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Mario Ackerman

El documento analiza la Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) como un fenómeno contemporáneo que, a pesar de su popularidad, carece de bases jurídicas y morales sólidas, ya que se presenta como una opción voluntaria que no impone obligaciones reales. Se critica la tendencia a considerar la RSE como un sustituto de las responsabilidades estatales, argumentando que debería ser regulada y obligatoria, especialmente tras políticas de desregulación y privatización. El autor concluye que la RSE, tal como se concibe actualmente, no cumple con los estándares de responsabilidad social tradicional, lo que plantea interrogantes sobre su efectividad y legitimidad.

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  • crítica lingüística,
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  • cultura organizacional,
  • derechos subjetivos,
  • transparencia,
  • regulación,
  • crítica jurídica,
  • obligaciones estatales,
  • responsabilidad ad intra
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Mario Ackerman

El documento analiza la Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) como un fenómeno contemporáneo que, a pesar de su popularidad, carece de bases jurídicas y morales sólidas, ya que se presenta como una opción voluntaria que no impone obligaciones reales. Se critica la tendencia a considerar la RSE como un sustituto de las responsabilidades estatales, argumentando que debería ser regulada y obligatoria, especialmente tras políticas de desregulación y privatización. El autor concluye que la RSE, tal como se concibe actualmente, no cumple con los estándares de responsabilidad social tradicional, lo que plantea interrogantes sobre su efectividad y legitimidad.

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CONSIDERACIÓN JURÍDICO-LABORAL DE LA LLAMADA

RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA EMPRESA

(Para una responsabilidad social responsable)

Mario E. ACKERMAN

I – ESTE AÑO SE USA EL VIOLETA

Entre otras muchas opiniones que se han vertido sobre la llamada


Responsabilidad Social de la Empresa (RSE), se ha dicho también que es una
moda que vino para quedarse1.

Esta afirmación, sin embargo, encierra una manifiesta contradicción, un


verdadero oxímoron que preanuncia otros varios que se manifiestan en esta
materia.

Y esto es así porque si algo caracteriza a la moda es, precisamente, su


fugacidad y la ausencia de toda vocación de permanencia.

Como lo fue en aquel año en el que se puso de moda el violeta.

La moda, así, se caracteriza por una irremediable inconstancia –cuando


no por la irracionalidad o el absurdo- que, por cierto, no nace en los caprichos
de sus consumidores –ni, menos aún, en sus necesidades-, sino en las
decisiones y conveniencias de quienes la imponen. Conveniencias que suelen
estar más cerca de los negocios de éstos que de las preocupaciones por los
usuarios de aquélla.

Pero más allá de esta eventual proximidad, hay un aspecto nuclear en el


que la RSE se emparenta claramente con la moda, y es en su rechazo a toda
regulación preestablecida que pretenda limitarla en su puro arbitrio –
autocalificado como voluntariedad-.

En rigor, la arbitrariedad de la RSE nace ya en su calificación, que


parece contradecir las categorías conceptuales tradicionales tanto de la

1
FUERTES, Flavio, GOYBURU, María Lara y KOSACOFF, Bernardo, La responsabilidad
social empresaria: ¿sólo un discurso?, en Revista de Trabajo, Año 1, N° 1 –nueva época- julio/
diciembre 2005, Buenos Aires, octubre 2005, pág. 159.
2

responsabilidad como de lo social. No podría, empero, haber reproche en esto,


ya que, siendo como es una moda ella supone necesariamente un rechazo de
las tradiciones y las reglas –esto es, del derecho-.

Las definiciones que se han ensayado sobre la RSE deben ser entonces
la puerta de entrada a estas reflexiones y observaciones ya que, una vez más,
el lenguaje no es neutral aunque, en este caso, pueda suponer una
malversación de su uso que provoca que lo que se expresa quede instalado en
las antípodas de lo que insinúa la expresión.

Tradicionalmente la referencia a la responsabilidad social evocaba las


obligaciones de la sociedad frente a las necesidades de los individuos, y se la
consideraba un deber moral, político y jurídico. Ahora, en cambio, la RSE se
presenta como la responsabilidad de ciertos individuos –las empresas- frente a
la sociedad, y aparece como un conjunto de acciones voluntarias y
contingentes, lindantes con la filantropía, que, por cierto, no suponen
obligaciones ni, menos aún, derechos.

Tal vez entonces, en la puridad del lenguaje, de lo que hoy se habla no


es de responsabilidad y, quizás, aquello que resulta tampoco sea social. Pero,
claro está, esto será considerado así desde una perspectiva tradicional y
jurídica, y la moda, como quedó dicho, se aparta de las tradiciones y repudia
las normas establecidas.

Y es precisamente a partir de este primer señalamiento desde donde


intentaré explicar las razones por las que, si la RSE aspira a presentarse como
una alternativa a las regulaciones y a las responsabilidades del Estado, y tal
pretensión ha surgido contemporáneamente y como un corolario de las
políticas de desregulación y privatizaciones, en modo alguno ella podría quedar
instalada en las nebulosas de la propia conveniencia, el acaso y la
voluntariedad.

O, en todo caso, las acciones que las empresas desarrollen con estas
características, difícilmente merezcan ser calificadas como responsables ni
sociales y, cuando menos para evitar las confusiones involuntarias, no sería
desacertado buscar para aquéllas otra designación.
3

II – LAS DEFINICIONES DE LA RSE, SUS FUNDAMENTOS Y


CONSECUENCIAS

Con independencia de las fuentes y de las diferencias formales en las


definiciones, existen notas comunes a todas ellas que permiten deducir y
explicar sus fundamentos y consecuencias.

1. Las definiciones

Para la Organización Internacional de Empleadores2 (OIE) la RSE son


las

iniciativas desarrolladas de manera voluntaria por las empresas, en las que


se integran inquietudes tanto sociales como medioambientales para la
gestión de sus operaciones y la interacción con sus allegados

y que se rige tanto por la competitividad como por la filantropía.

También en el documento elaborado por la Comisión Mundial de la


Dimensión Social de la Globalización3 se aporta una definición similar, cuando
se indica que

la RSE concierne a las iniciativas voluntarias que adoptan las empresas más
allá de sus obligaciones legales. Es un medio a través del cual la empresa
puede considerar su impacto en todas las partes interesadas pertinentes. La
RSE no es un sustituto de la reglamentación gubernamental o de la política
social, sino un complemento.

Y en el Libro Verde de la Comisión de las Comunidades Europeas4, se


indica que

La responsabilidad social de las empresas es, esencialmente, un concepto


con arreglo al cual las empresas deciden voluntariamente contribuir al logro
de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio.

2. Fundamentos

2
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE EMPLEADORES, La responsabilidad social de la
empresa; el enfoque de la OIE, documento aprobado por la Junta Directiva el 21 de marzo de
2003, OIE, Ginebra, 2003, pág. 2.
3
COMISIÓN MUNDIAL SOBRE LA DIMENSIÓN SOCIAL DE LA GLOBALIZACIÓN, Por una
globalización justa; crear oportunidades para todos, OIT, Ginebra, 2004, pág. 135/136
4
COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS, Libro Verde; fomentar un marco europeo
para la responsabilidad social de las empresas, Bruselas, 2001, pág. 4, # 8.
4

Según se indica en el citado Libro Verde 5, los factores que impulsan el


desarrollo de la RSE serían:

• Las nuevas inquietudes y expectativas de los ciudadanos,


consumidores, poderes públicos e inversores en el contexto de la
mundialización y el cambio industrial a gran escala

• Los criterios sociales que influyen cada vez más en las decisiones de
inversión de las personas o las instituciones tanto en calidad de
consumidores como de inversores

• La preocupación cada vez mayor sobre el deterioro medioambiental


provocado por la actividad económica

• La transparencia de las actividades empresariales propiciada por los


medios de comunicación y las modernas tecnologías de información y
comunicación.

JUSTICE6, a su vez, agrega una explicación clave, que no tiene


relevancia menor, cuando afirma que

otro de los orígenes del concepto actual de RSE se puede encontrar en las
consecuencias de las políticas de liberalización, desregulación y
privatización de los últimos veinte años.

3. Consecuencias

Más allá de las razones que puedan llevar a la promoción y desarrollo de


la RSE y de las diferencias que puedan existir en sus contenidos a la hora de la
aplicación en concreto, su concepción actual y, especialmente, la nota de
voluntariedad sobre la que se advierte una coincidencia generalizada, tiene
como consecuencia que, en los hechos, sean las empresas quienes deciden
por sí7:

• Cuáles son las necesidades de la sociedad

5
COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS, op. y loc. cit.
6
JUSTICE, Dwight W., El concepto de responsabilidad social de las empresas: desafíos y
oportunidades para los sindicatos. En [Link]/public/spanish/dialogue/actrav/publ/130/1,
pág. 3.
7
Observaciones similares presenta JUSTICE, en op. cit., pág. 5/8
5

• El contenido y alcance de sus propias responsabilidades frente a la


sociedad

• La oportunidad y conveniencia de la asunción de responsabilidades para


la satisfacción de aquellas necesidades

• La continuidad, modificación o interrupción de las acciones emprendidas


bajo el paraguas de la RSE, según su rentabilidad o conveniencia

• La interpretación y alcance de las reglas fijadas

Y, por cierto, el carácter voluntario de la RSE hace que su contenido


obligacional no resulte exigible por sus destinatarios ni por terceros.

Estas consecuencias son las que provocan que la RSE, tal como
aparece concebida, merezca una triple crítica desde el lenguaje, el derecho y la
política social.

III – CRÍTICA LINGÜÍSTICA, JURÍDICA Y AXIOLÓGICA DE LA


VOLUNTARIEDAD EN LA RSE

1. El lenguaje

Atinadamente observaba Charles PERELMAN que puesto que una


comunidad regida por reglas de derecho es al mismo tiempo una comunidad
lingüística, hay que suponer que los términos utilizados en los textos legales
deben ser comprendidos en el sentido comúnmente aceptado, a menos que
existan razones especiales que justifiquen que se descarte tal sentido y haya
que aceptar otro.

Es esa guía la que debe llevar al jurista a iniciar toda indagación, en la


que aparezca comprometido el sentido de una palabra o una expresión,
acompañado por un buen diccionario.

Responsabilidad, para el Diccionario de la Lengua Española de la Real


Academia Española es, además de la cualidad de responsable, una deuda,
obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de
un delito, de una culpa o de otra causa legal y, en una tercera acepción, un
6

cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o
asunto determinado8.

Responsable, a su vez, es el obligado a responder de algo o por


alguien9.

La primera señal que da el lenguaje, así, no es la de asociar la


responsabilidad a la voluntariedad sino a la obligación.

2. El derecho

También el derecho es contundente en su coincidencia con el lenguaje.

Tradicionalmente –tradición no abandonada hasta hoy por los juristas-


se ha entendido que la responsabilidad es un remedio que, frente al daño
producido, transfiere su carga a una persona distinta de la que lo sufrió 10.
Concepto éste que no se modifica en lo sustancial si la reparación se impone a
la persona que causó el daño o a un tercero, así como tampoco tiene
relevancia de quién se trate en este segundo supuesto.

En efecto, y sin necesidad de ingresar en el debate sobre la


conveniencia o la inconveniencia de la tendencia a la sustitución de la
responsabilidad individual –que transfiere la reparación a quien se considere
individualmente responsable- por la responsabilidad social –que supone la
asunción parcial o total de las consecuencia por una colectividad-, la nota
común es la de la obligación de reparar y, consecuentemente, la existencia de
un derecho subjetivo a reclamar tal reparación por el damnificado.

Responsabilidad es entonces, para el derecho, un enlace de conductas


en la coexistencia social que implica que aquélla pueda ser ejercida
coactivamente11.

Para el jurista, la responsabilidad se vincula con la obligación de


responder o, antes aún, de prevenir, pero en ningún caso se asocia aquella
posición jurídica con una actitud voluntaria de aquél a quien se considera

8
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua Española, 22ª ed., Espasa Calpe,
Madrid, 2001, T. II, pág. 1959.
9
Idem, pág. 1960.
10
DE CUPIS, Adriano, El daño; teoría general de la responsabilidad civil, trad. de la 2ª ed.
italiana, Bosch, Barcelona, 1975, pág. 578.
11
ALTERINI, Atilio A., Responsabilidad civil; límites de la reparación civil, 2ª ed., Abeledo-
Perrot, Buenos Aires, 1974, pág. 19.
7

responsable. La voluntariedad –pariente cercana del voluntarismo- atenúa,


cuando no desdibuja y niega, la responsabilidad. La idea de la obligación
meramente potestativa (cumplo si quiero, cuando quiero y como quiero) se
opone a las de compromiso y responsabilidad.

Y, en todo caso, las acciones voluntarias y filantrópicas12, decididas en


función de las posibilidades y la conveniencia de quien las ejecuta, resultan
extrañas al derecho y son así ajenas a la incumbencia de los juristas.

3. La política social

Queda, finalmente, la razón de fondo que explica que la RSE, en su


contenido e imperatividad, deba quedar excluida del ámbito de voluntariedad
de las acciones y actividades de las empresas.

En cierto modo este fundamento aparecía adelantado ya en aquellas


palabras de JUSTICE, cuando vinculaba a la RSE con las políticas de
liberalización, desregulación y privatización de los últimos veinte años13.

En efecto, la exigencia de voluntariedad, inescindible de cualquier


definición que se presenta actualmente de la RSE, se enmarca en la lógica de
la desregulación, lo que hace que ella, finalmente, sea una suerte de
compromiso de buena voluntad –lindante con la caridad y el paternalismo14- de
quien se beneficia con un poder con escasas restricciones, pero que está
dispuesto a atenuar el impacto negativo de ese ejercicio en cuanto y en la
medida en que ello sea compatible con sus propias conveniencias.

Sin embargo, en un sistema que pretende ser democrático y, como tal,


sustentado en la equidad social, y especialmente a partir del contexto generado
por las desregulaciones y privatizaciones, un cúmulo de razones se oponen a
que la RSE quede librada a la pura voluntad de las empresas:

• Siendo que la promoción de la RSE puede justificar y alentar a los


gobiernos para desarrollar y profundizar las políticas desreguladoras y
privatizadoras, y a eludir así –por la vía de la delegación- las
obligaciones que la sociedad les encomendó, tal transferencia no puede

12
Como las califica el documento de la OIE. Ver ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE
EMPLEADORES, op. cit.,, pág. 2 y 3.
13
JUSTICE, D. W., op. cit., pág. 3.
14
JUSTICE, D. W., op. cit. pág. 6.
8

suponer la cancelación de los derechos que cada miembro de la


sociedad tenía y, en todo caso, tales reformas deben traducirse en una
suerte de subrogación pasiva que lleve a la asunción de las antiguas
responsabilidades del Estado por el sector privado

• Cuando las desregulaciones y las privatizaciones ya se produjeron, la


RSE debe ser regulada y obligatoria, porque si el Estado delegó sus
responsabilidades, el beneficiario de la delegación no sólo debe asumir
los mismos derechos y deberes, sino, antes aún, debe hacerlo con
mayor extensión y eficacia. Entre otras razones porque éste suele ser el
primer argumento de quienes promueven las liberalizaciones y, luego,
porque la sociedad espera no sólo que las empresas hagan lo que antes
hacía el Estado15 sino que, además, lo hagan mejor.

• Si las empresas privadas reclamaron el retiro y achicamiento del Estado,


entre otras razones para tener más libertad para su propiedad, serán
ellas las que deban hacerse cargo de las obligaciones que aquél asumía
frente a la sociedad y las llamadas contingencias sociales.

• El Estado, reducido y ajustado en su dimensión y sus costos, pierde


posibilidades –e intenciones- de hacerse cargo no sólo de los efectos
sociales de sus reestructuraciones sino, aún, de las consecuencias
sociales negativas de las actividades de las empresas privadas.

• La inserción de la RSE en el terreno de lo regulado y obligatorio –y al


margen de la fuente de tal regulación, como se verá más adelante-, no
es un obstáculo para que las empresas que, sinceramente y en la
medida de sus posibilidades, quieran mejorar la calidad de vida de sus
trabajadores puedan hacerlo. Así, garantizados los niveles de protección
que aseguren ambientes de trabajo sanos y seguros, condiciones de
trabajo dignas y equitativas, y una adecuada protección contra las
contingencias sociales, nada obsta –como nada lo impidió nunca- a que
las empresas otorguen beneficios suplementarios. Pero, claro está, esto
no debería ser calificado como responsabilidad social –que supone

15
JUSTICE, D. W., op. cit., pág.. 3.
9

obligatoriedad- sino como acción social –que sí es compatible con la


idea de voluntariedad-.

En suma: en una sociedad democrática, las reglas generales las


establecen los representantes institucionales del interés general, a través y por
la vía de los procedimientos impuestos por la Constitución.

Esas instituciones y esos procedimientos son los que garantizarán que el


interés y el bienestar general no queden expuestos al riesgo del capricho, la
arbitrariedad o la prepotencia de los poderosos. Y esto es así porque es
precisamente la norma estatal, democráticamente producida en su forma y
contenido, la que pondrá un límite al poder del más fuerte y, simétricamente,
asegurará la protección de los más débiles –normalmente la mayoría- frente a
aquéllos.

Invertir la lógica de la regulación estatal en una materia fundamental


como lo es la de los derechos sociales, y dejar al arbitrio de los responsables la
decisión de asumir las responsabilidades por las consecuencias de sus
acciones lleva, irremediablemente, a la destrucción del sistema democrático y a
su sustitución por regímenes autoritarios, paternalistas o feudales.

Y, en todo caso, en el territorio de lo social, el sistema de relaciones de


trabajo aporta un instrumento fundamental tanto para la consolidación de la
democracia como para la adecuación y complementación de las normas
estatales: la negociación colectiva.

Deberá buscarse entonces el instrumento adecuado para la promoción y


consolidación de una verdadera responsabilidad social empresaria,
sinceramente comprometida con el sistema democrático, en la concurrencia de
las regulaciones estatales con los productos de la negociación colectiva.

IV – FUENTES NORMATIVAS

Los señalamientos anteriores llevan así a plantear una reconsideración


de las regulaciones en torno de las responsabilidades sociales.

Un estado de derecho ofrece un amplio abanico normativo que


comprende desde la Constitución del Estado a la autonomía de la voluntad, y
10

que incluye así tanto a normas heterónomas como autónomas, nacionales y


supranacionales.

Si el Estado, cualesquiera sean sus motivaciones, trasladó al sector


privado las responsabilidades que antes asumía en materia de protección
social, ello no implica que necesariamente ello deba venir acompañado con la
pérdida de los derechos subjetivos de los ciudadanos frente a las contingencias
que daban lugar a tal protección. Así, y más allá del juicio de valor que ello
merezca, la traslación de la responsabilidad no debe implicar la pérdida de su
imperatividad.

A menos, claro está, que haya una clara decisión política en tal sentido.
Pero, como antes quedó dicho, ya no sería correcto –ni honesto- hablar de
responsabilidad social, y habría que buscar otra expresión para referirse a las
acciones empresarias en la materia.

Esto es: una cosa es la privatización y otra la desresponsabilización.

Y si de lo que se trata es de la traslación de la responsabilidad social,


ésta puede venir acompañada con una modificación de la lógica reguladora,
por la vía de la introducción de mecanismos de disponibilidad colectiva. Bien
entendido que, supletoriamente16, deberá operar la norma estatal.

El modelo normativo imaginado, así, es el de una regulación general,


nacional o supranacional, que defina las obligaciones empresariales en materia
de responsabilidad social, que podrá ser modificada, con cualquier contenido, y
hasta derogada, por la vía de la negociación colectiva, de suerte que, en
ausencia, insuficiencia o fracaso de ésta, serán obligatorias las normas
heterónomas.

Esta vía normativa, a su vez, da respuesta al argumento de la OIE,


cuando, para defender la naturaleza voluntaria de la RSE, argumenta que ella
emana de la práctica real que demuestra que resulta difícil encontrar
características comunes a todas las empresas y sectores económicos17.

16
En las categorías conceptuales de MARTÍN VALVERDE, la norma supletoria –en este caso
de fuente estatal- sólo se aplicará cuando no exista previsión diferente en la norma
convencional. Ver MARTÍN VALVERDE, Antonio Concurrencia y articulación de normas
laborales, en Revista de Política Social (Madrid), N° 119 (1978), pág. 5 y ss., esp. pág. 9.
17
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE EMPLEADORES, op. cit., pág. 3.
11

En efecto, también la práctica real demuestra que el mejor instrumento


para adecuar las normas generales a las particularidades de cada empresa y
sector de la economía es, precisamente, la negociación y el convenio colectivo.

V - CONTENIDO OBLIGACIONAL DE LA RSE.

En orden a las obligaciones que deberían asumir las empresas, debe


advertirse, como también lo hace la OIE, que la RSE no constituye una
alternativa a la reglamentación ... (dado que) ... los gobiernos deben asumir la
responsabilidad de la aplicación y del cumplimiento de la legislación nacional18.

De lo que se trata aquí es de los supuestos en los que, como


consecuencia de la defección del Estado en la asunción de las
responsabilidades que la sociedad le confió, producto, a su vez, de una política
de privatizaciones y de ajuste y achicamiento de aquél, tales responsabilidades
deben ser asumidas por el sector empresario.

El espectro de materias sobre las que puede proyectarse la RSE es por


cierto variado y extenso y, dada su función, estará condicionado por la
correspondiente variación y extensión de las responsabilidades estatales.

Es por esto que no corresponde ni sería viable hacer aquí un catálogo


de contenidos posibles, aunque sí distinguir según se trate de
responsabilidades al interior –responsabilidades ad intra- y al exterior de la
empresa–responsabilidades ad extra-, para señalar unos pocos ejemplos en
uno y otro ámbito.

1. RSE ad intra

Al interior de la empresa, las responsabilidades de ésta se deben


orientar hacia la preservación y mejora de la calidad de vida de y en el trabajo –
en el sentido más amplio-, fundamentalmente en términos de seguridad
personal y económica de los trabajadores, fortalecida, a su vez, con
mecanismos participativos, con vista a concretar que, para la sincera y real
construcción de una sociedad democrática, el trabajador sea también un
ciudadano en la empresa.
18
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE EMPLEADORES, op. cit., pág. 2. En sentido similar,
también en el documento de la Comisión Mundial sobre la Dimensión social de la Globalización
se indica que la RSE no es un sustituto de la reglamentación gubernamental sino un
complemento (op. y loc. cit.)
12

Con este objetivo, y por la vía de las propuestas regulaciones


disponibles y supletorias, podría contemplarse:

• El diseño de mecanismos institucionales y permanentes de información


directa y periódica a los trabajadores y a sus representantes sobre la
política de empleo de la empresa y las medidas que puedan afectarlo,
tales como inversiones, innovación tecnológica, reconversión productiva,
cambio organizacional o deslocalización

• La constitución de órganos permanentes, de integración paritaria, para


promover y garantizar la igualdad de oportunidades y de trato.

• El fortalecimiento de la estabilidad en el empleo, como instrumento para


facilitar los reclamos individuales de los trabajadores.

• La constitución de comisiones mixtas de salud y seguridad en el trabajo

• La responsabilidad directa de los empleadores por daños personales


sufridos por sus trabajadores por el hecho o en ocasión del trabajo,
especialmente agravada cuando tales daños sean consecuencia del
incumplimiento de la obligación de seguridad de aquéllos.

• La obligación de control del cumplimiento de las obligaciones laborales


de los contratistas y subcontratistas y la imposición de responsabilidad
solidaria del comitente o contratista principal por sus incumplimientos.

2. RSE ad extra

En el contexto de inseguridad social que aparece como el marco externo


normal de las relaciones laborales –y esto es particularmente evidente en la
América Latina actual- que, como en los siniestros graves, suele ser la
consecuencia de una concurrencia de causas, también la RSE puede aportar
una buena respuesta.

Así, cuando el producto natural de la reducción de los gastos, funciones


y responsabilidades del Estado y la traslación parcial de éstas al sector privado
–como ocurre, por ejemplo, con los regímenes de pensiones y la protección
frente a los riesgos del trabajo-, se traduce en la mengua del ámbito y el
debilitamiento de los grados de protección social, el contenido obligacional de
la RSE podría suponer:
13

• El fortalecimiento de la estabilidad en el empleo o el incremento de las


indemnizaciones por despido

• La capacitación profesional y la provisión de ayudas económicas


directas a los trabajadores para la creación de emprendimientos
productivos, en los supuestos en los que por razones tecnológicas, de
reorganización empresaria o de deslocalización, aquéllos sean
despedidos

• El apoyo psicológico y económico a los trabajadores cuya relación


laboral se extinga para acceder al goce de prestaciones de la seguridad
social por razones de edad o invalidez.

• La creación de fondos de garantía, financiados por las empresas, para


los supuestos en los que la insuficiencia patrimonial de éstas impida la
percepción de las acreencias laborales.

VI – OTRO BALANCE (para un balance más equilibrado)

Reducido el protagonismo y las responsabilidades del Estado, el riesgo


del capital ya no se agota en la empresa y se traduce en riesgo social.

Los derechos y deberes de la empresa privada hoy desbordan los límites


que les pueda fijar su objeto y finalidad de lucro, y se proyectan en
responsabilidades frente a la sociedad, que es la que le permite insertarse en
su seno como organización legítima para la producción de bienes o servicios, y
que, además, le ha transferido buena parte de las funciones antes asumidas
por el Estado.

La contraprestación que por esa transferencia y legitimación la sociedad


exige a la empresa privada es su responsabilidad social, que opera como un
límite al poder de organización y que, como tal, no puede quedar sujeto en sus
contenidos e imperatividad a la voluntad o el arbitrio de aquélla.

En estos términos, la RSE no debe ser entendida como acciones que las
empresas desarrollen dentro de sus posibilidades y conveniencias, sino como
un cúmulo de obligaciones impuestas normativamente, que deben ser
asumidas como un costo ineludible, y que la llevarán a organizar sus
14

actividades en función de sus responsabilidades frente a sus trabajadores y a


la sociedad en su conjunto.

Esta imposición, que admite su regulación por normas disponibles


colectivamente y de aplicación supletoria, no es empero un obstáculo para que
las empresas desarrollen también acciones voluntarias y filantrópicas, que
deberán ser siempre aceptadas y alentadas en cuanto sean sinceras y no
impliquen actitudes meramente paternalistas, bien entendido que ellas
quedarán excluidas del concepto de responsabilidad social y deberían ser
calificadas como acción social empresaria.

En suma, y finalmente, de lo que se trata es de advertir que lo que es


bueno para la empresa puede no serlo para sus trabajadores y para la
sociedad en la que ella desarrolla sus actividades. Y lo que no es bueno para
las personas que trabajan, más tarde o más temprano, es malo para la
sociedad.

Y esto, amén de inaceptable, necesaria e inevitablemente, como para


todos, será trágico para las empresas.

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