CURSO ACCESO
HISTORIA DEL ARTE
TEMA 13: “CUANDO LA POLÍTICA VUELVE AL ARTE”
PROF.: JOSÉ A. RUIZ OLIVA
El año de la Revolución de Mayo, 1968, fue
fundamental para los últimos románticos, los
hippies, la contracultura, las revueltas
estudiantiles, festivas en el mayo francés y
sangrientas en la plaza de México. Fue el
momento para cambios sociales y del
conocimiento, así como de la producción
artística.
Surgieron propuestas artísticas a velocidad
vertiginosa. La 1ª de ellas fue el Pop Art, una
reacción contra la abstracción y que supuso una
vuelta a la figuración, presentando imágenes de
objetos cotidianos con técnicas de cine, cómic,
publicidad televisada, periódicos y revistas. Fue
un movimiento que bebió de la iconografía
urbana capitalista, apropiándose de iconos de la
sociedad de consumo hasta convertirlos en obras
de arte.
Su principal representante fue Andy Warhol, con
pintura de “cosas super-reales” del mundo
cotidiano a base de técnicas gráficas. Elegía a
personas “Marilyn Monroe” (1967) o objetos
familiares como “Coca-Cola 5 bottles” (1962) y los
multiplicaba en series que manipulaba o
distorsionaba.
El Pop-Art volvía al mundo diario. El artista Cildo Meireles retomó el tema de la Coca-
Cola (“Inserción en circuitos ideológicos: Proyecto Coca-Cola”, 1970) cuando
decidió escribir sobre una de sus botellas la frase “Yankees go home”, devolviéndola
a la circulación normal, y proponiendo que la gente hiciese lo propio con otras
botellas y frases.
Se trataba de insertar nuevos mensajes que atrajesen a la gente, escapando de los
medios de control y censura tradicionales, como la radio y la televisión. Se
transgredían las instituciones del arte, y se obligaba al público a participar
activamente.
Este arte suponía una nueva relación del
espectador con la obra artística. Otra propuesta
de 1970 que iba en este sentido fue el Arte
Minimal: utilizando formas geométricas básicas,
como cuadrados, cubos, rectángulos; se suprimía
elementos decorativos por otros regularizados y
simétricos. Sus componentes industriales hacían
que el color no tuviese función significativa. La
construcción y ensamblaje de las piezas se
realizaba de forma mecánica, industrialmente,
buscando borrar cualquier huella del autor en su
obra.
A fines de 1964, Robert Morris inauguró una
exposición con 7 grandes esculturas de madera
contrachapada y pintadas de gris distribuidas por
una sala “Hanging slab”, 1964). Sus formas eran
poliedros simples: unos sobre el suelo, otros
suspendidos sobre paredes y techo. La intención
del autor era que estas formas imposibilitaran al
público acercarse a ellas en una visión
tradicional, obligándole a dejarse llevar por las
sensaciones y a cambiar de actitud: tenía que
andar, recorrer el espacio, y cambiar sus puntos
de vista.
En propuestas posteriores, como la de Micha Kubail
“Hitler´s Cabinet”, 2002, la intención política era clara y el
espectador, si piensa en lo que tiene delante, tiene que
recorrer esta cruz de contrachapado que, gracias a que
proyecta v ideos de desfiles y discursos hitlerianos, se
conv ierte en una esvástica. En ella parece también que
preocupa al autor la supuesta complicidad de Iglesia-
Nazismo y que debería preocuparnos también a nosotros.
Gonzalo Díez presentó otra exposición en 1989 con el título
“Lonquén, 10 años”: en las paredes de 3 lados de la sala
había 14 cuadros idénticos colgados con marcos negros,
lacados, y debajo de cada uno de ellos un ordinal romano
en bronce para su secuenciación. Al lado de cada marco
y en su base se colocó una repisa negra con una v aso de
agua por su mitad. Encima de cada cuadro un aplique de
bronce dirigía la luz sobre la lija de cada marco. En la 3ª
pared iba un armazón casi piramidal de madera de pino y
tras él 220 piedras numeradas en una estructura de
contención que prev enía el derrumbe.
Su lenguaje era minimal, pero estaba muy politizada: en la
localidad chilena de Lonquén fueron encontrados 15 restos
humanos en 1978 pertenecientes a campesinos detenidos
en 1973 a menos de un mes del golpe militar del general
Pinochet. En 1978 se inició una inv estigación y se dispuso
que los cadáv eres fuesen entregados a sus familiares, cosa
que nunca pasó. Gonzalo Díez nos propone pasear por el
Vía Crucis de la exposición, imaginándonos lo que pasó.
El Arte Minimal se fue cargando de pensamientos, de reflexiones y de política. Así se
fue uniendo al Arte Conceptual en los años 70: las obras de este movimiento no
ponen el énfasis en aspectos formales (aunque no los descuidan) sino en los
componentes mentales del arte. Para este arte el objeto es el medio que posibilita
una reflexión, como Jospeh Kosuth con su obra “Una y tres sillas”, 1965-1966, en la que
se nos invita a pensar en los modos de representación de una simple silla: la propia
silla convertida en escultura, una fotografía de la silla colgada de la pared y, al mismo
tiempo, su definición; las 3 son sillas y, al tiempo son representaciones de dicho
concepto.
El Arte Conceptual dio paso al Posconceptual, con
obras que hablan abiertamente de cuestiones
políticas, sociales y existenciales: en él los
comportamientos son válidos todos. El espectador
actuará de maneras diferentes porque “lo que
vemos ya no es simplemente lo que vemos” y el
artista asume papeles más sociales. Fue el caso de
Boltanski con su obra “Archivo”, 1987. En ella
coloca cientos de fotos en blanco y negro de
niños y adolescentes judíos, víctimas del
holocausto, en unos bastidores en forma de verja:
sus miradas afectan de un modo muy cercano
por el simple hecho de ser fotografías.
Con estas propuestas el espectador se debe
acostumbrar a ver la obra de arte como una
contribución más para la reflexión o
esclarecimiento de nuestros problemas.
En la obra de Bárbara Kruger , por ejemplo
“Tu cuerpo es un campo de batalla” de los
años 80, vemos palabras y debemos
descifrar mensajes no demasiado
complicados. Sobre la fotografía de la cara
de la mujer, la mitad en positivo y negativo,
la artista escribe que su cuerpo es un campo
de batalla, y lo es para la publicidad, siempre
vendiendo imágenes femeninas
inalcanzables; pero lo es también para las
propias mujeres en una batalla entre lo que
son, lo que se espera de ellas y lo que
querrían ser.
La propuesta de Wodiczko de 1986 plantea un
pensamiento crítico: el artista quiso proyectar
sobre las estatuas de prohombres de la patria
de Union Square en Nueva York unas imágenes
de mendigos que habían vivido en dicha
plaza. Eligió representar a los sin techo en lugar
de presentarlos, convirtiéndolos en fantasmas
sobre los que dirigimos una mirada entre
negligente y caritativa: “La proyección sin
hogar: propuesta para la ciudad de Nueva
York”.
Quizás por ello algunos artistas se plantearon la
idea de participar y ser actores de sus propios
proyectos, pero siempre dentro de un activismo
político: era el Arte Activista que se
desarrollaba en espacios públicos y en el que
cabía siempre la posibilidad de participar.
En esta línea conductual se encuadró la
campaña de 1996 del colectivo “Reclaim the
Streets!” contra la construcción de la autopista
M11en Londres: la acción fue teatral y política,
una performance continua protagonizada por
dicho colectivo y por ciudadanos de los barrios
afectados.
Wodiczko, “El arco de la Victoria” en Madrid, 1990.
Reclaim the Streets!, campaña contra la construcción de la M11 en Londres,
1996