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Monografia-Contrato Consigo Mismo

El documento analiza el contrato consigo mismo en el derecho civil, abordando su definición, partes, requisitos, limitaciones y normativa legal en Bolivia. Se destaca la complejidad de esta figura jurídica, que puede generar conflictos de intereses y abusos de representación, así como las consecuencias legales de su incumplimiento. Además, se mencionan las condiciones bajo las cuales este tipo de contrato puede ser considerado válido o anulable.
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Monografia-Contrato Consigo Mismo

El documento analiza el contrato consigo mismo en el derecho civil, abordando su definición, partes, requisitos, limitaciones y normativa legal en Bolivia. Se destaca la complejidad de esta figura jurídica, que puede generar conflictos de intereses y abusos de representación, así como las consecuencias legales de su incumplimiento. Además, se mencionan las condiciones bajo las cuales este tipo de contrato puede ser considerado válido o anulable.
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2024

INDICE

1
1. Introducción..........................................................................................................3
2. Desarrollo.............................................................................................................3
2.1. El abuso de representación...............................................................................5
2.2. Partes del Contrato Consigo Mismo..................................................................6
2.3. Requisitos del Contrato.....................................................................................7
2.3.1. Consentimiento............................................................................................. 7
2.3.2. OBJETO.........................................................................................................7
2.3.3. Capacidad Jurídica.........................................................................................8
2.3.4. Forma.............................................................................................................8
2.4. Limitaciones y Prohibiciones............................................................................8
2.5. Normativa Legal en Vigencia............................................................................ 9
2.6. Consecuencias legales................................................................................... 11
2,7, Legislación Comparada...................................................................................11
2.8. EJEMPLO........................................................................................................14
3. CONCLUSIONES...............................................................................................15
BIBLIOGRAFÍA...................................................................................................... 16

2
1. Introducción

El contrato consigo mismo es una figura jurídica compleja en el ámbito del derecho
civil, que ha sido objeto de análisis en diversas legislaciones y doctrinas. Esta
monografía tiene como objetivo explorar su definición, partes constitutivas,
requisitos, limitaciones y prohibiciones, así como su normativa legal en Bolivia y
comparaciones con otras jurisdicciones. Asimismo, se busca destacar las
consecuencias legales derivadas de esta figura y la opinión de autores relevantes
en la materia.

2. Desarrollo

El contrato consigo mismo, también denominado "contrato en interés propio", se


define como aquel acuerdo en el que una persona actúa en dos calidades distintas
dentro del mismo acto jurídico: como parte contratante que representa sus propios
intereses y como representante de un tercero. Este tipo de contrato se manifiesta
en situaciones donde una persona tiene la autoridad de obligarse a sí misma y a
un tercero, lo que puede dar lugar a conflictos de intereses si no se maneja con
cuidado. En este sentido, se presenta un dilema ético y jurídico que debe ser
abordado con rigor, dado que la falta de claridad puede llevar a abusos.

Enseñan Diez Picazo y Gullon que: el autocontrato o contrato consigo mismo «es
la figura jurídica que surge cuando una persona, que puede afectar con su
actuación a más de un patrimonio, crea por su sola voluntad relaciones jurídicas
entre ellos obrando dentro del círculo de facultades que tiene». Destaca como
ejemplo típico los casos en que el representante encargado de enajenar una finca
la compra para sí. Por su parte, Molla ha señalado que la situación se presenta
cuando existen intereses y patrimonios distintos, pero se da la circunstancia de
que existe una sola voluntad.

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Gamarra explica que, tal como señala Barbero, el contrato consigo mismo
presenta dos aspectos:

1) el estructural, por el cual se cuestiona si es posible la formación de un contrato


por una sola persona, y

2) el disciplinario, que consiste en que, admitida esa posibilidad, es necesario


regular el conflicto de intereses que puede suscitarse entre representante y
representado. Señala que el problema estructural se vincula al acuerdo de
voluntades y que parte de la doctrina ha negado naturaleza contractual a este tipo
de negocios porque en él no existen voluntades provenientes de sujetos distintos,
ubicándolo como un acto unilateral.

Sin embargo, según Gamarra, la doctrina moderna admite la naturaleza


contractual del negocio porque, aunque se trate de un único sujeto (el
representante), este expresa dos manifestaciones de voluntad: a) como
representante expresa la voluntad del representado, y b) actuando por sí mismo,
en nombre propio, expresa su propia voluntad.

El concepto jurídico del autocontrato, contrato consigo mismo o autoacto es


explicado por Spota en estostérminos: Cuando el representante celebra un
negocio jurídico reuniendo en sí la calidad citada y la que le atañe como sujeto
jurídico que actúa en nombre propio y por su cuenta, adviene la relación jurídica
que se denomina auto-contrato, o contrato consigo mismo, o autoacto. Como se
comprende, se hallan frente a frente dos patrimonios, uno perteneciente al
representado y otro al representante, y la autocontratación sobreviene cuando
este último, mediante una declaración de voluntad de su parte, emitida invocando
la representación y su propio derecho, celebra un negocio jurídico bilateral o
realiza un acto de disposición que influye en el ámbito de ambos patrimonios. Ello
ocurre, además, cuando existe la doble representación, o sea, cuando una
persona es representante de otras y formula una declaración de voluntad en ese
doble carácter, estableciendo relaciones jurídicas con relevancia en la esfera
patrimonial de los representados y que liga estos últimos.

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2.1. El abuso de representación

Emilio Betti nos explica: constituye un abuso de representación, que desautoriza la


legitimación derivada del representante, el conflicto de intereses entre éste y el
representado, que puede surgir especialmente en el caso de contrato que el
representante concluya consigo mismo, por sí propio o representando a otra parte,
y que acarrea la anulabilidad del contrato –tras demanda del representado– si es
conocido o pudo serlo a la parte contraria. Más adelante lo tipifica como “abuso del
poder de representación”, que se da cuando el apoderado contraría
sustancialmente la finalidad de la representación, que es la tutela del interés del
representado y que se vulnera cuando surge un conflicto de intereses entre
representante y representado y el representante emplea su poder en sentido
opuesto a los motivos por los que se ha concedido. Es decir: … cuando realiza en
nombre del representado negocios que benefician directamente al representante o
a un tercero, lo que en la estimación del Derecho descalifica y paraliza la
legitimación para el representante, al procurarle a él u otras personas ajenas al
poderdante, ventajas económicas o jurídicas.

El análisis de Emilio Betti sobre el abuso de representación es fundamental para


entender las dinámicas que pueden surgir en las relaciones contractuales. Este
concepto no solo destaca el papel crucial que desempeña el representante en la
protección de los intereses del representado, sino que también resalta los riesgos
inherentes al conflicto de intereses. Cuando el representante actúa en su propio
beneficio o en beneficio de un tercero, vulnera la confianza depositada en él y, por
ende, la legitimidad de su actuación.

El hecho de que estos abusos puedan llevar a la anulabilidad del contrato es un


mecanismo de salvaguarda para el representado, subrayando la importancia de la
ética y la buena fe en las relaciones contractuales. Este enfoque nos recuerda
que, en el derecho, no solo se trata de cumplir con las formalidades legales, sino
también de garantizar que las acciones de los representantes estén alineadas con
los intereses de quienes representan. La protección de estos intereses es esencial
para mantener la integridad y la equidad en las transacciones comerciales.

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2.2. Partes del Contrato Consigo Mismo

La estructura del contrato consigo mismo se caracteriza por la existencia de un


único sujeto que actúa como parte contratante en ambas posiciones. Esta figura
involucra:

 Parte A (Representante): La persona que actúa en su propio interés,


tomando decisiones que afectarán su patrimonio o derechos.
 Parte B (Representado): La misma persona que, simultáneamente, actúa
en calidad de representante de un tercero, lo que implica la necesidad de
cumplir con ciertas obligaciones legales en nombre de dicho tercero.

Por ejemplo, un administrador de una herencia puede celebrar un contrato de


venta de un bien heredado, actuando en su propio interés como comprador y, al
mismo tiempo, en interés de los demás herederos como vendedor. Esta dualidad
en la actuación puede dar lugar a problemas si no se establecen salvaguardias
adecuadas.

Se habla de autocontrato o contrato consigo mismo, cuando una misma persona,


actuando en el ejercicio de sus facultades representativas, crea relaciones
jurídicas entre dos patrimonios distintos.

Bajo esta figura se contemplan dos supuestos:


a) la representación simple, esto es, cuando una persona actúa en un mismo
negocio en nombre propio y ajeno, p. ej., compra para sí la cosa que el
representado le ha encargado vender;
b) la representación doble, es decir, una misma persona actúa simultáneamente
como representante de dos personas con intereses opuestos, p. ej., actuando
siempre en nombre ajeno, compra para uno de los representados el bien que el
otro le ha encargado vender.

Obviamente, no escapa del ámbito de aplicación del precepto la autocontratación


por persona interpuesta, que tiene lugar cuando el representante, a su vez,

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apodera a otra persona para que realice el contrato que le está prohibido celebrar
por sí mismo. El art. 592.I.6 CC, claramente conectado en el art. 471 CC,
prohíbe, así, comprar, directa e “indirectamente”, a los mandatarios “bienes y
derechos puestos a su cargo para venderse, excepto si lo autorizó el mandante”.

2.3. Requisitos del Contrato

Para la validez de un contrato consigo mismo, es esencial cumplir con los


siguientes requisitos, que son similares a los exigidos para cualquier contrato:

2.3.1. Consentimiento

ARTÍCULO 453. (CONSENTIMIENTO EXPRESO O TÁCITO).- El consentimiento


puede ser expreso o tácito. Es expreso si se manifiesta verbalmente o por escrito
o por signos inequívocos; tácito, si resulta presumible de ciertos hechos o actos.

En el contexto del contrato consigo mismo, es fundamental que la persona actúe


de manera consciente, sin coacciones, y que el consentimiento de ambas partes
sea claro y explícito. La jurisprudencia boliviana ha destacado que cualquier vicio
en el consentimiento puede llevar a la nulidad del contrato.

2.3.2. OBJETO

ARTÍCULO 485. El contrato debe tener un objeto posible, lícito y determinado o


determinable.

Un contrato cuyo objeto sea contrario a la ley, al orden público o a las buenas
costumbres es nulo. Esto implica que, al actuar en calidad de parte contratante, la
persona debe asegurarse de que el objeto del contrato no infrinja normas legales o
morales.

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2.3.3. Capacidad Jurídica

La capacidad para celebrar contratos es un requisito fundamental. Según el


Artículo 484 del Código Civil Boliviano, las personas que no tienen capacidad
jurídica para actuar (como los menores de edad o personas bajo tutela) no pueden
celebrar contratos. En el caso del contrato consigo mismo, la capacidad debe
estar presente en ambas posiciones del contrato. Es crucial que la persona
actuante tenga la autoridad necesaria para obligarse a sí misma y a un tercero, y
que no haya conflicto de intereses que ponga en riesgo la equidad del acuerdo.

2.3.4. Forma

La forma del contrato debe ajustarse a las exigencias legales. El Artículo 492 del
Código Civil establece que algunos contratos, como la compraventa de bienes
inmuebles, deben celebrarse por escrito. La formalidad es un elemento esencial
para garantizar la validez del contrato y proteger los derechos de las partes
involucradas. En el contrato consigo mismo, la forma adecuada es crucial para
evitar disputas posteriores y asegurar la claridad del acuerdo.

2.4. Limitaciones y Prohibiciones

Existen limitaciones específicas en relación con el contrato consigo mismo debido


a los potenciales conflictos de intereses que pueden surgir:

Prohibiciones en la administración de bienes ajenos: Se prohíbe que un


administrador realice contratos consigo mismo en relación con los bienes que
administra, a menos que se obtenga el consentimiento expreso y escrito de los
propietarios. Esto tiene como objetivo evitar el abuso y proteger los intereses de
aquellos a quienes se representa.

Conflictos de intereses evidentes: Se establece que los contratos celebrados en


circunstancias de conflicto de intereses pueden ser nulos. En el caso de un
contrato consigo mismo, esto implica que si una de las partes puede verse

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perjudicada debido a la posición privilegiada de la otra, el contrato puede ser
declarado nulo.

2.5. Normativa Legal en Vigencia

El marco normativo que rige el contrato consigo mismo en Bolivia incluye varios
artículos del Código Civil:

Artículo 483: Este artículo establece que solo las personas con capacidad legal
para actuar pueden celebrar contratos. Esto incluye la capacidad para actuar en
nombre de un tercero y para representarse a sí mismas.

El Artículo 489 del Código Civil Boliviano establece que la causa de un contrato
es ilícita cuando es contraria al orden público o a las buenas costumbres, o si el
contrato se utiliza para eludir la aplicación de una norma imperativa. Este artículo
es relevante en el contexto del contrato consigo mismo porque:

La mención de las "buenas costumbres" en el artículo implica que los contratos


deben respetar principios éticos y de justicia. El contrato consigo mismo podría, en
ciertos casos, contradecir estas buenas costumbres, especialmente si se trata de
una representación que lleva a un conflicto de intereses.

Por lo tanto, el Artículo 489 proporciona un marco legal que ayuda a evaluar la
validez y la moralidad de un contrato consigo mismo, asegurando que no se utilice
como una herramienta para eludir la ley o perjudicar a otras partes involucradas.

El artículo 471 establece que: el contrato celebrado por el representante consigo


mismo, sea en nombre propio o en representación de un tercero, es anulable,
excepto si lo permite la ley o fue con asentimiento del representado o si el negocio
excluye por su naturaleza un conflicto de intereses. Se puede interpretar el
mencionado articulo de la siguiente manera:

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Representante Consigo Mismo: Este concepto implica que una persona actúa
como representante de sí misma y, al mismo tiempo, de un tercero en el mismo
contrato. Por ejemplo, alguien que representa a una empresa y también actúa en
su propio interés personal en la misma transacción.

Anulabilidad del Contrato: El contrato es anulable en las siguientes


circunstancias:

Conflicto de Intereses: Generalmente, si una persona actúa en calidad de


representante y también en su propio interés, se produce un conflicto de intereses,
lo que hace que el contrato sea susceptible de ser anulado. Esto se debe a que la
persona podría actuar de manera que favorezca sus propios intereses en
detrimento de los intereses del representado.

Excepciones: Sin embargo, hay tres excepciones que permiten la validez del
contrato:

Permiso de la Ley: Si la legislación permite expresamente que el representante


celebre un contrato consigo mismo, entonces el contrato es válido.

Asentimiento del Representado: Si el representado (la persona cuya


representación se asume) da su consentimiento explícito para que el
representante actúe en su propio interés, el contrato se vuelve válido.

Naturaleza del Negocio: Si la naturaleza del negocio excluye por sí misma la


posibilidad de un conflicto de intereses, el contrato no será anulable. Esto puede
suceder en situaciones donde los intereses son tan claramente distintos que no
existe la posibilidad de abuso o conflicto.

Importancia de la Transparencia: La regulación busca asegurar que los


contratos celebrados en estas circunstancias no se utilicen para aprovecharse de
una parte en detrimento de la otra, promoviendo la transparencia y la equidad en
las relaciones contractuales.

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Aunque el contrato celebrado por el representante consigo mismo es, en principio,
anulable debido al riesgo de conflicto de intereses, existen excepciones que
pueden validarlo siempre que se cumplan ciertas condiciones. Esto resalta la
importancia de la regulación en la representación y las relaciones contractuales
para prevenir abusos y proteger los derechos de las partes involucradas.

2.6. Consecuencias legales

Las consecuencias del incumplimiento de las normativas relacionadas con el


contrato consigo mismo pueden ser severas:

Nulidad del contrato: Si se demuestra que se incurrió en un conflicto de intereses


que perjudica a una de las partes, el contrato puede ser declarado nulo. La nulidad
se fundamenta en el principio de protección a la parte vulnerable, buscando
salvaguardar la equidad en las relaciones contractuales.

Responsabilidades legales: La persona que actúa en ambas posiciones puede


ser sancionada si se prueba que actuó de manera fraudulenta o en detrimento de
una de las partes. Las sanciones pueden incluir la obligación de reparar daños,
devolver bienes o pagar indemnizaciones, según las circunstancias del caso.

2,7, Legislación Comparada


El precepto, claramente inspirado en el art. 261.1º CC portugués
(esencialmente coincidente con el párrafo primero del art. 1395 CC italiano),
establece la regla general de que el autocontrato es anulable: con ello, se
trata de evitar actuaciones que pongan en riesgo la imparcialidad del
representante, que, ante la existencia de un conflicto de intereses, podría
inclinarse a velar más por los suyos propios, que por los de los de la
persona a la que representa.

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La jurisprudencia italiana, explicando el sentido de la norma equivalente a la
boliviana, contenida en el párrafo primero del art. 1395 CC italiano, observa
que la misma se basa en una presunción iuris tantum de conflicto de
intereses entre representante y representado, que, por específica indicación
del legislador, sólo puede ser superado en los casos previstos en el
precepto, como excepción a la posibilidad de anulación del autocontrato.

El art. 471 CC boliviano establece tres excepciones a la regla general, en


las cuales el autocontrato es válido, admitiéndose, pues, como una forma de
simplificación del tráfico jurídico.

a) Cuando la ley, en un supuesto concreto, permite la autocontratación,


previsión esta, no contenida en los modelos portugués e italiano.

b) Cuando el contrato se ha celebrado “con asentimiento del representado”,


el cual normalmente se habrá dado en el momento de otorgar poderes,
concediendo al representado la facultad de autocontratar, lo que evidencia
que la norma tutela un interés exclusivamente privado (el del representado a
no sufrir un perjuicio en su patrimonio como consecuencia de una actuación
maliciosa del representante), por lo que, aunque nada diga el precepto
comentado, sólo el representado podrá impugnar la validez del
autocontrato, tal y como expresamente prevé el segundo párrafo del art.
1395 CC italiano, y se deduce de la regla general del art. 555 CC boliviano.

A diferencia de lo que exigen los arts. 261.1º CC portugués y 1395 CC


italiano, el precepto comentado no requiere que la autorización para
autocontratar haya de darse específicamente para determinados actos o
negocios siendo, pues, posible (tal y como admite la jurisprudencia
española) incluir en los poderes de representación una autorización

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genérica. Es, incluso, admisible la autorización tácita (también admitida por
la jurisprudencia española), cuando, por ejemplo, cuando conociendo la
intención del representante de autocontratar, el representado no se opone a
ella.

c) Cuando “el negocio excluye por su naturaleza un conflicto de intereses”


(presupuesto sobre el que reposa la invalidez del autocontrato) o, como más
exactamente dice el art. 1395 CC italiano, el “contenido contrato sea
determinado de tal modo, que quede excluida la posibilidad de un conflicto
de intereses”: la validez del autocontrato será clara, por ejemplo, cuando el
representado hubiera determinado las condiciones básicas del negocio,
cuya celebración encomienda al representante, en particular, el precio de la
compraventa, fijándolo de manera cierta o remitiéndose al que tuvieran los
efectos que se han de vender en bolsa o mercado en determinada fecha,
porque, en tal caso, en principio, no experimentará ningún perjuicio por el
hecho de que aquel haya comprado el bien para sí o para otro
representado.

El Código Civil Español permite el contrato consigo mismo, pero con restricciones.
Se exige que se prohíba en casos de conflicto de intereses a menos que exista un
consentimiento expreso. La jurisprudencia ha sentado precedentes importantes en
la interpretación de esta figura, enfatizando la necesidad de proteger a las partes
vulnerables.

El Código Civil y Comercial Argentino también establece la nulidad del contrato


cuando hay un conflicto de intereses. Se enfatiza que el contrato consigo mismo
debe ser realizado en condiciones de transparencia y equidad, con la obligación
de informar a todas las partes involucradas.

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2.8. EJEMPLO

Imaginemos el caso de Juan, un empresario que es propietario de una empresa


constructora. Juan decide vender un terreno que le pertenece a su empresa a sí
mismo como persona natural, para utilizarlo en un proyecto personal. Este
escenario plantea un contrato consigo mismo, ya que Juan actúa como
representante legal de la empresa y, al mismo tiempo, como vendedor y
comprador.

Para formalizar este contrato, Juan debe cumplir con ciertos requisitos para
garantizar su validez:

Consentimiento: Juan debe manifestar su voluntad de celebrar el contrato,


tanto en su calidad de representante de la empresa como en su calidad de
persona natural. Debe quedar claro que ambos roles están debidamente
delimitados y que no hay coerción en la decisión.

1. Capacidad Jurídica: Juan debe tener la capacidad legal necesaria para


celebrar el contrato en ambas calidades. Esto implica que debe ser mayor
de edad y no estar inhabilitado para realizar actos de comercio.
2. Forma: Es recomendable que el contrato se formalice por escrito, para
evitar posibles disputas futuras. En el documento, se debe especificar
claramente las condiciones de la venta, el precio y cualquier otra cláusula
relevante.
3. Prohibiciones: Juan debe asegurarse de que no existen prohibiciones
legales que le impidan celebrar este tipo de contrato. Por ejemplo, si el
contrato de la empresa prohíbe la venta de activos a personas vinculadas
sin la aprobación del directorio, sería necesario seguir ese procedimiento.
4. Conflicto de Intereses: Es fundamental que Juan actúe con transparencia
y notifique a cualquier socio o parte interesada sobre la transacción, para
evitar acusaciones de conflicto de intereses o mala fe.

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Al seguir estos pasos, Juan puede realizar la transacción de manera válida,
evitando problemas legales y garantizando que ambas partes (la empresa y él
mismo) estén debidamente protegidas. Este ejemplo ilustra cómo el contrato
consigo mismo puede ser utilizado en la práctica, resaltando la importancia de
cumplir con la normativa para prevenir abusos y conflictos.

3. CONCLUSIONES

El contrato consigo mismo es una figura jurídica compleja que, aunque presenta la
posibilidad de generar eficiencias en las transacciones, también plantea serios
riesgos de conflictos de intereses. A lo largo de esta monografía, se ha
demostrado que la correcta comprensión y regulación de esta figura son
fundamentales para garantizar la equidad y la transparencia en las relaciones
contractuales. La normativa boliviana establece requisitos claros, como el
consentimiento, la capacidad jurídica y la forma, que deben cumplirse para
asegurar la validez de estos contratos.

Las limitaciones y prohibiciones que acompañan a esta figura son esenciales para
prevenir abusos, destacando la necesidad de salvaguardar los intereses de las
partes involucradas. Asimismo, el análisis de la legislación comparada revela que
muchos sistemas jurídicos reconocen el potencial de conflicto inherente al contrato
consigo mismo, implementando mecanismos similares para mitigar estos riesgos.

Finalmente, el enfoque ético y la buena fe en las relaciones contractuales son


cruciales para mantener la confianza en las transacciones y proteger a la parte
más vulnerable. En consecuencia, el contrato consigo mismo, aunque es una
herramienta valiosa en el derecho civil, requiere un manejo cuidadoso y un marco
regulatorio robusto para evitar el abuso y garantizar la justicia en el ámbito
contractual.

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BIBLIOGRAFÍA

 Código Civil Boliviano.


 Diez Picazo, Luis, y Gullon, Antonio, Sistema de derecho civil, vol. 1,
Madrid: Tecnos, 4.a ed., 1982, p. 642.
 Molla, Roque, «Contrato consigo mismo», Revista de la Asociación de
Escribanos del Uruguay, tomo 74, número extraordinario, 1988, p. 442.
 Gamarra, Jorge, Tratado de derecho civil uruguayo, tomo VIII, Montevideo:
FCU, 4.a ed., 1995, pp. 25-26.
 . Spota, Alberto G., Tratado de derecho civil, tomo I“Parte general”, volumen
3 (8), Buenos Aires, Depalma, 1957, p. 975.
 [Link]
mismo/

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