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Articulo Programa

El artículo analiza las contradicciones del Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador con la Constitución laica de 2008, evidenciando problemas jurídicos derivados de su aplicación. Se realiza una revisión histórica de la relación entre el Estado y la Iglesia en Ecuador, destacando la evolución hacia un Estado laico y la importancia de la neutralidad religiosa. La investigación concluye que el reglamento actual no se ajusta a la normativa constitucional vigente, lo que plantea interrogantes sobre su validez.

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El artículo analiza las contradicciones del Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador con la Constitución laica de 2008, evidenciando problemas jurídicos derivados de su aplicación. Se realiza una revisión histórica de la relación entre el Estado y la Iglesia en Ecuador, destacando la evolución hacia un Estado laico y la importancia de la neutralidad religiosa. La investigación concluye que el reglamento actual no se ajusta a la normativa constitucional vigente, lo que plantea interrogantes sobre su validez.

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Universidad San Gregorio de Portoviejo

Departamento de Posgrado

Programa de Maestría en Derecho Constitucional

Artículo profesional de alto nivel

El Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador frente al Estado Laico


reconocido en la Constitución ecuatoriana del 2008

Autores:

Carlos Julio Cárdenas Iglesias


José Santiago Barberán Saltos

Tutora:

Tania Gabriela Villacreses Briones

Portoviejo, 2021
El Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador frente al Estado Laico reconocido en la
Constitución ecuatoriana del 2008

The regulation of the military bishopric of Ecuador against the secular state recognized in the
ecoadorian constitution of 2008

Autores:

Carlos Julio Cárdenas Iglesias - [email protected]


José Santiago Barberán Saltos - [email protected]

Artículo Teórico.
Maestrantes del programa de Maestría en Derecho Constitucional de la Universidad San Gregorio
de Portoviejo, Manabí, Ecuador.

RESUMEN

La investigación desarrollada en este trabajo, tiene como finalidad evidenciar las


contradicciones a preceptos constitucionales por la aplicación actual del Decreto Ejecutivo
3565 del 29 de febrero de 1996, publicado en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo de 1996,
en el que se expide el Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador; de tal manera que, se
efectúa una reseña histórica ecuatoriana respecto de la relación Estado-Iglesia y se analiza el
contenido del reglamento del Obispado Castrante en Ecuador, frente a la neutralidad religiosa
del Estado, al amparo de la vigencia de la Constitución de la República (R.O. 499 de 20 de
octubre de 2008), determinándose posteriormente los problemas jurídicos que comporten. Para
el efecto, se tomará de referencia el pronunciamiento de la Corte Constitucional del Ecuador
en la sentencia No. 005-11-SIN-CC - Caso No. 0046-09-IN y 0071-09-IN acumulados.

Palabras claves: Reglamento del obispado castrense, Neutralidad religiosa - Estado laico,
Constitución de la República.

ABSTRACT

This article maintains the purpose of evidencing violations of precepts constitutional laws
by the current application of Executive Decree 3565 of February 29 of 1996, published in the
Official Gazette 899 of March 7, 1996, in which issues the Regulations of the Military
Bishopric of Ecuador; in such a way that makes an Ecuadorian historical review regarding the
State-Church relationship and analyzes the religious neutrality of the State vis-à-vis the
Castrating Bishopric in Ecuador, protection of the validity of the Constitution of the Republic
(R.O. 499 of October 20,2008), subsequently determining the legal problems involved. For
this in effect, the ruling of the Constitutional Court of the Ecuador in judgment No. 005-11-
SIN-CC - Case No. 0046-09-IN and 0071-09-INaccumulated.

Keywords: Regulation of the military bishopric, Religious neutrality, secular state,


Constitution of the Republic.
1

INTRODUCCIÓN

La interacción histórica entre el Estado y el clero ha ido evolucionando con el pasar del
tiempo y en el Ecuador no ha sido la excepción, es así que el Obispado Castrense o militar,
anteriormente denominado Vicario General Castrense, se constituye en el Estado ecuatoriano
con el objetivo de brindar asistencia religiosa a los miembros de las Fuerzas Armadas y Policía
Nacional, considerando el riesgo que el ejercicio de sus actividades laborales representa. Sin
embargo, con la vigencia de la Constitución de la República del 2008, se puede cuestionar la
estructura administrativa y la aplicabilidad de esta asistencia religiosa por parte del clero
católico en virtud de que el Ecuador es un Estado laico; de manera que, se analiza si la
aplicación actual del Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador, se adecua o no a la
normativa constitucional vigente, determinándose como conclusión contravenciones de
preceptos constitucionales en referido acto normativo.

1. Relación Estado - Iglesia.

Para mayor ilustración se considera oportuno efectuar una definición al término Estado; es
así que, el concepto de Estado difiere según los autores, pero sin embargo alguno de ellos
termina definiendo al Estado como un conjunto de instituciones que poseen autoridad y
potestad administrativa para establecer normas que regulen la sociedad.

Al respecto, Max Weber, citado por Juan Francisco Camino Apunte, define al Estado como
una organización que tiene capacidad de ejercer el monopolio legítimo de la violencia en un
territorio determinado, para obligar a quienes habitan en dicho lugar, le obedezcan (Apunte,
2020, pág. 65).

Sin embargo, debemos a Nicolas Maquiavelo en el inicio de su obra principal “El Príncipe”
(1515), la expresión “lo stato” para definir el mero estado político (Tutti lis tato, tutti e´ domini
che hanno avuto ed hanno imperio sopra li uomini, sono stati e sono reppubliche o principati).
En sentido amplio, puede entenderse por Estado “un conglomerado social, político y
jurídicamente constituido, asentado sobre un territorio determinado, sometido a una autoridad
que se ejerce a través de sus propios órganos, y cuya soberanía es reconocida por otros
Estados”. En esta definición encontramos los elementos constitutivos del Estado: a) Un
“conglomerado social, política y jurídicamente constituido”, esto es la población; b) un
territorio determinado, elemento físico; c) una “autoridad que se ejerce a través de sus propios
órganos”, es decir, el poder público soberano; y d) el reconocimiento de la soberanía por otros
Estados (Bravo, 2018., pág. 181).

De igual manera una definición comúnmente aceptada del Estado es la que se dio en la
Convención de Montevideo sobre Derechos y Deberes de los Estados en 1933, donde se
definió al Estado como un espacio que posee lo siguiente: Una población permanente, un
territorio definido y un gobierno que es capaz de mantener control efectivo sobre el territorio
correspondiente y de conducir relaciones internacionales con otros Estados.

Ahora bien, la relación Iglesia - Estado comienza a establecerse cuando la religión cristiana
pasa a convertirse en la religión oficial del imperio Romano, esto en virtud del control que
2

tenían los emperadores sobre la religión y que inclusos algunos llegaron a ser considerados
dioses en vida, este hecho tuvo como consecuencia una aparente subordinación de la Iglesia al
Imperio, que se lo ha denominado Cesaro-Papismo, y que elimino la separación inicial entre
política y religión.

Sin embargo, con la coronación de Carlomagno en Roma como emperador, por el papa
León III (800), se inicia el sacro imperio germánico románico, con dicha coronación se
produce el apoyo de la Iglesia cristiana al Estado y viceversa, que termino derivando en un
cesaropapismo que, apoyándose en el origen divino de los reyes, consideraban disponer de un
poder absoluto sobre la religión y el gobierno a la vez.

La relación entre el Estado ecuatoriano y la Iglesia católica surge desde la Constitución


Política de la República del Ecuador de 1830, en la que Ecuador al constituirse como un Estado
independiente de la República de la Gran Colombia, estableció en el artículo 8 de la norma
suprema: “la Religión Católica, Apostólica, Romana es la del Estado. El Gobierno, debe
protegerla, con exclusión de cualquier otra”. Como lo indica Ayala Mora “se declaró como
principio oficial el origen divino de la autoridad y el Ecuador se autodefinió como un Estado
confesional”, consagrándose la religión católica como la oficial en el país (Ayala Mora, 1996,
pág. 5).

Esto se mantiene hasta la revolución liberal en el caso ecuatoriano, en el año 1895 liderada
por el General Eloy Alfaro, que con la Constitución de 1896 en el artículo 12, se reconoce
otros cultos que no atenten contra la moral y solo se indica que el Estado está obligado a
proteger a la religión católica y hacerla respetar.

Debemos indicar que esta ruptura entre la Iglesia y Estado se consolido con la entrada en
vigencia de la Constitución de 1906, en la cual se garantizaba la libertad de conciencia en todos
sus aspectos y manifestaciones, en tanto estas no sean contrarias a la moral y al orden público
(Art. 26.3), estableciéndose de igual manera que la educación pública es libre, sin más
restricciones que las señaladas en las leyes respectivas; pero la educación oficial y la costeada
por las Municipalidades, son esencialmente seglares y laicas (Art. 16).

A partir de la constitución de 1906, se fueron desarrollando nuevos componentes de laicidad


en las constituciones que fueron aprobadas con posterioridad, es así, que la Constitución de
1929, ya reconoce como garantía fundamental a la libertad de conciencia, en todos sus aspectos
y manifestaciones (Art. 151.13).

Continuando con ese desarrollo de componentes de laicidad, la Constitución de 1945,


continúa plasmando la libertad de conciencia en todos sus aspectos y manifestaciones como
derechos individuales; sin embargo, incorpora como un nuevo derecho fundamental la libertad
de cultos y religión, no reconociendo como Estado ninguna religión oficial. (Art. 141.11).

Estos Derechos fundamentales de libertad y de carácter individual se mantuvieron en la


Constitución de 1946, a la cual se incorpora como novedad que nadie podrá ser discriminado
por motivos religiosos, ideológicos o raciales. Sin embargo, en la Constitución de 1967, se
siguen reconociendo a la libertad de cultos y religión (Art. 28.8) y la no discriminación por
3

motivos religiosos (Art. 25), pero no se establece la libertad de conciencia como derecho
fundamental.

A partir de la Constitución de 1979, se estable nuevamente la libertad de conciencia y se


mantiene la libertad de religión y cultos (Art. 19.5) al igual que la no discriminación por
motivos religiosos (Art. 19.4). Derechos fundamentales que se mantienen en la Constitución
de 1998, en los (Art. 23.3 y 23.11). Igual situación recoge la Constitución del 2008 respecto a
la libertad de conciencia (Art. 66.12), libertad de cultos y religión (Art. 66. 8) y la no
discriminación por condiciones religiosas (Art. 11.2), sin embargo, es en esta Constitución del
2008 donde se establece al Estado ecuatoriano como laico (Art. 1), lo que a la postre representa
un significativo avance de las Constituciones anteriores, pero el desarrollo constitucional hacia
esa laicidad estatal, es lo que ha hecho que normas de carácter secundario que no han sufrido
una actualización en la actualidad sean objeto de estudio, por cuanto estas fueron aprobadas
con Constituciones que no establecían esta laicidad directa del estado con la iglesia.

2. La neutralidad religiosa en la actual Constitución de la República del Ecuador.

Debemos empezar indicando el consenso de algunos tratadistas en cuanto al concepto de


neutralidad religiosa, como la posición neutral que el Estado debe asumir en materia de
creencias, sin privilegiar ni impedir ninguna de ellas a menos que de su exteriorización se
deriven daños a terceros o se afecte el orden o la moral pública. En este sentido, el Estado no
puede prohibir ni promover ninguna religión en especial, así como tampoco adoptar
oficialmente una creencia religiosa o exigir que los individuos deban o no tener alguna.

Al respecto, Micheline Milot, establece: “La neutralidad del Estado se logra a partir de la
separación del Estado y los grupos religiosos. La neutralidad no es una abstención del Estado
sino una intervención que permite que se pueda garantizar los derechos de la laicidad”. “No
hay una laicidad perfecta o ideal hacia la cual tender como sociedad”. “El régimen de laicidad
tiene que estar constantemente ajustándose frente a nuevas situaciones que surgen en las
sociedades”. (Milot, 2011).

No obstante estos derechos en nuestro país han ido evolucionando desde el inicio de la
República a lo largo de la historia, desde la imposición de una sola religión por parte del Estado
en épocas conservadoras, pasando a un liberalismo laico donde inclusive se prohibía toda
práctica religiosa, a la condición actual en la que se encuentra protegida constitucionalmente
la libertad de religión y la objeción de conciencia como derecho propiamente dicho, en el que
se garantiza a las personas la libertad de profesar la religión de su elección, contradecir y
rechazar situaciones que se vayan en contra de sus principios morales y religiosos.

En consecuencia, la Constitución de la República del Ecuador del 2008, otorga una


importancia especial a la libertad y a la igualdad religiosa, en este sentido, en el capítulo sexto
sobre los Derechos de Libertad, el artículo 66.8, reconoce y garantiza a las personas “el
derecho a practicar, conservar, cambiar, profesar en público o en privado, su religión o sus
creencias, y a difundirlas individual o colectivamente, con las restricciones que impone el
respeto a los derechos”.
4

En corolario de lo anteriormente dicho, el mismo artículo hace referencia al compromiso


del Estado de proteger la práctica religiosa voluntaria y la expresión de quienes no profesan
ninguna religión, así como a favorecer un ambiente de pluralidad y tolerancia. Por lo que, si
bien es cierto el Estado a través del nuevo modelo constitucional adoptado a partir de la
Constitución de la República del Ecuador (2008), tiene la potestad de proteger la práctica
religiosa, sin embargo esto no le da la facultad de que como Estado pueda proferir o imponer
algún tipo de religión diferente u obligar a los ciudadanos a que se inclinen por alguna otra
religión, que de suceder se estaría rompiendo ese principio de laicidad estatal.

Hacemos aquí una relación con lo que estable la Primera Enmienda de la Constitución de
los Estados Unidos, que protege los derechos a la libertad de religión y a la libertad de
expresión sin interferencia del gobierno, incorporando en esta Primera Enmienda una cláusula
de establecimiento - Establishment Clause - y una cláusula de libre ejercicio de esa enmienda,
lo que forman el derecho fundamental de la libertad de religión, funcionando la primera de
estas como una doble seguridad, ya que, prohíbe que el gobierno apruebe leyes que establezcan
una religión oficial o muestren preferencia por una religión sobre otra, y la segunda como
prohibición de impedir el libre ejercicio de la religión.

En el Ecuador, José Peralta, en su obra “La cuestión religiosa y el poder público en el


Ecuador”, manifestó: Imponer una doctrina por la fuerza abusando del poder y de las leyes,
aunque no fuese sino a la minoría de los ecuatorianos, no sería conforme a la justicia, la
libertad, la ciencia o el interés mismo de los gobernantes. […] El legislador tiene que respetar
la inviolabilidad de la conciencia de todos los ciudadanos, sin declararse partidario de la fe de
las mayorías o las minorías; porque, si el que ejerce el más augusto de los poderes públicos no
se despoja de toda parcialidad, la ley no tendría conciencia general sino que sería defectuosa
cuando no monstruosa y tiránica […] tan tiránico seria imponer una creencia a uno de los
ecuatorianos como el contrariar, en lo absoluto, la religión de las mayorías; la ciencia del
legislador está en establecer el respeto mutuo entre las diversas ideas religiosas, una tolerancia
justa y racional para el establecimiento de todas las conciencias, un equilibrio estable entre
todos los elementos de la sociedad […] la necesidad de garantizar toda la conciencia de todos
los asociados es un fundamento científico y justo de la abolición del exclusivismo y
predominio de una sola religión en el Estado. (Peralta, 1901, págs. 16, 18, 19).

En este sentido podemos indicar que el Ecuador es un Estado laico, producto de la laicidad,
separación y neutralidad, ya que, en un Estado constitucional no pueden existir religiones de
carácter estatal. Y es así que la propia Constitución de la República, en su artículo 1, define:
“El Ecuador es un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano,
independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico. Se organiza en forma de república
y se gobierna de manera descentralizada”.

Tomando en cuenta lo establecido en el párrafo precedente hemos decidido indicar lo que


dice DE LEMUS DIEGO (2016) en su libro titulado “Libertad religiosa, simbología y derecho
comparado”, establece que: “El derecho a la libertad religiosa tiene una doble dimensión,
objetiva y subjetiva. En nuestro ordenamiento jurídico, la dimensión objetiva se manifiesta
como un principio informador de la actuación del Estado en materia religiosa, que exige, por
5

un lado, la neutralidad del Estado, y, por otro, la obligada cooperación de los poderes públicos
con el hecho religioso, como factor social” (Diego, 2016, pág. 581).

Entonces podríamos decir que, en cuanto a la libertad de religión objetiva, la misma se la


establece tomando en cuenta el principio de laicidad o neutralidad estatal establecido en el
artículo 1 de la Constitución de la República del Ecuador, dicho de otro modo, el Estado debe
eliminar todo tipo de injerencia en la religión, y simplemente debe garantizar el cumplimiento
de los derechos fundamentales debidamente reconocidos.

En cuanto a la libertad de religión subjetiva, va encaminada a las convicciones que posee


cada ser humano, la cual posee dos dimensiones interna y externa, la primera de ellas
focalizada en cuanto a sus creencias y valores religiosos, y la segunda enfocada a la
exteriorización de esas creencias y prácticas religiosas a través de la libertad de cultos.

En el Estado ecuatoriano, mediante Decreto Supremo No. 46 publicado en el Registro


Oficial No.30, el 14 de septiembre de 1937, aprueba y ratifica el Modus Vivendi para el
restablecimiento de relaciones amistosas y diplomáticas entre la República del Ecuador y la
Santa Sede, y para delimitar las relaciones entre el Estado e Iglesia Católica, Apostólica y
Romana dentro del marco de la laicidad, garantizándole: i) El libre ejercicio de las actividades
que dentro de su esfera propia le correspondan y; ii) la libertad de enseñanza. De la misma
manera, la Santa Sede ordena al clero ecuatoriano mantenerse al margen de participaciones
políticas.

En este sentido, la neutralidad es una exigencia de la libertad de todos los ciudadanos sin
que las diferencias de creencias entrañen divergencia alguna ante el Estado; e, implica
autonomía de las Iglesias y las confesiones religiosas en relación del Estado, el mismo no
provee protección especial a ninguna de las creencias, y los principios y valores religiosos no
son parámetros de la justicia o legitimidad de las decisiones de los poderes públicos (Campaña,
2013., pág. 50).

Recapitulando, el Estado es una institución jurídica que carece de capacidad de profesar


religión alguna, esto con la finalidad de preservar el principio de igualdad y no discriminación
con respecto a otras instituciones religiosas, ya que su carácter laico no permite privilegio
alguno, pero, tampoco, priva el ejercicio del derecho a la libertad de religión, lo cual se
encuentra reconocido en nuestra Constitución de la República como lo hemos señalados en
párrafos anteriores en el que se hizo cita al artículo 1 que se refiere a que el Ecuador es un
Estado laico; así como el reconocimiento que se realiza a la libertad de religión en el artículo
66.8 de la citada norma constitucional.

3. El Obispado Castrense en Ecuador.

El vicariato castrense es una institución de carácter eclesiástico, que está destinada al


acompañamiento y formación religiosa de todos los integrantes de las fuerzas militares. Esto
debido a que la Iglesia ha considerado que los miembros de la Fuerza Pública, dada la
particularidad y riesgo de sus labores, deben recibir un acompañamiento pastoral especifico
que dialogue con la cultura castrense (Carrascal, 2019, pág. 83).
6

En el Ecuador, el Obispado Castrense de igual manera se encuentra reconocido como un


organismo eclesiástico de la Iglesia Católica que se dedica a la atención pastoral de los
militares y policías de la República del Ecuador, así como a sus familiares y el personal que
labora en las instituciones castrenses.

Desde el siglo XIX, las Fuerzas Armadas del Ecuador mantuvieron asistencia religiosa para
el personal católico de su institución, la misma que se consolidó por el Concordato de 1862
(Baquero, 2010, pág. 10). Sin embargo, al quebrantarse en el año 1895 las relaciones
diplomáticas del Ecuador con la Santa Sede y el haberse desconocido el concordatario, el
personal de las Fuerzas Armadas y sus familiares quedaron sin asistencia espiritual
especializada; no obstante, la asistencia religiosa fue restablecida por la suscripción del Modus
Vivendi a consecuencia de la intervención diplomática de don Carlos Manuel Larrea en 1937,
en su calidad de Ministro de Relaciones Exteriores de la época, cuyo tratado internacional
establece una mutua cooperación entre la Iglesia y el Estado ecuatoriano a nivel familiar,
educativo y social.

La Santa Sede y el Gobierno del Ecuador, suscribieron la Convención Adicional al Modus


Vivendi, el 24 de julio de 1937, publicado en el Registro Oficial No. 30 del 14 de septiembre
de 1937. Referidos instrumentos internacionales se encuentran vigentes y sus disposiciones no
han sido objeto de revisión o declaratoria de inconstitucionalidad alguna.

El 3 de agosto de 1978, se celebró el Acuerdo entre la República del Ecuador y la Santa


Sede, sobre el Servicio Religioso a las Fuerzas Armadas y Policía Nacional conocido como
Obispado Castrense o militar, denominado con anterioridad como Vicariato General
Castrense. El mismo otorgó facilidades para que las personas que viven en los cuarteles
puedan formarse religiosamente y vivir bajo las exigencias de la religión católica. El Congreso
Nacional ratificó este Convenio en 1982, publicado en el Registro Oficial 372 del 19 de
noviembre de 1982 (Campaña, 2013., pág. 109).

El artículo 9 del Acuerdo enunciado en el acápite que antecede, establece: ARTÍCULO


NOVENO.- El Ministerio de Defensa Nacional de Acuerdo con el Vicario Castrense expedirá
el Reglamento concerniente a los cuadros, ingresos y ascensos de los Capellanes Militares, así
como los derechos y obligaciones de ellos en su carácter de Oficiales de las Fuerzas Armadas
y de la Policía. Dicho Reglamento entrará en vigor con todos sus efectos después de que la
Santa Sede haya manifestado no tener objeciones sobre el mismo.

Sobre la base del artículo citado precedentemente, se emite el Decreto Ejecutivo 3565 de
29 de febrero de 1996, publicado en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo de 1996, mediante
el cual de Gobierno del Ecuador (Presidencia de la República, Ministerio de Defensa,
Ministerio de Gobierno y Policía) expide el Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador.

3.1. Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador.

El presente reglamento objeto de estudio, tiene por finalidad dictar normas y


procedimientos, que permitan la correcta aplicación del Acuerdo suscrito el 3 de agosto de
7

1978, entre la Santa Sede y la República del Ecuador, relacionado con la asistencia religiosa a
los miembros de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional (Art. 1). Como se puede observar el
fin último del presente reglamento era poder establecer una correcta aplicación del acuerdo y
consecuentemente poder brindar la asistencia religiosa a los miembros de la fuerza pública en
general, sin embargo, en aquella época en que se realizó su promulgación la situación estatal
era muy diferente y por ende permitió que se lo realizara de esa manera.

Se indica en el mismo, que el servicio religioso a las Fuerzas Armadas y Policía Nacional,
de conformidad con el Acuerdo celebrado con la Santa Sede el 3 de agosto de 1978, se enmarca
dentro del sentido y espíritu de libertad religiosa, que garantiza la Constitución de la República
en su Art. 19, numeral 5. (Art. 3), cabe señalar que la Constitución Política del Año 1979,
publicada en el Registro Oficial 800 de 27 de marzo de 1979, si bien era cierto reconocía la
libertad de religión, liberta de cultos y no discriminación, no llevaba implícito el principio de
laicidad estatal, lo cual permitió que a priori se promulgara dicho reglamento, este indicaba
que, por respeto a la libertad de conciencia de los miembros de las Fuerzas Armadas y Policía
Nacional, no se impondrá ni se considerará ningún acto religioso como obligatorio, pero sin
embargo de no ser obligatorio existía ya la imposición de un clero religioso a nivel
institucional.

El citado reglamento establece que, para coordinar los asuntos administrativos y operativos,
concernientes al servicio religioso a las Fuerzas Armadas, el Ministerio de Defensa Nacional
asignará una oficina en dicha Cartera de Estado; y para la Policía Nacional lo hará el Ministerio
de Gobierno (Art.5). A la fecha de promulgación del Reglamento, el Ecuador no se encontraba
constituido como Estado Laico, por lo que, constitucionalmente no existía limitaciones o
prohibiciones para la emisión de este tipo de actos normativos que implican la intervención,
en este caso, de las enunciadas carteras de Estado.

Se estableció que el ejercicio del Obispado Castrense se regirá por la Constitución de la


República (1979), por el Acuerdo suscrito entre la Santa Sede y la República del Ecuador de
3 de agosto de 1978, por las normas del Derecho Canónico y según las Leyes y Reglamentos
de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional (Art.9).

Se detalla como estará integrado el Obispado Castrense, indicando que, para efectos de sus
remuneraciones económicas, el personal del Obispado Castrense de la Fuerza Pública, constará
en los respectivos orgánicos del Ministerio de Defensa Nacional, del Comando Conjunto de
las Fuerzas Armadas, Comandos Generales de Fuerza y Comando General de la Policía
Nacional, con contrato de conformidad a las disponibilidades presupuestarias de los citados
organismos (Art.10).

Otro de los aspectos que nos parece importante señalar es que se estableció un régimen
económico al personal del Obispado Castrense, el cual se lo debía hacer constar en los
respectivos orgánicos funcionales de las instituciones que se encontraban inmersa en el
Reglamento, sin embargo, pese a que el Ecuador para aquella época había dejado de lado el
estado confesional, podemos observar que en el Reglamento se seguía incluyendo a la iglesia
católica dentro de la estructura estatal. Como ya se ha insinuado, actualmente esto no podría
8

ser permisible por el principio de laicidad que pregona el artículo 1 de la Constitución de la


República del Ecuador.

Se indica también que el Obispado Castrense en su calidad de máxima autoridad religiosa,


seleccionará el personal religioso del Obispado y previa solicitud a los Ministerios de Defensa
Nacional y de Gobierno y Policía, propondrá los respectivos contratos, de acuerdo a las
Vacantes orgánicas de cada Fuerza, del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas,
Ministerio de Defensa Nacional y Comando General de la Policía Nacional (Art.13). Como se
observa se le daba esa prerrogativa a la máxima autoridad religiosa para que hiciera la
selección del personal, proponiendo los respectivos contratos de acuerdo a las vacantes
orgánica en cada fuerza estatal, sin embargo, consideramos que en la actualidad esto no debería
seguir sucediendo, por cuando, al seguir vigente dicha prerrogativa se rompe todo principio de
neutralidad religiosa que debe tener el Estado.

Dentro de las disposiciones generales se establece también, que los organismos militares y
policiales en sus respectivos repartos y las autoridades correspondientes, destinarán las áreas
físicas necesarias para el desarrollo de las actividades pastorales, proporcionando lugares
adecuados, para capilla, oficina y vivienda para el capellán (Art.27).

4. Problemas jurídicos originados.

4.1. La norma contenida en el Decreto Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996,


publicado en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo de 1996 (Reglamento del Obispado
Castrense del Ecuador) vulnera los principios de supremacía constitucional y de
laicidad.

La Constitución de la República del Ecuador (R.O. 499 de 20 de octubre de 2008), en su


artículo 424 determina: La Constitución es la norma suprema y prevalece sobre cualquier otra
del ordenamiento jurídico. Las normas y los actos del poder público deberán mantener
conformidad con las disposiciones constitucionales; en caso contrario carecerán de eficacia
jurídica. La Constitución y los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por el
Estado que reconozcan derechos más favorables a los contenidos en la Constitución,
prevalecerán sobre cualquier otra norma jurídica o acto del poder público.

Al respecto, Rafael Oyarte, en su libro Derecho Constitucional Tercera Edición, establece:


La supremacía constitucional implica la existencia de una norma promulgada que tiene valor
superior a los demás preceptos positivos y que logra superior vigencia sobre ellos. Así, la
constitución es condición de validez y de unidad del ordenamiento jurídico positivo. La
condición de validez implica que toda norma debe fundamentarse, formal y materialmente, en
una superior, de la que derivan las inferiores. La condición última de validez del ordenamiento
jurídico está en la Constitución: de ella derivan todas las demás. Siendo que en el ordenamiento
jurídico existen normas de las más diversa jerarquía y contenido, todas encuentran su unidad
en una sola norma positiva que es la constitución. (…) El control de constitucionalidad busca
el mantenimiento de los principios de supremacía constitucional y de regularidad del
ordenamiento jurídico, impidiendo que las normas inferiores alteren o contradigan las
disposiciones constitucionales (Oyarte, 2019, pág. 49).
9

En Sentencia No. 1116-13-EP/20 - CASO No. 1116-13-EP # 20, la Corte Constitucional


estableció que: (…) El principio de supremacía constitucional y el principio de aplicabilidad
directa de la Constitución están esencialmente aparejados pues a través de ellos se consigue no
sólo que la norma suprema prevalezca sobre cualquier otra norma del ordenamiento jurídico,
sino también que la norma suprema realmente tenga un efecto útil y se aplique a casos
concretos.

Por su parte, el principio de laicidad que prevé el artículo 1 de la Constitución de la República


del Ecuador (R.O. 499 de 20 de octubre de 2008), no significa el desconocimiento del Estado
para con los credos religiosos, al contrario, garantiza su reconocimiento como elemento
importante en la sociedad, en la que se materializan libertades y derechos fundamentales de las
personas, correspondiendo su protección por parte de las autoridades públicas con estricta
imparcialidad frente a las diferentes religiones y sin que constituya intervención del poder
público en los asuntos religiosos. Es así que, para garantizar derechos fundamentales, del
principio de laicidad se origina la neutralidad religiosa, misma que, impide al Estado: (i)
establezca una religión o iglesia oficial; (ii) se identifique formal y explícitamente con una
iglesia o religión; (iii) realice actos oficiales de adhesión a una creencia; (iv) tome medidas o
decisiones con una finalidad exclusivamente religiosas; y (v) adopte políticas cuyo impacto sea
promover, beneficiar o perjudicar a una religión o iglesia (Corte Constitucional de la República
de Colombia, 2019).

De lo expuesto, al ser la Constitución la norma suprema, no admite ninguna otra norma


positiva que le sea superior1 y su aplicabilidad debe ser directa y vinculante para cualquier
servidora o servidor público, administrativo o judicial. En este contexto, el Decreto Ejecutivo
3565 del 29 de febrero de 1996, publicado en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo de 1996
(Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador), contiene varias disposiciones que tienen
relación directa con principios y derechos constitucionales como los que se cita a continuación:
laicidad del Estado, igualdad y no discriminación y libertad de religión; por lo que, corresponde
a todas las autoridades públicas realizar una interpretación en el sentido más favorable a los
derechos, cumpliendo consecuentemente la supremacía constitucional.

Ahora bien, con la vigencia de la Constitución de la República del Ecuador (R.O. 499 de 20
de octubre de 2008), la aplicación de las normas y procedimientos, que permitan la correcta
aplicación del Acuerdo suscrito el 3 de agosto de 1978, entre la Santa Sede y la República del
Ecuador, relacionado con la asistencia religiosa a los miembros de las Fuerzas Armadas y
Policía Nacional (Art. 1 - Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador), en su contexto
integral se torna de inconstitucional, ya que la emisión del citado reglamento establece la
preferencia clara y directa por la religión católica, contraviniendo que el Ecuador se ha
constituido entre otras como un Estado laico, entendiéndose este, por ser neutro en el trato con
las diversas creencias religiosas sin mantener preferencias especificas entre una y otra. Lo
indicado no limita que la Iglesia Católica como cualquier otro credo religioso ejerzan de forma

1
Para asegurar y garantizar la libertad del ciudadano frente al poder político es que en los Estados Unidos se añade el elemento de supremacía de
la Constitución en el ordenamiento jurídico, obra de la sentencia del Juez Marshall en el caso Marbury versus Madison, que concluye el proceso de
creación jurisprudencial al respecto. Cfr. Enrique ÁLVAREZ CONDE, Curso de Derecho Constitucional, vol. I., Madrid, Tecnos, 1992, p. 139.
10

autónoma, esto es, sin comprometer al Estado ecuatoriano, el derecho de practicar o profesar
en público o en privado su religión y creencias.

Con fundamento al principio de supremacía constitucional y bajo el argumento que la


constitución es condición de validez y de unidad del ordenamiento jurídico positivo, de ahí que
la condición última de validez del ordenamiento jurídico está en la Constitución, el Decreto
Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996, publicado en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo
de 1996 (Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador), al contravenir con el principio de
laicidad previsto en el artículo 1 de la Constitución de la República del Ecuador, debe ser
extinguido de la vida jurídica, pudiéndose generar su extinción en sede administrativa por quien
ostente el cargo de Presidente de la República o por medio del Control de Constitucionalidad
por parte de la Corte Constitucional a través de una acción pública de inconstitucionalidad.

4.2.La norma contenida en el Decreto Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996, publicado
en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo de 1996 (Reglamento del Obispado Castrense
del Ecuador) atenta contra el principio de libertad religiosa.

La Constitución Política del Ecuador (R.O. 800 de 27 de marzo de 1979), en su periodo de


vigencia, estableció: Art. 19.- Toda persona goza de las siguientes garantías: (…) 5. La libertad
de conciencia y la de religión, en forma individual o colectiva, en público o privado. Las
personas practican libremente el culto que profesen, con las únicas limitaciones que la ley
prescriba para proteger la seguridad, la moral pública o los derechos fundamentales de las
demás personas; norma constitucional que tiene relación a lo previsto en el artículo 3 y 9 del
Decreto Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996, publicado en el Registro Oficial 899 de 7 de
marzo de 1996 (Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador).

La actual Constitución de la República del Ecuador (R.O. 499 de 20 de octubre de 2008),


indica: Art. 66.- Se reconoce y garantizará a las personas: (…) 8. El derecho a practicar,
conservar, cambiar, profesar en público o en privado, su religión o sus creencias, y a difundirlas
individual o colectivamente, con las restricciones que impone el respeto a los derechos. El
Estado protegerá la práctica religiosa voluntaria, así como la expresión de quienes no profesan
religión alguna, y favorecerá un ambiente de pluralidad y tolerancia.

Para Proaño, la libertad religiosa es: El derecho del hombre a la inmunidad de toda injusta
coerción social en materias religiosas, inmunidad que debe estar garantizada jurídicamente por
la sociedad de tal manera que sea posible para todo hombre actuar libre y responsablemente en
la aceptación o el rechazo de la fe religiosa y en la expresión externa de su convicción interior
(Campaña, 2013., pág. 32).

La actual constitución, materializa sustancialmente la libertad de religión objetiva, que se


ejecuta tomando en cuenta la laicidad que establece el artículo 1 de la constitución; este
argumento mantiene sustento en virtud de que la asistencia religiosa de las Fuerzas Armadas y
Policía Nacional no es contraria al principio de laicidad, porque un laicismo abierto no es
opuesto a la libertad religiosa. De esta manera, es jurídicamente inaceptable cualquier tipo de
interferencia del estado en la religión.
11

Al respecto, Llamazares Fernández, señala: Un símbolo religioso presidiendo la realización


de una actividad pública supone una contradicción con la laicidad […] Toda función pública,
toda autoridad pública y toda institución pública están obligadas a la más exquisita neutralidad
religiosa e ideológica a un margen de las creencias religiosas en el cumplimiento de sus
funciones. […] Es evidente que la neutralidad es una obligación del Estado y los poderes
públicos, entonces, es contrario a la Constitución y el principio de laicidad que realicen su
función pública portando símbolos de identificación religiosa porque en la realización de esa
función están obligados por el “deber de reserva” que en aras de la neutralidad les obliga a
actuar de acuerdo con su propia conciencia pero sin imponer a los demás los dictados de la
misma que no se identifiquen con los valores constitucionales comunes (Campaña, 2013., pág.
43).

La normativa constitucional prevé una serie de derechos que permiten el respeto a las
creencias religiosas de las personas, entre ellos la libertad de religión y culto. En consecuencia,
al continuarse aplicando el Reglamento del Obispado Castrense del Ecuador, indudablemente
se atenta con el principio de libertad de religión, por cuanto la asistencia religiosa supone que
la persona asistida (miembros de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional) se encuentra en un
régimen reglamentario de sujeción, direccionando sus creencias a un determinado credo para
que lo profesen.

4.3.La norma contenida en el Decreto Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996, publicado
en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo de 1996 (Reglamento del Obispado Castrense
del Ecuador) vulnera los derechos de igualdad y no discriminación.

La Constitución de la República del Ecuador (R.O. 499 de 20 de octubre de 2008), sobre la


igualdad y no discriminación, señala: Art. 11.- El ejercicio de los derechos se regirá por los
siguientes principios: (…) 2. Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos,
deberes y oportunidades. Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de
nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil, idioma, religión,
ideología, filiación política, pasado judicial, condición socio-económica, condición migratoria,
orientación sexual, estado de salud, portar VIH, discapacidad, diferencia física; ni por cualquier
otra distinción, personal o colectiva, temporal o permanente, que tenga por objeto o resultado
menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos. La ley sancionará toda
forma de discriminación. El Estado adoptará medidas de acción afirmativa que promuevan la
igualdad real en favor de los titulares de derechos que se encuentren en situación de
desigualdad. (…) Art. 66.- Se reconoce y garantizará a las personas: (…) 4. Derecho a la
igualdad formal, igualdad material y no discriminación.

De las normas constitucionales enunciadas, la Corte Constitucional en Sentencia No. 292-


16-SEP-CC - Caso No. 0734-13-EP, respecto al principio de igualdad, señaló: Doctrinariamente
podemos decir que el principio de igualdad es un principio normativo que requiere la protección
de las diferencias, comenzando por la diferencia de género. Precisamente porque -de hecho-,
existen diferencias por sexo, nacionalidad, idioma, religión, opiniones políticas, condiciones
personales y sociales. Al respecto Luis Ferrajoli ha señalado: ‘‘… he definido en muchas
ocasiones el principio de igualdad como el igual valor asociado a las diferencias de identidad
que hacen de toda persona un individuo diferente de todos los demás y de todo individuo una
12

persona como todas las demás. (...) La igualdad impone la tutela de las diferencias y la
reducción de las desigualdades". (Pág. 23)

La Corte de igual manera indica que "La igualdad formal implica que ante el sistema jurídico
todas las personas deben tener un trato igualitario. Por igualdad material, en cambio, se refiere
a un análisis de la realidad de la persona, el cual ha sido recogido a través del principio
consagrado en el artículo 11 numeral 2 de la Constitución de la República, el mismo que
persigue la igualdad real en favor de los titulares de los derechos que se encuentren en situación
de desigualdad"(Sentencia 050-15-SIN-CC, caso N. 035-11-IN). Es decir, que nadie podrá ser
discriminado por cualquier distinción, personal o colectiva, temporal o permanente que tenga
por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos.

Respecto a la discriminación, la Corte Constitucional en citada Sentencia No. 292-16-SEP-


CC - Caso No. 0734-13-EP, determinó: (…) la norma constitucional del artículo 11 numeral 2
prohíbe tanto una discriminación directa, así como una discriminación indirecta, que tienen por
objeto menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos. La
discriminación directa que tiene por objeto, es una discriminación expresa, directa -valga la
redundancia-, y explícita; en tanto que la discriminación indirecta que tiene por resultado, es
una discriminación que a primera vista aparece como neutral o invisible, pero que es
irrazonable, injusta y desproporcional. (Pág. 22)

La Corte Constitucional de Colombia, en la sentencia C-664 de 2016, refiriéndose al


principio de laicidad, indicó: (…) Se trata de la garantía de independencia mutua que, como
quedó explicado, no implica ausencia de relaciones, sino que éstas deben garantizar que no
exista confusión entre las funciones públicas y las funciones clericales (C-68/93). Se trata de
verificar que la relación no conduzca, en los términos del Lemon Test, a una excesiva confusión
de las funciones del Estado con las de las iglesias. En este sentido, esta Corte ha determinado
que: “Empero, las actividades que desarrolle el Estado en relación con la religión deben tener
como único fin el establecer los elementos jurídicos y fácticos que garanticen la libertad de
conciencia, religión y culto de las personas, sin que se encuentre fundamento legítimo para
que las funciones públicas se mezclen con las que son propias de las instituciones
religiosas” (negrillas no originales) (C-766/10). Dicho pronunciamiento consideró necesario
determinar el “impacto primordial” de la medida (C-766/10). En el mismo sentido, una
sentencia de este año indicó que “Aunque la laicidad no significa el aislacionismo de la religión
respecto de los intereses del Estado, sí reclama que las funciones públicas no se confundan
con las que son propias de las instituciones religiosas” (C-224/16) (negrillas no originales).

Es así que, al estar vigente el Decreto Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996, publicado
en el Registro Oficial 899 de 7 de marzo de 1996 (Reglamento del Obispado Castrense del
Ecuador), le corresponde al Estado ecuatoriano por intermedio del Ministerio de Defensa y
Ministerio de Gobierno, asignar espacios físicos (capilla, oficinas y vivienda) tanto para la sede
del Obispo Castrense del Ecuador, como para coordinar los asuntos administrativos y
operativos, concernientes al servicio religioso a las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional
(Artículo 5 - Disposición General Artículo 27); adicionalmente le corresponde el pago de
remuneraciones económicas al personal del Obispado Castrense de la Fuerza Pública (Artículo
10), de esta forma se genera un trato preferencial y privilegiado en favor exclusivo del credo
13

católico y se deja a un lado la neutralidad estatal. Se considera que, la aplicación del Reglamento
del Obispado Castrense del Ecuador, se encuentran vulnerando el derecho de igualdad y no
discriminación de otras organizaciones religiosas que podrían profesar en igualdad de
condiciones sus creencias a los miembros de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional que tengan
orientación a otras religiones, sin que lo indicado implique intervención de las funciones
públicas del Estado con las de las instituciones religiosas.

4.4. Sentencia No. 005-11-SIN-CC - Caso No. 0046-09-IN y 0071-09-IN acumulados.

La presente sentencia constitucional se refiere a las Acciones de inconstitucionalidad


presentadas ante la Corte Constitucional del Ecuador para el Período de Transición, por parte
de la señora Martha Roldas Bucaram y Azucena del Rocío Soledispa toro y otros, en contra de
los decretos ejecutivos N.º 1780 y 15, publicados en los registros oficiales N.º 620 de 25 de
junio de 2009 y 15 de 31 de agosto de 2009, argumentando entre otros, la violación de los
artículos 1, 11.2 y 66.8 de la Constitución de la República.

Al respecto, la Corte en la parte considerativa de la sentencia, señaló: En primer lugar, la


Corte Constitucional tiene competencia exclusiva para conocer las acciones públicas de
inconstitucionalidad por el fondo o por la forma contra "actos normativos de carácter general"
emitidos por órganos y autoridades del Estado; es decir; la Corte Constitucional, corno máximo
órgano de interpretación de la Constitución, tiene la atribución de pronunciarse respecto a la
constitucionalidad o no de una norma determinada, lo cual conlleva una confrontación entre el
texto constitucional y el de la , norma acusada de inconstitucional, mediante la utilización de
diversas reglas de interpretación constitucional, a partir de los argumentos expuestos por los
accionantes. (…) De ello se colige que la Corte Constitucional se pronunciará respecto de actos
normativos de carácter general, llámese normas, leyes, decretos ley, reglamentos, etc., es decir,
de aquellos actos normativos que reúnan las características de generalidad y abstracción (fuerza
normativa de las disposiciones que contienen).

En el presente caso los decretos ejecutivos impugnados contienen únicamente criterios


generales sobre los cuales se deberá suscribir un acuerdo con las misiones católicas. En otras
palabras, se trata de parámetros generales decretados por el presidente de la república.
Recuérdese que el Decreto Ejecutivo N.º 1780 y su reforma constituye un decreto de
delegación al ministro de Gobierno, en el cual el presidente de la república sugiere los términos
en los cuales se suscribirá un contrato a futuro. (…)

En segundo lugar, una vez revisado el contenido íntegro de los decretos ejecutivos cuya
inconstitucionalidad se demanda, no es posible determinar una vulneración de derechos
constitucionales, puesto que se trata de parámetros generales en base a los cuales se suscribirá
un acuerdo posterior con las misiones católicas, que no pueden ser declarados
inconstitucionales per se. Además, el presidente de la república tiene la posibilidad de
establecer o suscribir este tipo de contratos, amparado en las atribuciones y deberes previstos
en la Constitución de la República, además de los determinados en la ley.

Por las consideraciones expuestas en sentencia de mayoría, la Corte negó las acciones de
inconstitucionalidad planteadas por las accionantes.
14

Sin embargo, se generó voto salvado en el cual, disintiendo con la mayoría del pleno de la
Corte, los Doctores Hernando Morales Vinueza y Alfonso Luz Yunes, consideraron que el
órgano máximo de control constitucional es competente para efectuar el análisis de forma y de
fondo de las normas impugnadas.

En referencia al análisis de constitucionalidad por el fondo de los decretos ejecutivos


impugnados, se indicó: (…) al mencionar que todos los actos del poder público deben guardar
armonía con el texto constitucional y esencialmente con los derechos consagrados en el mismo,
es por ello que los actos derivados del Presidente de la República no pueden alejarse de este
principio de supremacía constitucional, por tanto, al encontrarse que varias disposiciones
contenidas en los decretos objeto de impugnación guardan relación con derechos consagrados
en la Constitución de la República del Ecuador, lo menos que podía hacer el ejecutivo al emitir
el Decreto No. 1780 y posteriormente su reforma, era observar las normas constitucionales y
sus disposiciones respecto a la tutela y protección de los derechos constitucionales, dando de
esta forma cumplimiento al principio de supremacía constitucional; (…)

Los decretos impugnados también atentan en contra del derecho de libertad de cultos
consagrado en el art. 66, numeral 8 de la Constitución de la República; (…) A través de estos
decretos se estaría direccionando para que las misiones católicas evangelicen a los habitantes
de estas circunscripciones territoriales para que profesen la religión católica.

Los decretos impugnados contienen prerrogativas para miembros de las misiones católicas,
exonerándoles incluso del pago de tributos y concediéndoles beneficios para la obtención de
visas, acreditación de títulos y nombramientos públicos. Igualmente, se otorga privilegios que
implican la cooperación para sus tareas de instituciones del Estado, así como asignaciones
presupuestarias para cumplir con sus objetivos llegándose a establecer preasignaciones
presupuestarias permanente para la realización de sus tareas como misiones (…) El literal e)
faculta a que estas misiones puedan ser beneficiarias de frecuencias de radio y televisión, esto
constituye una vulneración al principio de igualdad y denota una discriminación en razón de
la religión ya que se hace extensiva exclusivamente a las misiones católicas.

Entre otras, por las consideraciones expuestas el voto salvado determinó aceptar la acción
pública de inconstitucionalidad presentada por Martha Roldós Bucaram; Azucena del Rocío
Soledispa Toro y otros; declarando la inconstitucionalidad por la forma y por el fondo del
Decreto Ejecutivo No. 1780, publicado en el Registro Oficial No. 620 de 25 de junio de 2009;
y, el Decreto Ejecutivo No. 15, publicado en el Registro Oficial No. 15 de 31 de agosto del
2009.

Conforme el objeto del presente artículo; y, no obstante, a la sentencia de mayoría, se


consideró relevante el análisis de constitucionalidad (voto salvado) por el fondo de los decretos
ejecutivos impugnados, puesto que, genera un precedente respecto de la laicidad del Estado
ecuatoriano y el derecho a la libertad de religión. Lo indicado tiene sustento en virtud de que
la Corte Constitucional en el Ecuador, no ha generado pronunciamientos específicos respecto
del principio de laicidad del Estado, en virtud de aquello, al ser esta una sentencia que contiene
criterios que de cierta manera guardan semejanza a los planteados en el presente trabajo, se ha
15

puesto en consideración a fin de poder realizar una correlación entre ciertos derechos y la
laicidad estatal.

5. Conclusión.

Con la vigencia de la Constitución de la República (R.O. 499 de 20 de octubre de 2008), al


constituirse al Ecuador como un Estado laico, se limitó la intervención de las funciones
públicas del Estado con las de las instituciones religiosas, de esta manera le está prohibido al
Estado ecuatoriano privilegiar o favorecer a religión alguna. Sin embargo, actualmente la
aplicación del Decreto Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996, publicado en el Registro
Oficial 899 de 7 de marzo de 1996, mediante el cual el Obispado Castrense del Ecuador ejerce
la asistencia religiosa a los miembros de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, genera un
trato preferencial y privilegiado en favor de la religión católica, puesto que, le corresponde al
Estado a través del Ministerio de Defensa y Ministerio de Gobierno, asignar espacios físicos
(capilla, oficinas y vivienda) tanto para la sede del Obispo Castrense del Ecuador, como para
coordinar los asuntos administrativos y operativos, concernientes al servicio religioso a las
Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional; adicionalmente al incorporar al Obispado Castrense
en el orgánico de las carteras de Estado enunciadas, le corresponde la erogación de recursos
económicos por concepto de pago de remuneraciones al personal del Obispado Castrense de
la Fuerza Pública, contrariándose de este modo la neutralidad estatal.

De lo expuesto, a criterio de los autores del presente artículo, se concluye que la aplicación
en la actualidad del Decreto Ejecutivo 3565 del 29 de febrero de 1996, publicado en el Registro
Oficial 899 de 7 de marzo de 1996, contraviene a la Constitución de la República del Ecuador
en sus artículos 1, 11 (2), 66 (4) (8) respectivamente, y a su disposición derogatoria. Así mismo
se considera oportuno efectuar un análisis de inexequibilidad entre la actual constitución del
Ecuador y el Acuerdo entre la República del Ecuador y la Santa Sede, sobre el Servicio
Religioso a las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, suscrito el 3 de agosto de 1978, y
ratificado por el Congreso Nacional en 1982.
16

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