, ¡y lo consiguieron!
Chiquitunga para esos “adversarios políticos”, que incluso le
impedían el acceso a los estudios de Profesorado, no tenía sino
perdón; y para inculcarlo en los demás, compuso una canción, de
pensamiento político cristiano…“Perdón” y “reconciliación” era la
consigna: “Tended la mano a vuestro adversario, - “vuestro adversario
tradicional…”
Jesús, el centro de su amor.
Queremos insistir en este punto, que va a ser siempre la clave
de interpretación de toda su [Link] político y social en nada
disminuyó su tensión contemplativa o apostólica: ni la guerra, ni las
tensiones políticas, ni las estrecheces económicas.
Próxima a cumplir sus 25 años en Villarrica (enero de 1950),
tenía un Ideal, Jesús, al que amaba apasionadamente y al que se
ofrecía virginal e incondicionalmente, según su lema:T2OS. Incluso
“muchas veces... decía: «¡Qué hermoso sería tener un amor, renunciar
a ese amor, y juntos inmolarlo al Señor por el Ideal»”. ¡Un día esto
sería realidad! Pero ignoraba el costo.
Los Guggiari-Echeverría dejan Villarrica.
Don Ramón regresó, al fin, del destierro en Argentina… Claro
que, vejado de diferentes maneras por el “oficialismo”, buscó otro
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asentamiento más tranquilo para sí y, sobre todo, para los suyos, y
en el mes de febrero de 1950 la familia se trasladó a Asunción.
Mucho debió de costarle a don Ramón abandonar sus queridos
pagos guaireños, el cálido nido en el que había formado una familia
hermosa y admirada… Pero las circunstancias políticas se habían
endurecido con el afianzamiento de la dictadura y pensó que en el
anonimato de la capital estarían los suyos más protegidos de posibles
y bajos “desquites”.
CHIQUITUNGA EN ASUNCIÓN (1950-1955).
Llegados los Guggiari a Asunción y domiciliados en el barrio
Sajonia término parroquial de Cristo Rey, Ma. Felicia hizo sin tardar
tres cosas: incorporarse a la A.C. en su Parroquia, inscribirse en la
Escuela Normal N°1, para continuar estudios de Profesorado;
buscar trabajo con que ayudar a la familia, lo que encontró pronto
en la escuela“El Perpetuo Socorro”. E inició al punto la actividad en la
A.C.: en su grupo natural de señoritas (ASAC), en la dirección de
“las Pequeñas”…, que eran su “debilidad” y en el Sector de
Estudiantes de Acción Católica (SEEDAC) establecido en la
Normal. Y como otra de sus “debilidades” eran las jóvenes obreras, se
dio a atender a las “Empleadas domésticas”, que, de 80 a 100, se
reunían en la parroquia de la Encarnación.
Pero además del apostolado organizado en la Acción Católica,
al que Chiquitunga siguió entregada apasionada y fielmente, a nivel
parroquial, diocesano y nacional, desviviéndose por los diferentes
sectores: niñas, señoritas, estudiantes, jocistas, etc., [Link] tenía
el corazón abierto al apostolado personal de todos los necesitados
material o espiritualmente: ancianos, enfermos, alejados,
encarcelados…
En familia, a sus 25 años, Chiquitunga seguía viviendo en
perfecta compenetración con los suyos, a pesar de la “diferente actitud
religiosa” de ellos, especialmente del papá, que se seguía oponiendo,
incluso violentamente, al apostolado de su hija, tanto más que ésta (y
era para don Ramón lo más grave) no secundaba el proyecto de
casamiento imaginado para ella.
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En la vida social siguió normalísima: abierta a todos, amiga y
compañera ideal, expansiva, y generosa… Sabía divertirse y divertir a
los demás, sin perder nunca de vista su entrega radical a Jesús y al
apostolado.
Cada uno de estos acápites daría pie a un desarrollo riquísimo e
interesantísimo, que no podemos abordar por falta de espacio1 y a
favor de lo que constituye el capítulo más apasionante de la biografía
de nuestra “heroína”:
LA “NOVELA ROSA” DE CHIQUITUNGA.
No perdamos de vista que esta “aventura de amor” se abrió en la
primera infancia de aquella “mitacuñaí” diminuta, que frente a la
imagen de María con Jesús en sus brazos y luego frente al Sagrario,
sintió el atractivo encantador de los Corazones de Jesús y de María.
Pues bien. A tres meses escasos de su llegada a Asunción, el
encuentro ocasional con un joven de A.C. preludió una relación
afectiva que se trocó en enamoramiento con las consecuencias
concomitantes.
El encuentro. En una asamblea de A.C. el estudiante de
Medicina Ángel Sauá Llanes, tuvo una conferencia… María Felicia
1
Sin embargo, no podemos omitir una breve alusión a la transformación espiritual
del poeta anarquista Marcelino Valiente, encarcelado por sus ideas. Él mismo relataba cómo
Chiquitunga fue a la prisión a visitarlo y cómo empezó a cambiar interiormente ante sus
palabras. En el poema “Memento” cuenta agradecido las visitas que a él, pobre y enfermo,
yaciendo en un mísero tugurio, le hacía la Sierva de Dios, llevándole consuelo esperanza y fe.
El cambio definitivo se operó cuando una noche vagaba él como desesperado, y
providencialmente se encontró con Chiquitunga en la calle. Esa noche Chiquitunga le explicó
qué es ser cristiano y eso - dice -“dio luz a mi fe, afirmó mi fe definitivamente”. Esa noche
Chiquitunga fue “el puente sagrado y bendito - que utilizó el Padre, Amor infinito, - para
darme gracias, salud, fe y amor”. Marcelino Valiente canta su bravura evangelizadora y la
sintetiza así:
“¡Chiquitunga!, su nombre de batalla,
Terrible, aunque de diminuta talla;
Estudiantes y obreros la admiraron…
Y los pobres, los presos, los enfermos
La tuvieron también por esos yermos
Y por ella su fe recuperaron”.
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sintió una viva sintonía con aquel joven que repetía con entusiasmo:
“A lo único a que tenemos derecho [los socios de A.C.] es al martirio”.
En el descanso, la joven apóstol fue presentada al fervoroso
dirigente, que la conocía de oídas… Esa comunión de ideales produjo
una honda empatía entre ellos y el surgir de un calor de afecto. Él se
ofreció a acompañarla en sus visitas a los barrios marginales, a los que
sería temerario se acercase sola una joven. Y empezaron a pasar las
tardes de los domingos “ayudando a los enfermos de las familias
pobres de Barrio Obrero: yo como joven estudiante de Medicina, ya
casi médico; ella, como maestrita de una escuela de ese Barrio
convertida en «enfermera» en esas circunstancias”.
“Enamoramiento” y discernimiento (1950). “Gradualmente,
casi sin darnos cuenta - dice Sauá -, nuestra amistad fue
transformándose en una atracción mutua…”
En efecto, Chiquitunga se sintió enamorada, y se preguntaba
qué quería decirle Dios con eso.. ¿La llamaba al matrimonio como a
los padres de Sta. Teresita?
A lo largo de 12 meses (hasta mayo de 1951), mientras, por
una parte, seguía viviendo la ofrenda de su virginidad…, por otra, oraba
y esperaba. Muchos advertían que aquel “noviazgo”, carente de
efusiones “románticas”, no tenía características de tal. Sauá mismo,
recordando aquellos días, puede aplicarle los calificativos más
hermosos: “¡Pura, virgen, inmaculada!”
En cambio, el papá de Chiquitunga “estaba feliz, porque creía
que el Dr. Sauá era su pretendiente” . ¡Ya no ponía reparo alguno a las
salidas apostólicas de su hija!
Pasaba el tiempo y Ma. Felicia no acababa de ver claro. Se
decidió, pues, a consultarlo por carta con el [Link]… Y el P. Prieto
respondió, dando “luz verde” al noviazgo y futuro matrimonio… ¡Qué
maravillosa pareja de apóstoles de A.C. podría resultar de ahí! - debía
de soñar el [Link]. Eran ya los primeros días de mayo de 1951.
Pero justo por esos días Sauá reveló a Chiquitunga“su
secreto”: tenía el pensamiento, aprobado ya por su confesor el P.
Bogarín, de ser sacerdote…, y un plan: terminada su carrera de
Medicina, iría a un posgrado en Madrid, y allí diría su última palabra…
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La reacción de Chiquitunga fue admirable: “Lo escuchó con
atención, lo comprendió, lo aceptó con admiración y me prometió…
que haría todo lo posible para ayudarme a realizar tan sublime deseo.
«Estaré a su lado1, día y noche, rezando y ofreciendo mi vida, para
que Ud. pueda ser, si Dios lo quiere, un santo sacerdote - me decía -,
y si no podemos unirnos aquí en la tierra, nos uniremos un día en el
cielo, al fin de los tiempos»”.
Sublimación del amor (1951).
Desde ese momento - escribe Sauá - “nuestra relación se
sublimó así en un verdadero «amor místico», privado de todo
componente erótico y, conscientemente, acordamos presentar nuestra
situación ante el ambiente familiar y social que nos rodeaba, como si
fuese una «normal relación sentimental» entre dos jóvenes de nuestra
edad… Así, por ejemplo, una vez…, después de haber donado nuestra
sangre para la intervención quirúrgica [de una enferma de cáncer], me
escribió [Chiquitunga] una conmovedora carta, en la cual me decía que
«nuestra sangre que debía mezclarse en las venas de un hijo, se
había mezclado en el corazón de un pobre»”. ¡Huelga el comentario!
A lo largo de 1951 se les fue clarificando el designio de Dios, y el 1 de
octubre los dos jóvenes hicieron su “desposorio místico”: se unieron
espiritualmente en el Corazón Inmaculado de María, para, a través de él,
entregarse a Jesús. ¡La suerte estaba echada!…Sauá partiría el próximo
otoño (abril de 1952) a completar estudios en Madrid y… tomaría allí su última
decisión.
La víspera de la partida, Miércoles Santo, hicieron ante Dios el
compromiso de separación…
“Comprendí bien, y porque lo quería en verdad [a Sauá], que la sublimidad
de su ministerio era insuperable. Por eso es que quiero decir, Señor, que fue
precisamente el amor el que me llevó a actuar así”. .Como recordatorio del
compromiso, Ma. Felicia regaló al “amigo” que se iba un conmovedor
dibujo de ella misma abrazada a la Cruz, entregándolo a Jesús para
sacerdote suyo.
La separación (1952).
1
Chiquitunga, en su trato con Sauá, precisamente para mantener “distancia”, nunca le tutea,
niu por escrito ni de palabra, a pesar de que él la tutease a ella.
16
El Jueves Santo, 10 de abril, de mañanita, ante un grupito de
amigos de A.C., Chiquitunga y Sauá se daban un doble y fuerte abrazo
de despedida… ¡hasta la eternidad! Arrancó el viejo ferrocarril…Era la
consumación del sacrificio… No volverían a verse en este mundo.
Ma Felicia sentirá desde ahora su vida íntimamente
vinculada a “su sacerdote” y a todos los sacerdotes. Escribía
entonces: “Días semejantes por los que estoy… pasando… sólo sabrán
valorarlos aquellos que… hayan pasado estos instantes inigualables
de felicidad, por aquello de que el «primer paso» es el comienzo «del
fin»”.
Pero, en realidad, comenzaban unos meses de “soledad
insegura”, ya que en el plan concebido quedaban muchos “puntos
oscuros”: su propio futuro (¿cómo y dónde realizar ella su
consagración?); el futuro de Sauá (¿perseveraría?); la reacción del
padre sirio musulmán de Sauá sería terrible; la de don Ramón, tan
ilusionado con el “supuesto noviazgo” de la hija, no era difícil de
sospechar; en fin, estaba el problema de su propio corazón…
Ella misma recuerda su modo admirable de reaccionar: “Cuando
a veces quiero ponerme triste, me sobrepongo… con el pensamiento
de la Providencia…, y termino con un canto de Acción de gracias”.
“Que se cumpla, Señor, tu voluntad y no la mía”.
El apoyo de la M. Teresa Margarita.
En medio de esta inseguridad, Chiquitunga necesitaba una
dirección espiritual que no tenía, tanto más que, durante el mes de
junio, se recrudeció su “crisis afectiva”, y en julio y agosto se llegó a
resentir su salud…; todo lo ofrecía por Sauá, para“respaldar su
sacerdocio”. .Al finalizar la nota de su Diario la noche del día 19 de
agosto, nada hacía prever lo que iba a acontecer el día 20.
Y fue que le dijeron que la M. Priora del Monasterio carmelita
recién fundado en Asunción había sido internada en el Hospital
Español… No iba a ir…, pero fue y ,“ gracias a ello, hoy cuento con
una madre que ¡ha de recordarme siempre! Como hace mucho tiempo,
hoy he sentido nuevamente esa protección que tanto me parece
necesitar”. Chiquitunga se había abierto y desahogado… Una frase de
la Carmelita se le grabó profundamente: “Sólo debo preocuparme de
que mi amor se centre de nuevo todo en él”.
17
Al día siguiente, releyendo las últimas palabras, le parecieron
sonar a que había “habido un paréntesis entre mi anterior amor a Dios,
luego el período de mi amor humano, y otra vez encauzar mi amor a
Dios…” Puede “que algo de eso haya…- dice - Pero no es menos
cierto que, durante este período de casi dos años y más, este amor
humano haya sido el móvil que me llevara a mi Dios”. ¡Admirable!
“¡Señor!, Tú que conoces a fondo el pecho mío, ¿verdad que no he
ofendido a tu amor con este amor?” . No; nunca le ha ofendido con su
amor a Sauá..
Desde este día desaparece para siempre en la Sierva de Dios el
sentimiento de “soledad”.
Espera y llegada de la carta de Sauá.
Los siguientes van a ser meses de espera tensa, porque si
Sauá desistiese de su propósito, ¿qué le querrá decir Dios con ello?
Pero entretanto profundiza su vida cristiana en todos los aspectos…
Incluso aflora cada vez con más fuerza su antigua idea de entrega total
a Dios en “vida religiosa”. Le escocía la saeta que la Carmelita le
había dejado clavada en alma: “Que mi amor se centre ded nuevo todo
en Él”. Por eso, para vivir integralmente ese amor, “quisiera estar ya
en mi lugar definitivo, libre de estas cosas que me atan, y vivir la
plenitud de una vida integralmente ofrecida!” Estaba apuntando la
vocación al Carmelo.
Espera tensa, pero espera reflexiva y activa… No era la actitud
de un amor humano “obsesivo”, sino la de un “amor cristiano” que,
desde el amor a Dios sobre todas las cosas se preguntaba
reflexivamente cuál era la voluntad de Dios sobre ella…; y por eso
nada en ella igualmente de languideces románticas, sino impulso de
voluntad para buscar en todo la gloria de Dios.
Su intimidad orante y su apostólica en este tiempo asombran :
bien en “el movimiento SEEDAC [que] está en plena marcha”, bien en “el
Consejo arquidiocesano de la ASAC., para un «reajunte necesario»”, bien
promoviendo “en [la parroquia de] San Roque un nuevo grupo de obreras,
semejante al de la Encarnación”, bien procurando “conseguir cama en el
hospital” para “Francisquita [una enferma pobre de Villarrica]” (ib.4), o
visitando a la viejecita Gaby enferma…, u organizando la Concentración
estudiantil de SEEDAC (Csa 4, 4)…
18
Especial relieve tienen en esta temporada las “luchas estudiantiles”,
en las que la Sierva de Dios participa con fortaleza y espíritu cristiano; y
sobre todo, está empeñada en las diferentes actividades de A.C.: los
niñitos de la Cruzada, las “Pequeñas” de la ASAC, la campaña de la Pureza
con las obreras de las fábricas de tejidos de la parroquia… ¡Ah! ¿Y la larga
preparación de un mes y ejecución detallista de la Primera Peregrinación de
jóvenes (unos 1200) al Santuario de Caacupé el 22 de septiembre?… ¡Y esto
es sólo un botón de muestra del ardor apostólico de aquella muchacha
cristiana de veras!
La carta esperada de Sauá le llegó el 16 de noviembre. El
joven doctor, ya en Madrid, “convencido más que nunca - dice él
mismo - de mi intención de ingresar en el Seminario”, se lo
comunicaba a Ma. Felicia, que ese día en su “DiarioA” rebosa felicidad
y se ofrece por el sacerdocio del “amigo” y por todos los sacerdotes
con total generosidad: “Que sea un ministro más que nada santo…
¡Aunque yo no lo vea en este mundo, Señor! Toma, toma mi vida; yo
te la entrego, Señor… Hasta quisiera pedirte (y sí te lo pido, Jesús)
que, si tuviera que desdecirme, me enferme con lo que sea, con tal
que mi vida sea una inmolación constante, una inmolación continua por
mi Sacerdote y por todos los Sacerdotes del mundo” .
El desenlace de esta “Novela rosa” podría parecer ya próximo,
pero, en fuerza de los varios “puntos oscuros” ya recordados, se iba a
prolongar más dos años, en los que la Sierva de Dios seguirá
cumpliendo generosamente su lema: T2OS… en amor: “¡Señor! Calma
mis ansias de amarte, amarte hasta el delirio, amarte hasta la
muerte”. Pero la asaltan también incertidumbres. Todas las supera
echándose con confianza en los brazos de Dios. “Quisiera poder en
todo y siempre decir: ¡SÍ, PADRE!, conformando a Tu divina voluntad
mi pequeñita voluntad” . Para descubrirla, anhelaba unos Ejercicios
Espirituales, dejando de lado por unos días su actividad desbordante…,
por más que escriba precisamente por estos días: ”Con el
temperamento que tengo, ¡estar quieta me mata!”.
Ejercicios espirituales (enero de 1953) . ¡Ser religiosa!
Fueron ignacianos, bajo la dirección del P. Ramón Bogarín… Al
día siguiente de concluirlos (el 12 de enero, cuando cumplía 28 años)
19
escribía: “Señor, una nueva etapa de mi vida, ofrecida integralmente a
tu santo servicio, alabanza y reverencia… Haz que hagamos realidad
solamente tu Voluntad” . Y Dios le pide “entregarse en cuerpo y alma al
Divino Esposo en un convento”. - ¡”En un convento”! ¿Será capaz?
Sí, con la gracia de Dios. La decisión estaba tomada.
Pero ¿dónde?. El 1953 va a ser un período de reflexión, oración
y busca del lugar que Dios le tiene reservado… en la Iglesia.
La divulgación del “secreto” tuvo, por fin, lugar luego de un
mes de descanso en el Guairá. A su regreso se encontró con carta de
Sauá y en ella con una frase decisiva: “¡No veo la hora feliz de mi
ingreso al Seminario!”. ¡Había llegado el momento de revelar el
“secreto”!
El día 17 de febrero durante el brindis nupcial de la prima
Yaya,“entre bromas y veras … les hice leer [a los presentes] el
pedacito… Casi se caen de espaldas” . ¡Estalló la bomba!
La oposición familiar fue durísima: le reprochaban que no había
sabido ganarse al muchacho que la festejaba, que la habían
embaucado los curas, etc.
La oposición del papá de Sauá se descontaba, pues ¡estaba tan
encariñado con aquella futura “nuera”! Ma. Felicia valientemente viajó
a darle la noticia cara a cara y poner una mirada de fe que le
apaciguase. Pero don Manuel amenazó con volverse solo a su patria,
Siria.
Pronto le llegó a Sauá noticia del despropósito que el papá
imaginaba y volcó su angustia en Ma. Felicia. Quisiera - le decía con
frase de Ganivet- “«arrancar el corazón, arrojarlo lejos y poner en su
lugar una piedra»”. “No, no hay por qué - le responde ella - …
Cámbielo, cámbielo, hermano mío, con el Corazón de Cristo, o junto
al suyo ponga ese Corazón que tanto ha amado a los hermanos, y todo
se arreglará. ¡Verá Ud., Sauá, qué dulzuras y qué consuelo!” Y le
asegura: “¡…No se encuentra solo en la lucha!”
Pero a solas le asaltaba la inquietud: ¿Y si Sauá se echase
atrás, que haría ella?… Y se respondía con respuesta orante:
“Ayúdame, Jesús mío, a aceptar plenamente con alegría Tu Voluntad,
¡sin inquietarme!, a recibir con calma todas las pruebas, a no
20
impacientarme con la no respuesta insistente… ¡Qué queréis, Señor ,
de mí!”.
En los últimos meses del año el horizonte familiar de Sauá se
ensombreció sin esperanza. Don Manuel, en el paroxismo de su
rechazo, cuenta Sauá: “expulsó a mi madre y a mis hermanos de casa,
inició una causa de separación matrimonial, agredió con violencia
verbal y, según parece, también físicamente, al [Link]ín…” E inició
los trámites judiciales para disolver el matrimonio…, si no regresaba el
hijo de Roma. “El único consuelo externo, en esos meses infernales,
me venía de la buena Chiquitunga, que… me escribía con frecuencia,
haciéndome llegar palabras de aliento y comprensión, que me
estimulaban a seguir adelante…”.
Por su parte, la Sierva de Dios llegó a preguntarse, si, con esos
acontecimientos, no estaba Dios mostrando que el camino para Sauá
no era el del sacerdocio…Y desde la total sublimación de su afecto,
confiesa: “Me imaginé muchas veces su regreso, pero nunca pude
sinceramente ver con felicidad, aun la más escondida, nuestra unión
en el matrimonio”.
La Noche Buena de 1953 fue una “noche oscura”, en la que
Chiquitunga renovó en fe y esperanzasus “votos de consagración total
al Señor”, y escribía: “[Estoy] segura, sin embargo, de que después de
esta borrasca, llegará el inigualable día de bonanza”. Era “esperar
contra toda esperanza”
¡“El milagro de Reyes”!
¡Todo parecía perdido!… Pero “¡después de la borrasca, la
calma…, o mejor, después de la Prueba de Dios, el premio, hermano
mío, ¡y como por milagro! - escribe ella misma a Sauá el 7 de enero de
1954. En efecto,“después de la segunda ida del Dr. Aveiro a Arroyos
(para la disolución de la sociedad conyugal), vino su papá a Asunción
a arreglarlo todo pacíficamente, no sin antes hacerlo con su santa
mamá… ¡Y es en verdad un milagro, Sauá!” (Csa 44,1-2).
Ejercicios Espirituales de 1954. ¡Será carmelita!
21
Tras el “milagro de Reyes”, Chiquitunga se adentró serena, el
17 de enero, en unos Ejercicios espirituales, que iban a ser definitivos.
Ma. Felicia percibió que el Señor le pedía quebrar su vaso de
perfumes a los pies del Maestro, como la pecadora, y dar su Sí a la
Palabra de Dios, como María, para “concebirla” y gestarla… Sabe
que, cuando “tenga que nacer esa entrega”, “ese Jesús de la gracia”
con una nueva presencia en su vida carmelita, María le enseñará “a
cuidarlo y amarlo”, y así enseñada, “no será tan difícil que lo sepa
acunar” .
Así salió Ma. Felicia de los Ejercicios, resuelta a entregarse
enteramente a Dios en cuerpo y alma en la clausura. “¡Todo Te
Ofrezco, Señor!”
La espera orientada al Carmelo, se suponía no sería
demasiado larga… Pero en realidad faltaba todavía un año, en el que
Chiquitunga siguió viviendo su esperanza:
en tensión apostólica, pues además de volcarse a la acción,
derrochando imaginación y valentía en nuevos proyectos, este año
participó dos veces en misiones al interior de la República1;
1
El ansia contemplativa de la clausura carmelita, no mermaba su entrega generosa
y constante al apostolado, sin remitir un ápice en ninguno de los campos de su actividad hasta
que llegase el día de su entrega total…. Dos campos apostólicos la entusiasmaban en estos
días especialmente: la evangelización de los trabajadores: la SETAC (Sección Especial de
Trabajadores de A.C.), y de un modo singularísimo, “la ¡JOCF!, la Joc femenina”. Es decir
que casi en vísperas de su ingreso en la clausura, había conseguido, por fin, lo que tanto había
soñado desde sus tiempos de Villarrica: la JOC femenina… ¡Llevaba tan en el alma a las
jóvenes trabajadoras!
Una compañera (Nélida Amábile Cabrera) recuerda “sus frecuentes participaciones
en las reuniones de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), sobre todo, el 1° de Mayo, día del
trabajador, en que recorría las distintas manifestaciones y festejos que se hacían con ese
motivo, incansablemente, a pesar del calor tremendo de esos días, desde la mañana, durante
la siesta y la tarde. Ella era una obrera más, con su habitual vestido celeste, sus trencitas y
la imborrable sonrisa que iluminaba su rostro…”
Y la misma refiere una anécdota que habla de su coraje y valentía en toda
circunstancia: “En una ocasión, cruzando la Plaza Uruguaya de nuestra capital, de regreso
del local de Acción Católica…, me encontré con ella, que llevaba bajo el brazo varios rollos
de cartulinas. Cuando le pregunté qué era eso, me contestó como quien lleva el trofeo
después del triunfo, que eran los calendarios pornográficos que había conseguido rescatar,
cambiándolos por otros con flores o paisajes, de talleres de chapería de autos, herrerías,
composturas de zapatos y otros lugares semejantes, a cargo de hombres rudos y hasta
22
en vida espiritual sencilla: de continuo diálogo teologal con
Dios en fe, esperanza y caridad, alimentado en sus velas nocturnas y
en sus vigilias ante el Sagrario, incluso con un toque de ternura
mariana, como consecuencia del Año Mariano 1954;
en relación con Sauá completamente sublimada: recortando su
correspondencia a sólo dos cartas al año. “Es necesario sustraerse a
todos y a todo, para que la entrega pueda ser hecha con
desprendimiento y generosidad”. “Sólo puedo asegurarle que tengo
una sed devoradora de entrega”.
Pero como el papá seguía inflexible; sólo a primeros de
diciembre, por fin,…cedió: “Ella lo expresó con delirante alegría” -
recuerda Freddy y seguro que corrió a las Madres Carmelitas, a pocas
cuadras, a darles la alegre noticia… Y se convino que la fecha de
ingreso fuese el 2 de febrero: ¡El día del Ofrecimiento de Jesús a la
Voluntad del Padre por manos de María!
Las despedidas
El 12 de enero (cumplía 30 años) fue la despedida familiar.
Ambiente calmo, pero de emoción intensa. El papá “con el corazón en
los ojos y en la voz, hizo el brindis… A mis ruegos, su llanto se tornó
en risa, y pidió a Dios le hiciera comprender el misterio de su
voluntad” .Pocos días después fue la despedida a Sauá mediante
una última carta, que concluye en arenga ardiente: “Dios nos ha
ayudado, especialmente a mí; y hoy, feliz como nadie, ¡puedo
ofrecerle con más seguridad mis oraciones por su Ideal! ¡Adelante,
hermano mío, - que si dura es la jornada, - en la cumbre está la meta
- en la que habemos de llegar; - y en su cima está la palma - para
todo aquel que llegue - con los brazos puestos en la Cruz! -
¡Ayudémonos, que es áspero el camino, - y vayamos con María hasta
triunfar!”.
violentos a veces. Cuando la escuché, le pregunté cómo se animaba a hacer semejante
hazaña y cómo no les tenía miedo [a aquellos hombres]; a renglón seguido agregué: «Yo no
me animaría a hacerlo»; a lo que ella me contestó: «Si yo me animo, ¿por qué no te vas a
animar vos?»” ¡Si era tan sencillo ese apostolado!
23
Y el adiós: “Sauá, hermano mío del alma, ¡hasta la eternidad!”
Y así fue. No volvieron a verse ni escribirse. La Sierva de Dios,
sumergida con María en el Corazón Eucarístico de Jesús, no volverá a
mencionar nunca al “amigo” en sus ya escasos escritos. ¡Inmolación
total del amor humano, para entregarse sin límite al Amor divino!
CHIQUITUNGA EN EL CARMELO (1955-1958).
En la mañana del 2 de febrero, la Sierva de Dios, todavía desde su
casa, escribió en el dorso de una estampita dedicada a una amiga “En este
momento de tanto gozo, sólo esto es mi alimento: Amar a Dios hasta la
consumación de todo mi ser”.
De tarde, una tarde calurosa, la familia Guggiari Echeverría, amigos y
simpatizantes se agolparon frente a la puerta de clausura del humilde
Carmelo… La Sierva de Dios, vestida con su característico guardapolvo
blanco, centraba las miradas. Últimos abrazos… Sollozos…
Ma. Felicia avanzó sonriente hacia la puerta reglar…, que se cerró
tras ella, mientras la hermanita Hamaruth sollozaba: “¡Chiquitunga!,
¡Chiquitunga!” Ella entretanto, ya dentro, iba abrazando una a una a sus seis
nuevas hermanas, e inmediatamente, prisionera ya del Amor, era llevada
ante el divino Prisionero del Sagrario. Se llamaría Ma. Felicia de Jesús
Sacramentado. ¡Sería enteramente de Él y para Él!… ¡Amar! Éste sería en
adelante su “oficio”: “…Ni ya tengo otro oficio, - que ya sólo en amar es mi
ejercicio”.
Postulantado.
El 20 de febrero, en plena “luna de miel”, escribía:“Hace
exactamente 18 días de constantes e ininterrumpidas horas de gozo en este
Santo Carmelo, en el que Dios Nuestro Señor, con infinita misericordia, me
eligió, y tiemblo, en verdad, al decir esta palabra, conociéndome ruin y
pecadora como soy”.
Se sentía plenamente feliz en el encuentro contemplativo con el
Amado, y lo expresaba en su rostro, palabras y ademanes. Una religiosa
antigua solía decir: “Dios nos mandó a la Hna. María Felicia para poner una
nota especial de alegría, con su sonrisa y sus ocurrencias, en la estrechez
de aquella primera casita de c/ 15 de Agosto”. Su sonrisa era flor perenne, y
en sus “apuntes”(un humilde y único cuaderno que le bastó para sus 4 años
de carmelita) es lo que deja traslucir sobre todo. Nadie podría sospechar
24
detrás de su sonrisa y de las poesías alegres y fraternales, la tormenta que
había empezado a agitar a la “poetisa”.
En plena “noche oscura”.
La oscuridad del espíritu, (inseguridad y dudas), se fue agudizando
hasta convertirse en la “noche” más cerrada que nunca había padecido. Se
preguntaba: “¿Quiere Dios de mí que me encierre de por vida en el Carmelo,
habiendo tanto, tanto que evangelizar en el mundo?” La [Link] y el
confesor recibían sus confidencias y algo se traslucía a otras hermanas.
Pero lo más denso de la “noche del espíritu” la esperaba durante
los Ejercicios Espirituales para la toma de Hábito. Sentía la angustia de estar
traicionándose a sí misma, “convencida” de que no tenía vocación; debía
salir, y si no salía, era por ser “cobarde”.
El día 9 de agosto, resuelta ya a vencer su “cobardía”, recurrió al
confesor, quien le exigió una decisión final… Ella le sugirió “echar a
suertes”… y el confesor aceptó. La Priora se sometió al procedimiento. Se
escribieron dos cédulas… Oraron ambas (Priora y postulante) delante del
Sagrario, y luego Ma. Felicia, a los pies de la imagen de María, sacó una
cédula y la llevó al confesor. Decía: “Quiero morir en el Carmelo”.
Así triunfó la Hna. Ma. Felicia sobre su inseguridad confiándose a la
voluntad del Señor…, manifestada con procedimiento tan discutible. La
consigna de ese día fue: + “Morir + enséñame a morir”; y la completó en
días sucesivos:: Morir para Vivir y Vivir para amar”.
El día 13, aun sin salir de la “noche oscura”, el espíritu de la
Sierva de Dios aparece afirmado en lo esencial: en los “deseos grandes,
grandísimos de hacer la Voluntad de Dios y nada más” y rebosante de
gratitud por la noticia que ha recibido: “La confesión [sacramental] de mis
queridos papá y mamá, y la de que mañana todos me acompañarán en la
Santa Misa y Comunión”. Por fin; ¡tanto había orado por ello!. Comenta una
de sus hermanas: “Su primer milagro, podríamos decir, fue que papá se
llegó a confesar y comulgar cuando ella entró monja”.
De la toma de Hábito (día 14) tenemos sólo el acta, pero también un
testimonio gráfico: las diecinueve fotos espléndidas que se pudieron obtener
a través de la estrecha ventanilla del comulgatorio. Se ve a Chiquitunga en
plenitud de entrega y de felicidad… Ese día comenzó el año de Noviciado.
Su formación religiosa carmelita quedó en manos de la M. Teresa
Margarita, Priora y Maestra, que representaba el estilo más auténticamente
teresiano, en fidelidad, suavidad y caridad. La Biblia, la Regla y
25
Constituciones y las obras de los Santos Padres Teresa y Juan (éste sobre
todo) constituyeron los puntales de su formación carmelita.
La Maestra le imbuyó el espíritu “eremítico” primitivo renovado por
Santa Teresa, y con él el amor a soledad de la celda en recogimiento y
silencio.
La que vivía ya antes en diálogo teologal permanente con Dios, lo
intensificó, si cabe, en el monasterio, abierta a un horizonte contemplativo
universal, con una predilección singularísima por el sacerdocio, al que había
sacrificado todo…Precisamente el año 1956 fue declarado por la Iglesia del
Paraguay como “Año Vocacional Paraguayo”.
Pronto el número de novicias se duplicó: ya eran cuatro… ¡A
tope! Así tuvo ocasión de manifestar su “carisma” o nota
característica: la caridad alegre, siempre vivaracha y juguetona…,
pero, al mismo tiempo, la caridad abnegada heroicamente en la
pobreza y estrechez de aquel diminuto monasterio.
Podemos admirar también la intensa vida mariana, con que vivía su
vida carmelita la Hna. Ma. Felicia: “Bajo el manto de María, muy cerca.
Unida a Ella”1.
Profesión religiosa o “desposorio” (15.08.1956).
La [Link] Margarita lo resume todo en tres líneas escasas sobre el:
Noviciado, la aprobación para emitir los votos y el acto de la profesión por 3
años: “Su año de Noviciado lo pasó como era de esperar de su generosa
alma para con su Dios: no negándole nada de cuanto el Señor le pedía; así
que no había dificultad de que nuestra C[omuni]dad la admitiera a la Profesión
simple, que tuvo lugar el 15 de agosto del 1956”. Hubo naturalmente un
acta…, y nada más sabemos.
Sin embargo, fue la entrega definitiva y para siempre de la Sierva de
Dios al Amor… Emitida canónicamente por 3 años, en la mente y corazón de
la profesa tenía fuerza de eternidad: ¡para siempre! Y así iba a ser, pues
antes de expirar el plazo prometido (3 años), se uniría al Amado por toda la
eternidad.
La vida de profesa temporal la continuó la Sierva de Dios en el
Noviciado en continuación del régimen formativo ya conocido, y se
extendería durante dos años, hasta el 15 de agosto de 1958 ya en el
monasterio nuevo de Manorá, cuando se incorporase a la Comunidad de
profesas perpetuas a prepararse (“engalanarse”) para la Profesión Solemne o
1
Apu. III, C, 8.
26
perpetua. ¡Qué no daríamos por conocer el crecimiento espiritual de la Hna.
Ma. Felicia en estos años!… Pero no escribió nada…, nada.
El año 1958 fue el más cargado de acontecimientos significativos y
el último de su vida entre las Hermanas, pues apenas comenzado el año
1959, iba a comenzar su subida al Calvario fuera de la clausura, en los
Hospitales.
Acontecimiento importante fue la enfermedad del P. Juan [Link],
su querido director espiritual. Un tumor cerebral le arrebató rápidamente la
vista y una operación de éxito relativo le estaba ocasionando penosas
dificultades. El 5 de mayo escribió a sus amistades una carta circular que
reflejaba la actitud admirable de su espíritu. La Hna. Ma. Felicia transcribió
los párrafos más notables.
El ejemplo del antiguo director la animaba a entregarse enteramente a
la Voluntad de Dios, a pesar de las posibles repugnancias de la naturaleza, y
a hacer de su vida una Misa: un sacrificio unido al sacrificio de Cristo en la
Cruz y en la Eucaristía. Y a fe que antes de un año, la Sierva de Dios llevaría
a la práctica esa lección y se adelantaría al P. Prieto en el ascenso a la
Gloria a través del Calvario1.
Por esos mismos días (10 de mayo) tuvo lugar el traslado al
monasterio nuevo en Manorá, a las 4 de la madrugada. Por fin iba a
saborear las delicias de la “celda carmelita”. “…En soledad la guía - a solas
su Querido, - también en soledad de amor herido”.
Cierto que los Guggiari, todos, grandes y chicos aprovecharon su día
mensual de visita, que fue el día siguiente. No había clausura que les
impidiese acercarse físicamente a su querida “Chiquitunga”; la podían
abrazar, conversar sin rejas interpuestas, fotografiarse con ella…
El 25 mayo se estableció la Clausura provisoria; el 5 de junio,
jueves, se trasladó el Sagrario a la Capilla pública, y el 16 julio…, se puso la
¡CLAUSURA PAPAL!. ¡Como pez en el agua!
Otro acontecimiento singular fue la Visita del [Link], Anastasio
del Smo Rosario: 23-24 de junio. El P. Anastasio (años más tarde Card.
Ballestrero) lo visitó todo, lo observó todo y platicó amplia y fervorosamente
a la todavía pequeña comunidad de carmelitas. La Sierva de Dios,
profundamente impresionada por la enseñanza vigorosa y exigente del
[Link], apuntó algunas de sus consignas más características.
1
Ape. A, 1, Bb.
27
El acontecimiento más decisivo para la Hna. Ma. Felicia en este año
fue su “salida del noviciado” e incorporación a la Comunidad el 15 de
agosto, para que las Capitulares la conociesen mejor y pudiesen dar su
parecer cuando se tratase de admitirla definitivamente a “la compañía de las
Hermanas".
Pero también fue importante que en el nuevo y amplio monasterio el
grupo de religiosas llegó a contar pronto con catorce miembros. Aquellas
jóvenes de entonces son las que nos hablan ahora de la Sierva de Dios en
este último año de su vida: su fidelidad, su fervor, su mortificación y,
sobre todo, su caridad, servicialidad y alegría. Se creó en torno a ella una
verdadera “fama de santidad”.
Llegó el tiempo de Adviento y luego las Navidades. Nadie que la viese
celebrándolas como solía, con íntimo gozo y con su sonrisa habitual, podría
adivinar la cruz que estaba llevando: Su hermana Mañica, la compañera
inseparable de infancia, había sido internada con una hepatitis infecciosa…,
de pronóstico muy grave. El día 7 de enero fallecía Mañica. ¡El golpe fue
durísimo…!
“VEN DESDE EL LÍBANO, ESPOSA MÍA, VEN”(1959).
La ENFERMEDAD: “La Voz de mi Amado” (Cant. 5,2).
La M. Teresa Margarita resume así, con visión de fe, el
comienzo de la enfermedad de la Hna. Ma. Felicia: “Preparándose con
una vida netamente carmelitana estaba nuestra querida Hermana para
la profesión Solemne, cuando le sorprendió la voz de su Dios, que la
llamaba para sus bodas con el Cordero Inmaculado; pero serían en el
Cielo”. La novia estaba ya aprontada para la Boda.
Y continúa la M. Teresa Margarita: “En enero de este año 1959
fue atacada de la tremenda enfermedad “hepatitis”. Llamado el
Médico, éste declaró la urgente necesidad de que fuese internada en
una Clínica; nueva prueba que sufrió esta alma sacrificada con gran
resignación”. La primera internación fue en el Hospital de la Cruz
Roja (enero-febrero).
28
El joven Dr. Freddy Guggiari, que acababa de sentir la dolorosa
frustración de no poder salvar a su hermana Mañica de la misma
enfermedad, se empleó igual que los otros facultativos y especialistas,
a fondo. La enfermedad resistía, pero, al cabo de un mes largo,
pareció remitir y la Hna. Ma. Felicia fue dada de alta. Regresó gozosa
al monasterio comenzada la Cuaresma, con consejo médico de mucho
reposo. Pero presentía que no iba a llegar al día de su Profesión
Solemne… “¡Tanto como la deseaba!”
La última Semana Santa.
¡El día de Miércoles Santo, hubo una grande y gozosa
novedad!: la Hna. Ma. Felicia “fue dada de alta por los médicos”. Por
eso “pidió (y obtuvo) que se le permitiera asistir a los cultos de Semana
Santa, cantando los Maitines y la Vigilia Pascual, ya que tenía una
buena voz y fino oído y era muy fervorosa en las divinas alabanzas”.
Las Hermanas la creyeron curada.
El Viernes Santo, en el silencioso recogimiento de este día,
apareció el primer síntoma de su definitiva subida al Calvario:
cuando se acercó a comulgar, el celebrante advirtió en la lengua de la
comulgante un moretón… Escribe la [Link] Margarita: “ El Viernes y
el Sábado Santo, comenzaron a presentarse en el cuerpo unos
derrames que parecían producidos por golpes… El domingo de Pascua
avisamos a su hermano médico, quien, al siguiente día [lunes de
Pascua, 30 de marzo] vino con el Doctor que la atendiera
anteriormente, diagnosticando tratarse de una púrpura”. La
hospitalización era urgente…
Una connovicia recuerda el momento emocionante de la
partida el día 31: La Sierva de Dios sonriente y serena, “ parecía
estar consciente de que estaba en sus últimos momentos; se la veía
en paz…, tranquila, feliz - diría yo”.
En el Sanatorio Mayo.
No habiendo lugar disponible en la Cruz Roja, fue llevada al
Sanatorio “Mayo”, clínica privada a la que Freddy estaba vinculado
como médico.
29
Y aquí, la que hacia cuatro años no escribía carta ninguna,
ahora, al verse “desterradita” de su amado monasterio, escribió hasta
ocho preciosas cartas a la [Link]: cuatro desde el sanatorio Mayo y
otras cuatro desde la Cruz Roja. Gracias a ellas, podemos seguir el
proceso de su enfermedad: los acontecimientos exteriores y las
disposiciones admirables de su espíritu.
Las cartas desde el Sanatorio “Mayo” (del 2 al 4 de abril) nos
muestran la oblación de sus sufrimientos por los sacerdotes - ; la
vida carmelita en silencio y oración que procuraba en el lecho,
siguiendo desde él el cronograma conventual de rezos comunitarios
desde las primeras horas de la mañana, cuando su corazón se
orientaba tempranito hacia “su” Jesús Sacramentado; - su
disposición de total obediencia a las órdenes de los médicos de
comer, a pesar de su total inapetencia, “todita” la comida que le servían
Así llevaba la Sierva de Dios su enfermedad en continuo
ofrecimiento de sí y en “acción de gracias” por todo.
Su anhelo era regresar cuanto antes al monasterio, a prepararse
a la Profesión solemne ya cercana, para poder seguir su vida
carmelita, entregada “a solo Él como en otro tiempo, y a la Santa
Comunidad y ¡por ellos, los sacerdotes, las almas todas del Cuerpo
Místico de Cristo!, ¡por la Iglesia, Madre mía!”.
Un gran acontecimiento tuvo lugar el día 4: la visita del
[Link], Ludovico de la Virgen del Carmen, quien, durante su
Visita Canónica a las casas de América, la realizó al monasterio de
Asunción. No fue larga la conversación, pero lo suficiente para que el
[Link] exclamase al salir: “¡Es otra Teresita!”
Cuando en vez de volverla al convento, se decidió su traslado a
la Cruz Roja, sospechó ya su gravedad…, y su reacción fue la de
siempre: acción de gracias y ofrecimiento total de sí misma:
“Gracias, Jesús, ¡todo sea por tus Ministros, la Iglesia, la Orden,
nuestra Comunidad, Vuestras Reverencias, Madrecita, y, en fin, por
todas las almas!”.
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Al Hospital de la Cruz Roja fue trasladada, en efecto, el día
10, viernes. Los más variados sentimientos, siempre en subordinación
a la Voluntad de Dios, se entrecruzan esos días en sus cartas: ansia
inmensa de que la lleven al monasterio; deseo de sanar para poder
servir como una verdadera carmelita descalza; presentimiento de que
Jesús la va a llevar pronto y, sobre todo, ansia de amor: “¡Tengo sed
de su amor! Un ansia extraña de entrega total, de inmolación
silenciosa y escondida; ¡sufro, como no puedo darle a entender, este
destierro! Cada día me parece más verdadera mi vocación, y la amo
como solo Dios puede saberlo!”
La [Link] Margarita, que sabía el avance inexorable de la
enfermedad, dice: “Pedí a los médicos trasladar a nuestra enferma al
Monasterio, pues ya que la ciencia nada podía hacer, pudiera estar
asistida espiritualmente por sus Hermanas. Pero a esto se negaron los
facultativos, alegando… que la violencia del viaje pudiera precipitar el
desenlace. En tan difícil emergencia, resolví se le administraran los
Santos Sacramentos…”.
El “Sacramento de los enfermos” (18 de abril). ¡Había que
decírselo!… Pero ¡fue todo tan natural y sencillo! Ella misma lo
cuenta a la M. Priora, dándole “la grande y hermosa noticia de que
ayer, por la Inmensa Misericordia Divina, Monseñor Moleón me
administró el Sacramento de los Enfermos: ¡la Extremaunción!… con
toda el alma, paso a paso, ¡fui siguiendo todo cuanto se me hacía!
Estaba con tanta paz y felicidad, que no cabía en mí de gozo!… En la
unción de los sentidos me emocioné tanto, Madrecita mía, que
interiormente sólo Jesús sabe lo que pasaba… Yo gozaba con tanta
intensidad, que sólo una idea me llenaba toda, y era que en brazos de
Nuestra Madre Santísima…, me dejara conducir con un Fiat sincero y
generoso a lo que Jesús de mí quisiera. ¡He aquí Jesús a tu pequeña
esposa!” . “Tu pequeña esposa!” ¡Pronta para la Boda! ete
El día 20, lunes, recibió la visita más consoladora que podía
soñar: la visita de las MM. Teresa Margarita, Priora y Eufrosina,
Supriora, que ante la gravedad progresiva e irreversible de la
enfermedad y la imposibilidad de trasladarla al monasterio, obtuvieron
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del Sr. Arzobispo el permiso de visitarla y llevarle el consuelo de la
fraternidad teresiana.
Pero además tuvo otra visita, que cuenta ingenuamente en carta
a la Madre Priora: la de la Santa Madre Teresa, un fenómeno con
visos de extraordinario: la Santa Madre, acompañada de Teresita y de
Isabel de la Trinidad, estuvieron fortaleciéndola…Claro que tampoco
puede dejar de contar la gran humillación de haber tenido que regresar
del servicio a la cama arrastrándose a gatas. ¡En que han venido a
parar sus antiguas correrías apostólicas! ¡Todo lo ofrece y sacrifica al
Señor! “En fin, que estoy hecha un cachivache…Lo que Dios quiera
y cuando él quiera” . ¡Es su consigna!
El tránsito a la Gloria.
A las 6 de la tarde del día 27, mientras Magalí le daba un
caldito, le dijo sonriente: “Yotu, no veo”…Comenzaba la agonía…
Acudieron los médicos…En plena conciencia, quiso ella se avisase a la
[Link] que se acercaba el momento … Llegó ésta con otras dos
hermanas a tiempo para recibir la renovación de votos de la enferma…,
porque poco después empezaron fuertes espasmos, que la privaban
por un tiempo de los sentidos.
Los muchos testigos que la rodeaban, han conservado vivos los
recuerdos de aquella larga noche. La enferma cayó en coma varias
veces, para volver luego en sí… Una de ellas, exclamó sonriente: “¡La
quedé! ¡Jesús está jugando conmigo!” ¡Como si, en efecto, jugase con
Jesús “al corro” y esperase salir por fin!
Freddy, que la atendía permanentemente como hermano y como
médico, recuerda las palabras que le dirigió a él: «Mi hermanito
querido: te agradezco todo lo que hiciste por mí. No vayas a tomar
esto como un fracaso médico. Es el designio de Jesús»”. La
agonizante pidió le recitasen el poema “Vivo sin vivir en mí” de Santa
Teresa…, y ella acompañaba musitando: “Que muero porque no
muero”… ¡Y sonreía!
Aquí Mireya relata un fenómeno “extraño” corroborado por
otros testigos. Poco antes de las 4´10 de la madrugada, “mi hermano
[el Dr. Freddy], que estaba sosteniéndola en ese momento, dio media
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vuelta y con un gesto afirmativo de la cabeza nos indicó que ya murió”.
Empezaron, pues, a desconectarla de los “aparatos”…, y entonces
sucedió “lo extraño”. Lo cuenta la M. Priora así:
“De pronto a la enferma se le iluminó el rostro con una inefable
sonrisa; levantó las manos que tenía unidas, apretando el crucifijo de
la profesión, hasta la altura de la frente y con voz fuerte y clara dijo:
«Papito querido, soy la persona más feliz del mundo; ¡si supieras lo
que es la Religión Católica!»… Y agrega, sin borrarse la sonrisa de
sus labios: «¡Jesús, te amo! ¡Qué dulce encuentro! ¡Virgen María!»…
Plácidamente su alma voló al Creador, quedando estampada en su
rostro la dulce y característica sonrisa que la había animado en vida”.
Ya inmóvil, estrechaba el Crucifijo de su Profesión, signo de su
desposorio con Jesús en la tierra, mientras el Esposo en el cielo la
estrechaba contra su Corazón.
“Gocémonos, Amado,
Y vámonos a ver en tu hermosura…(” San
Juan de la Cruz).
Las Exequias fueron una proclamación espontánea e
inesperada de su fama de santidad en el pueblo de Dios: “Por las
rejas pasaban rosarios u otros objetos para que tocaran sus restos…
rosarios, flores, misales y otras cosas como ésas”.
“El acompañamiento hasta su sepultura en el cementerio fue
imponente”. Apretujada entre los monumentos funerarios, la muchedumbre
lloraba, oraba y escuchaba… con una convicción: “Ha muerto una santa”.
El mismo día del tránsito feliz de la Sierva de Dios, el poeta Vicente
Lamas compuso un hermoso poema:
SOR LIRIO
Era blanca y süave. Un candor de jazmines
Perfumó su sendero de purezas lustrales.
Su fervor, encendido por celestes confines,
Trasuntaba la gloria de los cirios pascuales.
En sus manos ungidas florecían los lirios
Y en su pecho la gracia era cual llama viva,
Encendida ante el ara de los sacros martirios
Del amor infinito, como ofrenda votiva.
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Era blanca y süave. Su frangante dulzura
Perfumaba las almas de bondad y ternura;
Por eso en el convento la llamaban Sor Lirio.
Fue su vida perfume, y candor, y armonía;
Y en la ofrenda suprema de su santa alegría
Murió de luz Sor Lirio, como un divino cirio.
Asunción, 28. IV. 1959
Concurrencia a la tumba.
La tumba fue el primer lugar en que se manifestó la confianza de los
cristianos en la intercesión de Chiquitunga. “Cuando recién murió…, en
las visitas que hacíamos a su tumba, encontrábamos esquelitas o notas que
decían, por ejemplo: «Muchas gracias, Chiquitunga, por los favores
recibidos», y también pedidos de gracias o agradecimientos” - “Eso fue más o
menos [durante] dos años”. Así dicen los familiares.
Los traslados del cuerpo de una capilla a otra (¡hasta tres!) parecen
haber sido motivo de la desorientación de los “devotos” de Chiquitunga y de
la disminución de esas manifestaciones.
EPÍLOGO: ¡Y en la tumba seguía sonriendo!
Con ocasión del traslado del cuerpo de la Sierva de Dios, se advirtió
que su cuerpo presentaba una “incorrupción” inusual. Al saberlo, la M. Teresa
Margarita dijo con sencillez que “quizás Dios quería glorificarla, pues
había sido una religiosa muy virtuosa”.
En el cuarto aniversario de su muerte, el 28 de abril de 1963,
Ángel Sauá, ordenado ya sacerdote, se acercó al cementerio de la
Recoleta y volvió a ver todavía en su rostro “la sonrisa inefable” que
hacía 11 años le había despedido… Celebró la Santa Misa y
concluyó su homilía recordando los cuatro aspectos fundamentales
de la santidad de la Sierva de Dios: su amor a Cristo, su servicio a
Cristo en el pobre, su labor evangelizadora sin límites y su entrega por
la santificación de los sacerdotes1.
Fue el epílogo de esta “novela rosa”. Luego de dejar ver de
nuevo su rostro sonriente al sacerdote que ella había ofrecido al Señor,
su cuerpo virginal “volvió al polvo”.
1
Ape. A:2,III,7,a.
34
Sirvan de conclusión unas palabras del Mons. Felipe Santiago
Benítez en su solicitud para la introducción de la causa de
Canonización:
“Son muchos los campos de la Iglesia en los que la Sierva de Dios va
a proyectar su entusiasmo evangelizador y su entrega heroica al hermano,
pues fueron muchos los espacios donde ella se hizo presente con su vida y
actividad; los movimientos y grupos apostólicos de laicos, los niños y los
jóvenes, los enfermos y marginados, los obreros, la vida consagrada y
contemplativa… Su espíritu y temperamento poseen una extraordinaria
fuerza para arrastrar a muchos jóvenes a la coherencia de fe en el mundo, al
compromiso apostólico, a la vida consagrada”.