Creer Diego Pablo Simeone
Creer
El desafío de superarse siempre
1
Creer Diego Pablo Simeone
Creer
El desafío de superarse siempre
Diego Simeone
2
Creer Diego Pablo Simeone
Índice de contenido
Portadilla
Legales
1. Soñar
2. Aprender
3. Emocionar
4. Perseguir
5. Disputar
6. Controlar
7. Valorar
8. Organizar
9. Ganar
10. Liderar
11. Enseñar
12. Entrenar
13. Superar
14. Competir
15. Observar
16. Planificar
17. Percibir
18. Luchar
19. Sentir
3
Creer Diego Pablo Simeone
Simeone, Diego
Creer : el desafío de superarse siempre / Diego Simeone. - 1a ed . -
Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Planeta, 2016.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-950-49-5318-0
1. Biografía. 2. Fútbol. I. Título.
CDD 796.334092
© 2016, Diego Simeone
Diseño de cubierta:
Departamento de Arte de Grupo Editorial Planeta S.A.I.C.
Todos los derechos reservados
© 2016, Grupo Editorial Planeta S.A.I.C.
Publicado bajo el sello Booket®
Independencia 1682, (1100) C.A.B.A.
[Link]
Primera edición en for mato digital: junio de 2016
Digitalización: Proyecto451
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titula-
res del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la re-
producción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedi-
miento, incluidos la reprografía y el tratamiento infor mático.
Inscripción ley 11.723 en trámite
ISBN edición digital (ePub): 978-950-49-5318-0
4
Creer Diego Pablo Simeone
A mis hijos, a quienes les robo tiempo para seguir mi pa-
sión.
A mis viejos, que me ayudaron a ser el hombre que soy.
A mis jugadores, que en todos estos años me obligaron a
mejorar y me dieron la oportunidad de aprender de ellos.
A mis maestros, de los que aprendí en silencio el valor de
este juego que se parece tanto a la vida.
A quien acompaña mis sueños en la intimidad del día a día.
A mis colaboradores, que me ayudan a pensar y a imaginar
nuevos desafíos.
Y a todos aquellos que creen en el milagro de sus propias
fuerzas.
5
Creer Diego Pablo Simeone
1. SOÑAR
6
Creer Diego Pablo Simeone
Los Simeone somos de Garófali, un pueblo muy chico, mí-
nimo, cercano a Nápoles. Nos criamos con mi abuela, que
siempre decía mamma mia o mannaggia. Teníamos rasgos
italianos que se manifestaban en nuestra manera de vivir.
Éramos contestatarios, rebeldes, inquietos, siempre tratan-
do de resolver situaciones. Estábamos todo el tiempo en
movimiento y todos teníamos personalidades fuertes y dife-
rentes, pero no chocábamos entre nosotros. La autoridad la
tenía mi abuela, que era la que más gritaba. Ella sentía el
arraigo de sus antepasados italianos. Tenía mucha persona-
lidad, mucha fuerza y era muy ordenada para todo. Había
que poner la mesa y guardar los juguetes después de jugar
en el único lugar per mitido, que era el piso. Era así: no ha-
bía tregua. Con el tiempo, todas esas situaciones menores
van construyendo la personalidad.
Mi abuela influyó mucho sobre nosotros hasta que yo tu-
ve 12 años, que fue el momento en el que mi mamá dejó
de trabajar. Hay algo que hace una madre por sus hijos que
a veces es invisible, y que uno recién aprende a considerar
y a agradecer cuando pasan los años. Y a mi madre le debo
el estar siempre atenta a todo. Podía acompañar me con un
té con limón, con la torta que más me gustaba o con un
masaje cuando estaba contracturado. Cuando me mudé a
Pisa, de hecho, vivió dos meses en Italia, dos meses en
Buenos Aires y así. Siempre me contuvo y me ayudó. Con
mi vieja no se puede hablar de fútbol porque la aburre un
poco. Pero me dio algo especial: una energía positiva, una
manera optimista de mirar el mundo.
Mi viejo siempre fue práctico y concreto. Cuando venía
de trabajar, me decía: “Me dijeron que te portaste mal”, y
me tiraba del pelo. Un día íbamos en el auto y me pregun-
tó si me gustaba que me tiraran del pelo. Yo le contesté
que no, entonces él me dijo: “A mí tampoco, pero cuando
llego del trabajo y me dicen que te portaste mal es como si
7
Creer Diego Pablo Simeone
me tiraran el pelo”. Era un ejemplo sencillo pero muy con-
tundente. Cuando a uno le tiran el pelo detrás de la oreja,
eso molesta; a él le molestaba volver del trabajo y que le
rompieran las pelotas. Su acercamiento hacia nosotros era
así, totalmente práctico.
Jamás tuve un choque con él. Es posible que tengamos
una for ma de ser parecida. Somos de evitar situaciones que
deriven en un enfrentamiento. Intentamos vivir bien o direc-
tamente nos enojamos. No hay tér mino medio. No existen,
entre nosotros, esas charlas que lentifican las situaciones
para evitar el choque. Siempre tuvimos una relación directa.
El reto mayor que recibía cuando era chico era por llegar
tarde, pero por lo general yo no daba razones para el casti-
go. Nunca hubo episodios graves. Sí retos como los de
cualquier padre a su hijo, pero jamás un detonante como
para que alguien dijera: “Acá está pasando algo diferente”.
No tengo memoria de mí mismo sin una pelota de fú-
tbol. Si me acuerdo de mis primeros pasos, la pelota ya es-
taba conmigo, aunque todavía no fuera una de verdad sino
una media rellena de papel. ¡Yo mismo soy casi una pelota!
A mi viejo le gusta contar la anécdota de cuando me rega-
laron un fuerte con indios y soldados y ar mé una cancha
con once indios de un lado y once soldados del otro.
Cuando íbamos a la verdulería que estaba a la vuelta de
casa, en Paler mo, pedía unas cintas de plástico celestes y
blancas que venían con los cajones, las cortaba y marcaba
el límite de la cancha donde estaba la gente. Ya tenía los
arcos de plástico que se compraban para la torta de cum-
pleaños y con todo eso ar maba los partidos: indios contra
soldados, rastis blancos contra rastis rojo. A los que sobra-
ban los ponía en las tribunas, era como un director de tea-
tro, estaban los jugadores pero también la escenografía.
Con 5 o 6 años ya intuía lo que podía pasar en el juego,
adentro y afuera, y cuando tenía todo montado hacía que
los jugadores se fueran pasando la pelota hasta llegar al ar-
8
Creer Diego Pablo Simeone
co de enfrente. Cuando hago memoria sobre mi infancia,
me veo siempre en esa situación.
A esa edad es muy difícil jugar al fútbol de manera orga-
nizada, pero yo ya quería jugar. Como todos los pibes, em-
pecé en el colegio. Después estuve en un club de barrio, el
Villa Malcolm, que está en la Avenida Córdoba. También ju-
gaba en la calle, de árbol a árbol, de portón a portón, de
esquina a esquina. Antes de empezar con el juego de equi-
po jugaba donde había lugar para hacerlo, con pelota de
plástico, de goma grande o chiquita, o con cualquier cosa
que se pudiera patear.
Cuando un chico empieza a jugar a la pelota es como un
malabarista que se dedica a un juego individual. Pero des-
pués se aprende que el fútbol no es un juego de uno solo,
que hay que jugar con otros y además enfrentar a otros. Un
día se comienza a competir y lo único que se busca es ga-
narles a los demás. Pero a los 8 o 9 años no se piensa total-
mente en equipo. Sin embargo, yo muy pronto elegí una
posición neurálgica en el juego, que es la del mediocampo.
Eso me dio la posibilidad de intuir que se trataba de un de-
porte de ataque y de defensa.
En el baby se juega de cinco y el arquero: dos atrás, uno
en el medio y dos arriba. El esquema era ese y yo jugaba
en el medio. De a poco me fui dando cuenta de que no era
un juego en el que fuese fácil ganarle al otro como uno
quería. Más allá de buscar el triunfo frente al rival, había
una situación de juego que era necesario tener en cuenta.
Me acuerdo de que cuando era muy chiquito, en el año
79, jugaba en un equipo que se llamaba Estrella de Oro. Ya
ar mábamos jugadas de estrategia. Una de las reglas del ba-
by era que no se podía sacar el lateral hacia el área porque
si la pelota picaba ahí se cobraba foul. Pero nosotros tenía-
mos un pibe que sacaba el lateral al vacío con mucha preci-
sión y yo cortaba en diagonal para encontrar me con la pe-
lota. A los 8 años ya tenía timing para conectar la pelota de
cabeza atacando el espacio.
9
Creer Diego Pablo Simeone
Todavía me sorprende que hayamos podido hacer eso
siendo tan chicos. Supongo que no era fácil porque es una
edad en la que solo “se juega a la pelota”. Pero nosotros
podíamos interpretar una acción que significaba encontrar
la pelota en un espacio de ataque de un modo particular.
Posiblemente el entrenador nos habría enseñado a hacer
ese movimiento, pero la ejecución era nuestra. Y se trataba
de un recurso que utilizábamos muy seguido porque era
una for ma de hacer un gol en un equipo que no jugaba ex-
tremadamente bien. Teníamos una posibilidad en una ac-
ción detenida y no la desaprovechábamos.
Contando esto y trayéndolo al presente, siento que des-
de muy chico intuí que jugar al fútbol consistía en encontrar
algo sobre el espacio. Se pasan más minutos sin la pelota
que con ella, y en esos minutos que se juega sin la pelota
hay que ocupar muy bien los espacios.
Entonces, este juego del que todos nos enamoramos por
la pelota es sin la pelota. Todos nos vamos for mando con
algunas ideas de la infancia y yo me fui for mando de chi-
quito como un volante agresivo. Cuando me fui a probar a
Vélez, también me hicieron jugar en el medio y pude em-
pezar a desarrollar mi vocación de mediocampista con aspi-
raciones de delantero.
Mi primer ídolo fue Falcao, un 5 brasileño de los años 80.
Me encantaba. No tenía nada que ver con mis característi-
cas pero me gustaba mucho. Era un tipo elegante y con
mucho juego. Uno siempre sigue a los jugadores del equi-
po del que es hincha, y como yo era de Racing me gustaba
José Berta. Tenía personalidad, era agresivo e intenso. Pero
yo nunca fui solamente un 5. Siempre tuve la cabeza abier-
ta y creo que haber pasado por los consejos de Carlos Pa-
chamé, Carlos Bilardo y mucha gente que influyó enor me-
mente en mi crecimiento desde los inicios, me abrió la po-
sibilidad de no centrar me solo en un espacio del campo. Yo
no era un jugador de un lugar, jugaba de una manera mu-
cho más amplia que quien ocupa un puesto.
Á
10
Creer Diego Pablo Simeone
SE PASAN MÁS MINUTOS SIN LA PELOTA
QUE CON ELLA, Y EN ESOS MINUTOS QUE
SE JUEGA SIN LA PELOTA HAY QUE OCU-
PAR MUY BIEN LOS ESPACIOS. ENTONCES,
ESTE JUEGO DEL QUE TODOS NOS ENA-
MORAMOS POR LA PELOTA ES SIN LA PE-
LOTA.
Siempre quise ser futbolista. Nunca dudé. Pero no puedo
hablar de un hecho puntual. Se fue dando. Sería injusto si
dijera otra cosa. Para mí fue todo muy natural. Las cosas se
fueron dando progresivamente. Ante todo, creo que tuve
un buen sostén familiar para ir construyendo una personali-
dad. Porque para jugar a la pelota no alcanza con hacerlo
bien. Los jugadores de fútbol diferentes son aquellos que
tienen una gran personalidad, los que le pueden transmitir
a este juego otras virtudes que no son solamente las de te-
ner destreza en el deporte.
Debo el hecho de haber sido futbolista a la personalidad
que fui construyendo mientras crecía. Mi abuela, que me
inculcó la idea del orden, el acompañamiento de mi viejo y
la estabilidad familiar fueron claves en esa for mación. Des-
pués, hay una corriente que lleva hacia adelante. Porque
cuando uno quiere cumplir un deseo, eso funciona como
una obsesión. Y ya no importa mucho alejarse de algunas
cosas si uno se está acercando al objetivo.
CUANDO UNO QUIERE CUMPLIR UN DE-
SEO, ESO FUNCIONA COMO UNA OBSE-
SIÓN. Y YA NO IMPORTA MUCHO ALEJARSE
DE ALGUNAS COSAS SI UNO SE ESTÁ
ACERCANDO AL OBJETIVO.
11
Creer Diego Pablo Simeone
En mi caso fue una suerte no tener que alejar me pronto
de mi familia. Estuve hasta los 20 años en mi casa. Pero a
partir de los 14, cuando más o menos se empieza a intuir
que el camino está más cerca, se comienza a experimentar
una sensación de egocentrismo. Todos los chicos que tie-
nen ese deseo, a esa edad deben sentir que se están acer-
cando a algo importante.
12
Creer Diego Pablo Simeone
2. APRENDER
13
Creer Diego Pablo Simeone
En el colegio no era muy estudioso pero siempre fui activo.
Pasé de grado siempre sin problemas y ese es mi título. Mis
ar mas eran las que se necesitan para pasar. Ni más ni me-
nos. Pero el colegio brinda herramientas que después sir-
ven para la vida, sobre todo a partir de la experiencia de
convivir. Porque creo que el aprendizaje de la convivencia y
el respeto mutuo con los pares son más importantes que el
estudio en sí mismo.
Salvo en un momento en que quería ser preparador físi-
co no recuerdo haber tenido un interés simultáneo al del
fútbol. A los 16 años entrenaba en Tercera, a los 17 empe-
cé a jugar en Primera, a los 18 en la Selección. El camino
me fue llevando. El colegio fue una etapa importante, pero
ya en primer año un profesor me preguntó qué quería ser
de grande y le dije jugador de fútbol. Volvió a preguntar me
y le dije lo mismo.
Si se me ocurre imaginar un mundo sin fútbol, aunque
eso para mí sea el fin del mundo, estoy absolutamente con-
vencido de que me reinventaría como persona. Seguiría
cualquier luz que viera a lo lejos para hacerlo. Porque si al-
go tengo es iniciativa. No me quedaría quieto. Seguramen-
te buscaría algo para competir, para disputar con mis mejo-
res ar mas aquello que esté en juego.
LO QUE MÁS ME INTERESA DE LA COMPE-
TENCIA ES LA PASIÓN PARA AFRONTARLA.
DESDE LA INFANCIA SENTÍ ESO. MI HER-
MANA NATALIA SE ACUERDA DE CUANDO
ÉRAMOS CHICOS Y JUGÁBAMOS A TITA-
NES EN EL RING.
Cuando se ve el esfuerzo físico del fútbol se puede pen-
sar que se trata de algo primitivo. Pero no es solamente un
14
FIN DEL FRAGMENTO
Sigue leyendo, no te quedes con las ganas
Adquiere este eBook
Dando Click Aqui